Nota de la autora: Queridos lectores, ¡Hola otra vez! He regresado con una nueva entrega de esta historia colaborativa con Cristy1994. Como ya se habrán dado cuenta, ella publicó primero su segundo capítulo. Esto es para evitar confusiones sobre el orden de la lectura. Así que si aún no han leído la actualización de ella, ¡qué esperan! Es necesario leerla para continuar con mi historia.
Un abrazo a todos y recuerden, sus reviews son nuestra propina ;)
Mad
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2. La rebelde y el cazador
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Risas.
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Sentía que habían pasado siglos desde que una carcajada ingresaba por sus oídos, ya que todo en su vida era oscuridad y desolación desde aquella sangrienta Navidad. Pero ahora, verlos sonreír a todos, levantando copas victoriosas y cantando letras improvisadas, le daba una mezcla de recelo y escalofríos, especialmente considerando el entorno y el lugar.
Atacar la mansión de Marcus Flint en plena "reunión" de ex- alumnos de Slytherin había sido una corazonada y una apuesta arriesgada. Cuando se enteró del evento, no sabía cuántos estarían en esa fiesta, ni cuál sería el tono de ésta, por lo que fue toda una sorpresa pillar a esos diez Mortífagos en estado de ebriedad, la mayoría de ellos con los pantalones abajo, aprovechándose de las ventajas que tenía ser fiel soldado del Régimen y de la necesidad de las mestizas de poca alcurnia, que se habían visto en la necesidad de vender sus cuerpos para subsistir.
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La masacre fue limpia.
Quizás, demasiado rápida.
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Ejecutaron a cada Mortífago antes de que pudieran reaccionar y borraron el ataque de la memoria de sus amantes, quienes retornaron a su casa sin saber que en sus bolsillos llevaban cada pieza de valor que Hermione encontró en esa asquerosa casona, a modo de justicia y retribución.
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Hermione exhaló todo el aire de sus pulmones.
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Una sensación de paz recorrió su cuerpo al saber que lograron liberar al mundo de diez viles bastardos, pero no lograba comprender la euforia del resto de los integrantes de su célula, que brindaban con el mejor vino del dueño de casa, continuando la fiesta que los difuntos habían dejado a medias, engullendo ese obsceno banquete después de pasar tanta hambre en la clandestinidad.
–No deberían exagerar con la celebración –soltó para si misma, incapaz de contener el comentario–. Esta victoria fue muy menor y la fortuna estuvo de nuestra parte. Tuvimos suerte.
–Déjalos Hermione –le respondió Theodore, que estaba apoyado contra la pared al costado de ella, sosteniendo un vaso de licor también aunque este se encontraba intacto–. Es importante para la moral del equipo. Recuerda que desde el golpe, en un poco más de año y medio no tuvieron nada que festejar, solo lloraron muertes. En cambio ahora, a un mes de que asumieras el liderazgo, ya tuvieron un triunfo. Esto solo es un aliciente para seguir luchando. ¡Que celebren mientras tengan algo que celebrar!, que mañana podrían estar bajo tierra, o peor, siendo torturados hasta la locura.
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Hermione esbozó una sonrisa ladeada.
Él siempre pensaba fuera de la caja.
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–Tienes razón, no lo había visto de esa forma –concedió–. Quizás tú deberías liderar. Después de todo, sabes cómo mantenerlos felices y además fuiste quien se consiguió el soplo.
Theodore le devolvió la sonrisa.
–Nadie puede reemplazarte, tonta –le dijo, tomando un sorbo por primera vez–. Tú eres la jefa y yo tu mano derecha. Fin de la discusión.
Ella asintió con las mejillas algo ruborizadas y volvió a mirar a su nueva familia. La mayoría había perdido a alguien, por lo que todos compartían el mismo dolor, la misma rabia. Tenían el corazón tan machacado por la guerra, que a nadie le importó los cadáveres que estaban arrimados en una esquina. Era tiempo de celebrar.
Por el rabillo del ojo vio como Theodore se acercaba al cuerpo inerte de Flint para arrancarle un mechón de cabello, para luego repetir la operación con Pucey, que yacía muerto al lado de él. Comprendió de inmediato su plan, pues había sido similar al que alguna vez tuvo con Harry.
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El recuerdo de su amigo le generó una punzada de algo parecido a la culpabilidad, que se anidó en su pecho como un pesado yunque, cortándole el aliento.
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Sigilosamente, salió de la sala y cruzó la puerta de entrada para tomar un poco de aire, ya que sentía que le faltaba oxígeno. Se sentó en la escalera y sacó un cigarrillo de los que le quitaba a Theodore para "probar". Siempre pensó que debía tener una vía de escape para no morir de la ansiedad, pero al final, nunca lo prendía. Lo sostenía entre los labios con la mente en blanco, ya que le ayudaba a pensar.
