NA: ¡Hola! Aquí traemos un nuevo capítulo de las Encrucijadas (el de Mad Aristocrat está de escándalo, para morir de la tensión). En el capítulo anterior observamos que no muchas personas dejaron feedback, ¿estáis en plan perezosos o es que no os gusta cómo vamos desarrollando las historias? :v
¡Sed libres de comentar lo que queráis! Nosotras siempre estaremos felices de leeros.
Capítulo 4: Infiltrado.
Después de aquel breve e inesperado encuentro con la chica Greengrass, Harry decidió que ya había tentado demasiado a la suerte por esa noche. Cerró los ojos un instante cuando volvió sobre sus pasos y salió de nuevo a la inmensidad del jardín trasero.
Qué bien sentaba el aire acariciando su cara después de haber sentido la muerte a flor de piel.
A medida que avanzaba hasta su escondite, recordó con un deje de melancolía las palabras que Andrómeda le había dedicado unos meses atrás; "A veces eres demasiado ingenuo, ¿qué te hace pensar que conseguirás la victoria yendo de frente con ellos? Así solo harás que te maten un día de estos".
Aquella noche había estado a punto de tener razón, aunque ya no pudiera saberlo. Si tan solo la persona que se hubiera ausentado de la reunión hubiera sido alguien diferente a Daphne, alguien que realmente quisiera verlo muerto… las cosas hubieran sido muy diferentes. Pero afortunadamente ella era parte del pequeño grupo liderado por Parkinson, ella no iba a delatarlo, estaba de su parte.
Darse una ducha de agua fría cuando llegó a la casa originalmente destinada a los elfos de la familia fue más una necesidad que un capricho. Después de modificar temporalmente las instalaciones para hacerlas a su medida, Harry se quedó pensando en la muchacha de cabellos castaños mientras las gotas caían deslizándose por su cuerpo. Había sido el aroma dulzón de su perfume el que había desencadenado en su mente una serie de recuerdos aparentemente bloqueados. Recuerdos confusos, borrosos, pero suficientes como para suponer que era ella la chica a la que buscaba con tanto ímpetu.
Lo siguiente que necesitaba recordar era… ¿Para qué la buscaba? ¿Cuál era el propósito de encontrarla? Sabía que definitivamente era importante, pero en ese momento no lograba encontrar las razones en el fondo de su cabeza.
Frustrado, agrandó una de las diminutas toallas del estante y se la envolvió alrededor de la cintura cuando su ducha terminó, aunque estuvo a punto de caérsele al suelo al salir del baño y ser interceptado por una más que furiosa Slytherin. Al encararlo repentinamente, Harry pudo ver la ira que irradiaban los ojos de Pansy Parkinson, reflejándose también en el evidente enrojecimiento de su rostro.
—¡¿Cómo te atreves a desobedecer lo que te digo?! —exclamó, totalmente fuera de sí—. ¡¿Eres consciente de qué estaría pasando contigo si te hubiera encontrado una persona diferente a Daphne?! ¡Estarías atado de pies y manos en el sótano de mi casa, siendo torturado y desollado lentamente por algún mortífago mientras esperan la llegada de Voldemort, quien no haría otra cosa que alargar tu sufrimiento hasta que llegara el momento de escucharte suplicarle la muerte! ¡¿Cómo puedes ser tan inconsciente, Potter?!
—No puedo creer lo que veo…
Una voz desconocida los sorprendió a ambos, quienes giraron rápidamente para encontrar a un chico de cabellos negros apuntándoles con su varita. Desarmados como estaban, optaron por alzar las manos a modo de rendición. Pansy tragó saliva antes de murmurar.
—No es lo que parece, Liam.
—Pues yo creo que está bastante claro —espetó él mientras sus ojos brillaban de una manera especial, como si ya estuviera saboreando el reconocimiento de haber sido el que, no solo lograra entregar a Harry Potter, sino también a una inesperada cómplice—. ¿Sabes cuál es el castigo para los traidores, prima?
—Deja que te lo explique…
—No vas a explicármelo a mí, vas a explicárselo al señor Tenebroso —se mofó, moviendo su varita para obligarlos a bajar los brazos y conjurando un par de cuerdas que rodearon con fuerza los cuerpos de los chicos.
Ambos gimieron ante la presión ejercida en sus cuerpos, pero cuando el chico se acercó a ellos para comprobar que estuvieran bien atados, alguien más apareció inesperadamente en escena.
