Queridos lectores,
Hemos regresado con una nueva entrega. Espero que les guste =).
En esta oportunidad, deben leer primero el fic de Cristy (Encrucijada de sangre) y luego el mio.
¡Y recuerden dejar sus impresiones! Su review es nuestro feedback.
Abrazos cósmicos.
Mad
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1. Donde todo acaba, el resto comienza
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–Lo prometiste.
Su voz era un susurro capaz de dejar helado a un infieri, tan distante que parecía llevar hielo en las venas.
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Lo cual no era tan distinto a la realidad.
Pues hacía tiempo que se sentía muerta.
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No lo enfrentaba, pues temía descontrolarse. Así que Hermione miraba ese cuarto menguante a través de la ventana, que se alzaba de un amarillo opaco tan putrefacto como la amistad entre ambos, como el alma de los dos.
Sentía la presencia de Harry a sus espaldas y podía imaginarlo arreglándose de forma incómoda las gafas sobre el puente de su nariz, aguantando los impulsos de abrazarla como en los viejos tiempos. Pero esta vez, no se atrevería. Ya no lo haría más. Todo lo ocurrido era demasiado, y el puente colgante que era su amistad ya no tenía tablas.
–Un año, seis meses y siete días han pasado desde entonces, desde que me prometiste que encontraríamos a los culpables del asesinato de Ron y su familia –continuó Hermione, apretando las manos hasta marcar los tendones–, y ¿qué hemos logrado, Harry? ¿Qué? Solo perder más gente. Luna, Susan, la profesora McGonagall, mis padres. ¿Cuántos más tienen que morir?
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Un paso.
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Solo un paso se escuchó en esa fría habitación, alertando el movimiento de su acompañante gracias a la madera roída del piso. Hermione se erizó a la defensiva como un gato salvaje, y Harry comprendió el mensaje, pues no siguió avanzando. Ella no lo quería cerca. Hermione solo deseaba pelear contra la plana completa de Voldemort y aplicar en sus seguidores cada una de las torturas que sufrieron sus amigos caídos, para luego lapidarlos con filosas rocas hasta deformar sus rostros y quebrar sus huesos.
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No.
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Ella ya no tendría piedad con ninguno, pues las acciones de esos malditos revelaban que eran más reptiles que humanos, y las emociones de Hermione estaban tan entumecidas que no temía rebajarse a su nivel de crueldad e incluso superarlos. La guerra sin duda la había transformado de la peor forma y la oscuridad había hecho de su corazón su casa.
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Y ella estaba consciente de ello.
Se había resignado a ello.
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Todas las malditas noches cerraba los ojos y veía esas imágenes, esas muertes, como un jodido disco rayado, como una película de terror. Podía trazar en su imaginación cada expresión de horror dibujada en los rostros de los Weasley, podía aspirar el olor a sangre seca impregnada en la madera de aquella mesa, y su piel aún percibía la tibieza que emanaba el cuerpo de Ron.
¿Cuánto tiempo habría pasado entre su asesinato y que llegaron? gruñó. Los "y si" eran una repetición odiosa en sus pensamientos. "Y si hubiéramos llegado antes", "y si hubiéramos cenado en mi casa", "y si hubiéramos acabado con ellos antes que ellos con nosotros".
Hermione sacudió la cabeza para no torturarse otra vez.
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Basta de estrategias.
Necesitaba su puta venganza.
Y la necesitaba ya.
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–Los derrotaremos –esbozó él en voz grave, regresándola a la realidad.
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Pero como respuesta, Harry solo recibió una risa incrédula.
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–¿Otra promesa vacía? –inquirió la joven, volteándose para observarlo–. Si no me has dejado en todo este tiempo atacar primero a esos bastardos, ¿cómo podría creerte?
–Hermione, te juro que…
–¡Mis padres están muertos! –vociferó ella, volteándose para mirarlo–. ¡Dos días atrás fuiste testigo de ello conmigo! Viste su carne magullada, sus cráneos fracturados, sus miradas ausentes. Otra imagen que jamás podré borrarme de la cabeza… ¿Y sabes qué es lo patético de todo esto? ¡Ni lágrimas me quedan para llorarlos! Estoy seca. Estoy desesperada. Y ya no quiero esconderme, ¡quiero pelear!
La mirada verde de Harry se había ensombrecido y sus labios se habían tornado una línea perfecta, aunque las comisuras apuntaban levemente hacia abajo, revelando su cambio de disposición. El nerviosismo que antes emanaba se había esfumado por completo, siendo reemplazado por una seriedad distante, polvoreada con enojo y decepción.
–¿Crees que no quiero lo mismo? –le espetó entonces–. ¿Piensas que me estoy escondiendo? ¿Que no quiero pelear? Te informo que yo también perdí a Ron, a Luna y a la profesora McGonagall. Te recuerdo que Voldemort ni siquiera me dio la oportunidad de tener a mis padres… ¿No crees que tengo el mismo deseo de eliminarlos de faz de la tierra que tú?
