PERFECTA PARA MÍ
CAPITULO # 6
Por: Tatita Andrew
¿Tonto yo? Pero que se había creído la señorita Ponny, no sabía porque todo mundo había tomado partido por Candy. Bueno esta bien daba un poco de lastima, despertar sin poder recordar nada del pasado y acabando de llegar había perdido a su hermana.
¿Pero y que había de él? Nadie pensaba en como se sentía, perdió a su familia siendo apenas un niño, nada le había costado gratis en la vida, tuvo que sufrir para llevarse el pan a la boca, luego tuvo que salir corriendo antes de que el padre de Annie descubriera quien era, su esposa se murió, estaba durmiendo en el establo, y ahora estaba prácticamente obligado a convivir con aquella bruja de ojos verdes, quien lo sacaba de quicios, maldita sea, no bastaba con solo andar media desnuda en la casa, para colmo ella andaba alegre pensando que con su ropa se tapaba un poco. ¿Qué ingenua? No había podido dormir ninguna noche desde aquello, ni siquiera podía mirarla de frente. ¿En que diablos estaba pensando para ponerse su ropa? Le quedaba grande pero eso solo hacía que resaltara sus pechos, y estos se pudieran apreciar a través de la tela, y el hecho de que ella llevará algo tan íntimo y personal como su prenda encima de su piel era insoportable.
La ropa era uno de sus pocos problemas también estaba el hecho de su casa, con Annie no había tenido problema porque el estaba consciente que ella no era de las mujeres dadas a los quehaceres domésticos, por eso el mismo se hacía sus cosas estaba acostumbrado a ello a no depender de nadie, pero desde que tenía a Candy en su casa, era como vivir en otro sitio, poco a poco había cambiado toda su humilde casa, la verdad no es que se quejara estaba mucho más limpia y ordenada. ¿Pero acaso se lo había pedido? No le quería deber nada, ropa planchada, comida lista, casa acogedora. ¿Por qué se comportaba como una esposa? No quería tener nada que ver con ella, y no solo era el hecho de que era la hermana de Annie, sino que había algo en ella, que lo hacía comportarse como un salvaje, el siempre había sido un caballero con Annie porque ella era tímida y callada.
Pero Candy era otra cosa, era puro fuego y sabía que a lado podían explotar ambos un día de estos, ahora venía esperando poder darse un baño tranquilo y cenar como de costumbre, y allí estaba alejada en una parte oscura, con un hombre que se la comía con la mirada. ¿Y ella que? Claro le sonreía de oreja a oreja, como si fuera lo mejor que hubiera visto en la vida.
¿Y a él? Que la había acogido en su casa, la proveía de alimentos, ni un gracias, ni una sonrisa, ni una mirada de adoración. No dejaba que la ayudara en nada, y cuando tenía la decencia de querer hacerlo, refunfuñaba diciendo que podía hacerlo sola. Que malagradecida. Ahora al entrar a su casa lo esperaba una cena fría y de seguro más problemas y al abrir la puerta no estaba equivocado.
Allí estaba Candy con las manos en jarras y mirándolo furibunda. Lo que hacía que su respiración se agitara y sus pechos subieran y bajaran. En cuanto lo vio se acercó y lo golpeó con el dedo en el pecho.
-Espero que le quede claro Sr. Andre, que no le he dado el derecho para que se dirija a mi de ese modo. El hecho de que me este quedando en su casa, no es para que me trate como tapete el cual quiera pisar, tengo mis sentimientos y no voy a permitir, que me trate como a una cualquiera le quedo claro.
-Sino quieres que te trate así, compórtate como una mujer decente.
-El hecho de que charle con alguien y no me hace una mujer decente como cualquiera en este lugar. Terry solo estaba tratando de ser amable.
-¿Terry? ¿Pero acaso no te escuchas? Llevas conociéndolo cuanto. Mmm dos minutos y ya lo llamas por su nombre.
-Se lo ha ganado, es uno de las pocas personas que me han tratado con respeto.
-¿Respeto dices? No seas ingenua si te estaba devorando el pecho con los ojos.
Candy avergonzada y sonrojada se tapo los pechos con la mano.
-Claro que no, es todo un caballero, y no es un cerdo como otros.
La tomo de la mano y la zarandeo con brusquedad.
-¿Me estas llamando cerdo? Cuidado niñita no te metas conmigo si sabes lo que te conviene.
Y Candy que ya había empezado a no temerle alzo la barbilla y lo miro desafiante.
