La mañana se anunciaba con los primeros rayos del sol, Akane despertaba removiendose en el colchón y sintiendo algo pesado contra su espalda. Incómoda por la iluminación se dió vuelta a la ventana

Se extrañó por no liberarse de ese bulto que empezaba a ponerla alerta. Abrió los ojos encontrándose con la barbilla de Ranma delante de ella. Oh... Ahora recordaba

El azabache le tenía abrazada por la cintura, su respiración era pausada, desde su boca pudo identificar un sonido que interpretó como ronquidos, rió por lo bajo. Era la primera vez que compartían la cama desde hacía dos semanas

Además había sido su primera noche de sexo. No podía catalogarlo como amor porque no lo era

Se liberó despacio del agarre de Ranma procurando no despertarlo, se sentía un poco mal por lo que iba a hacerle. Pero luego vió su teléfono vibrar en el tocador

Volteó a verlo notando que dormía profundamente así que con cautela se levantó acercándose al aparato, lo tomó entre las manos sin responder, cuando colgaron se marcó en el display la notificación de llamada pérdida de un número sin registrar

Por curiosidad desbloqueó el aparato encontrándose con la bandeja de entrada de su whatsapp, ahí como antes estaban los tres chats de la intrusas en su matrimonio, fue a parar en el de la más reciente registrada como Shampoo que le había mandado una imagen de ella con una camisa de él

Zorra, pensó

Salió de la conversación volviendo a bloquear el móvil dejándolo en su lugar mientras Ranma seguía dormido; se puso la ropa interior y un pijama acompañado de su bata para dormir, no planeaba arreglarse justo ahora

Bajó a la cocina para hacer el desayuno, ahora no necesitaba a Ukyo para ningún asunto en su casa. Con malicia sonrió tomando el teléfono de pared para marcarle, se acomodó la bocina entre la mejilla y su hombro comenzando a batir los huevos —Ukyo, hola querida— la saludó cuando la otra respondió fingiendo simpatía como todo ese tiempo —Buenos días, oye mira. No sé cómo decírtelo así que aquí va, creo que ya no es necesario que vengas a la casa— le habló con suavidad tanteando terreno

Sus palabras dieron el efecto esperado. Mal humor en su respuesta, excusas para seguir yendo, diciéndole que Ranma necesitaba comer bien para sus entrenamientos y clases

—Oh, no te preocupes linda. Ayer cuando llegamos de Tokyo le conté todo, se lo ha tomado de muy buena manera, es por eso que te lo digo cariño

Hubiera pagado por verla hervir en rabia, sentía su molestia incluso por teléfono —¿Está seguro?— preguntó la otra. Ni siquiera se molestaba en ocultarlo cuando preguntaba solo por la opinión de Ranma

—Akane ¿Por qué no me despertaste? Pensé que algo te pasó cuando no te ví en la cama— la frase del azabache había sido lo suficientemente audible para ser escuchada por Ukyo quien profirió un chillido de molestia, frustración —¿Con quién hablas?

—Oh, con nadie, es el servicio de televisión por cable— dicho esto colgó sin decir más —No quise molestarte, por eso no te desperté— le sonrió sirviendo café en una taza grande —En un momento estará tu desayuno ¿Te molesta que lo haga?

Ranma se sentó en el comedor —No— le respondió apoyando su mentón en una de sus palmas —Me sigo preguntando cuando fué que aprendiste todo esto— susurro observando con fascinación cada movimiento. Se sentía un poco más libre para mirarla

—Es un secreto

—Y ¿habrá más secretos por develar de ahora en adelante?— preguntó con total interés

—Tal vez— le respondió coqueta. La noche anterior se comportó tímida, la caracterización de una virgen asustadiza pero ahora debía mostrarse segura —Está listo— le pasó el risotto acompañado con un omelette —Buen provecho