Hermione calló y frunció el ceño.
Una parte de ella sabía que no estaba razonando bien, pero a la otra parte le importaba un reverendo carajo. Desde que habían pasado a la clandestinidad, prácticamente sus días se resumían a defenderse y tratar de sobrevivir. Además, como Voldemort manejaba todos los poderes del Estado, la única vez que habían atacado se desplegó una campaña publicitaria tratándolos de terroristas, enemigos del régimen, inventado todo tipo de asesinatos que los propios Mortífagos ejecutaron, para enemistarlos con la ciudadanía.
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Pues sí.
No todos los que estaban del otro lado eran Mortífagos…
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Para infortunio de la Orden, poco a poco la ciudadanía sangre pura y algunos mestizos bien acomodados se fueron acostumbrando a la situación, ya sea por poder, ya sea por acceder a las ventajas del régimen, que tenía las cuentas en Gringotts confiscadas y la comida racionada.
Así, si bien al principio la Orden contaba con un fuerte apoyo de la gente, las necesidades y la falsa publicidad obraron como repelente a la justicia y a la moralidad, haciendo oídos sordos frente a las atrocidades que eran pan de cada día, transándola por la comodidad.
–Eres injusta, Hermione –sentenció Harry, reflejando dolor apenas contenido en sus orbes–. No me estoy escondiendo, solo estoy buscando la forma de hacer esto sin más sacrificios. Si nos vamos de cabeza a Voldemort como estamos, desnutridos, comiendo día por medio y sin un plan, será una maldita masacre. Eres lo suficientemente inteligente como para saberlo, pero ya no te importa ¿cierto?
No le dio tiempo para replicar. Con una última mirada cargada de desolación, y tal vez, de una anticipada despedida, Harry se marchó tan sigiloso como entró a su habitación, logrando que Hermione se sintiera una mierda de persona. Ella ahogó un grito de frustración, se revolvió el pelo frenéticamente y salió a grandes zancadas, bajando a toda velocidad las escaleras para emerger por la puerta principal.
Sabía que dar un paseo a esas horas era un suicidio, especialmente considerando que su cabeza tenía un alto precio, pero sentía que, si en ese momento no arrancaba de ahí, iba a enloquecer sin remedio, y loca no le servía a nadie. Caminó en la oscuridad con el frío calando sus huesos y las manos escondidas en los bolsillos hasta llegar a un árbol, se sentó bajo el y abrazó sus rodillas. Permaneció en silencio observando el vaho de su respiración hasta que una voz grave acaparó su atención, sobresaltándola.
–Creía que era el único con suficientes cojones para salir de esa covacha infecta.
Hermione levantó la mirada encontrándose con Theodore Nott, quien la observaba desde arriba sin mucho interés. Vestía un largo abrigo negro y daba las últimas caladas al cigarrillo que portaba entre sus dedos, el cual pronto apagó con la punta del zapato. Ella no se levantó ni él se agachó, pero de alguna forma, se acompañaban en absoluto mutismo.
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Era extraño.
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Nadie se imaginaría que el hijo del sádico Sr. Nott terminaría siendo aliado de ellos, los parias de una sociedad reinada por un demente y sus sicarios, con un pueblo oveja y pusilánime. Aunque, a decir verdad, tampoco nadie se hubiera imaginado que ese hijo, Theodore Nott, tuviera un romance con la despistada Luna Lovegood a escondidas de todos.
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Luna.
Cuánto la extrañaba.
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Sin lugar a dudas, Luna fue una de las personas más honestas y transparentes que conocía. Sin embargo, tan pronto estalló la guerra fue lo suficientemente estúpida como para transformar "El Quisquilloso" en un diario de corte rebelde, que publicaba las verdaderas noticias que omitía "El Profeta", así que no tardaron mucho en acallarla. Dos meses después del asesinato de los Weasley, ingresaron a su casa una noche y la detuvieron junto a su padre para llevarlos a ambos ante Wizengamot. Los cargos fueron "incitación a delitos terroristas" y "conspiración contra el Amo Oscuro", los que le valieron la pena mayor.
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Ni siquiera le pusieron un abogado.
Solo la condenaron.
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Hasta entonces, nadie sabía que Theodore rogaba a su padre por la vida de ella, pero ese bastardo ni a su hijo escuchó. Su bestialidad era tal que lo castigó obligándolo a mirar la ejecución, paralizándolo con un imperio mientras la colgaban desde un asta como ejemplo para el resto. Así, Theodore vio como Luna pataleaba afirmando la cuerda que asfixiada su cuello; vio como el viento mecía su cabello dorado desde las alturas, de una manera hipnótica, casi poética; y vio como en pocos segundos su cuerpo dejó moverse, cayendo sus brazos inertes a los costados.
