PERFECTA PARA MI
CAPITULO # 11
Por: Tatita Andrew
Albert no volvió durante todo el día Candy estuvo todo el tiempo con la familia de la señorita Pony. Todos lloraban por la muerte de Jimmy. ¿ Quien podría ser capaz de quitarle la vida a un pequeño muchacho que esta recién viviendo la vida? Se sentía triste también recordó cuando tuvo que enterrar a su madre, por lo menos ellos se tenían como familia. Ella toda la vida había estado sola nunca tuvo un hombro donde apoyarse para llorar.
El que le partía el corazón era Tom como todos los hermanos el y Jimmy siempre andaban peleando pero se amaban. Temía que el joven con todo esto madurara muy a prisa.
Ese día se había dedicado a hacer los labores de la casa, trataba de no pensar en el beso de aquella mañana, con solo hacerlo su pecho se endurecía sus piernas flaqueaban y el corazón le latía muy a prisa. No podía explicar muy bien aquella reacción en su cuerpo nunca antes la había sentido.
Pero se dedicaba a fantasear el cuerpo de Albert duró sobre el suyo los vellos de su pecho sin camisa. Por mas que lo intentaba Candy no podía olvidar la sensación de tenerlo adentro duro rígido moviéndose dentro de ella quería repetir aquella sensación la señorita Ponny tenia toda la razón con el hombre correcto era fantástico hacer el amor.
En la noche fue a visitar a Terry quería ver como estaba su empleado.
-No he conocido mujer que ti Candy no quiero imaginar lo que hubiera sucedido sino hubieras defendido a Pablo.
-Nunca pensé que las personas podían juzgar sin razón. Solo por el hecho de dañar a los demás.
-Es un privilegio contar con tu amistad. Antes de que llegaras nadie nos miraba en este pueblo. Si quieres te puedes quedar a cenar.
-No gracias debo volver salúdame a Pablo otro día vengó a probar su guiso.
Mas tarde esa misma noche Candy escuchó la llegada de los hombres al pueblo no había podido dormir preocupada por Albert.
En cuanto escuchó que se estaba quitando las botas y la camisa se apresuro a preguntarle en la obscuridad.
-Albert lograste dar con el asesino de Jimmy.
-Candy lamento haberte despertado.
-No lo has hecho no podía dormir. ¿Lo hallaste?
Albert suspiro cansado.
-No, era tal y como imaginaba sin huellas sin rastros sin nada.
A pesar de la intimidad que habían tenido no compartían la cama. Siempre tendía una manta en el suelo.
-Porque no vienes a dormir a la cama. Bueno… se que estas cansado.
-La verdad mucho.
-Entonces será mejor que descanses aquí.
Ella se hizo a un lado en la cama no quería que Albert pensara que quería otra cosa. En la obscuridad escucho como dejaba la camisa en una silla.
Ella respiro nerviosa pensaba en su cabello.
-Voy a recogerme el cabello no quiero que te tropieces con el por la noche.
-Ah si tu cabello lo recuerdo.
Albert se quedo recordando la sensación de tener aquel cabello en sus manos, tocarlo y enredar sus dedos en el para luego besarla.
Pero Candy recordó que al principio Albert siempre se quejaba de su cabello. Por lo que dijo avergonzada.
-Se que mi cabello es indomable y que no es suave ni brilloso ni lacio. En su interior replico "no es como el de Annie"
-Déjalo suelto dijo Albert cuando llego a su lado en la cama. Se imaginaba su cabello esparcido por toda la cama. Me gusta tu cabello es hermoso.
Candy quiso llorar de la emoción eran tan poco los cumplidos que Albert le daba que guardaría aquel muy dentro de su corazón.
-Gracias.
-De nada.
Eres un tonto Albert aquí estas disimulando ser amable. Cuando lo único que piensas es en poseerla y hacerla tuya toda la noche.
Ambos se acostaron juntos con la respiración tensa ninguno de los dos podía dormir. Los dos sabían que el otro estaba despierto pero ninguno de los dos decía palabra alguna. Se le hizo una eternidad a Albert hasta que escucho la respiración tranquila de Candy que dormía a su lado.
