PERFECTA PARA MI.
POR: Tatita Andrew
Capitulo # 14
En la mañana siguiente él apareció por detrás de ella mientras Candy preparaba el desayuno.
-Buenos días dijo el en voz baja.
Ella se volvió poco a poco y alzó los ojos con cautela. Se quedó la tierna sin aliento al verlo era el hombre mas apuesto que ella había visto en su vida. Su cabello rubio brillaba con la luz de la mañana. El alegre destello de sus ojos la tierna cuerva de su sonrisa. Le decían que todo iba bien que su comportamiento de anoche no le había irritado. Se quedó convencida que había hecho lo que una esposa debía haber hecho cuando estaba con su marido. Que había hecho las cosas tal y como Albert esperaba de ella. Experimento un enorme alivio y suspiro.
Tuvo ganas de reírse.
-Buenos días.
¿Para mí? Dijo el rubio señalando la mesa del desayuno servida.
Ella le extendió una taza de café. Y le sonrió en modo coqueto. El tomo la taza entre sus manos. Y la tomo por la nuca y la a trajo hacia para besarla con pasión. Aún estaban besándose cuando llegó la señorita Pony había entrado porque el rubio había dejado la puerta abierta. Ella los miró con una enorme sonrisa como mira una madre a los hijos cuando está orgulloso de ellos. Carraspeo un poco y el par de rubios se separaron y sonrieron.
En otra ciudad cercana de allí
-Otra pista falsa Sr. White. Dijo de muy mal humor el detective que este había contratado para encontrar a su hija Annie.
-Parece que le ha desilusionado que la chica que estaba muerta en aquél hotel de mala muerta. No haya sido mi hija. -dijo el viejo White. Lamento haberle perder el tiempo. Pero por lo menos sabemos que no era mi hija.
El detective empezó a entender porque la hija de White había huido. Ahora tenía muy claro que ella no había sido secuestrada por Andrew. Sino que ella mismo ha de ver querido escapa de su padre. Era una persona insoportable.
-Joder dijo el detective -mientras se servía un trago. Cosa que rara vez hacía sobre todo a horas de la mañana pero este hombre lo irritaba.
El detective estaba convencido que Andrew no le había robado las joyas tampoco. Sino que la muchacha se las había llevado cuando se fugó con Andrew.. Para evitar la tirania de su padre.
Esa última semana el viejo había estado tan insistente en querer saber si una muchacha muerta en un hotel era su hija.
Había soportado su comportamiento porque entendía que el estuviera asustado por su hija. Pero ya se había cansado de este tipo.
-No. No ha sido una perdida de tiempo.. Lo dijo tratando de portarse educado aunque este viejo no se lo merecía.
-No solo una perdida de mi dinero.
-Pero por lo menos aún tiene la esperanza de que su hija esta viva.
-¿Y de que me srive eso? ¿Dónde está mi hija?
-No lo se.
-No lo sabe.. Para que diablos le pago? Sino es para ubicar donde está mi hija. Y ya llevamos meses en esto y nada. Usted es un bueno para nada.
El hombre contó hasta diez. Para no romperle la nariz al viejo.
-Puede despedirme ahora si usted quiere. Pero créame que yo voy a seguir buscando a Andrew. Porque lo voy a entregar a la justicia. Pero si ya no quiere mis servicios. No le. Puedo decir que sea un placer haber tenido trato con usted.
El viejo White estaba de mal humor. Sabía que no había nadie como este tipo tenía los contactos, tenía los informantes conocía todos los movimientos de Andrew. Lo necesitaba.
-No creo porque debamos separarnos jisto ahora. Dijo el viejo tratando de ser amable.
-Entonces le advierto que será la última vez que le permito que me insulte. Porque la otra vez olvidaré mis modales. -Claro que me alegro que su hija no haya sido la chica muerta. Ahora debemos seguir buscando. Tengo una pista de un informante donde podría estar Andrew.
