Ni los personajes ni Once Upon a Time me pertenecen. La historia es mía.
A/N: Tengo que dejar de prometer actualizaciones en días específicos, porque siempre que lo hago la vida me da cosas para hacer y nunca termino de escribir a tiempo.
Esta vez me he tomado un tiempo en el trabajo para poder terminar este capítulo por la mañana. Anoche casi lo tenía listo pero necesitaba revisarlo y corregir algunos errores. Igualmente puede que algunos se me hayan escapado así que pido disculpas.
No voy a entretenerlos mucho. Los dejo con el tan esperado capítulo de "la cita" como varios han dicho en sus reviews jaja. Espero que lo disfruten mucho, y no olviden dejarme su comentario! :)
B.H.
Capítulo 7
-Tu casa es impresionante- Emma no podía dejar de mirar en todas direcciones. En el momento en que Regina abrió la puerta de su hogar y se hizo a un lado para dejar entrar a Emma, la rubia no pudo ocultar su sorpresa. La casa, vista desde afuera, era hermosa, pero por dentro era impresionante. Perfectamente decorada, todo en orden. Pudo ver algunas fotografías colgadas en las paredes y algunos objetos personales que le daban al lugar el toque necesario para demostrar que no estaba deshabitado.
Nunca había estado en un lugar tan lujoso y se sentía muy fuera de lugar. La casa de Regina era como sacada de una revista, y la morena era delicada, elegante con un pequeño toque informal, y muy hermosa. Pero ella era una simple huérfana recientemente adoptada por una maestra de primaria, que vivían en un departamento tan pequeño que debían usar una cortina para separar la el dormitorio y el comedor. No tenía la mejor ropa, ni tenía mucho dinero, solo lo suficiente para vivir decentemente. Y ver el lugar en donde vivía la morena la hizo darse cuenta nuevamente que ellas no eran compatibles. Venían de mundos muy diferentes, así que otra vez se planteó mantener las distancias. Solo estaría con Regina lo justo y necesario. No necesitaba enamorarse de una chica que estaba muy fuera de su alcance.
La morena, completamente ajena a los pensamientos turbulentos que estaba teniendo su invitada, le sonrió agradecida por el cumplido sobre su hogar y le dijo –Gracias, Emma. Mi padre la construyó cuando yo era pequeña. Le tengo mucho cariño a esta casa.- Se acercó a la rubia y puso sus manos en los hombros de esta para tomar su chaqueta.
Emma se sobresaltó un poco al sentir las manos de la morena en sus hombros, pero se controló inmediatamente y se quitó la chaqueta con la ayuda de Regina. Se sentía muy extraña al recibir ese tipo de atención, pero seguramente Regina era así de educada con todos sus invitados.
-¿Quieres que te de un tour por toda la casa?- Preguntó la morena con una pequeña sonrisa. Deseaba poder retrasar el momento de hacer la tarea de química, porque sabía que una vez que comenzaran con eso, luego de terminar ya no tendría ninguna excusa para mantener a la rubia en su casa, y quería pasar todo el tiempo posible con ella.
-Ehmm… ¿no deberíamos comenzaron con la tarea?- Emma tenía muchas ganas de poder ver toda la casa de la morena, pero se sentía muy nerviosa.
-Tenemos mucho tiempo para eso… ¡vamos, te gustará!-
-Bueno, está bien.-
Regina sonrió triunfal e hizo algo que sorprendió a ambas, tomó a Emma de la mano.
La morena intentó actuar como si esa acción fuese lo más normal del mundo, como si ella hiciera eso con cualquier persona, pero lo cierto era que Regina rara vez hacía contacto con la gente. Al menos con gente a la que apenas conocía. Pero con Emma era diferente. Fue un gran impulso que sintió y no pudo evitarlo, y ahora estaba feliz al sostener la mano de la rubia. Era cálida y suave, y se sentía demasiado bien en contacto con su propia mano.
Por su parte, Emma había sentido una parálisis cerebral momentánea al ver que Regina tomaba su mano. No sabía qué hacer, pero la mano de la morena le hacía sentir mariposas en el estómago y un cosquilleo por todo el cuerpo. Así que dejó que la otra chica sostuviese su mano y la llevase por todas las habitaciones de la casa.
