- Señor Le Blanc -.

Degel se dió la vuelta y vio a Kardia en el umbral. Se había puesto una camisa de seda azul claro, abierta al cuello y unos pantalones negros. Había estado impresionante con solo una toalla, pero así vestido estaba aún mejor; su fuerza era aparente en cada movimiento y la seda se ondulaba sobre sus músculos. El dio un paso atrás.

- Señor Antares.

-Por favor llámeme Kardia - sonrió -. Hábleme de usted, caballero. Entiendo que tiene experiencia en la valoración del arte renacentista, ¿No es así?

- Es mi especialidad, señor Antares

- Kardia - se sentó tras el enorme escritorio de roble y apoyó la barbilla en los dedos, esperando.

- Tengo un doctorado en copias de Da Vinci del siglo XVII.

- Falsificaciones.

- Sí.

- No creo que aquí vaya a ver Falsificaciones.

Degel sintió un pinchazo de excitación. A pesar de la ansiedad que le producía ese lugar, anhelaba ver lo que escondía la cámara.

- Si quiere enseñarme lo que desea tasar...

- ¿Cuanto tiempo lleva con aseguradores de arte Axis?

- Cuatro años.

- Parece muy joven para ser tan experto.

Degel controló la irritación. Por desgracia, estaba acostumbrado a que los clientes, sobre todo hombres, durarán de su capacidad.

- Monsieur Harukei puede dar fe de mi experiencia, señor Antares...

- Kardia - corrigió el con voz suave.

Degel sintió un escalofrío. No quería llamarlo por su nombre. Por ridículo que pareciera. La formalidad era manera de mantener la distancia necesaria y profesional.

- Si prefiere a otro tasador, por favor, dígalo - sería un alivio alejarse de la isla y de los recuerdos que revivia.

- En absoluto, señor Le Blanc - sonrió muy relajado -. Sólo estaba haciendo un comentario.

- Entiendo - esperó, inquieto y tenso, intentando aparentar indiferencia. El no dijo nada y al final la impaciencia ganó -. ¿La colección...?

- Ah, si. La colección - Su expresión se volvió velada, cautelosa. Por un momento dió la impresión de ser un hombre atenazado por una fuerza terrible, por una sombra. Después su rostro se aclaró. (Tan Kardia :v) Mi padre tenía una colección de arte en el sótano de este complejo. Una colección cuya existencia desconocía - Kardia, al ver que no decía nada, arqueó una ceja -. Duda de mi palabra.

- No estoy aquí para formular juicios, señor Antares - repuso Degel, que, por supuesto, dudaba.

- ¿Alguna vez va a llamarme Kardia?.

- Prefiero que las relaciones sean los más profesionales posible.

- ¿Y llamarme por mi nombre es demasiado íntimo? - Su voz tenía un tono suave y seductor que provocaba cosquilleos a Degel. Le irritaba el indeseado efecto que la voz, la sonrisa y el cuerpo de ese hombre tenían en el.