NA: Hola, hola. Mad y yo con una nueva entrega. De nuevo no importa el orden en el que se lean los capítulos, ¡solo no dejen de leer ambas partes! ¡Todo se entrelaza al final! :3


Capítulo 5: Resiliencia y encuentros.


Harry no había hablado mucho con Pansy desde aquella fatídica noche, pero algo era claro; la inesperada proximidad en la oscuridad que se había atrevido a tomar con él había dejado mella en ambos. Y es que el altruista gesto de la chica se había sentido extrañamente bien en aquel momento, no era algo que pudiera negar, pero tampoco podía obviar esa pequeña y contundente sensación, ese regusto más agrio que dulce, que gritaba que no debió haberse producido nunca. Al menos no hasta que recuperara la memoria y pudiera entender qué motivaba sus acciones.

Ambos tenían controlada la poción que permanecía en la casa de los elfos, ahora de nuevo deshabitada, y que le ayudaría a recuperar sus tan ansiados y necesarios recuerdos. Esta burbujeaba y cambiaba de color cada vez que la removían o añadían más ingredientes, por lo que suponían que estaría lista pronto. Hasta entonces, Harry sabía que tendría que vivir con aquellos vagos flashes que su perfume había traído consigo y que, evocándolo a situaciones que no recordaba haber vivido, tan solo aumentaban su frustración. Por su parte, ella seguía evitándolo y él no tenía ganas de interceptarla en contra de su voluntad.

Lo que sí tenía era muchas preguntas, demasiadas, pero comprendía lo irresponsable que sería hacerlas en voz alta cuando aún tenía otros asuntos que resolver consigo mismo. Porque era trágicamente irónico que él, siendo el supuesto héroe de aquella absurda guerra y el incansable defensor de la paz en esos tiempos oscuros, hubiera tenido que verse en la tesitura de sacrificar con sus propias manos a dos completos inocentes para salvar la vida. Seguía escuchando los gritos en su cabeza y visualizando con asombrosa claridad la sangre derramada… en ocasiones, llegaba incluso a sentirla resbalar por su cuerpo. Era una sensación tan vívida que se estremecía hasta el punto de tener que obligarse a recuperar el control de su propia respiración.

Hiperventilaba. Y lo hacía a menudo.

Pero a pesar del sufrimiento que le causaba haber sido el verdugo de aquellas personas, había descubierto algo importante. Tenía la capacidad para recuperarse de las adversidades, podía sentir todo ese dolor sin romperse, sin desmoronarse. Y eso era impresionante. Porque seguía vivo, porque todavía le quedaban fuerzas para luchar. Aunque ahora tuviera la sensación de ser una persona diferente. Aunque ahora hubiera un hueco en lo más profundo de su alma. Nada de eso le impedía seguir respirando.

Resiliencia. Estoicismo. Fortaleza.

Y a pesar de que había deseado haber tenido la entereza suficiente como para mantenerse firme a sus principios y negarse a cometer tal atrocidad, a pesar de que había ansiado poder descubrirse en el momento justo para evitar la tragedia, aunque eso hubiese supuesto su propia muerte… en un instante de lucidez posterior al asesinato había entendido qué era lo que lo había mantenido entero y medianamente sereno durante el ataque: Rendirse solo implicaría dejar que las fuerzas oscuras siguieran doblegando a todos con su reino de miedo y sangre. Y él no podía permitir que todas aquellas muertes hubieran sido en vano, ni si quiera las que él mismo había perpetrado.

Con un suspiro se dispuso a bajar las escaleras hasta la planta principal, dirigiéndose entonces al salón en el que acostumbraban a desayunar. Le dio un nuevo sorbo a la poción multijugos de su petaca, solo por si acaso. La personalidad fría y distante que Liam había mostrado durante toda su vida le había dado la excusa perfecta para evitar estar presente durante las comidas familiares, por lo que no era costumbre encontrar a nadie allí cuando traspasaba la puerta… aunque aquel día sería diferente.

—Buenos días, campeón —lo saludó el patriarca al verlo entrar mientras fumaba un puro sentado en un sillón.

El chico asintió, logrando reprimir un estremecimiento en el último momento. Por si no fuera ya suficientemente malo el tener que fingir ser alguien que definitivamente había carecido de humanidad durante toda su vida, peor era tener que recibir los macabros cumplidos de un hombre que le daba escalofríos. Pero para su desgracia, el padre de Pansy parecía tener cierta debilidad por su "sobrino", lo cual ahora él tenía que sufrir en sus carnes. Al parecer, y según la lógica de ese señor, el orgullo se medía según lo sanguinario y cruel que pudieras llegar a ser para con los demás. Y eso le repugnaba hasta límites que no eran explicables.

—Tío —respondió, sentándose a la mesa y sirviéndose de uno de los platos que aparecieron frente a él mientras miraba de reojo al hombre. Su aparente tranquilidad le ponía el vello de punta. Por lo general solía encerrarse en su despacho toda la mañana para escribir discursos políticos y trazar planes de captura que le acercaran un poco más a la simpatía de Voldemort. ¿Qué tendría aquel día de especial para que Patrick hubiera renunciado a su rutina diaria? No quería hacerlo, pero decidió que más le valía estar enterado de lo que estaba pasando para no ir a ciegas entre las serpientes—. ¿Una mañana tranquila, tío?

Parkinson pareció ligeramente sorprendido de su predisposición a entablar una conversación. Dio unos golpecitos al puro y las cenizas cayeron al suelo, apareciéndose inmediatamente un elfo doméstico para recogerlas. El mismo elfo se acercó luego a la mesa para servirle zumo de granada en el vaso.

—Me tomé el día libre, hijo. Ya sabes, los eventos en sociedad suelen ser agotadores. Gracias a Salazar que no hay muchos últimamente, no soportaría a mi mujer si así fuera.

Harry dibujó una media sonrisa en sus labios mientras ponía todo su empeño en que no se notara nerviosa. Luego carraspeó.

—¿Evento en sociedad?

—Sí, la fiesta de compromiso de la chica Greengrass. —La mención de aquel apellido había hecho que se tensara lo suficiente como para llamar la atención del hombre, quien arqueó una ceja en respuesta—. ¿Ocurre algo?

Harry tomó la copa y le dio un largo trago al zumo mientras trataba de recuperar la compostura. Después, hizo su mejor esfuerzo por sonar natural y distante a la vez.

—Claro que no, tío. Es solo que lo había olvidado por completo y estaba pensando en que no he preparado ningún atuendo acorde a la celebración. —El hombre no pareció muy convencido, por lo que se apresuró a añadir—: He tenido la cabeza en… otros asuntos más importantes para el régimen.

Patrick relajó la expresión, por lo que Harry entendió que daba por buena su contestación.

—Ya veo, muchacho. Haces lo que debes. Estos estúpidos eventos solo sirven para distraernos de nuestras obligaciones y objetivos —confesó, negando con la cabeza—. No te preocupes por la vestimenta, tu tía no permitiría que sus hijos y sobrino asistieran a un evento de tal magnitud vestidos de cualquier manera. Ya la conoces. Tenéis cita en el sastre en media hora.

Harry terminó la comida que había en su plato, bebió hasta la última gota del zumo y subió rápidamente las escaleras en busca de Pansy. Ahora tenía algunas preguntas más que antes, pero estas sí necesitaban ser respondidas urgentemente.

