Ni los personajes ni Once Upon a Time me pertenecen. La historia es mía.

A/N: Lamento mucho la demora. Sé que acostumbro actualizar en pocos días, pero esta vez tuve dificultades con este capítulo. Comencé a escribirlo muchas veces y luego lo borraba. Incluso por haber hecho eso tantas veces hice que nuestras chicas hicieran algo parecido, ya lo verán jaja.

Honestamente creo que es el capítulo que menos me gusta de todos los que escribí. No encontraba mucha inspiración para escribirlo pero no quería dejarlos esperando mucho más tiempo, así que espero que les guste más que a mí, y sepan disculpar cualquier error que encuentren.

Muchas gracias a todos los que se tomaron el tiempo de leer y comentar el capítulo anterior. Espero que esta vez también puedan dejarme su comentario!

Ya no los entretengo más! Espero que lo disfruten.

B.H.


Capítulo 8

-¡Emma! Llegas justo a tiempo, la cena está lista.- Fue lo primero que escuchó Emma ni bien abrió la puerta de su casa. Mary Margaret estaba terminando de poner la mesa y la recibió con una gran sonrisa.

Emma se sentía muy feliz de tener a Mary en su vida. No podía creer la suerte que tenía de haber conocido a una mujer tan amable como ella y que encima quisiera adoptarla siendo una adolescente de 17 años. Sentía que no le alcanzaría la vida entera para agradecerle a la pequeña morena lo que había hecho por ella.

-¡Estupendo, MM! Iré a lavar mis manos y regresó enseguida.- Entonces Emma se dio cuenta de un detalle, no llevaba puesta su chaqueta… "¡Demonios! Debo haberla olvidado en casa de Regina."

Suspiró un poco y decidió que luego le escribiría a la morena para pedirle que le llevara su chaqueta a la escuela al día siguiente.

Corrió al cuarto de baño y se lavó las manos muy rápido. No se había dado cuenta que tenía mucha hambre hasta que entró a su casa y el esquicito aroma a pollo y papas atacaron su sentido del olfato.

Al regresar al comedor Mary ya había comenzado a servir los paltos. La morena era una gran cocinera.

-¿Y bien? ¡Cuéntamelo todo!- Dijo Mary muy emocionada. -¿Qué tal ha ido tu primer día? ¿Has hecho amigos? ¿Qué tal tus profesores?- Hablaba muy deprisa y Emma no pudo contener una carcajada al ver a la mujer tan emocionada.

-¡Por favor, MM! Una pregunta a la vez.- Le dijo la rubia sin parar de reír.

-¡Ay lo siento! Es que estoy muy emocionada.- La sonrisa de Mary era enorme. Realmente se notaba que estaba emocionada por saber qué tal le había ido a Emma en la escuela. –Pero bueno ¡cuéntame! ¿Cómo ha ido?- Volvió a preguntar pero esta vez más tranquila.

-Bastante bien. Me sentí un poco incomoda porque todo el mundo me miraba, pero ignorando eso lo pasé muy bien. Conocí a gente muy buena.-

-¡Oh no sabes cuánto me alegro, Emma!- Mary tomó la mano de la rubia y le dio un pequeño apretón. -¿Has hecho amigos?-

-Bueno… creo que sí. ¿Conoces a Ruby Lucas? Su abuela es la dueña del café del pueblo.-

-¡Oh, sí! Claro que conozco a Ruby. Creo que ella es tan famosa en este pueblo como lo eres tú siendo la nueva.- La morena rió por su comentario.

-Ya, bueno… yo no quiero ser famosa.- Dijo Emma cortando un poco de su comida. –Pero como te decía, Ruby y yo nos estamos haciendo amigas, o al menos eso creo. Hemos pasado casi todo el día juntas.-

-Ya veo, ¡me alegro mucho! Ruby es una chica muy agradable. ¿Es con ella con quien has pasado la tarde haciendo tarea?-

-¡Oh, no! Estuve en casa de mi pareja de química, Regina.-

-¿Regina Mills? ¿La hija de Cora Mills?-

-Sí, ella misma. Hoy estuve en su casa.-

-¡Ohhhh! ¿Qué tal es?- Preguntó Mary muy emocionada. –Solo he visto la casa por fuera y es hermosa. Imagino que por dentro también lo es.-

-Sí, es una casa impresionante. Nunca había estado en un lugar tan lujoso.- Comentó Emma limpiándose la boca con una servilleta. –Regina me dio un tour por la casa… ¡Es enorme!-

-Ya lo creo… ahora cuéntame todo sobre tu primer día.-

Siguieron cenando y hablando, luego Emma ayudó a Mary a lavar los platos y al terminar se dirigió a su habitación. Estaba agotada y solo quería dormir, pero recordó que debía escribirle a Regina por su chaqueta.