El viejo White tuvo que soportar su mal humor. Pero claro que no iba a permitir que Albert Andrew o como quiera se llamará.. Fuera entregado a las autoridades. Mataría a ese bastardo a la. Primera oportunidad que tuviera.. Eso como que se apellidaba White.
Los días pasaban lentamente para Candy Albert.. Las cosas habían cambiado tanto que la rubia no podia estar mas feliz.
Albert volvió a estar muy ocupado. Apenas tenían tiempo de verse. Y si estaban cerca siempre había otras personas, pero Albert aprovechaba cada momento. Para rozarle el brazo suavemente haciendola estremecer.. O para robarle un beso sutil cuando tenía la oportunidad.. Esa solo era muestra de lo que les esperaba por la noche.
Ya por la noche las cosas cambiaban.. Aunque tenían algunas invitaciones a comer a otras casas. Cuando volvían solo existían ellos dos. Se fundían cada noche dando rienda suelta a la pasión que los envolvía.. Ya no había vergüenzas, ya no había timidez entre ambos.. O malos entendidos. Todo era muy intenso cuando hacían el amor. Cada noche.
Candy no podía ser más feliz de lo que era. No ponía etiquetas a lo que sentía por el rubio. Sólo sabía que sin el se iba a morir. Era como si cuando estaban juntos, el fuera otra mitad de sí misma.. Él era todo y más de lo que algún día hubiera podido creer desear en un hombre. Albert no era un hombre que se expresaba con palabras. No había palabras cariñosas ni promesa. Todo lo que tenían que decirse lo hacían a través de sus cuerpos. Cuando estaban juntos los susurros loa gemidos. Cuando llegaban al climax.
Un día cayendo la noche. Candy se acicalaba como de costumbre para esperar a Albert. Mientras tanto preparaba la cena. Se había puesto un vestido muy bonito que le había traído Albert en esos días. Arreglaba su cabello. Con mucha paciencia. No quedaba nada de la chica desaliñada que llegó a ese pueblo.
Albert… le gustaba ver su reacción. Cuando regresaba y la encontraba arreglada para él ella estaba terminando de ajustarse el vestido. Cuando escuchó la puerta. Miró la hora y se pregunto porque Albert había llegado antes de la hora de costumbre. Se apresuró a abrir la puerta. Y sin poder evitarlo retrocedió aterrorizada. Su hermanastro García estaba parado justo en la entrada de su casa.
Se tapó la boca con las manos y solo alcanzo a decir.
-¿No puede ser cierto. Estabas muerto?.
García aprovechó la incertidumbre de Candy para entrar a la casa cerrar la puerta. Y acercarse a Candy poniendo un cuchillo en su cuello.
-Calma. Calma. Dijo con su boca apestosa. Candy. O debo decir. Señora Andrew. No vas a hacer un numerito como gritar porque te juro que la primera persona que entré por esa puerta.. Le clavaré. Este cuchillo en su barriga. Y podría ser tu querido esposo.
Candy trato de no asustarse. Pero Albert ya estaba por llegar. En cualquier momento. Por dios.
-Veo que he captado tu atención.
Candy no articulaba palabra. Ni se movía. García era el fanstama de todas sus pesadillas. Estaba mas grotesco que la última vez que lo vio. La cicatriz de la roca que Annie habia destrozado en su cabeza le había dejado una cicatriz enorme y horrenda. Era un pobre diablo apestoso y mugriento.
Trago la saliva que había estado conteniendo en su bilis. Como podía estar vivo. Ella antes de desmayarse había escuchado claramente como se partía su cabeza con la roca.
-Como puedo estar vivo? Te preguntas querida hermanita… - jajajja- Tú con esa perra que salió a defenderte me hicieron sangrar. Pero ya ves esa perra tuvo su merecido por meterse en lo que no la llaman.. Fue tan fácil empujarla lastima que se murió con el golpe en la cabeza. Sino hubiera podido disfrutar con ella.