La encontró arreglando su cabello frente al tocador de su habitación. La puerta estaba abierta, así que entró sin llamar y la cerró tras él. Pansy lo vio a través del cristal y siguió peinándose el pelo durante unos segundos más antes de girarse. Harry habló primero.

—No me has contado lo del evento de hoy —le recriminó, luego agregó entre dientes y en un tono de voz más bajo—: Tu padre casi me descubre esta mañana.

—Iba a hacerlo la noche en la que te encontré devastado por el asesinato de esos muggles —dijo, su voz llena de implicaciones.

—Espera, ¿estás insinuando que soy el culpable de que no me contaras lo de la fiesta porque estaba devastado?

—Insinuar no es la palabra.

Harry la miró fijamente a los ojos, incrédulo por su desmesurada apatía. Parecía como si recordar ese momento produjera una profunda amargura en su interior, algo que le carcomía por dentro como veneno en las entrañas. El chico cuadró los hombros y trató de verse digno a pesar de su indolencia.

—No trates de culparme de tu debilidad —espetó, ganando con sus palabras que la chica hiciera una mueca que enseñaba sus blanquísimos y alineados dientes.

—Explícate —entonó la palabra de manera que sonó a una clara amenaza.

—Lo que debías hacer era fácil: venir, decir unas palabras y largarte. Fuiste tú quien decidió acercarse y abrazarme.

Algo pareció agitarse nuevamente en el interior de la chica, pero consiguió controlarlo en lo que duró un parpadeo.

—¿No estáis los Gryffindors familiarizados con eso? ¿Los abrazos? —dijo de forma cortante—. Que un gesto de amabilidad repentina no te haga pensar que siento algún tipo de debilidad por ti, Potter.

Se acercó nuevamente a su tocador y tomó el recipiente de un perfume con la intención de pulverizar un poco sobre su cuello, pero Harry habló antes de que pudiera hacerlo.

—No lo pienso, lo sé. Todavía hay lagunas demasiado profundas en mi memoria, pero créeme, lo sé.

Pansy empezó a mirarlo con ojos fieros.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Ese perfume… —respondió, haciendo un gesto con la cabeza hacia el recipiente que seguía teniendo en la mano—. Me hace recordar cosas. Me retrotrae a situaciones que, aunque están borrosas, sé que viví. Y tanto Daphne como tú desprenden ese aroma. No puede ser casualidad.

Pansy arrugó la nariz y miró el bote casi con un deje asqueado.

—Es bueno saberlo. —Luego se dirigió a la ventana, la abrió y lanzó el perfume fuera con todas sus fuerzas. Harry no atinaba a encontrar las razones por las que aquella chica se había vuelto tan agresiva de repente. Sabía que su expresión frustrada al girarse hacia él era una clara invitación a despacharlo de su habitación, pero su comportamiento resultaba tan endemoniadamente revelador que había despertado en Harry una curiosidad por ella que nunca antes había tenido. Al menos que él supiera.

Y tan pronto como pensó en ello, las palabras salieron de sus labios en un arrebato de lucidez.

—Tú sabes algo que yo no, ¿verdad? Pasó algo, en algún momento que no recuerdo, entre Daphne, tú y yo. —La expresión de Pansy se volvió dubitativa por un segundo, pero su silencio otorgó lo suficiente—. Estamos esperando días y días enteros a que esa endemoniada poción termine de hacerse, ¿no crees que sería infinitamente más fácil para mí recuperar la memoria si fueras sincera conmigo? Sea lo que fuera que ocurriera.

—No —lo cortó antes de que pudiera terminar de hablar—. Tu mente está demasiado débil todavía.

Harry estuvo a punto de quejarse, pero Pete entró en la habitación en ese momento. Al parecer, no había esperado encontrarse a su primo allí, por lo que se quedó viendo a ambos con una mirada inquisitiva mientras decía:

—Se nos requiere abajo. Llegaremos tarde al sastre, y ya sabéis cómo es madre con las puntualidades.


La familia entera se apareció en la calle principal de Hogsmeade, justo frente a la puerta del establecimiento del sastre más prestigioso entre la comunidad mágica. Todos se dispusieron a entrar, pero Harry hizo por quedarse el último mientras observaba con pena mal contenida cómo la avenida de aquel pueblo que solía estar abarrotada de gente ahora parecía muerta. A lo lejos, solo un par de adolescentes de alta cuna realizando algunas compras en los pocos comercios que quedaban.

Fue inevitable recordar los buenos momentos vividos en esas calles, paseando con sus amigos sin un destino fijo o caminando hacia Las Tres Escobas para tomar unas cervezas de mantequilla después de los exámenes. Quiso sonreír al retrotraerse a instantes plenamente felices para él, pero Pansy tiró de la manga de su camisa y lo trajo de nuevo al presente. Un presente en el que su mejor amigo estaba muerto y Hermione vagaba perdida en su sed de venganza. Un presente distópico que solo hizo que la dura realidad de la actualidad abofeteara su cara y provocara que quisiera desenfundar su varita contra todos los malnacidos que habían contribuido, de una u otra forma, a que el germen del terror se instaurara en la sociedad para beneficio de unos cuantos… Y tal vez lo hubiera hecho de no haber sido porque ella intuyó sus intenciones y le dedicó una mirada de advertencia justo a tiempo.

Harry no supo cómo ni por qué, pero los orbes de Pansy habían conseguido calmar su arrebato suicida en lo que duró un parpadeo. Tiró nuevamente de la manga de su camisa y ambos entraron en el establecimiento. En el mostrador, la matriarca Parkinson daba instrucciones muy precisas sobre qué tipo de tela debían usar para hacer los trajes de toda la familia, en especial los de sus hijos y sobrino. La mujer hacía hincapié a cada momento en que no se escatimara en calidades, y lo repetía de tal forma que hasta Harry podía sentir la intimidación y la presión a la que sometía sin miramientos a la chica del mostrador.

Miró a Pansy en busca de respuestas y esta, aparentemente aburrida de la situación, le dijo por lo bajo:

—Siempre ha tenido una competencia muy sutil con la madre de Daphne en lo que etiqueta y abolengo se refiere. Su mayor obsesión es ver a su familia presentable en todo momento, sobre todo sus hijos. Llega a ser bastante insoportable a veces.

Harry se preguntó si la excelencia en la rectitud del corte de su cabello también era debido a la obsesión de su madre por la perfección, pero prefirió dejarlo estar.

La recepcionista llevó a los padres a una sala y a los chicos a otra, donde su distinguido apellido hizo que no tardara en aparecer el sastre y hacer pasar a Pansy al probador con un educado "las damas primero".

Harry y Pete se sentaron en el sofá de piel beige que había cerca, quedando solos y siendo el tictac de un majestuoso reloj de pie el único sonido que pudo escucharse en la estancia hasta que el hermano de la chica decidió romper el silencio.

—Querido primo —empezó a decir, su voz almibarada con un deje de amenaza implícita en ella—. No sé qué hacías con Pansy antes, y créeme, no quiero apresurarme a conjeturar algo y asumir el riesgo a equivocarme… pero debo mencionarlo porque me resultó extraño que estuvierais solos en su habitación. —Hizo una pausa en la que se miró las uñas con aburrimiento. Harry hizo su mejor esfuerzo por no hacer evidente la forma en la que su cuerpo se había tensado de repente, así que se limitó a verlo suspirar pesadamente antes de continuar—: Es por eso que necesito que entiendas mi necesidad de recordarte… ya sabes, la charla que tuvimos hace unos años.

