[...] — Bakugo... dime que no sientes nada cuando te beso y me haré a un lado.
Kirishima en verdad se la había jugado con esa frase, pero el explosivo aún no le dirigía la mirada, a pesar de tenerlo justo en sus narices.
El pelirrojo iba a besarlo una vez mas, pero fue interrumpido. Bakugo se sentó al borde de la cama y se tomó un segundo para responder.
— Siento... yo siento algo.
— S-solo... — Kirishima titubeó esperanzado — ¿Solo... algo? — se sonrrojó y besó a Bakugo tirando un poco mas su cuerpo sobre el del otro. — Dime... dime lo que sientes. Te diré lo que yo siento también.
Bakugo ahora se dejaba tocar en el rostro por ambas manos de Kirishima. Sus respiraciones comenzaban a ser cada vez más calientes y pesadas. El pelirrojo trataba de ir lo mas lento posible, no quería hacer ningún movimiento que detuviera la docilidad de su amado. Estaba a punto de dejarse llevar, entre besos y carias, pero se detuvo delicadamente.
— No... no puedo seguir si no me respondes.
— Kirishima...
— No, de verdad. No quiero que esto sea sólo el calor del momento... Te amo, estoy enamorado de ti, Bakugo. Quiero saber lo que tu sientes...
— Tsk. — chistó sonriendo — ¿Lo que siento? Yo... estoy enfadado. Si fueras alguien mas, ya te habría volado la cara en mil pedazos, por maldito entrometido...
— ... pero? — dijo con una burlona sonrisa humilde y llena de esperanza.
— Aaaah... — suspiró Bakugo cansado y aún sonrojado — Pero eres tu. También me gustas. Pero quiero al maldito nerd, lo quiero y no sé si voy a olvidar lo que siento por él pronto, Kirishima.
Esas palabras fueron como una apuñalada. Sintió por un segundo que todo estaba perdido, pero sabía que todo ese melodrama no podía ser en vano.
— YO voy a ser el que te haga olvidar.
— Diosss, ¡qué insistente eres, cabeza de pinches!
— Ya me dijiste que te gusto, eso me basta. — diciendo esto empujó a Bakugo completamente hacia atrás obligándolo a estar totalmente recostado — No puedo volver el tiempo atrás y ser tu amigo desde pequeños, no puedo desafiar tu fuerza, ni convertirme en tu obstáculo, ni nada de lo que Midoriya causó en ti, pero... — sus palabras fueron interrumpidas por una atónita mirada de Bakugo, con los ojos con pocas lágrimas. — Dios, ¿dije algo malo...?
— No, yo sólo... me di cuenta de algo. No tiene importancia. — dijo envolviendo sus brazos en el cuello del pelirrojo — No recuerdo... haberte dicho que pararas.
Kirishima no recordaba haberse sentido así de emocionado nunca en la vida. Los brazos de Bakugo envueltos en su cuello, su docilidad, su rostro así de cerca, todo lo estaba mareando y exitando.
Continuó besando al cenizo en los labios, metiendo ahora su lengua profundizando así el calor que sentían. Comenzó a meter las manos debajo de la playera de Bakugo y le rozó los pezones con sus pulgares. Sintió como el otro se arqueaba de placer y ahora lo soltaba del cuello para poner las manos en su pecho y apretar su ropa. Kirishima entendió esto como una señal y se separó para quitarse todo de la cintura para arriba.
El cenizo ahora sentía la piel desnuda del pelirrojo y se excitó, su ropa comenzaba a molestarlo en su erección. Abrió las piernas y el cuerpo de Kirishima estaba igual de caliente que él. Fue entonces cuando sintió como una mano se metía en su pantalón y comenzaba a masturbarlo.
Bakugo se llevó un puño a la boca cuando sintió que su pene comenzaba a mojarse. Al sentir un cosquilleo se mordió un poco los nudillos. Kirishima bajó hasta su cintura para bajarle los pantalones y luego meterse su duro miembro en la boca.
Los gemidos del cenizo inundaban ahora la habitación. Recordó que se oía todo allí, pero eso no era lo que importaba en ese momento, sino a quien tenía entre las piernas. Kirishima solo se quitaba el miembro de la boca para morder los torneados muslos que tenía en el rostro. Se notaba que Bakugo disfrutaba de un poco de dolor, así que puso las manos detrás de la espalda baja del cenizo, levantando en ese movimiento la pelvis de éste hacia su boca y lo mordió en esa zona sensualmente.
— Kirishima... qué... que crees que haces, maldito... — dijo envuelto en placer.
— Di mi nombre. — dijo el pelirrojo quitándose lo que le quedaba de ropa de la cintura para abajo — Di mi nombre mientras te haga mío. — Metió dos dedos dentro de la boca del cenizo mientras metía su lengua también.
La saliva se duplicó y Kirishima llevó ambos dedos hacia la entrada de Bakugo. El último se retorció de placer, con ansias y miedo de lo que estaba por suceder.
— Eijiro... — pronunció.