—¡Desmaius!
Cuando cayó de espaldas, Harry pudo divisar a Daphne Greengrass bajo el marco de la puerta, quien respiró profundamente antes de apresurarse a liberarlos de las cuerdas.
—¿Quién es? —preguntó Harry, mirando a la persona inconsciente frente a ellos.
—Mi primo —respondió Pansy con voz neutra.
—Siento no haber llegado antes, trataba de que nadie más se percatara de lo sospechoso que era que saliéramos fuera durante la noche —se disculpó Daphne.
—¿Qué ha pasado?
—Después de contarte mi encuentro con… Harry, y que decidieras venir a expresarle tu descontento, me di cuenta de que tu primo se había percatado de algo porque se disponía a seguirte cuando creía que no lo veía… así que yo lo seguí a él —explicó, visiblemente aliviada por haber llegado a tiempo.
Pansy terminó de quitarse las cuerdas de encima, dándoles una patada para alejarlas cuando cayeron al suelo. Antes de responder, miró un instante al chico que yacía inmóvil en el suelo.
—Hay que deshacernos de él. Sabe demasiado. —Aparentemente de acuerdo con ella, Daphne estiró un brazo para cumplir con sus órdenes, pero Pansy la detuvo interponiéndose entre la varita y el cuerpo—. Así no, Daph. Cualquiera podría leer el registro de actividad de nuestras varitas, y ya sabes lo que pasa con nosotras. No somos cazadoras, no rastreamos a nadie ni participamos en ataques. Apenas salimos de nuestras casas para asistir a las reuniones organizadas por nuestros padres. Nadie debe saber que hemos matado a alguien.
El fino vello de la piel desnuda de Harry se erizó cuando vio a Parkinson inclinarse sobre su primo y ponerle ambas manos en el cuello. Empezó a apretar los dedos a su alrededor mientras fruncía un poco los labios debido al esfuerzo. El cuerpo del chico desmayado empezó a experimentar unos ligeros espasmos mientras ella continuaba en su intento por obstruir sus vías respiratorias. Aquello no le llevaría mucho tiempo, aunque se estaba sintiendo como una eternidad para los que observaban la escena desde fuera.
Mientras, Harry la miraba casi con horror. No podía creer que no le temblara el pulso a la hora de matar a alguien con quien compartía sangre y apellido. De la garganta de la chica salieron pequeños gemidos por la fuerza empleada, y Harry pudo ver perfectamente cómo, poco a poco, se escapaba la vida del cuerpo de aquel chaval. Sí, cada segundo que pasaba moría un poco más. Y a ella no parecía importarle.
Finalmente, un último apretón hizo que el pecho de la víctima dejara de moverse al exhalar su último suspiro. Pansy acercó el oído a sus labios, solo para comprobar que ya no respiraba más.
En un gesto que se sintió totalmente irónico, ella dejó escapar un profundo suspiro.
—Te ayudaré a esconder el cuerpo —ofreció su amiga.
—Sí, pero antes córtale una buena cantidad de cabello y ponlo en algún recipiente —ordenó Parkinson, poniéndose en pie y sacudiéndose el polvo de la falda. Acto seguido, miró con suspicacia al chico de la habitación que aún seguía con vida—. ¿No querías espiar nuestras reuniones? Ahora tendrás la oportunidad de hacerlo desde dentro.
—Pero…
—No te atrevas a replicarme, no después de lo que me has hecho hacer —le interrumpió, alzando un dedo a modo de advertencia—. ¿No podías simplemente obedecer mis indicaciones? ¿Tan difíciles eran de seguir? Sé que no quieres estar aquí, pero ya te he explicado por qué no puedes irte, al menos no todavía. Tenemos que terminar esa maldita poción para intentar curar tu amnesia, y lo cierto es que todos sospecharán si mi primo desaparece de un día para otro sin dar explicaciones. Te harás pasar por él hasta que recuperes la memoria, ¿me escuchas? Y no hay más que hablar —ordenó, dirigiéndose entonces a su amiga—. Daphne, arregla todo este desastre, ¿quieres? Y no le quites el ojo de encima a Potter hasta que vuelva con un poco de poción multijugos.
Harry hizo el amago de decir algo, pero la chica alzó una mano y volvió a interrumpirlo.
