Capítulo 34: Here comes the day you looking for

30 semanas

Eva ya no estaba segura de como seguía soportando su gran, gran barriga. Moverse de un lado a otro implicaba llamar a todas sus fuerzas, aunque eso implicara terminar muerta de cansancio. Y, lo que era aún peor, era que por las noches sufría de fuertes palpitaciones que le dejaban el pecho dolorido durante un buen rato. Su médico ya le había indicado que, aunque no era sano, si era que algo que solía pasar, sobre todo porque el aumento de su volumen sanguíneo. Después de una amplia valoración, decidieron que no era necesario remitirla a un cardiólogo, pues su condición era bastante buena. La única medicina que tomó para eso fue para regular su presión, además de sus muchas vitaminas para mantener nutrientes suficientes para ella y los dos pequeños.

Ese día, a pesar de que estaba cansada, se sorprendió de sí misma por ceder a su entusiasmo. Don la había llamado y la invitó a ir a Wei Racing para ser testigo del primer vuelo de uno de los nuevos modelos en naves que habían diseñado Stan y Kouji. El hombre estaba consciente de que su hija pasaba enormes ratos de aburrimiento en su casa. Habían acordado que Eva pasaría la mayor parte del tiempo en su hogar, para no propiciar a algún accidente o situación en la que no estuviera acompañada de alguien de confianza. Por eso mismo, esperaba que la idea de visitar las instalaciones de la empresa de su padre le levantara el ánimo.

Tal y como se había acordado, un par de miembros de la Guardia Real abordaron la limusina que Rick tenía destinada solo para la joven para llevarla hasta su destino. En cuanto llegó, su entrenador y expiloto la recibió, tendiéndole el brazo para que se apoyara de él al caminar.

—¿Cansada? —le preguntó, mientras se dirigían con calma hacia la pista de pruebas.

—Ansiosa, muy ansiosa —confesó, disfrutando estar en el lugar —Pero necesitan cinco semanas más según el doctor Fitzgerald. Aunque estoy segura de que explotaré en menos tiempo que ese.

—Apoyo esa idea. Los bebés nunca avisan cuando van a llegar —Rick hablaba por la experiencia, pues su hijo había nacido una semana antes de que lo que se esperaba, despertando el verdadero pánico en un hombre que se jactaba de no ceder a las emociones fuertes —Pero no creo que te tengas que preocupar por eso. A decir verdad, siempre hay alguien alrededor de ti. Por lo menos no estarás sola cuando pase.

—Eso no es lo que me inquieta.

Eva le explicó a Rick que lo que de verdad le inquietaba y le robaba varias horas de sueño por las noches no era lo que iba a pasar antes del momento, sino el momento en sí mismo. Ya había hablado con su médico acerca de las opciones para dar a luz a sus mellizos. El doctor Fitzgerald había señalado la excelente condición de la joven y que los bebés se estaban prestando para que todo saliera de la mejor manera, por lo que, si Eva decidía que el parto fuera natural, estaba seguro de que saldría de la mejor manera y podría recuperarse mucho más rápidamente. Hasta ahí todo sonaba de la mejor manera, pero Eva le temía sobremanera a que el dolor la quebrara, a que la situación la sobrepasara, a si sería capaz de terminar con todo. Había escuchado de algunas personas que todo pasaría a segundo plano cuando tuviera a su hijo entre los brazos, pero ella no lo iba a creer hasta que pasara.

—¡Eva! ¡Por fin te tenemos aquí!

Stan y Kouji corrieron al encuentro de la joven piloto, cuidando de que el abrazo que ambos le dieron fuera cuidadoso y nada invasivo. Detrás de ellos, con el ceño fruncido porque lo habían dejado hablando solo, Don negaba con la cabeza, esperando que volviera a él la atención de sus mecánicos.

—Tienes que ver a la nave. Después de la Arrow, esta es la mejor nave que hemos hecho —presumió Kouji, guiando a la joven a una zona segura para que pudiera ver el arranque de la nueva adición del equipo Wei Racing.

—No pusieron las piezas de mejora que les dije, ¿verdad? —Don, que ya estaba a un lado de su hija, sonrió orgulloso por los conocimientos que tenía la joven, además de que le divertía que Eva no podía estar tranquila si no opinaba acerca de las naves que conduciría cuando estuviera en condiciones.

—La probamos con y sin ellas. Tenías razón, es mejor que no las tengan. Puede que ayuden con la propulsión, pero entorpecen el despegue, así que decidimos dejarlas de lado.

Eva les reiteró que sabía que eso iba a pasar. Concordados todos en no volver a poner una pieza mejorada en una nave sin que pasara por la mirada experta de la joven Wei, procedieron a llamar al piloto que estrenaría el vuelo.

—Señor Wei, Eva, Rick, les presentamos a nuestra nueva campeona: "The Witch".

Apenas Stan presentó a la nave, esta salió del interior de uno de los hangares de la pista. Eva amaba a su Arrow y a todas las versiones de ella que quisieran crear sus mecánicos favoritos, pero tenía que admitir que la Witch era una nave soberbia como ninguna otra. Contrario a la Arrow, la nueva creación tenía unos propulsores más largos y delgados, de tal modo que la cabina no estaba al final de ellos, sino en medio, simulando la forma de una letra "H", en donde la cabina estaba a la mitad. Además, los reactores tenían una forma puntiaguda, que se había pensado como una mejor manera de despegar los propulsores montados en racimo, además de una defensa adicional. La otra particularidad de la nave era que requería dos cañoneros, pues la torreta no se movía de un lado a otro como la Arrow, sino que había una insertada en cada uno de los reactores. Esto daba un amplio margen de protección al transporte y un rango de disparo mucho mayor. Además, por ser tan grande, su capacidad de combustible en el tanque superaba con creces a su antecesora.

—¿Y las desventajas? —preguntó Eva después de que Stan le explicara en todo lo que consistía la nave.

—Que es muy grande. No es tan ágil o maniobrable como la Arrow, pero es mucho más resistente. No va a superar la velocidad de crucero que cualquiera de sus antecesoras, pero con el combustible y tiempo suficiente puede alcanzar o superar la velocidad que la Arrow alcanza con la hipertracción y los impulsores juntos. El casco resistiría a la perfección.

—¿Y van a dejar que la conduzca cuando pueda? —inquirió la joven notando que, a su lado, su padre bufó casi con desespero.

—En realidad tengo la esperanza de que tus hijos, o solo uno, se conviertan en grandes corredores. Esta nave está pensada para las carreras del futuro, así que esperaría más que ellos lo manejaran.

—Ni hablar. Con mi hija tengo. No quiero ver a mis nietos en lo mismo —increpó Don, ante la risa que provocó la declaración de Stan en todos los presentes, sobre todo en Eva, quien también tenía el secreto deseo que uno de sus pequeños siguiera los pasos de su abuela y de su madre —Ya hagan esa demostración, por favor. Eva y yo tenemos una tarde muy ocupada.

Mientras Rick le alcanzaba una silla de uno de los módulos para que la chica tuviera comodidad mientras observaba los movimientos de la nave nueva, Eva recordó que justo esa tarde ella y su padre irían a algunas tiendas para que el cuarto de los bebés estuviera listo cuanto antes. Lo cierto era que faltaban tan solo cinco semanas para su nacimiento, pero Don estaba hecho a la idea de que eran cinco días y tenían casi nada de tiempo.

Aunque Eva estaba tratando de tomar toda la situación con la mayor tranquilidad, tanto ella como su padre estaban ansiosos en alguna medida. Aún no terminaban de discutir si los pequeños dormirían en la habitación de Eva, en una que estaba destinada a ambos, o si cada uno tendría su propia habitación. La joven, de hecho, preferiría tenerlos junto a ella, en una de esas cunas pequeñas que se anclaban a la cama de la madre y que permitían que estuvieran a un mismo nivel, así podría tener un contacto cercano con el descanso de los bebés. Sin embargo, también estaba el hecho de que Don se estaba desviviendo por hacer el cuarto para bebés más precioso del mundo, solo para que sus nietos fueran los más felices. Para gusto suyo, hasta los nourasianos lo apoyaron en esa idea, argumentando que merecían lo mejor por su calidad de príncipes.

Todo salió de tal modo que, minutos después de que terminaron con las pruebas y de que Eva diera su sincera opinión acerca de lo que podían mejorar en The Witch, todos se encontraban en camino hacia el centro comercial más lujoso con el que contaba la ciudad. El conjunto de nourasianos cercanos a los Wei también se puso en camino cuando les fueron informadas las intenciones de la familia de hacerse de cuantas cosas pudieran para los niños.

—Entonces van a ser un par de cunas, solo para empezar. Tenemos que buscar la ropa de su primer día. Algunas para su primer mes, porque crecerán muy rápido. ¿Quieres que se vistan iguales? ¿O los hacemos vestir diferente? Si son niño y niño o niña y niña me encantaría verlos igual —Don sacó su móvil, mostrándole a Eva la lista que tenía pensado respetar, por lo menos hasta que el entusiasmo se apoderara de él —¿Qué colores quieres?

—¿Qué pregunta quieres que te responda primero?

—La ropa.

—Quizá podemos buscar colores neutros, ¿no? Y puedes volver a ir de compras cuando ya estén con nosotros. Muchas personas me han dicho que no es recomendable comprar tanta ropa para recién nacidos porque crecen rápido.

—Tu madre me dijo lo mismo cuando estabas por nacer —recordó Don, con una sombra de nostalgia posándose en su mirada —Pero, aun así, compré mucha. Estaba muy emocionado y me dejé llevar.

—Entonces soy compulsiva por tu culpa —rió Eva, ocurriéndosele algunas preguntas —¿Mi mamá no estaba tan emocionada como tú?

—Lo estaba, y también tenía mucho miedo como yo. Pero ella me dejaba entusiasmarme. Incluso después de que naciste, Maia me dejó sacar todo el miedo y locura que sentía por ser tu padre —Don acarició el cabello de una sonriente Eva, que se imaginaba cada palabra de su padre —Ya verás como sucede lo mismo contigo. No cabrás en la emoción y vas a tener que comprender lo muy desesperado que estoy por darles todo.

—Papá… —Don inmediatamente sintió la duda en la voz de su hija, imaginándose al instante, por lo que estaban comentando, que era lo que hacía dudar a Eva —¿Tú crees que… Aikka… bueno…?

—No tendría motivo para no estar entusiasmado por sus hijos y por ti. Estoy seguro de que, si estuviera aquí, sería un padre orgulloso y te cuidaría bien. No tanto como yo, pero lo haría bien. ¿Dudas de él?

—Es que nunca me imaginé estar pasando por esto —confesó, dejándose caer un poco en el asiento del automóvil que los transportaba —Quizá alguna vez si pensé en ser mamá, la idea no me desagrada. Estoy nerviosa, pero muy contenta.

—Pero…

—Pero esperaba pasar por esto con la persona que hubiera escogido como mi pareja. Quería que lo lleváramos los dos.

—Entonces, ¿Aikka no formaba parte de tus planes? —Eva se sonrojó y dejó escapar una risita divertida, con lo que Don entendió lo que quería decir —¿Desde las carreras?

—Vas a decirme que no era posible, pero siempre sentí algo especial con él desde que lo conocí el primer día de las carreras —le contó, jugando con sus dedos por lo extraño que se sentía sincerarse con su padre de esa forma —Supe que de verdad lo… amaba, cuando pasé todos estos años extrañándolo de una forma casi desesperada.

—¿Y pensaste en una familia con él?

—¡No! —contestó de inmediato, ruborizada —Jamás pensé siquiera que llegaríamos a tanto. Solo quería saber si algo podía pasar entre nosotros.

—No es que planee criticar toda la historia de amor, pero… ¿tenías idea de que él sentía lo mismo por ti?

—Lo dudé hasta la noche en que me lo confirmo. Aikka siempre fue tan… misterioso en cuanto a sus sentimientos, que no me dejó estar segura de nada. Tú sabes que incluso pensé que estaba casado, así que no tenía demasiadas esperanzas en que sucediera algo real —acarició con lentitud su vientre, cuyo fruto sería un eterno recordatorio de que siempre había un "más".

—Ya quisiera ver cómo le vas a contar esto a mis nietos —se burló Don, quien siempre que podía dejaba ver atisbos de cuan emocionado estaba por poder tener ya con ellos a los pequeños.

—Lo único que me gustaría es que Aikka pueda estar aquí para que ambos se lo contemos —aunque lo que decía podía sonar a algo nostálgico, su padre se sorprendió de escuchar en ella un anhelo y no la tristeza.

—Yo sé qué hará todo lo posible por estar contigo y con ellos, Eva.

Don de verdad quería creer eso, pero sabía que su hija siempre iba a confiar. Eva sabía en quien podía depositar su confianza, y era como un instinto. Incluso él, que había fallado de una manera catastrófica, siempre tuvo un poco de la confianza de ella. Ella fue la que nunca dejó de creer. Mucho de lo que le dolía al señor Wei era que, una vez más, Eva se veía abandonada por alguien que debería haber estado ahí. Así como él no había estado en su infancia y juventud, Aikka no iba a estar en un momento tan cumbre en su vida como lo era el ver crecer y nacer a sus hijos. Pero justamente por eso, no se atrevía a juzgar -tanto- al nourasiano, pues no tenía la calidad moral como para reclamar que Aikka se hubiera marchado.

Eva se quedó dormida en tanto platicaban, recargada en el hombro de su padre, en tanto que él se perdía en sus pensamientos. Después de media hora de viaje, por fin llegaron a su destino final. Aunque para la joven Wei era un atentado contra su libertad el hecho de tener que usar una silla de ruedas para su movilidad. Pero es que ya le resultaba imposible moverse de un lado a otro sin que el peso de sus pequeños no le dejara con un dolor mortal en la espalda. Y si, ella era muy pequeña, pero el vientre que tenía le estaba rebasando. Por lo menos, siempre que iniciaba molesta en ese aparato de ruedas, terminaba divertida, pues sus amigas y amigos se encargaban de hacer de la experiencia algo divertido.

Y tal como la supuso, apenas bajaron del auto en el centro comercial, Alexa y Amina se acercaron a ella con la silla, en tanto que discutían los lugares a los que iban a ir primero y que cosas iban a comprar.

—Cuídenla, por favor —les pidió Don a ella y a Jason, que se mantenía detrás de ellas, divertido de ver la escena, rezagado porque quería mantener a salvo su brazo, que llevaba un mes de haber dejado el cabestrillo —Eva, yo me encargo de cunas y muebles. Confiaré en ustedes para que hagan todo lo demás.

—¿Todo lo que queramos, señor Wei? —preguntó con cierta travesura Alexa, imaginándose ya que terminarían con Jason llevando miles de bolsas, pues ya habían visto demasiadas cosas preciosas y que sí o sí necesitaban tener en las habitaciones de los bebés. No importaba que no pudieran jugar los juguetes más grandes, los iban a ocupar cuando crecieran.

—No exageren —Don le tendió una de sus tarjetas a su hija, a sabiendas también de que ella iba a ocupar su propio capital que le había dejado ser campeona mundial e interplanetaria en múltiples ocasiones —Nos vamos a ver en dos horas en el restaurant que ya saben. Y llámenme si pasa lo que sea.

—Le prometo que cuidaré de ella, jefe —le aseguró Jason, tomando de una vez el control de la silla de Eva —Le avisaré lo que sea.

Una vez más, Don les dio miles de recomendaciones para asegurarse de que su hija y nietos estuvieran cuidados de la mejor manera. Después de todas las instrucciones pertinentes, el hombre dejó que se marcharan, pensando que debería pedir otro auto para meter las compras desquiciadas en las que él mismo iba a caer.

Mientras Eva, junto con sus acompañantes, soltaban las primeras exclamaciones de ternura por la ropa que iban encontrando, sobre todo los conjuntos para gemelos, en Nourasia se desarrollaba un episodio complicado, que estaba por dar paso a la época que, muchos años después, se le conocería como "La gran crisis".

*.*.*.*.*

Todo el Consejo se quedó callado cuando una verdad que resultaba terrible fue revelada. Y es que no era para menos, pues poco a poco, todos los nourasianos que estaban en esa sala tuvieron que decir que los asuntos del planeta no marchaban como todos esperaban que sucediera cuando los actuales reyes tomaran el trono. Sobre todo, preocupaba que la concesión anual de magia se estaba postergando. Sin embargo, Luka no pudo callar más, pues no quería que su reino estuviera fundado en su propia mentira. Además, necesitaban una solución para el problema que les iba a caer encima.

Terminó por decir lo que era necesario. No era hijo del rey Lao, así que no existía forma en la que el pudiera bridar la magia y el poder que necesitaban los nourasianos y el planeta mismo para llevar una vida normal.

—Su Majestad, lo que dice no puede ser cierto —dijo uno de los jóvenes consejeros, mientras que los más viejos, que eran unos cuantos, mantenían el silencio —No hay manera de que…

—Por supuesto que la hay, estimado consejero —interrumpió la reina Nuri, con su habitual serenidad, aunque un escalofrío le recorría el alma al escuchar que su hijo contaba lo que tanto habían guardado —Ustedes, como yo, saben que el rey Lao no fue mi primer esposo —todos bajaron la cabeza, en señal de respeto al acaecido soberano. Muchos lo hicieron pensativos pues, aunque era del conocimiento todos que Nuri había estado casado con otro individuo, los consejeros jóvenes desconocían que hubiera tenido un con hijo en ese matrimonio —Antes de él, estuve con uno de los generales de nuestro ejército. Antes de que muriera defendiendo a Nourasia, dejó en mí a su único hijo. El rey de este planeta no es hijo biológico de su antecesor, sino de un general que no tenía más que dar la vida por su planeta.

Silencio de nuevo, incluso de Luka. Cairen, a su lado, se enfadaba de a más, pues ella sí que estaba esperando que ese secreto se mantuviera así. Pero ya que la reina Nuri había hablado, no había marcha atrás. Tendría que alterar un tanto sus planes para que el resultado de todo lo que había pensado fuera el esperado. Más que otra cosa, lo único que quería por el momento es que llegara el arrepentimiento al Consejo.

—Perdone que nadie sea capaz de entender, Majestad, pero… no teníamos idea de que esto sucediera. Eso, además de que nos conflictúa con su nombramiento, trae muchos problemas para la provisión de magia al pueblo.

—¿Por qué hay problema con que sea rey? —inquirió Cairen, encontrando su oportunidad para que se respetara que ella era la autoridad en ese lugar —Luka no es el rey porque sea hijo de Lao, sino porque es mi esposo, y yo era la candidata a reina después de que el heredero los traicionó.