—Buen provecho— repitió el otro, expectante del sabor tomó la cuchara emocionado. Como si por primera vez en su vida hubiera probado un risotto tan delicioso —Esto es exquisito— le hizo saber tomando un sorbo de café —En verdad esto parece un sueño— dijo mientras seguía comiendo

—¿Un sueño?— susurró para ella misma, acaso ¿Él lo había esperado? —Estoy segura de que no es eso lo que quieres creer— quiso convencer a ambos

Aquello lo tomó por sorpresa —¿A qué te refieres?— detuvo la cuchara que se dirigía a su boca

—A nada— le limpió el arroz que tenía en la comisura de su boca —avisame cuando termines de comer— se levantó de la silla. Ante la mirada curiosa de su esposo —Hoy iré al Dojo de mi familia— le avisó mirando de soslayo al hombre —Volveré a la hora de la comida

—¿A qué irás?— le cuestionó sabiendo que no era de su incumbencia, de cualquier manera nunca se habían cuestionado horarios

—Voy a revisar el inmobiliario para darle mantenimiento, por años fue el lugar de entrenamiento de mi papá y sus discípulos, al menos quiero que esté limpio— le respondió con simpleza —Nos vemos más tarde— dicho esto, salió de la cocina

Ranma terminó su desayuno subiendo a la habitación no sin antes lavar sus platos y palillos. Entró sin cuidado a la habitación encontrando a Akane guardado algo en su bolsa, se mordió la lengua para no preguntarle qué era lo que llevaba ahí —Lavé los platos, Avísame cuando vengas a casa— le pidió tomando uno de sus gi para dar las clases del día —Nos vemos más tarde— contra todo pronóstico le besó la coronilla de la frente tomándola por sorpresa

—Claro— se alejó con un poco de brusquedad —Me voy— tomó su bolsa saliendo rápidamente de ahí.

Lo sabía, sabía que era fuego aquel plan descabellado de cobrarse al menos una vez por cada mujer que le descubrió a sus costillas, pero había estado tan herida que no le pasó por la mente que si suscitaba las muestras de afecto por parte de él no les iba a ser totalmente indiferente. Se aferró a la correa de su bolso aferrándose a su misión

El día transcurrió extraño para ambos, ninguno pudo sacar a otro de su mente durante ese tiempo y para cuando Ranma se dió cuenta las clases habían terminado, despidió a sus alumnos enérgicos que agitaban la mano en señal de adiós

Regresó a los casilleros de su Dojo después de darse una ducha, sacó la colonia de su maleta esparciendola por sus músculos tonificados, la toalla atorada en su cadera se movía amenazando con caer, pero no importaba, estaba solo. El vapor de la regadera le había traído recuerdos de la noche anterior, sentía su cuerpo hervir nuevamente recordando el tacto de la piel satinada de su mujer

Estuvo a punto de tocarse pero se reprimió, no era un chiquillo. Aunque si no se repetía nunca más ¿Estaría actuando mal? Era un hombre después de todo, se echó más loción sintiendo la tibieza del alcohol abrazar su piel. Revisó su celular para ver si Akane le había mandado mensaje avisándole que había vuelto pero nada

Revisó que tenía catorce llamadas perdidas de un número sin registrar que sin embargo él identificaba bien, era Ukyo, abrió su chat con mil mensajes. Mensajes molestos, reclamando su atención, clamando que le diera una explicación para el comportamiento de Akane, diciéndole que tenía prohibida la entrada a su casa otra vez gracias a su "flamante" Esposa

Salió del chat bloqueando el aparato. Se vistió dejando de poner atención a lo que no fuera su trayecto hacia la salida. Cerró el lugar para luego subir a su auto y ponerse en marcha, se colocó el manos libres marcando a su esposa. Esperó lo suficiente para ser mandado a buzón de voz, fue entonces que le entró un poco el miedo