Después de aquellas palabras Harry no pudo evitar preguntarse una cosa: ¿Cómo pudo haber sido Liam para que Pete, alguien tan sádico y falto de empatía, se viera en la obligación de proteger a su hermana de él? Sintió repugnancia al pensar que, además de estar suplantando la identidad de un asesino, seguramente también tuviera el aspecto de un abusador a los ojos de Pansy.

—Entiendo que la situación te motivara a pensar ciertas cosas, pero no tienes de qué preocuparte, tan solo hablábamos de la fiesta —se limitó a decir, levantándose del asiento y añadiendo—: Si me disculpas, necesito ir al baño.

Harry lo encontró fácilmente y cerró la puerta tras él para aliviar las necesidades fisiológicas provocadas por el zumo de granada de la mañana. Luego, mientras se lavaba las manos, cometió el pequeño error de mirar su reflejo en el espejo. Aquel rostro afilado le devolvía la mirada con ojos sañudos, como si el mismísimo Liam Parkinson realmente lo estuviera enfrentando a través del cristal, como si quisiera vengar el hecho de que alguien como él se hubiera atrevido a suplantar su identidad.

Sabía que era imposible. Estaba muerto.

¿Pero de qué barbaries habría sido capaz? ¿Cuántas víctimas habrían tenido la mala fortuna de mirar a los ojos a aquel asesino mientras sentían la vida escapársele poco a poco?

¿Y Pansy? ¿Qué le habría hecho a ella?

Ese último pensamiento hizo que quisiera golpear aquel rostro con vehemencia hasta desfigurarlo. Un gruñido rasgó su garganta inesperadamente. ¿Cuándo había empezado a clavarse las uñas en las palmas de sus manos? Era extraño pensar que pudiera llegar a sentir ese grado de cólera por el simple hecho de imaginar a Pansy Parkinson siendo denigrada de alguna forma. ¿Estaba experimentando algún tipo de simpatía por ella? ¿Qué otro motivo podía llegar a hacerlo reaccionar así? ¿Por qué su cuerpo parecía ir a distinto ritmo que su mente? Por más que intentaba razonar la situación no encontraba una explicación lógica al repentino acaloramiento que experimentaba.

Abrió el grifo y se echó un poco de agua fría por la nuca. Luego, sacó de nuevo la petaca y dio algunos sorbos antes de volver a la sala.

Estaba vacía.

Miró a su alrededor en busca de Pete. Incluso con la ayuda de la magia era poco probable que ya hubieran terminado el vestido de Pansy, teniendo en cuenta además las altas exigencias y las agudas amenazas de su madre. Y solo había un sastre para todos.

Se encontró caminando sigilosamente por el pasillo por el que se habían llevado a la chica, pero no era él quien se movía. Sus piernas se impulsaban ahora por su instinto curioso e indagador, el mismo instinto que siempre lo había llevado de cabeza a los problemas que más de una vez casi lo matan en Hogwarts.

Pronto encontró una puerta entreabierta y, al asomarse, pudo ver la espalda desnuda que un entallado vestido rojo dejaba al descubierto en el cuerpo de una chica menuda. Supo que era Pansy porque no tardó en toparse con sus ojos a través del cristal del espejo que había frente a ella. Sin embargo, su expresión impertérrita no cuadraba con el hecho de haber descubierto a un mirón al otro lado de la puerta. Un movimiento en el interior de la habitación llamó su atención, descubriendo entonces a Pete a un costado de la muchacha.

Harry frunció el ceño al comprobar cómo empezaba a acariciar la piel de su espalda con las yemas de sus dedos. Acto seguido, Pete suspiró profundamente y dijo en voz baja:

—Qué vestido más atrevido. ¿Crees que es prudente opacar así a tu mejor amiga en el día de su fiesta de compromiso? —Pete comenzó a hacer círculos en sus omoplatos y Harry sintió un retortijón al presenciar aquel gesto lleno de repugnantes intenciones—. Además, tú sabes lo que me pasa con el rojo…

—Pierdes el control —prosiguió ella, su voz neutra.

—Exacto.

Harry alcanzó a ver cómo su hermano le decía algo más al oído antes de morder con fuerza el lóbulo de su oreja. Pansy hizo una leve mueca de dolor, pero no apartó la mirada de Harry a través del espejo ni un segundo. Sus ojos ahora tenían un tinte apesadumbrado, cansado, y el Gryffindor a duras penas podía disimular el asombro que le provocaba descubrir que, lo que había motivado a Pete a amenazarlo antes no había sido el hecho de proteger a su hermana de Liam, sino asegurarse que nadie más tocaba lo que consideraba suyo. Por muy repugnante que pareciera.

Harry empezó a sopesar sus probabilidades de salir con vida de allí si lanzaba un Avada Kedavra a Pete antes de que este pudiera reaccionar, pero unos pasos por el corredor le hicieron cambiar de plan y esconderse en la habitación contigua al probador. Aguzó el oído cuando el sastre movió algo en el aire, seguramente una cajita de alfileres, y regresó a donde se encontraban los hermanos.

—Disculpa la demora, señorita Parkinson, no encontraba…

Silencio.

Después, pudo oír a Pete reírse por lo bajo de manera un tanto macabra.

—Me comentaba mi hermana que le gustaría un vestido un poco más… recatado.

Más silencio.

—Sí. —La escuchó hablar finalmente—. Este vestido claramente desentonaría con el evento.


Después de una larga mañana dejando que el sastre tomara cientos de medidas, hiciera apuntes en sus notas y se ayudara de la magia para confeccionar los trajes que llevarían aquel día, por fin regresaron a la mansión.

La comida ya estaba lista y servida en la mesa, así que la familia al completo se dispuso a almorzar. Aparentemente no contento con la respuesta que "su primo" le había dado en la sastrería, y con una mirada de soslayo a ambos lados, Pete se sentó entre ellos adrede.

La madre de los chicos se estaba sirviendo un poco de asado cuando su marido puso una mano en su brazo para interrumpirla.

—Ya, querida, ya. No me he gastado una fortuna en trajes para que te hinches a comer horas antes del inicio de la fiesta. ¿Acaso olvidas que tu única obligación aquí es la de verte presentable y digna de estar a mi lado durante un evento en sociedad?

Pansy chirrió los dientes y Pete mostró su lado más bajo riéndose del abuso emocional hacia su propia madre, quien había optado por no enfrentarse a su marido y fijar los ojos en su plato como si nada hubiera pasado.

Acto seguido, y con claras intenciones de molestar a su hermana, Pete comentó:

—¡Ah, cuántas molestias para asistir al anuncio de compromiso de esa santurrona de Daphne y su moralismo barato! ¿La habéis visto? No podría complacer a Draco ni aunque su vida dependiera de ello —se burló.

—Lo único que yo veo ahora mismo es a un patán demasiado despechado como para superar que ella no te hiciera caso en su momento.

