Ranma estaba dando su clase de las cuatro, su concentración se veía dividida entre los movimientos de Artes marciales que ejecutaban sus aprendices y el por qué no recibió un "Yo también" Después de su te amo la noche anterior
No esperaba que su esposa se abriera el corazón apenas con dos días de lo que era un matrimonio "real" O al menos más afectivo, no obstante se estaba partiendo el cerebro en lo que dijo sin pensar, solo sintiendo. Temía que ese sentimiento emergiera a la superficie, se había estado mordiendo el alma para no confesarlo porque no quería sentirse precisamente así: Rechazado
Porque desde la juventud Akane le había dejado bien claro que no le quería, que ella se casaba con el solamente como un negocio, una transacción de un bien por otro. Ella la daría su vida y él se encargaría de cuidar el estilo de artes marciales que preferían sus familias; heredarlo y hacerlo crecer nuevamente
La segunda parte la había conseguido sin problema, pero ni siquiera estaban cerca de darle un heredero a su suegro. Lo sabía, sabía que todo el embrollo de sus aventuras le traerían problemas si alguna de ellas decidía tener un hijo, por eso cortó de raíz cualquier posibilidad
Los gritos de batalla lo trajeron una vez más al presente, debía concentrarse para dejar esos pensamientos lejos de él —Bien jóvenes, formen parejas y comiencen con los movimientos evasivos que vimos la semana pasada, primero uno y luego otro— aplaudió con fuerza
Akane veía atónita la revista que sostenía. Maldita sea
En la portada con el título más vistoso de la historia estaba ella siendo sostenida por Ranma mientras se besaban. La foto era del día anterior; debió ser más cuidadosa con eso, si quería divorciarse sin dañar la imagen del azabache debió tener más cuidado
Estaba siendo muy considerada con él. Irse sin pedirle ni un centavo ni tampoco exponer sus infidelidades al medio, no es que quisiera ser una mártir pero tampoco iba a hundirlo; mientras se separaran en los mejores términos posibles todo estaría bien
Arrugó el papel dejándolo en a encimera de la cocina. Su teléfono sonó asustandola —Dime— atendió la llamada un poco sorprendida —Ukyo—
—Hola Akane, las chicas y yo vamos a reunirnos, nos preguntábamos si querías venir— le invitó la otra mujer —Aunque está bien sino puedes, entendemos que al estar casada debe ser muy agotador
—No te preocupes— respondió rápida cortando el ácido en su voz —¿Dónde nos vemos?
—Estaremos en la cafetería cerca del lago, nos vemos en media hora— dicho esto la castaña colgó
Media hora, apenas se hacía eso de camino. Entonces ¿Ese era su plan? El trío de hienas que tenía por "amigas" Le estaban tendiendo una emboscada; perfecto
Se miró por un momento, el atuendo era el de estar en casa, unos shorts crema holgados y una blusa que le dejaba descubierto medio hombro. Le restó importancia, si su plan era humillarla les demostraría que estaban equivocadas, incluso con esa apariencia les daría una lección que jamás olvidarían
Tomó las llaves de su auto saliendo de la casa, texteó a Ranma avisándole que saldría por dos horas. En su bolso viajaba la revista que le causó dolor de cabeza apenas unos momentos atrás como arma mortal ¿Querían guerra? Entonces la tendrían
Cuando llegó mucha gente le quedó mirando, en esos momentos era el tema de conversación seguramente por el artículo de aquella imprenta amarillista. Cerró el auto entrando a la cafetería viendo en la mesa del rincón a sus tres inseparables "amigas" —Hola Akane— saludó Kodachi, la hermana de su cuñado Tatewaki —Te estábamos esperando para ordenar—
Las tres como era de esperarse iban muy arregladas, al menos Ranma no tenía gustos feos en el físico, las tres podían presumir de un bien trabajado cuerpo y facciones muy femeninas que atraerían a cualquiera
