Los primeros rayos de sol asomaban por las ventanas de las habitaciones donde en una de ellas una joven rubia dormía plácidamente hasta que su ceño de pronto se frunció.
Serena vestía un sencillo vestido negro hasta las rodillas mientras caminaba entre varias personas en lo que parecía ser un centro médico debido a los doctores y enfermeras, ella no tenía expresión alguna en su rostro, sólo caminaba entre todos ellos mientras ningún sonido se escuchaba, todos pasaban a cámara rápida mientras ella iba a paso lento.Serena llegó a un elevador donde las puertas se abrieron frente a ella quien contempló por algunos segundos el interior para después entrar de tres pasos dentro de él, ella se giró hacia las puertas que se habían cerrado y el elevador comenzó a moverse.Mientras el elevador avanzaba, la joven rubia junto sus manos como la figura del niño que reza, ella cerró sus ojos lentamente y una lágrima resbaló por su mejilla mientras una dolorosa punzada se instalaba en su pecho.El elevador de pronto se detuvo a lo que ella abrió sus ojos, las puertas se abrieron dejando una cegadora luz blanca que al disipar daban a ver a unos metros una solitaria camilla con alguien bajo unas sábanas, ella salió del elevador caminando hacia esa camilla mientras las puertas de las habitaciones estaban cerradas y el pasillo solitario.Ella llegó hasta la camilla donde tomó una esquina de la sabana a la cabecera de la camilla y la levantó viendo en ella a su madre totalmente pálida y sus labios desgastados, entonces la expresión de Serena cambio a una de horror mientras comenzaba a negar con su cabeza.—No, por favor —suplicó mientras las lágrimas caían por sus mejillas —¡No, por favor! —Gritó desesperada llevando sus manos a la cabeza jalando sus cabellos mientras comenzaba a tener dificultades para respirar —¡Mamá! ¡Levantate, mamá! —Exigió sintiendo su pecho doler mientras su ritmo cardíaco se aceleraba —¡Mamá, no me dejes! —Pidió soltando sus desarreglados cabellos sólo para llevar sus manos a su pecho intentando respirar. —No... Puedo... Respirar —susurró jadeando hasta que se desplomó en el suelo.
Serena abrió sus ojos y se sentó en la cama abruptamente jadeando debido a la falta de aire, los latidos de su corazón eran acelerados.
—Sólo fue un sueño... Calmate. —Pensó para sí misma mientras sus ojos ardían —Tienes que tranquilizarte... Sólo fue un sueño —las lágrimas cayeron por sus mejillas pero llevó su mano crispada a su pecho del lado izquierdo y dio un leve golpe. —Vamos... Debes mantener la calma —comenzó a hacer respiraciones profundas intentando calmar su latente ansiedad —bien, una vez te calmes podrás bajar, hacer el desayuno y tomar las pastillas —se dijo mentalmente para después tomar una bocanada de aire y levantarse con cuidado para no levantar a sus dos amigas que dormían ajenas a las situación que se presentó.
Serena salió de la habitación un poco mareada pero entró al baño donde se lavo la cara, se cambió de ropa y después bajo a la cocina donde comenzó a sacar ingredientes y utensilios para hacer el desayuno.
El reloj marcaba las seis de la mañana, Rini fue la primera en abrir sus ojos los cuales dirigió al balcón por donde la tenue luz del sol cruzaba a través de las cortinas, la pelirrosa se movió un poco provocando que Hotaru abriera los ojos.
—¿Ya es de día? —Preguntó Hotaru en un susurro intentando moverse sin alertar a Lili que aún seguía dormida.
—Si, son las seis —le respondió Rini logrando bajar de la cama —creo que hemos terminado por dormir aquí.
—¿La princesa dormirá aún? —Se preguntó Hotaru intentando salir de la cama pero Lili abrió sus ojos y miró a ambas chicas. —Perdón, Lili —se disculpó con ella apenada —no quería que despertarás tan temprano —la pelimorada término de salir de la cama tocando el suelo con sus pies descalzos.
—Esta bien, Hotaru —le dijo Lili un poco somnolienta restregando sus ojos con el dorso de sus manos.
—¿Les parece si bajamos y vemos que podemos desayunar? —Les preguntó Rini con una sonrisa ladina.