Se quedaron mirando así por un rato los dos directamente a los ojos con temperamentos tan iguales, y ninguno queriendo doblegarse ante el otro.
-Eso esta desde el punto de vista que se mire. Se zafó de su agarre. Ahora suélteme y me supongo que no le importara comerse la comida fría, después de todo, es igual que su corazón. Si es que lo tiene. Buenas noches Sr. Andrew dijo alejándose hacia la recamara y haciendo una reverencia exagerada.
Esta mujer me volverá loco pensaba el rubio mientras se iba a comer su merienda fría.
Las cosas no mejoraron para ambos días después, cada día era una pelea por quien tenía la razón, y sobre todo las odiosas visitas de aquel caballero con porte de afeminado. ¿NO tenía nada mas que hacer que anda molestando en casas ajenas?
-Candy le gustaría leer esto.
-Vi estas flores y me acordé de usted.
-Si me lo permite, un día de estos puede recitarles unas poesías.
A veces tenía la necesidad de salir de su propia casa, dando un portazo para tener un poco de privacidad, pero luego se acordaba que no era prudente dejar a una mujer sola con un hombre y menos con aquel. Lo odiaba era todo lo que él no era atento, caballeroso, bien vestido, elegante siempre atento con Candy.
-Buenos días Candy hace un hermoso día.
Esa mañana el estaba cortando leña y Candy estaba barriendo una basura cerca de la casa.
Albert resoplo de mal humor y continuó con su labor.
-Si, Terry muy hermoso. ¿Cómo amaneció hoy?
-Muy bien gracias, Sr. Andrew, como le va por allí dicen que será una buena temporada para sembrar que opina.
-Solo son rumores.
Candy lo miro con odio y luego volvió a sonreír hacia el hombre delante suyo.
-Ojala sus palabras sean escuchadas Terry todos nos beneficiaremos.
-Candy la invitó mañana a dar un paseo, hay un hermoso río cerca de aquí, a pocos metros iremos a caballo. Puede usted también venir Sr. Andrew.
-Candy no puede asistir, esta muy ocupada con todas las cosas, que esta remodelando en la casa, y por supuesto yo tampoco pensaba salir a cazar algo.
La rubia volvió a mirarlo colérica. A Albert.
-Si el Sr. Andrew no puede ir, será un gusto conocer ese lugar, tal vez y aprovecho para lavar la ropa sucia que tengo en casa. Claro que me gustaría acompañarlo.
-No se diga más la pasaré a recoger mañana por la mañana.
En cuanto se fue Candy lo enfrentó.
-Porque tiene que ser tan grosero.
-Porque tienes que andar coqueteando todo el tiempo. Con ese tipo.
-Solo trato de ser amable, lo que otros deberían hacer por lo menos alguna vez en su vida.
-¿Insinúas que soy insoportable?
Iba a replicar pero en esos llegó el hijo mayor de la señorita Ponny Tom, y le llevo a Candy un trozo de chorizo ya que había ido a la ciudad a hacer unas compras con su padre y se había acordado de la muchacha.
Los ojos del muchacho brillaban emocionados.
-Espero que le sirva, Candy siempre ha sido tan amable conmigo.
Ella le dedico una de sus sonrisas que solo eran negadas a Albert.
-Es poco, para agradecer a mi salvador, sino fuera por ti, quien sabe si me hubiera podido salvar.
-Candy no diga eso, usted es una mujer muy fuerte, veo que siempre anda de aquí para allá haciendo algo, estoy segura que usted sin necesidad de mi ayuda hubiera sobrevivido.
-Ahora te ganaste un plato para la cena, por haberte acordado de mí, acompáñanos. Vamos adentro que voy a terminar la cena.
-Será un placer. Sr. Andrew déjeme acompañar a esta dulce dama a la casa, y vengo para terminar de ayudarlo.
Albert volteó los ojos hacia arriba. ¿Es que todos se habían vuelto locos? El estimaba mucho al joven muchacho, y siempre trataba de ayudarlo a ser un gran hombre. Pero al verlo interactuar con Candy se dio cuenta que había ese brillo en sus ojos, de un muchacho cuando esta ilusionado. Otro más que caía a los encantos de aquella bruja de ojos verdes. Pensó. Debía de ser muy buena en la cama, para que los hombres cayeran bajo sus encantos, eso lo podía asegurar con solo mirarla, pues despedía sensualidad y fuego cuando miraba y sonreía. Pero el era inmune a sus coqueteos, e iba a ser el único con la cabeza en su sitio no sabía nada de ella, y tampoco quería conocerla más ansiaba el día en que recobrara la memoria y se fuera de su vida para siempre. Y así continuó cortando leñan con mucha mas fuerza que antes.