Pansy retiró la mano justo a tiempo para que la hoja del cuchillo se clavara en la mesa y no en sus dedos. Sin embargo, lejos de agitarse o sorprenderse por la agresiva reacción de su hermano, Pansy le hizo una mueca e ignoró por completo la rabia que destilaban sus ojos contra ella.

—Pansy, no llames patán a tu hermano. Pete, no agredas a tu hermana con un cuchillo. —El tono de voz del padre reflejaba un aburrimiento que no se ajustaba a lo usual ante el terrible comportamiento de sus hijos.

Harry optó por permanecer en silencio y retirarse tan pronto como hubo terminado la comida de su plato.

El perturbador hallazgo de lo que parecía ser algún tipo de abuso inapropiado de Pete hacia su hermana hizo que el chico quisiera interrogar a Pansy al respecto, pero sabía que debía encontrar el momento adecuado para hacerlo, sobre todo después de la fraternal amenaza ocurrida hacía tan solo unas horas.

Sin embargo, aunque no tenía la intención de volver a ver a Pansy hasta la fiesta, fue ella misma la que lo abordó sorpresivamente mientras se dirigía a su habitación.

—Hay que ir a añadir estos ingredientes a la poción —le informó—, y yo ya estoy asumiendo demasiados riesgos por ti desde que estás cerca. Ve tú.

Parecía justo.

El suave roce de los dedos de la chica al depositar aquel botecito en su palma lo hizo estremecer involuntariamente. Ella lo miró a los ojos un segundo antes de darse la vuelta y perderse entre las sombras de la oscura mansión.

Harry tomó aire y se dirigió a la puerta trasera, saliendo por ella una vez que comprobó que no había nadie mirando. En el trayecto hacia la antigua casa de los elfos, un aroma conocido embriagó sus sentidos hasta el punto de hacerlo detenerse por completo. Vio los trozos de cristal esparcidos por el césped y, a continuación, un montón de flashes empezaron a agolparse en su cabeza de repente. Una chica atravesada sobre él, una ardiente mejilla contra su pecho desnudo. El dibujo de una caricia mientras él pasa los dedos dulcemente por su cabello. Un susurro desde sus propios labios que emiten un sentido: "te quiero", y la imagen de su acompañante que levanta la cabeza para sonreírle. Daphne.

Un torbellino de recuerdos lo golpeó con fuerza, llevándolo a una habitación oscura mientras daba paso a otro. Las sábanas de seda parecían las mismas que en la visión anterior, pero esta vez no podía ver a la chica que se deslizaba dentro de la cama y le daba un débil beso. Harry se recordó besando su cuello e inspirando el perfume que emanaba de este para comprobar que…

Acto seguido, todo se volvió borroso de nuevo. Un dolor puntiagudo en las sienes hizo que requiriera de toda su fuerza para ahogar el alarido que amenazaba con escapar directamente de sus entrañas.

Tambaleándose ligeramente, logró llegar a la casa y cumplir con lo que Pansy le había encomendado. Luego, volvió rápidamente a la mansión y se encerró en la habitación de Liam para darse una ducha que fue larga y fría. Necesitaba procesar todo lo que acababa de ver en su cabeza y encontrarle una explicación antes de volverse loco. ¿Era realmente Daphne la chica a la que buscaba con desesperación antes de perder la memoria? ¿Por qué? El recuerdo con ella en la cama enervó su sangre hasta el punto de golpear la pared. ¿En qué momento había decidido involucrarse románticamente con una chica Slytherin? ¡Eso no tenía ningún sentido! ¿Y qué había pasado con ellos para que terminaran distanciándose? ¿Era ese el motivo por el que ni ella ni Pansy habían querido hablarle de su pasado? Tantas incógnitas le provocaban un dolor de cabeza intenso, pero se encontraba lo suficientemente lúcido como para saber algo con certeza: después de la inesperada revelación de su mente, estaba más que decidido a encontrar respuestas de una vez por todas.


La puntualidad de la señora Parkinson hizo que fueran los primeros en presentarse en la mansión Greengrass, siendo atendidos por unos elfos domésticos y llevados al interior de la casa. La gran cúpula de cristal sobre sus cabezas lo dejó maravillado por un momento, antes de recordarse que aquello no era nada para los derroches y el estilo de vida que seguían la élite de la sociedad mágica. Harry se ajustó entonces la corbata para disimular su asombro, viendo por el rabillo del ojo cómo Pansy se bajaba unos centímetros la falda de su vestido tras verse siendo objeto de miradas indiscretas por parte de su hermano. Finalmente había desechado el vestido rojo y optado por uno negro que igualmente se ajustaba a su cuerpo, pero de una manera menos evidente. Los enormes pendientes de esmeraldas que lucía disimulaban casi por completo el morado que había salido en su lóbulo tras la mordida de Pete en la sastrería.

Al Gryffindor no le dio tiempo a sentir toda la repugnancia que su cuerpo empezaba a segregar ante aquella situación porque los padres de las chicas Slytherin aparecieron en ese momento en el gran hall de la mansión, derritiéndose en falsos halagos con sus invitados y ofrendas de bebidas de las cuales, entre las múltiples opciones que mencionaron, no había una que no sonara innecesariamente cara, lo cual se sentía casi un insulto para los tiempos que corrían y las precariedades que estaba pasando gran parte de la sociedad mágica. Harry dijo una al azar e inmediatamente tuvo delante una copa de cristal fino con un líquido burbujeante en su interior. Forzó una sonrisa mientras la tomaba y daba un sorbo, tratando de no salirse del papel de perfecto integrante de la familia Parkinson.

En un momento en el que los padres hablaban y las madres callaron, Harry se percató de la mirada de la futura suegra de Malfoy a Pansy. La escudriñaba de arriba abajo con ojos ligeramente entrecerrados, como intentando encontrar algún defecto en su vestimenta o su peinado que claramente no existía. Paige Parkinson se había encargado de intimidar a media sastrería para dejar patente la importancia de que sus hijos se vieran impecables aquel día. La influencia y poder de la familia había ayudado a que sus amenazas surtieran efecto, haciendo que ahora la señora Greengrass rabiara por dentro de una manera exquisitamente disimulada. Él no pudo hacer lo mismo cuando fue testigo del momento en el que los orbes de Pansy se clavaron en la mujer y las chispas saltaron en ambas direcciones. El choque de miradas era tan evidente que no podía creer que nadie se estuviera dando cuenta aparte de él.

La bruja adulta parecía profesarle a la chica un sentimiento tan grande que su sola presencia le hacía apretar los labios y tensar la mandíbula… ¿Era rencor? ¿Inquina? Lo cierto era que daba la sensación de estar juzgándola, y no precisamente porque su vestido tuviera un hilo suelto o su peinado alguna imperfección. Parecía algo más profundo, algo más… personal.

La reacción de Pansy ante el escrutinio dejaba constancia de que era conocedora de su animadversión, aunque lejos de sentirse intimidada, aparentaba cierta actitud desafiante contra su anfitriona.

Los patriarcas se rieron de algo en ese momento y el padre de Daphne concluyó:

—Seguidme por favor, el evento se llevará a cabo en el jardín.

La mujer se recuperó al instante del desencuentro visual con la amiga de su hija y, con claras intenciones, añadió:

—Sí, hemos dispuesto un sendero iluminado con velas flotantes que rodea la mansión hacia allí, pero no esperábamos a nadie tan temprano.