—¡Quiero panqueques de la hermana Serena! —Exclamó Lili a lo que las otras dos rieron un poco.
—Anda, quizás Serena pueda hacernos el desayuno si ya está despierta —le dijo Hotaru tomando a Lili en sus brazos a lo que Rini le colocó las pantuflas a la menor.
Las tres chicas bajaron escuchando algunos ruidos en la cocina, Hotaru se dirigió al comedor donde sentó a Lili en una silla.
—Buen día —les dijo Serena saliendo de la cocina con unos platos con panqueques los cuales colocó en la mesa dándole primero a Lili —¿Pudieron descansar?
—Buen día, Serena —Rini tomó asiento al lado de Hotaru —hemos dormido bien, pero creo que interrumpimos la siesta de Lili.
—Es bueno escucharlo y sobre Lili, no se preocupen que esa pequeña es demasiado dormilona —les informó sonriendo entrando a la cocina para después volver con otros dos platos más que les entregó a ambas —¿Ya no tienes algún malestar, Hotaru? —Le preguntó Serena un poco preocupada colocando su mano en sus cabellos.
—Estoy bien, gracias a usted —le respondió Hotaru con una sonrisa que la rubia correspondió para después devolverse a la cocina de donde volvió con tres vasos con licuado los cuales les entregó.
—Hotaru, no me vengas con formalidades que me hace sentir extraña —dijo Serena sonriendo con gracia a lo que las chicas se rieron.
—Esta bien, Serena —musitó Hotaru sonrojada.
—Bien, ahora viene lo siguiente —les dijo con una sonrisa a lo que le miraron con curiosidad —después de desayunar todas nos daremos un baño que debemos salir a hacer varias cosas —anunció —llevaremos a Hotaru a clases, haremos unos pequeños movimientos para que Rini pueda asistir a la escuela para que pueda no se aburra en casa y tú Lili, trataremos de inscribirte en el preescolar.
—¿Yo también? —Preguntó la pequeña con un puchero.
—Claro, usted debe terminar su año de preescolar para poder cursar su primer año de básica —le respondió con la ceja alzada.
—Pero yo quería estar aquí... —Musitó Lili haciendo un puchero.
—No, señorita que usted hace lo que su hermana Brittany y yo decimos, cuando tengas la mayoría de edad quizás puedas hacer lo que querías, pero estas bajo nuestra tutela así que haces lo que nosotras decimos —le informó autoritaria mientras le sonreía —ahora las tres van a ir a lavarse, a cambiarse y a preparar sus cosas —les ordenó —Hotaru y Rini, debajo del escritorio de mi habitación están las mochilas con pertenencias suyas —les comentó —espero que cuando esté yo lista ustedes estén o las dejaré atrás.
—Esta bien —respondieron las tres al unísono con resignación terminando el desayuno para después levantarse de la mesa, la rubia junto los recipientes vacíos los cuales llevo al lavamanos y se dirigió a la planta alta donde tomó una muda de ropa para cambiarse.
—Vaya que les has puesto buen orden —le dijo Luna a la rubia mientras la veía alistarse teniendo a Diana dormida a su lado.
—¿Te parece? —Le preguntó Serena con una sonrisa ladina mirándola por el rabillo del ojo, de pronto al alzar sus brazos para colocarse la camisa los bajo rápidamente mientras una mueca aparecía en sus labios.
—¿Estas bien? —Le preguntó Luna al notar aquello, la rubia rápidamente se dio la vuelta dándole la espalda.
—Debí hacer mal un movimiento —le respondió llevando su mano derecha al lado izquierdo de su pecho —fue descuido mío, no te preocupes —dijo colocándose la camisa para después girarse a ella —les he servido comida a Diana y a ti que está en el comedor, nosotras salimos temprano pero pueden desayunar cuando quieran —la rubia le sonrió para después abrir el cajón del buró de dónde miro aquel folder, pero tomó las llaves sobre el y volvió a cerrar el cajón —nos veremos más tarde —Luna asintió con una leve sonrisa a lo que Serena salió de la habitación con tomando su bolso de la silla que estaba frente al tocador.
Serena bajó hasta la sala mientras revisaba que tuviera todo en el bolso, al elevar la mirada notó a Rini y Hotaru preparadas junto a Lili quién estaba en la espalda de Rini sonriendo.