Comenzaron por el piso superior. Regina le mostraba lo que había detrás de cada puerta, y en ningún momento soltó la mano de la rubia. Le enseñó su habitación, la habitación de su madre, y la de su hermana Zelena que ya no vivía allí porque estaba en la universidad. Luego la llevó a la habitación de huéspedes y la oficina que su madre usaba cuando decidía trabajar desde casa. Emma se enteró en ese momento que la madre de Regina era la alcaldesa del pueblo, y entonces ya no le pareció extraño que la casa de la morena fuera la más grande de todas las que había visto en ese barrio.
Al terminar con el piso superior ambas chicas bajaron por las escaleras y Regina continuó con el tour por la planta baja. El comedor, la biblioteca, la cocina y por último la sala de estar, en donde estaba el enorme piano de su padre.
Emma al verlo sonrió ampliamente. Era un piano muy parecido al que tenía Eva y eso le trajo muchos recuerdos.
-Aquí paso mucho tiempo.- Comentó la morena, quien seguía sosteniendo la mano de la rubia. –Este era el piano de mi padre. Al morir me lo heredó y es una de las posesiones más preciadas que tengo.-
Emma notó una pequeña pizca de tristeza en las palabras de la morena. No tuvo dudas de que su padre había sido muy especial para ella. –Lamento oír que falleció- Le dijo entonces. Ella nunca había tenido a nadie a quien mirar como figura paterna y pero sabía muy bien lo doloroso que era perder a un ser querido.
-Gracias, Emma.- Le dijo entonces la morena dándole un pequeño apretón con su mano. –Ya pasaron dos años y aún lo echo de menos.-
Regina se sorprendió por lo que estaba diciendo. Normalmente no le contaba a nadie esas cosas tan personales, pero con Emma se sentía segura y a gusto. La rubia le daba mucha confianza y por eso había bajado un poco su guardia.
-Puedo entenderlo. Es muy difícil olvidar a un ser querido.- Le respondió la rubia, quien tenía su mirada fija en el piano. Esta conversación y ese instrumento hacían que revivieran muchos recuerdos de Eva.
La morena notó que Emma comenzaba a perderse en su cabeza, así que le dio un pequeño apretón a su mano y le dijo. –Vamos a preparar un poco de café, ¿de acuerdo?-
Emma sacudió un poco su cabeza y volvió al presente. –De acuerdo.- Dijo y dejó que Regina la llevase hacia la cocina.
Una vez allí la morena tuvo que soltar la mano de Emma. No quería hacerlo, pero ya no tenía excusa para seguir sosteniéndola, y al instante sintió como extrañaba el contacto.
Emma sintió lo mismo. Habían estado tomadas de la mano durante tanto tiempo que ya se había acostumbrado al calor de la mano de la otra chica, y ahora que estaba libre sentía su propia mano fría y vacía.
Regina comenzó a preparar el café y se hizo un silencio un poco incómodo entre las dos.
Ahora que ya le había mostrado su casa a Emma, la morena no sabía qué decir. Se sentía muy nerviosa en su presencia. No se animaba a hacerle preguntas, porque no quería parecer entrometida, pero tampoco quería quedarse callada y parecer desinteresada. Así que decidió comenzar con preguntas sencillas. -¿Y bien? ¿Qué te parece Storybrook?-
Emma agradeció que la morena rompiera el silencio, pero temía que comenzara a hacerle preguntas personales.
-Está bien, supongo. Es la primera vez que vivo en un pueblo chico y es muy tranquilo.-
-¿No te gusta que sea tranquilo?- Preguntó la morena volteándose y mirando a la otra chica.
-¡Oh no! Al contrario. Me gusta mucho que sea tranquilo.- Entonces Emma sintió que su lengua comenzaba a soltarse. –Pero no me gusta ser el centro de atención. Desde el primer día que estoy aquí ya casi todo el pueblo sabía de mi existencia.-
Regina rió un poco. Entendía perfectamente lo que decía Emma. El día en que la rubia había llegado al pueblo la noticia había volado a la velocidad de la luz. Todos comentaban que Mary Margaret había adoptado a una chica, pero en ese momento nadie sabía la edad de ésta. Al principio todos pensaban que era solo una niña.
-Sí, es cierto. El día que llegaste todos comentaron que había una chica nueva en el pueblo.- Le dijo la morena mientras buscaba dos tazas en un armario. –Pero al principio todos pensaban que eras solo una niña. Nadie te había visto y bueno… nadie esperaba que Mary Margaret adoptase a una adolescente.-
De repente Regina se sintió incómoda. No le parecía bien haber hecho ese comentario. Suponía que el tema de la adopción sería algo delicado para Emma. Pero afortunadamente la rubia no lo tomó mal.