El corazón de la reina Nuri a poco se sentía perder la fuerza y la paciencia. Detestaba, entre muchas otras cosas, que se hablara de Aikka de una forma despectiva y que Luka lo respaldara. Sin embargo, ella sabía que tenía que mantener la compostura, pues esa calma le sería recompensada cuando su hijo pudiera volver y tomara el lugar que le correspondía.

—Pero, su Majestad, usted sabe que es la primera vez que se permite que alguien que no sea legítimo hijo de un rey ocupe el trono. Reina Cairen, ninguno de los consejeros aquí teníamos el conocimiento de este hecho cuando votamos por su reinado.

—Teníamos nuestra salvaguarda en que Luka era hijo del rey. Así él tendría la capacidad de continuar con la tarea más importante del rey.

—¿Y qué iban a hacer si lo sabían? —inquirió la actual reina, con su voz siempre fría en esa clase de asuntos —¿Olvidar lo que pasó con la traición de los antiguos herederos? Pues no. No se podrá seguir con la tradición si esa es la condición —sentenció Cairen, dejando atónitos a la reina Nuri y al resto del Consejo —Además, pienso que es mejor así. Muchos de los nourasianos siguen en contra de nuestro reinado, así que será mejor que la magia no sea entregada, así no habrá oportunidad a levantamientos.

—Cairen, es que eso no puede ser —Berko, por primera vez en esa sesión, se vio en la obligación de intervenir —No solo usamos la magia para controlarla. Es parte de nuestra salud y de la del planeta. Sin ella, los nourasianos podrían padecer muchos males como…

—Nourasia sobrevivió una vez sin poder, lo puede hacer nuevamente.

—El Consejo no acepta semejante propuesta —alzó la voz uno de los jóvenes —No hay manera de que nadie aquí acepte semejante cosa. Es una irresponsabilidad de su parte que ninguno de los dos haya pensado que son incapaces de darle lo más básico en nuestro planeta. El mismo juramento dice que antes del poder, estará el pueblo.

—No pretendas que no nos importa lo que les pase —contrario a Cairen, las palabras de Luka eran más sinceras.

—Es que no parece que le importe, Su Majestad. Y, en primer lugar, ¿Por qué fue el rey Lao quien propuso este cambio? Él sabía mejor que nadie que nadie que no sea hijo legítimo de un rey puede asumir el trono de Nourasia. ¿De verdad era imposible que el rey Lao aceptara la solicitud de Aikka y Amina a pesar de que sabía todo lo que estaba en juego en el planeta?

—Lao jamás pensó que esto pasaría. Él confiaba en el buen juicio de cada uno de sus hijos —contestó la reina Nuri, recordando lo que habían hablado él y su esposo la misma noche del juicio que Aikka tuvo que pasar, en el que se le despojó del título de príncipe y heredero. Sintió la mirada confundida de su hijo, pero ella quería que Luka supiera la verdad —Él pensó que Luka dimitiría, que cedería lo que no era suyo y no permitiría que nadie que no se lo mereciera tuviera el control de Nourasia —se dio cuenta de que el semblante de Cairen mudaba en un fuerte enfado y ofensa, pero poco le importó. Es más, esperaba que entendiera que se refería a ella específicamente —No contó con todo lo que sucedió después. Aunque murió, estoy seguro de que él tenía la esperanza de que, si Aikka era considerado culpable, Luka iba a ser juicioso e iba a proceder con calma, a ser justo.

—Madre… por favor, basta —pidió Luka, abrumado, sintiendo que el aire le faltaba al pensar que le estaba fallando a quien le había prometido entrega total. Casi se sentía un incompetente por no haber procedido de la manera en la que su padre esperaba, como se suponía que lo había educado. Aun así, quería excusarse. No estaba listo para asumir esa responsabilidad —Había suficientes pruebas como para pasar un juicio. Y necesitábamos un rey.

—¡Uno legítimo! —se atrevió a alzar la voz Berko, quien seguía inundado de pánico por la noticia. Nada de los planes que tenían incluía el detalle de Luka y estaba horrorizado de pensar que Cairen no se lo había confiado. ¿Qué más le estaría guardando en secreto?

—Silencio, Berko —exigió Cairen, con voz fría —Tú fuiste uno de los que más condenó a Aikka, así que tampoco tienes tanto derecho a reclamar.

—¿De qué sirve eso ahora? —cuestionó un consejero que, por cierto, era hermano mayor de Aitan y aún se sentía resentido por la partida del joven, preguntándose todos los días si no debería haber tomado la misma decisión —Si nos cuestionamos el porqué de las acciones de todo, solo será un ir y venir de culpas —buscó la atención de la Reina Madre, quien se mantenía impasible y pensando —Reina Nuri, sé que usted entiende. Lo que sea que haya pasado para que el Consejo no estuviera enterado del origen del rey Luka ya no importa. Necesitamos encontrar una solución para la dadiva de magia que corresponde.

Cairen sonrió, pero siguió sin decir nada. Solo se ocupó de acariciar su vientre, en donde su bebé se movía un poco.

—No hay manera —espetó Nuri, negando con la cabeza —Solo existen dos nourasianos que son capaces de hacerlo sin morir en el intento, pero ambos están exiliados.

—Tú tienes la magia de mi padre —dijo rápidamente Luka, no queriendo escuchar que Aikka o Amina eran sus últimas opciones —Tú tienes la magia completa, así que…

—No, hijo —refutó, siendo secundada por los consejeros más viejos, que conocían a cabalidad las condiciones en las que se preservaba y dotaba la magia —Al morir tu padre, su propia magia murió. La que radica en los nourasianos que la recibimos de él, la tendremos durante algún tiempo, pero no será necesario tanto para que esa misma magia también muera. A excepción de los que son sus hijos, los demás veremos nuestro poder reducido hasta ser inutilizable.

—¿La princesa Laila no puede ser entrenada para hacer eso? —preguntó alguien al fondo.

—Laila ya no es más una princesa —recordó la reina, enfadada —A ella, como a todos, se le despojó de su real tratamiento. Ella aún es una niña y moriría incluso intentando dar su magia. Además, no tiene ninguna responsabilidad. Yo como su madre no se lo permitiría.

—¿Entonces se supone que nos quedemos de brazos cruzados? ¿Solo nos quedaremos esperando a que nos quedemos sin nada?

—Como ya se los había dicho, Nourasia ya ha sobrevivido a una época sin magia, cuando fueron épocas complicadas —habló por fin Cairen. Quería terminar ya con eso, pues los malestares del final del embarazo, aunado a las crisis que a veces sufría, la estaban agotando y solo quería ir a su habitación a descansar —Creo que todos en este planeta pueden hacer un esfuerzo por vivir de otra manera.

—No es solo eso. Nourasia existe por un delicado equilibrio entre los individuos y la magia que poseen. Nos sustentamos de ella.

—Podemos vivir de otra cosa.

—Su Majestad… ya no estamos en los principios de Nourasia. Han pasado milenios desde aquel tiempo. Nos hemos hecho uno con nuestros poderes. ¿Cómo espera que nos mantengamos en pie? Sin la renovación de la magia, el planeta mismo comenzará a decaer —objetó el más viejo de los consejeros, francamente asustado por el crítico futuro que se avecinaba para el planeta.

—Podríamos incluso ser blancos de conquista. Sin la magia, ni siquiera el ejército sería suficiente.

—Lo diré todo de una manera sencilla —dijo Cairen, poniéndose de pie al mismo tiempo que Luka —Sé que hay muchos nourasianos que no están de acuerdo con mi reinado. Sin magia, nadie tendrá la oportunidad de revelarse. En vista de que temen un ataquen, considérense afortunados de que el Imperio Krog se ha puesto de nuestro lado, así que habrá quien nos proteja. Tarde o temprano, la magia desaparecerá por completo de nosotros. Nourasia tendrá que empezar de nuevo.

—Pero Majestad…

—Claro que, si no pueden acatar la orden de sus reyes, bien pueden retirarse —el Consejo se sumió en un silencio de muerte entendiendo lo que las palabras de Luka significaban —Tanto Cairen como yo podemos llevar este planeta solos.

—El Consejo no puede eliminarse.

—Puede hacerlo y se hará si es la voluntad de los soberanos. Háganme un último favor. Respeten la voluntad de sus reyes. De una u otra forma, serán quienes lleven el poder. Lo único que deseo es que piensen en los nourasianos antes que en nuestros privilegios —esa vez, fue la reina Nuri quien habló. Los monarcas la miraron, no comprendiendo si los estaba apoyando o si era más como una amenaza propia. Nuri se levantó de su silla, mirando todo el lugar como si fuera la última vez que lo hacía —Sé que hablo por mi esposo y por mi hija cuando quiero presentar mi postura frente a esta situación. Así que prefiero desatenderme de las funciones políticas y encargarme solo de las cuestiones del palacio, como mis próximos nietos.

A pesar de que Luka se extrañó por lo último que dijo su madre, sucedió algo que lo dejaría aún más meditabundo. Como nunca lo había visto Cairen, todos los consejeros, incluido a un recitente Berko, se pusieron de pie y se inclinaron durante un largo momento ante la figura de la Reina Madre. No era que le debieran respeto o que se sintieran obligados a tener ese gesto con ella. Sencillamente la reina Nuri había sido una monarca digna que se merecía el respeto que le estaban mostrando. Tanto así, que el mismo Luka se tomó un momento para hacer una leve inclinación ante ella, como despidiéndola de sus deberes y agradeciéndole por ellos. Por supuesto, la actual reina se mantuvo recta, observando a todos y sin ninguna intención de hacer lo mismo.

Sabía que poco a poco se estaba ganando el desprecio de la esposa de su hijo. No era que no le importara, lo cierto es que para ella hubiera sido mucho mejor que las relaciones entre ambas fueran cordiales, pero no podía hacer nada al respecto si cada acción de Cairen parecía tener la completa intención de hundir a Nourasia. La reina madre tenía sus grandes prioridades y ella se consideraba la única defensora del planeta y su gente, por lo que no había espacio en su corazón para alguien que solo lastimaba. A su hijo, incluso a su nieto, los amaría con cada fibra de su ser. Pero no a Cairen. Con ella no podría llegar a un acuerdo jamás.

Mientras pensaba en eso, y escuchaba murmullos a sus espaldas a mientras salía del reciento del Consejo, pensó en lo que tendría que pasar con Nourasia ahora que se había declarado que no habría más dotación de magia para las siguientes generaciones. Se le ocurría algo, pero para eso sabía que necesitaría ayuda. Por eso mismo, aun cuando estaba en la sesión, pidió con la fuerza de su corazón y su mente la presencia de cierto joven.

Cuando llegó a su habitación y cerró la puerta a sus espaldas, se le dibujó una sonrisa satisfecha y agradecida en su rostro, pues su petición había sido escuchada. Jordan se encontraba en su forma humana, dando vueltas por el lugar y deleitándose con los amplios ventanales de la recámara de la reina, en tanto que esperaba que llegara.

El Avatar estaba despertando en la mañana de Ōban cuando sintió un fuerte llamado desde Nourasia. No le hizo falta mayor concentración para darse cuenta de que era la Reina Madre quien lo requería. Decidió no despertar a Aikka para avisarle, pues era demasiado temprano como para que el príncipe entrara en pánico. Del mismo modo, supuso que su presencia no era deseada por los reyes, así que decidió que la mejor opción era aparecer en la intimidad del cuarto de la reina, para evitar cualquier confrontación.

En cuanto vio a Nuri entrar, visiblemente preocupada y algo contrariada. El lindo gesto que le dedicó le hizo darse cuenta de que había sido un acierto aparecer en ese lugar.

—Te prometo que no pensé que vendrías tan rápido —le dijo, sentándose en su cama —Gracias, Jordan.

—Claro que iba a venir. Usted siempre se encontrará entre mis prioridades. Tanto por Aikka como porque le tengo mucho aprecio.

—Te lo agradezco mucho. No te haría venir con tanta urgencia si no necesitara de tu ayuda.

—Dígame que es lo que necesita, haré todo lo que esté mi alcance.

La reina se dispuso a contarle a Jordan lo que había sucedido en la sesión del Consejo. Se extendió explicándole como era que la magia no solo corría por los nourasianos, sino que la ciudad sagrada de Dahl necesitaba que el rey en turno la suministrara de magia para que la tierra fuera fértil y fructífera. Sin su magia, esta poco a poco perdería su capacidad de proveer a los nourasianos de los frutos para alimentarse y del agua para beber. Cairen y Luka, en su necedad, no contemplaban la inmensidad e importancia de la magia.

—Entenderás, Jordan que, sin el poder del rey, Nourasia no va a sobrevivir durante mucho tiempo. Tarde o temprano las tierras, las plantas y los animales perecerán y, con ellos, los nourasianos.

—Su Majestad… me encantaría ayudarlos. Créame que su fuera mi decisión, haría todo lo que estuviera a mi alcance para mantener vivo a Nourasia, pero sabe que no puedo —Jordan se vio muy angustiado, aunque la reina sonreía —En el caso de este planeta, necesitaría que su regente me lo pidiera para que pudiera intervenir. El Avatar no puede actuar solo porque sí.

—Lo sé y lo entiendo —aseguró la reina, calmando a Jordan —Pero aún no olvido algo que dijiste hace un tiempo, cuando lo problemas empezaron —el humano ladeó la cabeza, confundido —Dijiste que, para ti, ni Luka ni Cairen eran verdaderos reyes.

—Eso no quita que sean reyes.

—Pero si tú no los reconoces, solo queda un individuo que puede ser, para tu consideración, el regente de Nourasia.

—¿Usted? —Nuri asintió y Jordan entendió que era lo que pretendía —De acuerdo, podemos decir que usted intervino por Nourasia y que por usted yo estoy aquí. Pero eso, tarde o temprano, nos va a traer problemas. Si Luka o Cairen deciden que me vaya del planeta, no tendré más opción que irme.

—Precisamente por eso mi petición no es que tu poder caiga sobre Nourasia, sino sobre mí.

—¿Qué?

¿Qué? exclamó un nourasiano desde la lejana Ōban.

—Yo seré la que provea al planeta de tanta magia como pueda, tanto como me lo permita el poder que me queda de Lao —Jordan lucía sinceramente atónito, su mente decir lo que sea —No puedo hacerlo con los nourasianos, no podría. Pero si me das un poco de fuerza o energía, sé que podré ganar tiempo para mantener vivo al plantea hasta que Aikka vuelva.

—Pero hacer esto no es su responsabilidad, Majestad —Jordan trató de disuadir a Nuri de hacer eso. Él sabía, por conducto de su residente en Ōban, que dar magia era una actividad que necesitaba de mucha energía y fortaleza para ser realizada y no morir -literal- en el intento.

—Sé hacerlo, cariño —tranquilizó la Reina, tomando la mano del Avatar —Lao me enseñó y creo ser muy capaz de darle magia a la tierra para que se mantenga viva. Con eso, los nourasianos podrán sostenerse un tiempo, aunque no tengan magia.

—No estoy de acuerdo, lo sabe —replicó el Avatar, sintiendo el tacto de la nourasiana suave y cálido, casi como el de su propia madre —Aún si puede hacerlo, no será por tanto tiempo hasta que su salud mengüe.

—Pero soy la reina. Y mi pueblo está antes que mi propia vida.

—¿Y sus hijos? ¿Cree siquiera que Aikka estaría de acuerdo? ¿O Amina o Laila?

—Quizá no, pero también sé que lo entenderán —le pidió que se sentara a su lado. Como si de una autoridad para él se tratase, Jordan le hizo caso. Se perdió un momento en la mirada azulina, dándose cuenta de lo brillante y pura que era. De verdad empezaba a sentir un cariño muy fuerte por ella, como si también fuera su mamá —Jordan… precisamente porque quiero servir a Nourasia tanto como pueda, necesito que mi cuerpo resista.

—¿Me va a pedir que le de esa fuerza?

—¿Está en tu poder?

—Algo así. El Avatar… es más espiritual. Quizá no tanto con la fuerza física, pero puedo fortalecer el alma. A partir de ahí, el cuerpo puede obtener su propia fuerza —Jordan pareció pensar un poco, y se le ocurrió algo —Quizá pueda darle un poco de mi propia energía para darle vitalidad a su magia. Puede ser que resista un poco más. ¿Eso será suficiente?

—Es más de lo que te puedo pedir, Jordan.

—Si con eso puedo asegurarme de que estará bien, cuente conmigo. Le pediré que me avise cada vez que lo haga, para que venga a Nourasia y la espere —suspiró, pensando en las situaciones en las que su idea podría fallar —¿Cree que Luka esté en desacuerdo si se entera?

—Cairen lo convencerá de que esté en mi contra. Pero no me importa. Haré lo que sea necesario por nuestro hogar.

—Que así sea, entonces —Jordan miró por una de las ventanas, percatándose de que terminaba el atardecer en Nourasia para dar paso a sus oscuras noches.

—¿Cómo está Aikka? —preguntó de repente la reina, después de dejar que Jordan se perdiera un momento en el espectáculo celesta.

—Hace tanto como puede. Se está avocando a unir a los planetas en alianzas, da ideas para la reconstrucción de algunos que han sido afectados como Byrus. Incluso se ha encargado de diseñar leyes en un par de ellos.

—Eso será importante cuando quiera volver. Lao alguna vez le dijo que las alianzas no eran entre los planetas, sino entre quienes los representaban. Si Aikka se gana la confianza de los gobernantes, confiarán en él para aliarse con Nourasia. Será un respaldo cuando quiera volver.

Jordan le aseguró que era precisamente eso lo que pensaban ambos. De hecho, estaba funcionando, pues más de un planeta le había prometido a Aikka que, de hacerse de nuevo con el trono, tendrían muy presentes las posibilidades de una unión con él. Aunque Aikka también había pedido que ser acercaran a Nourasia, la objeción era siempre la misma: si el actual monarca había traicionado a su hermano, ¿qué les aseguraba que no harían lo mismo con ellos?

—Además de eso, siempre hace lo mismo. Pensar en Eva y en los bebés.

—¿Ellos como están?

—Excelente. Los tres están siendo muy fuertes y sanos —comentó rápidamente Jordan, pues ni él ni Aikka se perdían un solo detalle en la vida de la humana —Es muy poco el tiempo que falta para que nazcan. Pero estoy convencido de que todo estará bien y los bebés tendrán la mejor salud.

—Ma imagino que así será. Esos niños fueron creados con amor, así que no dudo que vivan de la misma manera —su rostro pasó a ser melancólico y Jordan lo notó al instante.

—¿Sucede algo?

—Solo pienso que me hubiera gustado estar con ella cuando llegara el momento —confesó la reina, acercándose a la ventana que no perdía la atención de Jordan —Cuando nace un bebé real hay muchas tradiciones que se pueden seguir y hubiera sido maravilloso poder llevarlas con Eva.