Ese día luego de que la morena le escribiera su número en la mano, Emma lo guardó en la agenda de su celular. Temía que se borrara de su mano.

Y ahora recostada sobre su cama miró su mano y apenas si se notaban unas débiles marcas de lo que habían sido los números perfectamente escritos por Regina. Sabía que no debía sentir nada por ella, pero no podía evitarlo. Sólo había pasado un día en el Instituto Storybrook y ya sentía una gran conexión con la morena, y eso la asustaba mucho. La última vez que había sentido una conexión así había terminado con el corazón hecho pedazos. No sabía si podría soportar lo mismo otra vez.

Quería ser amiga de Regina, pero debía aprender a controlar sus sentimientos si no quería que crecieran demasiado y se transformaran en algo que luego no podría detener, y seguramente lo lamentaría.

Respiró profundamente y tomó su celular. Abrió un nuevo mensaje y colocó de destinatario a Regina.

Comenzó a escribir muchas veces el mensaje, pero siempre lo borraba. Se sentía una tonta. Solo quería pedirle a la morena que le llevase su chaqueta a clase, pero cada cosa que escribía no le parecía correcta. Se ponía nerviosa de solo escribir un mensaje. "Dios… ¿qué me está pasando?".

Luego de varios intentos al fin se decidió por un simple mensaje. Concreto y directo al punto.

-"Hola, Regina! Soy Emma, creo que olvidé mi chaqueta en tu casa. Podrías por favor llevarla a clase mañana? – Em."

Mientras esperaba la respuesta de la morena comenzó a ponerse su pijama y prepararse para dormir. Intentaba actuar como si no estuviera ansiosa por recibir un mensaje de Regina, pero no podía engañarse a sí misma. A cada 15 segundos miraba su celular por si tenía un mensaje nuevo, incluso si no había sonado ni vibrado.

Luego de unos 10 minutos y sin recibir respuesta, Emma se dio por vencida y se metió en su cama. Pensaba que Regina tal vez no la consideraba lo suficientemente importante como para responder a su mensaje. Pensaba que tal vez la morena ni siquiera quería volver a hablarle luego de haberla conocido un poco mejor. Pensaba todas cosas negativas. No podía evitarlo, estaba tan acostumbrada a que le pasaran cosas malas que en cuanto algo no salía como ella lo esperaba automáticamente pensaba lo peor.

Cerró los ojos, molesta por pensar que podría formar una amistad con la chica más popular de la escuela. "¿En qué diablos estabas pensando, Emma? Regina es de otro mundo… tú no perteneces en su grupo social. Ella jamás querrá ser tu amiga".

Pero antes de seguir atormentándose con sus propios pensamientos la pantalla de su celular se iluminó y vibró sobre a mesilla de luz.

Intentando tomar muy deprisa su celular casi lo tira al suelo y logró atraparlo de milagro.

Con dedos temblorosos desbloqueó su pantalla y sonrió como boba al ver que tenía un mensaje nuevo de Regina.

-"Emma! Me alegra que me escribieras! Vi tu chaqueta en mi recibidor cuando regresé a casa. No te preocupes, mañana te la devuelvo. – Gina"

Emma no podía dejar de sonreír. Con ese simple mensaje todos sus pensamientos oscuros se borraron y su esperanza renació. "Tal vez sí podamos ser amigas".

Antes de poder responder recibió otro mensaje de la morena.

-"Qué tal tu noche? – Gina"

No solo le había respondido, sino que también quería saber cómo iba su noche. Emma no podía dejar de sonreír.

-"Muchas gracias, Regina! :) Mi noche bien, me estaba preparando para dormir. – Em"

-"Oh entonces no te molesto así puedes dormir. – Gina"

-"No te preocupes, no me molestas :) – Em"

Pensando que se mensaje no era demasiado, Emma rápidamente escribió otro antes de que la morena pudiera responder.