Era bien sabido que Ranma tenía "enemigos" que querían ver destruida su imagen, que también aprovecharían cualquier baja en su defensa para lastimarlo a él o a sus cercanos. Dió vuelta en u para retomar la dirección que muchas veces siguió a pie mientras volvía a la casa Tendo en su adolescencia. Tan rápido como llegó se estacionó en la calle mientras veía el edificio principal, dió la vuelta a la cuadra entrando por la puerta del Dojo que para su sorpresa estaba abierta

El sitio estaba tan tranquilo que cualquiera podría dudar de todas las situaciones que lo abrumaron hacía ya algunos años

Entró observando que había sido limpiado y ordenado recientemente. Oyó los gritos de batalla que solo podía recordar haber escuchado a sus diesiceis años, caminó al Dojo encontrándose con la imagen que por mucho tiempo evitó ver; Akane totalmente concentrada en posición de batalla; con la respiración pausada y profunda, esperando

—Sé que estás ahí— la oyó decir —No es necesario que contengas la respiración para que no me dé cuenta— abrió los ojos al tiempo que Ranma soltaba el aire que ni siquiera sabía que retenía —¿Qué hora es?

—Las dos cincuenta— le informó guardando las manos en los bolsillos de su pantalón —Es casi la hora de la comida— le dijo con fines únicamente informativos

—Tienes razón— le concedió tomando aire —Puedes adelantarte si quieres— después de eso comenzó a atacar a un oponente inexistente. Sus movimientos eran rápidos, precisos que asustarían a cualquiera que no dominara muy bien el arte marcial de estilo libre, sin detenerse ante la mirada atenta de su marido lanzaba golpes

Él estaba emocionado al verla que no se dió cuenta cuando estuvo cerca suyo hasta que sintió el aire producto de el brazo veloz de Akane pasando a lado de su mejilla —Entrena conmigo— le pidió sonriendo, con esa confianza que le caracterizó siempre

—De acuerdo— aceptó él por primera vez en su vida

La segunda vez que Ranma le había sido infiel había sido una compañera del ramo, una guerrera amazona que procedía de China con la que compartió mucho a lo largo de su carrera, habían sido tan cercanos que incluso compartieron la cama en varias de las reuniones de la Asociación de deportistas. Shampoo también era muy hermosa y exótica, a diferencia de Ukyo que era más bien tranquila tenía contraparte con Shampoo quien era una mujer amante de los reflectores y los artículos hablando de ella sin importar que fueran positivos o negativos, se encargaba de destruir los prejuicios con sus logros. Al menos tenía algo más admirable que la cocinera

Akane sabía de ante mano que Ranma la veía como un menos ante su amante, parecía empeñado en recalcarle con acciones cuanto dudaba de sus capacidades combativas. Quizá ese fuerte atractivo lo inclinó a tener una aventura que parecía seguir teniendo escombros a pesar de que ahora también se acostaba con Ukyo. Que idiotas, ellas por dejarse mentir y él por creerse invencible

La adrenalina le corrió por el cuerpo olvidando por unos segundos que era un encuentro amistoso, le asestó dos golpes certeros en la costilla izquierda tan fuertes que lo doblegó, se agachó intentando revisar el golpe —Perdóname— exclamó con culpa

—Estoy bien— respondió para no hacerse problemas, aunque el golpe le hubiera dolido en serio —Has mejorado mucho— la halagó mirando directamente sus ojos. El tiempo parecía detenerse mientras hacían contacto visual —Akane— parecía ya un hechizo que cada vez que la besaría iba a pronunciar su nombre para evitar que se alejara. Juntaron sus labios en una pausada caricia, cerraron los ojos cuando la mano masculina acunó la delicada mandíbula de ella

Al separarse Akane tuvo que sostenerse del piso para no caer. Muy peligroso —Debemos ir a casa— le recordó

—Ti-Tienes razón— se levantaron acalorados, intentando procesar lo que acababa de ocurrir —¿Trajiste auto?

—No

—Entonces vamos en el mío, está estacionado frente a la casa— le informó rascando su nuca —¿Vamos?