Se movió inquieto hacia el otro lado por millón vez. No podía dormir sintiéndola tan cerca sabiendo que con solo mover su mano podía tocarla. Su miembro era otro obstáculo para conciliar el sueño estaba tenso y rígido buscando ansiar su alivio.
Ni siquiera sabia porque no quería tocarla cuando se moría por hacerlo. Paso una noche de tortura imaginándosela en diferentes poses susurrando su nombre. Se maldecía por no hacerlo después de todo ella había tenido su pasado y el también por la forma en que le había respondido la primera vez no se parecía en nada a Annie quien pocas veces había podido hacerle el amor porque no le gustaba o le daba vergüenza ella tenia la idea de que el hombre y la mujer solo debían estar juntos para procrear. Después de todo Candy era su esposa legalmente y a pesar de lo que le había dicho no seria tan fácil obtener el divorcio. Tal vez a pesar suyo tendrían que seguir casados por mucho tiempo mas. Y no podía vivir todo el tiempo como un santo, tal vez podría pagar los servicios de alguna mujer. Pero sabia que no seria lo mismo deseaba a Candy con locura. Tal vez si volvía a poseerla podía liberarse de aquella obsesión en la que se había convertido Candy. A pesar de haber estado borracho recordaba con claridad la sensación de estar dentro de ella la lujuria la pasión.
Deseaba acercarse tocarla y despertarla a besos. Pero no podía engañarse a si mismo no quería que Candy pensara que solo la quería para hacerla suya. Le gustaba todo de ella la forma en que había llegado a su vida, el orden, sus comidas, la ropa limpia, la forma en que sonreía y como lo miraba cuando el hablaba lo hacia sentirse la persona mas importante del mundo. Quería que se preocupara por el como aquella mañana y que le diera un beso antes de marcharse. No solo quería que lo llenara en la cama sino también su alma.
Una cosa estaba seguro que las cosas no podían seguir así. Lo que menos deseaba era ver el miedo en la cara de Candy deseaba que lo mirara con dulzura y afecto. Prometió que a partir de aquella noche empezaría a tratar a Candy diferente tal vez ella así podría llegar a tenerle afecto. Quizás mañana al despertarse le daría un beso de buenos días. Incluso se durmió saboreando aquel beso, pero las cosas nunca pasan como uno quiere en la mañana Candy había desaparecido.
Albert se desperezo a pesar de que había dormido poco y que se durmió muy tarde se sentía descansado aun no amanecía el sol todavía no aparecía. Movió su mano para tocar a Candy y sus ojos se dieron cuenta que no estaba a los lados en su cama.
Se levanto de un brinco su corazón le gritaba que Candy no lo dejaría por voluntad propia. Y si el hombre que había asesinado a Jimmy estaba por allí merodeando.
Sin pensar en su aspecto solo se coloco la camisa y con los pies descalzos salió, era demasiado temprano nadie se observaba en el pueblo ahora sabia con seguridad que ella no se encontraba donde la señorita Ponny ese era el único lugar al que podría haber ido tan temprano.
Sin detenerse a pensar corrió hacia el bosque sabia que a Candy le gustaba ir allí sola a lavar o a bañarse al río. No se escuchaba nada más que su respiración agitada por el esfuerzo de estar corriendo solo se imaginaba a Candy en brazos de un asesino.
¿O habría huido tal como el se le paso por la cabeza alguna vez? Que ella podía abandonarlo y huir y dedicarse a hacer lo que hacia antes de venir al pueblo ahora recordó que ni siquiera sabía que hacia Candy antes de llegar todo por su falta de memoria. ¿Por qué había tenido que salir en mitad de la noche?
Se consolaba diciendo que ella no lo abandonaría así sin decirle nada. Pero la idea lo aterraba aun mas porque si no lo había hecho por voluntad propia algo le había sucedido.
De tanto correr sintió que le faltaba el aire se detuvo a descansar cuando llegó a la orilla del río y fue cuando la vio al principio solo pudo ver su vestido colgado de las ramas de un árbol.