—Yo sé que ella entenderá las ausencias, Majestad —trató de calmar Jordan, fingiendo paz, aunque su mente ya estaba llena de ideas que podría llevar a cabo cuando fuera el momento. No sabía por qué, pero, por la reina Nuri, podía hacer un esfuerzo mayúsculo —Habrá algo que se pueda hacer, lo prometo.

—Ya se verá, cariño —el anochecer por fin se hizo presente y la reina decidió que por ese día había sido suficiente —Debes volver a Ōban, Jordan. No quisiera que te encontraran aquí sin un motivo que podamos explicar.

—Tiene razón —Jordan estaba por irse, pero sintió que la mano de la reina se cernía a la suya, llamándolo a su lado. Cuando la miró, ella puso una mano en su mejilla y lo acercó para dejarla un cálido y amoroso beso en la frente.

—Gracias por todo, mi Jordan. No te lo había dicho antes, pero te agradezco que más allá de tu responsabilidad como Avatar, quieras ayudarnos.

—No tiene que agradecerme —le contestó, sonrojado —La aprecio mucho, igual que a su hijo y a Eva, así que claro que haré tanto como pueda para ayudarlos —ojalá que Aikka no lo oyera decir eso, porque sabía que las burlas no pararían tan fácil —Le prometo que todo estará bien. Tarde o temprano, lo estará.

—Lo sé. Con tu ayuda y con el valor de muchos, estoy convencido de que así será.

Jordan se permitió darle un rápido abrazo a la reina, quien no dudó ni un momento en devolverle el gesto. Después de eso, de que Jordan sintiera que quien lo estaba abrazando era su madre, desapareció en medio de un resplandor dorado, dejando a la reina Nuri más decidida a sus planes. Temía, como cualquier ser con corazón, pero sabía que no había mayor solución para Nourasia que optar por el camino difícil.

Cosas como esa Cairen no las entendería. Había mucho más en ser un monarca. Primero era servir al pueblo y no dominarlo. Eso tendría que aprenderlo, aunque lamentaba que fueran los nourasianos que pagaran ese precio. Sin embargo, sabía que la esperanza estaba cercana de nacer, en su versión de mellizos. Cuando esos niños comenzaran su existencia, sería cuando los grandes cambios llegarían. Nuri lo sabía y tendría que prepararse para lo que fuera.

Ojalá que su mente y su cuerpo resistieran lo suficiente.

*.*.*.*.*

La casa que había sido destinada para la realeza nourasiana refugiada en la Tierra parecía más una pequeña mansión que una casa cualquiera. Aunque todas las viviendas que se habían preparado para los exiliados eran bastante cómodas, la que era ocupada por Amina sobresalía de las demás. Ella había rechazado en primera instancia que se le tuviera tanta consideración, pero fueros los mismos nourasianos quienes pidieron que se quedara con el obsequio del gobierno de la Coalición, pues estaban de acuerdo en que era una manera de que para todos quedara claro que Amina era una princesa, nada menos.

Mucha de la tecnología humana había sido empleada para tener lista la ciudadela nourasiana en menos de una semana, aun cuando la casa de Amina fuera de mayor trabajo. Por fuera, esta era blanca casi en su totalidad, interrumpida solo por ornamentas azules y doradas, como las viviendas tradicionales en Nourasia. Por dentro, también era bastante parecida a los motivos nourasianos. Sus paredes eran altas y uniformes, pilares grandes y gruesos, escaleras imponentes, formados en preciosos adornos de madera, cuarzo y mármol. Un balcón tenía una vista especial a todo el lugar en donde residían los nourasianos, además del bosque que estaba más allá, justo hacia donde salía el sol. La habitación que estaba detrás del balcón era una especie de oficina y sala de estar que colindaba con la recámara de la princesa. Esta última era preciosa, decorada en su mayoría de dorado y azul con una cama amplia, lujosos muebles y todo cuanto pudiera ser apropiado para una princesa.

Aunque su cuarto era el espacio favorito de Amina en toda la casa, disfrutaba bastante de estar en la oficina, pues el viento que se colaba por el balcón y las ventanas era fantástico. Solía pasar las tardes desocupadas ahí, aprendiendo de las costumbres humanas, tomando una siesta en el diván o platicando con alguna visita, la mayoría de las veces, Jason.

Ese día, aunque no era entretenimiento, Amina estaba ocupada con algo que tenía que terminar de resolverse. Ella, junto con Aitan y un par de miembros del gabinete de Charles -que se encontraba de viaje por algunas de las colonias terrestres en otro planeta- estaban terminando de redactar un manifiesto en el que se asentaban todos los derechos y obligaciones de los nourasianos, además de que se estaba haciendo un acuerdo para llevar un registro estricto de todos los habitantes de Nourasia que estaban en la Tierra, de modo que se pudiera llevar un control de nacimientos, decesos y cualquier otra situación. Agregado a eso, se esperaba lograr una forma de que los nourasianos se integraran a la vida laboral para que pudieran generar ingresos y mejorar su calidad de vida si así lo deseaban pues, aunque no lo hicieran, todos recibían una cantidad monetaria de parte del gobierno para su manutención, junto con algunos enceres.

—Su Majestad… —Amina levantó la mirada del documento que estaban leyendo hacia la puerta, donde una de las nourasianas que había pedido estar al cuidado de la casa de su princesa acababa de entrar —La señorita Alexa acaba de llegar. Dice que tenían una cita.

—Oh… es cierto —la nourasiana torció el gesto, mortificada por haber olvidado que tenía un compromiso ese día con la humana. La idea era que ambas salieran de compras y buscar un regalo hermoso para los bebés de Eva, que estaban a escasas semanas de nacer. Sus dedos tamborilearon contra el escritorio mientras la otra nourasiana esperaba una respuesta —Dile que me dé un momento. Ya pensaré en algo.

La joven asintió y después de una pequeña reverencia a su princesa salió del lugar, dejando a Amina con cierta impaciencia.

—No se angustie, por favor —pidió Aitan, casi en susurro para no incomodar a los representantes del gobierno terrestre que se encontraban con ella —La humana tendrá que esperar a que usted termine con sus obligaciones. No puede ser lo que ella quiera siempre que quiera.

—Nadie dijo eso, Aitan. Alexa sabe ser paciente —replicó la princesa, sonriendo también al ver que los humanos que estaban con ella trataban de controlar una pequeña risa —Solo pienso que podemos hacer.

—Si usted lo desea, podemos terminar por hoy y volver mañana —propuso uno de los hombres, entendiendo la situación.

—No, prefiero gastar todo nuestro tiempo en resolver esta situación —al escuchar que Aitan murmuraba algo al tiempo que negaba con la cabeza se le ocurrió algo que Eva le había hecho notar un tiempo atrás. Entre Alexa y Aitan existía una tensión demasiado extraña, aunque muchas veces los habían sorprendido mirándose entre ellos de una manera extraña. Se levantó de la mesa y los demás lo hicieron después de ella —¿Me puedes disculpar un momento? Regresaré en breve con ustedes. Aitan, ven conmigo.

—Sí, majestad.

Aitan siguió a la princesa al pasillo que se encontraba fuera de la oficina, en donde podrían tener privacidad unos minutos. Desde que vio la sonrisa divertida de su princesa, el consejero tuvo un mal presentimiento.

—Necesito que me hagas un favor.

—Majestad, antes de que me diga que es lo que desea, creo que sé lo que quiere pedirme —interrumpió el nourasiano, agobiado.

—Sé que lo sabes. Te daré la opción de decidir si me haces este favor o no.

—Usted sabe lo que pienso de la joven Alexa. Además, no quiero dejarla sola a usted en las negociaciones.

—No me dejarás sola —tranquilizó la princesa —Me guiaré por tus observaciones, además de que estamos cerca de terminar el documento por hoy. Sin embargo, no quiero que Alexa se sienta desplazada —Amina rió internamente al verlo dudar —Te prometo que no me sentiré ofendida si decides no hacerme este favor.

—Princesa Amina, no es que no quiera. Usted sabe que haría lo que sea si me lo pidiera, pero también es consiente de mi relación con esa… joven. Sinceramente, prefiero quedarme aquí para terminar con algo que servirá a los nourasianos.

—De acuerdo, Aitan. No te angusties, entiendo —Amina le dio una palmada en el hombro y procuró que su expresión denotara preocupación y hasta un poco de decepción por la decisión del consejero. De hecho, lo consiguió, pues la tez de Aitan mudó a una desagradable sorpresa —No me gusta quedar mal con alguien, pero tendré que decirle a Alexa que se vaya sin mí. O apurar a los embajadores del presidente para no fallarle a ella.

Amina se encaminó hacia la oficina de nuevo, pretendiendo pensar en que iba a hacer. Sin embargo, cuando le dio la espalda a su consejero, se le escapó una sonrisa. Bien sabía que no estaba del todo bien manipular de esa forma una decisión, pero era por el bien de ambos. Y tal como lo esperó, apenas unos pasos antes de entrar a su oficina, sintió la mano del nourasiano tocar su brazo con delicadeza, reteniéndola.

—Disculpe mi imprudencia, Majestad —se disculpó, más por atreverse a tocarla que por el rechazo —No se angustie por los representantes de la Tierra. Yo acompañaré a la señorita el tiempo que necesite.

—Gracias, Aitan —Amina no le dio tiempo al nourasiano para arrepentirse de sus palabras —Te prometo que trataré de no tardar demasiado.

Aitan asintió y se despidió de la princesa mientras ella se internaba de nuevo en la oficina para seguir con la redacción de los documentos oficiales, en tanto que pensaba que, ahora que se daba esa situación iba a tratar de tardar el mayor tiempo posible.

*.*.*.*.*

Alexa estuvo severamente impactada cuando, aún en la casa de Amina, fue el mismo Aitan quien le informó que compromisos oficiales tenían ocupada a la princesa, por lo que él había sido comisionado para acompañarla en las compras hasta que Amina se desocupara.

Para ninguno de los dos era secreto que entre ambos había tensión desde el primer momento en que se vieron. Alexa detestaba que el consejero fuera tan propio, tan apegado a las normas y estricto en un tratamiento "especial" para los miembros de la realeza, sobre todo cuando eso significaba tratar de una manera diferente a Amina o a Eva, que para ella no eran más que sus mejores amigas. Aitan, por otro lado, se exasperaba cuando Alexa no mostraba respeto por las situaciones o las personas con las que se encontraba. Entendía que fueran sus amigas, pero también ella debía comprender que no eran cualquier individuo, sobre todo cuando ambas estaban pasando por situaciones que la humana difícilmente podría dimensionar.

—¿Me escuchaste? —preguntó Alexa de repente, en tanto que Aitan se encontraba distraído por sus pensamientos acerca de la humana en cuestión. Regresó la vista a ella y la vio con ropa diminuta en las manos —Creo que no.

—Perdón, señorita. Estaba pensando en la princesa Amina. ¿Qué me decía? —preguntó con propiedad, sin denotar un sentimiento en especial.

—Olvídalo, solo te estaba preguntando acerca de algo, pero puedo decidirlo.

—La princesa Amina confía en mí para sus decisiones, quizá usted puede hacer lo mismo —dijo el nourasiano, queriendo llevar la mayor cordialidad posible.

—Pues sí, pero a ella no la odias como a mí, ¿no? —Aitan iba a replicar, pero Alexa se le adelantó —No tengo idea de porqué. Pero si no quieres estar conmigo y me vas a ignorar, entonces mejor espera afuera y yo me encargo de lo demás hasta que llegue Amina.

—Princesa Amina, por favor —se le salió decir a Aitan, lo que provocó de inmediato una mueca de fastidio —Ella es una princesa, así que merece que…

—¿Y ella quiere que la llamen así siempre? ¿O Eva también cree lo mismo? Porque siempre estás insistiendo en eso, pero al parecer no las conoces bien.

—Perdone, pero no le permito que cuestione lo que sé sobre mis princesas.

—Por supuesto, porque no sabes nada —replicó la humana, llegando pronto al límite de su paciencia —Para ti nada más son figuritas de cristal, pero ellas son más que eso. Y la verdad es que ya nos hartaste a las tres.

—¡No puedes decir semejante cosa! —gritó, muy a pesar de que había personas alrededor que los veían con curiosidad —Tú solo esperas que ellas estén felices siempre, que todo lo vean perfecto. Pero nada es así. Ambas han pasado por experiencias que no te imaginas. Eres demasiado banal y es lo que me molesta.

—¿Tú crees que no tengo idea de que…?

—No, no creo. Estoy seguro de que no sabes un mínimo del panorama de todo lo que están enfrentando.

—No me conoces ni a mí ni a ellas lo suficiente como para decir que no sé nada. ¿Tú quién crees que estuvo con las dos cuando todo este asunto se puso más dramático?

—Pues…

—Pues tú no. Porque a ti, obviamente, solo te interesa la imagen diplomática que tienen que dar. Siempre insistes en que se hagan llamar princesas, en sus deberes y obligaciones. ¿Cuántas veces te has detenido a pensar en lo que realmente quieren o sienten? —Aitan no tuvo más que quedarse callado. Porque, para variar, las palabras de la chica hicieron mella en sus pensamientos —Yo siempre he pensado que te importa más lo que tienes que hacer que ellas mismas.

—Claro que… No, no es así —intentó decir el nourasiano, pero recordó sus acciones y, desafortunadamente, se había comportado de una manera que le daba la razón a la terrestre —Si eso parece…

—No busques justificarte, Aitan —Alexa tomó un poco de ropa de color amarillo y verde idénticas y se preparó para marcharse —Lo único que quiero decirte es que ellas son personas más que princesas o lo que sea. Yo sé lo que es importante para ti y no son ellas. Si Amina o Eva te importaran de verdad, te encargarías de que primero estuvieran bien antes de llenarlas de obligaciones —le puso una mano frente al rostro cuando se dio cuenta de que el nourasiano iba a replicar —Yo sé que te preocupas por ellas, pero esa no es la manera. Y, solo para que estés seguro, soy yo la que estuve con las dos cuando todo se vino abajo. Así que no me digas que no las conozco. Precisamente por esto es por lo que todo les está fallando.

Aitan vio a la joven alejarse con las cosas que había seleccionado para comprar. Alexa pagó todo lo que llevaba y salió al instante de la tienda, dejando al encargado de su cuidado estático, en medio de todo. Quizá la humana, sin quererlo, había dado con el punto de todo. El consejero era consciente de que siempre se esforzaba por cumplir con sus obligaciones diplomáticas y asegurarse de que todo estuviera en estricto orden. Pero Alexa tenía un punto. Eso mismo había sido el acabose de todo lo que conocían. Ser estrictos, no dar cabida a las posibilidades, cerrarse en el mundo de la objetividad. Precisamente porque no existió un espacio para considerar al corazón y al alma, todos habían asumido que los príncipes lo eran antes que seres que sentían.

Y Aitan supo que iba hacia el mismo lugar que criticó tanto y por lo que había decidido salir de Nourasia. Estaba buscando convertir a sus dos princesas en figuras perfectas, a las que se les pudiera tomar de ejemplo y que sirvieran para ser la guía del pueblo exiliado. Sin embargo, no se había detenido a pensar en lo que ellas querían o sentían. Sabía de sobra que sus situaciones eran complicadas, que la falta de los seres que amaban terminaba por hacerlas sentir agotadas. Pero nunca se había propuesto darles un espacio para que solucionaran sus problemas del interior y poder solucionar los del exterior.

Para su desgracia, y aunque replicara por ello, lo cierto era que Alexa si había buscado ayudarlas en ese sentido. Ella había estado para ambas siempre que sus corazones parecían no resistir más. Y aunque Alexa no entendiera del todo que era lo que sucedía con la política y la diplomacia, siempre era un respaldo.

Cauteloso, salió de la tienda y se dispuso a buscar a la joven humana en todo el centro comercial al que habían entrado. Se sintió un poco abrumado, pues ese ambiente, desde la construcción hasta el ajetreo en el que vivían los humanos, eran diferentes a lo que él estaba acostumbrado, muy a pesar de que llevaba varios meses viviendo en la Tierra. Era igualmente extraño sentir las miradas curiosas de los humanos la verlo pasar. Para ellos tampoco era sencillo adaptarse a los nuevos residentes de su planeta, y aún causaba conmoción ver a los habitantes del lejano planeta andar por las calles. Aun así, los nourasianos se paseaban orgullosos de lo que eran y representaban, sin avergonzarse de su situación y siendo una exaltación de los valores que les habían inculcado en Nourasia.

Por eso, tranquilo y con mucha atención, buscó a su acompañante por todos los rincones que se le ocurrieron. Después de una hora de recorrer el lugar y encontrar algunas cosas que le gustaría dar en obsequio a los príncipes que estaban por nacer, encontró a la humana sentada en la zona de comida rápida, con un importante número de bolsas sobre su mesa y recargando su barbilla en la palma de su mano, apoyada igual sobre la mesa. El dedo de su mano izquierda hacía girar sobre su eje un vaso vacío de soda. Antes de acercarse a ella, Aitan decidió emplear un poco de sus conocimientos nuevos de las costumbres humanos y ocupó más minutos de los necesarios en comprar un helado para ella.

Sujetándolo bien, y esperando que no se le cayera camino a la humana, Aitan se adentró en el complicado espacio que había entre mesas hasta llegar a su objetivo.

—Para ti —Alexa levantó inmediatamente la mirada cuando lo tuvo enfrente, extrañada por encontrar un helado de fresa y chocolate —Todo el mundo dice que es delicioso. No me consta, pero espero que te guste.

—¿En todo el tiempo que llevas aquí no has probado uno? —preguntó Alexa, frunciendo el ceño. Aitan negó, aún con el helado en la mano —El de menta es mi favorito.

—Me esforcé para escoger algo —se excusó el consejero, encogiéndose de hombros —¿Me lo aceptas?

—Pues tengo hambre, así que sí —Alexa tomó el postre y le dio una primera mordida, dejando que el dulce invadiera su boca, divertida de ver la curiosidad pintada en el rostro del joven —Es muy rico, te lo prometo. ¿Quieres probarlo?

Aitan dudó, pues más que protocolo, no sabía si sería correcto comer del mismo alimento de otra persona. Sin embargo, ya que pensaba buscar otro rumbo y prioridades en su rutina, se dio la oportunidad de hacerlo. Tal como había visto hacer a la humana, dio un pequeño mordisco al helado que seguía en las manos de Alexa. El sabor explotó en su boca y Alexa sonrió al ver una genuina expresión de sorpresa y felicidad en el nourasiano.