»No te molestes, no quiero tus disculpas —espetó, cortante—. Tan solo conseguir adentrarme en la habitación donde mi padre guarda las reservas de las pociones me expondrá a un peligro enorme y absoluto. ¿Lo entiendes? ¿Entiendes que tus actos tienen consecuencias? —Él se sujetó la toalla al empezar a deslizársele por la cintura, cosa que no pasó desapercibida para ella, quién miró hacia aquella zona con ojos fieros antes de volver a posarlos en los suyos—. Y vístete ya, por el amor de Salazar.
No esperó a obtener una respuesta. Caminó hacia la puerta y desapareció de su vista en cuestión de segundos.
Harry y Daphne se miraron un instante, incómodos. La chica suspiró por lo bajo a la vez que se apoyaba en una pared cercana. Algo parecía perturbarla al quedarse a solas con él, pero el Gryffindor no podía entender sus motivos.
—No se lo tengas en cuenta. Tiene mucho estrés encima, ¿sabes?
Escuchar su voz dirigiéndose a él revolvió algo en el interior del chico, quien le sostuvo la mirada mientras inhalaba disimuladamente, de nuevo, el perfume que emanaba de su cuello.
—Creo que todas las personas que pertenecen al mundo mágico están estresadas últimamente —masculló entonces.
—Tienes razón —concedió ella, esbozando una sonrisa que se sintió, en cierto modo, melancólica—. Tú debes ser el que más. Por si fuera poco el hecho de que toda tu vida te han querido matar, ahora pierdes la memoria.
—Sí, el momento ha sido desafortunado.
Ella asintió.
—Pansy me contó lo de tu amnesia. —La voz de la chica se escuchó entrecortada cuando añadió—: Entonces, ¿no nos reconoces?
Él tomó una larga respiración.
—Recuerdo algunas cosas.
—¿Como qué?
—Como vuestros nombres, o la casa de Hogwarts a la que pertenecéis… Pero poco más.
—¿No recuerdas nada más? ¿Solo pequeños detalles?
—Solo eso. Y si te soy sincero… no creo tener buenos recuerdos de vosotras. Pero tampoco puedo estar seguro, ¿no?
La chica se mordió un labio ante aquella revelación y Harry notó cómo su pecho se contraía. ¿Sus orbes habían empezado a adquirir un ligero brillo, o eran imaginaciones suyas?
—Entonces has perdido años de memoria.
—¿A qué te refieres?
—¿De Hermione y tus amigos sí te acuerdas?
Ambos preguntaron a la vez, pero al ver que ella no parecía dispuesta a dar su brazo a torcer, Harry siguió hablando con resignación.
—No estoy muy seguro, ¿hace mucho que ella y Theo dejaron la Orden?
—Poco más de un mes y medio.
—Entonces recuerdo hasta ahí.
—Entiendo.
—Aunque… Hay algo más.
—¿Sí?
La voz de Daphne se notó excitada ante la posibilidad de ser recordada. Él se quedó pensativo un momento. No estaba seguro de si era inteligente mencionar aquello cuando ni él mismo sabía lo que el Harry sin amnesia buscaba de ella. Su mirada intransigente le convenció de decirlo de todas formas.
—Creo que, antes de que me pasara esto, te buscaba con desesperación.
Otro esbozo de sonrisa.
—¿En serio?
—Sí, eso creo —dijo, dejando escapar un largo suspiro de lo más profundo de su pecho—. Sé que buscaba a una chica, y que era algo de suma importancia… Pero no puedo recordar a quién, ni por qué.
Greengrass entrecerró un poco los ojos. ¿Estaba emocionada o solo se mostraba suspicaz?
—¿Y cómo has llegado a esa conclusión?
Ambos se sostuvieron la mirada en lo que duró aquel pesado silencio que los abrazaba.
—Olí tu perfume.
—Oh.
Ella contuvo el aliento de forma instantánea. ¿Qué estaría pasando por su cabeza? ¿Tendría ella la respuesta a aquel interrogante? Y si la tenía, ¿se lo diría?
Entonces, ella decidió moverse y tirar de uno de los pies del chico que yacía muerto entre ellos.
»Ayúdame, Pansy volverá enseguida.
. . . . .
Harry tomó asiento, irguiéndose en él mientras trataba de mantener una expresión neutra. Jamás se hubiera imaginado sentándose frente aquella robusta mesa de roble en compañía de todos esos rostros sombríos. Era muy consciente de que la mayoría de ellos estaban deseosos de poder capturarlo para poner su cabeza en una estaca, según los deseos de su Lord.
