Y como siempre, tengo que aclarar que nada de esto me pertenece. Los personajes son de la increíble Stephanie Meyer y la historia de la autora BixieRosen. Yo solo traduzco.
Y no puedo pasar por alto agradecer a mi leal compañera de varios años, mi querida amiga y Beta, Erica Castelo. Gracias por seguir ayudándome a mejorar mis traducciones.
De paciencia y virtud
Punto de vista de Edward
Transcurre después del capítulo 17, pero antes del epílogo.
Cuando el outtake empieza, retomamos la relación de Edward y Bella como está al final del capítulo 17
Son muy buenos amigos con posibles sentimientos románticos por el otro en secreto.
No hay una relación romántica aparente.
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Por todos los cielos, es hermosa.
Quizás Edward debería ser capaz de pensar en otras cosas al ver la coronación de la reina Isabella, pero la lógica le falla.
Eliza se remueve en sus brazos, pero afortunadamente solo hace ruido con sus labios mientras duerme antes de calmarse otra vez. Él se siente completo. Incapaz de centrarse en alguien o algo que no sean Bella o Eliza.
Los procedimientos han durado por más de una hora, pero a Edward no le importa mucho. Ni dos días antes tuvo que pasar por su propia coronación y el día siguiente lo pasó viajando con su familia y varios contingentes de seguridad a Mongrovia. Sin mencionar que dormir es difícil con una inquieta infante en el departamento. Unas cuantas horas sin que alguien le hable es una bendición.
Edward está en Mongrovia. Mongrovia. Y nadie le está gritando, nadie se aleja de él, nadie está intentando atacarlo, pero todos lo miran intrigados, queriendo ver a la bebé en sus brazos. Queriendo ver al rey de Xepherya sosteniendo a su hija, la princesa de Olympia. Porque ese es su verdadero título—la princesa heredera Eliza Renée de Olympia. Del planeta alrededor del que giran las dos lunas.
Los rostros son diferentes aquí, tonos de piel más cálidos, matices aceitunados y del color del ébano en vez de melocotón y alabastro. A Edward le gusta mucho. Menos rosa. Bella le advirtió que sentiría una diferencia en la atmósfera, que podría tomar algo de tiempo acostumbrarse al bajo nivel de humedad, pero además de una garganta irritada parece estar bastante bien. Quizás es cierto lo que dicen sobre los hombres que han visto todos sus sueños hechos realidad. Las cosas pequeñas desaparecen. Se vuelven fáciles de ignorar.
Bella está en medio de un acueducto circular, con altas estructuras de piedra a cada lado de ella mientras cuatro sacerdotes la ungen con agua salada, recitando antiguos textos de los primeros exploradores, llamando a dioses que también son familiares para Edward. Ella trae puesto un uniforme de guerrera, pantalones ajustados y una armadura sintética de mangas cortas que evoca los trajes que los primeros exploradores debieron haber usado cuando llegaron a Mongrovia. Con hollín en su rostro y su cabello húmedo por el agua salada ella se ve ciertamente atemorizante, atemorizante en su belleza, atemorizante en su fortaleza. Él está deslumbrado. No hay otra palabra para ello.
Edward está entre la gente mongroviana mientras observan, grandes pantallas rodean a la multitud hacia atrás hasta una plaza que representa el centro del Capitolio. Se planeó un banquete al aire libre, comida para alimentar a las masas, mucho de la cual fue traída con ellos de Xepherya. El estilo es muy diferente de su propia coronación; esto parece más una celebración del pueblo, mientras la suya se sintió antigua, muy conservadora. Realizada en salones cerrados y presentada a la gente después. Tal vez el clima más soleado hace a la gente más abierta aquí.
Emmett y Rosalie están con él a un lado, Jasper, el esposo de su hermana, del otro. La seguridad lo rodea, pero no se siente aislado. Siente la ausencia de Amun y Kebi, al haber pasado mucho tiempo cerca de ellos en el último año, pero Amun decidió pasar tiempo con su familia y tomar unas muy merecidas vacaciones. Después de lo que pasó con su hermana, Edward no lo culpa. Afortunadamente, parece que puede prescindirse de Amun. Han ocurrido algunos altercados, pero siempre han sido personas queriendo acercarse demasiado, no de aquellos con malas intenciones. Aunque el grupo rebelde mongroviano sigue activo, no han habido señales de ellos. Edward sonríe cuando recuerda la expresión en el rostro de su hermana cuando se dio cuenta que no podría venir con ellos a Mongrovia, pero como la tercera en la línea por el trono, era un gran riesgo de seguridad tener a todos los miembros de la familia real presentes. De modo que Jasper fue enviado como su representante, bajo estrictas instrucciones de documentar todo.
Es con alivio que Edward ve ahora a lady Hale. Rosalie. Su gratitud hacia esa mujer no conoce límites. Está casi seguro que sin Rosalie, no habría podido sacar a Bella de su depresión. Y pensar que esta era la mujer que su propio padre había tratado de forma tan detestable. Que se le dijera que tendría que producir un heredero con Bella, su esposa que era libre de decir no, era una cosa, pero la idea de ver a Rosalie llevar a su hijo porque fue forzada a hacerlo. Apenas podía soportar el pensarlo. Poco importa si el embarazo hubiera sido por intervención médica, Rosalie se merece algo mejor. Tanya se merece algo mejor. Pero su padre es alguien que actúa para solucionar las cosas. Encuentra un problema, y lo soluciona. Las consideraciones para aquellos involucrados son innecesarias.