-"Tú cómo estás? – Em"

-"Mejor que antes… Robin me había dado un fuerte dolor de cabeza – Gina"

-"Oh lamento oír eso… espero que su discusión se solucione. – Em"

Realmente no quería que se solucionara. Esperaba que terminaran y que Regina estuviera soltera. No le gustaba verla de novia, y mucho menos con alguien que no veía más allá de su propio ombligo y que era muy desagradable.

-"Gracias, Emma! No te preocupes… Robin es un idiota! – Gina"

Emma tenía la vaga sospecha que Regina no era para nada feliz con su relación. Parecía evitar a Robin siempre que podía, e incluso lo llamaba idiota.

Sabía que solo había pasado un día, pero en este la rubia ya había visto a Regina rechazar a Robin tres veces. Una cuando estaba almorzando, luego cuando estaba saliendo de la escuela, y por último en su propia casa. Incluso la morena le había dicho a Emma que al tener que hacer la tarea de química juntas tendría la excusa perfecta para no ver a su novio.

No quería sacar conclusiones apresuradas, pero estaría atenta a ver qué es lo que sucedía con la relación de Regina. Por cómo iban las cosas, Emma pensaba que Regina terminaría con Robin en poco tiempo.

Sin querer hablar sobre el asunto, Emma decidió enviar otro mensaje para cambiar de tema.

-"Hoy lo pasé muy bien! Muchas gracias por invitarme a tu casa. – Em"

La respuesta de la morena no se hizo esperar mucho.

-"Yo también lo pasé muy bien contigo, Emma! Ha sido un gusto tenerte en mi casa. – Gina"

Y automáticamente después de ese mensaje Emma recibió otro de la morena.

-"Mi madre me ha dicho que le agradas y quiere que te invite más seguido a casa… si tu quieres, claro está. – Gina"

Emma sentía que le dolían sus mejillas por tanto sonreír. La reina de la escuela le estaba diciendo que había disfrutado su compañía, que le agradaba a su madre y que quería que la visitara otra vez. ¿Acaso podía pedir más?

-"Tu madre ha sido muy amable conmigo! Y me encantaría visitarlas otra vez. – Em"

-"Estupendo! Podremos hacer otro juego con el piano ;) – Gina"

-"Sí, eso me encantaría! Amo tocar el piano pero no tengo en dónde hacerlo. – Em"

-"Puedes venir a mi casa a tocar el piano cuantas veces quieras, eres bienvenida! :) – Gina"

-"Muchas gracias! :D – Em"

-"No hay por qué, Emma! Me encanta tener a alguien quien ama tanto el piano como yo. – Gina"

Emma sentía que podría salir flotando por su ventana. Los mensajes de Regina la ponían demasiado feliz. Pero intentó calmarse un poco, no le gustaba el efecto que estaba teniendo la morena sobre ella. Sabía que estaba siendo amigable con ella y que posiblemente llegaran a ser buenas amigas, pero Emma se conocía bien, y sabía que si no se controlaba un poco su corazón le pediría más que una amistad y dudaba que pudiera tener eso con la morena.

Así que decidió terminar con esa conversación antes de llegar demasiado lejos.

-"A mí también me gusta tener a alguien que ame el piano… Ya es tarde, es mejor que duerma! Buenas noches, Regina. – Em"

-"Buenas noches, Emma! Nos vemos mañana ;) – Gina"

Al leer el último mensaje de la morena, Emma volvió a dejar su celular sobre la mesa de luz y se acomodó en su cama.

Había sido un día interesante. En un principio quería evitar a Regina porque la intimidaba, pero luego de conocerla un poco se dio cuenta de que la morena era muy agradable y ahora quería ser su amiga. Intentaba evitar pensar en esos pequeños gritos que daba su corazón, diciéndole que no se engañara, que lo que quería con Regina era más que una amistad. Y entonces su cerebro le decía que no era seguro escuchar a su corazón, que lo mejor sería encerrar esos sentimientos antes de que crecieran y se hicieran incontrolables.

No le gustaba para nada la batalla que se estaba desatando entre su corazón y su cerebro. Sabía que le traería muchos problemas. Pero ahora estaba muy cansada para pensar en eso. Había sido un día muy largo y estaba agotada.

