PERFECTA PARA MÍ

CAPITULO # 5

Por: Tatita Andrew

-¿A dónde va?

La encontró buscando los harapos con los que había llegado.

-A cualquier lugar, menos aquí, se cuando no soy bienvenida y le aseguro no me aprovechare más de usted, ni le daré más molestias.

-No sea tonta. Le quito el trapo que decía ser su ropa

-Eso no le importa.

-¿Dónde va a ir? ¿No conoce a nadie? Ni siquiera sabe quien es.

-Me las arreglare de ahora en adelante ya no seré su problema.

-Se equivoca, es mi problema desde el primer instante que se quedó en mi casa, y créame que no le permitiré que se vaya por esa puerta.

-¿No ve a permitir? Que ironía, líbrenos de malos momentos a usted y a mi Sr. Andrew, colóquese la mano en el corazón y dígame con sinceridad que sería un profundo alivio para usted, no tener que verme nunca más en su vida, así que ahórreme el discursito, y devuélvame mi vestido en estos momentos.

-¿Se refiere a este trapo viejo?

Se rió como quien no quiere enseñando unos hermosos dientes blancos, a pesar de lo enojada que estaba no pudo dejar de pensar que era el hombre más hermoso que había visto en la vida. quítate esas tonterías de la cabeza Candy, el es el esposo de tu hermana, además un tipo refinado se ve a leguas, jamás se fijaría en alguien como tú

-Devuélvamelo. Es mío. No tengo nada más que ponerme.

-Vaya conociéndome. ¿Quiere estos harapos? No permitiré que los miembros de la comunidad piensen que soy un desalmado. ¿No se ha puesto a pensar que dirían si la ven en estas fachas?

Y los término de romper en muchos trozos con facilidad solamente bastó hacer un poco de presión y se desgarraron.

-¿Cómo se atreve? Es un…. Un grosero. Le aseguro que me iré de aquí así sea que tenga que salir como ando.

Albert la recorrió con la mirada descaradamente de arriba hacia abajo, tan despacio que Candy sintió arder sus mejillas por la vergüenza. Es más la rubia pensó que el maldito lo estaba haciendo a propósito deteniéndose en cada punto para hacerla sentir mal. Y para su indignación sintió que la sangre bullía por todo su cuerpo sobre todo en su rostro.

-Ha captado mi punto Señorita… Candy. No llegaría a dar ni diez pasos fuera de mi casa cuando tendría a muchos hombres que no solo se contentarían con contemplarla con la mirada, ni siquiera puedo decirle las cosas que podrían llegar a hacerle por respeto. Hay muchos hombres en esta comunidad que no tienen esposa solo trabajan duro por el dinero. ¿Cómo piensas que reaccionarían? Al ver a una mujer casi desnuda caminando por allí.

Candy molesta se sentó de golpe sobre el borde de la cama apretando los puños con furia y vergüenza.

-Es usted insoportable Sr. Andrew. No tenía la necesidad de humillarme para probar su teoría.

-Discúlpeme si he sido un poco tosco, yo no ando con medias palabras, solo quería hacerle ver lo absurdo de su comentario. Ahora venga cálmese.

Intento acercarse para tranquilizarla.

Sin saber porque ella no recordaba nada de su pasado pero un miedo atroz la hizo quedarse petrificada.

-No me toque por favor.

Al escuchar el tono de desesperación de la muchacha este se detuvo en el mismo sitio de inmediato.

-Tranquilícese no pretendía asustarla.

-Me quiero ir.

-Basta de tonterías, estará bajo mi protección hasta que pueda recordar algo de su pasado. ¿De donde viene? Y como era su vida antes de llegar aquí.

-Pero…yo no puedo hacer eso. Usted no me quiere aquí.

-Lo que usted y yo queramos en estos momentos no tiene validez Señorita Candy. Usted más que nadie sabe el anhelo y las ganas que tenía Annie de conocerla incluso ocultándome a mí lo que estaba sucediendo ¿No piensa en lo triste que estaría su hermana si dejo que se vaya por allí sin rumbo? Y en su estado, sin memoria ni recordando a nada ni a nadie. Jamás me perdonaría aquello, después de todo usted es familia de mi esposa, por tanto es mi obligación verla por usted mientras se recupera. Luego si es seguro que pueda marcharse, seré el primero en comunicarle que no tendrá impedimento alguno. ¿Qué me dice?

