Capítulo 5. Muy adentro.
-¡Pero vaya dormilona! –escuché decir de repente. Me dolía el cuello.
-¿Dónde estoy? –pregunté absurdamente. Tenía las manos atadas y los ojos vendados.
-Vamos, destápale los ojos –de inmediato sentí como alguien me desataba el paño que tenía sobre los ojos. La luz me molestó pero de inmediato me incorporé y observé sorprendida.
-¿Sorprendida? –preguntó sonriente.
-Silene Oliveira –susurré. Estaba tal y como la recordaba, con actitud altiva y desafiante.
-Dejemos la formalidad Raquel, dígame Tokio. Yo ya no le digo inspectora porque bueno ya no es inspectora y ya no estamos dentro de esa fría carpa.
-¿Le parece muy acogedor tenerme atada? –le dije molesta. ¿Quién se creía la muchachilla esa?
-Cuando supe por los noticieros que usted con todo y su cara de incorruptible se había tirado al profesor, no lo podía creer. Me sorprendió. –dijo ella soltando una risotada que también contagió a sus dos acompañantes. Dos hombres de aspecto extranjero por su estatura, tez muy blanca y ojos claros.
-No creo que se haya tomado el trabajo de secuestrarme para hablar de mi vida sexual, ¿o sí? –le contesté fastidiada. Ella sonrío.
-No digamos secuestrar, digamos que tomé prestado algo de su valioso tiempo.
-La última vez que la vi fue usted más franca. ¿Por qué no va al grano de una maldita vez? –estaba harta. Tokio miró a los dos hombres que estaban a su lado, ellos asintieron.
-¿Es cierto que Berlín está vivo? –soltó ella.
Me reí –Como usted bien dijo, ya no soy inspectora. ¿Por qué habría de saberlo? –la mirada cínica de la señorita Oliveira se tornó oscura. Ella se acercó a mí y me tomó con fuerza la cara.
-Muy bien, entonces es un buen momento para descubrirlo. –dijo ella mientras le hacía señas a uno de los hombres para que le trajera algo.
-¿Qué le hace pensar que ahora soy una de ustedes? –pregunté convencida de que no lo era.
-¿Qué le hace pensar que no? –contrapuso ella poniendo sobre mis rodillas una caja. –En esa caja hay unos discos que puede utilizar como mejor le parezca y en el momento que considere. El principal propósito por ahora es saber si Berlín está con vida. –los hombres me soltaron. Miré la caja, los miré a ellos, me levanté.
-No sé de qué se trata esto pero no lo haré. Ya me han cagado demasiado la vida como para hacerme cómplice de quien sabe qué otras locuras.
-A ver querida que a ti nadie te puso una pistola en la cabeza para que te cogieras a Sergio. –afirmó Tokio. –Lo vas a hacer porque desenmascarando lo que están tramando es la mejor forma de recuperar tu trabajo ¿O es que estás feliz desempleada? –la miré con desdén pero aceptando que tenía razón. ¡Dios! Después de esto ya no habría vuelta atrás. Los dos hombres me tomaron por los brazos y me cubrieron nuevamente los ojos. –Y como dicen en las ofis, no llames que nosotros te llamamos –escuché decir a Tokio entre risas.
No sé cuánto tiempo duró el recorrido. Me quitaron el pañuelo otra vez y me dejaron justo al frente de mi casa. ¿En qué me había metido ahora?
-Hija, has vuelto.
-Hola mamá. Si, perdona. Estuve ocupada todo el día –no tenía noción ni siquiera de la hora que era.
-Mira lo que te ha llegado –dijo mi madre extendiéndome una tarjeta y mostrándome un ramo de rosas y tulipanes de diferentes colores.
"E quest'è il fiore del partigiano, o bella ciao... Es nuestro momento de resistir y vivir la libertad"
Ahora más que nunca era él, estaba él.
Notas: Gracias por sus comentarios y por leer. Es muy motivador leer que les gusta la historia.