Cerrando los ojos lo último que pensó antes de caer en el mundo de los sueños fue que el día había sido más que interesante y mucho mejor de lo que esperaba.


Al otro lado del pueblo, Regina también estaba recostada sobre su cama. Releía una y otra vez los mensajes de Emma. No podía explicarse la felicidad que sentía por unos simples mensajes de texto. No era como si Emma le hubiera escrito que la amaba o algo así, pero de todas formas su corazón saltaba de felicidad dentro de su pecho.

Desde que había dejado a la rubia en su casa más temprano, no podía dejar de pensar en ella. Estuvo todo el viaje de regreso a su casa sintiendo cómo sus labios vibraban luego de haber estado en contacto con la suave mejilla de Emma. Hubiera dado cualquier cosa por haberse atrevido a besarla en los labios, pero sabía que no podía hacerlo.

Al regresar a su casa notó que la chaqueta de la rubia seguía allí, y no pudo evitar tomarla en sus brazos y sostenerla contra su pecho. Tenía el dulce perfume de la rubia y Regina decidió que era el aroma que más le gustaba en el mundo.

Escuchó que su madre estaba todavía en la cocina, así que rápidamente subió a su habitación con la chaqueta y la dejó sobre su cama. Quería tenerla cerca cuando llegase la hora de dormir.

Y ahora aquí estaba ella, recostada sobre su cama con la chaqueta de Emma acomodada junto a ella en la almohada.

Había estado allí mirando la chaqueta y recordando la hermosa tarde que había pasado con la rubia, cuando escuchó que había recibido un mensaje de texto.

Al abrirlo notó que era de un número desconocido, pero al leer su contenido se dibujó una enorme sonrisa en su rostro. Emma. Su Emma le estaba escribiendo.

Una parte de ella deseaba que la rubia no se hubiera dado cuenta que había olvidado su chaqueta, deseaba tenerla cerca suyo más tiempo, pero supo que debía devolvérsela a su dueña. De todas formas se emocionó mucho al leer el mensaje de Emma. Lo leyó una y otra vez hasta que aprendió cada palabra de memoria.

Al igual que la rubia, Regina estuvo varios minutos escribiendo y borrando mensajes, ya que ninguno le parecía ser lo suficientemente bueno para Emma. Algunos la hacían sonar muy emocionada, otros la hacían sonar muy seca. Algunos incluso parecían declaraciones amorosas. Regina golpeó su cabeza contra la almohada un par de veces, frustrada por no ser capaz de escribir un simple mensaje.

Se dio cuenta que ya habían pasado muchos minutos desde que había recibido el mensaje de Emma y le envió el último mensaje que había escrito. No quería que Emma pensara que la estaba ignorando o algo parecido.


Ambas chicas entablaron una pequeña conversación por mensajes de texto, y Regina sabía que guardaría todos y cada uno de esos mensajes. Se sentía muy bien al poder hablar así con Emma. Deseaba poder conocer mucho más de la rubia y pasar más tiempo con ella. Incluso si eso ponía en riesgo su tan guardado secreto. Porque comenzaba a hacerse adicta a las bellas sensaciones que sentía cada vez que hablaba con la rubia, y no quería perderla.

Cuando Emma se despidió para ir a dormir, Regina se sintió un poco decepcionada, quería seguir hablando con ella, pero sabía que Emma tenía razón y ambas necesitaban dormir.

Pensó en el lado positivo, en cuanto más rápido se quedara dormida, más rápido llegaría la mañana y entonces volvería a ver a Emma. Y con eso en mente se quedó dormida con una sonrisa en sus labios.


Al día siguiente Regina quiso arreglarse un poco más que de costumbre. Se vistió con una blusa blanca con escote y unos ajustados jeans negros. Decidió dejar su largo cabello suelto y usar un poco más de maquillaje del que normalmente usaba.

Sabía perfectamente que los arreglos eran para Emma. No tenía ni porque negárselo a ella misma. Luego de un día entero sin poder dejar de pensar en la rubia desde el primer segundo en que la vio y una noche entera soñando con sus hermosos ojos verdes y su hechizante sonrisa, Regina tenía muy en claro que Emma le gustaba. Al principio no quería sacar conclusiones muy apresuradas, pero ya no tenía dudas, y sabía que era un riesgo estar cerca de la rubia, pero alejarse de ella era lo último que quería hacer. Se conformaría con ser su amiga, y quizás, solo quizás, en el futuro se atrevería a decirle lo que realmente sentía por ella.