—Tienes razón. Es extraordinario —dijo, sin que se diese cuenta de que había tomado otro poco de helado sin pedir permiso, cosa imperdonable según su educación —¿Se puede comer esto siempre? Me parece que es algo más propio de una celebración por lo delicioso que es.

—No, siempre que quieras puedes ir a comer uno. De hecho, casi en cualquier lado hay tiendas de helados —le comentó la chica, rompiendo un pedazo del cono y poniéndole un poco de fresa y otro tanto de chocolate para que probara lo suficiente de ambos y se lo tendió —Si, por algún extraño motivo tienes un rato libre, deberías ir a algunas tiendas a probar sabores. Después de todo, no sabes cuanto tiempo vas a estar aquí en la Tierra, así que… podrías familiarizarte con esto y otras cosas parecidas.

—He visto que la princesa Eva gusta mucho de comer algo parecido. Supongo que podría hacer que ella y la princesa Amina salieran a probarlo o… —Aitan se detuvo en lo que estaba diciendo al notar que Alexa levantaba una ceja, ofuscada —¿Qué?

—No sé tú, pero dudo que sea necesario a cada momento que las llames princesas. Por lo menos estoy segura de eso con Eva.

—Alexa… quisiera explicarte —el consejero suspiró, buscando como decir lo que tenía en la mente —Yo… soy un servidor de la realeza. Desde que era muy joven, un niño, estaba convencido de que quería ser parte del Consejo, que es como un… gabinete de los reyes. Incluso mi hermano mayor es un consejero —Alexa asintió. Por una vez, quería escuchar antes de opinar —Mi educación me impide tratar a un miembro de la realeza como un igual. Estoy consciente de que ellos son superiores a mí y debo tratarlos con respeto.

—Pero…

—Yo entiendo que pueda parecer extraño para ti. Sé que convivo con ambas lo suficiente para que incluso me pudiera considerar como un amigo. No sé si sea el caso con alguna de las dos, pero comprende que, si ellas no lo piensan así, yo no me perdonaría una falta grave como llamarlas por su nombre. Ellas merecen un trato especial. Amina es princesa por ser hija del rey Lao, y Eva lo es por ser la pareja de uno de los príncipes, y madre de un futuro heredero. No hay nada que valga más para mí que eso.

—Sí te entiendo —le aseguró ella, con una sonrisa bastante tranquilizadora y particularmente bonita —Aunque quisiera que entendieras que, para ellas, o por lo menos para Eva, no es agradable que eso. Y me atrevería a decir que incluso a Amina no le gusta que sea así. Creo que han pasado suficientes cosas todos ustedes como para que haya tanta formalidad.

—No dejan de ser mis princesas y yo un servidor.

—Y ellas lo saben, pero creo que preferirían tener a alguien que priorizara su comodidad a los títulos.

—¿Su comodidad? —cuestionó de inmediato, obviando lo que pasaba cuando la humana se señaló a ella misma —De acuerdo… ¿qué es lo que tienes que decir?

—Que yo no soy una nourasiana, muchos menos una servidora de la realeza. Eso no significa que les falte al respeto o lo que sea. Pero no puedo tratarlas como Su Majestad o Su Alteza. Para mí, ellas son Alexa y Amina. No porque no las trate como eso debes entender que no sé lo que son.

—Me desconcierta, es la verdad. Nadie que no fuera de su familia los trataría así.

—Ya sé. Pero, si tú las vas a tratar con toda esa diplomacia, deja que por lo menos alguien las haga sentir como personas normales. Si son princesas siempre, es como si nunca pudieran desprenderse de sus responsabilidades.

—Tampoco pueden ignorar que las tienen.

—Sí, pero siempre están agobiadas, siempre hay algo que les recuerda que no son libres todavía. ¿De verdad vas a dejar que las pocas cosas que les dan paz cambien solo por un protocolo? ¿Quieres princesas que al final no puedan con tanta presión?

—No…

—Bueno, creo que es lo único que te pido. Que te relajes con ese tema —Aitan soltó una risa que tomó desprevenida a Alexa —¿Qué?

—Nadie me había pedido que me relajara —respondió, sonriendo con diversión —No me imagino relajándome, por lo menos no desde que llegamos aquí.

—Aitan… no quiero que te ofendas por lo que voy a decir —el consejero asintió, cambiando su sonrisa por una expresión de seriedad —Pero… creo que tú mejor que nadie sabe que la situación que están viviendo no es algo que puedan controlar desde aquí —el consejero no tuvo más que asentir, porque era la verdad —Aunque quisieran, no hay modo que de que recuperen Nourasia así.

—¿Cuál es tu punto?

—Creo que no es tiempo de angustiarse. Cuando se presente la oportunidad, entonces todos estaremos listos para ese momento, y podremos hacer que regresen a lo que eran.

—Te daré el beneficio de la duda y me arriesgaré a seguir tu consejo —aseguró Aitan, sin dejar de sonreír —¿Eso es lo que me recomiendas?

—Que, por todo lo que quieras, me dejes en paz y no estés recordándome que son princesas. Ya sé eso. Entiende tú que más que eso son mis amigas.

—Trataré, te lo prometo. Incluso te dejaré sobornarme con helados —Alexa soltó una fuerte carcajada, que sorprendió a Aitan, haciéndolo reír todavía más.

—¿Tregua? —la humana le tendió la mano al nourasiano, quien no tardó en estrecharla igual.

—Tregua.

A Aitan ciertamente le parecía demasiado inocente y sencilla la forma en la que Alexa pensaba. Estaba bien pues, de cualquier forma, ella no tenía mucha idea de todo lo que estaba implicado en los asuntos de Nourasia y sus princesas. Sin embargo, ella tenía algo de razón al decir que no estaba en sus manos. Ciertamente, el futuro de Nourasia no dependía de lo que ellos hicieran, sino que recaía en Aikka y Luka, quizá incluso en Eva.

Tal vez, solo tal vez, si necesitaba relajarse un poco con las princesas. Siempre que no se le presentaran situaciones estresantes o que atentaran contra sus nervios, Aitan estaba casi convencido de que podía intentar ser más ligero con los asuntos protocolarios. Incluso, podía ser que Alexa fuera de su agrado.

*.*.*.*.*

Semana 35. A pocas horas.

Casa de los Wei

—Ni siquiera consideres la posibilidad de que salga de viaje —replicó Don a la pobre persona que estuviera del otro lado de la línea en tanto que Eva se divertía observándolo acostada del otro lado de la cama, comiendo lo último que quedaba de una crèpe —No. Para eso tengo Relaciones Públicas en la empresa. ¡Cómo si no supieran organizar carreras sin mi presencia! —Eva soltó una carcajada que nada agradó a su padre —Ya dije que no. Mi hija está a dos semanas de hacerme abuelo. Wei Racing se puede ir al demonio, pero yo me quedo con ella. Es todo.

Cortó la llamada y se dejó caer sobre el montón de almohadones que adornaban su cama, considerando incompetentes y antipáticos a todas esas personas que exigían su presencia en la organización de la nueva competencia mundial. Le resultaba inaudito que ninguno de los organizadores pudiera entender a cabalidad que su joven hija parecía estar a punto de explotar en cualquier momento.

A tan solo dos semanas para que el tiempo de gestación de los mellizos terminara, Eva solía quejarse todo el tiempo de que ya no resistía el peso que ambos bebés ejercían sobre su columna. Pasaba la mayor parte del tiempo acostada o sentada en el sofá, y si lograba caminar, no era por más de una hora. Precisamente por eso, siempre que salía o que decidía estirarse, era una obligación que alguien fuera con ella para que la pudiera asistir. Sin embargo, desde la semana anterior, cuando el doctor Fitzgerald dijo que los pequeños podrían nacer en cualquier momento a partir de esa semana, Don decidió que no se iba a mover a ningún lado en donde perdiera de vista a la joven. La simple idea de que él no estuviera presente si todo empezaba le causaba pánico.

—¿De verdad no vas a ir?

—¿De verdad me estás preguntando eso? —inquirió Don, rodando los ojos.

—Pues… ¿sí? Es la competencia mundial. Todos saben que nadie las organiza mejor que tú y en serio te necesitan.

—Me necesitas más tú que ellos, Eva. No está a discusión. Por una vez que me ausente en muchos años no pasará nada —la chica soltó una risita por el comentario de su padre, pues no lo creía del todo —Yo sé que te estás imaginando que no podré estarme tranquilo. Pero suficiente impaciencia tengo contigo como para añadir un concurso.

—Tampoco es como que yo me quede sola, si es lo que te preocupa. Te recuerdo que hay una guardia nourasiana allá afuera que no deja de cuidarme.

—No es lo mismo a que esté yo contigo. Y es algo que no voy a negociar. Además, es un viaje que me llevaría casi una semana y eso es demasiado considerando que estamos en las fechas límites.

—Podrías trabajarlo desde tu oficina. No es que haya una completa necesidad de ir hasta otro país para organizar esto —Dos chasqueó la lengua —Debes pensarlo, papá. Es parte de tu trabajo y de tus responsabilidades. Y piénsalo bien… —dijo, mientras se ponía de pie con cuidado para ir a buscar un poco de agua —… tus nietos van a querer nacer, aunque no estés. No podemos paralizar todo por la incertidumbre del nacimiento.

Don asintió a eso casi imperceptiblemente mientras veía la lentitud y cuidado con los que Eva se levantaba de la cama y salía del cuarto. Iba a considerar, solo un poco, trabajar desde la oficina. Solo porque se estaba dando cuenta de que su hija había encontrado un punto de madurez y razón increíble, todo producto de los casi nueve meses en los que había dejado de preocuparse solo por ella misma, sino también por los chiquitos que dependían de su joven mamá.

Tan solo un par de horas después, convencido de que si algo iba a pasar no iba a ser ese mismo día, Don bajó a su sala de estar vestido elegantemente y con su maletín en la mano, divertido de encontrar a su hija en un estado de ambivalencia entre quedarse dormida en el sofá o seguir viendo una película.

—Eva… —la llamó, haciendo que la chica despertara un poco —Me iré hasta la noche a la oficina. Quiero terminar todo el trabajo que pueda.

—Y hacer lo de la organización de las competencias, seguramente —Don asintió con la cabeza, fingiendo que no le estaba dando demasiado importancia al asunto mientras revisaba su celular —Espero que quede fantástico. Te prometo que el próximo año yo te ayudo con eso.

—El próximo año seré el juguete de tus hijos, te lo prometo. Tú tendrás que hacerlo todo —Eva se rió de eso, pero cayó de inmediato al sentir algo raro, cosa que su padre no notó, pues estaba ocupado en otra cosa —Debo irme ya, amor —se acercó a su hija y le dio un beso en la frente —Aunque casi puedo jurar que no pasará hoy, te pido que me avises lo que sea que hagas, Eva.

—Si, papá. Lo haré —contestó, un poco perdida en sus pensamientos —Que sea un buen día.

Don le dio un beso más y una caricia tierna al refugio de sus nietos para después salir de la casa y tomar el auto que ya lo esperaba. Poco se imaginó él que no iba a volver a casa después esa noche.

Cuando su padre se fue, Eva miró en su celular y se percató de que apenas era el mediodía. Apenas su padre salió, la piloto se puso de pie y se asomó un poco por la ventana, dándose cuenta de que, en efecto, había un grupo de nourasianos afuera de su casa, cuidando de ella como si del más preciado tesoro se tratara.

Regresó a la cocina para lavar los trastes que había ocupado. Cuando terminó, se fue a sentar a una de las sillas del comedor, observando todo su alrededor y dándose cuenta de que estaba teniendo un aburrimiento impresionante. se dio un momento para pensar en lo que había sucedido instantes atrás. Cuando se estaba riendo, sintió a la perfección como uno de sus bebés se había movido de tal modo que tuvo la sensación de fuertes punzadas en su vientre bajo. No era que no le hubiera pasado antes. De hecho, con lo increíblemente grande que estaba su abdomen, era muy normal para ella despertarse a mitad de la noche porque uno de los pequeños había tenido a bien moverse de una manera muy brusca. Sin embargo, el movimiento de esa mañana había sido por completo extraño. No tenía manera de explicarlo exactamente, pero no era para nada parecido a lo que había sentido antes.

Decidió que, si no lo sentía de nuevo, no iba a preocuparse más. Pero lo que si pasaba es que no se sentía con ganas de quedarse en esa casa por mucho tiempo. La mayor parte del embarazo la había pasado dentro de su casa, bajo cuidados estrictos, más por el hecho de que era joven que porque los niños eran hijos de dos razas diferentes. Estando ya en el límite del embarazo, a días de ser madre, lo cierto era que ya no podía más. La sensación de que las paredes eran más como una cárcel la desesperaba continuamente.

Residencia de la realeza nourasiana en la Coalición Tierra

—Majestad… ¿me promete que no me necesitará? —preguntó Aitan por milésima vez en la tarde. Se estaba dando muchas licencias para su propio gusto, pero no iba a decir que no le gustaba eso. Incluso, desde que él y Alexa salían a conocer más de la Tierra desde cinco semanas atrás el propio consejero admitía que las cosas le salían mejor —Si usted me dice que quiere que…

—Aitan, ya te dije que no. Jason estaré conmigo así que no habrá problema en que me quede sola si es lo que te preocupa —Amina comenzaba a divertirse, pues veía las muecas de desesperación que lanzaba Alexa a cada momento que se retrasaba la salida —Ve sin que estés preocupado por mí.

—Ni por Eva. Ella está bien en casa —aclaró Alexa antes de que Aitan pusiera otra excusa. Estaba feliz de que lograra que el nourasiano se relajara en la mayor parte de las cosas, aunque no había logrado que tratara a Amina o a Eva con mayor familiaridad, se daba por satisfecha con el hecho de que aceptara salir con ella a divertirse —Vayámonos ya, por favor. Quiero que conozcas muchos de los lugares bonitos de la ciudad.

—Me gustaría saber cuantos más faltan por conocer —bromeó con la humana, sorprendiendo a la princesa por lo extraño que era ver a su consejero tan ligero del estrés de siempre —De acuerdo, Majestad. Nos vamos, pero si requiere lo que sea, sabe que me puede contactar por medio de… el aparato ese.

—Celular, Aitan. Se llama celular —le recordó Amina. Ambos habían pasado por un curso intensivo de la tecnología humana y habían adquirido dos móviles, pues era más sencillo para los dos mantenerse en contacto entre ellos y con Eva, para cualquiera que fuera la situación —Ya, por favor. Váyanse. No los quiero ver aquí hasta la noche y muy divertidos.

Sin necesitar una palabra más, Alexa tomó de la mano a Aitan y lo obligó a salir corriendo de ahí, hacia su propio y pequeño auto que había adquirido hace poco. Para recorrer la ciudad, Alexa había pensado que sería mucho mejor que, si pensaban pasear mucho y pasar como un par de simples chicos que se estaban conociendo, lo hicieran de la forma más sutil y no tan vigilados. Por eso, habían prescindido de guardias y de las limusinas que estaban destinadas para ellos.

Mientras se iban, un auto elegante y negro llegó a la residencia de Amina. De la parte de atrás, Jason bajó casi corriendo, un tanto desesperado por ver a su novia. Los guardias ya tenían una orden directa de que el joven artillero no necesitaba ser anunciado o revisado para ingresar a la casa, privilegio del que solo gozaban él y Eva.

Saludó a unos nourasianos que formaban parte de la servidumbre de la casa. A todos les agradaba Jason, y sabían que apenas llegaba, su princesa estará feliz durante todo el día. Cuando lo vieron, después de saludarlo, le señalaron la cocina y él se dirigió inmediatamente ahí.

Sin entrar por completo, vio a la nourasiana sentada en el desayunador recibiendo el agradable sol de invierno, revisando algunos documentos mientras en sus manos sostenía una taza de humeante té de rosas. Jason, solo de verla, sabía que algo había hecho demasiado bien para tener la fortuna de saberse amado por esa persona. Amina era muy valiente, inteligente y poderosa, pero tan sencilla y tierna que podía encantar a quien sea. Era una fortuna que él fuera el escogido para ser su pareja. No sabía cómo, pero iba a tratar de darle la felicidad que merecía.

—Sorpresa, princesa —dijo, sorprendiéndola al darle un abrazo por la espalda y rodeando su cintura con sus brazos.

—¡Jason! ¿Qué haces aquí? Te estaba esperando para más tarde —posó sus manos sobre las de su novio, sintiéndolas cálidas como siempre —¿Qué pasó?

—Terminé mis deberes antes. Aún no me dejan hacer tanto trabajo por el brazo, pero espero que pase pronto —le dio un beso en la mejilla y fue a sentarse frente a ella —¿Estás ocupada?

—Ya casi terminaré. Solo tengo que revisar este documento y ya.

—¿Qué es?

—Bueno… —Amina se sonrojó un poco y tragó saliva, nerviosa —Es una especie de… arreglos en caso de que se requiera unir a un humano y un nourasiano en… matrimonio.

—Oh, ya veo… —Jason se acercó un poco para leer cuando notó que la piel naturalmente morena de su pareja subía de tono —¿Y tú qué dices?

—Supongo que… está bien. No sé qué tan común será que sé quieran casar entre ellos. Pero nunca está de más que haya maneras en las que se pueda hacer y todos estén protegidos.

—Quizá puedas decir que… estemos protegidos, ¿no crees? —Amina lo vio directamente a los ojos, sorprendida.

—Supongo…

—¿Supones?

—Es que no sé.

—¿No te imaginas una vida conmigo? —preguntó Jason, divertido y alzándole una ceja.

—No me cuestiones de eso ahora, por favor —pidió, escondiendo la mirada de él al notar que no se la quitaba de encima —La verdad es que no tengo idea de lo que quiero pronto. Y no creas que no te quiero a ti, por supuesto que lo hago. Pero me gustaría estar muy segura de que… puedo hacer esto.

—¿Quieres estar seguro de que soy yo o de tus sentimientos? ¿O quizá quisieras saber si hay alguien más? —volvió a preguntar, pero sin recriminarle nada. Su tono le permitió a Amina darse cuenta de que Jason estaba genuinamente interesado en lo que ella pensaba y sentía.

—Sí a todo. Solo… quiero saber que este es el verdadero camino que quiero tomar. Cuando hice lo que hice en Nourasia y me fui de ahí, me di cuenta de que soy capaz de tomar las decisiones correctas para mi vida. Solo las que yo quiera.

—Y nadie ni nada debería decirte lo contrario, Amina —la tomó de las manos, acariciándolas con lentitud —Aún si decidieras que hay alguien que es mejor para ti que yo, te prometo que siempre voy a estar ahí para ti.

—¡Si sigues diciendo cosas como esa definitivamente vas a ser tú! —le gritó con una sonrisa, ocultando por completo el hecho de que se le había salido una lágrima. No sé en que momento nos pusimos tan serios.