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Quizás por eso no lo escuchó llegar.
Quizás por eso la pilló con la guardia abajo.
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Sintió una varita enterrarse en la parte posterior de su cuello, acompañada de una voz gélida que le susurró al oído.
–Creía que venía tarde a lo de Flint... pero veo que llegué justo a tiempo.
Hermione percibió que la garganta se le secaba, pues a pesar de no haber escuchado ese tono soberbio y despectivo hace siglos, no lo había olvidado en lo absoluto. Años de maltrato verbal no pasan en vano, y reconocer a ese hombre con esa facilidad, sin siquiera mirarlo, era botón de muestra de ello.
–Malfoy –musitó.
Lo escuchó realizar un sonido de aprobación, deleitado al saberse identificado con tanta naturalidad por uno de sus enemigos escolares. Al parecer, seguía siendo el mismo maldito narcisista de siempre.
–Buenas noches, sangre sucia.
Notó que se había arrodillado detrás de ella sin dejar de apuntarla. Su aliento chocaba desde atrás contra la mejilla de Hermione, rozando su piel, erizándola, pero ella hacia esfuerzos sobrehumanos para permanecer impasible ante sus provocaciones. A diferencia de Flint y Pucey, el hombre que la estaba amenazando no era un asesino común y corriente, ya que tenía otra labor. Según sus investigaciones, Malfoy era de aquellos Mortífagos más peligrosos, pues era un "cazador", uno de los mejores del Señor Oscuro, que le llevaba sus presas sin rastros de remordimiento ni compasión, con una tasa de éxito que lo había transformado en indispensable para sus planes.
Por eso, al final de cuentas, Malfoy representaba un mayor riesgo para ella, pues de perder, la entregaría al engendro de Voldemort para su entretención.
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Y ella prefería morir antes de ser su prisionera.
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–Qué sorpresa –esbozó con ironía–. Te hacía trabajando con tu padre en Gringotts, ya sabes, como ahora es el puto amo de los galeones y maneja las cuentas bancarias de cada mago, me figuraba que te aprovecharías de su poder, como siempre.
–Los Malfoy hemos sido los putos amos de los galeones sin necesidad de ese cargo, Granger –contestó él con naturalidad–. Pero a mi me aburre contar oro y prefiero desafíos más interesantes.
Hermione resopló.
–¿Y tu padre oyó de esto? –añadió desafiante, tanteando lo más disimuladamente que pudo su bolsillo, en búsqueda de la varita que de manera torpe había guardado al lado izquierdo de su pantalón.
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Pero él detuvo su avance, colocando su fría mano encima de la de Hermione, que estaba subiendo por su muslo, a pocos centímetros de alcanzar su varita, a escasa distancia de su intimidad.
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Hermione dio un respingo y maldijo para sus adentros, aunque un dato aleatorio apareció en su cerebro. Ahora que hacía memoria, la única vez que había sentido su piel fue en tercer año, cuando tuvo el gusto de estamparle un puñetazo en plena nariz. ¡Qué recuerdo más satisfactorio! Ahora sus nudillos picaban por repetir la sensación.
–Me imagino el asco que debe darte tocarme en estos momentos –soltó con sarcasmo.
–He tocado cosas peores, pero gracias por la empatía –le retrucó él–. En fin, vamos al grano, que ni tú ni yo tenemos tiempo para ponernos al día, aunque me figuro lo emocionante que debe ser escucharte relatar todo lo que es vivir en la clandestinidad como rebelde, ya sabes, pasar miserias, ver morir a los tuyos.
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La sola mención de "los suyos" trajo a su memoria la imagen de Ron.
Y la imagen de Ron obró como combustible para su furia.
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Enterró con violencia el codo en el estómago del Mortífago, generando el espacio suficiente para incorporarse con agilidad y extraer su varita. Sin embargo, él se recuperó rápidamente del impacto, y la única diferencia radicaba en que ahora ambos se apuntaban mutuamente y se enfrentaban cara a cara. Ella posaba la varita en la yugular de su rival mientras él ahora había trasladado la suya encima del lado derecho de su pecho, apostando por el corazón.
Hermione arrugó el ceño estudiando a su adversario.
Estaba más pálido de lo que recordaba y sus ojos, de ese gris que siempre le había llamado la atención por lo inusuales, ahora parecían dos bloques de acero, capaz de ocultar sus próximos movimientos con facilidad, aunque no era de extrañar, ya que siempre fue bueno en oclumancia. Como era de esperarse, vestía de riguroso negro, aunque su peinado había cambiado radicalmente desde el colegio, pues ya no lo llevaba engominado, más bien, caía por su frente en un desorden planificado.
–Sé que has pasado hambre, Granger, pero eso no te da derecho a observarme con esa cara de oda al canibalismo.