—Siéntate Akane, se te ve un poco... Desaliñada ¿Te encuentras bien?— preguntó Shampoo con malicia —Debimos interrumpirte en tu labor como ama de casa ¡Y eso que aún no tienes hijos!— negó suavemente —Pero anímate, tu empleada ya va a regresar de vacaciones
—Si, es un alivio— ironizó rodando los ojos —Ordenen, hoy yo pago la cuenta— se ofreció tomando la Carta
—Para nada, cada una pagará lo suyo, no queremos ser una carga para el bolsillo de Ranma— casi reprochó Ukyo tomando uno de los cartones con el menú
—Tienes razón— le respondió altiva —No debería cargar con gastos innecesarios, por eso nunca le he pedido flores o chocolates, ni vestidos caros o joyas costosas. Ese no es mi estilo, el de interesada— finalizó llamando al camarero para evitar algún contrataque —Quiero una ensalada y un americano frío, sin azúcar por favor—
Las demás le entregaron su orden al chico dejando que se marchara. La plática se desvió en dirección de las nuevas inmobiliarias que adquirió la familia Kuno, el próspero negocio que Tatewaki había triplicado aunque no fuese muy brillante se estaba convirtiendo en un emporio sumamente importante
A propósito Kodachi había chocado su codo con el bolso de Akane, tirandolo al suelo —Ay linda, perdoname— le dijo ahachandose para levantar las cosas que salieron de éste —No fue mi intención cariño
—No te preocupes, los accidentes pasan— Akane ya estaba metiendo todas sus cosas a la velocidad de la luz
—¿Eso es una revista?— preguntó Ukyo atenta a como guardaba el papel maltrecho —Vaya, esto si que es una novedad— se emocionó —Dejame verla, creo que es la nueva edición de Bazar
—No, es una tontería que me encontré por ahí— se quiso deshacer del interés que se empezaba a generar —No es importante
—Oh vamos, Akane tu nunca compras esas revistas, algo interesante debe estar pasando— repuso Shampoo dándole un sorbo a su café —O ¿Acaso te encontraste con la edición de Men's health de tu esposo?— picó intentando que callera, insinuando claramente que solo lo podría tener en papel. Pobre ilusa
Sin embargo ellas estaban siendo atrapadas por la trampa de la peliazul —De acuerdo— suspiró poniendo la revista en la mesa. Dejando a todas calladas —Les dije que era una tontería— hizo ademán de volver a guardarla siendo detenida por Kodachi
—¿Ésto es cierto?— preguntó la pelinegra tomando el objeto de polémica —Ustedes...
—Si, nos besamos, no creo que sea algo para poner en la portada con el título "La feliz pareja Saotome ¿Nos dará por fin una sorpresa?" Es exagerado
—Espero que tengas cuidado Akane ¿Sabes como pueden afectar los rumores a la carrera de Ranma?— preguntó Ukyo —Está en un momento decisivo así que sería bueno que no... Saliera mucho en los medios si no se trata de su Dojo o del Consejo
—Me estás diciendo que no puedo besar a ¡mí! marido, porque le doy mala imagen— le reprochó cruzando los brazos —Es increíble la consideración que le tienes
—No es eso linda, lo que pasa es que nos preocupan, los dos. No es bueno que desvíen su atención por cosas sin importancia, todo este tiempo te has mantenido en muy buena posición al ser su soporte pero abrir brechas entre lo importante y lo trivial no es saludable para ninguna carrera
—Tú también te preocupas mucho ¿No? Kodachi— increpó Akane
—Bueno, después de todo también invertí en el Dojo que levantó Ranma, es natural que me preocupe— resolvió sin más. Como si sus palabras fueran la ley absoluta —En todo caso, no te precipites, sé más cautelosa
—Anímate, de todas maneras tienes a Ranma para tí solita ¿Cierto? Solamente debes mantener el afecto por debajo del agua— Shampoo podía sentir regocijo al decirle eso —En todo caso— se aclaró la garganta tomando la revista —Es una revista poco popular, deberíamos no tenerla en cuenta ¿Quién lee esto hoy en día?