Estaba acostada al otro lado sus rodillas flexionadas contra el pecho. Por su mente paso lo peor. ¿Estaría muerta? ¿Herida? ¿Inconsciente? Dios mío no permitas que le suceda nada.
Se zambullo en el río y en pocos minutos salió al otro lado. Todo empapado. Necesitaba saber que estaba viva por lo que le grito mientras avanzaba.
-¡Candy!
En aquel momento Candy se levanto asustada y sobresaltada. Fue cuando lo vio caminar con en agua goteando se podía observar claramente su pecho y abdominales pegados a la mojada camiseta. Se mojo los labios era una figura casi angelical. Y las lagrimas que ya había estado derramando aquella mañana volvieron a salir con desesperación. Ella susurro el nombre de Albert en sus labios y sin pensar corrió hacia el con todas sus fuerzas.
Albert se detuvo en seco, para tomar nuevamente aliento. Que imagen mas sensual verla correr hacia el con el cabello revuelto y suelto cayendo por sus hombros. En ese momento su corazón se detuvo de la emoción. Estaba prácticamente desnuda en ropa interior que no dejaban nada a la imaginación ya que se pegaban a su cuerpo como una segunda piel. También corrió a su encuentro y cuando se encontraron se arrodilló con ella sobre la hierba. Al tiempo que acariciaba el rostro de Candy y recogía las lágrimas que caían sin cesar.
La abrazo con fuerza y desesperación para aliviar la tensión y el alivio al verla bien.
-¿Qué estas haciendo aquí Candy? Por Dios casi me has dado el susto de muerte al despertar y no encontrarte en la cama.
Ella sollozaba sobre su pecho.
-Lo siento, no quise asustarte no pensé que te levantarías antes de que yo regresara. Ni siquiera se dio cuenta que hablaba rápido como el. Y que su mano también subió a su rostro y acaricio la barba de su marido. Y luego hundió los dedos en su cabello rubio. Ayer no pude bañarme por lo que le paso a Jimmy. Y no he podido dormir bien.
-¿Por qué estabas llorando?
Albert poso una de sus manos sobre la nuca de Candy levanto su abundante cabellera y acaricio esa parte de su piel.
Nuevamente las lágrimas caían por su rostro no podía explicarle a Albert lo que le sucedía ni ella misma lo podía explicar.
-Supongo que por todo primero Jimmy y luego estaba triste y luego todas las personas queriendo hacerle daño a Pablo. Tenia miedo Albert me alegre tanto de verte.
-No llores, no llores por favor. Repitió tomando el rostro de Candy entre sus manos y empezó a besar cada una de sus lágrimas. Cuando se apodero de su boca lo hizo con desesperación con urgencia. Los labios de Candy se abrieron y para el fue una invitación bajo la presión y ahora introdujo su lengua con suavidad y pericia. Escucho un suave ronroneo en los labios de Candy.
Las manos de Albert descendieron por los hombros de Candy y la levanto del suelo atrayéndola contra su pecho podía sentir claramente sus pezones erectos contra este debido a que ambos llevaban las ropas húmedas. Ella temblaba entre sus brazos y rogaba para que no fuera del frío sino porque estaba siendo presa del mismo deseo que el sentía en aquel momento. Con suaves besos descendió por su cuello y la forma en que Candy se estremecía contra el, lo hacia sentirse tan feliz.
Por su lado Candy no sabia que le sucedía sentía flotar en los brazos de Albert. Quería quedarse allí sintiéndose nerviosa, ansiosa y sentía que las piernas no la sostenían. Se abrazo al cuello de Albert con total naturalidad.
-Oh Candy suspiro y volvió a atrapar su boca entre la suya con ansias la deseaba hasta morir allí en ese instante. Sin darse tiempo a pensar la tomo de la mano y la llevo debajo de un árbol y la acostó allí mismo.
Podía mirar con claridad sus pezones erectos, sus pechos, su cintura incluso su ombligo y una mata de bellos que tapaban aquel lugar mágico para el.