— Katsuki... — mientras decía con confianza el nombre de su amante introdujo un dedo, oyendo gemidos que suplicaban que continuara a pesar del dolor. Movió de adentro hacia afuera y luego introdujo el otro dedo y continuó con ese ritmo.
Todo en Bakugo se veía exquisito: sus torneados músculos que sudaban un poco y sensualmente, su piel llena de cicatrices extremadamente masculinas, su entrada rosa y su duro y erecto sexo. El pelirrojo se dispuso a penetrarlo y enseguida recordó...
— DEMONIOS.
— ¿Qué pasa? — Bakugo lo miró confundido.
— N-no... no puede ser, no traje condones. ¡Perdón! Es que no planificaba que nosotros...
— Tsk. Olvídalo, no me va a pasar esto de nuevo — el cenizo se sentó levemente, quitándose la playera y tomó otra vez por el cuello al pelirrojo. — Solo... olvídalo. Ven.
Kirishima se abalanzó sobre él bruscamente por la emoción. Colocó sus manos en los muslos de Bakugo, levantándole las piernas para apoyarlas sobre sus hombros y dejar al descubierto la mojada entrada que estaba a punto de penetrar. Tomó su erecto pene con la mano y se apoyó, empujando suavemente. Cuando la punta entró Bakugo largó un fuerte gemido de dolor.
En ese momento el cenizo extendió los brazos queriendo sentir cerca a su amante. Kirishima se sonrojó hasta las orejas cuando vio debajo suyo a su compañero y sólo pudo acceder a ese desesperado pedido implícito apoyando todo su cuerpo encima del otro y haciendo la penetración lo más profunda posible.
— Ah... Eijiro... — Bakugo abrió las piernas todo lo que pudo — Eijiro...
Kirishima tenía el rostro pegado al del otro y se ponía cada vez más duro al sentir al oído cómo llamaba su nombre una y otra vez. Puso la boca en los pezones rosas del de abajo, lamiéndolos, mordiéndolos. Los gritos de placer del cenizo le indicaban que ese dulce dolor podía intensificarse un poco más aún...
— Voy a darte vuelta — anunció el pelirrojo despegando su cuerpo — y te voy a hacer gozar, Katsuki...
— Tsk. — Bakugo se sintió un poco avergonzado, pero hizo caso dócilmente.
Kirishima lo tomó por las nalgas y lo abrió como si ya lo hubiesen hecho cientos de veces. Apoyó su miembro en la entrada de manera suave, pero al penetrar lo hizo duro y brusco. Bakugo dejó caer su pecho en la cama, dejando arriba solo su trasero y comenzó a sentir cómo el pelirrojo lo embestía una y otro vez.
Al dejar de tomarlo por las nalgas, Kirishima decidió llevar sus manos a la parte inferior de los muslos de su amante y lo abrió aún mas. En ese momento sintió como si estuviera a punto de venirse, pero quería el mismo placer para Bakugo. Sacó su pene y apoyó una mano en la espalda baja del otro, empujándolo en señal para que bajara también, dejándolo totalmente acostado boca abajo.
Volvió a penetrar al cenizo, ahora con sus cuerpos bien pegados el uno con el otro. Bakugo sentía el pecho caliente de Kirishima en su espalda y cómo a pesar del peso de éste quería seguir moviendo las caderas para alcanzar el clímax.
Mientras ambos disfrutaban de las embestidas mojadas y duras, llenas de placer, el explosivo tenía las manos hechas puños; enseguida notó como Kirishima colocó sus manos sobre las suyas y las apretó en señal de venirse dentro suyo.
— Katsuki... juntos...
— Eijiro... — fue diciendo el nombre de su amante que sintió todo mojándose por dentro. El calor del semen del pelirrojo hizo que se viniera de placer mientras recibía una última y violenta embestida.
Kirishima aguardó unos momentos, aún dentro de Bakugo. Sostuvo su aún duro miembro al salir y se colocó de costado, mirando a los ojos al otro. Pensó en qué decir, mientras sólo se podían escuchar sus agitadas respiraciones. En ese momento, Bakugo se puso de costado también, mirándolo a los ojos y sonrió de costado como siempre.
— No sabes qué decir, ¿verdad, cabeza de puerco espín?
— Katsuki... — al ver sonreír a su ahora amante se dio cuenta de que casi nada había cambiado y sintió seguridad.
— Yo tampoco sé qué decir, así que supongo que está bien. — el cenizo le dio la espalda y así le dio la oportunidad de acercarse y abrazarlo por detrás.
— En verdad lo lamento, yo...
— Sólo... cállate. — sentenció Bakugo — Mis verdaderos sentimientos... son estos. Los mismos que los tuyos y no me hagas repetirlo ni explicarlo porque en verdad te voy a partir la madre.
Esas palabras fueron casi mágicas para el pelirrojo. No quería arruinarlo y en su mente solo sentía una voz que le decía "no la cagues, no la cagues...". Se levantó de golpe, extendiendo una mano hacia Bakugo con una sonrisa.
— Prepararé el baño, ¿vienes?
— Ja... claro.
