Narradora...
Ya pasaron 7 años desde aquel momento en el que su corazón se rompió, con tan sólo una carta todo su mundo se había venido abajo, de una niña dulce y incomprendida pasó a ser una mujer fría que es de temer; junto con su amado cabello azabache, ojos chocolate y la típica vestimenta negra sólo que ahora era mucho más atrevida. Alguna vez tuvo un sueño, la niña rara encontraría al chico ideal uno que vea lo que ella realmente es en el interior, mientras que sólo se encontró con un hombre que le mintió y no sólo eso, ella se enamoró. Nunca más pondría su confianza en un hombre, sin embargo su amado le dejó una cosa de él; ese objeto la protegió del último individuo que fue a por ella, el cumple deseos que le atacó al final de todo, cuando él le abandonó.
- Que bello recuerdo.
Mencionó recordando ese momento.
La azabache traía puesto una calza de goma apretada a su cuerpo realzando sus nalgas, una top negra que sólo cubría su pechos mientras que caminaba por los blancos pasillos la bata de médicos se sacudió a cada paso. Si, la linda azabache se convirtió en un cirujano, tan cruel y calculadora como una máquina, a pero si utiliza a un hombre para su placer también le quita lo que ella quieta.
-Hola preciosa Kagome.
La interceptó el jefe del hospital.
La azabache sonrió arrogante, con él obtenía lo mejor.
-Higurashi... recuérdalo, ¿que necesitas josho?-pregunto seduciendolo con la mirada tirando sus caderas a un costado. Josho la sujeto de las caderas pegando su pelvis al vientre de ella, ellas sonríe. -Una semana sin que nadie me moleste y con paga. -mencionó el precio, el sujeto rodó los ojos y asintió.
Podían llamarle puta pero ella nunca cambiaría su pensar por decirle a ella esa palabra, era ella misma en su interior. Así como el sujeto acepto la azabache se lo llevo a un lugar más... íntimo.
Entró a su casa suspirando, josho era un hombre necesitado para ella; entró al cuarto de baño donde empezó a preparar la bañera. La azabache se dirigió a su cuarto donde tomo un vestido negro suelto, lencería y desodorante.
- ¿Cual era su nombre?
Murmuró con los ojos entre cerrados. Pasó mucho tiempo desde la última vez que le había nombrado; ella había olvidado su nombre más no su presencia, caricias y mentiras.
En el hospital Shikkon entra una camilla rodeada de doctores y enfermeros se dirigía a la sala de cirugía donde tienen que buscar a un cirujano. El jefe Josho mando un mensaje y guarda el teléfono, él sabía que se enojaria pero la necesitaban de urgencias, para algo le paga además.
La azabache lee en su teléfono el nuevo mensaje que le llegó.
[El sujeto se muere... Kag ven ahora y te doy dos semanas con paga]
No lo pensó dos veces. Tomó su chaqueta para salir del departamento, bajo rápidamente con el ascensor que la dejó en el estacionamiento, cogió su auto y arrancó rumbo al hospital donde trabaja. Entró al maldito lugar con la mirada sería, se quita la chaqueta que deja a una enfermera, rápidamente entra a la sala encontrando la camilla siendo preparada por todos.
- Información.
Ordeno, se colocó los malditos guantes, el delantal, cubre bocas y el gorro para el cabello.
- Víctima de arma blanca, cortada profunda en el lado derecho del abdomen, penetró órganos y tiene hemorragias interna. Inuyasha Taisho de 28 años con sangre A positivo.
No paro mucho a pensar, tomó un bisturí preparada para abrirlo un poco más.
Kagome al ver el rostro del chico peliplata quedó paralizada, muchos recuerdos llegaron a ella, sus manos comenzaron a temblar y sus ojos cristalizarse. Entre todos los recuerdos que invadieron su cabeza llegó el más doloroso, una vil carta, en sus recuerdos te tiene el cabello negro y unos bellos ojos dorados.
-yo...-sus manos no dejaban de temblar-no puedo-
El bisturí callo al suelo junto con una lágrima de ella.
Continuará.
Espero que les allá gustado, les dejó esto solamente... espero a publicarlo cuando ya tenga la mayoría de capítulos...Ya saben, próximamente "El amor es libertad" cuento con su apoyo mis amados lectores.