-Esta bien Sr. Andrew si ninguno de los dos tiene mas remedio, yo por que no recuerdo nada, y usted, para librar a su conciencia. Aceptaré quedarme, le prometo que trataré de no ser una molestia y una carga para usted durante el tiempo que vivamos juntos.

Albert enarco una de sus cejas.

-Eh… quiero decir… usted ya sabe… ¿Por qué me mira así? Quiero decir que durante el tiempo que este en su casa.

-Me alegro que lo entienda y para que quede claro, jamás podría haber algo entre los dos. Con su permiso la dejaré descansar ya solucionaremos lo de su ropa luego.

Con la boca abierta, Candy se quedó mirando hacia la puerta. ¿Pero que se había creído ese tipo? ¿Acaso pensaba que trataba de insinuarse? Estando la muerte de su hermana tan reciente, el era un hombre prohibido para ella, eso lo tenía muy claro, no podía recordar nada, solo sabía que no deseaba estar tan cerca con un hombre como había insinuado el Sr. Albert. Decidió que lo mejor era irse a hacer algo por allí.

Albert fue hasta la pequeña sala para avisarle a la Señorita Ponny que la muchacha se quedaría. No había pretendido ser grosero con ella, pero es que la rubia era terca, no le gustaban las mujeres que cuestionaban cada una de sus palabras, estaba acostumbrado a que la gente cumpliera su voluntad y nada más. Ojala no la hubiera herido, no era que no podía haber algo entre los dos dada ya lo enredado de la situación sino que aunque no había amado a Annie como se merecía se culpaba una y otra vez por no haber adivinado los planes de su esposa. Tal vez aún estaría viva, cargaría con su muerte sobre su conciencia, no quería ser responsable de la vida de otra mujer, pero dada las circunstancias tendría que sobrellevar mejor todo esto hasta que la vida volviera mejor a la normalidad. Sí es que alguna vez volvía se respondió así mismo.

-Listo resuelto todo.

Ponny lo miró extrañado.

-¿Se queda la muchacha? ¿Esta seguro?

-¿Porque duda?

-Bueno es que algunas veces usted es… muy poco diplomático.

-Yo también tengo mis encantos. Tengo que irme puede quedarse con la muchacha solo hasta que ve que se encuentra bien.

-Descuide vaya haga lo suyo nosotros nos quedamos aquí.

Paso una semana, y la relación entre Albert y Candy no eran de las más armoniosas pensó la rubia, el la trataba poco, casi que diría que le apestaba su presencia porque cada vez que ella entraba al cuarto o estaba en algún lugar el salía inmediatamente de allí, incluso ni en su propia casa dormía lo hacía en el pequeño establo que estaba a pocos metros de la casa. Ella se sentía tan incomoda por la situación por hacerle pasar todas esas penurias al pobre hombre. ¿No era suficiente que tuviera que perder a su esposa? Ahora tenía que lidiar con la hermana de esta.

Apenas había salido de la casa, y no solo era el hecho de que no tenía ropa, porque a pesar de los intentos por encontrarle ropa por parte de la Señorita Ponny, no había nada que le quedará, su hermana era mucho más delgada, sin tantas curvas como ella, y tampoco tenía tantos pechos, Dios bendito porque sus pechos tenían que ser tan rellenos y enormes.

Los días que había estado sin que ponerse, la única solución para andar presentable fue una camisa de azul de cuadro de Albert, y unos pantalones que le quedaban enormes que se los ajustaba con un cinturón, tampoco había encontrado con que amarrar su cabellera rebelde los rizos le caían tan desordenados por su rostro que estaba segura que por eso el pobrecito de Albert salía corriendo cada vez que la veía.

Porque en cuánto la veía con la ropa volteaba la cabeza en un gesto de desaprobación y se daba la vuelta fuera de la vista de ella, pobrecito tal vez no le gustaba prestar nada. Apenas le dirigía la palabra y para colmo ella estaba sin recordar nada, lo único que sabía era que en cuanto más se empeñaba en Albert en mantenerse alejado de ella, más tranquila y segura se sentía.