Ella se atragantó con su propia saliva. ¿Qué carajo le pasaba a ese idiota?
–No como basura –le espetó, insertando un poco más la varita en su cuello–. Y bien, ¿qué harás ahora? –inquirió, cambiando de tema radicalmente–, perdiste la ventaja Malfoy. Ahora tendrás que enfrentarme en igualdad de condiciones, y no por la espalda como el cobarde que eres.
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Pero para su perplejidad, él dibujó una sonrisa ladeada.
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–¿Quién dijo que quería enfrentarte? ¿Crees que soy imbécil? Si te quisiera muerta ya no estarías respirando, impura. Además, en el momento en que te ataque, por esa puerta saldrán tus perros falderos incluido el traicionero de Nott –añadió–. No, Granger. No voy a pelear contigo. Tengo mejores cosas que hacer.
–No lo parece –replicó ella, mordaz, en un tono burlón y cruel–. Si venías a esta fiestecilla dudo que tengas algo mejor que hacer. Por cierto, te quedaste sin diez de tus amigos, mis condolencias Malfoy.
Pero el comentario hiriente pasó de largo, ya que el Mortífago solo se encogió de hombros como si la muerte de sus compañeros no le importara en lo más mínimo.
–Mueren de tu bando, mueren del mío, así es la guerra. La verdad, venía a despejar la mente un poco antes de partir a mi nueva cacería, aunque creo que la diversión tendrá que esperar hasta que termine mi misión.
Un brillo misterioso atravesó los orbes plateados de su contrincante, anticipándole que su nueva presa, su nuevo encargo, era de su total incumbencia. Hermione apretó los dientes. Barajó la posibilidad de lanzarle un Avada Kedavra para salvar a su futura víctima, pero como los dos estaban posicionados, si se atacaban mutuamente había un cincuenta por ciento de posibilidades de acabar muerta, sin contar que no era descartable que ambos se liquidaran entre sí.
–Realmente no lo sabes –concluyó el rubio después de examinarla visualmente, ensanchando su sonrisa–. No me imaginaba que tu separación de Potter había sido tan… definitiva.
Un fuerte pitido se abrió paso en los tímpanos de Hermione, mientras sentía que el alma se le escapaba del cuerpo al imaginar lo peor.
–¿Qué le sucedió a Harry? –murmuró en un hilo de voz–. ¡Responde, maldita sea! ¡Qué le pasó a Harry! ¡Dímelo! –vociferó, perdiendo súbitamente el control.
Sus gritos agudos alertaron a sus compañeros, que no tardaron en salir a buscarla armados hasta los dientes. No obstante ello, cuando Hermione volvió su atención a su enemigo, él ya no estaba. Se había esfumado con el viento y con él, las respuestas a sus dudas. Como si se tratase de un fantasma. Un animal astuto y escurridizo.
–Hermione, ¿estás bien? –indagó Theodore, que corrió hasta ella para contenerla, ya que parecía haber caído en un ataque de nervios–. Veo que te enteraste de lo de Harry. No te preocupes, lo encontraremos.
Ella lo miró con los ojos exorbitados, sin entender un ápice de lo que estaba diciendo.
–¿Qué le pasó a Harry? ¡Por favor! ¡Que alguien me explique qué mierda pasó!
Sus colegas se observaron extrañados, ya que habían asumido por los gritos de su líder, que ya estaba al tanto de la tragedia. De pronto, todos dirigieron su atención a Theodore para darle la palabra como portavoz de las malas noticias.
–Hermione, recién recibimos un mensaje dirigido a Flint. La lechuza lo dejó encima de su cuerpo y lo tomamos pensando que podía incumbirnos. Y no nos equivocamos. Le informaban que hace unas horas una tropa de Mortífagos había atacado con éxito la ubicación del grupo de Seamus. Murieron prácticamente todos, incluso gente que no pertenecía a esa célula y que fueron a auxiliarlos…
–¿Harry? –lo interrumpió ansiosa.
–Harry también acudió a ayudarlos –informó seriamente–, pero desapareció del lugar y abandonó la lucha como si se lo hubiera tragado la tierra. Aparentemente nadie sabe dónde está y le ordenaban a Flint permanecer alerta para su captura. Debemos comunicarnos con Nymphadora para saber si esto es efectivo.
Ella retrocedió y se dejó caer sin fuerzas en el suelo. Harry no se iría en plena batalla así como así. Harry no dejaría a los suyos. Algo debió suceder. Algo grave lo separaría del resto. Algo o alguien.
–Lo encontremos –repitió Theodore, en un intento de confortarla.
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"No", pensó ella, uniendo los puntos.
"Malfoy lo encontrará"
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Continuará...
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¿Impresiones? ¿Teorías? recuerde que si lee y no deja review, muere otro Stark...
Wait, eso es de otro fandom XD
Mad