Harry creyó ver a Paige Parkinson poner los ojos en blanco, pero fue un movimiento tan veloz que terminó en menos de lo que dura un parpadeo.

La familia al completo siguió al hombre hasta un lugar que se sintió extrañamente cálido para haber sido dispuesto exclusivamente para el disfrute de asesinos y cómplices de barbaries.

Varias guirnaldas y una impresionante lámpara de lágrimas flotaban en el aire, aunque todavía no estaba lo suficientemente oscuro como para que pudiera notarse la luz que desprendían. Los troncos de los árboles que rodeaban el jardín estaban vestidos con tiras de tela blanca y las copas de los mismos con pequeñas lucecitas que le daban al entorno un toque casi romántico. Casi. Tal vez lo hubiera sido de no ser objeto de festejo el compromiso concertado de dos personas que seguramente ni siquiera se toleraban, siendo uno de ellos, además, un fiel y activo seguidor de Voldemort en sus filas.

Harry trató de distraerse para que la rabia no delatara que no era quien decía ser, y para ello se concentró en las líneas y cornisas de la majestuosa fachada de la mansión. Tal era su ímpetu en la tarea que no tardó en divisar la delicada figura de una chica al otro lado de una de las ventanas del primer piso. Un arrebato de adrenalina recorrió su cuerpo de manera totalmente repentina e inesperada. Echó un vistazo a su alrededor y, notando que alguien había dado la orden de que una docena de camareros saliera fuera con bandejas de comida para deleitar a sus más que puntuales invitados, aprovechó para escabullirse sin llamar la atención. No estaba siendo precavido al actuar según sus impulsos y al no pararse a pensar en las consecuencias, de hecho, todo lo contrario. Lo sabía bien, era consciente de ello y no, no era que había dejado de importarle su integridad física de la noche a la mañana, era que sentía que ya no podía vivir con tantas incógnitas sobre sí mismo y sobre las decisiones que juraría que jamás habría tomado estando en su sano juicio.

Habiendo memorizado el lugar aproximado donde se encontraba la ventana en cuestión, subió la gran escalinata y contó las habitaciones que iba pasando hasta considerar haber llegado a su destino. Dado que la puerta estaba entreabierta, Harry pudo echar un breve vistazo al interior para comprobar que no había nadie más que ella allí dentro. Ella, sentada en la cama, con la cabeza girada hacia la pared y ligeramente encorvada. Un rayo de luz se colaba por entre las cortinas y la iluminaba de una manera casi etérea, el esplendor de su cabello cegándolo por un momento.

El chico se encontró pasando al interior del cuarto mientras buscaba en su cabeza las palabras adecuadas para llamar suavemente su atención, pero la creciente intensidad de su respiración lo delató antes de que pudiera encontrarlas.

Daphne saltó de la cama y se puso rígida al recordar quién había detrás de aquel rostro conocido.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó, echando rápidas ojeadas al otro lado de la puerta con nerviosismo—. ¡Nadie puede verme hasta el momento de anunciar…!

—¿Tu matrimonio concertado? —la interrumpió.

Por la manera en la que contuvo el aliento supo que Daphne no había esperado el tono acusador de su voz.

—Así es el mundo ahora. —Trató de excusarse—. ¿De qué te sorprendes? Lo sabes igual que yo.

—No puedes casarte con Malfoy.

La contundencia con la que pronunció aquellas palabras claramente enojó a la chica al instante.

—¿Crees que yo quiero esto? ¿Que estoy deseando que alguien como él me despose y me lleve de luna de miel? ¡¿Es que me crees tan estúpida?! ¡Simplemente no tengo elección! —exclamó, dándose cuenta de su insensatez y bajando la voz de manera drástica para añadir—: Además, ¿qué te importa? Draco va a ser mi problema, no el tuyo.

—También será el mío si descubro que te lastima. —Las palabras salieron de su boca sin planearlas.

—¿Qué?

Harry desvió la mirada hacia la colorida colcha verde esmeralda. ¿Cómo explicarle lo que había visto en su visión? ¿Cómo decirle que se había visto con ella sobre esa cama? ¿Tal vez había hablado demasiado?

Sí que lo había hecho, y lo peor de todo era que no tenía ni idea de cómo mencionarlo.

Movido por la tensión del silencio, Harry dio un paso en su dirección y, al contrario de lo que su subconsciente había esperado, ella no retrocedió. Su improvisada cercanía con la chica lo evocó de nuevo a la situación que había revivido pocas horas antes en el jardín de los Parkinson, pero que solo recordara la parte en la que se abrazaban en la cama le hacía sentir incómodo, como si no tuviera derecho a ver la desnudez de una chica a la que conocía vagamente. O al menos eso pensaba.

"Te quiero". Le había dicho "te quiero", eso también podía recordarlo. ¿Es que acaso no se conocía lo suficiente como para saber que jamás pronunciaría unas palabras tan fuertes sin sentirlas realmente? Había perdido la memoria, no la identidad. Y sabía que sus valores y principios eran iguales a los que tenía antes de la maldita amnesia.

Finalmente llegó a la conclusión de que no había forma suave de decir aquello, así que simplemente lo dejó salir tal y como vino.

—Sé que te quise en algún punto de mi vida, y aunque no pueda recordar en qué momento terminó surgiendo y cuándo se terminó, no voy a permitir que me niegues que tú y yo tuvimos algo importante.

Ella quiso decir algo, pero la voz murió en su garganta a la vez que unas lágrimas nacían en su mirada.

—N-no sigas por ahí —le suplicó en susurros, confirmando así la veracidad de sus visiones.

—¿Qué pasó exactamente entre nosotros, Daphne?

—No lo entenderías…

—Dímelo, aun corriendo el riesgo de que no lo comprenda, dímelo —pidió desesperado—. Necesito ponerle cara a la chica a la que buscaba antes de perder la memoria, necesito entender qué me motivaba a hacerlo… o me lo volveré loco.

Daphne vaciló un segundo, pero luego salvó la distancia que los separaba haciendo ondear el largo y poco entallado vestido que llevaba. Dudó de nuevo al acercar la mano al rostro de Liam Parkinson, pero terminó acariciando con delicadeza la mejilla del chico. Harry tragó saliva, reteniendo a tiempo un estremecimiento que amenazaba con hacerse notar ante su tacto.
Daphne lo miró a los ojos, los suyos aún húmedos.

—Es más complicado de lo que parece.

Un portazo los hizo sobresaltarse a ambos por igual.

—Insensato, imprudente, maldito —despotricó Pansy entre dientes, aunque era más que evidente que estaba haciendo un gran esfuerzo por no chillar aquellas palabras a todo pulmón—. ¿Qué te crees que estás haciendo?

La visión de los ojos llorosos de su amiga hizo que Pansy endureciera más aún sus facciones mientras lo mataba con la mirada.

—Tranquila, respira —le recordó su amiga, quien se posicionó a su lado para tratar de calmarla.

—¿Cómo quieres que me tranquilice? Hará que nos maten. ¿No lo ves? Lo está deseando.

—Yo no estoy deseando eso —trató de defenderse.

—¡Cierra el pico!