Se había empeñado en serle útil a Albert, se había dedicado de lleno en el arreglo de la casa, la limpieza, de cocinar un día Albert le dijo molesto.

-No tienes porque hacer nada, no quiero una sirvienta. Gritó. En cuánto le entrego la ropa lavada y planchada.

Pero ella que ya se estaba acostumbrado al carácter insufrible del hombre y le hizo recordar el dicho que perro que ladra no muerde. Solo sonrió.

-Lo sé, pero me siento bien siendo útil, así puedo pagar el plato de comida que me llevo a la boca.

-Que no hay necesidad maldita sea es mi obligación. No quiero que anden murmuraciones por allí, que la tengo de esclava.

-Me importa poco los que los demás puedan pensar, no puedo recordar nada, pero mis manos sí, así que no piense que me estoy sacrificando esto de hacer las labores domesticas es tan fácil para mi, tal vez y lo hacía siempre para algún familiar querido.

-O para un hombre. Tal vez su esposo… dijo irritado.

-No creo, siento que no tengo hombre alguno en mi pasado, si así fuera no creo que ni una perdida de memoria me hiciera olvidarlo.

Y por fin después de ocho días la Señorita Ponny le había prestado unos vestidos bonitos que eran de unas de sus hijas, ella se sentía un poco incomoda porque las muchachas no tenía tanto busto como ella, y sus pechos sobresalían un poco, pero su amable amiga le había dicho que se veía muy bonita, y con ayuda de ambas le habían incluso arreglado el cabello.

Quería ver el rostro de Albert estaba segura que si ya no la veía con sus ropas estaría de mejor humor, ya estaba la cena lista y decidió que era hora de avivar el fuego dentro de la casa, aunque el no dormía allí le gustaba que estuviera calientita cuando regresaba Albert. Y a ella en verdad le gustaba ser útil.

Se encaminó más allá de su cabaña y algunos hombres la miraban raro, que la hacían sentir incomoda, pero ella camino erguida y con la barbilla en alto buscando más leña.

Estaba muy oscuro y aunque ella no tenía miedo, no le gustaba mucho la obscuridad.

Iba cargada con un montón de pajas, cuando alguien le hablo

-Hola buenas noches.

Estaba tan concentrada en su labor que se asustó y tiró de su carga. Y enseguida se agacho a recogerlas.

-Me acaba de dar un susto de muerte

Al mirar hacía arriba un hombre muy apuesto de cabello negro y una cara hermosa igual que su sonrisa la miraba entre divertido y avergonzado.

-Discúlpeme señorita por mi torpeza. Se agacho junto a ella a ayudarla a recogerla.

Los dos estaban agachados en el piso.

-No era mi intención asustarla, solo quería darle la bienvenida a nuestra pequeña comunidad. He escuchado muchas cosas sobre usted. Y tenía curiosidad por conocerla. Me llamo Terry Granchaster pero me puede decir Terry. Si es posible, para que no me haga sentir viejo.

Volvió a sonreír.

Candy se quedó mirando aquel rostro y se dio cuenta que no se sentía molesta ni incomoda la miraba a ella no a su escote, se podía notar que era todo un caballero y decidió que era seguro darle su amistad.

-Me llamo Candy. Mucho gusto Terry.

Ella intento coger el bulto con la leña pero el insistió.

-Déjeme a mí después de todo, sin o fuera por mi imprudencia no hubiera votado nada al piso.

Sus manos se tocaron y Candy se avergonzó pues no eran las manos de una dama elegante y bien cuidadas todo lo contario.

El caballero la tomo de la mano y la ayudo a ponerse de pie.

-Una mujer tan hermosa no debería hacer este tipo de trabajos, solo debería ser protegida por su esposo y amada.

Ella sonrió y liberó su mano.

-Claro que no, me gusta mucho, además que clase de esposa querría un hombre si no sabe hacer nada de nada.

Terrry se agachó nuevamente por el bulto que ya estaba arreglado como estaba y le dijo.