-Ni yo esperaba ser adoptada siendo una adolescente.- Comentó Emma y se rió un poco. Extrañamente no se sentía incómoda al hablar de esto con Regina. –Fue una gran sorpresa para mí también.-
-Puedo imaginarlo.- Regina decidió cambiar de tema. Por más que parecía que Emma no se había sentido ofendida por su comentario, tampoco quería presionarla para seguir hablando sobre el tema. -¿Te gusta la escuela? Sé que solo fue tu primer día, pero tal vez puedas hacerte una idea.-
Emma se dio cuenta que Regina había cambiado el tema a propósito y una pequeña parte de ella se sintió decepcionada, porque para ella era muy difícil abrirse y con la morena no estaba teniendo problema para hacerlo y se sentía bien hablar sobre su vida con libertad. Pero igualmente agradeció el cambio así la conversación no se volvía demasiado profunda e incómoda.
-Sí, me está gustando. Ruby me ha presentado a algunas personas y todos han sido muy amables conmigo.
-Ya veo. Te has hecho muy amiga de Ruby.- Comentó la morena sin poder esconder muy bien sus celos.
-Sí, creo que nos estamos haciendo amigas. Ha sido muy buena conmigo todo el día.- La rubia intentó no pensar que Regina había sonado celosa. Pensaba que solo era su imaginación.
"¿Y yo no he sido buena contigo?" Pensó la morena haciendo un gran esfuerzo por no decirlo en voz alta.
-Eso es bueno.- Dijo entonces, sin ganas de seguir hablando sobre Ruby porque sabía que no podría controlar sus celos.
-¿No te llevas muy bien con Ruby?- Preguntó entonces Emma, sin poder creer que la pregunta había salido de su boca sin permiso. Era algo que le daba mucha curiosidad pero no le parecía apropiado preguntar.
La morena también se sorprendió un poco por la pregunta y no quería responder, pero lo hizo de todas formas. –No somos las mejores amigas, pero creo que ella está bien. No hablamos casi nunca en la escuela.- Decidió que esa respuesta estaba bien. No deseaba que Emma se diera cuenta que sus comentarios sobre Ruby no eran porque le cayera mal, sino que eran por sus celos.
En ese momento sonó un pequeño "beep" anunciando que el café estaba listo y Regina agradeció ser "salvada por la campana".
-El café está listo.- Dijo entonces tomando la jara y llenando las dos tazas. -¿Te gusta con leche?-
-Sí, por favor.- Emma se dio cuenta que Regina había decidido no hablar más del tema sobre Ruby pero no comentó nada al respecto.
-¿Quieres azúcar?-
-Sí, por favor.- La rubia dio la misma respuesta, haciendo reír a Regina.
-¿Quieres ir al comedor?- Preguntó la morena con una sonrisa divertida.
Emma entendió el chiste y respondió nuevamente. –Sí, por favor.-
Ambas chicas comenzaron a reírse y se dirigieron al comedor con sus tazas de café. Ahora ambas se sentían un poco más relajadas.
Mientras tomaban el café hablaron sobre temas triviales como la escuela, el clima y el pueblo. Ninguna se atrevía a hacer preguntas personales. Emma moría de ganas por saber más sobre la relación de Regina con su novio, esperando escuchar cosas negativas. Porque por más que se había prometido a sí misma que no se dejaría seducir por los encantos de la morena, igualmente no tenía ganas de verla de novia con nadie. Y Regina por su parte tenía muchas ganas de saber más sobre la vida de Emma. Quería conocer su pasado, sus gustos, sus aspiraciones en la vida, quería saber todo sobre ella. Pero no quería sonar demasiado interesada en ella, porque temía que Emma se diera cuenta de que le gustaba.
Al terminar el café, Regina tomó ambas tazas y las llevo a la cocina mientras Emma buscaba su mochila. Se sentaron en la mesa nuevamente y siguieron con la tarea.
Emma tenía un poco de dificultad en entender algunos conceptos y Regina pacientemente le explicaba todo.
Habían comenzado sentadas una frente a la otra, pero en un momento Regina se levantó de su silla y tomó asiento junto a Emma. –Para poder explicarte mejor.- Le había dicho, pero era una simple excusa para poder estar más cerca de la rubia.