—Estoy aclarando algunas cosas, mi amor —se decidió por darle un pequeño beso en los labios, que dejó a la princesa esperando que pasara a más y quedándose con las ganas —¿Quieres que vayamos a alguna parte?

—¡Sí! Encontré una pequeña tienda con cosas adorables para mis sobrinos. Me gustaría mucho que fuéramos a ver.

—Lo que tú quieras. Yo también quería comprar algún último regalo.

Le tendió la mano para que bajara del banco. Una llamada entró al celular de Jason y Amina le pidió que contestara mientras ella subía a su cuarto por algunas cosas. El artillero se quedó en la recepción y contestó al instante al darse cuenta de que era Eva la que lo estaba llamando.

"—¿Porqué no me contestas los mensajes, Jason?"

—Sí, hola para ti también.

"—No me evadas."

—Estaba teniendo una conversación con Amina. Ya sabes… asegurándome de dejar claro que es el amor de mi vida. ¿Pasa algo?

"—No. Solo quería saber si estaban libres. Estoy aburrida en mi casa."

—De hecho, pensábamos salir a caminar y a comprar algunas cosas —le indicó, mientras veía a Amina bajar las escaleras lentamente, con una mano abierta sobre su pecho, a la altura de su corazón —¿Quieres venir con nosotros? Aunque creo que no será cómodo para ti, podemos alterar un poco los planes.

"—No, no te preocupes. Tampoco quiero arruinar su día."

—No lo arruinas… en serio podemos ir por ti y pasar la tarde los tres juntos.

"—Ya te dije que no. En serio está bien. Quizá salga a caminar un poco por el parque."

—Solo ten cuidado, ¿de acuerdo? Si necesitas lo que sea, estaré al teléfono e iré inmediatamente.

Eva le aseguró que lo haría si lo requería y colgó. Jason guardó su móvil y se dirigió a donde estaba Amina, que seguía con su mano en el corazón, respirando con lentitud.

—¿Amina? ¿Te sientes bien? —le preguntó Jason, tomándola de la mano y ayudando a que se sentara en un escalón —¿Qué sucede?

—Es que… sentí algo extraño. Como si fuera una opresión —le explicó la princesa.

—¿Te sientes enferma?

—No, no era como eso. Es… diferente. No se sentía doloroso, pero era demasiado. ¿Me entiendes? Era una emoción muy fuerte.

Jason ladeó la cabeza, confundido y pensando que lo mejor sería que de verdad fueran a un doctor para asegurarse de que no fuera nada de lo que preocuparse. Sin embargo, después de unos minutos en los que Amina terminó de procesar lo que estaba pasando, la joven se pudo levantar sin que se sintiera de la misma manera. Convenció a Jason de que se podían ir sin problema y, aunque era la verdad, lo cierto era que tenía un cosquilleo en el corazón que no la dejaba en paz, y ella no podía entender lo que era.

Planeta Madre Ōban

Aikka cayó de rodillas para impresión de Jordan, que estaba discutiendo algo con él acerca de las alianzas de algunos planetas que habían pedido la estricta intervención del nourasiano exiliado, pues sabían de sus prodigiosas habilidades políticas y creían que sería capaz de ayudarlos en todo lo que pudiera, además de que creían ciegamente en su inocencia.

—Pero ¿qué…? ¡Aikka! —Jordan corrió en su auxilio y lo ayudó a levantarse. Sorprendido quedó cuando vio al príncipe respirando agitadamente, con la mirada casi perdida en ningún punto en específico —Demonios, ¿qué te sucede?

—No sé. Dame un momento… —respondió, dejándose ayudar cuando Jordan lo sostuvo por los hombros. Una vez que estuvo de pie, se detuvo a identificar que era lo que sentía, pero no podía especificarlo con claridad. El corazón le palpitaba con fuerza, pero no era doloroso, sino que dejaba una sensación demasiado abrumadora y poderosa.

—¿Te está dando un infarto o algo? Si es eso, dime porque tengo que sacar mi magia de ti —comentó en un tono divertido, pues él, con la sensibilidad que tenía con la vida en general, sabía que Aikka no estaba en peligro, sino que era algo más.

—No me fastidies ahora, Jordan —le pidió, tratando de controlar su respiración y corazón desenfrenados —No entiendo… nunca me había pasado nada así.

—¿Nunca?

—Es que es demasiado extraño. Siento como… como si la adrenalina me estuviera consumiendo. Pero no es eso, se siente…

—¿Cómo un presentimiento? —Aikka, sentado en una silla, escuchó lejano a Jordan. Aunque apenas podía moverse sin sentir que las extremidades le temblaban por todo lo que sentía, se giró lo suficiente para buscar al Avatar, encontrándolo inclinado sobre el espejo por el que, continuamente, mantenían una recatada vigilancia sobre Eva —Como las sensaciones que tienes cuando sabes que algo va a pasar, pero más fuerte, ¿no es así?

—Sí… —contestó, pensando que era lo más cercano a una explicación para lo que sentía. Y es que, a pesar de que todo se calmaba, su corazón seguía palpitando como si tuviera la necesidad de salirse de su pecho —¿Qué estás viendo?

—Disculpa que te pregunte, pero… ¿los nourasianos pueden estar vinculados y sentir lo que otros sienten? ¿Su magia les permite algo así?

—Solo en la familia real. Podemos sentir en nuestros cuerpos que algo va a suceder, específicamente en ocasiones muy específicas, como cuando… —entonces entendió. Sin importar que aún no estuviera listo para hacer un esfuerzo mayor, se levantó de un saltó y corrió hacia donde estaba el humano, buscando alguna imagen en el espejo que le diera la razón.

Y, en efecto, bastó que esperaran tan solo un poco para que vieran lo que estaba pasando en la Tierra. Desastre, como de costumbre. Al instante, Jordan se puso nervioso y emocionado en cantidades iguales. Pero no se comparó con Aikka, que se quedó casi completamente paralizado, su mente en blanco.

—Tengo que irme, entonces. No puedo perder tiempo —le dijo el Avatar al nourasiano, quien seguía viendo la imagen como si estuviera hipnotizado —Aunque sé que cuando me vaya es probable que entres en pánico, te pido calma. Tú y yo tenemos un plan y lo seguiremos.

—Sí… —murmuró, sin saber todavía cómo reaccionar.

—Aikka… —antes de irse, Jordan pasó uno de sus brazos por encima de los hombros del príncipe, como una pequeña muestra de afecto —No quiero añadir más nervios, pero… estás a punto de ser papá.

Jordan desapareció en medio del acostumbrado resplandor dorado. En la habitación, Aikka cayó de rodillas de nuevo con un temblor recorriendo su espina dorsal y esparciéndose a cada rincón de su cuerpo. Pero, distinto a lo demás, eso no tuvo nada que ver con la magia nourasiana. Eran puros y verdaderos nervios.

Residencia Wei

Eva se despertó después de haber tenido una larga siesta. Abrió los ojos buscando su celular, extrañada porque la música que había dejado reproduciéndose estaba apagada. Cuando lo encontró, se dio cuenta de que estaba completamente descargado. Tuvo que hacer un gran esfuerzo y levantarse con la lentitud de una tortuga para alcanzar a ver el reloj de pared a un lado de la cocina. Marcaban las tres con treinta y siete minutos. Era completamente justificable sentir un hambre inmensa.

Sin embargo, cuando llegó a la cocineta, nada de lo que había hecho para su merienda se la hizo apetecible. Incluso sintió que el estómago se le revolvía de solo verlo. Lo único que pudo hacer fue tomar una manzana fresca y partirla en trozos para comerla más fácilmente. No era quisquillosa, pero ya se estaba volviendo insoportable no poder comer nada más allá de fruta.

Se paseó por el primer piso de la casa, acariciando constantemente su vientre, que lo sentía particularmente duro ese día, como si todos sus músculos estuvieran demasiado rígidos. Soltó un bostezo, aburrida. No tenía casi nada que hacer ese día, pues después de llamar a Jason y darse cuenta que él tenía sus propios planes con Amina, intentó lo mismo con Alexa. Sin embargo, declinó de esa idea al recordar, por medio de su amiga, que ese día estaba pensado para que Aitan conociera un poco más de la Coalición Tierra. No le molestaba eso, y hasta pensaba que algo interesante estaba surgiendo entre esos dos, pero vaya que la desanimó saber que no contaba con nadie para pasar el tiempo.

Para cuando ya habían dado las cuatro, Eva ya no se pudo contener más de la desesperación que le producían las paredes de su casa. Tomó su celular sin batería más por inercia que porque fuera verdaderamente útil, un pequeño bolso y otra manzana para el camino. Sí, ella sabía que no era lo más adecuado salir a caminar con su embarazo de mellizos casi por concluir, pero no le podían pedir -menos a ella- que mantuviera la calma tanto tiempo. Solo sería una caminata para tomar aire y volvería a casa a aburrirse otro rato.

Al momento de abrir la puerta, los cuatro miembros de la Guardia Real que siempre estaban apostados frente a su casa se giraron al mismo tiempo al ver a la humana con claras intenciones de querer salir de su casa. Tal como habían recibido la orden del consejero Aitan, hicieron una sencilla reverencia ante ella, lo suficiente para que la humana no se incomodara, pero perfecto como para dar a entender que ella era su princesa, casi su reina.

—Gran Majestad… — saludó uno de los guardias. Eva aún no se acostumbraba a que su tratamiento real fuera aún mayor que el de Amina. Además de que era demasiado para ella, aún no sentía que de verdad mereciera ese título —¿Se encuentra bien? ¿Necesita algo?

—No, solo quiero salir a caminar un poco. Me siento abrumada estando allá adentro.

—Sí, pero… —los cuatro nourasianos se miraron entre ellos, dubitativos —Su padre nos dijo que…no puede salir, por lo menos no sola.

—¿Mi padre dijo eso?

—Nos lo exigió, de hecho —contestó el mayor de todos, quien se veía, por mucho, más fuerte que los demás —Majestad… ¿no prefiere quedarse en casa? De una u otra manera, en su estado, es preferible que no haga cosas que pudieran ser perjudiciales para los príncipes.

—Una caminata no me va a hacer nada.

—Creo que ninguno de nosotros quiere correr el riesgo.

—¡Pero necesito salir o de verdad me voy a volver loca! —de no ser porque hasta las piernas le pesaban, hubiera pateado el piso, en una pataleta como solo a ella le salían —Toda la mañana los bebés se han movido demasiado y me lastima. Necesito caminar para calmar esto.

—¿No es mejor que acudamos con su… doctor?

—Solo quiero dar un paseo en un parque que está a cinco minutos de aquí —Eva vio la duda en sus guardias.

Quizá no entendía que ellos no estaban seguros de dejarla ir, no porque fuera una orden de su padre, sino porque era una exigencia de ella. Se sentían indecisos sobre obedecerla o mantener su seguridad.

—Tenemos que insistir, Majestad. No puede hacer eso, menos aún si está sola.

—¿Y si ustedes me acompañan se sentirán mejor? —propuso la humana, ya cansada de tener que esperar. Su cabeza le dolía y comenzaba a sentirse mareada, atribuyéndoselo a la discusión que estaba manteniendo —Si les tranquiliza a todos, entonces vamos los cuatro. No tardaremos demasiado y, en realidad, no dejarán de cuidarme.

—Me es razonable —intervino el mismo nourasiano antes de que la tensión creciera entre sus compañeros y Eva. Los otros asintieron a eso, sin querer contradecir la resolución de su superior y menos aún de su princesa —Le prometemos mantenernos a una distancia razonable de usted. Pero puede llamarnos en cuanto lo necesite.

—Tengo suficiente con eso.

Dicho eso, se pusieron en camino hasta el parque pequeño que estaba cerca de su casa, mismo en el que muchas veces se retiró a pensar que sucedía con Aikka cuando no sabía nada de él. Incluso, cuando sus bebés no ocupaban demasiado espacio, solía escaparse por las noches, para hablar con ellos y contarle a algún pedazo de cielo en el que suponía que estaba Ōban como es que crecían los pequeños, con la vaga esperanza de que Aikka sintiera, aunque sea un poco, de todo eso. Nunca recibió respuesta, por supuesto, pero dentro de ella, quería hacerse a la idea de que existía la posibilidad de que la escuchaba, de que sentía la misma emoción que ella.

Nourasia

A pesar de que la reina Nuri aún sentía que su respiración era errática, le interesaba más auxiliar a Laila, quien, además de que estaba pasando por lo mismo, se había asustado por esas reacciones en su cuerpo. Durante un rato, la reina Madre la sostuvo contra su pecho, pidiéndole constantemente que se calmara, que eso iba a pasar y que tenía que entender que significaba algo maravilloso para todos.

—¿Te sientes mejor, mi amor? —le preguntó, dándole un beso en su frente y acariciando su cabello con parsimonia.

—Un poco… ¿y tú?

—Yo estoy bien. Pero tenemos que reponernos pronto. Ya sabes lo que esto significa.

Laila asintió y, aún un tanto mareada, se puso de pie y se dirigió a su habitación para estar preparada para lo que ella, su madre y cierto cómplice tenían planeado. A su vez, la reina Nuri se puso de pie después de asegurarse de que su hija estaba en su cuarto, se dirigió a su propia habitación, con una sonrisa enorme en su rostro, que solo podía ser opacada por las intensas ganas que tenía de llorar de pura emoción. Pero no podía ser de otra manera. Por fin, una espera estaba llegando a su fin y culminaría con la llegada de la verdadera esperanza.

Arregló una pequeña bolsa con las cosas que necesitaría para un par de días, además de unos objetos que daría de regalo a los recién llegados. Sin embargo, casi estando completamente lista, escuchó que la puerta de su cuarto se abría con un rechinido. Ella sabía que nadie de la servidumbre del palacio que tuviera un poco de respeto por la reina entraría solo así. Se giró, y tal como lo pensó, se encontró con el rey, observando detenidamente a su madre.

—Luka… ¿te ayudo en algo? —preguntó con sequedad, en el mismo tono con el que le hablaba desde el exilio de sus otros hijos.

—No, ¿a ti se te ofrece algo? Parece que estás empacando —Luka se acercó a donde estaba su madre, quien solo atinó a poner algo encima del trío de coronas que había metido a su bolsa, de modo que quedaran ocultas del nourasiano —¿Vas a alguna parte?

—En realidad, sí —respondió la reina, cerrando la bolsa que estaba bajo la mirada de Luka —Planeó ir a los bosques con Laila. Y quizá vayamos a la ciudad sagrada de Dahl. Estar en este lugar se ha vuelto demasiado… abrumador para el gusto de las dos.

—¿Laila se siente abrumada por estar aquí? ¿Porqué? Todos la tratan igual que siempre.

—Bueno, tal vez tu hermana es consiente de que no merece ese tratamiento puesto que ya no es una princesa —Luka frunció el ceño ante las palabras de su madre, pero ella decidió ignorarlo —Como sea. Ella y yo tenemos que irnos. Preferimos estar en camino pronto.

—Algo no me convence de todo esto, madre —se acercó a ella, sosteniéndole la mirada con dificultad, pues ella siempre era demasiado imponente como para enfrentarla de esa manera —No me habías dicho nada de esto.

—No necesito decírtelo, Luka. Mucho menos pedirte permiso si es lo que estás pensando que haga. Aún tengo suficiente autonomía como para tomar mis propias decisiones.

—No estoy diciendo que no puedas hacerlo. Por mí, puedes hacer lo que quieras, no te prohibiré nada. Pero más que una salida, parece que estás huyendo de todo esto.

—Créeme que, si quisiera huir, lo habría hecho hace mucho tiempo.

—¿Y porqué sales ahora? Justo cuando mi hijo, tu nieto, está cerca de nacer. ¿Es que acaso no planeas cumplir con las tradiciones?

—Claro que lo haré. Con todos y cada uno de mis nietos, Luka.

Y no mentía, ni un poco. Precisamente por eso es que se tenía que ir. Independientemente de quien fuera la madre de sus nietos, estaría para ellas, tanto como para Eva como para Cairen, o si eran Amina o Laila. Pero en ese momento, era una de ellas quien la requería. Eva estaba muy cerca de recibir a los primeros miembros de la siguiente generación de la realeza nourasiana. Había pensado, en algún momento, que podría compartir el secreto con Luka, pero sabiendo la clase de persona que era su esposa, prefirió guardárselo para ello. Con eso, podrá garantizar la seguridad de Eva y de los pequeños, pues le aterraba pensar que podría hacer Cairen si se enteraba del estado de la pareja de Aikka.

—Si puedo ser sincero contigo, sí parece que no quieres hacerlo.

—No, para nada. Estoy muy ansiosa por conocer a tu hijo, y de verdad espero que se críe en la rectitud y con el conocimiento de lo que es bueno y malo —las palabras fueron directamente para su hijo, quien las sintió a la perfección —Es la madre de tu hijo la que me causa problema, y creo que lo sabes. Si me quedo en este lugar, es por ese bebé y por ti, no por ella.

—Es tu reina.

—Lo sé. Pero eso no significa que tenga mi apoyo.

—Me gustaría que entendieras que lo que ella hace es por el bien de Nourasia, y por el de nosotros —Luka trató una vez más de insistirle a su madre que pensara en Cairen de una forma más agradable. Sus dioses sabían que tanto las amaba a ambas. Verlas distanciadas era un dolor constante y certero.

—Yo espero que también entiendas, algún día, que las palabras no son ciertas solo por ser dichas, incluso cuando estas prometen amor —la reina tomó todo lo que había preparado y se preparó para salir de la habitación. Antes de eso, se paró junto a su hijo, lo tomó del hombro y lo atrajo hasta ella para darle un beso en la mejilla —Excepto de tu familia. Nuestras palabras para ti siempre serán sinceras.

—Tengan un buen viaje, madre. A donde sea que vayan.

Luka salió de su habitación antes que su madre, encontrándose afuera con su esposa, quien ya estaba dispuesta a tocar a la puerta.

—Te estaba buscando, Luka. Oí que tu madre y Amina se irán de viaje —dijo inmediatamente después de que el rey la vio.

—Una especie de viaje para relajarse por el estrés que hay aquí —contestó secamente, al tiempo que se asía de la cintura de esposa, atrayéndola para que caminaran juntos a su propia alcoba.

—¿Y te has asegurado de que tengan un viaje cómodo? ¿No crees que deberías arreglar tú mismo los detalles? —insistió la joven reina.

—No, pero mi madre parece tener todo listo. Dejaré que ella resuelva lo que sea necesario. Además, también es una reina y puede disponer de todo lo que desee en el palacio.

—Muy cierto. Si no te molesta, yo dispondré de algunas cosas para ella. Espero que lo tome como una amabilidad de mi parte.