-Yo lo llevo, no se preocupe.

-Pero yo puedo….

-¿Qué clase de caballero sería si permito que una dama haga esto en mi presencia?

Ella sonrió.

-No queremos dejar en duda su honor de caballero, así que por favor continué.

Fueron caminando justo hasta la cabaña cuando otra vez otra sobra surgió de la obscuridad y los quedó mirando a los dos.

Terry estaba invitando a Candy a dar un paseo para conocer la comunidad

-¿Qué ocurre aquí? gritó

Terry se adelanto y se colocó ante el caballero.

-Soy Terry, tengo pocos días de haber llegado y créame que es mi culpa quise venir a saludar a la Señorita Candy cuando por mi torpeza tiro su bulto, y yo insistí en ayudarla discúlpeme si lo he ofendido caballero, no quiero pasarme de imprudente con su esposa.

-Pero yo no…. Dijo Candy desde atrás antes de ser interrumpida bruscamente.

-Ella no es mi esposa, es la hermana de ella, y ha sufrido un atentado por ahora esta bajo mi protección mientras logre recuperarse por completo.

Terry se volteó angustiado ante la rubia.

-¿Se encuentra bien Candy?

-Por supuesto que lo está- volvió a rugir la voz atrás de ellos- Solo ha perdido temporalmente la memoria, eso fue lo que dijo el médico.

-Ahora tengo que irme, y ¿acepta la petición que le hice Candy?

-Por supuesto Terry, fue un placer charlar contigo.

Terry se volvió a voltear donde Albert.

-Usted también puede venir si lo desea.

-Lo tendré en cuenta.

El caballero se despidió de Candy se alejo nuevamente.

Candy se quedó mirándolo hasta que desapareció estaba muy feliz de haber encontrado un amigo y una cara amigable en aquel lugar.

-Sabe me dijo Terry, que me va a….

Sin decir más la zarandeó atrayéndola hasta su cuerpo.

-Te lo advierto no voy a permitir, que andes de ofrecida y en mis narices. No voy a ser el hazme reír de todos aquí

-Solo intentaba ser amable.

-¿Amable? Con un vestido tan indecente, que el pobre hombre tenía que usar todo su esfuerzo para no mirar por tu escote, con un peinado como para ir a fiesta. No irás a ningún lado con él. Eres mi responsabilidad. Y no voy a permitir que te comportes como una cualquiera.

-Deje de recordarme eso Sr. Andrew me estoy hartando de lo mismo.

Y sin decir más se agachó a recoger el bulto de leña.

-Deja lo llevo yo.

-No hace falta.

-Ni se te ocurra mujer, tomar eso, ya suficientes vergüenzas me has hecho pasar esta noche, no solo coqueteabas con un hombre descaradamente en la obscuridad sino que me hiciste ver como un imbécil cuando la mujer que esta viviendo en mi casa, tiene que ir a recoger leña. Y otro hombre tiene que ayudarla. Solo tenías que esperar unos minutos y yo lo hubiera hecho. Así que dame eso.

Sin decir más le tiro el bulto de leña con tantas fuerzas sobre su estomago que lo hizo doblarse de dolor.

-Como guste, pero no tiene nada de caballero es un imbécil señor.

Y se fue toda molesta y con los puños apretados por la rabia.

La señorita Ponny se le apareció en el camino justo antes de entrar a la cabaña.

-He visto hombres testarudos y un poco tonto, pero usted se pasa. No tenía porque haberle hablado así, ella no estaba haciendo nada malo.

-Encontrarse con un hombre en la obscuridad eso lo hace solo una cualquiera, nadie sabe nada sobre ella y de lo que hacía antes de venir aquí.

-Es mas tonto de lo que creí cualquiera con dos ojos al frente se podría dar cuenta que esa muchacha no puede estar tan cerca de otro hombre sin que sus ojos tiemblen y su voz se quiebre.

Piénselo nuevamente antes de hacerla sentir tan, mal por tenerla preparada una cena caliente, la casa limpia, y el fuego encendido. Con su permiso señor.

CONTINUARÁ….

SALUDOS CHICAS ACTUALIZANDO