Tanya… Tan… Su nombre provocó una punzada en su estómago, no por anhelo, sino por nostalgia. Si la vida hubiera sido diferente, ella habría sido su esposa. Habría sido feliz de ser su esposo. Tanya siempre será una de las mujeres más inteligentes que ha tenido el placer de conocer, una mujer de fortaleza y alegría. Alguien que podía aligerar la arraigada necesidad de Edward por el deber. Desde ese fatídico día en el departamento, solo la había visto una vez. Al otro lado del salón donde estaba sentada con otros nobles en su coronación. Edward siempre estaría en parte avergonzado por cómo habían resultado las cosas. Por cómo rompió sus promesas a Tanya y cómo fue un gran cobarde para lidiar con ello tan pronto como se dio cuenta que nunca podría serle infiel a Bella. En vez de eso, no le dejó otra opción más que ella lo contactara. Si tan solo él lo hubiera hecho tan pronto ella regresó… mucho podría haberse evitado. ¿Habrían intentado los rebeldes secuestrar a Bella si no hubiesen tenido la excusa del drama con Tanya?
Aun así, no sintió resentimiento cuando la vio en su coronación. Mucho de lo que se dijo esa noche fue dicho con ira, por los sentimientos de traición, y él sabe que solo una fracción de lo que dijo era en serio. Tampoco era en serio todo lo que él dijo. Espera que algún día encuentre a alguien que la ame incondicionalmente. Alguien que le haga promesas y las cumpla. Alguien que no necesite un hijo.
Fue en serio lo que dijo Edward. Ni una sola vez juzgó a Tanya por ser incapaz de tener hijos, pero en su posición, sin importar lo mucho que deseara poder decirle que no importaba, la línea real tenía que continuar. Quizás no era algo inteligente, pero su relación con Tanya nunca se había tratado de eso. Siempre se trató de abandono, de alegría, de pasión y genuina felicidad. Renunciar a eso había sido difícil. Imposible. Y por eso hizo promesas…
No puede arrepentirse de ello. Cada pequeña cosa, cada minuto de acción y equivocación lo trajo aquí. Incluso si cambiar el más pequeño detalle pone en peligro su actual presente… no lo haría. Eliza. Su hija. Los lores en su hogar pueden refunfuñar todo lo que quieran, pero Eliza será la primera reina de Xepherya y se parecerá a su madre. ¿Cómo puede casarse Edward con Bella y alguna vez dudar que una mujer es apta para gobernar?
Bella… la reina Isabella. Ella ha alterado su vida para siempre, de formas que él no pudo imaginar.
Siempre la había respetado, mucho antes que fuera a Xepherya. Sus espías estaban bien familiarizados con la mongroviana real que se rehusaba a permanecer oculta. Casi en cada informe se le mencionaba, cómo ayudó en un comedor social, cómo defendió los derechos de los pobres, cómo cada vez que su padre lanzaba la más severa de las críticas Edward siempre podía imaginar que habría un anuncio de Bella, ni un día después, demostrando que el padre de Edward estaba equivocado. Era una verdadera princesa de su pueblo, y solo Bella pudo haberlo convencido a acceder a un matrimonio arreglado.
Así que imaginen el horror de Edward cuando esta fuerte y apasionada mujer que solo había visto en pantallas llegó a Xepherya y en cuestión de días se marchitó como una flor. Incluso el día de su boda Edward supo que algo estaba… mal. Al principio, pensó que quizás estaba juzgando a Xepherya, a su gente, pero no le tomó mucho tiempo ver el miedo en su rostro. La indecisión. Apenas podía soportarlo. Desesperado por recuperar a la mujer que había imaginado en su mente, pero sin tener idea de cómo hacerlo. ¿Qué más podía hacer más que tratar de hacerla sentir tan cómoda como fuera posible? No podía soportar la idea de que viviera el resto de sus días como una carcasa, no después que supiera que había mucho más en ella. En esas primeras semanas… cada noche que venía a su recámara, Edward tenía que cerrar sus ojos y tratar de imaginar a la mujer que solo había visto a través de los informes de espías, porque al ver a la mujer frente a él. No podía evitar sentir como si se estuviera aprovechando de ella. Se sentía asqueado de sí mismo. Y con Tanya acechando en el fondo de su mente… lo había odiado. Temía cada noche. Por semanas había debatido si la inseminación artificial habría sido una mejor opción, ¿pero cómo podría haberlo sugerido sin sonar como si la estuviera rechazando? Sin mencionar que si los medios se enteraban alguien lo pagaría.
El día que se enteró que Bella estaba embarazada fue, hasta ese momento, el día más aterrador de su vida. Lo consumía, apenas capaz de dejarla fuera de su vista de ese momento en adelante. No estaba lo suficientemente bien para manejar un embarazo. No engordó sino que adelgazó, perdió color, apenas hablaba más fuerte que un susurro. Era una excusa de una persona, un fantasma que en cualquier momento podría desaparecer con una muy fuerte ráfaga de viento. Podía sentir que se deslizaba entre sus dedos, un giro equivocado y podría perder al bebé o ella podría morir, y a pesar de la insistencia de Carlisle de que estaba haciendo todo lo que podía, Edward se sintió frenético por la preocupación. Nunca se sintió tan impotente en su vida.
Y luego, la salvación vino en la forma de su despistada hermanita. Había sido su consejo lo que motivó la idea ya olvidada de Edward de mandar a hacer nueva joyería real, una tarea que quedó abandonada con todo lo demás que estaba ocurriendo. Pero Alice le recordó, en su forma acostumbrada, que a las mujeres les gustan los regalos. Encuentra su terreno común, le susurró al oído antes de marcharse dando saltitos, una vez más pretendiendo no saber nada.
Por primera vez desde que había visto a Bella en persona, había luz en sus ojos. La transformación fue como la de una mariposa emergiendo de su capullo. Por primera vez en meses, Edward pudo respirar. Y ella simplemente floreció, se convirtió en la fuerza que Edward sabía que podía ser. El día que sugirió crear la fundación Rosalie Hale… Edward supo que estaba enamorado de ella. Su potencial, determinó que no había posibilidad de alejarse.