Pero ahora debía apresurarse porque había tardado más tiempo en arreglarse y se le estaba haciendo tarde para ir a clase.

No tendría tiempo de desayunar, así que tomó una barra de cereal y salió de su casa. Esta vez Kathryn no había ido por ella, ya que la rubia había salido mucho más temprano hacia la escuela porque debía hacer algo en el taller de arte, así que Regina tuvo que ir en su propio coche.

Robin no había dado señales desde el día anterior cuando se marchó muy enfadado de la casa de la morena, y a ella no le molestaba en lo absoluto, no tenía ganas de lidiar con su novio y sus estúpidas quejas y problemas de ego masculino.

Lo único que Regina tenía en mente era llegar a su clase de literatura y sentarse junto a su rubia favorita.


Al llegar a la escuela Regina aparcó su coche y caminó deprisa hacia el edificio ya que la campana de inicio de clase estaba por tocar.

Llegó a la puerta del salón de literatura justo a tiempo y al entrar notó que Emma estaba sentada junto a Ruby, y maldijo internamente ya que había olvidado que la otra morena también estaba en esa clase.

Emma la vio entrar al salón y le hizo señas para que se acercara. Regina le sonrió y se acercó a ella.

-¡Hola, Regina! Te he guardado un asiento.-Emma tomó su mochila que estaba sobre la silla del escritorio que estaba a su derecha. La morena sintió que su corazón se derretía de ternura ante el gesto de Emma.

-¡Muchas gracias, Emma! Eres muy amable.- Le sonrió ampliamente. Estaba demasiado feliz. Emma había pensado en ella y le había guardado un asiento, ¿acaso podría haber empezado el día de mejor manera? -¿Cómo se encuentran esta mañana?- Preguntó mirando a ambas chicas.

Hubiera preferido estar ella sola con Emma, pero sabiendo que Ruby era su amiga y que estaba allí presente lo mínimo que podía hacer era ser amable con ella también, y no ignorarla como hacía la mayor parte del tiempo.

-Muy bien, Ruby me estaba contando sobre la clase de deportes.-

-Oh, sí. Empieza la próxima semana, ¿cierto?- Preguntó Regina mirando a Ruby.

-Sí, al menos eso es lo que me han dicho.- Respondió Ruby buscando su cuaderno en su mochila.-¿Qué tal eres en deportes, Emma?- Preguntó mirando a la rubia una vez que encontró su cuaderno.

Regina también miró a Emma. Cualquier cosa que pudiera aprender sobre ella le interesaba.

-Se me dan bastante bien los deportes.- Sus mejillas se pusieron un poco rosadas. No quería que las otras chicas creyeran que era una engreída por sus habilidades deportivas.

-¿Tan bien como el piano?- Preguntó Regina sin poder evitar una pequeña sonrisa seductora.

Las mejillas de Emma ahora estaban muy rojas, y evitaba mirar a Regina a los ojos.

Ruby notó esto, y le pareció extraño que Regina dijera algo así.

-Bueno… yo…- Comenzó a decir Emma pero en ese momento entró la Srta. Green al salón y todos guardaron silencio. Y la rubia agradeció internamente por no tener que responder.


Las horas ese día pasaron muy rápido. El primer período se fue volando. El segundo también y el tercero pareció irse en un abrir y cerrar de ojos. Para desgracia de ambas chicas, ya que sin admitirlo deseaban pasar más tiempo la una con la otra.

El día continuó y siempre que se veían en los pasillos se saludaban o se sonreían tímidamente a la distancia.

Todo iba más que bien aquel día. Emma sabía que su relación amistosa con Regina recién comenzaba y la emocionaba pensar en todas las cosas que podrían vivir juntas.

Incluso al haber entablado una amistad con Regina y con Ruby ahora ambas chicas volvían a hablar, y recordaban viejos momentos cuando aún eran grandes amigas. Emma esperaba que pudieran retomar su amistad, ya que se veía que ambas se divertían mucho.

En la hora del almuerzo Emma y Ruby salieron al jardín nuevamente. El día estaba soleado y cálido y ambas disfrutaban del aire libre.