Ella lo miro con los ojos abiertos cuando sin decir nada Albert empezó a quitarse la camisa mojada y luego los pantalones su pecho subía agitadamente como queriendo salirse de su lugar.
Albert pensando que ella tenia miedo intento justificarse para que ella se sintiera cómoda.
-Prometo que no volveré a lastimarte.
-Lo se dijo la rubia con confianza.
-Me case contigo eres mi mujer.
-Si, así es.
Su cabello quedo esparcido sobre la hierba como la cientos de fantasías que había tenido cada noche con ella.
Ella se acostó y el se arrodillo sobre ella cerrando las palmas con las suyas. Fue han descarga eléctrica entre ambos cuando se frotaron mas manos. Candy sonrió y el también al darse cuenta la diferencia de tamaños de cada una de las manos las unas delicadas y pequeñas las otras grandes y toscas.
Luego el noto que a Candy le faltaba la respiración sus ojos se cerraban y los labios querían suplicarle algo. Enlazaron sus manos y el se acomodo suavemente sobre ella cada parte de sus cuerpos amoldados perfectamente y en sincronía. Sus pechos con el suyo su boca cerca de la suya su verga en la entrada de su femineidad. Rozo su oreja con la boca.
-Que Dios me perdone Candy es maravilloso sentirte contra mi, es totalmente maravilloso.
-¿No lo deseabas?
Pregunto con voz ronca no sabía si Albert quería detenerse o seguir pero rogaba que fuera lo segundo.
-No, no lo deseaba mucho menos después de lo que te hice.
Ella quería preguntar que era. Pero Albert seguía jugando con su boca en el lóbulo de su oreja y un escalofrío la recorría por completo.
-Oh Albert….
Luego con una de sus manos tomo su barbilla y la beso en la boca con pasión.
-No pude olvidar lo maravilloso que es besarte. Bien sabe Dios que lo intente con todas mis fuerzas pero no pude.
Volvió a besarla y esa vez fue como si le hiciera el amor a su boca con la lengua penetraba hasta lo mas profundo de esta.
-Yo tampoco pude olvidarlo susurro Candy contra su boca mientras Albert acariciaba su cuello con una de sus manos.
-Olvidarlo por favor Candy, prométeme que lo harás. Estaba borracho no tenía que haberte abordado de una forma tan salvaje.
-¿Olvidarlo? Candy pregunto confundida ella había disfrutado mucho aquella noche.
Albert volvió a besarla con dulzura.
-Te viole Candy.
Ella lo busco con la boca para besarlo y le susurro. No lo hiciste, yo quería además es la primera vez desde hace mucho que recuerdo que soy feliz.
Albert le respondió el beso nuevamente y se sintió feliz cuando Candy suave y torpemente le acaricio la espalda bajando sus manos hasta sus caderas.
Esto provoco que Albert posara su boca sobre ella mas ardientemente devorándola por completo. Como si tuviera miedo que aquello fuera un sueño y que en cualquier momento Candy iba a desaparecer. Su mano se acerco a su seno y ella temblaba entre sus brazos lo cual le dio al rubio el aliciente para ir mas allá con pericia tomó aquel montículo entre su mano sus labios anhelaban chuparlo la ultima vez no quiso hacerlo por miedo a sentir cosas que no deseaba pero ahora quería beber o se moriría. Con la lengua tanteo primero y luego apretó su pezón entre los labios.
Candy sentía una opresión en su pecho un escalofrío que la recorría por completo y un vacío crecer en su parte mas íntima. Que solo se alivio al frotarse contra la dura erección de Albert.
El rubio murmuro una blasfemia siguió besándola tirados en la hierba mientras por inercia Candy abrió los muslos para el donde Albert aprovechó la oportunidad para encajarse encima de ella. Y la volvió a besar queriendo impregnarse en ella para siempre.
La punta de su verga la sondeo vacilante en la entrada y sintió la tensión de los muslos de Candy cerrarse sobre el.
-No te haré daño. Pensó que si no la embestía enseguida se moriría.