Luka le agradeció con un beso en los labios y la promesa de una noche especial para ambos. Sin embargo, justo cuando él no la veía, Amina se giró lo suficiente para observar a la reina Nuri y a Laila salir de la habitación de la niña y dirigirse hacia las puertas traseras del palacio, por donde entraba la servidumbre.

Cairen ya sabía lo que tenía que hacer respecto a la salida de ellas. Claro que no se los iba a impedir, pero tendría que actuar consecuentemente. Y si era por el asunto del que los krogs le habían informado, y que cambiaba la dirección de todos sus planes, iba a mandar a uno de ellos para que confirmara todo.

Por supuesto, sí era cierto, la amenaza se tenía que eliminar, al precio que fuese necesario.

Coalición Tierra. En algún parque

—¿Todo está bien, Majestad? —preguntó el más importante de los guardias.

Contrario a lo que Eva pensaba, la Guardia Real si mantuvo una distancia prudente durante el tiempo que llevaba caminando una y otra vez alrededor del pequeño parque. Porque precisamente de eso se había tratado la última hora, solo de caminar alrededor del lugar una y otra vez. Pero sucedía que ya no tenía la menor idea de que hacer, no solo por su estado anímico, sino porque los pequeños le impedían sentarse sin sentir que su cadera se iba a partir en dos. Caminar le estaba ayudando lo suficiente para pasar por alto lo cada vez más punzante que se hacía su vientre.

—Más o menos. Los mellizos están molestando bastante —admitió la humana, tallando su espalda, pues ya comenzaba a sentir un dolor ascendente por su columna —Pero no quiero quedarme en una banca porque me molestarán más.

—¿Prefiere que vayamos a su casa? —Eva negó con la cabeza y el nourasiano supo que no debía insistir por esa opción —¿Cree que la pueda ayudar en algo?

Para sorpresa de quienes la acompañaban, las mejillas de la joven se tornaron de un color carmín pálido, avergonzada.

—Sí…

—Usted solo ordene y haré lo que me pida.

—¿Crees que podrías… darme tu brazo para que me apoye en ti? —preguntó, bajando la mirada y estando segura de que la petición estaba completamente fuera de lugar. Sin embargo, cuando levantó sus ojos hacia el guardia con el que estaba hablando, se encontró con un rostro comprensivo y un brazo levantado, presto a auxiliar a la humana —¿Sí?

—Por supuesto que sí, Majestad. Además de que su palabra sería ley y sus peticiones una obligación para cualquiera de nosotros, entiendo que debe ser complicado. Estoy muy agradecido de que tenga la confianza de pedirme esto.

Sin darle más rodeos, Eva pasó su mano por el interior del brazo del joven nourasiano. Aunque era una seguridad que el tacto que sintió con él no era ni un poco parecido a la sensación que le dejaba tocar el cuerpo de Aikka, ciertamente agradeció que fuera cálido y se sintiera seguro. Se dio cuenta de que la Guardia estaba a sus espaldas, mucho más cerca de lo que habían estado en todo el paseo. Solo por ese momento, se permitió sentir que no la molestaban en lo absoluto, sino que agradecía que estuvieran con ella a pesar de sus múltiples desplantes. Ahí se dio cuenta de que, a pesar de que los cuatro jóvenes se encontraban prestos para ayudar y proteger en cualquier momento, ella nunca los había valorado ni se había puesto a pensar el sacrificio que tenía que ser para ellos estar en vigía las veinticuatro horas del día. ¿Y ella? De hecho, ni siquiera sabía sus nombres.

—Sí desea cualquier cosa, solo tiene que pedirlo, Majestad —dijo de pronto el nourasiano que la llevaba del brazo, en un tono que se le antojó muy amable y hasta tierno —Incluso si usted hubiera querido que la cargara, habría sido un honor para mí hacerlo.

—Ahora que lo dices, sí que tengo algo que pedirte —contestó, con una sonrisa más amplia por lo divertido que le resultaba la imagen que le había pintado el guardia.

—Ordene, Majestad.

—Antes que nada, me gustaría saber quienes son —los cuatro miembros de la Guardia se detuvieron, mirándose entre ellos, incrédulos.

—Le suplico nos perdone —pidió uno de los que iban atrás de ella, haciendo una reverencia mucho más profunda que lo acostumbrado —Nunca nos percatamos de eso. Debemos haberle parecido muy descorteses.

—No, claro que no. Yo tuve que haber preguntado quienes son los que nos protegen a mí y a mi familia. Discúlpenme a mí —sus palabras fueron tan sinceras que los cuatro nourasianos se sonrojaron al mismo tiempo, asintiendo casi al instante —¿Entonces si puedo saber sus nombres?

—Mi nombre es Tori, su Majestad —dijo el que parecía el más joven de todos, y también el que sonreía siempre —En Nourasia solía ser un soldado, pero me pidieron unirme a la Guardia Real que iba a estar a su cuidado cuando llegamos a la Coalición Tierra.

—Muy bien. Tori. Te saludaré así cada vez que te encuentre —el nourasiano le dedicó la más grande de sus sonrisas, haciéndola sentir que estaba actuando bien por fin.

—A mí puede llamarme Kurok. A usted la conocí en Ōban, Majestad —Eva vio que el joven que se presentaba bajaba la cabeza, como si estuviera buscando una disculpa —Con pesar, quiero decirle que yo fui uno de los que apresó al príncipe Aikka cuando se pensó que era él quien acababa de asesinar al rey Lao. Sin embargo, me arrepiento de mis acciones. Ahora sé que el príncipe Aikka es inocente y daría mi vida porque se demostrara. Le pido que me disculpe por participar en la separación de usted y el príncipe. Cuando sus hijos hayan nacido, de igual forma les presentaré mis disculpas por alejarlos de su padre.

—Estoy segura de que ni ellos, y mucho menos yo, tenemos algún rencor —el corazón de Eva se sintió temblar, pues el recuerdo de ese día, cuando lo arrebataron de sus brazos, seguía doliendo como los mil infiernos. Pero no podía culpar al nourasiano frente a ella. Él cumplía órdenes que no fueron dadas con justicias, y se veían genuinamente arrepentido —Todo está bien. Ya habrá una oportunidad para que todo vuelva a estar como antes.

—Le prometo que daré todo de mí para enmendar este error. Cuente conmigo para todo lo que necesite.

Eva le aseguró que eso haría, sin saber que faltaba muy poco tiempo para que le tomara la palabra.

—Yo me llamo Nerem, su Alteza —se presentó uno que para la humana era demasiado serio. Nunca lo escuchaba opinar demasiado —Yo fui parte de la Guardia de la reina Nuri. Ella me pidió expresamente que viniera a cuidar de la realeza que se alojaría en la Coalición Tierra. La princesa Amina me asignó a su cuidado.

Eva no dijo nada más que un agradecimiento por su dedicación, pues del mismo modo que él era un hombre callado, podían entender que no necesitaba demasiadas para que comprendiera la enorme gratitud que sentía por haber renunciado a su posición y planeta por la fidelidad.

—Y yo, Majestad, me llamo Ilka. Soy el líder de la Guardia Real aquí y en Nourasia. He estado al cuidado de la familia real por muchos años. Para mí, es un honor poder proteger también a la sucesión legítima —le dijo sin soltarla del brazo. Eva lo observó y se percató de cuanta devoción había en su mirada, en la forma en que la veía a ella —Cuando sus hijos nazcan, no tendrán mayor adoración y protección que la que nosotros le ofrecemos.

—Sé que ellos serán afortunados por contar con ustedes. Les agradezco a los cuatro que se mantengan a mi lado.

—Además, debe entender que, aunque usted no esté segura de su posición respecto al príncipe Aikka y al resto de Nourasia, para nosotros no hay cosa que valga más que el amor que sabemos él le profesa. No necesitamos más para la consideremos nuestra princesa.

—La verdad es que preferiría que fuera solo Eva para ustedes —todos, en especial Nerem, se vieron contrariados por esa afirmación —No vayan a pensar que me faltan al respeto, por favor. Solo es… que me sentiría más cómoda así.

—Yo puedo asegurar que ni aquí en la Tierra ni en Nourasia se nos permitiría llamar así a quien es una autoridad —intervino inmediatamente Nerem, que también era gustoso de respetar las tradiciones.

—Pero si me están diciendo que soy una princesa, entonces puedo pedirles lo que quiera, ¿no? —comentó divertida de ver las expresiones contrariadas de sus guardias.

—Sí, pero… Majestad, es que… es muy impropio… usted es…

—Solo soy Eva, y mis bebés solo serán ellos. Ahora no estamos en Nourasia y podemos relajarnos más.

—Pero…

—Tampoco tienen derecho a discutir conmigo —interrumpió a Tori, quien ya estaba dispuesto a replicar lo que decía la humana —Es más, es una orden. A nos ser que les dijera lo contrario, solo soy Eva, ¿de acuerdo?

—Yo…

—Entendido, Eva —Ilka no dejó que Nerem siguiera discutiendo. Tanto porque era su princesa como porque no quería contradecirla por su estado. Si ella podía pasar por un mejor momento gracias a ellos, no iba a oponerse —Entonces, Eva, ¿seguimos caminando o quieres volver?

—Sigamos caminando, por favor. Los niños están inquietos —se quejó, apretando un poco el brazo de Ilka cuando los bebés se movían de más en su interior.

Tal como ella lo pidió, los cinco siguieron su paseo sin hablar demasiado. Con la confianza que les había dado, en un par de ocasiones los nourasianos que la acompañaban le preguntaban algunas cosas acerca de la Tierra. Del mismo modo, Eva también preguntaba algunos detalles de Nourasia, enterándose, por ejemplo, de que no había nobleza, solo realeza, exclusiva de la familia que gobernaba sobre Nourasia.

—¿Es cierto que la línea de sucesión es perfecta?

—Por supuesto —contestó Kurok, orgulloso —Desde el primer rey hasta el rey Lao, todos son una sola línea de hijos y padres, sin interrupción. Por supuesto, hasta este momento. Luka ni siquiera es parte de la continuidad de la sangre, Eva, así que lo correcto y lo mejor para todo Nourasia.

—¿Po… por qué? —la pregunta salió pausada de la boca de Eva. No quiso alarmas a nadie, pero algo no estaba marchando bien dentro de ella. Sentía como si su vientre se estuviera contrayendo.

—Porque habrá una crisis cuando Luka no pueda dar la magia que necesitan los nourasianos para vivir.

—Oh por Dios…

—Yo sé que suena mal, Eva, pero sé que Nourasia sabrá llevar estos problemas…

—No, es que no…

—¿Majestad? —Tori se acercó a ella, pues notó que su piel se estaba volviendo pálida.

—Discúlpeme si dije algo indebido —pidió Ilka, al ver que la joven no se movía de donde estaba.

—No, eso no…

Caos. A Eva varias personas le habían advertido que habría situaciones dentro de su embarazo que no se iban a poder controlar. Había que estar esperando lo impensable en el momento menos oportuno. De hecho, la joven se había mentalizado que, desde la semana pasada, sus bebés podrían llegar prácticamente en cualquier momento. Hubo muchos días en los que se mantuvieron al máximo las precauciones, pero, por supuesto, todo tenía pasar justo el día en que las personas a su alrededor decidieron bajar la guardia.

Así sucedió. Era como si un globo de agua se hubiera reventado en su interior después de que los bebés lo hubieran pateado hasta ceder. No solo sus piernas se pusieron frías. Su mente por completo quedó en blanco, helada. El agua de su interior escurrió fuera de su cuerpo y quedó marcado en el piso. Para su propio terror, ninguno de los nourasianos se dio cuenta, pues estaban más ocupados en ver su rostro aterrado.

Es que sucedía que… iba a ser mamá.

—¡Eva! Por favor, ¿qué sucede? —escuchó por fin Eva, pues estaba en un estado catatónico tan fuerte que había dejado de oír.

—Ayúdame, Ilka… —su mirada bajó hacia el suelo, donde la mancha de agua se seguía haciendo más grande. El nourasiano no sabía a que se estaba refiriendo y solo se dio cuenta de lo que pasaba cuando tomó a la chica de los brazos y la sintió temblar. Ahí, bajó la mirada y hasta él mismo se sintió mareado.

—Por Sekai… ¡Eva! Tranquila, respira. Estamos aquí contigo —con una sola mirada, Ilka les dijo a sus compañeros lo que estaba pasando. De inmediato, los cuatro se apostaron a un lado de ella, sosteniéndola para que sus piernas no la traicionaran —¿Qué sucede?

—Es que… se rompió la fuente… —solo ahí, los cinco supieron lo que era el pánico, aunque los nourasianos hicieron su mejor esfuerzo para ocultarlo —Los niños no deben tardar en… venir…

—Tenemos que comunicarle a alguien y… ¡Demonios! —Kurok, que había tomado una de las manos de Eva, se abstuvo de gritar de más. Su mano estaba siendo casi triturada por la de la humana. Sin embargo, con solo verla, él sabía que ella debería estar pasando por un dolor mucho más fuerte.

Y sí. Una contracción era algo a lo que Eva le temía desde que supo que tenía que pasar por ellas. Quizá por eso la primera que sintió fue la peor, pues la tomó tan por sorpresa que casi la doblegó. De no ser porque tenía a los nourasianos ahí, muy probablemente se habría desmayado del pavor.

—Du… duele…

—Pasará, Majestad, sea fuerte un momento más —le pidió Nerem. Aunque no pareciera, él tenía conocimiento de la situación, pues había estado al lado de la reina Nuri cuando la pequeña Laila estaba por nacer. No le asustaba, pues ya había estudiado demasiado para saber que hacer en esas situaciones. Llamó la atención de sus compañeros para dar instrucciones —Tenemos que sentarnos para que se relaje un poco. Necesitamos contactarnos con alguien para que asistan a su Majestad.

—Dejé… dejé mi celular en casa… —murmuró Eva, quien después de un medio minuto que se sintió eterno —No… no hay forma…

—¿Sabe a donde tenemos que ir? —preguntó tranquilamente Tori, pues estaba cerca de entrar en pánico.

—Sí… pero… necesito mis cosas… —Ilka se sentó a un lado de Eva y, esperando que no lo viera como una invasión, rodeó los hombros de la joven con su brazo para darle seguridad… —Están en casa.

Para fortuna de Eva, y aunque por dentro los cuatro nourasianos sintieran más nervios de los que querían demostrar, los nourasianos eran capaces de pensar con la cabeza fría para mantener a Eva mucho más tranquila. Ahí, tuvieron que tomar su papel de los más nobles caballeros, los que podían ayudar a la realeza en lo más esencial.

—Alguien tendrá que ir por ellas —Ilka mantuvo la atención sobre sus compañeros, esperando que alguno tomara la iniciativa.

—Eva… —Kurok se arrodilló para quedar un poco a la altura de la humana. Se sintió intranquilo cuando la vio respirar con dificultad, incluso sudando —Solo si puedes, dime que es lo que tengo que buscar o qué necesitas. Iré por él, pero ustedes tienen que irse a tu hospital ahora mismo —se atrevió a tomarla de la mano, siendo apretado al instante de una manera no tan doloroso pero fuerte —¿Está pasando de nuevo?

—No… es que… aún siento la primera —respondió como pudo, pues cada respirar era como si tratara desesperadamente de conseguir un poco de aire —Son un par de maletas… están en el cuarto de uno de los bebés… Ya están listas.

—Perfecto. Iré por ellas de inmediato. Los alcanzaré a todos en el hospital, sé llegar sin problema.

—Ve con cuidado, Kurok —Nerem se acercó a él antes de que se fuera y se acercó a su oído para susurrarle algo sin que Eva lo escuchara —Cuida tus espaldas. No quiero pensar que alguien intente algo justo ahora. Solo por precaución, vigila cada uno de tus pasos.

Kurok asintió a eso y después de prometerle a Eva que todo estaría bien y llegaría a tiempo, se marchó corriendo hacia la casa de los Wei que, aunque no estaba demasiado lejos, si representaba una distancia importante hasta el hospital. Una vez que se quedaron solo, Tori se sentó a un lado de Eva, tomándola de la mano sin interrumpir el abrazo que Ilka mantenía. Nerem, de pie frente a los tres, solo aguardaba a que la humana se sintiera un poco mejor para preguntar lo siguiente.

Eso fue lo que pasó un par de minutos después, cuando la humana pudo incorporarse sobre su espalda y recargarse en el respaldo de la banca en la que se encontraban. Con su mano libre, abrazó su vientre inquieto después de limpiarse unas gotas de sudor que resbalaban por su frente.

—Majestad… —Eva ni siquiera tenía la fuerza para pedirle a Nerem que la llamara por su nombre. Apenas pudo levantar la mirada hasta el nourasiano —Dijo que no tenía forma de comunicarse con alguien, ¿verdad? —la joven negó con la cabeza, sintiendo de repente ganas de vomitar —¿Qué puedo hacer entonces?

—Ve con su padre. ¿Sabes llegar al edificio en el que labora el señor Wei? —cuestionó Ilka cuando notó que, aunque quisiera, Eva no estaba en la mejor disposición de dar instrucciones. Nerem asintió al instante —Entonces anda. Él se encargará de avisar a todos. Si puedes, antes de volver, escolta a la princesa junto con sus guardias al hospital.

—Así lo haré —antes de irse, Nerem también se arrodilló frente a Eva, tomando su mano y dándole un beso en el dorso —Majestad, sea fuerte. Usted es una mujer valiente y podrá dar a luz a sus hijos sin problema. La fuerza de Sekai y Nuram está con usted.

Eva no supo muy bien que contestar, pero su mirada de agradecimiento debió ser suficiente para que Nerem entendiera y se marchara de inmediato. Se quedaron solo Tori e Ilka, esperando a que Eva diera más señales de poder emprender un viaje hasta el hospital. De momento, tenían miedo de solo moverla, pues aún se veía delicada.

—Cuando estés lista para irnos, dilo. Tenemos que llegar cuanto antes —pidió Tori, recibiendo el apoyo de su compañero.

—Vámonos ya, por favor —dijo de repente Eva —No quiero esperar a que empeore. Puedo moverme aún, así que vámonos.

—¿Estás segura? No podemos hacerte caminar demasiado porque podrías sufrir un accidente.

—Llévame a la calle y pediremos un taxi o algo. Solo vámonos ya.

Ilka y Tori suspiraron con fuerza. Sus corazones se encomendaron a sus dioses muchas veces antes de que se pusieron de pie y ayudaran a una trémula Eva a empezar el camino hasta la avenida más cercana. Sus pasos fueron lentos y cuidados. No podían avanzar más rápido que el ritmo que la humana les marcaba, pues podría convertirse en algo doloroso.