Como todo caballero que era Terry dejo que ella fuera con la tina de la ropa montada en el caballo, y el iba caminando llevando la rienda del mismo. Le agradaba sinceramente, era bien hablado, siempre amable y siempre tratando de ayudarla. Ni siquiera quería analizar sus sentimientos hacia el Sr. Andrew. Nunca había conocido a un hombre tan irritante y tan grosero, y no solo era eso, al parecer la odiaba y la detestaba hasta morir, la consideraba menos que el lodo que se pega en el zapato pero ella no se podía dejar, de algo estaba segura era una luchadora y nadie iba a pisotearla sin luchar. Pero como toda mujer tonta, en el fondo quería sinceramente poder llegar más hondo dentro de su corazón e intentar ayudarlo para que no sintiera tan solo y triste, y mucho más después de perder a su esposa. Intento dejar a un lado los pensamientos sobre el rubio, y concentrarse en la conversación que estaban sosteniendo.
-La señorita Eliza es una dama muy hermosa.
-¿Te parece? Candy.
-A usted no, casi todos los hombres en la comunidad hablan de lo hermosa, y elegante que es, incluso Tom esta enamorado de ella, no quisiera que saliera lastimado de esa relación.
-Es hermosa no lo niego, pero no es la clase de mujer con quien desearía casarme.
-¿Ah no? Y cual es la clase de mujer que tiene en mente para eso Terry.
-¿No se lo imagina? Pregunto ayudándola a bajar del caballo cuando llegaron al río.
-No, dígamelo, puede confiar en mí somos amigos.
-La mujer ideal es como usted Candy sencillamente igual a usted.
Ella se sonrojo pero no dijo nada, le agradaba y tal vez lo consideraría un buen candidato para casarse, pero sin memoria no era buen partido para nadie, tenía que saber quien era, solo así podía considerar un futuro junto a alguien.
Los dos sentados a orillas del lago hablaban de todo un poco, la infancia de Terry venía de un hogar de padres separados, y el padre de Terry era conde pero no se llevaba muy bien con la otra familia.
Candy pensó que ahora entendía lo refinado y elegante que era.
Ella mientras tanto estaba ya terminando de lavar, le agrado el paisaje, la naturaleza los arboles que rodeaban el lago, se preguntaba que había al cruzar el pequeño río, y se prometió que de ahora en adelante vendría allí no solo a lavar sino a darse un baño, era un poco alejado pero no tanto, si venía a pie tendría tiempo de volver.
Estaba tan enfrascada en sus pensamientos que no se dio que una de las prendas favoritas de Albert una camisa era arrastrada por la corriente los dos la miraron al mismo tiempo y salieron corriendo tras ella introduciendo en el agua, pero la prenda pasaba entre sus manos sin poder atraparla un poco más allá al fin Candy la agarró pero con tan mala suerte que casi cae en el agua, pero para su suerte Terry la tomo de la cintura y la sostuvo.
Los dos empezaron a reírse de la situación estaban completamente empapados. Pero algo en la forma como la miraba. Candy supo que tenía intenciones de besarla y ella no sabía si le iba a gustar, claro le agradaba, y no sentía incomoda ni nada con la situación. Pero no sabía que cosa era. Apenas tuvo tiempo de descender sobre su boca cuando fue agarrado del cuello de la camisa con mucha fuerza hasta hacerlo retroceder, incluso Candy estuvo a punto de caer, ya que el todavía la tenía agarrada por la cintura. Cuando los dos salían furiosos del agua tuvo que agarrarse las enaguas del vestido empapadas para llegar corriendo hasta donde estaban.
-¿Cómo se atreve? ¿Es así como traiciona mi confianza? ¿Invito aquí a mi…. A Candy con sus segundas intenciones? Pensé que era un caballero honorable.
-¿En que le he ofendido Sr. Andrew? Estaban tan cerca que ella pensó que podrían golpearse en cualquier momento.
Ella se metió en medio de ambos.
-Por favor Sr. Andrew. No cometa un error, no vaya a pegarle a Terry, no es lo que piensa.
La aparto y la coloco detrás de él.
-Esto no es asunto tuyo. Sino de hombres.
