Tan pronto yo te vi
No pude descubrir
El amor a primera vista no funciona en mí
Después de amarte comprendí
Que no estaría tan mal
Robar tu otra mitad
No me importó si arruinaríamos nuestra amistad
No me importó, ya que más da

PERFECTA PARA MÍ

CAPITULO # 3

Por. Tatita Andrew.

Partieron en una embarcación rumbo a América, viajaron de polizonte ya que Albert estaba usando un apellido falso, y Annie debía contar con la autorización de su padre. Por la misma razón decidieron casarse en el primer pueblo que encontraron al arribar a Estados Unidos, y no solo lo hicieron porque Annie deseaba casarse, sino porque Albert sabía muy bien que era muy mal visto viajar con una mujer soltera, sin estar casados, eso se prestaría para murmuraciones y chismes.

Había montones de inmigrantes, cada uno de ellos de distintos destinos, Albert tropezó con un pequeño muchacho, él estaba tan avergonzado que Albert enseguida le tomo apreció, se llamaba Tom, era el mayor de sus dieciséis hermanos. A pesar de que solo tenía 17 años.

Y al conocer a su madre supo por qué, era una mujer de contextura ancha, pero al mirarla a la cara, se notaba la bondad por donde mirará, se llamaba Pony y todos sus hijos la querían, pero cuando daba una orden, no había quien dijera lo contraria ni siquiera su esposo, Jacob un agricultor que al igual que ellos habían viajado en busca de un nuevo hogar.

Al final decidieron viajar juntos y buscar establecerse en Lakewood la cual era una ciudad del Condado de los Ángeles, todos decían que era muy buena elección para establecerse, apenas había terminado la guerra y la gente decía que era buena tierra para sembrar de todo en especial frijoles de limas, los cuales fueron importados por los españoles.

Varias familias se unieron, todas de diferentes partes pero con muchas ganas de empezar una nueva vida con sus familias.

Formaron una comunidad en donde cada miembro tenía su pedazo de tierra, la cual cultivaban, Albert era un hombre trabajador, con sus propias manos, hizo una pequeña cabaña con troncos, y maderas. Incluso tenía un pequeño establo, le encantaban los animales y muy pronto podría tener muchos más, cuando las hembras fueran teniendo su cría.

La que le costaba adaptase fue a Annie, ella estaba acostumbrada a vivir en lujos, no sabía hacer nada, y casi ningún miembro de la comunidad hablaba mucho con ella, decían que se creía que era mejor que todos ellos, cosa que era mentira, solo que la chica era demasiado timida para hacer amistad fácilmente.

La señorita Ponny como todos la llamaba a pesar de tener muchos hijos, era la única que a veces le daba una mano, incluso solo a ella le contaba los más de un secreto que le guardaba a su marido.

Uno de ellos era que ya había enviado la carta para decirle a su hermana exactamente en donde podía buscarla, sabía que tardaría mucho tiempo en llegar, estaba demasiado lejos, y por la poca información que pudo decirle el detective, no había tenido una vida fácil, Annie estaba segura que su esposo Albert, la iba a ayudar apenas supiera de ella, el motivo por el cual no le había contado nada, era porque quería tener un encuentro privado con su hermana antes de que alguien más sepa de su existencia.

-¿Annie vamos las mujeres piensan hacer un asado afuera?

-No quiero ir Albert, las personas aquí me miran raro, además sabes que no me gusta la carne, prefiero quedarme aquí.

-¿Pero si no estás haciendo nada?

-Prefiero quedarme.

-Como gustes regreso en un rato.

Candy se preguntaba porque la vida tenía que ser tan dura, pensó que la suerte le iba a cambiar cuando recibió la carta de su hermana, pero no había sido así, habían pasado más de dos meses y aunque estaba cerca de su destino temía por su vida, y es que García había dejado una estela de muerte a su paso.

Diariamente escuchaba rumores que un hombre con la descripción de García, iba a los burdeles, y a la mañana siguiente la prostituta que había estado con él amanecía muerta. A veces rogaba para que no fuera él quien estuviera matando a tantas personas, pero no podía ser positiva, cuando había tenido que huir por más de tres ocasiones, y ponerse en buen resguardo, el muy vil estaba siguiendo sus pasos, y luego de que alguna familia bondadosa le brindará su ayuda. Llegaba esté asaltando y saqueando todo lo que tenían, incluso había llegado a herir a ese pobre hombre que le dio un plato de comer unos días antes.

Llevaba más de tres días caminando, con un calor insoportable, sin haber probado bocado alguno, a vece se detenía a beber un poco de agua que quedaban en las ramas de algún árbol, debido a la llovizna o rocío de la mañana.