Candy sentía asco. Como podia un hombre ser tan despreciable..
-Estoy enojado contigo hermanita. Mírate. Como has cambiado. Ahora pareces una dama de sociedad. Me gusta lo que veo. -Candy trato de zafarse de su acercamiento y lo miró con odio.. Ya ves tal y como me gustan las mujeres. Briosas.
-¿Qué haces aquí? Maldito mi marido esta por llegar y te matará.
-Tu marido ehhh. ¿Sabías que el tiene otra esposa? Una mas refinada que tu.
-Imbécil. Annie murió. La mataste tú. Ella era su esposa.
-¿Qué?
-Y si lo que venias a decirme era que mi esposo. Era vigamo. Ya ves que perdiste el tiempo.
-Tranquila.. Tenemos muchas cosas que hablar hermanita.
Se alejó un poco y se dispuso a recorrer el lugar con una mirada de aprobación.. Como aprobando todo lo que veía.
Se acercó a un lugar y vio como se quería llevar unas cosas que le pertenecían a Annie. Albert jamás la iba a perdonar si dejaba que ese rufian se llevará sus cosas.
Albert .. Tenía tanto miedo que el llegará y encontrará a García en su casa. ¿Qué pensaría de ella? Ya estaba empezando a tratarla como su mujer. Como a una mujer decente. Si conociera su pasado. Si supiera qjr por culpa de ella Annie estaba muerta.. Porque García. La había atacado cuando está intentaba defenderla.. La odiaria. Lo perdería para siempre..
Muy despacito hablo.
-¿Qué quieres?
-Ya ves que si nos podemos entender hermanita. Río.
No podía gritar.. No podía responder tantas preguntas.
En vista de que el seguía buscando cosas para llevarse pregunto con mas fuerza.
¿Qué quieres? Te dije.
-Te has hecho un hueco. Entre todas estas personas hermanita… - Es hora de que ayudes a tu hermanastro dándome las joyas que la difunta mujer de tu marido. Le robó a su padre y escondió por allí.
Candy le miraba sin entender.
-¿Qué joyas? Nosotros no hemos robado nada. Albert no es un ladrón.
-Mira con tus propios ojos hermanita. El marido que tanto orgullo te causa. Y que crees que un santo. No es mas que un vulgar ladrón. -Candy miró el papel de recompensa que García le puso en el rostro. Era Albert. Era su foto. Y decía clamanente que ofrecían una gran recompensa por su captura.. Ya que había robado unas joyas junto a su mujer.
-¿Vas a denunciarlo? - Candy tenía que salvar a su marido.
-Todo depende de ti hermanita. Yo no soy un hombre codicioso. No lo entregaré a la justicia. Y tu a cambio me darás las joyas que el robó. A causa de mi silencio. Será la última vez que me verás. Por aquí. Desaparecere de tu vida para siempre.
-Ya te dije que yo no se nada de joyas.
García. Se acercó amenazante.
-Claro que sí. En un bar escuche una conversación de su suegro con un policía privado. Hablaban del robo. Y que tu amado esposo. Había raptado a su hija.
-Ya te dije que Albert no es un ladrón.
-Y yo te dije que no lo defiendas más.
-El amaba a su esposa. No haría eso.
-Pero eso piensa su suegro. Y no descansara hasta llevarlo preso.
- Oh dios. No puede ser.
Candy ni en sus peores pesadillas podía imaginar todas esas cosas sobre Albert. Pero alli lo decía claramente. No solo. Lo acusaban de rapto y de ladrón.. Sino también de asesino.
-Albert no es un ladrón. Se repetía.. Para si misma. Creyendo creer lo que ella mismo decía.
-Allá tú sino quieres creer.. Pero la vida de tu marido está en tus manos. Ahora me diras que no sabes nada de esas joyas?
-No-. Lo dijo con tanta seguridad que García le creyó. No se nada de joyas. Si están aquí no se donde estarán.
