Capítulo 4. Jaque… A la reina
-¿Es acaso una broma? ¿Cómo es posible que esté vivo? –me sentía indignada. Esto me sonaba a puro juego para atraer a Salva de regreso.
-Puede existir una remota posibilidad, Raquel. –dijo reflexivo Ángel. Carmen nos observaba.
-¿Pero qué posibilidad va a haber si al hombre lo han dejado como un colador?
-¿Acaso viste el cuerpo?
-Bueno, no lo vi –consideré –pero estaba detenida en la carpa viendo la transmisión en vivo de la inmersión y vi justo cuando le dispararon. No es posible que esté vivo.
-Si es mentira que alias Berlín está vivo entonces seguro es una treta para detener al profesor y de paso a los otros ladrones –reflexionó Ángel mientras limpiaba sus lentes. "El profesor", había dicho él. Todavía me costaba entender que eran uno, que todo había sido un jodido plan y que yo fui solo una ficha del bendito juego de ajedrez que parecía todavía no haber acabado.
-Mentir así a la opinión pública, ¡Es demasiado hasta para ellos! –dije con cierta furia.
-¿Ellos? –inquirió Carmen. Reconozco que llevaba un rato sin notar su presencia.
-Bueno… -vacilé. No sabía que decir, fue solo una expresión. Ya está, ya fue.
-Dices "ellos" como si se tratara de gente mala, gente ajena a ti. Hasta hace nada hacías parte del cuerpo policial –afirmó Carmen, casi juzgándome.
-Vamos mujer, Raquel tiene razón. Ellos son lo que son y nosotros no somos iguales. ¿Viste cómo nos sacaron? –añadió Ángel para justificarme. ¿Qué iba a justificar? Hasta yo misma me sentía contrariada, no sentía que podía tomar parte por nada ni nadie.
-Esto no tiene sentido, mejor me voy –dije con seriedad –Veré que le saco a Suárez sobre De Fonollosa y te aviso, ¿vale? –Ángel asintió y me acompañó a la puerta.
-Perdona a Carmen, sabes que… -preferí interrumpir –No te preocupes, está todo bien. Te aviso cualquier novedad. –sonreí y me alejé.
Emprendí mi camino a casa con paso lento. Había optado por no llevar mi auto justo porque quería un espacio para pensar y tratar de aclarar mi mente, tenía que pensar en mi futuro y en el de mi hija; mis errores no podían seguirle costando a ella.
Me sentía agotada, no de caminar, no. El cansancio no era físico, no sé cómo explicarlo pero sentía una sensación de "No puedo más" clavada en el pecho. En estos últimos días me había dicho frente al espejo: Basta Raquel, eres fuerte. Ve a por todo; pero ¡Pufff! ¿Qué broma me estaba haciendo a mí misma? Mi papel de víctima siempre me dio pena, ¿Irónico, no?, pero mi actualidad no daba esperanzas. De llorar no era mucho pero de mentirme cuando todo andaba mal, tampoco.
-¿Sidra o café?
-¿Qué? -pregunté confundida.
-Suba al auto ¡Ahora! –di la vuelta y me dispuse a correr, sentí un pinchazo en el cuello y no recuerdo lo que pasó después.
Anotaciones:
En primer lugar quiero agradecer a quienes están leyendo la historia y a quienes me han dejado sus reviews, es muy motivador encontrar sus comentarios.
No sé si he sido clara; pero la historia la estoy desarrollando en dos tiempos. Ambos tiempos dentro de ese año después del robo solo que unas cosas suceden justo después y otras unos meses luego. Supongo que conforme se vaya desarrollando la historia eso va a ir quedando más claro.
En la parte jurídica intento utilizar instituciones españolas pero lo que es de trámite uso lo de mi país ya que lo conozco más.
Gracias por leer y espero que la historia les siga gustando.