—¡Callaos los dos! —intervino Daphne, a quien claramente le estaba afectando la presión de poder ser descubierta en cualquier momento. Se dirigió entonces a Pansy—. Está empezando a recordar, y tú y yo sabemos que el hecho de que sepa algunas cosas sin contexto puede ser mucho más perjudicial a que su amnesia se vuelva permanente. Tendréis que hablar al respecto.

—¿Por qué tengo que ser yo?

—Porque yo estaré ocupada fingiendo entusiasmo con los preparativos de una boda e intentando no cortarme las venas hasta entonces. ¿Te parece motivo suficiente? —Daphne se obligó a sonar menos dura a continuación—: ¿Recuerdas tu momento más bajo? Yo estuve ahí, literalmente todo el tiempo. Estuve contigo para cuidarte, consolarte y disipar tus ideas suicidas con el amor que solo una hermana de otros padres puede dar. —Las palabras de su amiga habían hecho que Pansy se tensara tanto que Harry pudo ver latir con asombrosa claridad la vena de su cuello. Daphne hizo una breve pausa para suspirar con pesar—. Este es mi momento bajo. Te estoy pidiendo, no, te estoy suplicando que no me lo pongas más difícil. Por favor.

—También es difícil para mí —murmuró sin fuerza.

—Lo sé —dijo, volviéndose entonces hacia Harry—. Y tú… tú solo tienes que dejar de hacer estupideces. Pansy tiene razón cuando dice que nos pones en peligro a ambas.

—No quería hacerlo.

—Escucho una cosa y veo otra muy diferente. ¿Es que no eres consciente del caos que puedes conseguir con tus actos? —Harry hizo el amago de replicar, pero ella lo interrumpió antes—. Tendrás tus respuestas, pero no hoy, ni mañana. Las tendrás en el momento adecuado, Pansy sabrá cuándo dártelas. Ahora… será mejor que os vayáis.

Pansy tiró de la manga de su chaqueta y ambos estuvieron fuera de la habitación en un santiamén. Recorrieron el camino de vuelta extremando precauciones, teniendo incluso que desviarse hacia un pasillo oscuro y esconderse en lo que parecía ser un cuartillo de la limpieza para evitar ser descubiertos cuando sintieron que alguien se aproximaba. Harry empezó a ser vagamente consciente de tenerla prácticamente encima cuando, con una profunda respiración por su parte, sintió sus senos presionados contra su pecho. Apenas podía pensar con claridad en ese momento. Lo único que sabía era que la oscuridad lo tenía petrificado, temeroso de hacer algún movimiento que Pansy pudiera considerar inapropiado o malintencionado. Se preguntó entonces por qué diablos pensaba en no molestar a la chica en lugar de estar trazando un plan mental por si hiciera falta aturdir a alguien y salir corriendo. Sin embargo, y a pesar de sus temores, Pansy no parecía demasiado molesta con él… o al menos no por el motivo que pensaba.

Una vez que el peligro hubo pasado, la chica conjuró un Lumos y agarró el cuello de su camisa con la mano libre.

—Escúchame bien, Potter. Ya me he cansado de ser amable contigo y comprensiva con tu situación. Eso se ha acabado. La próxima vez que nos pongas en peligro te juro que habrá consecuencias —lo amenazó—. Y como vuelvas a hacer llorar a mi amiga, ya sea en un futuro cercano o dentro de treinta años… te garantizo que no vas a tener mundo, mágico o muggle, en el que puedas esconderte para huir de mí.

El humor tan cambiante de la chica hacia él había hecho que Harry se sintiera confuso con respecto a su relación. ¿Habían sido amigos alguna vez? ¿Habían estado involucrados románticamente o siempre se habían odiado mutuamente?

¡Diablos, qué fácil sería si solo pudieran decirle la verdad!

No sin cierta frustración, agarró su muñeca y tiró de ella hasta que consiguió deshacerse de su agarre.

—¿Qué harías tú en mi situación?

—¿Me estás preguntando qué haría yo si fuera el hombre más buscado por Voldemort y los Mortífagos? ¿Si mi cabeza tuviera un precio tan elevado que ni siquiera pudiera imaginar la cuantía? ¿En serio quieres saber lo que haría? ¡Pues intentar mantenerme a salvo a toda costa, pedazo de demente!

Harry frunció el ceño ante sus provocaciones.

—No puedes culparme por necesitar respuestas sobre mi pasado.

—¿Y tú sí puedes culparme por no querer morir? —le replicó—. Mira, vamos a salir ahí, vas a sentarte donde yo te diga y vas a dejar que sea yo quien decida tus movimientos, ¿de acuerdo? Sé que no te gusta seguir órdenes, ¡por supuesto, eres Harry Potter! ¿Pero adivina qué? A mí tampoco me entusiasma tener que cuidar de ti, así que pon de tu parte y no lo hagas todo más difícil.

—Está bien, pero te recuerdo que si tienes que cuidar de mí es porque no permites que me vaya de tu casa. —La chica levantó una ceja en respuesta—. ¿Por qué tomarse tantas molestias por mantenerme cerca? Puedo irme si supongo una carga tan grande, de hecho…

—Agh, cállate ya —lo cortó—. ¿Por qué eres tan desagradecido?

—¿Y por qué tendría que agradecerte algo?

Pansy se rió cínicamente y sus pechos volvieron a aplastarse contra su torso.

—Te salvé la vida, ¿ya lo has olvidado? Y te estoy haciendo un enorme favor al encargarme de ti hasta que te recuperes de la amnesia.

Harry movió el brazo para aflojarse el cuello de la camisa. Ya no había razón para permanecer afinados en ese estrecho cuartillo, ¿por qué seguían allí?

—Gracias por salvarme —dijo finalmente entre dientes—. Pero ahora soy yo el que necesita salvar mi memoria, con o sin tu ayuda.

—Recuerda, Potter; la curiosidad siempre termina matando al gato.

Y con esas palabras, salió del cuartillo y ambos volvieron al jardín, donde los invitados ya habían ido llegando y ocupando el lugar. El cielo estaba oscureciendo y la iluminación flotante había empezado a hacer su trabajo a la perfección.

Pansy lo sacó de la aglomeración y lo dirigió a un lugar apartado, ordenándole que se sentara en una silla y quedándose ella de pie mientras vigilaba el mar de rostros de la fiesta.

—¡Primito, hey! ¿Dónde has estado? —Harry alzó la vista hacia la persona que se había acercado hacia ellos alzando una copa en el aire. A juzgar por su sonrisa tonta y el tufillo a indicios de ebriedad que destilaba, Harry supo que había estado bebiendo durante todo ese tiempo en el que se habían ausentado—. ¿Qué haces aquí? ¡Hay un montón de mujeres solteras en esta fiesta! Vamos a conseguirnos a una, ¿qué me dices? Con un poco de suerte igual caen un par de ellas para cada uno.

—Claro, seguro que están todas locas porque te les acerques. — La ironía de Pansy era tan burda que, de haber estado en sus cabales, seguramente hubiera iniciado una lluvia de descalificaciones hacia su hermana movido por su sumamente débil ego. La chica aprovechó su estado para deshacerse de él con facilidad—. ¡Vaya, Pete, mira quién acaba de hacer acto de presencia en la fiesta! ¿Por qué no vas a molestar a la prima de Blaise un rato? Seguro que te mueres por mencionar su implicación amorosa con el futuro novio.