—Es cierto— convino Kodachi —Oh miren la hora que es, yo debo irme. Fue bueno verlas, espero pronto nos volvamos a reunir— dicho esto pidió la cuenta por su consumo
Akane la vió salir, ella también tomó sus cosas disponiendose a marchar —Gracias por la invitación pero mi vida llena de responsabilidades como esposa me llama— dijo eso último haciendo énfasis en la palabra "esposa" —Nos vemos
Cuando salió del local no pudo evitar reír con fuerza, la cara de las tres era impagable. Debía darse crédito por no soltarse a reír cuando estaban ahí, ver su molestia por besar lo que creían suyo le dió una gracia casi incontenible. Kodachi había tenido que huir pues aunque siguera gustando de Ranma él no le hacía más caso
Eso le recordaba, el último eslabón de su plan. La primera vez que Ranma le fué infiel tenía ya su tiempo, dos años después de su boda, le había puesto los cuernos con su concuña. Quizá en prenda por el fuerte préstamo que le hizo a su esposo cuando recién levantaba su Dojo. No lo sabía con exactitud pero hasta donde se enteró, había dejado de frecuentarla porque era sumamente escandalosa, ella no era una amante muy discreta después de todo. Era aún más vanidosa que Shampoo y su amor por los flashes. Kodachi lo llevaba a otro nivel
Ranma le había pagado cada centavo, ella fue testigo de eso, entonces no quedaba otra opción más que Ranma era un idiota que nunca estaría preparado para el matrimonio, con sus altos y bajos, quizá era ella la que se hizo expectativas muy altas sobre un compromiso que no tenía fundamentos románticos
Quizá ella era la cursi que mal interpretó las veces que Ranma la defendió y cuidó del peligro. Era una tonta por haberle querido sin mirar lo que era en realidad su relación; un contrato
Nunca celebraron su aniversario o día de San Valentín, nunca tuvieron fechas especiales ni momentos mágicos, esa no era más que una fachada que casi le echó a perder la vida. Sentía que todo ese tiempo desperdiciado le costaría más caro que haber hecho una rabieta y negarse a casarse
Su historia iba a dar fin. Eso era seguro, no importa que tan vivo se sintiera el "Te amo" de ayer, cuanto le hiciera palpitar el corazón. Ahora tenía algo mucho más benévolo y real, algo que le devolvía sus ilusiones depositadas y desperdiciadas
Cuando aparcó en la cochera notó que nadie estaba en casa, las luces apagadas le daban una alusión vacía que jamás pensó ver tan abrumadora aunque la viviera cada día. Entró sin anunciar su llegada, cuando se dió la vuelta Ranma tenía una copa de vino en las manos, su mirada vidriosa le decía que estuvo bebiendo antes de que llegara —Hola Ranma ¿Ya comiste? Perdón por tardarme, las chicas me invitaron a comer y...— se cortó al notar como no le prestaba atención —Bueno no importa, prepararé algo enseguida, espera en la sala— dejó su bolso en el perchero de la entrada
—No te preocupes por la comida— le dijo él de vuelta —Pedí algo
—¿En serio? Supongo que tenías mucha hambre— le respondió con un poco de culpa —Entonces...— se quedó en silencio —¿Cómo te fué?
—Bien, aunque no pude concentrarme mucho, después de todo. Me preguntaba que estarías haciendo— Ranma meneó el contenido de su copa con sumo cuidado —¿Te gustaría compartir este vino conmigo?
Akane que aún no se movía de la entrada sintió que estaba entrando en terreno peligroso —De acuerdo— accedió mirándolo —¿En... La Sala?