Ella se relajo y abrió las piernas completamente para el. Y fue cuando la penetro lentamente de una forma única y una larga embestida. Albert susurro el nombre de Candy al hundirse en sus profundidades tan sedosa y ella lo apretó y aprisionó en torno a su sexo.
Que Albert se sintió tan feliz y eufórico que no sabía si reír o llorar del jubilo.
No había sido producto de su imaginación o producto del alcohol era incluso mejor de lo que recordaba pues tenia todos los sentidos alerta y lo mejor era que Candy le correspondía se movían al mismo ritmo mientras el entraba y salía de su interior le rasguñaba la espalda con fuerza y eso solo producía mas placer en el, al saber que ella estaba tan excitada como el. Repetía su nombre una y otra vez como una letanía. Ella se movía hacia el de una forma que nunca antes lo había hecho mujer alguna. Candy abrió los ojos para mirarlo producto de la excitación sintió que su cuerpo iba a explotar y luego Albert también se puso rígido el sabía muy bien lo que se venia. Albert gemía y apretaba los dientes para controlar el placer que le embargaba movió las caderas se hundió mucho mas profundo dentro su femineidad intento moverse con lentitud para controlarse para demorarse pero no fue suficiente.
Cuando Candy exploto en un poderoso orgasmo se movía con rapidez sabia que el clímax se avecinaba la apretó con fuerza y derramo en su interior todo su fuego líquido.
Se derrumbo encima de ella no de escuchaba nada por allí solo el ruido de algunas aves que anunciaban que el día había llegado a pesar de que no quería irse Candy acaricio a Albert en la espalda ya que se estaba quedando dormido.
-Albert despierta ya amaneció.
Albert suspiro y rodó hacia un lado estaba desnudo era la primera vez que ella podía apreciarlo así.
-Hemos estado demasiado tiempo aquí.
Ella acaricio la columna muy cerca de su trasero y con picardía dijo.
-Yo no opino lo mismo.
Albert se dio la vuelta y se quedo absorto mirándola aquellos ojos del mismo color de la hierba su piel tenia un color rosáceo después de haber hecho el amor tenia los labios hinchados de los besos que se dieron su expresión era sexy tierna y generosa.
En aquel momento pensó que no le importaba su pasado ni siquiera si había estado con otros hombres antes que el, solo sabia que le gustaba todo de ella, era la primera mujer que se había entregado a el sin reserva y no solo era eso ella le había conmovido su alma y ahora se sentía arrastrado hacia ella una y otra vez.
Acarició uno de sus pechos el cual estaba rojo por la barba y entonces el sonrió tímidamente y ella también luego como si fueran cómplices de rieron a carcajadas y el la abrazo rodando sobre la hierba nuevamente encima de ella empezó a besarla con pasión, no se cansaba de hacerlo de sentía como en el desierto entre mas bebía sus labios mas sed le daba de probarlos otra vez.
Luego beso su frente.
-Oh Candy por Dios debemos parar porque sino lo hago ahora no podre frenarme.
Se levanto y empezó a vestirse.
-Vámonos antes que las demás personas del pueblo despierten.
Cruzaron el río y Candy se coloco detrás de un árbol para colocarse el vestido.
A pesar de que su cuerpo Estaba igual ella se sentía diferente no sabia exactamente que era pero se sentía mas cercana a Albert.
Cuando ella salió Albert estaba enfundando su revólver. Al ver la preocupación de Candy bromeo.
-No te preocupes no voy a dejar que se dispare contra nada valioso.
Ella se sonrojo de pies a cabeza y los dos caminaron en silencio a pesar de haber hecho el amor los dos conteniéndose frente al otro por lo que no hablaron durante todo el camino de regreso al pueblo cuando llegaron a su casa ya los estaba esperando la señorita Ponny y los miraba con curiosidad.
Albert sabia que venia sin zapato con la camisa desabrochada y mojado por lo que apresuro el paso.
-Perdón mascullo entre dientes mientras entraba rápidamente.
-Maldición pensó Candy ahora le tocaba a ella las explicaciones.
-Fui…Fuimos a nadar.
-Ah ya veo.
Pero la señorita Ponny la miraba raro.