Pete miró en la dirección que su hermana le indicaba, así como Harry. Una chica de tez oscura y cabellos rizados miraba en casi todas direcciones, aparentemente encandilada con la disposición de la fiesta. Llevaba un ajustado vestido rojo que presentaba un escote demasiado pronunciado en la delantera, lo que solo fue un aliciente más para que Pete se largara a su encuentro y los dejara tranquilos.

—Por la manera en la que le has mandado a tu hermano… no debe caerte muy bien esa chica. ¿Cómo dices que se llamaba?

—No lo he dicho. —Pansy rodó un poco los ojos ante sus esfuerzos por mantener una conversación—. Helene Zabini. Solo una niña tonta y caprichosa que nunca ameritó haber quedado en la honorable casa Slytherin más que por su desmedido gusto por los libros. Raro era el día que no tenía la sala común abarrotada de pilas y pilas de libros que leía una y otra vez. Me recordaba bastante a tu amiga, de hecho, solíamos meternos con ella diciéndole que era la Hermione Granger de Slytherin… solo que más solitaria e insolente.

La mención de su amiga provocó que Harry necesitara un momento para deshacer el nudo que había empezado a formarse en su garganta.

—¿Sabes algo de ella? —se atrevió a preguntar.

—¿Cómo voy a saberlo?

El chico apoyó el codo en un lado de la mesa y descansó la cabeza sobre su mano con una expresión de aburrimiento reflejada en el rostro. Era evidente que no quería estar allí, y ya no sabía qué más hacer para disimularlo. Ni siquiera Pansy podía distraerlo de tan fastidiosa situación.

Sacó la petaca del interior de su chaqueta y le dio un sorbo con hastío, luego suspiró pesadamente. ¿Cuándo se acabaría todo aquel estúpido paripé?

—¿Se te perdió algo?

Harry se percató en ese momento de que su guardiana se había interpuesto entre la tal Helene y él mismo, impidiéndole el paso con una clara y soberbia conducta. La chica nueva recorrió rápidamente a Pansy con la mirada, luego sonrió y se quedó allí plantada sin decir nada durante unos largos segundos.

»Piérdete, Helene. Liam es mi acompañante por esta noche —recalcó Pansy cuando se aburrió de esperar una respuesta por su parte.

—Es tu primo, cariño, puedes prescindir de él un tiempo —replicó ella con un inesperado sarcasmo en el tono de su voz—. ¿Bailamos una pieza, Liam? Te veo muy soporífero por acá. Debe ser que la compañía no es la adecuada.

Harry abrió los ojos con sorpresa ante tan inesperada proposición. Se forzó a devolverle la sonrisa, aunque fue consciente de que seguramente se notara más como una mueca de incomodidad por su invitación. ¿Bailar rodeado de asesinos? No, gracias.

Helene dedicó una mirada suplicante a Pansy y esta se cruzó de brazos, reafirmando así su firme postura. Harry decidió que tenía que responder algo antes de que la situación se volviera más tensa de lo que ya era.

—Lo siento. No me apetece. No estoy aburrido, solo estoy exhausto —dijo, evitando el contacto visual con ella y esperando que no quisiera insistirle.

Si ese hubiera sido el caso, una voz ajena lo evitó justo a tiempo.

—¡Claro que está exhausto, mi campeón! —exclamó Patrick, llegando hacia ellos con un puro entre los dientes y dándole unas fuertes palmadas en la espalda—. Después de darle su merecido a esos mugrientos muggles, el muchacho merece descansar, ¿no?

A Helene Zabini pareció descomponérsele el rostro ante tal afirmación.

—¿Golpeaste a muggles? —preguntó, atónita.

—Algo así —dijo Harry, el ceño frunciéndose levemente ante el recuerdo.

Patrick se quitó el puro de la comisura de los labios y chasqueó la lengua, pasando ahora a darle palmaditas en el hombro izquierdo que ciertamente le incomodaron. El cansino y repetitivo reconocimiento de su crimen resultaba abrumador y estresante a partes iguales, aunque ya había aprendido a mantener una expresión neutral cuando esto pasaba. Se preparó entonces para el adulador discurso que el orgulloso tío estaba a punto de recitar.

—No seas modesto, hijo mío, que eso no nos queda ni nos creen. Torturar no es un arte sencillo, no es para cualquiera. Se requiere precisión, paciencia y conocimiento de anatomía humana. Además, hay que manejar bien las técnicas para que no se mueran antes de cumplir el objetivo. ¿Cuánto resistió esa pareja? ¿Una hora? ¿Dos? Esos muggles fueron duros de roer. Pete y tú podrían ser la mano derecha e izquierda del señor Oscuro si se lo propusieran, y bueno, si Pete no estuviera más preocupado de su satisfacción personal que en la causa. Si míralo, ya está tratando de levantar a la pobre Astoria…

Harry no sabía hacia dónde dirigir la mirada, pero sus ojos se toparon con los de Helene por el camino. Esta había pasado a mirarlo con un ligero deje de repugnancia implícito en los ojos, algo inusual para alguien que se codeaba con gente de esa calaña y estaba de acuerdo con la represión a los que eran diferentes.

En un momento dado, incluso habría jurado que la vio contener una arcada.

—Si me disculpan, debo retirarme —dijo, girando sobre sí misma y yéndose por donde había venido.

—¿Qué mosca le ha picado? —farfulló el padre de Pansy, soltando una carcajada inmediatamente después y respondiendo a su propia pregunta—: Se le nota demasiado lo despechada.

Su hija puso los ojos en blanco.

—No sé de dónde sacas esa estupidez.

—Todo el mundo sabe lo suyo con Draco —respondió el hombre con seguridad.

—Déjame dudar de la veracidad de esas afirmaciones —replicó con desgana—. Y en el caso de que así hubiera sido… no es incumbencia de nadie más que de ellos.

—¡Claro que nos incumbe a los demás si luego se presenta en la fiesta de compromiso con esas malas formas! ¿Es que acaso se cree con el derecho de fastidiarle la noche a los demás? ¡Habrase visto! Espero que no se atreva a montar un numerito de ex novia celosa en cuanto aparezca Daphne. Ella nunca ha sido la oficial, y me atrevería a decir que ni siquiera llegó a ser la única alguna vez, así que... ¡Que lo supere! ¡Nadie quiere casarse con furcias que se abren de piernas con el primero que las corteja!

Por la mirada que Pansy se atrevió a echarle al imponente hombre, Harry supo que estaba diciendo más con los ojos que con palabras. No estaba del todo seguro del trasfondo de las de Patrick, pero sabía que iban con segundas intenciones.

—Tienes razón, somos todas unas putas —farfulló ella entre dientes.

—Sí, la inmensa mayoría. Y tú lo sabes bien.

Después de darle unos toques al puro y lanzar la ceniza al césped, Patrick se alejó de allí, no sin antes volverse para dedicarle una mirada de aviso a su hija.

Transcurrieron unos minutos antes de que Harry decidiera decir algo al respecto.

—Siento que te traten así.

—No quiero hablar de eso.

—Y lo que vi en la sastrería…

—No quiero hablar de eso —repuso con obstinación, esta vez mucho más contundente.

—Está bien.

Un instante más tarde, la banda que ponía la armonía hasta el momento dejó de tocar para cederle el escenario a alguien que, usando un encantamiento amplificador, se dirigió a todos los presentes aquella noche.