—¡Mira, hermana Serena! —Le llamó la pequeña entusiasmada —¡Rini me ha cargado a caballito!
—Muy bien —dijo Serena sonriendo —vengan, que es hora de irnos —ella tomó las llaves las cuales sacudió haciendo un sonido para después dirigirse a la salida.
—¿Este auto estaba aquí ayer? —Preguntó Rini asombrada mientras Serena abría las puertas.
—Llegó está madrugada, lo han traído desde Estados Unidos —le respondió acercándose a ella y tomando a Lili en brazos para introducirla en la parte trasera del coche en una silla para niños —bien, señorita —se dirigió a ella —ya conoce las reglas, nada de movimientos bruscos, nada de intentar quitarse el seguro, nada de protestar a medio camino y...
—¡Ser buena niña! —Completó con una sonrisa, Serena rió levemente para después darle un beso en la frente y salir de la parte trasera.
—¿En serio es tuyo el auto? —Insistió Rini provocando que Serena se riera.
—Anden, entren ya —les indicó con cierta burla a lo que ambas se subieron y después lo hizo Serena —coloquense los cinturones —les ordenó a la vez que encendía el motor.
—¿Sabes manejar? —Le preguntó Hotaru con curiosidad.
—Soy casi tan buena como Haruka, no tienen que preocuparse —respondió Serena con tranquilidad comenzando a conducir saliendo de la avenida.
Serena había logrado que Rini y Lili comenzarán sus clases ese día a lo que ella se retiró marcando las diez de la mañana en su celular, cuando conducía miro de rojo el parque #10 a lo que se detuvo y pensó durante unos segundos tomarse un respiro en ese lugar que hace algún tiempo recurría con cotidianidad.
La rubia caminó por los senderos con calma mientras veía a algunas personas hacer ejercicio, algunos pequeños niños jugar al lado de sus madres o de dueños con sus mascotas dándoles un paseo a lo que una sonrisa se dibujó en sus labios al estar rodeada de aquellos eventos como antes era.
Serena llegó hasta debajo de un árbol dónde colocó su mano sintiendo la suave brisa mañanera contra su rostro.
—Sin duda hay más árboles de los que había la ultima vez —murmuró maravillada.
—Se encargaron de cuidar más el parque desde que te fuiste —dijo una voz a su espalda que la hizo voltear rápidamente encontrándose con la figura de Darien.
—Vaya, fuiste muy silencioso que no sentí tu llegada —le dijo Serena sonriendo con gracia.
—Entonces significa que he podido darle una sorpresa a la princesa que ha llenado de sorpresas a todos —le contestó Darien de forma orgullosa haciendo que Serena se riera mientras rodaba los ojos.
—Vamos, no me digas princesa —dijo Serena riendo aún —es extraño que mis guerreras usen ese término y tú igual lo hagas.
—Despues de todo eres una princesa, es lógico que se dirigen a ti de esa manera —la rubia hizo un puchero a ese comentario —pero si yo lo digo es por cariño.
—Si tú lo dices, mi príncipe —se burló Serena con sus mejillas sonrojadas mientras se miraban a los ojos por unos largos segundos que parecieron eternos, ambos azules transmitían ese anhelo y recuerdo ante el tiempo separados. —¿Qué te parece ir a sentarnos? —Le preguntó con una sonrisa nerviosa.
—Eso me parece bien —le respondió Darien con una sonrisa.
Ante la afirmativa ambos caminaron hacia una de las bancas del parque donde se sentaron lado a lado logrando tener una visión abierta de lo que ocurría en el parque.
—Viendo bien —Serena giro su rostro a Darien después de haber estado observando a unos niños jugar —cambiaste demasiado en tu estancia en Estados Unidos —sus miradas se encontraron.
—¿Lo hice para bien o para mal? —Le preguntó con cierta coquetería que hizo al pelinegro reír.
—Lo hiciste para bien, Serena —le respondió él con dulzura, un extraño escalofrío recorrió la espalda de Serena y algún tipo de sentimiento de culpa.
—La verdad, te extrañe mucho —le dijo Serena con una leve sonrisa colocando sus dedos sobre los de él.
—Eres una persona admirable —Darien enlazo sus dedos con los de ella —me alegra demasiado que hayas vuelto.