En aquella reunión lo miraban, pero no podían verlo realmente. No, porque para ellos era un mortífago más. Uno callado, reservado y sanguinario, tal y como le había advertido Pansy. Un chico cruel y despiadado que vivía en la mansión de sus tíos desde que sus padres murieron en combate, no hacía mucho. Un cazador del ejército de Voldemort que no destacaba precisamente por su agilidad en cuanto a rastrear a personas por su cuenta, pero sí cuando se requería sacar cierta información sobre alguien a base de torturas. Se podía decir que él, junto con su primo Pete, eran los encargados de conseguir los testimonios necesarios para facilitar la tarea de Draco y su grupo, cuyo trabajo era el de dar caza a los señalados por Voldemort de manera literal.
Pansy estiró un brazo para coger y desdoblar uno de los pergaminos que había sobre la mesa. Daphne la imitó. Ambas leyeron con atención las líneas que indicaban algunas direcciones en las que podría encontrarse Neville, aun habiendo sido ellas mismas las que, previamente a la reunión, habían modificado la información ofrecida. Los ojos de las muchachas se desplazaban por la superficie del papel haciendo un gran trabajo de despiste. Tanto ellas como Harry sabían que aquellos no eran los lugares que ciertos mortífagos de inferior nivel habían aportado a la investigación, sino otros completamente alejados de los originales.
Harry no pudo evitar preguntarse cuántas veces, esas chicas y su pequeño grupo, les habrían salvado el pellejo a él y a la Orden jugándose el suyo propio. Ahora que habían pasado tres días desde que una de ellas había matado a su propio primo para protegerlo, finalmente podía creerlo. Había sido extraño al principio, pero ahora podía creer que un puñado de jóvenes Slytherins estaban de su lado.
Era bueno saber que podía contar con alguien en la inmensidad de aquella casa, sobre todo cuando suplantaba la identidad de uno de ellos en sus narices.
"No hables más de lo necesario. De hecho, intenta no hablar en la medida de lo posible. Él era un chico que no tenía mucho que decir sobre nada. Pasaba la mayoría del tiempo encerrado en su habitación y simplemente se limitaba a escuchar y cumplir órdenes cuando las había. Aun así, muestra interés en las reuniones. Le encantaba cuando le asignaban algún caso porque eso suponía dar rienda suelta a su macabra imaginación. Mi hermano se encargaba de hacer las preguntas y él de castigar a los interrogados cuando no respondían lo que querían. Era sádico, alguien a quien no quieres encontrarte en callejones oscuros o en días lluviosos. Lo vi despellejar viva a una niña de seis años porque sus padres no querían dar información sobre tu base".
Ser Liam Parkinson había sido relativamente sencillo después de las advertencias de su prima. Sin embargo, todo eso estaba a punto de cambiar.
—El señor Tenebroso está empezando a impacientarse debido a la falta de novedades con respecto a Potter y a Granger —habló con voz contundente el señor Parkinson, dando inicio a la reunión de la noche—. Ya hay grupos rastreando a ambos, aunque sin demasiado éxito. Ellos son las personas de mayor interés para el Régimen, pero no podemos olvidarnos de los segundones. Sobre la mesa hay pergaminos con las posibles localizaciones en las que puede encontrarse Longbottom. Ya sabéis que formaba parte de la cédula de Potter, tal vez pueda sernos de ayuda para encontrarlo. Travers, tú y tus hijos os encargaréis de rastrear dichas zonas para intentar dar con su paradero.
El aludido, en cuyo rostro había una enorme cicatriz, asintió una sola vez. Entonces, el padre de Parkinson prosiguió:
»También han llegado a mis oídos noticias de Nymphadora. —Harry se tensó en su asiento ante aquella mención inesperada, pero por alguna razón, Pansy también lo hizo. Greengrass pisó el pie de su amiga para devolverla a la realidad, quien recobró la compostura y pellizcó el dorso de la mano de Harry bajo la mesa para, a su vez, advertirle de mantenerse sereno—. Al parecer llamó a la puerta de una pareja muggle de madrugada. Cargaba a un niño en sus brazos mientras intentaba buscar refugio para parir a otro. No sé muy bien si puede llegar a sernos de utilidad, pero no podemos dejar ningún cabo suelto. No a estas alturas y con Potter en paradero desconocido. Mi hijo y mi sobrino se encargarán de hacerle una visita a esos muggles. No me cabe duda de que lograrán sonsacarles cualquier dato que nos permita encontrar a Tonks, sea donde sea que se esconde. Ahora mismo no es que esté en la mejor de las condiciones… Sola y con dos infantes, uno de ellos prematuro. No puede haber ido muy lejos.