Y sin embargo, le había prometido a Tanya que estarían juntos, le suplicó que lo esperara, hasta que las cosas se calmaran. Y con Bella, Edward solo podía atreverse a tener la esperanza que en algún momento podrían volverse amigos, que algún día Bella lo vería y se sentiría segura.
Nunca se ha atrevido a guardar esperanzas de algo más. Y después de su depresión… Edward apenas puede anhelar algo más. Ha progresado mucho desde entonces.
Puede que Edward siempre ame a Bella, pero sabe que muy probablemente ella nunca corresponderá su amor. Él no es codicioso. Tal vez esto sea el universo equilibrando la balanza por cómo trató él a Tanya. Incluso la verdad sobre la enfermedad, jamás podría cambiar lo que siente Edward por Bella. Quedó conmocionado en el momento, pero Bella no era más responsable por la enfermedad de lo que es Eliza. Y sin los esfuerzos de Bella, quizás la verdad nunca habría salido a la luz. Edward lo sabe ahora. Ese día… todavía tiene pesadillas al respecto, meses después. En el momento en que vio el cadáver de Kebi y a Rosalie inconsciente, supo que Bella nunca se habría ido por voluntad propia. Y luego, Bella en los brazos de un monstruo, con un arma en su estómago, sangre… mucha sangre.
Tal vez sea bueno que Jacob Black fue asesinado. Edward duda que hubiera sido capaz de contenerse de torturarlo personalmente hasta la muerte después de lo que hizo. Y a pesar que Bella le aseguró que ya no le importaba el muchacho, en algún momento lo había hecho. El que Edward lo matara brutalmente no habría sido correcto para Bella. Saber que él ya estaba muerto también ayudaba a contener los celos de Edward en su interior, al saber que ese asesino recibió más afecto de Bella de lo que Edward jamás lo hará.
Nada de eso importa ahora. Las dos mujeres en su vida están saludables. Bella y Edward tienen una hija, tienen una heredera real, y ellos dos son los soberanos independientes de sus lunas.
"¡Salve, Reina Isabella!" La multitud vitorea en respuesta, el ruido es tan fuerte que Edward tiene que mecer a Eliza en sus brazos cuando se despierta.
"Déjame cargarla. La llevaré de vuelta al palacio." Las manos de Emmett son sorprendentemente gentiles al tomar a la niña en los brazos de Edward, la sonrisa boba en su rostro suficiente para hacer reír a Edward. Ha llegado a apreciar realmente a Emmett. Y él que pensaba que nada le sorprendería más. "Tú y Bells solo lleguen al final del día, ya he tenido suficiente de las adulaciones del pueblo a la reina."
"Para tu información, algunas personas considerarían traición una declaración como esa." Edward casi consigue contener su sonrisa. Casi.
"Qué bueno que tú no eres de esas personas, ¿eh?"
Hay pocas personas a las que Edward les confiaría la seguridad de su hija, pero Emmett es una de ellas. Con Rosalie con ellos y una docena de guardias, Edward sabe que lógicamente debe permitirlo. Sin embargo, es difícil dejarla ir, pero a Bella y Edward les quedan horas antes de tener un poco de calma. Eliza necesita dormir.
Con pesar, Edward observa mientras Emmett y Rosalie desaparecen entre la multitud con Eliza. Edward espera que la predicción de Bella sobre los crecientes sentimientos entre Emmett y Rosalie sea correcta. Se merecen el uno al otro.
Bella atraviesa la multitud, su cabeza en alto al ver a la gente a los ojos, tocando sus manos al pasar, sonriendo y deteniéndose a abrazar a aquellos que conoce.
"La adoran." La voz de Jasper es clara contra el bullicio de miles de personas moviéndose, la afirmación de un hecho.
"Sí."
"Tiene el potencial de ser una reina verdaderamente extraordinaria. Adorada por todos, amada por algunos." Jasper mira a Edward de soslayo por la esquina de su ojo antes de devolver su mirada a Bella, la mujer en cuestión que justo en ese momento mira a Edward y le sonríe, con sus ojos danzando.
"Tiene muchos que la quieren." Edward no puede evitar sonreír en respuesta, su corazón dando un vuelco cuando ve que ella dirige sus pasos en su dirección. Está tan atrapado por esta mujer guerrera que viene hacia él que no se da cuenta que Jasper retrocede, no se da cuenta que la multitud está haciendo una reverencia, dejando solo a Edward y a Bella de pie en toda su altura. Cuando ella está a solo unos metros de distancia estira su brazo, muy probablemente con la intención de tomar su brazo para caminar hacia el banquete, pero Edward no puede contenerse. Esto había sido planeado para más tarde, justo como Bella tuvo que hacer lo mismo con Edward durante su coronación en Xepherya, pero Edward no puede pensar en un mejor momento.
Tan pronto como la mano de ella toca la suya, Edward se pone sobre una rodilla, inclinándose ante su reina, su esposa, y besa el dorso de su mano. Cuando levanta la vista Bella está casi llorando, pero las arruguitas alrededor de su boca y sus ojos le dicen a Edward que son lágrimas de felicidad.
"Mi reina."
"Edward." Articula su nombre, sin poder decir su nombre de pila en voz alta por protocolo.
Cuando Edward se pone de pie, entrelazan sus brazos y juntos son escoltados a la plaza de la ciudad. El banquete ya está en curso, las calles son un mar de gente con vendedores y comerciantes aumentando el bullicio.
"¿Y Eliza?" Bella pregunta.
"Está con Emmett. Los vítores la despertaron."
"¿Cómo lo hice?" Bella murmura las palabras mientras caminan, aún atenta a las personas a su alrededor.
"Espléndidamente. Me temo que me has superado." El agua sigue goteando de su cabello, el hollín ceremonial en su rostro creando rayas hacia sus hombros y clavículas.