Sin embargo, tal como era lógico que pasara, un par de veces en el camino se tuvieron que detener. Los nourasianos sufrían de solo ver a su princesa casi retorcerse del dolor que las contracciones le estaban generando, pero no se comparaba con lo que ella sentía. Y era comprensible, pues era joven y su cuerpo pequeño como para soportar tanto esfuerzo y dolor.

Cuando llegaron a la calle, los tres dieron gracias a todas las divinidades posibles por el hecho de que hubiera un auto del servicio de transporte estacionado. Sin que lo dudaran ni un segundo, ayudaron a Eva a subir a bordo y le pidieron al hombre que los llevara al hospital en el que se atendía la humana. El hombre se quedó extrañado de primer momento a ver a dos nourasianos con una expresión de susto increíble, más aún cuando ellos llevaban a una jovencita embarazada soportando evidentes gritos desesperados. La mente del hombre ató cabos al ver el rostro de Eva, y se dio cuenta de que era la afamada piloto de carreras que, muy probablemente, estaba a punto de tener a sus hijos. Por eso mismo, no tardó ni un segundo en arrancar su automóvil, en una carrera casi desenfrenada hasta la clínica.

Wei Racing.

"—Señor Wei, tiene que bajar, se está presentado una… situación."

Don no era un hombre que confiara demasiado en los presentimientos. Él se atenía a lo que era capaz de ver y oír, así que lo demás -la mayor parte del tiempo- lo tenía cuidado. Pero la llamada de su recepcionista en la primera planta de su edificio despertó en él ese sentido que le faltaba.

Ni siquiera le contestó a la pobre joven, que ya venía venir el pandemonio cuando su jefe estuviera ahí. Desde que vio llegar corriendo a un nourasiano, ella simplemente lo supo y lo confirmó cuando Wei salió del ascensor. La palidez en el hombre se acentuó al reconocer en el nourasiano a uno de los guardias que siempre estaba cuidando de su casa y a su hija a donde sea que fuera. Por eso, ¿qué estaba haciendo él ahí, solo y sin su hija?

—Señor Wei —saludó el nourasiano, con una ligera inclinación de su cabeza.

—¿Qué sucede, Nerem? —Don había tenido el acierto de preguntar a la Guardia sus nombres. Ese día, agradeció haber pensando en eso, pues necesitó de hombres a los que conociera y en los que pudiera confiar.

—Le pido que no se altere, porque Eva necesitará que usted esté tranquilo —aunque era lo peor que le pudieran decir a Don, porque se imaginó todo un cúmulo de desastrosos escenarios, atendió a las palabras del nourasiano —Hace un momento, la princesa Eva y nosotros estábamos dando un paseo por el parque. Todo marchaba bien, pero… el trabajo de parto de Eva comenzó en medio del parque, por lo que tuvimos que enviarla al hospital con Ilka y Tori.

Sí, así se veía el pánico auténtico. La joven secretaria se paró de inmediato, pensando que el hombre terminaría desmayándose en ese lugar. Pero no. Antes que eso, Don respiró con fuerza, esperando que nadie notara que su corazón estaba latiendo como un frenético. Era cierto lo que decía el nourasiano. Eva no necesitaba de alguien que entrara en pánico. Ella requería de personas que fueran fuertes cuando ella se sentía desfallecer.

—Vámonos ya —le dijo al nourasiano, que comenzó su camino a la salida del edificio —Sarah, no estaré en el trabajo durante una semana. Quedas a cargo de la empresa. Toma todas las decisiones que creas correctas y solo si tienes una duda importante, me llamas.

Sarah no solo era la recepcionista y la secretaria de la empresa. Era casi la mano derecha de Don y él no le confiaría su patrimonio a nadie que no fuera ella.

—Sí, señor Wei. Me iré a su oficina de inmediato —la joven se puso de pie y antes de irse corrió hasta donde estaba Don y, sin pedirle permiso, le dio un abrazo —Muchas felicidades. Estoy segura de que será un abuelo increíble. Dele mis mejores deseos a Eva.

Don le agradeció y le aseguró que la mantendría al tanto de todo lo que aconteciera. Pero solo cuando empezó a caminar y pensar en todo lo que venía, se percató de la realidad. ¿Se podía sentir miedo y dicha al mismo tiempo? Tal parecía que sí.

Eva iba a ser mamá. Maia, donde quiera que estuviese, iba a ser abuela. ¡Con un carajo! ¡Ya iba a ser abuelo!

Hospital

—¡Su Alteza! ¡Con cuidado, por favor!

Kurok decidió que no iba a insistir más en que la princesa Amina dejara de correr como posesa, seguida por el joven Jason y Alexa. Si la nourasiana hacía oídos sordos al mismo consejero Aitan, el guardia sencillamente no tenía posibilidad alguna de que le hicieran caso.

Además, tampoco era que quisiera detenerse, pues su interior ardía por saber como estaba Eva. Apenas llegó a la casa de los Wei y tomó las maletas que había pedido Eva, se concentró tanto como pudo para contactarse con Aitan al celular que se le había brindado. Fueron un par de intentos fallidos hasta que hizo funcionar el teléfono y puso sobre aviso al consejero y a Alexa, quien se ocupó en avisar a Amina y a Jason.

En menos de una hora, se encontraron en el parque donde habían dejado a los guardias y a Eva. De ahí, se dirigieron rápidamente al hospital donde ya tenía que estar internada. Gracias al chofer de Jason, llegaron en pocos minutos y de ahí, nadie los pudo detener hasta que llegaron a la habitación de Eva. Por cuestiones de máxima seguridad, el piso en el que se encontraba la habitación estaba completamente vacío. Se había desalojado para que nadie, más que los conocidos y la seguridad de Eva pudieran acceder al momento del alumbramiento.

Casi al mismo tiempo que llegaron los amigos de Eva, Don arribó al hospital acompañado de Nerem. La seguridad del hospital le dio el acceso y él también corrió -moderadamente- hasta la habitación de Eva, que estaba cerrada.

—¿Les han dicho algo? —preguntó, cuando vio que las personas más cercanas a ellos ya estaban frente a la puerta, aguardando con impaciencia.

—No, señor Wei —contestó inmediatamente Ilka, que llevaba custodiando más de una hora la puerta en donde habían llevado a Eva —Entró hace bastante tiempo, pero el doctor nos dijo que tenemos que esperar.

—Tienen que dejarme pasar, yo soy su padre y…

Como si lo hubieran invocado, el doctor Fitzgerald abrió la puerta de la habitación y dejándola abierta. Buscó con la mirada al padre de Eva y solo cuando lo encontró comenzó a hablar.

—Buenas tardes a todos —los saludó con una sonrisa amable y profesional —Señor Wei, ya he canalizado a la señorita Eva. A partir de aquí, todo estará controlado. La trajeron muy a tiempo, así que está muy bien.

—¿Cómo está? Me dijeron que había roto la fuente.

—Sí, pero es algo muy común en madres primerizas y jóvenes —explicó el médico —Suele pasar que todos los eventos previos al parto se precipitan, aunque no se esté del todo lista como, por ejemplo, que se rompa el saco amniótico. La he revisado y su dilatación aun no es suficiente para que comencemos con el trabajo. Sin embargo, ya le administré antibióticos para cuidar de cualquier infección. Por ahora, solo queda esperar.

—¿Podemos entrar a verla?

—Sí, por supuesto. Pero les pediré que no la alteren. Su cuerpo sabrá llevar cada momento y solo necesita que estén con ella. Por lo demás, todo marcha muy bien.

El doctor los dejó pasar. El primero en ingresar, claramente, fue Don, quien no dudó en apurarse a llegar a un lado de su hija, quien ya estaba vestida con una bata azul del hospital, en tanto que llevaba insertada una aguja en su muñeca, por donde se le administraba el suero.

A Don se le oprimió el corazón al ver a su hija, a su niña, en esa cama, tan pequeña y viéndose tan frágil. Estaba pálida, de eso no había duda, temblorosa y con la respiración agitada, con sus ojos cerrados y la expresión contraída en una mueca de reciente dolor.

—Hola, amor —saludó Don cuando llegó a su lado, acariciándole el cabello y dejando un beso en su húmeda frente —¿Cómo te sientes?

—Espantoso —contestó de inmediato, tomando una larga respiración —Son cada vez más frecuentes y fuertes. Estos niños van a matarme, papá.

—Te prometo que una vez que los tengas contigo, todo esto se te olvidará —la tomó de la mano y también dejó un beso en ella —Por cierto, la mitad del séquito esta aquí. Claro que faltan Rick, Stan y Kouji, pero ya con los que están allá afuera bastan. Quieren verte.

—Quiero reclamarle a Amina por dejar que su hermano se acercara a mí —comentó, tratando de sonar divertida para hacer la situación más llevadera.

—Yo no les dije que hicieran lo que hicieron cuando se quedaron solos —reclamó Amina, entrando por fin hasta llegar a un lado de la pareja de su hermano, seguida de Alexa y Jason. Por un atisbo, Eva se dio cuenta de que sus cuatro guardias ya estaban reunidos y entablando una conversación con Aitan —Pero no vamos a negar que todos estamos muy agradecidos por eso. Ya por fin vienen estos pequeñitos.

—Mira que nos hiciste correr —le comentó Alexa, reacomodando la almohada en la que estaba recostada su amiga —¿Cómo va todo?

—Dicen que avanza de forma constante. Si todo sigue así, será un parto natural —comentó Eva, que casi se ríe por la expresión de espanto de su padre —Es lo más seguro para los tres. El doctor y yo lo hablamos, y estamos de acuerdo en que sea un parto en agua.

—¡Que lindo! —exclamó Amina, causando un sobresalto en quien estaba acostada —Es que, aunque no lo creas, en Nourasia, se dice que los bebés que nacen bajo el agua crecerán libres y constantes como ella. Me parece perfecto.

—Yo solo sé que el doctor me prometió que dolería mucho menos en el agua.

Eva trató de darse la vuelta, pues estar de un solo lado la estaba incomodando. Aunque hablaba con tranquilidad, se notaba en su voz que estaba cansada y adolorida. Sus bebés estaban moviéndose y acomodándose a cada momento, sin decir que cada contracción era mucho más larga y había menos tiempo entra una y otra. Como en ese momento, cuando apenas estaba hablando y se hizo presente ese profundo dolor de nuevo. Todos se quedaron de piedra cuando Eva, casi literalmente, se retorció sobre su lugar, apretando la mano que Alexa le había tendido y conteniendo un grito en su garganta.

Don sintió que se le partía el corazón. No era la primera vez que veía algo así, pues Maia pasó por lo mismo, aunque fue diferente; apenas dos horas después de haber empezado su trabajo de parto, ya tenían a Eva entre sus brazos. Pero Eva ya llevaba cerca de tres horas, pues el reloj en la habitación decía que eran casi las ocho de la noche.

Aún faltaría más tiempo de agonía y dolor de la joven y la impaciencia de quienes la acompañaban para que el cuerpo de Eva decidiera que era el momento.

Nourasia

La reina Nuri y Laila llegaron a la ciudad sagrada de Dahl, justo como se había acordado, en medio de la noche nourasiana y a bordo del fiel G'dar, quien llevaba un buen tiempo en un estado parecido a la depresión, desde el día que Aikka se marchó.

Para no levantar sospechas, Nuri le dio la orden al gran animal para que se quedara ahí, oculto, hasta que ellas volvieran. G'dar, por supuesto, obedecería la orden sin problema.

—¿Mami? ¿Ya va a llegar? —preguntó Laila, impaciente, no dejando de mirar al cielo en busca de quien iría por ellas.

—Espero que sí, amor. Tú debes estar paciente. Vendrá.

Mientras esperaban, la reina Nuri aprovechó de hacerse de un poco del poder que la ciudad sagrada contenía. Pronto, cuando estuviera con la próxima madre, la iba a necesitar para cumplir con la tradición del nacimiento de un bebé que estaba llamado a gobernar Nourasia. De hecho, Nuri se encontraba cansada, pues el día anterior había cedido un poco de su magia a algunos miembros del ejército de Nourasia, que, además de todo lo que hacían, ella les había pedido que trataran de dar calma a todo el pueblo. A pesar de eso, estaba ansiosa y feliz, pues no había cosa más emocionante que saber que sería abuela y que, incluso con todos los problemas que acontecían en su planeta, podría estar con Eva.

—¡Mamá! ¡Mira!

Ambas miraron hacia el cielo, en donde una estela dorada se comenzaba a dibujar sobre el manto oscuro que era la noche. Primero, parecía solo un cometa que podía estar pasando por ahí. Sin embargo, al cabo de unos momentos, la luz se fue acercando y las dos notaron que era la estela que dejaba un pequeño módulo proveniente de Ōban, apenas lo suficientemente grande para que dos personas caminaran un poco en su piso mientras duraba el viaje.

Tan fugaz como había aparecido, el módulo traspasó la atmósfera de Nourasia y rápidamente quedó plantado frente a las dos nourasianas, cuyas sonrisas se hacían más grandes a cada momento. Una vez que hubo calma, empezó a formarse un pequeño remolino de luz dorada y polvo, ayudando a que se formara la imagen y el cuerpo de Jordan, quien también llegaba con una amplia sonrisa y bastante ansiedad.

—¡Hola! —el Avatar se quedó sorprendido por el repentino abrazo con el que lo recibió Laila, muy a pesar de que la reina Nuri le había pedido que se contuviera y fuera respetuosa.

—No se preocupe —le dijo a la nourasiana adulta —¿Están listas?

—Sí, ya podemos irnos —asintió la reina —¿Cómo está Eva? ¿Todo va bien?

—Está siendo muy doloroso para ella. Sus médicos aún dicen que no está lista, que necesita más tiempo. Pero espero que sea pronto, porque no me gusta verla así.

—Me imagino. Eva es muy joven, pero sé que será muy fuerte cuando llegue el momento.

Jordan sabía que así sería. Estaba convencido de que Eva sería la mujer más valiente, como siempre lo había sido, cuando el momento llegara. Con un asentimiento, el pequeño módulo se abrió y Jordan invitó a las nourasianas a entrar, quienes lo hicieron inmediatamente. Una vez que estuvieron adentro, Jordan cerró el transporte y, al mismo tiempo que él se volvía energía dorada, el módulo salió disparado con destino a la Coalición Tierra, a aquel lugar donde el futuro de un planeta estaba siendo escrito.

Coalición Tierra. Hospital. 00:03. 21 de diciembre, 2084

El doctor Brendan Fitzgerald había estado siguiendo de cerca el caso de Eva durante todo el día, desde que llegó al hospital y durante toda la tarde. Aunque el padre de ella insistiera continuamente en que estaban tardando demasiado, todo el equipo médico coincidía que lo mejor para ella era lograr que su cuerpo estuviera completamente listo y ella pudiera dar a luz a sus bebés de la forma más natural. Además, estaban llevando a cabo diversos análisis clínicos para estar seguros, una vez más, de que los niños venían en perfectas condiciones y que la genética de ambos era favorecedora. Por supuesto, todo indicaba que estaban perfectamente sanos.

Para cuando dieron más de las doce de la noche, una enfermera fue a buscar al hombre a su oficina.

—Doctor Brendan, ya aplicamos la epidural a la señorita Wei —informó, haciendo que el médico se levantara en ese momento, dispuesto ya a proceder.

Llegando al cuarto de la joven, se encontró con el escenario que ya llevaba varias horas aconteciendo. La joven estaba de nuevo resistiendo con todo lo que tenía las últimas contracciones. Su padre, fiel, estaba sujetándola de la mano y limpiando su frente. Él mismo se veía ya demasiado angustiado, necesitado de que le dieran fin al suplicio que vivía su hija.

—Aquí estamos, Eva. Esto es lo último. Respira hondo —le pidió el doctor a la chica que, valientemente, guardaba los gritos en su garganta y solo se movía lo suficiente para que no se acrecentara el dolor de forma innecesaria.

Minuto y medio después, en el que todos los acompañantes también sufrían con Eva, la situación pasó lentamente y el doctor procedió a revisar a la joven, esperando que, ahora sí, estuviera lista. Y en verdad que esperaba que así fuera, porque al ser casi una niña, no podía tenerla así más tiempo y tendría que proceder a una cesárea.

—Ya llegó a los diez de dilatación —anunció, con un tono de alivio que se contagió a todos los que estaban presentes. Incluso Rick y los mecánicos, que seguían esperando afuera desde la tarde —Eva, ya estamos listos. Te vamos a llevar a la cámara de expulsión en agua.

—Sí, por favor… ya… —suplicó la joven, alterando aún más los nervios de Don y de la princesa nourasiana.

Al instante, un conjunto de enfermeros y doctores entraron a la habitación para pasar a Eva a una silla de ruedas para llevarla hasta la amplia tina que ya la estaba esperando.

—Si alguien va a estar con ella en el parto, quiero que me acompañen.

Ahí fue cuando Don dudó y Eva lo entendió en su totalidad. Una cosa era estar ahí, apoyándola en su dolor, y otra muy diferente era ser testigo presencial del parto. Y no era que no quisiera, pero él mismo dudaba de su capacidad para mantener la calma o no desmayarse si llegaba a ver todo.

—Ya sé, papá… —le dijo Eva en un murmullo, cuando lo vio dudar. Para fortuna de ambos, era un tema que ya habían conversado —Yo puedo hacerlo.

—Yo entraré con ella, señor Wei —le dijo Amina, dándole al hombre un poco de calma —Le prometo que cuidaré de ella.

—Gracias, Amina —agradeció con sinceridad. Después, se giro hacia su hija, quien tenía los ojos vidriosos, no en lágrimas de dolor, sino de miedo. Don fue en su encuentro y se arrodilló para quedar a la altura de su pequeña —¿Lista?

—No sé…

—Yo si sé que lo estás —le acarició y el cabello y le dejó un beso largo y desesperado en su frente —Mi Eva… aquí los voy a esperar. Aquí estaré cuando me digan que esos dos bebés ya nacieron y que tú hiciste un excelente trabajo trayéndolos aquí.

—Tengo mucho miedo, papá.

—Todos lo tenemos, Eva. Pero eso no significa que no vas a poder. Como en cada carrera, por ejemplo. Si puedes con eso, podrás con esto, ¿de acuerdo? —Eva asintió y se acurrucó en los brazos de su padre, que la abrazó por última vez antes de que se la llevaran —Te amo, Eva. Tú puedes, preciosa.

—Estamos listos —una vez que el doctor se dio cuenta de que ya habían terminado de despedirse, le hizo una señal a un enfermero para que comenzara a llevarse a la joven. Se dirigió a Don antes de irse —Señor Wei, le prometo que todo estará bien. Nos encargaremos de que sea de la mejor manera.