Según escuchó por ahí, Theodore se quedó acompañando el cuerpo de Luna durante toda la noche, robándolo a la mañana siguiente para darle un entierro apropiado, ya que todas las víctimas del régimen eran cremadas en serie para "no perder valioso espacio", dejándolos en una pila hasta juntar suficientes para ahorrar tiempo.
Cómo Theodore llegó a la Orden es misterio aparte. Tan sólo un día tocó la puerta de la guarida principal y se ofreció para enlistarse, prometiendo acabar con el Señor Oscuro. Luego de salir del shock de verse hallados así de fácil por él, fue sometido a distintas pruebas para verificar que no era un anzuelo, y todas arrojaron el mismo resultado. Nott hijo estaba hablando en serio, y su único objetivo era acabar con todo, especialmente, con su propio padre.
–O quizás, no sean cojones sino locura lo que tengamos para salir de esa covacha –respondió finalmente ella.
–Probable en mi caso –reflexionó él, encogiéndose de hombros–. Si provengo de ese demente, algo de alienado he de tener.
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Hermione sonrió.
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Cuando conversaba con él, nunca sabía si hablaba en serio o estaba bromeando, aunque la mayoría de las veces parecía que era un poco de las dos.
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Suspiró.
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Cada vez que trataba de recordar cómo era él en Hogwarts, su mente estaba en blanco. Solo era una sombra que aparecía de vez en cuando merodeando en el grupo de Malfoy y Parkinson, pero era demasiado callado como para notar su existencia. Quizás, por eso mismo nadie se había dado cuenta de que tenía algo con Luna, o quizás, él mismo así lo había decidido para no ponerla en peligro por temor a su padre.
Lo vio sentarse al lado de ella y recoger las rodillas también, imitando su posición, aunque sin abrazarlas, sino descansando su espalda contra el tronco. Hermione giró la cabeza para escudriñarlo, extrañada por la comodidad que sentía a su lado. Tal vez se debía a que los dos habían pasado por lo mismo y se entendían.
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Él había perdido a Luna.
Ella a Ron.
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–Yo también quiero pelear –dijo él de pronto, descolocándola.
–¿Me escuchaste?
–Todos te escucharon, Hermione. Estabas gritando.
Ella notó como su rostro se petrificaba en una mezcla de sorpresa e indignación.
–Entonces no nos encontramos de casualidad –conjeturó ceñuda.
–No. Te mentí –confesó él sin inmutarse–. En realidad, te vi salir y decidí seguirte.
–¿Para qué?
–Para decirte que no eres la única.
Hermione perdió el aliento, pero Theodore continuó antes de que pudiera reaccionar.
–A unos 107 kilómetros de acá hay otra base de la Orden que está bastante molesta por como Potter ha manejado las cosas. Pero aún no tienen una figura que pueda obrar de líder y a quien puedan seguir.
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Ella tragó espeso.
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–No estarás sugiriendo que…
–Lo estoy –la cortó Theodore de forma severa–. Si tú te separas de Potter y quiebras la Orden en una facción radicalizada, ellos no dudarán en seguirte y yo tampoco. Eres la única persona que le hace el peso en liderazgo y credibilidad.
Hermione sintió una opresión en el pecho. Su deseo más grande en esos momentos era tomar la delantera y atacar al Señor Oscuro, dejar de estar esperando y actuar de una buena vez. Pero quebrar la Orden era llevar las cosas a un punto de no retorno, pues significaba darle la espalda a su mejor amigo de toda la vida y, en cierta forma, traicionarlo. Desvió la mirada al lado opuesto para ocultar su turbación mientras decenas de pensamientos atacaban su cerebro, buscando opciones para conciliar sus deseos con su amistad.
–Lo sé, es traición –escuchó que Nott pronunciaba como si leyera sus pensamientos–, pero estamos en circunstancias que lo ameritan. Si no hacemos algo, ellos ganan, y no pretendo morir sin antes de vengar a Luna. Si no quiebras la Orden tú, eventualmente otra persona lo hará, y eso será peor para Potter, porque quien toma el poder, usualmente se deshace de la competencia…
Theodore dejó la frase en el aire, ya que no era necesario completarla.
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Era cierto.
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Si ya un ala de las tropas de la Orden estaban revueltas e inconformes, era tan solo cuestión de tiempo que se rebelaran contra Harry y todo empeorara aún más.
–Si accedo a esto –comenzó Hermione, tomando una resolución–, nadie podrá tocar a Harry, ni ahora ni nunca, ¿comprendido?
Se giró para observarlo y pudo advertir un brillo satisfecho en los orbes de Theodore, que ahora parecían los ojos de un gato en la oscuridad.
–Vamos –le dijo, levantándose y estirandole la mano para ayudarla a incorporarse también–. Una revolución nos está esperando.
Tan pronto ella tocó su mano sintió que sus pies despegaban de la tierra.
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Sin saber que la próxima vez que tocara el suelo, su vida cambiaría por completo
Su vida.
Y la de muchos más.
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Continuará…