—Tengo que cambiarme— repuso Akane mirando a otro lado —No me tardo— salió con dirección a la casa sintiendo el corazón latirle a toda prisa. Debía tener los nervios de acero para continuar con su descabellada idea. Al salir lo vió recargado en el cofre del auto, mirando al cielo de la tarde —Vamos— le dijo llamando su atención

Akane caminó distraída tropezando con una protuberancia de la calle. Con movimientos fugaces Ranma la sostuvo a tiempo para que no callera, nuevamente azul con avellana chocaban en un electrizante momento. La peliazul no se movía notando como su esposo se acercaba a besarla nuevamente

En esta ocasión respondió sin quedarse atrás en aquel poderoso beso. Se separaron después de unos segundos sonriendo entre sí

—Gracias por sostenerme— pronunció apenas en un susurro —Debemos irnos

Ranma admitía con gran pesar que desperdició los años de su matrimonio; es decir, si Akane hubiera sido así con él desde el principio quizá su vida no hubiese sido ese estrepitoso montón de malas decisiones. Si tan solo hubieran sido un poco más considerado con ella

Lo que lo llevaba a la siguiente pregunta ¿Y si ella estaba planeando algo? Toda la amabilidad y atenciones podrían traducirse como el plan previo a otra movida más grande. O quizá ella también le había sido infiel y todo eso que hacía le disminuía la culpa

Aunque si lo había engañado no la culpaba, después de todo, él no podía opinar al respecto con las aventuras que arrastraba detrás suyo y la poca atención que le había brindado en esos once años de matrimonio

Que imposible sonaba, once años de gélido matrimonio indiferente

Cuando llegaron a la casa las cosas se entibiaron no tenían la suficiente valentía para mirarse después de lo que pasaba entre ellos aunque tampoco eran tan fríos para fingir que no pasó o que no querían más

Por eso mismo después de las clases que daba Ranma por la tarde, volvió deseoso. Como nunca antes había estado, encontró a Akane en su habitación leyendo un libro sobre la cama; no podía esperar más

—¿Cómo te fue?— preguntó ella pasando a la siguiente página

Ranma no respondió, estaba debatiendo entre seguir su impulso o recatarse a la antigua rutina. Optó por la primera opción; se deshizo de la chaqueta dejándose solo una camiseta de tirantes, avanzó desde el inicio del colchón a gatas poniéndose sobre Akane

—¿Ranma?— ella un poco sorprendida alzó la vista del libro para encontrarse con la brillante mirada de él —¿Qué estás...?— no pudo terminar, Ranma le arrebató el libro tirandolo por el borde de la cama —¿Qué te sucede?— por instinto retrocedió hasta pegar toda su espalda a la cabecera

—Necesito tu permiso— le dijo acariciando su corto pelo azulado, conteniendose de saltar a ella como un animal —Por favor, yo... No sé cómo me dejaste antes... Pero ahora quiero escuchar...— se acercó más dejándola sin salida —Quiero oir que me des tu permiso para hacer el amor contigo— le estaba casi suplicando

—Oh Ranma— enternecida pero al mismo tiempo aterrada de lo que podría pasar, acunó el rostro masculino entre sus tersas manos —Si...— susurró despacito, invitándolo —Si quiero—

En ese momento se perdió la cordura, solo se limitaban a disfrutar de la sensación calida, del fuego que quemaba sus entrañas y los llevaba a un nivel más osado en las caricias, más lejos de su primera vez tímida y torpe de el día anterior

Las manos exploraban con más valor, los dientes morían y dejaban marcas de su paso, las uñas pintadas de púrpura se clavaron en la bronceada espalda del azabache y sus vientres chocaba cada vez que la embestía. Por una vez los dos olvidaron que tenían amantes para satisfacer ese ámbito en sus vidas. Ese deseo ardiente de oler a sexo de vez en cuando

Se olvidaron del resto cuando Ranma la estímulo lo suficiente para hacerla alcanzar el orgasmo antes de que él mismo llegase al clímax

—Akane... Te amo—

Esas palabras la trajeron a la realidad