Luego de una hora terminaron todo y Emma se sentía satisfecha por todo lo que había aprendido gracias a Regina.
Estaba contenta de que la morena fuera su pareja. Al pasar tiempo con ella ya no se sentía incómoda y disfrutaba de su compañía, así como también agradecía que le explicara todo lo que no entendía. Regina era una buena maestra.
Ambas estaban disfrutando el tiempo juntas y ahora que ya habían terminado con la tarea no sabían qué hacer. Emma quería quedarse pero no se atrevía a decirlo, y Regina quería que Emma se quedara pero no se atrevía a pedírselo.
Estaba volviendo a aparecer el silencio incómodo entre las dos.
Emma se puso de pie y comenzó a guardar sus cosas en la mochila, y Regina al verla tuvo una idea para que la rubia se quedara un poco más de tiempo. -¿Quieres tocar el piano conmigo?-
Tomada con sorpresa por la pregunta Emma tardó un poco en responder. –Ehmm… sí, claro.- No había esperado esa invitación, y su nerviosismo había vuelto a revivir. Pero su amor por el piano había respondido por ella. Simplemente no podía rechazar una oportunidad de tocar su instrumento favorito.
Regina sonrió ampliamente. Volvió a tomar a Emma de la mano y la llevo de prisa hacia donde estaba el piano. No estaba segura si quería tocar ella, dejar que la rubia tocara o hacer un dueto. Entonces tuvo una gran idea. Decidió hacer un pequeño juego.
–Te propongo un juego. Una se sienta y toca algo, y la otra debe adivinar de qué pieza se trata.- Y su mente actuando a gran velocidad le dio una idea mucho mejor. -Si la que debía adivinar no sabe cuál es la pieza que tocó la otra, debe responder a una pregunta. Si logra adivinar entonces puede preguntar algo a la que estaba tocando.- Le sonrió mientras le levantaba una ceja desafiante. -¿Qué te parece?-
Emma se sintió un poco nerviosa pero no podía rechazar un desafío, así que miró a Regina con decisión y dijo. –¡De acuerdo! Considérate perdedora- Le sonrió provocativa.
-Oh, querida Emma, no sabes de lo que soy capaz.- La morena le guiñó un ojo y preguntó. -¿Quién va primera?-
-Vamos a tirar una moneda y la ganadora va primera.- Propuso la rubia.
-De acuerdo.- Regina sacó una moneda de 25 centavos de su bolsillo y la lanzó al aire. -¿Cara o cruz?- Preguntó cuando atrapó la moneda entre sus manos.
-Cara- Respondió Emma. Y la morena reveló la moneda que había caído con la cruz hacia arriba.
-Oh, mira eso… yo voy primera.- Dijo sonriéndole a Emma. Luego tomó asiento frente al teclado y tronó sus dedos.
-¿Lista?- Preguntó mirando a la rubia que había tomado asiento en el sillón junto al piano.
-¡Adelante!- Respondió esta.
-¡Muy bien, aquí vamos!- Y con eso la morena comenzó a tocar. Sus dedos bailaron sobre el teclado y una bella melodía comenzó a sonar.
Emma escuchaba atentamente. Y había adivinado de qué pieza se trababa pero estaba disfrutando escuchar a la morena tocar. Se veía muy hermosa mientras lo hacía, y la rubia no podía apartar la mirada. Se sentía hechizada.
Cuando Regina acabó con la pieza, miró a Emma y le preguntó. -¿Y bien?-
-Es una de las piezas de Yann Tiersen… "Comptine algo". No sé su pronunciación en francés.- Respondió Emma con una sonrisa tímida. A Regina le pareció muy adorable.
-¡Muy bien!... el nombre es "Comptine d'un autre été"- Le dijo Regina, pronunciando el nombre con una excelente entonación en francés.
-¿Sabes hablar en francés?- Preguntó la rubia sorprendida al escuchar a la morena.
-Sí, tomé clases desde muy pequeña y sé hablarlo con fluidez.- Regina sonrió al darse cuenta que Emma había olvidado las reglas del juego y había preguntado eso sin darse cuenta que podría haber preguntado algo más. –Es tu turno.-
-¡Hey, espera! Tengo que hacerte una pregunta.- Dijo la rubia recordando el juego.
-Ya me has hecho una pregunta.- Respondió Regina con una sonrisa en los labios.