-¿Y todavía lo pregunta? Le parece poco, aprovecharse de una muchacha con falsas invitaciones para poder aprovecharse de ella. ¿Qué haría usted en mi situación?
-Lo que yo haría si me encontrara con esta situación es hacerlo casar con ella, así que usted decide. Y sabe que Sr. Andrew todos le tienen una alta estima y por ese respeto, no quiero pelearme con el hombre que de algún modo es familiar de mi futura esposa.
Sin más se dirigió hacia Candy.
-Si me disculpa Candy, otro día seguimos hablando. Subió a su caballo y se fue cabalgando.
En aquel momento Albert se dirigió furioso hacia Candy la volvió agarrar del antebrazo y la acercó hasta él con tan mala suerte que cayo encima de su pecho.
-Me puedes explicar en este momento de que diablos estaba hablando Grandchaster. ¿Y porque estaban los dos en el agua? Y por lo visto ambos mojados. ¿Acaso pensabas acostarte con él?
-No tiene ningún derecho hablarme así Señor, yo no tengo porque darle explicaciones sobre mi vida ni a usted ni a nadie.
Y trato de zafarse de su agarre provocando que Albert la apretara con mayor fuerza sobre él.
-Tengo todo el derecho del mundo, ya sabes que estas bajo mi responsabilidad y no quiero verte coquetear con nadie. Ni siquiera sabes nada de tu pasado y ya estas pensando en casarte con alguien.
-Pero yo….no.
Las palabras murieron en los labios de ambos. Se quedaron mirando profundamente y ella se dio cuenta que al igual que con Terry minutos antes el estaba fijamente mirando sus ojos y luego descendió hasta sus labios. Un escalofrío la recorrió por todo el cuerpo que la hizo estremecer toda, jamás había sentido algo así, tal vez era debido al frío pensó.
Y al parecer Albert noto la reacción en ella sonrió complacido con una mirada arrogante, y luego volvió la mirada fría y distante la soltó bruscamente la agarro del brazo y la llevo hasta su caballo.
-Nos vamos levanta la ropa.
-No voy a ir a ningún lado. Se cruzo de jarras.
-Decide subes por las buenas o te subo yo tu eliges, per nos vamos ahora.
Ella tomo la pequeña tina con la ropa y sin decir una palabra mas la subió al caballo y el se subió atrás de ella.
Intentaba mostrarse rígida, estaba muy molesta con él, como se atrevía a juzgarla, porque siempre pensaba lo peor de ella. Terry se había comportado a la altura evitando un pleito innecesario. No habían avanzado mucho cuando escucho que susurraba en su oído con aquella voz que volvió a hacer que su cuerpo se estremeciera toda.
-Se que me odias a morir, pero no tienes que ir como un palo tieso, apóyate en mí y verás que pronto llegaremos.
Quería hacer todo lo contrario, pero sabía que no podía seguir en aquella posición por mucho más tiempo se dejo caer sobre su duro pecho, podía sentir claramente cada musculo sobre su espalda, el olor que emanaba era tan masculino. Se sentía bien una sensación de seguridad que al parecer todo iba a ir bien si lo tenía cerca.
-Buena chica volvió a susurrar a su oído cuando ella se relajo contra él. Y la aprisiono más contra el agarrando las riendas del caballo más corto. Y Candy pensó que se le iba a hacer una eternidad el camino de regreso.
Pasaron otros días y Albert andaba con un humor de perro todo le parecía mal, por todo se molestaba ya ni Terry había vuelto por allí a visitarla supo que andaba de viaje tal vez visitando a su familia.
Aprovecho una mañana que Albert había salido para ir al lago, había deseado volver desde hacía mucho, tal vez se daría un baño y recobraría fuerzas, era una batalla de voluntades cada día vivir con Albert, y otras se sentía incomoda por tener que verlo diariamente después de comer y darse un baño, irse fuera de la casa desearle buenas noches e ir a un establo. No quería causar incomodidad a nadie pero no sabía que más podía hacer para cambiar la situación le había insinuado que durmiera dentro de la casa, que ella podía dormir en algún rinconcito por allí, en algún catre, solo necesitaba una almohada y una sabana.
-¿Acaso crees que soy un animal? Porque piensas lo peor de mí siempre. Dejar que una mujer duerma en el suelo mientras yo disfruto de la cama.