La única respuesta de Bella es sacarle la lengua a Edward, provocando que se le escape una carcajada. Es tan raro que esté juguetona, que él valora cada momento.
Con pasos lentos finalmente alcanzan la parte del frente de la plaza donde el padre de Bella está esperando, con una expresión pensativa en su rostro. Edward ha visto antes al rey Charles, durante la firma del tratado de paz pero también temprano ese día, pero sin importar los cálidos sentimientos que Edward tiene por sus dos hijos, todavía se le hace difícil aceptar al rey Charles. Muy probablemente de la misma forma en la que Bella nunca se siente completamente cómoda cerca del padre de Edward.
Con la espalda derecha, el rey Charles se inclina, sus ojos fijos en su hija. Bella suelta la mano de Edward y abraza a su padre, los dos hablando en silenciosos susurros. El corazón de Edward se llena de amor cuando Bella vuelve a tomar su brazo una vez que suelta a su padre.
"Rey Anthony."
"Rey Charles." Es el único saludo del que son capaces los dos hombres. Edward aún no se ha acostumbrado a su nuevo título, un nuevo nombre real que los diferencie a él y a su padre.
A diferencia de su banquete de bodas, Bella y Edward pasan las siguientes horas conversando. Bella describe cada platillo que pasa por sus platos, comentarios interminables sobre quién pudo haberla hecho, por qué sabe diferente que en Xepherya, de vez en cuando agregando historias de cómo encontró un ingrediente en particular al asaltar la cocina cuando era niña. Edward se siente casi como un cachorrito enamorado, incapaz de quitarle los ojos de encima a Bella por mucho tiempo. Ella ha recuperado el peso que Edward asume tenía antes de ir a Xepherya, la única diferencia es el redondez de sus caderas y una curva más pronunciada en sus pechos. Trata de no quedarse mirando. Trata de asegurarse de que no lo atrape mirando. Simplemente debería estar feliz que, con la ayuda de Carlisle, Bella está saludable y no tiene efectos adversos del ataque. No debería estar deseándola. Eso no deberían de hacerlo los amigos. Todas sus interacciones íntimas fueron forzadas. Pensar en ella de esa forma provoca que Edward sienta que aún la fuerza a hacer algo que no quiere.
Su cabello se ha secado y está más rizado de lo normal por la sal. Él quiere pasar sus dedos por él. Quiere limpiar la mancha justo debajo de sus cejas, que está peligrosamente cerca de entrar a su ojo. Desea poder tocarla no cuando necesite consuelo, sino porque puede. Porque cada segundo lucha por no hacerlo.
Más de lo que podía haber esperado, se dice a sí mismo. Ya tengo más de lo que jamás podría haber esperado.
El banquete se acerca a su fin y un servidor finalmente le hace la seña a Bella que es hora de su discurso. Ella se levanta, y su rostro aparece en todas las grandes pantallas alrededor de la plaza, ya que están transmitiendo en vivo para toda Mongrovia así como para Xepherya. Su corona real, más elaborada que cualquier otra cosa que haya utilizado, brilla en el sol.
"Es bueno estar en casa." Bella se toma unos momento para pausar, sonriendo al mirar a la gente observándola. Algunos vitorean, unos pocos silban. Hay una confianza hacia la realeza aquí que no existe en Xepherya. ¿O es confianza en Bella?
"Hoy, de todos los días, estoy en deuda con ustedes, la gente de Mongrovia. Mi título como su reina puede que se me haya dado por derecho de nacimiento, pero no es algo que dé por sentado. Como reina, soy suya. Suya para defender, suya para luchar, suya para interceder. Me siento honrada de estar aquí, firme en mi deseo de siempre ser accesible ahora como lo fui como su princesa.
"Insto a todos ustedes a que presten atención a las palabras de mi padre de su discurso de abdicación. El progreso solo es posible al moverse hacia adelante. Solo podemos madurar si aceptamos el pasado y trabajamos activamente por reprimir nuestra oscuridad interior. El rey Charles, mi padre, y el rey Edward, el padre de mi esposo, han abdicado a recomendación mía y de mi esposo. Han abdicado para darle paso a una comisión de la verdad cuyo propósito es atender las muchas injusticias y crímenes de guerra cometidos a través del siglo. Tenemos que dejar atrás la culpa y alentar el intercambio de información, para que ningún hijo se pierda para siempre, que ninguna hija desaparezca, que ninguna historia de las víctimas quede sin ser contada. No hay una familia con vida, en Mongrovia o Xepherya, que no haya sido afectada y ruego porque nuestro hijos e hijas solo conozcan el dolor a través de los escritos."
Edward nunca antes lo ha apreciado completamente, pero Bella es una increíble oradora pública.
Hay algo, la misma cosa que lo atrajo de ella incluso a través de las holopantallas mucho antes que la conociera en persona, que trasciende. Algo en la forma en que habla… la pasión allí. Contenida. Cada palabra casi amenaza con estallar con un fervor subyacente. Cada persona en esa plaza tiene la impresión que les está hablando a ellos personalmente, porque en última instancia, lo está haciendo. Edward lo sabe.
Su fortaleza lo asombra cada día. Puede que sea parcial, pero no puede controlarlo.
"Necesitamos tener paciencia. Necesitamos confiar en que el tiempo revela la verdad y que algunas heridas aún son muy recientes para olvidar. Tenemos permitido estar enojados, permitido buscar culpables y demandar justicia. La recibirán. Se los prometo. Pero la única manera en que la consigamos de tal forma que finalmente cerremos este horrible capítulo en la historia de nuestro pueblo, es si trabajamos juntos con los xepheryanos y lo hacemos a través de los medios de la cooperación, de la paz y la diplomacia. Al grupo de resistencia Dignidad, como su reina, los invito al diálogo. Los invito a abrir diplomáticamente sus corazones y permitirme iniciar el proceso de escuchar. Este es momento para la unidad, no para la división.