Don se lo agradeció y salió al pasillo junto con Amina, para reunirse con todas las demás personas para hablar antes de que la princesa fuera llamada al lado de la joven que estaba a punto de convertirse en madre. Todos aquellos que eran cercanos a Eva estaban ahí, nerviosos y ansiosos porque el momento por fin hubiera llegado.

Amina y Alexa, más que todos, estaban angustiadas pero emocionadas. Ellas, mejor que nadie, sabían que su amiga sería capaz de llevar todo ese proceso. Nunca habían conocido a nadie tan valiente como Eva, por consiguiente, nadie como ella podría salir mejor de esa situación. Además, para gusto de la princesa, vio a los cuatro guardias que siempre acompañaban a Eva bastante inquietos, caminando de un lado a otro.

—Oigan… —los tres se quedaron quietos cuando la princesa les habló —Hicieron un excelente trabajo. Muchas gracias por cuidar a Eva hoy.

—Fue un placer cumplir con nuestra obligación, Alteza.

Amina estuvo a punto de decirles que ella sabía que querían más Eva como una persona que como una princesa, y que más que una obligación, había sido un acto natural de alguien que se preocupa por un ser querido. Sin embargo, los siguientes momentos fueron confusos y llenos de emociones que sacaron lágrimas en más de uno.

—¡Oigan! ¡Ya estamos aquí!

Todos se giraron al reconocer la voz de Jordan que, en efecto, venía corriendo por los pasillos del hospital, levantando su túnica para no tropezar con ella. Amina se concentró en él, pero de repente se dio cuenta de que Aitan y los cuatro guardias se arrodillaron y bajaron la cabeza, en una señal de respeto a la realeza. Vio los rostros sorprendidos, casi desencajados de quienes la acompañaban, pero solo lo entendió cuando distinguió a las dos figuras que venían detrás de Jordan.

No estuvo segura de cómo, pero su cuerpo reaccionó por cuenta propia. Se encontró corriendo hasta el encuentro de su madre y no se supo tan en su hogar como en el momento en que sus cuerpos se encontraron en un abrazo desesperado.

—¡Mamá! Mamá… estás aquí… de verdad… —Amina lloró mucho. No podía creer que estaba ahí, que su madre estuviera ahí, abrazándola, acariciando su cabello y dándole besos en su mejilla. Para terminar de romper con sus emociones, lo que le quedaba de estabilidad se fue cuando la pequeña Laila se abrazó a las piernas de su hermana mayor, llorando casi igual que ella.

—¡Amina! ¡Te extrañe mucho! —la princesa mayor no supo cómo, pero levantó en sus brazos a su hermana, para que las tres pudieran abrazarse juntas.

—Mamá… —Amina no podía dejar de pronunciar esa palabra, como si decirla muchas veces le ayudara a darse cuenta de que era una realidad.

—Mi amor, mi Amina… —la reina Nuri también estaba al borde del llanto, pero ella sabía que no era el momento ni el lugar —Escúchame. Yo sé lo que sientes, pero lo hablaremos después. Es el momento de Eva. ¿Dónde está?

—Sí, sí. Tienes razón —le dejó un beso en la frente a Laila y la bajó de sus brazos. Se limpió el agua de las mejillas y trató de calmarse todo lo que pudo —Estamos esperando a que esté lista para que podamos entrar con ella. Ven con nosotros.

Amina tomó de la mano a su madre y la guió hasta el grupo que observaba la escena con genuina sorpresa. La reina Nuri primero le pidió a los nourasianos que estaban ahí que se pusieran de pie y les agradeció todo el trabajo que habían hecho. Saludó a todos los humanos y le dio una sonrisa especial, indicándole que ya hablarían después. Sin embargo, su atención se quedó por completo en uno de los hombres, quien también esperaba a ella.

—Don Wei, ¿verdad? —preguntó, acercándose a él.

—Reina Nuri —saludó Don, con una leve inclinación de cabeza.

—La verdad es que es un gusto conocer al padre de esa maravillosa chica —aseguró, con una sonrisa que a Don le dio una fuerte seguridad —Yo estoy aquí en nombre de muchas personas, pero, sobre todo, en nombre de mi hijo.

—Yo entiendo que Aikka no pueda estar aquí.

—Lo sé. También le prometo que él mismo será quien recupere el tiempo perdido. Pero eso lo podemos resolver después. Por ahora, quisiera pedirle a usted que me deje estar con Eva en estos momentos y hasta que ella y los bebés estén sanos y salvos.

—Sí, claro que sí —Don no lo pensó demasiado. Para él, era lógico que Eva necesitara de cuanto apoyo pudiera. Quizá él no podía, pero estaba seguro de que alguien con la seguridad de la reina Nuri, tan cercana al padre de sus nietos, bien podría estar con ella y ser el elemento que le faltaba —Le agradecería mucho que estuviera con ella.

—Con mucho gusto. Después de que todo esto pase, sé que podremos hablar de la situación.

—Señorita Amina y una persona más, la joven Wei ya está lista. Por favor, dense prisa en venir —pidió una enfermera esperando en el pasillo para conducirlos hasta donde estaba Eva.

La reina dejó a Laila a cargo de la Guardia Real y de Aitan, antes de que la niña quedara entretenida con los mecánicos, quienes no dudaron en quedarse con ella y entretenerla hasta que todo estuviera en paz nuevamente. Todo el grupo se iba a apostar afuera del cuarto parto en unos momentos, para ser testigos de primer momento cuando llegaran los bebés al mundo.

Amina, sujeta de la mano de su madre, caminó junto con la enfermera, quien les abrió una puerta que cuidaba de un cuarto blanco y limpio. Una ventana proveía de la luz natural de la luna, aunque todo estaba iluminado por potentes luces blancas. Al centro, siendo lo más importante, había una tina redonda, amplia y lo suficientemente honda como para que el cubriera hasta la parte baja del busto desnudo de su ocupante.

Eva estaba respirando profundamente por indicación de una enfermera, en tanto que le médico terminaba de colocarse unos guantes esterilizados. A cada momento, la humana se sujetaba de la orilla de la tina, presionando para que pudiera resistir solo un poco más.

La enfermera las invitó a ponerse a un lado de Eva quien, con los ojos cerrados, aún no se daba cuenta de la presencia de la reina. Por lo menos, así fue hasta que la tuvo a un lado y sintió su mano posarse en su brazo. Primero, pensó que era Amina la que la estaba acompañando, pero cuando su mirada la enfocó, se quedó quieta y sorprendida.

—Lo sé, querida —dijo la reina, acariciando su cabello —Hablamos después, te lo prometo. Ahora, quiero estar contigo y ayudarte a recibir a tus hijos, mis nietos.

Eva ya no tenía muchas palabras, pero asintió al mismo tiempo que una solitaria lágrima rodaba por su mejilla. Una lágrima que tenía una gemela a millones de kilómetros de distancia. Porque en Ōban, un nourasiano en completa soledad lloraba al mismo tiempo que veía como se orquestaba el nacimiento de sus primogénitos.

—Muy bien, Eva —el doctor Brendan se colocó frente a ella, asegurándose de que el agua estuviera a la temperatura correcta para recibir a los niños —Cuando tengas la siguiente contracción, quiero que pujes tanto como puedas y resistas diez segundos. ¿Está bien?

—Sí…

—Si sientes que algo no marcha bien, dímelo y procederemos de otra manera. Pero estoy seguro de que puedes hacerlo. Será muy rápido. Es cuestión de minutos.

—Está empezando…

Justo cuando la contracción se hizo presente y Eva juntó todas sus fuerzas para empezar a empujar a su primer bebé hacia afuera, una estela de luz azul vibrante salió desde la punta de los dedos de la reina Nuri, adentrándose en el corazón de Eva. A vista de todos, el revoloteo de las chispas azules de magia fue impresionante, pero tan rápido como aparecieron, desaparecieron dentro del cuerpo de la humana.

Te regalamos fuerza. Te regalamos magia. Te damos nuestra historia y nuestro poder susurró Aikka, rezando, implorando, con el corazón en la mano, a punto de quebrarse.

A punto, tan cerca… tan pronto. ¿Qué será saber que tu vida ya no te pertenece? ¿Qué amas a alguien más de lo que te amas a ti mismo? ¿Qué darías todo y más por alguien que no eres tú ni la persona que elegiste? ¿Qué será que amor dejé de ser una palabra y se convierta en un ser?

Coalición Tierra. Hospital. 00:25. 21 de diciembre, 2084.

—¡Vamos, Eva! ¡Solo una más! —pidió una voz que la humana ya no pudo saber a quién pertenecía.

Tú puedes, princesa… —pero esa voz, ese tono, ese amor lo escuchó con claridad y solo ese le bastó.

Pujó una vez más y solo sintió como se resbalaba algo desde sus entrañas. Algo chapoteó en el agua frente a ellos y su recién estrenado instinto de madre la hizo abrir los ojos para ver el agua roja e inquieta.

—Y aquí está… —el médico tomó al pequeño bebé con sus manos y, antes de que el mismo lo revisara, se lo pasó a Eva.

Eva escuchaba a Amina y a Nuri llorar con fuerza. Pero ella no. Aunque las lágrimas resbalaron de sus ojos, la sonrisa que estaba en sus labios era la más sincera y pura que tendría jamás. No había mayor felicidad que esa.

Y Aikka estaba igual, dejando caer sendas lágrimas al ver como Eva recibía sobre su pecho desnudo al primer fruto de su amor. Lo vio moverse entre sus brazos y, apenas unos segundos después, comenzar a llorar.

—Hola… hola mi amor… —murmuró Eva, con la voz cortada, dándole un beso al pequeño ser que se removía entre sus brazos, apoyada su cabecita en el pecho de su mamá —Ya estás aquí…

Amina comenzó a reír sin que los surcos de agua salada dejaran de bañar sus mejillas. Y es que ella se dio cuenta de inmediato, incluso antes de que la misma Eva. La enfermera, con toda la delicadeza de la que era capaz, se apuró a poner al bebé hacia arriba para cortar el cordón umbilical. Eva bajó la mirada y el doctor, quien revisaba rápidamente al bebé antes de que empezara el parto del segundo, decidió anunciarlo.

—Es una niña, Eva. Y se ve muy sana —trajo una toalla para secar el rostro de la pequeña, además de limpiar sus vías respiratorias —¿Tenemos un nombre?

—Maia… —dijo Eva, viendo a su hija calmarse de a poco en sus brazos. Solo ahí, dejó que el doctor tomara a la nena y se la entregara a una enfermera para su valoración.

Maia… Aikka tamborileaba sus dedos contra el espejo que reflejaba lo que pasaba en aquella sala de un hospital en la Tierra. Mi hija se llama Maia. Mi hija… Mía. ¿Era normal que sonara tan irreal? ¿Era normal que su corazón latiera tan fuerte, como si quisiera cruzar los miles de kilómetros hasta ella? Era padre… y su hija era preciosa. Su piel era una bella mezcla de la de él y de la de Eva, morena en suave tono. Además, la genética humana había ganado. Sus orejas eran las de un humano. Todo en esa niña era perfecto.

—Tu madre estará muy feliz por eso, cariño —le dijo la reina, fascinada de ver a su nieta viva y siendo una realidad. Ella sabía que la madre de Eva había fallecido varios años atrás, así que era un gusto ver que su recuerdo pudiera vivir a través de su nieta.

—Tiene un Apgar de nueva —anunció la enfermera —Maia es una bebé muy sana. Está muy bien.

—Mi papá debe querer verla.

El médico dio la autorización para que pusieran a la nena, limpia de fluidos y envuelta en una manta, dentro de una cuna móvil. Eva vio que se dirigían a la puerta y solo pudo escuchar gran tumulto afuera de la habitación. Después de eso, las contracciones volvieron.

—Otra vez…

—Haremos lo mismo, Eva. Será más fácil. El canal sigue abierto así que será más rápido. Puja en cuanto puedas.

En esa ocasión, la reina y Amina tomaron las manos de Eva para que se apoyara en ellas, para que las sintiera en ese último esfuerzo que terminaría con todo y haría que la labor estuviera completa.

—¿Lista? —preguntó Amina.

Eva asintió y el espectáculo de la vida comenzó una vez más.

Coalición Tierra. Hospital. 00:36. 21 de diciembre, 2084.

—¡Listo! ¡Ya está aquí! —el doctor metió las manos al agua justo en el momento en que el segundo bebé abandonaba el cuerpo de su madre e ingresaba al agua por la que ya había pasado su hermana once minutos antes —Eva… es un niño.

Del mismo modo que antes, Eva recibió rápidamente a su hijo, más lloroso e inquieto que su hermana, sacudiéndose tanto como podía, quizá resentido por el brusco cambio de ambiente.

—Chiquito… hola, mi amor. Bienvenido…

Cierto era que para Eva había sido más rápido entregar a su hijo que a su hija, pero nunca tuvo tanta calma que cuando supo que ya, había terminado todo y sus hijos ya estaban con ella.

Contrario que con Maia, tanto la reina Nuri como Amina se quedaron calladas y sonrientes, inundadas de felicidad.

—Es precioso —dijo Amina después de unos segundos de observarlo —¿Cómo se llama?

—Mika —respondió mientras besaba la frente del bebé, para gusto de las nourasianas. Y es que el nombre, que era usado tanto en la Tierra como en Nourasia, significaba en el lejano planeta algo como la esperanza, pues era ciertamente eso lo que el bebé traía no solo a su familia, sino a miles de personas.

Mi príncipe… Mika, mi hijo. Mío.

Nunca, en ningún momento, Eva y Aikka se sintieron tan completos como cuando lo entendieron. Eran padres. Sus hijos ya estaban con ellos. Maia y Mika eran, para siempre, lo más valioso que tenían.

*.*.*.*.*

—¿Qué sucedió? —preguntó una nourasiana al holograma de una figura alta, oscura y corpulenta de un ser maligno.

—Tal como lo pensabas. Aikka tuvo sus herederos antes que tú el tuyo.

—¿Herederos? —cuestionó con incredulidad —¿Fue más de uno?

—Una niña… y un niño… —Cairen palideció, pues su mayor amenaza se hizo realidad. Ahora Aikka tenía la oportunidad de regresar y pelear por el Trono —¿Le dirás al rey Luka que tiene competencia?

—Abstente de tus bromas, Kronos —pidió la reina, enojada —No puedo dejar que se entere. Mucho menos que esos niños y su madre estén… por ahí.

—¿Quieres quedarte con Nourasia a pesar de esas tres vidas? Son solo unos bebés que apenas tienen unos minutos de haber nacido.

—No son solo unos bebés. Por derecho, son príncipes y Nourasia es de ellos. Por ahora… —suspiró, lamentando que sus decisiones tuvieran que tomar ese rumbo —Tendrá que ser a pesar de sus vidas.

—Entonces que así sea. Los krogs partirán de inmediato.

La transmisión terminó y Cairen observó la inmensidad del cielo, con dirección a la Coalición Tierra. Era una lástima. Era una completa lástima que tuviera que pasar por encima de ellos. Si tuviera que ser diferente, de verdad que tomaría otra alternativa.

*.*.*.*.*

¡Por fin! De verdad que este capítulo voló mi cabeza. Tenía tantas ganas de llegar a este momento que, siento que, aunque lo escriba una y otra vez (que fue lo que pasó) me quedaría corta por los muchos sentimientos que hay en todos. Lo único que espero es que sea de su agrado (miren que lo hice exageradamente largo). Yo quedé muy satisfecha por lo que resultó.

Ahora sí, podríamos decir que a partir de aquí comienza el arco final de este fic. La verdad es que me da mucha nostalgia, porque este fic es el primero que hice y sobre el que han caído todos mis experimentos de escritora. Pero, después de todo, lo amo mucho y todos sus personajes se han vuelto mis hijos (hasta Cairen).

Ahora veremos como comienza la reivindicación de Aikka y su lento regreso a luchar por Nourasia. Aún queda saber como es que Cairen y Luka recibirán lo que merecen. Bien dicen que todo cae bajo su propio peso y ellos no serán la excepción.

Si tienen dudas acerca del fic, no duden en hacerlas que estaré para responderlas. ¡Amor para todos y gracias por seguirme hasta aquí!

P.D. 1: Tengo la intención de poner algo en este fic, pero para eso me tienen que decir si alguien de quien lee aquí tiene algún problema con las relaciones homosexuales. Yo estoy muy a favor, pero no quiero que se hieran susceptibilidades. Agradeceré mucho su opinión.

Aelita: ¡Hola! Ojalá que el como se desarrolló el nacimiento de los pequeños te haya gustado. Lo hice con mucho cariño para todos. Respondiendo tus dudas: Todos los nourasianos tienen magia, pero solo la Familia Real la tiene "completa". En el pasado, cuando se quisieron revelar, un rey decidió que lo mejor sería que la magia del resto de la población fuera disminuida, pero complementada con la magia de la realeza. Así, si había una nueva amenaza, el rey podía recoger la magia que les había dado y ya no serían una amenaza. Yo creo que es menos de la mitad. Quizá la magia con la que nace un nourasiano normal es cerca del 25%, lo demás, es lo que les da su monarca. El planeta, la ciudad sagrada de Dahl, es la que le da la fuerza al rey o reina para dar la magia, y aunque no depende de ella directamente, si esta se ve disminuida o no es entregada, Nourasia lo resiente y su tierra comienza a morir (cosa que verás en próximos capítulos). Espero haber resuelto tus dudas. Si no, vuelve a preguntarme jeje ¡Un abrazo!

Ninfa: ¡Ya nacieron! Espero que te haya gustado. Y sí… puede ser que haya una boda por ahí… jejeje ¡Abrazo grande!

Mili Dark: Ojalá que leas esta respuesta en algún momento. ¡Muchas gracias por darle una oportunidad! Me hace mil veces feliz que a alguien le guste. Espero que te siga gustando y seguirte leyendo en los comentarios. ¡Un abrazo enorme!

Arabela18: ¡Hola! Te daré un spoiler. Aikka conocerá a sus bebés de primera mano, aunque Eva no lo sepa. Y si, será en el siguiente capítulo. No dejará pasar más de un día antes de que los tenga para él. Yo también sé que entraré en depresión cuando lo termine, pero, de mientras, me hace muy feliz escribir más y más. ¡Recuerda que hay posibilidad de una secuela! Así que espero verte por ahí también. ¡Abrazos miles!

Molly6659: ¡Gracias por darle una oportunidad! Comentarios así hacen que quiera seguir esforzándome por ustedes. Ojalá que te haya gustado este capítulo. ¡Un abrazo enorme!

P.D. 2: El título del capítulo es de la canción "Waratteta", interpretada por Sukoshi para Ōban Star Racers.