—¿Quién es el otro niño? —preguntó una de las pocas mujeres que había en la sala.
—No lo sé, pero lo descubriremos —respondió, girándose entonces hacia los muchachos que lo miraban con atención—. Pete, Liam, ya no hacéis falta aquí. El jarrón junto a la estantería de la habitación es un traslador que os llevará directamente a la casa de dichos muggles. Yo mismo me he encargado de ello antes de la reunión. Id, vamos. No hay tiempo que perder.
Harry vio a Pete dedicarle un esbozo de sonrisa mientras se levantaba, dejando una silla vacía a su lado. Luego, miró a las chicas intentando que el pánico no lo delatara. Pansy y Daphne lo vieron a su vez, ambas con clara impotencia y congoja en sus orbes.
Mover el cuerpo de Liam Parkinson resultó mucho más difícil entonces. De repente se sentía tremendamente pesado, fatigado y abatido. No quería pensar en lo que le tocaría hacer en cuestión de minutos, pero… ¿acaso tenía opción? No, no había escapatoria.
Se levantó de su asiento con pesar, cruzó la habitación arrastrando los pies y llegó junto al hermano de Parkinson, pero antes de que ambos tocaran el traslador, echó una ojeada a su espalda. Pansy era la única persona que lo miraba con ojos abatidos.
Pero no podía escapar. No esa vez.
Tres… dos… uno.
Ambos tocaron el jarrón en cuestión, cuyo roce provocó que sus cuerpos fueran absorbidos y escupidos dentro de una casa desconocida. El hombre estaba justo ahí, pasando de leer tranquilamente el periódico a mirar con horror a las personas que acababan de aparecer en el salón de su casa… de la nada.
—Yo me encargo de este —apuntó Pete—. Tú busca a la mujer.
—¿Quiénes sois vosotros? ¿Qué hacéis en mi casa?
Las nerviosas preguntas del hombre pronto se convirtieron en gritos desgarradores. Gritos que no oiría nadie gracias al encantamiento silenciador que "su primo" acababa de poner en el lugar. Harry abandonó la estancia, desorientado, después de ser testigo de cómo Pete le propinaba un puñetazo al hombre en la boca del estómago.
No le costó encontrar a la mujer, fue ella misma la que se asomó por la puerta de la cocina al escuchar el escándalo. Al verlo quiso gritar, pero Harry se abalanzó sobre ella y le tapó la boca con firmeza.
—Shhh, no voy a hacerte daño. ¿Hay niños en la casa? —susurró, el corazón latiendo con fuerza en su garganta. Ella negó con la cabeza—. Bien, entonces escúchame. Tienes que irte, ¿de acuerdo? Tienes que irte rápido. Corre todo lo que puedas y no mires atrás.
Cuando se aseguró de que la mujer no gritaría, sus dedos dejaron de presionar sus labios poco a poco. Ella seguía mirándolo con una expresión aterrorizada en el rostro, aunque ligeramente más calmada.
—Mi marido —murmuró.
Harry cerró los ojos con frustración. Iba a prometer un imposible, algo que sabía que no podría cumplir… pero era lo que debía decir si quería que, al menos, esa mujer se salvara de los horrores que vería su casa aquella noche.
—Yo me encargaré de que no le pase nada malo —dijo al fin—. Pero tú tienes que irte, o las cosas se pondrán más feas de lo que ya están. A mi amigo le gusta violar mujeres. Si no encuentra a ninguna aquí, simplemente cogeremos algunas cosas y nos iremos.
Ambos se quedaron en silencio mientras del salón seguían escuchándose gritos y gemidos del forcejeo que se estaba llevando a cabo. Pete podía simplemente inmovilizar al hombre con su varita, pero estaba claro que le gustaba sentir la acción en sus venas, golpear con sus propios puños.
La mujer tragó saliva con dificultad.
—¿Me lo prometes? ¿Me prometes que no le haréis daño?
—Te doy mi palabra.
Harry se odió profundamente por mentir de esa manera, por darle falsas esperanzas a una mujer que, seguramente, no volvería a ver a su marido nunca más. Pero fueron esas palabras las que lograron convencerla de que lo mejor era que se escabullera por la puerta de atrás y saliera corriendo por el jardín.