"Hoy celebramos. Por el futuro, mis amigos, y la unidad del pueblo de Olympia. Que nuestros ancestros finalmente nos miren con orgullo, sabiendo que estamos cumpliendo lo que esperaban lograr al explorar los cielos. Los insto a todos a disfrutar de este día y acoger las festividades. Mañana empieza el verdadero trabajo, pero por esta noche, seamos felices."
El aplauso se siente como un cálido abrazo, y la música surge de todas partes, de algunos músicos callejeros, otra música oficial de los altavoces, y la multitud es ruidosa y está alegre.
Cuando Edward se levanta, toma la mano de Bella, ella se inclina de pronto hacia adelante y le susurra al oído.
"Vamos, Harry nos cubrirá. Solo sígueme."
Bella no presta atención a la mirada inquisitiva de Edward y de algún modo se las arregla para agacharse, su mano cálida en la de él, al abrirse paso entre la seguridad, asintiéndole a un guardia mayor que le responde con una sonrisa de suficiencia.
"¿Quince?"
"Que sea media hora, Harry, tengo confianza en ti."
"Su alteza."
Bella gira bruscamente en una esquina y arrastra a Edward por detrás, a un callejón muy estrecho que no parece ser utilizado por transeúntes. Ni siquiera hay pavimento, solo extrañas parterres pisoteadas y tierra. Apenas si es del ancho de una persona, sin embargo, ella se desliza por la accidentada superficie, sus pasos seguros.
"Los callejones son construidos para el control de inundaciones, para que cuando llegue el mal tiempo el agua tenga dónde filtrarse en la tierra." Dice casualmente, como si Edward hubiese preguntado. "Pero además son excelentes rutas de escape para nobles aburridos."
"¿A dónde nos llevas?" Bella mira hacia atrás al escuchar el comentario de Edward, su sonrisa positivamente pícara.
"Ya lo verás. Ahora estás en mi planeta. Yo soy la que manda aquí, ¿no escuchaste? Soy la reina, supuestamente."
"¿Es seguro?" Es con creciente alarma que Edward se da cuenta que nadie de su seguridad los ha seguido, y con los rebeldes todavía activos, el que ambos se escapen parece tonto.
"He corrido por estos callejones desde que pude caminar." Pero entonces Bella lleva su mano libre a su cinturón, todavía impulsando a Edward hacia adelante. "Sin embargo, no tengo intenciones de dejar huérfana a nuestra hija."
Bajando la vista, Edward ve que oculta en la cintura de Bella está un arma láser, lo que tranquiliza a Edward más de lo que debería.
Varias veces, Bella se detiene abruptamente, pegando a Edward y a ella misma contra la pared para ocultar sus rostros cuando la gente pasa, evitando las calles principales y escabulléndose por los mismos pasajes estrechos. La ciudad está muy desemparejada, aparentemente construida al azar, como si no hubiera habido planeación alguna, y sin embargo, Bella parece conocer perfectamente su entorno. No puede rehusarse, no cuando ella lo mira con esa felicidad infantil.
Después de cinco minutos y de que milagrosamente no los hayan visto, llegan a un juego de escaleras que Bella sube. Edward no tiene otra opción más que seguirla, ignorando cómo la tela se estira sobre su trasero cuando lo hace. Empiezan a gustarle los pantalones en una mujer.
Cuando llega al final de la escalera, Edward está prácticamente sin aire, al haber cruzado la mitad de la ciudad. Tiene que descansar las manos en sus rodillas para recuperarse, preguntándose qué ha pasado con su nivel de condición física. Cuando se endereza, se da cuenta que están en un techo desierto, la capital de Mongrovia extendiéndose a su alrededor.
Bella está de espaldas a él, mirando su tierra natal, con las manos en sus caderas al inclinar su rostro hacia el despejado cielo azul, su piel casi bebiendo la luz.
Magnífica.
Si no se controla, está peligrosamente cerca de decir todas las cosas que no tiene derecho a decir. Decirle cómo está apasionadamente enamorado de ella, simplemente no servirá. Así que se queda callado, ignorando el nudo de anhelo en su garganta.
"Quería mostrarte esto. Mostrarte de dónde vengo." Bella se da la vuelta, estirando su mano en dirección a Edward. Como la polilla a la luz, Edward está impotente a rechazar su solicitud, cerrando la distancia entre ellos y tomando su mano, siguiendo su mirada hacia dónde ella está mirando. El bullicio de las celebraciones es un murmullo de fondo contra el escenario.
"Eso por allá es la plaza, ¿y ves esa gran estructura allí? Es el antiguo palacio. Ahora es un monumento conmemorativo, las bombas lo destruyeron hace veinte años. Creyeron que sería apropiado dejar las ruinas." Las palabras de Bella son bajas, y Edward duda que su intención sea hablar de algo realmente difícil. Pero entiende por qué lo menciona. La guerra es muy evidente aquí, más que en Xepherya, habría sido extraño no mencionarlo.
"Y eso por allá es el parque real, está justo frente al mar. ¿Ves el muelle? Mamá solía llevarme allí a caminar cuando era muy pequeña."
Edward aprieta la mano de Bella, para tranquilizarla o disculparse, él no lo sabe. Tal vez ambas cosas. Edward no había sido capaz de mirar a su padre a los ojos durante dos meses cuando se enteró, siendo adulto, que el rey Edward había ordenado personalmente el asesinato de la esposa del rey Charles y de su hija. No fue un acto de guerra, había sido un ataque personal deliberado con la esperanza de desestabilizar al rey Charles, atacando a una mujer inocente y a su hija. Edward se estremece, preguntándose qué habría pasado si el ataque de drones hubiese tenido éxito en matar a Bella también.
