Capítulo 2. Tú o yo
-¿Me está proponiendo regresar a la policía? –le pregunté al Comisario general.
-No Raquel, le estoy proponiendo arreglar su vida y la del exsubinspector Rubio.
-¿Y a qué se debe tanta generosidad?
-No es generosidad. Será un intercambio.
-¿Un intercambio de qué? –pregunté con desconfianza.
-De sus habilidades, por supuesto. Usted nos ayuda a traer a España a Sergio Marquina y nosotros le damos su trabajo y obviamente, una "recomendación" –hizo las comillas con sus dedos simbolizando, una vez más, la coerción que podía haber entre las instituciones del gobierno cuando de conveniencias se trataba– al juez Pulido para que le reasigne la custodia de su hija.
-Él no es tan imbécil para regresar.
-No subestime su poder como mujer Raquel. Imperios enteros han caído por naguas femeninas. –No supe cómo reaccionar ante ese comentario que sentí que me objetivizaba. Él no se refería a mis habilidades como psicóloga o policía, no. Él se refería a utilizar mi relación, affaire, cachondeo o como sea que se le pueda llamar a lo que tuve como Salvador para hacerlo regresar.
-Raquel tómese un tiempo para pensarlo. No tiene que aceptar de inmediato. Pero reflexione, ¿Vale la pena proteger a un hombre que destruyó su vida y su familia en cuestión de días? –joder, si lo ponía así, de esa forma… ¿Qué se supone que debía hacer?
Aceptar implicaría dejarme utilizar de la misma forma en que me usó El Profesor para sus propósitos criminales; solo que esta vez sería de una forma más burda porque yo estaría consciente de ello; pero ¿Qué derecho tengo yo de negarle a Ángel la posibilidad de recuperar su trabajo cuando el calló la localización del hangar y quedó ante la opinión pública como un policía ineficiente y un irresponsable al volante?
-Perdona que venga así, pero necesito hablarte.
-Pasa, pasa. –me dijo Ángel al verme en su portal.
-Me reuní con el Comisario general esta mañana.
-¿Quería que pararas la campaña contra la Policía ante los medios?
-No, ni lo mencionó. No le ha de parecer una gracia pero era ventilar en los medios esos videos o que me llevaran presa y de paso a ti.
-Bueno vale, entonces ¿Qué quería?
-Quiere devolvernos nuestros empleos a cambio de que yo traiga a Sergio de regreso a España.
-¿Lo vas a hacer?
-¿Tengo otra opción? No tengo un euro en la cartera, solo veo a mi hija los domingos durante 25 minutos y en presencia de Alberto. En todos los trabajos a los que me presento en cuanto ven mi nombre en el currículo, me rechazan.
-Raquel es que no se puede confiar en ellos, además ¿Tú crees que un tipo que se atrevió a liarse con la inspectora del robo del cual era autor va a volver para que ella misma lo entalegue? Ni borracho en su propia sidra el hombre haría eso. –afirmó Ángel en un tono que hasta cómico me sonó. Tan cómico, tan real, tan desesperada era mi realidad. Tan idiota me sentí.
-Sentí que debía contarte porque es tu pellejo el que también cuelga aquí. –le expliqué innecesariamente. Lo busqué más porque era mi único amigo, la única persona que realmente me entendía.
-¡Ángel enciende ya la tele! –entró Carmen gritando.
-¿Pero qué ha pasado mujer? –preguntó Ángel mientras yo observaba. Me apenaba un poco que Carmen me encontrara en su casa a solas con su esposo. Yo no ignoraba los sentimientos de él hacia mí y lo que en su momento ocurrió, pero ahora definitivamente no podría ocurrir nada entre nosotros. Nada distinto a una amistad, pero Carmen lo veía de otra forma. La entiendo.
-El GEO ha encontrado en una clínica de Valladolid a uno de los atracadores.
"El Grupo Especial de Operaciones ha encontrado en la mañana de hoy en las inmediaciones de un sanatorio en Valladolid a Andrés de Fonollosa, Alias Berlín. No se ha revelado ninguna otra información al respecto"
Los tres quedamos estupefactos ante la noticia. Berlín para todo el mundo estaba muerto, el mismo GEO lo había abatido cuando penetró la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre.
