Cadencia

Ideas sin palabras,

palabras sin sentido,

cadencias que no tienen

ni ritmo ni compás.

Su pulso se acelera, su rostro se arrebola y su corazón late desbocado. No es dueño de sus actos ni es capaz de articular media palabra con sentido alguno. Le tiemblan las manos y emite sonidos disparatados, que distan mucho de formar siquiera algún monosílabo lógico.

Aunque en su cabeza todo tenía sentido y estaba previamente planeado, el cuándo y el cómo, se encontraba adelantando su confesión con una antelación irracional. Es decir, él estaba frente a Nezuko soltando palabras de amor ahogadas por los nervios.

No es como que él ocultara sus intenciones antes o fuera menos discreto, pero sí resulta que, de un tiempo a esa parte, se había propuesto ser más serio. Creía que, si quería la aprobación de Tanjiro y el cariño auténtico de Nezuko, primero debía dejar de comportarse como un desquiciado que solo pensaba en las mujeres como fuente única de oxígeno. Para eso, había hecho el esfuerzo más grande de toda su vida, con tal de dejar de alabar su belleza con una intensidad atropellante, cada vez que la viera.

Resultó útil tomar esa decisión, pues Nezuko ya no se alejaba cada vez que le veía y él descubrió más cosas de ella, además de su cara bonita. Cosas que tampoco habría podido notar con su capacidad de oír, porque eran cosas que debía ver. Y se sintió realmente tonto por no poder notar algo tan simple, como que el cariño no se exige y, mucho menos, se demuestra con un certificado de matrimonio.

Ahora, contra todo deseo suyo, estaba balbuceando cosas sin sentido frente a Nezuko. No recuerda cómo es que su cabeza dejó de permitirle dar órdenes a su propio cuerpo, pero cree que pudo haber sido el hecho de que Nezuko le había tomado las manos, con una sonrisa radiante adornando su rostro.

Ella le está mirando atentamente, con sus manos todavía sobre las suyas, con una tranquilidad que le pone aún más nervioso. Más rojo, también. No sabe qué debe hacer, si acaso el momento se había dado y era lo correcto decirle cómo se sentía, o si, por el contrario, estaba malinterpretando todo y lo mejor era no decir nada que pudiera arruinar su progreso.

Nezuko no se alejaba y, de hecho, parecía imponerse más. Lucía como el momento correcto para decirle lo que sentía, pero Zenitsu nunca ha sido alguien de armas tomar, por eso le sonríe y acaricia su cabeza. No dice nada. Por ahora, eso era suficiente.