"La pintura de mi mamá… tú lo hiciste, ¿no es así?"
Sus palabras son gentiles y Edward siente los ojos de Bella a un costado de su rostro, pero no se atreve a mirarla.
"Sí. Uno de mis contactos en arte escuchó rumores de la pintura hace unos años. Cuando se decidió que tú llegarías a Xepherya… decidí encontrarla."
"Edward, mírame."
Con su corazón acelerado, Edward lo hace, mira a Bella que lo mira con tristeza.
"Gracias. No tienes idea… no puedo expresar con palabras lo mucho que esa pintura significa para mí." Sonríe, girando su cuerpo para quedar frente a él al mismo tiempo que coloca su mano libre sobre su pecho, alisando una solapa. Sus ojos están fijos en su pecho, pero a medida que pasan los segundos, Edward se da cuenta que está esperando a que él diga algo.
"De nada. Quería… quería demostrarte que podías confiar en mí. Que no soy… mi padre."
"Lo sé." Sonríe, finalmente mirándolo a los ojos, soltando su mano para poder colocar ambas sobre su corazón. Edward tiene mucho miedo que pase este momento, Bella tocándolo con tanta libertad, y ni siquiera se atreve a mover sus manos para tocarla, dejándolas tensas a sus costados.
Pero entonces, inesperadamente los ojos de Bella se ven vacilantes, su labio tiembla y Edward tiene que abrazarla.
"¿Qué pasa?" Envuelve su pequeña figura en sus brazos, frotando círculos en su espalda que esperan la tranquilicen.
"Tengo una confesión que hacer."
Él casi le dice que no se moleste. Que lo deje quedarse en esta burbuja un poco más. La última vez que confesó algo terminaron gritándose el uno al otro, se distrajeron y Bella fue atacada—
Apretando su mandíbula, Edward se dice que esto es diferente.
"¿Qué es?"
"Ese día, ¿cuando… lady Denali fue al departamento? Yo… escuché gran parte de su conversación. Fue incorrecto de mi parte, y lamento haber invadido tu privacidad, pero no lamento haber escuchado. Necesitaba… necesitaba escucharlo."
Edward solo se le queda mirando estúpidamente, sin saber si está escuchando correctamente.
¿Ella los escuchó? ¿Escuchó a Edward en el momento más cobarde de su vida, rompiendo con su exprometida?
¿Y necesitaba escucharlo?
"¿Tú… escuchaste?"
"Escuché a escondidas." Bella hace una mueca, volviendo a bajar la mirada a su pecho. Sus siguientes palabras son incómodas, tímidas. "Estaba tan absorta en mi necesidad por tener el control y no echar a perder nada, que estaba totalmente ciega. Incluso Rose lo vio meses antes que yo. Lo… siento, por cómo resultaron las cosas con lady Denali, pero… no, en realidad no. Como dije, necesitaba escucharlo."
La cabeza de Edward daba vueltas. La esperanza brota en su pecho como fuegos artificiales, uno tras otro, y siente que sus manos tiemblan en la espalda de Bella.
"¿Por qué necesitabas escucharlo?"
Por favor, piensa. Por favor, todopoderoso, por favor.
Los ojos de Bella conectan con los suyos, y hay tanta emoción contenida en sus ojos oscuros, los mismos ojos de su hija, que Edward cree que se desmayará.
"Cuando llegué a Xepherya, hice un trato con el príncipe Edward. Lo hice acceder a tratar nuestro matrimonio como un acuerdo de negocios, uno sin romance. Si estás dispuesto a ello, me gustaría hacer un nuevo trato con el rey Anthony."
"¿Y… y cuál es ese trato?" No reconoce su propia voz.
"Me gustaría proponer un matrimonio." La voz de Bella es firme, sus dedos curveándose en su pecho, aplicando presión justo sobre su palpitante corazón. "Un verdadero matrimonio."
"Tú… tú— ¿en serio?" Normalmente, Edward se enorgullece de ser muy elocuente. Pero en este momento, las palabras se le escapan. Todo su cuerpo reacciona, todas las terminaciones nerviosas se encienden, lo colma una euforia que solo podría compararse a la de sostener a su hija por primera vez en sus brazos.
"En serio." Su sonrisa se extiende por todo su rostro, la alegría saliendo de su expresión como una explosión.
Aturdido, Edward siente cuando Bella sube una mano por su cuello, agarrando su mejilla. Su escalofrío es involuntario, el placer disparándose por su espalda por el íntimo gesto. El pulgar de Bella apenas toca su labio inferior y Edward solo puede mirar la boca roja de Bella, completamente distraído por el deseo de besarla. Realmente besarla.
"¿Serías mi esposo?"
No hay duda de ello.
"Sí. ¡Sí, sí!"
Y entonces—ella lo besa a él.
No hay titubeo, ni timidez. Cuando sus labios se tocan es como una bomba que había estado esperando explotar, el fuego quemando a Edward como si lo hubiera consumido. No puede evitarlo, ella tiene que estar más cerca, y él rodea su cintura con firmeza al mismo tiempo que la levanta del suelo, su rostro al mismo nivel cuando ella finalmente abre sus labios para él. Sin pensarlo y sin reservas, Edward engulle su labio inferior con el fervor de un hombre que ha encontrado agua después de casi morir de sed. El cuerpo de ella pegado al suyo es una tortura divina, al saber cómo se siente ella sin ropa y combinándolo con esta mujer ardiente aferrándose a sus hombros.
Cuando se separan por aire, ambos están jadeando, la frente de Bella cae sobre la de Edward. Él se niega a bajarla. Nunca volverá a dejarla ir.
"Gracias por esperarme." Sus palabras son sin aliento, susurradas en el pequeño espacio entre sus labios.
