Capítulo 7. Hielo.

-Tokio no va a contactarme hasta que le tenga la respuesta que quiere.

-Vamos Raquel, sea persuasiva… -insistió el comisario.

-Necesito decirle si está o no vivo Andrés de Fonollosa. Si quiero que me vean como una de ellos, debo generarles algo de confianza –sostuve con firmeza. Si me iba a meter en esto debía tratar de captar la mayor información posible. La información es poder ¿No?

-Como sé que el arte de la persuasión se te da mejor con hombres, entonces voy a complacerte –a este hijo de puta le iba a dar su merecido en algún momento. –Mañana vuelas a Valladolid.

Cada paso que doy siento que es sobre una superficie inestable, que es una trampa. Esto de jugar a dos bandos es un riesgo para la seguridad de mi hija de mi madre... y mía, aunque a este punto lo que pasara conmigo ya no importaba. Sentía que todo era buscado, merecido. Mira qué astuta Raquel, un medio para alcanzar un fin ¡Sólo eso fuiste!

La avioneta aterrizo en un hangar improvisado. Allí nos esperaban dos camionetas blindadas. ¿Era esto una trampa y esperaban ocultarme en algún lugar para torturarme?

-¿Vamos al sanatorio? – le pregunté ingenuamente a Macedo, quien no paraba de mirar su móvil.

-¿Un sanatorio? No querida, tan fácil no íbamos a dejársela esta vez a ese delincuente –contestó él sin despegar la vista de la pantalla del móvil. Yo tragué saliva. ¡¿Dónde carajos me había metido?!

Subimos a una de las camionetas y emprendimos camino por una carretera sin pavimentar. Parecía todo sacado de una película. No lo niego, tenía miedo. Me encontraba completamente a expensas de lo que Macedo y su equipo hicieran conmigo. ¿Dónde estás Raquel? Y no me refiero solo a temporoespacialmente ¿eh? El carácter también lo había perdido. Él se lo había robado junto con esos cuantos millones de euros.

-¡Hemos llegado! –dijo Macedo emocionado ante una casa abandonada en medio de la nada. Si me matan aquí ni el mismísimo demonio podría encontrarme, pensé. Entramos y comenzamos a descender por unas escaleras que supuse nos llevarían a una clase de desván.

-Por si te ves tentada a hacer alguna estupidez, este sitio tiene inhibidores de señal –Macedo me tenía hasta los cojones. Juro que su momento llegaría. No sé cuándo pero bien que disfrutaría su llegada. -¿Lista para ver a Andrés de Fonollosa?

Llegamos al fondo de las escaleras y una puerta de grueso vidrio se interponía entre nosotros y lo que sea que estuviera atrás. Seguía escéptica respecto a la resurrección de Berlín. Los cristales de la puerta cedieron ante nosotros y un amplio pasillo se iluminó para nosotros. Aquellas películas que veía los domingos después de cenar iban cobrando forma.

-Por aquí señor –indicó un joven chico de bata de doctor. Entramos a una habitación donde habían más máquinas que espacio, en medio de ella estaba él, Berlín. Mis ojos se iban a salir de sus orbitas, lo podía sentir, era cierto.

-¡¿Cómo es esto posible?!

-No va a despertar nunca, querida; pero eso no lo tienen que saber ni tu amor ni sus amigos.

-Con el señor Berlín probamos una nueva técnica de criopreservación. Está muerto como un todo pero sus tejidos los mantenemos con vida.

Los miré con absoluto desdén, ¿Para qué todo esto?, es despreciable usar a alguien que murió.

-Esto es despreciable Macedo. ¡ESTÁ MUERTO!

-Y eso no va a cambiar, pero mientras Sergio Marquina piense que está vivo va a intentar recuperarlo y ahí Raquel es donde se va a equivocar y lo vamos a atrapar como la rata que es.

-No pienso participar de esto. Es antinatural, inmoral, absurdo…. Es que no hay palabras.

-¿Qué te hace pensar que tienes elección? –dos encapuchados armados me arrinconaron. –En cuanto te subiste al maldito avión te convertiste en una parte más del engranaje de todo esto y así va a funcionar. Espero que no haga falta demostrarte de lo que somos capaces –tomó su móvil y me enseñó la ventana de la habitación de mi hija, la cortina estaba despejada mientras mi Paulita hacía su tarea. Un punto rojo se posaba sobre su frente. Ella inocente e ignorante de todo.

No quería llorar. Los odio pero ¡Por Dios! No puedo dejar a mi hija le pase nada. Empujé a los encapuchados con una valentía aparente porque me estaba cagando de miedo.

-¿Cómo se enterará todo el mundo de que está vivo? –ya me lo estoy comenzando a creer.

Notas:

Hola! Después de MUCHO tiempo decidí retomar este fic. Espero que quienes lo hayan comenzado, lo retomen. Disculpen la ausencia.