-Oh, no… esa no era la pregunta que quería hacer.- Emma hizo puchero y Regina casi se derrite al verla.
-Pero fue una pregunta y yo respondí.- Dijo la morena riendo.
-¡Oh… está bien! Pero la próxima vez preguntaré algo más interesante.- Se puso de pie y se sentó en el banco frente al piano. Esperaba que Regina se pusiera de pie y se sentara en el sillón, pero la morena no se movió de su sitio, solo se hizo un poco al lado para dejarle más lugar.
Emma miró a Regina, quien estaba muy cerca de ella y preguntó. -¿Estás lista?-
Regina le sonrió y dijo –Siempre estoy lista.- Y le guiñó un ojo otra vez.
La rubia sintió que sus mejillas comenzaban a ponerse rojas y se aclaró la garganta. Luego colocó sus manos sobre el teclado y empezó a tocar.
Durante toda la melodía pudo sentir los ojos de la morena pegados en ella. No había apartado la vista ni un momento.
Regina estaba perdida en la belleza de la melodía y la chica que la estaba produciendo. Desde las primeras notas supo de qué melodía se trataba y no pensaba decir nada hasta que la rubia terminara de tocar. No quería cortarla en mitad de tan bella interpretación.
Pero cuando Emma terminó y se volteó a mirarla, Regina tuvo que volver a la realidad.
-¿Y? ¿Qué pieza era?- Preguntó la rubia. Sospechaba que Regina sabía la respuesta.
-"Kiss the rain" de Yiruma- Respondió la morena con la voz ronca. Tuvo que aclararse la garganta antes de seguir hablando. –Es una pieza hermosa.-
-Lo sé. Es una de mis favoritas.- Dijo Emma con una sonrisa.
-Ahora me toca hacer una pregunta.- Respondió Regina animadamente. Pero no sabía qué preguntar. Había estado tan perdida en la belleza de Emma y la melodía que había olvidado pensar en una buena pregunta. Y entonces su voz cobró vida propia y dijo algo que Regina no habría preguntado por voluntad propia. -¿Estás soltera?-
Era una pregunta sencilla. Nada del otro mundo. Pero la morena se puso muy colorada, porque era algo que no se había atrevido a preguntar antes pero que le causaba mucha intriga. Dio una plegaria a cualquier santo que estuviera oyendo para que la respuesta de la rubia fuera negativa.
Emma rió un poco por la pregunta y por el color que tomaron las mejillas de la morena. –Sí, estoy soltera.-
Regina casi suelta un suspiro de alivio al oír eso, pero lo pudo contener antes de que escapara. Estaba feliz con esa respuesta. Se alegraba de que Emma estuviera soltera. Ojalá ella también lo estuviera.
-De acuerdo… es mi turno.- Dijo la morena, sin atreverse a mirar a Emma porque sentía vergüenza por la pregunta que le había hecho. Se dijo a sí misma que pensaría mejor las preguntas y no diría nada que pudiera darle a entender a la rubia que se interesaba en ella en un nivel más allá del amistoso.
Pasaron mucho tiempo tocando y respondiendo preguntas. Se estaban divirtiendo mucho. Y luego de un rato comenzaron a tocar a dueto, olvidándose por completo de las preguntas y respuestas y sumergiéndose en el profundo mar musical que estaban creando. Estaban felices de haber encontrado a alguien que sentía el mismo amor por la música.
Se habían perdido tanto en la música que no oyeron la puerta de entrada abrirse, ni sintieron la presencia de una nueva persona en la sala de estar hasta que la música terminó y la recién llegada habló.
-¡Vaya! Esta es una linda forma de llegar a casa.- Dijo Cora sonriendo. Estaba acostumbrada a escuchar a su hija en el piano, pero nunca la había visto tocar con nadie que no fuese su padre.
Regina al oír la voz de su madre se dio vuelta de prisa en su asiento. -¡Mamá! No te oí llegar.- Se puso de pié y se acercó a su madre para darle un beso en la mejilla.
Emma también se puso de pié y se quedó parada junto al piano, sintiéndose intimidada nuevamente. La madre de Regina era una mujer muy elegante y de presencia imponente. La rubia volvió a sentirse fuera de lugar, y temió que la recién llegada se diera cuenta de eso y quisiera echarla del lugar.