"Tú, mujer hermosa, por supuesto que esperaría por ti." Edward la besa otra vez, odiando la ropa entre ellos, necesitando estar cerca y sin embargo, totalmente reacio a detener este momento. "Nunca creí—nunca esperé—"
"Lo sé." Su sonrisa es cegadora, más brillante que el sol mongroviano. "Lamento que me tomara tanto tiempo darme cuenta."
"Nunca. Si nos trajo hasta aquí—nunca. Yo—te amo, Bella." No hay qué lo detenga. Por meses las palabras han estado en su cabeza, casi escapándose tantas veces que no podía esperar a decirlas, que se jodan las consecuencias.
Bella entierra sus manos en el cabello de Edward, arrastrando sus dedos por su cuero cabelludo. Las lágrimas desbordándose de sus ojos.
"También te amo."
Edward ha muerto y se fue al cielo. Seguramente, esa es la única forma de describir este sentimiento.
"¡Sí!" La alegría brota de él como el agua de una presa. "¡Escuchaste eso!" Levanta su cabeza hacia arriba, gritando a los cielos. "¡Mi esposa me ama!"
La risita de Bella es un bálsamo para su herido corazón, y le da vueltas, la risa de ella desapareciendo en el viento. Casi se cae, prácticamente llevándose a Bella con él, pero cuando recuperan el equilibrio están trastabillando como adolescentes carcajeándose, cayéndose por la necesidad de seguir cerca.
"Será mejor que regresemos," Bella dice finalmente, todavía envuelta en Edward. "Antes que se den cuenta que no estamos."
Cuando Bella toma su mano y lo lleva hacia las escaleras, Edward solo puede pensar en una cosa.
"Gracias." Gracias por darme una oportunidad.
Ella le sonríe en respuesta, pero no se necesitan más palabras. Con las manos entrelazadas y besos robados en los callejones, finalmente regresan al palacio. Utilizando una entrada oculta, Bella lleva a Edward directamente al pasillo afuera del ala real, el guardia de seguridad Harry le da a Bella un gesto de cabeza cuando se escabullen dentro.
Hay muy pocas cosas que podrían distraer a Edward de Bella en ese momento, pero Eliza es una de ellas. Rosalie la sostiene, meciendo a la bebé en sus brazos al mismo tiempo que le hace cariñitos, paseándose por la espaciosa área común.
Bella gravita hacia las dos, tomando a Eliza delicadamente de los brazos de Rose.
"Se niega a tomar la botella."
"Está bien, tenemos algo de tiempo antes que tengamos que ir al baile." Bella da un paso hacia su recámara, pero se detiene, mirando a Edward con una expresión vacilante. Por respeto, Edward por lo general no está en la habitación cuando Bella da pecho. "No… no me tardaré mucho."
Edward quiere alcanzarla. Quiere besarla. Como si al dejarla fuera de su vista hará que la última hora no sea nada más que un sueño. Pero puede sentir la mirada de Emmett y Rose en ellos, junto con la de varios guardias de pie en las esquinas.
"Aquí estaré."
Con una sonrisa de alivio, Bella se da la vuelta y camina hacia su recámara. Edward tiene otra, para replicar como duermen en casa, pero ahora… ¿compartirán una cama? Seguramente es muy pronto. No presiones, se dice.
Cuando Bella desaparece de su vista, pasa una mano por su cabello, sintiéndose incómodo en su propia piel.
"Entonces… hermano." Edward se vuelve para mirar Emmett, tendido en uno de los sofás con una sonrisa de suficiencia que parece haberse apoderado de su rostro.
A Edward no le gusta la expresión en su rostro. Sus ojos brillan. Echándole un vistazo a Rosalie, Edward se da cuenta que ella lo está mirando con una ceja levantada, su mueca—si es posible—de diversión.
"¿Sí?"
"Oh, nada." Emmett se encoge de hombros, moviéndose en el sofá cuando Rosalie se sienta en un sillón. "¿Ha habido alguna novedad recientemente? ¿Algo que debería saber como el… guardaespaldas de la reina?"
No hay dudas en la sonrisa de Emmett, pero Edward en realidad no desea verificar nada. No sin haber dejado las cosas claras con Bella.
"Solo su coronación." Edward sonríe, tratando de ignorar el repentino deseo de esconderse. De pronto está muy consciente que este es el hermano de Bella. Y puede recordar vívidamente cuánto se burló de Jasper antes de que se casara con Alice. "Si me disculpan, iré a cambiarme para el baile."
Edward se da la vuelta y está por dirigirse a la recámara que se le ha asignado cuando la voz de Rosalie lo interrumpe.
"Oh, ¿su alteza?" Edward mira hacia atrás a Rosalie, sus labios fruncidos divertidos. "¿Puedo sugerirle, que tal vez se lave el rostro?"
Confundido, pero en realidad reacio a quedarse en la habitación, Edward se dirige a su recámara, aliviado cuando cierra la puerta detrás de él. Con creciente sospecha se acerca al espejo, gimiendo con fuerza cuando ve su reflejo en el espejo.
El hollín.
Se había olvidado del hollín. El hollín que Bella tenía en todo el rostro. El hollín que ahora estaba en todo el rostro de Edward.
Ahora, no me dejarán olvidarlo, piensa miserablemente. ¿Por qué no le dijo Bella? Aun así, muy poco puede apagar el estado de ánimo de Edward, así que para cuando se duchó y se vistió con un traje tradicional de la realeza mongroviana—con una banda xepheryana y su corona—supone que no importa.
Bella lo ama. Lo ama, a él. Lidiaría con todos las miradas del mundo.
Cuando Edward regresa al área común solo quedan los guardias y Edward se sienta para echarle un vistazo a las notificaciones que se ha perdido durante el día. Está teniendo problemas para concentrarse, incapaz de olvidar cómo se siente Bella pegada a él, cómo se siente pegada a él cuando ella desea tocarlo, así que lee una y otra vez el mismo párrafo una media docena de veces. Está por darse por vencido cuando Bella, Emmett y Rosalie regresan a la habitación.