Y allí estaba se había dado un baño en el lago, disfruto nadar, ahora contemplaba fascinada el paisaje y decidió ir a averiguar que había al otro lado del río. Estaba tan entretenida que no se dio cuenta que se precipito una tormenta y no tuvo tiempo de volver. ¿Y ahora que iba a hacer? Dios mío ojala que el Sr. Andrew notará su ausencia y la fuera a buscar, sabía que si la encontraba estará a salvo.
Apenas se dio cuenta que no estaba y al enterarse que no estaba en casa de la señorita Ponny y que el tal Grandchaster estaba de viaje. Supo donde estaba. Le había contado su deseo de volver al rió en cuanto llegó se dio cuenta que el río había subido su cauce pero ella no estaba por ningún lado, dejándose llevar por un instinto se dio la vuelta por una loma muy alta y fue cuando la vio debajo de un pequeño árbol que no la cubría en nada, la lluvia seguía cayendo intensamente sobre ella y él también estaba completamente empapado, por el lugar donde había llegado ya estaba también lleno de agua, y fue cuando vio su salvación una pequeña cueva no sabía si era profunda o si habría algún animal pero sin pensarlo dos veces se acercó a ella y la llamó.
-¿Candy estas bien? ¿Puedes levantarte?
-Sr. Andrew… yo… la vió tiritar de frío no sabía cuanto tiempo había estado bajo la lluvia y no lo pensó dos veces. La tomo en los brazos y se fue caminando hasta la cueva.
Ella abrió los ojos muy grande por la sorpresa, pero no dijo nada el frío estaba calando sus huesos.
Albert comprobó que estaba seguro todo, y que no había nadie dentro de ella. Tapo la entrada con una hoja y se adentro.
Candy todavía seguía estando como un ovillo tiritando.
-¿Tienes que desvestirte muchacha o morirás de frío?
-No, ¿Cómo dice?
-Olvidas que vivimos juntos, ya he visto todo lo que tenía que ver no hay nada que tengas que temer, además la cueva esta demasiado oscura para poder ver algo. Hazlo pronto que yo también haré lo mismo.
Candy como pudo rápidamente se despojo de la ropa mojada, y la dejo sobre una roca para que se pudiera secar, Albert había hecho una especie de cama con algunas ramas de arboles pero ella se había quedado fascinada al verlo y no se movía de su sitio. A pesar de que dijo que la cueva era oscura, ya era muy de noche y los rayos de la luna se adentraban un poco a través de la entrada. Tenía un pecho muy hermoso y una mata de vello rubio descendiendo trago saliva. Nunca había visto a un hombre desnudo y esto le provocaba cierto hormigueo por todo el cuerpo.
Una vez desnudo ambos como Dios los trajo al mundo Albert se acostó en la improvisada cama y se dio cuenta que Candy seguía de pie sin moverse y todavía con frío.
-Vente muchacha, te vas a quedar allí toda la noche.
De pronto Candy sintió pánico no sabía porque la sensación y al pensar estar cerca de otro hombre le provocaba un miedo descomunal.
-Estoy bien aquí, duerma usted.
-Y dejarte así, como estas. Vienes tu o te voy a ver yo.
-No por favor suplico, llorando.
-Pero que diablos.
Se levantó la tomo de la mano y la llevo hasta acostarse y se tumbo a su lado.
-¿Acaso me tienes miedo?
Ella negó con la cabeza, no era miedo a él, ni ella misma sabía del porque de su reacción
-Duerme estando cerca nos daremos calor mutuamente.
Ella lloró mucho más fuerte, pero poco a poco se fue calmando y se dio cuenta que no tenía nada que temer, ni siquiera Albert estaba tan cerca, se había dado la vuelta y ya estaba durmiendo, se relajo y entonces el sueño la fue venciendo.
De su lado Albert, no se durmió hasta que no escucho la respiración de Candy volver a la normalidad. Y no pudo dejar de notar el miedo en su cara, las lagrimas no intento acercarse ni abrazarla para consolarla por el hecho de que estaban desnudos y no se confiaba de él, y segundo no quería asustarla más. Pero se preguntaba ¿Quién era Candy? ¿Qué traumas había sufrido para asustarse con solo estar cerca de él? Se dijo que con el tiempo y cuando recuperara la memoria, se ganaría su confianza para que pudiera contarle todo lo que había pasado, en realidad deseaba escucharla y también se durmió.
CONTINUARÁ….
ME ALEGRO QUE LES ESTE GUSTANDO LA HISTORIA ME ALEGRA MUCHO SUS COMENTARIOS BESOS Y SALUDOS.