Estaba sucia, sin cambiarse su vestido varias semanas, atrás, deseaba poder llegar más presentable ante su hermana, pero no podía perder el tiempo, había perdido a García dos pueblos atrás y no deseaba que la alcanzará, a veces las fuerzas le faltaban, pero ella le había hablado tanto de su esposo un hombre bueno y amable que de seguro la ayudaría también a conseguir un marido pensaba Candy.

Lo único que rogaba, es que García nunca más la encontrará Dios por favor déjame llegar a mi destino. Rezaba con fervor la muchacha rogando que su suerte cambiara.

Esa fue la oportunidad de Annie, aprovechó que Albert había ido de cacerías con varios hombres, para ir al encuentro de su hermana no podía creer que el tiempo hubiera pasado tan de prisa. Ansiaba conocerla y contarse tantas cosas que habían pasado en todos los años que estuvieran separados.

Le dijo a la señorita Ponny que la cubriera si su esposo llegaba antes, que le dijera que había ido a dar un pequeño paseo. Todavía le tocaba caminar mucho, su encuentro se produciría a las afueras de la ciudad.

Al llegar al claro Annie vio lo que parecía ser una muchacha, sentada en una piedra, estaba muy roja y asoleada por el sol, ni siquiera llevaba un sombrero pensó, sus botas parecen que hubieran visto mejores días.

Se acercó con cautela.

-¿Candy? ¿Tú eres Candy?

La muchacha alzo la vista. Y no había dudas aquellos eran los ojos de su madre.

Sin importar lo sucia que estaban se dieron un gran abrazo.

-Te estoy ensuciando Annie tu vestido bonito.

-No te preocupes. ¿Pero que te ha pasado?

-Es muy largo de contar, solo te digo que me persigue un hombre vil y desalmado.

-Por Dios. ¿y porque te sigue?

-Ha estado tras de mí, desde niña Annie tienes que ayudarme. En estas condiciones no estoy preparada para luchar.

-No te preocupes en cuanto Albert sepa de tu existencia, ese horrible hombre no te volverá a molestar.

Se sentaron juntas en la hierba, y Annie le ofreció un trozo de pan que le había llevado.

Mientras Candy comía Annie le conto todo sobre su infancia.

-¿Quieres saber de nuestro padre?

-No, Annie.

-¿Pero Candy?

-Annie, acepte a conocerte al saber que eras mi hermana, pero no me pidas, que tenga consideración con un hombre que me regalo al nacer.

-¿Deberías hablar con él? Tal vez si sabe que tu…

-Nunca quiero volver a saber de él, así como el no quiso criarme como hija.

Estuvieron mucho tiempo hablando instintivamente los lazos entre hermanas era muy profundo a pesar del tiempo que llevaban lejos, incluso ahora con tan evidentes diferencias entre ellas no solo física sino también en sus prendas, en el modo de hablar, cualquiera que las vieras no pensarían que fueran hermanas.

Se alistaban para partir.

Iban caminando por un sendero cuando Candy sintió que fue derribada con un golpe en su cabeza.

Al darse la vuelta su peor pesadilla se volvió realidad, allí estaba García con esa mirada asesina que había visto miles de veces, y lo peor era que Annie también estaba allí, la había expuesto al peligro, era preferible no haber venido nunca, a pensar que este monstro podría lastimarla.

-¿Aquí estas pequeña puta? Jamás podrás alejarte de mí.

-¿Eres un cerdo? Lo pateo en las piernas como pudo.

Y al tomarla por las manos para que no se resista Candy lo escupió en el rostro aquello solo sirvió para incrementar la ira de aquel desalmado.

-Ahora te enseñare perra.

La tomo por la cabeza mientras la golpeaba una y otra vez contra el suelo.

Candy al principio sintió como un golpe seco pero luego ya no sintió nada.

Annie no podía quedarse allí viendo como mataban a su hermana.

Se armó de valor y empezó a golpear a aquella bestia con los puños dándole patadas e incluso con piedras.

Pero aquel era todo un mastodonte para aquella frágil criatura.

La empujo con tantas fuerzas que cayó sobre una piedra.

Candy miró con horror como su hermana volaba por los aires, y caía en seco sobre una piedra filuda.

Aprovecho ese momento para sacar un cuchillo que llevaba en su bota y cuando este se acercó se lo hundió en su estómago en lo más profundo.

Ya la cabeza no le dolía solo podía ver cientos de luces, amarillos rojas negras, y luego solo obscuridad, todo se volvió negro el único pensamiento que tuvo al final fue Dios mío déjame morir, déjame morir, llévame contigo.

CONTINUARÁ….

Nuevo capítulo saludos dejen sus comentarios.