Pero entonces Regina dijo. –Mamá, ella es Emma Swan. Es mi pareja de química y vino a hacer la tarea.- Luego se volteó a mirar a la rubia y con una sonrisa dijo. –Emma, ella es mi madre, Cora.-
-Encantada de conocerte, Emma.- Dijo Cora acercándose a la rubia con la mano extendida.
-Gusto en conocerla, Sra. Mills.- Respondió Emma tomando la mano de la otra mujer y sonriendo de manera tímida.
-Oh por favor, llámame Cora.- La mujer le sonrió y Emma notó el parecido entre madre e hija. Ambas eran muy hermosas. –Me encantó la melodía que estaban tocando.-
-Gracias.- Emma notaba que la mujer era amable pero no podía evitar sentirse nerviosa frente a ella.
Cora sonrió notando el nerviosismo de la chica. -¿Te ha tratado bien mi hija?- Preguntó mirando de reojo a Regina.
-¡Oh sí! Regina ha sido muy amable conmigo todo el día.- Respondió Emma, dedicándole una rápida mirada a la morena, quien le sonreía con algo que, si la rubia no se confundía, parecía ser adoración.
-Excelente.- Entonces Cora sin poder evitar ser la gran anfitriona de siempre preguntó. -¿Quieres quedarte a cenar?-
Emma se sorprendió por la pregunta y antes de poder responder alguien llamó a la puerta. Cora se disculpó y fue a ver quién era. Y Regina se acercó a Emma y le dijo. –No te sientas obligada de aceptar la invitación de mi madre, Emma.- Puso su mano sobre el hombro de la rubia y comenzó a decir. –Pero a mi… me encantaría que te…- Pero antes de poder terminar la frase Cora la llamó.
-¡Regina! Es para ti.-
Suspirando por la interrupción, Regina se alejó de Emma y fue hacia la puerta, maldiciendo a quien fuera que estuviera en la puerta. Y cuando estuvo en el hall de entrada vio a su madre parada junto a Robin, quien sostenía un ramo de flores en la mano y tenía esa sonrisa de costado que comenzaba a darle asco.
Cora se alejó y volvió hacia donde estaba Emma, no queriendo dejar sola a la chica ahora que su hija tenía que lidiar con su novio.
No era secreto que a Cora no le agradaba ese chico, y no podía entender por qué su hija estaba con él.
El humor de Regina se transformó automáticamente al ver a Robin y sintió como su enfado de más temprano volvía a resurgir.
-¿Qué haces aquí?- Preguntó la morena con tono severo.
-Vine a disculparme por mi actitud de hoy, nena.- Dijo el chico acercando el ramo de flores. –No me gusta pelear contigo.-
-Bien, ya diste tus disculpas.- Tomó las flores bruscamente. –Pero estoy ocupada en este momento, así que ya puedes marcharte.-
-Oh, vamos nena. No te enojes conmigo.- Se acercó a ella e intento tomarla en sus brazos.
-No te me acerques, Robin.- Dijo la morena separándose de él.
Mientras tanto en la sala de estar Cora hablaba con Emma. –No entiendo por qué mi hija sigue con ese chico.- comentó la mujer. –Disculpa mi lenguaje, Emma, pero Robin es un bruto.-
Emma rió por el comentario de la mujer. Era evidente que a nadie le gustaba Robin. Se preguntaba qué es lo que la morena veía en él.
-No es la primera a quien oigo decir eso.- Dijo Emma.
-Sé que como madre debería aceptar a la pareja de mi hija, pero…- Dejó la frase inconclusa y sacudió la cabeza con derrota. –¿Tú tienes novio, Emma?-
-Oh… no, yo no tengo novio.- Respondió rápidamente la rubia.
-Bien, cuando tengas espero que sea alguien mejor que el bruto que está con mi hija.- Cora sonrió un poco e hizo reír a Emma.
Ambas podían oír que en la entrada Regina estaba discutiendo nuevamente con Robin.
-Esto puede llevar un rato.- Dijo Cora y se volteó a mirar a Emma. -¿Entonces? ¿Te quedas a cenar?- Preguntó.
Emma decidió rechazar la invitación. Temía que Regina dejara de discutir con Robin y lo invitara a cenar también. No quería estar en la misma mesa con ellos. –Oh… no, agradezco la invitación pero Mary Margaret debe estar esperándome.-
-Oh, bueno. Es una pena… tal vez la próxima vez.- Cora le sonrió amablemente.