-Albert estaba….enseñándome a nadar si fue.
-¿Ah si?
Se sentís como una tonta inventando mentiras decidió mejor cambiar la conversación.
-No se hubiera molestado en traerme leche para el desayuno.
-Lo he hecho todas las mañanas desde que llegaste aquí no veo porque cambiar ahora.
-¿Cómo se siente con lo de Jimmy?
-Adoraba mi hijo y lo extrañare hasta el ultimo día de mi vida. Pero esta muerto el hubiera querido que siguiéramos adelante. El que me preocupa es Tom no habla nada después de lo que paso.
-Quiere que le diga a Albert para que hable con el, Tom lo respeta mucho.
-Si te agradecería aunque no creo que ayude mucho. Ahora se que Tom nunca volverá a ser el mismo. Ahora ve con tu marido necesitara ayuda para quitarse esos pantalones mojados.
Se fue riéndose a carcajadas.
Luego mas tarde mientras Candy preparaba la cena para Albert el cual estaba a punto de partir nuevamente para hacer guardia.
Candy le decía a Albert que la escoba ya no barría bien.
-Creo que cuando vaya al pueblo comprare una.
-Oh no hay necesidad cuando ya estemos establecidos aquí o en otro lugar lo harás.
Ella se llevo la mano a la boca del asombro desde que el había pronunciado la separación ya los dos lo habían dado por hecho y ahora ella hablaba de futuro juntos.
-¿Quieres seguir casada Candy?
-Bueno solo fue una expresión. Y solo lo quiero si tu también lo quieres.
Albert se puso furioso nuevamente y con mucha facilidad. Acaso la muchacha no podía expresar sentimiento alguno hacia el. Después de lo ocurrido aquella mañana quería escuchar de su boca que deseaba seguir casada o por lo menos un indicio de que la separación la pondría triste.
-Bien a partir de ahora viviremos como una pareja casada -se acerco a ella y levantó con un dedo su barbilla- Un marido tiene ciertos derechos comprendes.
-Creo que si.
-Entonces quiero que me cuentes todo.
-¿todo no entiendo?
-Claro en el río me dijiste que desde tu infancia no te habías sentido tan feliz. Por eso supongo que has recuperado la memoria.
-¿Yo ehhhh?
-¿Entonces Candy recordaste porque motivos llegaste aquí? ¿Y como era tu vida antes?
Cuando ella estaba a punto de decirle la verdad uno de los hombres del pueblo golpeo la puerta avisándole que todos estaban listos para de nuevo patrullar por si había algún asesino en los alrededores.
Cuando volvió Albert había olvidado la pregunta.
-Debo irme no sin antes.
La rodeo por la cintura y la atrajo hacia su cuerpo con fuerza. Mientras la besaba con pasión.
Cuando la soltó ella respiraba agitadamente.
-¿Qué sucede?
-No lo se el pecho me late muy a prisa.
El la miro con ternura la atrajo nuevamente así su mientras murmuraba.
-Candy, Candy… sobre sus labios.
Y nuevamente lo llamaron y a su pesar tuvo que marcharse.
Ella salió a despedirlo antes de subir a su caballo.
-Esta tarde quise hablar con Tom respecto a Jimmy pero al parecer el nombre de su hermano es un tema tabú para el. Ni siquiera permite que nadie lo mencione.
-Pobre Tom.
-Tengo que irme.
-Hasta la noche.
Su mensaje había sido claro para Albert no había quedado duda el corazón le latió con rapidez en su pecho. La miro mientras se subía a su caballo y no dejo de hacerlo hasta que se toco la punta de su sombrero a modo de despedida y se alejo entre un nube de polvo rogando llegar sano y salvo y pronto a los brazos de Candy.
Mientras tanto la pecosa pensaba angustiada que en el río debido a la pasión casi había metido la pata. Confesándole a Albert que recordaba todo. Esta vez y por poco la acorralaba con preguntas. ¿Cuánto tiempo mas podría vivir en la mentira? ¿Cuánto tiempo mas le confesaría que García había matado a Annie? Y que ella era la culpable de todo.