-Pero tu las buscaras cierto?. Para entregarmela.
-No se si estarán aquí. Albert se deshizo de toda la ropa de Annie. Cuando nos casamos.. Pretendes que le robe a mi propio marido.
-Es eso. O que termine en la cárcel como el asesino qie es. O podría terminar como ese chiquillo amigo tuyo. Jajjaa río perversamente.. El tontuelo descubrió que yo te estaba siguiendo. Y corrió para avisarle a tu marido y a ti. No me quedó mas remedio que matarlo también.
-¿Tu mataste a Tomy? No puede ser. Candy se horrorizó. Era solo un niño. Y había muerto por su culpa..
-Sí y desearia volver a tener que hacerlo. Pero sino me dejas mas remedio. Mataré a tu marido. O lo entregaré a las autoridades . Cualquiera de las dos opciones te dejaría a ti completamente sola para mí.
Se acercó a ella con su aliento fétido. Allí te haría sentir lp que es un verdadero hombre. No como el tonto de ti marido.
-Buscaré. Esas joyas. Maldita sea. Pero nos dejarás en paz incluso sino la encuentre.
-Así no funciona.. Las cosas hermanitas. O me entregas las joyas o tu asumes las consecuencias..
-Deja de llamarme así. Yo no soy tu hermana.
-Claro que no. Siempre quise que fueras mi mujer. Pero justo ahora solo pienso en mi futuro. Ya lo sabes vendre de vez en cuando. Hasta que me des esas joyas.
La volvió a amenazar con el cuchillo. Y desapareció.
Candy se tiró a llorar su cuerpo se derrumbó. Toda la tensión que había acumulado durante todo ese rato. Llego por borbotones. Su hermanastro había regresado. Para destruir su vida.
Se tiró sobre la cama a llorar. Desconsoladamente. Toda su vida se iba a arruinar. Siempre arruinaba la vida de las personas que se acercaban a ella.. Su madre, Annie, Tomy y ahora Albert. El jamás la iba a perdonar de eso estaba segura. Una mujer de su clase. Con un pasado tan horrible. Con un hermanastro. Desalmado. Lloró y lloró. Hasta que escucho la voz de Albert llamándola.
-¿Candy?
Ya esta en el cuarto. Agachándose junto a ella. Se veía su cara de preocupación. Le tomo las manos entre las suyas.
-Por dios Candy. ¿Estas bien?.
Ella solo podía. Mirar lo guapo que estaba incluso. Sudoroso. Cansado y con señal de haber estado trabajando todo el día.
Era tan guapo. No entendía como podía amarlo tanto. Y fue alli que la verdad. Le llego de repente. No sabía cómo.. Pero estaba perdidamente enamorada de ese rubio. No le importaba si era un asesino, un ladrón, un delincuente. Ella conocía al verdadero Albert. Y lo amaba por ello. Trato de sonreír.
-Me dolía un poco la cabeza. Pero no estoy enferma.
-El beso su frente aliviado. Dios mio. Que alivió.. Pensé te pasaba algo. Por favor descansa. Yo me iré a dar un baño y te vengo a buscar para crnar.. Comer algo te caera bien.
Albert regresó. Y la toco suavemente.. Ella sr asustó.
La tomó de la mano. Y la hizo ponerse de pie.
-Tranquila soy yo.. Y apoyó las manos sobre sus hombros y la atrajo hacia si. -Voy a hacer lo que he deseado hacer durante todo el día. Y la besó.
Un beso suave al. Principio, pero luego abrió sus labios y metió su lengua dentro de sj boca. Ese sabor que Candy conocía tan bien.. El sabor de sus besos.. Que la hacían esperar todo el día por su regreso.
Pero esta vez se sintió sucia. Después de que su hermanastro hubiera llegado. Sin decir nada lo separó.
-Se quema la comida. Y salió corriendo antes de que Albert pudiera detenerla…
CONTINUARÁ… …..