—¡Sean bienvenidos al acontecimiento del año! —dijo el hombre mayor—. Nuestras familias esperan que lo estén pasando muy bien. Solo quería interrumpirlos para dar un brindis por los comprometidos, quienes los próximos meses estarán uniendo nuestros puros apellidos en sagrado matrimonio y en los más sagrados negocios —resaltó, y todos los presentes emitieron una risa cómplice—. Hija, futuro hijo, esto es por ustedes. ¡Salud!

Un sinfín de felicitaciones inundó el lugar con la mayoría de los invitados alzando sus copas en dirección a los novios, que habían subido al escenario para ser felicitados por el anfitrión.

Harry trató de evitarlo, pero finalmente también terminó mirando a las personas que saludaban desde el escenario. Deseó no haberlo hecho tan pronto como notó el quebranto en los ojos de Daphne. Ella sonreía, sí, pero nadie más entre todos los presentes era capaz de ver la tristeza en su mirada.

Se encontró clavándose las uñas en las palmas cuando reparó en Draco y su manera de sudar autosuficiencia.

—Ahora, ¡a bailar! —dijo el mago, ordenando a la orquesta que volviera a tocar.

Harry chirrió los dientes cuando la carroña elitista que lo rodeaba empezó a danzar al ritmo del funesto y sombrío vals que sonaba.

Él y Pansy se limitaron a quedarse ahí, viendo la fiesta pasar, hasta que llegara la ansiada hora en la que les permitieran retirarse. En un momento dado, le hizo un gesto a Pansy para que viera cómo Draco se deslizaba entre la gente con Helene agarrada a su brazo. Cuando desaparecieron por la puerta de la casa, la chica comentó:

—Realmente creí que Pete se lo había inventado. —Luego se encogió de hombros—. Mejor así. Que tenga una amante solo significa que probablemente dejará en paz a Daphne.

Harry asintió, no pudiendo estar más de acuerdo con ella.

El resto de la fiesta transcurrió sin acontecimientos dignos de mención. Música y más música. Gente bailando, riendo y socializando. Pete cada vez más borracho.
Pareció haber pasado un milenio cuando los camareros dejaron de salir con comida y empezaron a hacerlo con montones de máscaras sobre las bandejas de plata.

Uno de ellos se les acercó. Debía tener órdenes bastante precisas, porque no se fue hasta que ambos eligieron una y comprobó que se las ponían.

—Una mascarada para cerrar el evento, qué original —comentó Pansy con tono de burla.

—Lo único bueno de esto es que este paripé estúpido está por terminar.

—¡Hija mía! —Paige había aparecido de la nada, su rostro también cubierto por una enorme máscara dorada—. Te he estado buscando por doquier, ¿habéis estado aquí todo el tiempo?

—Ajá —respondió con aburrimiento.

La madre chistó la lengua y la agarró del brazo para tirar de ella.

—Ven, quiero presentarte a un chico súper encantador.

Pansy se deshizo fácilmente de su agarre.

—Ya lo conozco, y no me interesa.

La madre parpadeó.

—¿Cómo sabes de quién se trata?

—Mira a tu alrededor, madre. Somos todos de Slytherin, y en Slytherin nadie pasa desapercibido.

Ella volvió a agarrarla.

—Este chico no es de aquí, estudió en Estados Unidos y ha venido expresamente a apoyar la causa del señor Teneb…

—¡No quiero! —exclamó su hija tratando de soltarse, ahora con algo más de dificultad—. ¡No pienso permitir que me caséis con nadie!

—Pero su familia es una de las más poderosas de todos los Estados.

Paige parecía haber empezado a tirar más fuerte, y Harry… Harry simplemente perdió los estribos.

—¡Ha dicho que la sueltes! —gritó, sacando su varita y apuntándola directamente a la cara.

Pero el sonido de una fuerte explosión y el sismo que provocó posteriormente hicieron que nadie se percatara de su arrebato. De repente todo se había vuelto gris debido al polvo levantado. Pansy alcanzó su mano, entrelazando los dedos con los suyos y tirando de él para llegar a algún punto en el que la desaparición no estuviera bloqueada. Consiguieron avanzar un trecho a pesar de las múltiples colisiones con los atemorizados asistentes que corrían por sus vidas y los diversos tropiezos con los que yacían muertos en el suelo. Los dos movían sus manos libres delante de sus caras en un desesperado intento por limpiar el aire frente a ellos, pero aun así terminaron chocando con… ¿Helene? ¿Helene Zabini?

Harry se la quedó mirando fijamente hasta que Pansy jaló de él para llevárselo.

¿Helene? No, aquella chica no era Helene. Aquella chica era Hermione en el vestido de Helene.

En cuanto este pensamiento cruzó su mente, y a pesar de las anteriores amenazas de su acompañante, el Gryffindor soltó su mano y corrió tras la mujer con la que acababan de chocar. El olor a sangre empezó a revolver su estómago, pero eso no fue nada comparado con la visión de todas las vísceras y cuerpos desmembrados que empezaron a ser visibles a medida que el aire se aclaraba. Finalmente divisó a Hermione, quien acababa de tropezar con un cuerpo inerte para caer sobre sus entrañas. Desesperado, llegó hacia ella y la levantó, arrastrándola hasta un lugar donde ya no había cadáveres que pisar.

Una marea de gente lo alejó de allí antes de que ella pudiera volverse para mirarlo y, en ese instante, un centenar de papeles amarillos empezaron a caer del cielo. Harry alcanzó a atrapar uno antes de que la fuerza bruta de Pete lo empujara hacia un lugar libre de bloqueos.

"Esto es por Hannah.

Y por todos los que han caído hasta la fecha.

Ojo por ojo.

Vida por vida".

El papel resbaló de sus manos en el momento en el que Pete se desapareció con él de vuelta a su mansión.

—¡¿Qué cojones ha sido eso?!

—¡Tu hermana sigue allí!

Gritaron a la vez, sus voces haciendo eco en la inmensa sala de estar de la familia Parkinson. La ebriedad del primogénito parecía haberse esfumado con el inesperado y sangriento ataque en plena guarida de Mortífagos, o al menos dio la sensación de estar muy lúcido cuando de repente entrecerró los ojos y se quedó mirándolo en la distancia. Harry no entendía demasiado a qué se debía su escrutinio… hasta que lo hizo. Y, de repente, la chaqueta empezó a sentirse demasiado ligera sin el peso de la petaca en su interior. ¿Realmente estaba plantado frente a Pete con su apariencia real? ¿Esa apariencia que él y los suyos buscaban fervientemente en cada persona para apresarlo, llevarlo ante Voldemort y ser testigos de su lenta y dolorosa muerte? Un pequeño movimiento de cabeza deslizó un mechón de su cabello por la máscara y cayó justo frente a sus ojos. Un mechón de cabello que ya no era castaño, sino negro. Tragó saliva y trató de mover la mano lentamente para alcanzar su varita, pero un Crucio voló en su dirección antes de que pudiera ser consciente de que él ya tenía la suya preparada.


NA: ¿Ya han leído la parte de Mad?

Para las respuestas positivas: ¿Qué opinaaaaaaaaaan?

Para las respuestas negativas: ¿A qué esperaaaaaaaaaaan?

Esto se pone buenooooo :'D

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Cristy.