—¿Soy admirable? —Cuestionó Serena con una sonrisa ladina —bueno, me agrada que digan cosas geniales de mi —dijo con orgullo provocando que Darien riera un poco.
—¿Cómo iniciaste en el modelaje y diseño? —Le preguntó él con interés.
—Sucedió por sugerencia de Brii, ella me involucró y termine por aceptar todo lo que rodea ese mundo —comentó con una sonrisa que después se borró —al menos de esa manera pude sentirme un poco liberada —susurró lo último con cierta melancolía.
—¿Liberada? —Cuestionó Darien mirándola preocupado por el reflejo de tristeza que había en su mirada.
—No, olvida eso —repuso Serena rápidamente —pero cuenta ¿Estas trabajando a caso en el hospital central? —Preguntó con una sonrisa la cual Darien correspondió al notar que ella quiso cambiar el tema.
—Por supuesto, he tenido una especialización con honores y tienes ante ti a un médico que es categorizado como de los mejores —le respondió a modo de alarde que hizo reír a Serena.
—Eso me parece fantástico, me alegra mucho que tengas tanto éxito —expresó con alegría sincera abrazando de improviso al pelinegro el cual correspondió el gesto para separarse unos segundos después —me alegra que estés tan centrado en tu sueño.
—Eso sólo es una parte de lo que eres mi sueño, princesa —dijo él colocando su mano en la mejilla de ella y la acarició con su pulgar.
—¿Es así? —Cuestionó con una sonrisa ladina —¿Cuál podría ser la otra parte?
—Nuestro futuro juntos —le respondió él provocando que Serena sintiera el frío recorrerla para despues alejarse del contacto de Darien llevando su mirada hacia los niños que jugaban.
—El futuro es fácil de cambiar, cada acción funciona en cadena de tal forma que el futuro no está dado por sentado —argumentó en un susurro.
—¿A que te refieres con todo eso? —Cuestionó Darien un poco preocupado ante aquel argumento de Serena la cual se devolvió a mirarlo a los ojos.
—No me refiero a nada, sólo no le prestes atención —respondió Serena desviando su mirada de nuevo.
—Esas palabras parecieran que tienen un transfondo que estás dándole la vuelta —dijo Darien con seriedad.
—Tengo entendido que me darían tiempo ¿No? —Cuestionó Serena mirándolo con la ceja alzada.
—Tienes razón, te daré tu tiempo, sólo que me produce cierta incertidumbre lo que has dicho —enunció tomando la mano de Serena para mirarla a los ojos.
—No te preocupes, perdón por haberte alarmado —se disculpó ella sonriendole con dulzura.
—Esta bien, es asunto superado —le dijo él correspondiendo su sonrisa.
—¿Acaso no te estaré retrasando para tu trabajo? —Le preguntó ella con una media sonrisa a la vez que alzaba su ceja.
—Mi turno comienza a las once —le comunicó él.
—Darien —dijo ella mirando su celular —cariño, son las diez con cincuenta —le informó riendo un poco.
—Vaya que el tiempo ha pasado demasiado rápido —confesó él tomando su celular de su bolsillo checando la hora.
—Espero tengas un buen turno de trabajo —le deseó ella acercándose a él y dándole un beso en la mejilla.
—Te veré en otro momento, cuídate —le dijo él retirándose dejándola sola.
Serena suspiró sentándose de nuevo en la banca, mantuvo sus ojos cerrados escuchando sólo a los niños por unos segundos para después abrirlos de nuevo.
—El futuro no está dado por sentado... —Susurró para ella misma y miró por el rabillo del ojo —Haruka y Michiru ¿Cuanto tiempo más se mantendrán sin salir? —Cuestionó con un tono de curiosidad haciendo que ambas figuras salieran de entre unos árboles cercanos.
— ¿Sabias que estábamos aquí? —Le preguntó Michiru asombrada mientras se acercaban a ella.
—Claro que si ¿Pero qué les parece si vamos a un lugar a platicar? —Les preguntó sonriendo.
—Me parece bien, cabeza de bombón —apoyó Haruka su idea.
—Vamos a nuestro departamento —le sugirió Michiru.
—Iremos en mi auto —indicó Haruka caminando al frente de Serena.
Serena simplemente las siguió en silencio.
[…]