-Gracias.- Dijo Emma y miró su reloj. –Debo irme, ya es tarde.-
-¿Tienes forma de volver a tu casa?- Preguntó Cora mirando por la ventana, notando que ya había bajado el sol y comenzaba a oscurecer.
-Tomaré el autobús. Solo necesito saber en dónde está la parada más cercana.-
-¿No quieres que te lleve? Le diría a Regina que lo haga pero está ocupada.- Dijo la mujer mirando hacia el hall en donde todavía se podía oír a Regina y Robin discutiendo.
-No se preocupe, no quiero molestarla. Pero le agradezco mucho.- Emma sonrió ante la amabilidad de la mujer.
-¿Estás segura? Me preocupa que estés sola en la calle. Ya está anocheciendo.-
Emma se sorprendió por la preocupación de la mujer. No estaba tan acostumbrada a ese tipo de cuidado maternal.
-Estaré bien, no se preocupe.- Respondió la rubia. No tenía miedo de estar en la calle durante la noche, y mucho menos en un pueblo como Storybrook. Había vivido en ciudades grandes y la mayoría de las casas de acogida en las que había vivido estaban ubicadas en barrios de mala muerte, y nada de eso se parecía en lo más mínimo al lugar en el que se encontraba actualmente.
-De acuerdo, déjame que te acompañe a la entrada y te proteja de la batalla que se está desatando allí.- Dijo Cora riendo.
-Se lo agradezco mucho.- Emma tomó su mochila y se dirigió a la entrada para buscar su chaqueta y despedirse de la morena.
Regina que seguía intentando deshacerse de Robin vio que Emma y su madre se acercaban. Al notar que la rubia llevaba su mochila supo que estaba por marcharse y sintió una gran decepción.
-¿Qué hace ella aquí?- Preguntó Robin mirando a Emma con desagrado.
-Jovencito, en mi casa no aceptamos maleducados. No te permito que le hables así a nuestra invitada.- Dijo Cora dando un paso al frente y defendiendo a Emma.
Robin miró con enfado a Cora y se dirigió a Regina. –¿Es por ella que quieres que me marche?-
Regina no lo pensó, las palabras salieron de su boca antes de que su cerebro las registrara. –Sí, es por ella que quiero que te marches.-
Todos los que estaban allí se voltearon a ver a la morena, quien sintió que sus mejillas se ponían rojas pero mantuvo si mirada firme y desafiante puesta en su novio.
Emma sonrió un poco por las palabras de la morena. No esperaba que respondiera algo así. Pero seguramente lo había dicho porque estaba molesta con su novio y solo quería que se marchase.
Robin se volteó a mirar a Emma muy enfadado, luego dio media vuelta y salió dando un portazo. Emma no estaba segura de haber oído bien, tal vez había sido imaginación suya, pero le había parecido que el chico al salir había dicho algo como "maldita huérfana". No sería la primera vez que alguien la llamara así, pero igualmente seguía doliendo cada vez que alguien se refería a ella de esa forma.
Regina notó la cara que había puesto Emma y se acercó rápidamente a ella y le puso una mano en el brazo. –No le hagas caso, Emma. No le des importancia a las cosas que dice.- Intentaba borrar la mirada de dolor que tenía la rubia. No le gustaba verla así.
-Ese chico es un maleducado.- Cora se asomó a la ventana que estaba junto a la puerta y vio cómo Robin se alejaba en su coche. Notó que ya había oscurecido mucho y no le gustaba que Emma estuviera sola en la noche. Sabía que el pueblo era tranquilo y que en ese barrio nunca sucedía nada, pero igual se sentiría más tranquila si la rubia no estaba sola en la calle.
-Regina, ¿por qué no llevas a Emma a su casa?-
La rubia comenzó a decir que no era necesario pero Cora la interrumpió. –No quiero que estés sola en la calle, ya ha oscurecido mucho.
–Realmente no quiero ser una molestia.- Dijo la rubia mirando a ambas mujeres.
-No es una molestia, Emma. Con gusto te llevaré.- Respondió Regina dándole un pequeño apretón en el brazo y separándose de ella.
-Yo empezaré a preparar la cena.- Le dijo Cora a su hija y luego se volteó a mirar a Emma. –Ha sido un gusto conocerte, Emma. Debes venir a visitarnos otra vez.- Le sonrió nuevamente y se despidió. –Que pases una linda noche, querida.-
Emma le sonrió a la otra mujer y le dijo. –Gracias, Cora. Hasta luego.-
Regina tomó sus llaves, y se dirigió hacia la puerta. –Bien, ¿lista, Emma?-
-Sí, andando.- La rubia le dedicó una última sonrisa a Cora y salió por la puerta. Regina se despidió de su madre y le dijo que volvería en unos minutos.