Después de verla abandonar la casa, Harry volvió sobre sus pasos para encarar la situación en el salón.
—Ni rastro de la mujer —anunció con voz átona.
El hombre ya estaba atado y amordazado a su llegada, pero nada de eso le impidió mostrarse visiblemente aliviado al escuchar lo que acababa de decir. Pete, por el contrario, se enfureció rápidamente. Se dirigió a la ventana a la vez que entrecerraba los ojos para ver mejor en la oscuridad. No tardó en deslizar el cristal a un lado y lanzar un hechizo que pareció dar de lleno a algo entre la maleza. Luego, movió de nuevo su varita e hizo que el cuerpo malherido de la mujer levitara hasta la casa y entrara por la ventana.
—Estás perdiendo práctica, primito. Casi se te escapa una simple e insignificante muggle —dijo con desdén.
Harry no pudo hacer otra cosa que poner a la nueva rehén en una silla y maniatarla mientras lloraba y lo miraba con súplica en los ojos. Una herida profunda en su hombro manchaba de sangre la camiseta y parte de su cuello. Tal vez se hubieran mostrado sorprendidos por el hecho de que pudieran hacer magia, solo tal vez, si no hubieran estado tan atemorizados.
Pero su pesadilla estaba a punto de comenzar.
Ni el mismísimo Harry podía imaginar hasta qué punto de sanguinaria se volvería aquella fatídica noche.
. . . . .
El colchón rechinó un poco cuando se dejó caer sobre él. Era de madrugada, todo estaba oscuro y en silencio… cosa que solo acentuó perfectas réplicas de los gritos y lamentos que seguía escuchando en su cabeza. Gritos y lamentos de dos inocentes a los que no pudo salvar de una muerte lenta y dolorosa, siendo él mismo el verdugo de ambos.
Sentía la sangre de sus víctimas secándose lentamente por todo su rostro, dejando una horrible sensación de aspereza y agrietamiento que casaba con cómo se sentía por dentro. Seco. A punto de romperse.
Su vista empezó a nublarse poco a poco, siendo vagamente consciente de los efectos de la poción multijugos abandonando su organismo y devolviéndole su cuerpo. Aun así, no podía moverse para alcanzar la petaca de la que llevaba bebiendo todos esos días. Simplemente dejó que Liam desapareciera, como si realmente esperara olvidar todo lo que había hecho cuando tenía un aspecto diferente.
No funcionó.
Y quiso llorar, pero no pudo. Tampoco lo merecía, el desahogo. La desolación que sentía era tan inmensa que ni siquiera se molestó en esconderse cuando sintió la puerta de su habitación abrirse. Solo esperaba que fuera rápido. Un corte limpio en la garganta, un ataque directo al corazón o un Avada Kedavra.
Solo quería morir. Dejar de ser el motivo de que tantos inocentes pagaran con sus vidas por seguir él con la suya. ¿De verdad era él más valioso que el resto? Llegados a ese punto, no podía hacer otra cosa que dudarlo.
Así que esperó la llegada de la muerte con los ojos fijos en el suelo, casi sin expresión.
Oyó unos cuantos pasos, luego silencio.
Más pasos. Más silencio.
Y en un momento dado, alguien se sentó a su lado en la cama, enlazó el brazo con el suyo y apoyó la cabeza en su hombro.
No supo distinguir si lo que sintió en ese momento fue sorpresa o decepción. Tal vez un poco de ambas cosas. Sorpresa por aquel gesto inesperado. Decepción porque, al parecer, esa noche tampoco iba a morir.
Pero a pesar del exorbitante dolor que se aferraba a su pecho, Harry pudo ser realmente consciente de dos cosas:
La primera era que, de alguna manera, Pansy Parkinson había abandonado su carácter firme y autoritario y ahora se encontraba junto a él en lo que se sentía un momento extrañamente íntimo. No había dicho ni una palabra, pero podía notar cómo compartía su dolor.
¿La segunda? La segunda era que, con su llegada, había inundado la habitación con ese aroma que hacía que su corazón diera un vuelco en su pecho sin previo aviso.
Inhaló de nuevo, ignorando entonces que ciertos recuerdos se agolparían en su mente como si hubieran estado deseando salir todo ese tiempo.
Giró la cabeza lentamente para mirarla, su cabeza todavía apoyada en su hombro. ¿Podía ser que ella…? ¿Era eso posible?
¿Me dejas un lindo review? :P
(Y a Mad otro)
Cristy.