—Si, por qué no— Ranma se dió la vuelta empezando a caminar. Tomó la botella sirviendo la copa para Akane —Hay queso también, por si quieres acompañarlo— se sentó en la codera del sofá tendiendole el brazo
La peliazul sujetó su bebida contemplando la tenue luz de las velas iluminar la estancia. Bebió un sorbo dándose valor para mirar a su esposo —¿El nuevo alumno es bueno?— quiso saber para disolver un poco la atmósfera incómoda
—Si— se limitó a contestar él. Más silencio; transcurridos tres minutos completos por fin decidía afrontar la situación —Akane
La aludida levantó la vista -—Dime—
—¿Planeas hacer algo después de estos días?
—No enriendo Ranma ¿A que te refieres?
—Me refiero a que despues de once años de matrimonio precario y poco afectivo... Tú... ¿Qué te hizo cambiar? ¿Es porque me has engañado y te sientes culpable?— le preguntó sin reproche, como una pregunta que solo buscaba información, sin intenciones de herir
—No— respondió simple —Solo quería demostrarte, que yo también puedo ser una mujer capaz
—Entoces ¿Es una venganza? Por las infidelidades
La peliazul sintió enojo, más no el suficiente para reprocharle —Si— esta vez suspiró sentándose a su lado —Por una vez quería saber que se sentía estar en un matrimonio de verdad, quería sentir tus manos sobre mí como ellas lo describían
—Akane— susurró
—Pero he tenido suficiente, hemos hecho lo que pudimos y estoy conforme con ello. Por eso— suspiró antes seguir —Quiero el divorcio
A Ranma parecía caerle una gran roca dentro de la garganta, que amenazaba con ahogarlo, sintió el abismo abrirse bajo suyo dispuesto a arrastrarlo en la infinita oscuridad —Eso imaginé— bebió todo el vino de golpe —No servirán de nada mil te amo ¿Verdad?
Ella abrió los ojos con sorpresa ¿Sus palabras anteriores habían sido en serio? —No— respondió después de un rato
—Bien— se sirvió más licor —Lo hablaremos con el abogado ¿Cuándo quieres que suceda? ¿Mañana?
—No, es un momento decisivo en tu carrera— comentó enfocando la vista en el tinto que le devolvía un débil reflejo —Lo hablaremos mañana, más a conciencia ¿Te parece?
—Entonces por hoy— el azabache acercó su mano a la mejilla de ella —¿Podemos fingir que somos un matrimonio feliz?— ese ruego la desarmó por completo fuera por el alcohol en su sangre o la situación, terminó asistiendo
Él se acercó más desde su posición en el sillón, la besó con premura, como si el tiempo desde esa confesión no fuera suficiente para disfrutar de su compañia; pues algo le avisaba que sería la última vez
Las dos ocasiones en las que habían consumado su matrimonio habían sido: la primera, torpe e indecisa, la segunda, salvaje y sin reservas
Pero esta tercera sería la última. Debía ser memorable, en nombre de todos esos años desperdiciados, de los aniversarios sin celebrar, de su luna de miel que jamás tuvo lugar, de esos besos que quedaron a medias
Ranma la cargó en dirección de su habitación, adornada con pétalos de rosa y velas olor vainilla; la depositó con suma delicadeza sobre las sabanas satinadas, recorrió su piel expuesta con la yema de los dedos como si al ser más atrevido fuera a quebrarla
Su historia se consumía como una mecha, se dirigía con rapidez a la cúspide de la cual no se recuperaría. Tendrían una caída en picada que rompería su relación para siempre
Por eso, en esa noche le demostró cuanto la amaba, más que con palabras ortodoxas, su delicadeza, la consideración que nunca mostró con ninguna de las otras se la estaba entregado a ella
Akane se dejó guiar sintió la abrumante sensación de deseo y cariño emerger nuevamente, se sintió una chiquilla y decidió que no reprimiría esas emociones. Lo acarició con el mismo amor que él le proferia en esos momentos
El ímpetu aumentó la velocidad que los llevó unirse en una danza de calor y suspiros
Se miraron a los ojos prometiendo que a pesar del tiempo nunca olvidarían esa noche. Su única noche de amor