Una vez en el coche las chicas volvían a estar en silencio.
Regina maldecía a Robin por haber arruinado su humor. Había pasado una tarde hermosa con la rubia y luego llegó él a estropearlo todo.
Emma estaba perdida en sus pensamientos. Podía entender por qué a nadie le gustaba Robin. Lo que no entendía era cómo alguien como Regina podía estar con él. La morena podía resultar muy intimidante y eso asustaba a varios en la escuela, pero ella no era una mala persona. Se lo había demostrado a la perfección ese día.
Al principio Emma pensaba que no se llevaría bien con Regina, pero luego de conocerla un poco más supo que podrían ser buenas amigas. Por más que ambas fuesen de mundos diferentes sentía que había una gran conexión entre ambas. Solo esperaba que esto no se le fuera de las manos y terminara enamorándose de ella, porque estaba segura que eso sería demasiado ya que no había forma de que Regina se fijara en ella en forma romántica. Pero sabiendo que corría ese riesgo, la rubia decidió ignorar esa restricción que se había puesto de mantener la distancia. Regina le agradaba mucho y quería ser su amiga.
-Hoy lo he pasado muy bien.- Dijo Emma sin atreverse a mirar a la morena.
Regina desvió su mirada del volante por un momento y le sonrió a la otra chica. –Yo también lo he pasado muy bien.- Esas simples palabras de la rubia habían logrado que su buen humor volviese. Solo deseaba pasar más tiempo con ella, pero sabía que ese día debía llegar a su fin.
La morena aparcó su coche frente al edificio en donde vivía Emma y se volteó en su asiento para mirarla. –Gracias por todo, Emma. Me lo he pasado fantástico contigo.- Le sonrió ampliamente.
-Gracias a ti, Regina. Tú me invitaste a tu casa, soy yo quien debería agradecer.- Le respondió la rubia con una sonrisa tímida.
Ambas chicas sentían una gran tensión crecer entre ellas, como cuando una pareja llega al final de una cita y no saben si besarse o no.
Se miraban intensamente. Regina no deseaba otra cosa más que romper con ese espacio que las separaba y reclamar los labios de la rubia. Pero sabía que no podría hacer eso, así que se inclinó hacia adelante y le dio un pequeño, pero intenso, beso en la mejilla.
Emma al sentir los labios de la otra chica sobre su mejilla pensó que se desmayaría. Su corazón latía tan deprisa que temía estar sufriendo un ataque cardíaco. Los labios de Regina habían hecho que un escalofrío recorriera todo su cuerpo y la dejara vibrando por dentro. Estaba paralizada en su sitio mirando con los ojos como platos a la morena quien le sonreía desde el otro asiento. "Es demasiado hermosa" Pensaron ambas chicas en ese instante.
La morena rompió con el silencio primera. –Hasta mañana, Emma. Buenas noches.-
Emma se recuperó de su parálisis momentánea al escuchar a la otra chica y respondió con voz ronca. –Buenas noches, Regina. Nos vemos mañana.-
Con piernas como gelatina salió del coche y una vez fuera saludó tímidamente a la morena con la mano y corrió al interior del edificio en donde se perdió de vista.
Regina la vio partir suspirando. "Esa chica será mi muerte". Y con ese pensamiento se alejó por la calle.
A/N.2: Bien, ya hemos conocido a nuestra querida Cora. Y habrán notado que es amable y educada. Sepan que no ha sido un simple acto para Emma. En esta historia quiero que Cora sea una buena madre, ya que es uno de mis personajes favoritos y no quiero que todos la odien.
Espero que hayan disfrutado este capítulo. Aún falta mucho por ver. Tengo varias ideas muy interesantes y tomo en cuenta las cosas que me dicen en sus reviews. Si quieren algo en particular solo tienen que pedirlo y yo veré si lo incluyo en la historia.
Muchas gracias por haber leído. Espero sus comentarios!
B.H.
P.D: Si tienen oportunidad de escuchar las melodías que tocaron ambas chicas en el piano, háganlo! Son hermosas! En YouTube pueden encontrarlas. :)