Es como si la viera por primera vez. Se pregunta si ella siempre tendrá este efecto en él. Trae puesto uno de los vestidos mongrovianos que están abiertos al frente con pantalones debajo, con una ondulante falda larga por detrás que hace que su cintura se vea minúscula. Desea rodearla con sus brazos. Peinó su cabello alborotado sobre su cabeza, la sal seca brillando en la luz. Todavía trae puesta la corona que colocaron sobre su cabeza durante la coronación, un tocado majestuoso y adornado con joyas que no deja duda de su posición. Ha vuelto a aplicar el hollín, luciendo mejor ahora que no baja por su barbilla.
"No te preocupes, Bella, Rosie y yo cuidaremos de Eliza. Tú vete de juerga."
"Es lady Rosalie para ti, McCarty."
"Claro que sí, Rosie."
Bella ignora inteligentemente la disputa y camina hacia Edward, sonriendo con timidez. Edward, sin embargo, no quiere eso, tomando su mano tan pronto está a su alcance y dejando un beso en ella.
"Te ves hermosa, esposa."
"Y tú muy guapo."
Cuando dejan el departamento para dirigirse al salón de baile, Edward siente una vibrante electricidad entre ellos.
Cuando bailan, se intercambian miradas cargadas de significado.
Cuando se mueven en un vals lento, no hay aliento entre sus cuerpos.
Por horas, siempre están conectados. Siempre tocándose, siempre alcanzando al otro, pero apenas se dicen algo. Edward siente como si de alguna forma estuvieran de nuevo en su boda, la boda que estaban destinados a tener, y no quiere que la noche termine.
Sin embargo, sí termina, Bella le agradece a la gente con cálidos abrazos y palabras amables. Su rostro sonrojado, su sonrisa permanente. Es una mujer que se siente cómoda consigo misma y Edward nunca se ha sentido más atraído a ella.
Cuando regresan al departamento real, Bella no suelta su mano. Sin decir nada, Bella ignora totalmente su seguridad y agarrando con firmeza la mano de Edward lo lleva a su recámara.
El corazón de Edward late tan descontroladamente que está seguro que ella puede oírlo, pero ella solo le sonríe con serenidad.
Cuando se desvisten, se desvisten el uno al otro.
Cuando se besan, están uno frente al otro.
Cuando Edward descansa sobre el cuerpo desnudo de Bella ella lo mira.
Cuando él finalmente entra en su vertiginoso calor, ella grita por el placer.
Cuando Bella se tensa debajo de él por la cumbre de su placer, él se siente invencible.
Y al estar acostados, volviendo de su éxtasis mutuo e intercambiando alientos, solo hay una cosa en la mente de Edward.
"Por favor, quédate." Noche tras noche, él había sido forzado a verla marcharse, robótica en sus movimientos al vestirse, negándose a mirarlo al retirarse a su propia recámara. El miedo instintivo a que ocurriera de nuevo, casi lo ahoga.
"No hay otro lugar en el que prefiera estar."
Cuando se quedan dormidos en los brazos del otro, Edward está en su hogar.
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Uno, dos y tres… ¡Aaaaaawwww! Apoco no es romántico, es poco lo que nos dijo Edward en comparación con Bella pero muy significativo. Él ya sentía un gran respeto por ella aún antes de conocerla en persona, tan solo por los informes que recibía de los espías, una princesa de su pueblo. No es de extrañar que se hubiera enamorado de ella y menos mal que Bella se dio cuenta que ella también lo estaba cuando escuchó esa conversación entre Edward y Tanya. Así que, como ellos mismos han reflexionado en ello, no pueden arrepentirse de todo lo que vivieron porque los ha traído hasta aquí, reyes de cada una de sus lunas con una hija que es heredera del reino de Olympia que abarca ambas lunas. Creo que los cabos sueltos ya quedaron resueltos, sabemos que sí fue Edward quien recuperó el cuadro de la madre de Bella que desapareció en uno de los tantos ataques a Mongrovia. Querían ver que Edward y Bella se dijeran que se aman y lo hicieron, y como vimos en el epílogo, tuvieron unos gemelos después de Eliza, y sí, es muy probable que los primos de los que habla el epílogo sean hijos de Rosalie y Emmett, porque Alice era estéril, y Rosalie no. Pues hasta aquí llegó esta historia, espero que hayan disfrutado de ella y por supuesto, estaré esperando ansiosa sus reviews para saber qué les pareció. Muchas gracias principalmente a mi querida Beta por seguir acompañándome y ayudándome a mejor la calidad de mis traducciones. Muchas gracias a mis queridas lectoras constantes que están en cada una de mis traducciones, y nos alientan con sus constantes reviews, gracias por sus alertas y favoritos, gracias por sus likes en Facebook e incluso, gracias a las lectoras fantasmas por leer, pero les agradecería más que dedicaran solo unos minutos a dejar un review para alentarnos a continuar compartiendo nuestro tiempo con ustedes. Y a todos ustedes les pido un último favor, que vayan a el link de la historia original y dejen un review a la autora. Podrían poner algo como esto:
Hi! I just read your story in Spanish and wanted to thank you for allow its translation. I really loved it! Greetings from (tu país)
Thank you so much for share your talent with us! You're an amazing writer and I really love your story. Hope you keep writing and allowing more translations. Greetings from (tu país)
Son dos opciones, elijan una y envíen. El link de la historia original está en mi perfil y estará fijo en la parte superior de mi grupo en Facebook 'The World of AlePattz'. Háganlo, por favor. Sus reviews han permitido que más autoras estén dispuestas a permitir la traducción de sus historias. No olviden :)