A los pocos minutos de haber tomado asiento en la mesa junto al árbol, aparecieron Regina y Kathryn con sus almuerzos y preguntaron si podían unirse a ellas. Emma les dijo rápidamente que si y tanto ella como Ruby se hicieron un poco a un lado para dejarle sitio a las otras chicas para que tomaran asiento.

Regina se había sentado junto a Emma y aunque tratara de disimularlo, siempre que podía se acercaba un poco más a la rubia.

Emma y Ruby no se dieron cuenta de esto, pero Kathryn sí lo hizo y miraba curiosa a su amiga quien parecía que solo tenía ojos para la rubia sentada junto a ella. "Curioso".

Las cosas iban muy bien durante el almuerzo. Las cuatro chicas hablaban y reían, y Emma se sentía muy contenta de haber hecho amigas tan rápidamente. Y se sorprendía al pensar que antes de que ella llegara, Ruby, Regina y Kathryn no fueran amigas, porque al verlas interactuar parecía que eran amigas desde hacía ya mucho tiempo.

Todo iba muy bien hasta que la llegada de una quinta persona arruinó todo.

Robin.

El chico había estado muy enfadado con Regina desde el día anterior, pero ahora quería hacer las paces con ella. Le había mandado muchos mensajes desde esa mañana pero la morena no había respondido ninguno. Y la había estado buscando por la escuela pero no la había encontrado.

Y ahora que lo había hecho se molestó mucho al verla sentada con Emma Swan.

-Regina, ¿qué haces aquí?- Preguntó el chico acercándose a la mesa.

Regina se tensó un poco al oír la voz de su novio acercándose pero intentó actuar con indiferencia. –Almorzando, ¿qué parece que hago?- Le dijo dirigiéndole una corta mirada.

-¿Pero qué haces almorzando con ella?- Apuntó con el dedo a Emma y la miró con cara de asco.

Emma se encogió de hombros y miró fijamente su regazo. No podía evitar hacer eso cuando alguien hablaba mal de ella. Era como regresar en el tiempo a viejas casas de acogida con niños abusadores que la trataban como basura.

-ELLA es mi amiga y voy a almorzar con ella cuantas veces quiera.- Regina miró desafiante a su novio. No pensaba dejar que ese idiota maltratase a Emma en su presencia.

Emma se sintió un poco mejor al oír las palabras de Regina, pero de todas formas la presencia del otro chico y su evidente desagrado hacia ella la incomodaba mucho.

-¿Desde cuanto te gusta socializar con gente pobre?- El tono de Robin era cada vez más enfadado, y Regina no se quedaba atrás. Tampoco Ruby y Kathryn que también saltaron a defender a Emma al mismo tiempo.

-Te prohíbo que hables así de ella.- Gruñó Regina poniéndose de pie y haciendo frente a su novio.

-¡Vete de aquí, Robin! No eres bienvenido.- Dijo Kathryn fulminando con la mirada a Robin.

-¡No te atrevas a hablar mal de ella!- Ruby también se puso de pié y estaba dispuesta a darle una patada en la entrepierna a ese idiota si era necesario.

-¡Oh vamos! Ahora resulta ser que todas están en este acto de caridad de ayudar a los pobres.- Robin se acercó a Emma y la dijo. –No eres más que una asquerosa huérfana.-

-Vas a pagar por eso…- Dijo Ruby lista para atacar al idiota, pero antes de que se acercara lo suficiente Regina se paró frente a él y le dio una bofetada.

Todos allí se quedaron en silencio. Jamás pensaron que pasaría eso.

La cara de Robin se había movido hacia el costado gracias al impacto de la mano de su novia, y ahora su mejilla tenía una gran marca roja.

Regina lo miraba con odio y respiraba agitada. Nunca se había enfadado tanto con él. No pensaba quedarse cruzada de brazos viendo como ese idiota hablaba mal de su rubia. "¿¡Quién diablos se cree que es!?".

Kathryn y Ruby estaban mudas y congeladas en su sitio, y Emma seguía allí sentada evitando hacer contacto visual con cualquiera. Había escuchado fuerte y claro el sonido que hizo la mano de Regina contra la mejilla de Robin. Seguramente toda la escuela lo había oído.

Nadie dijo nada. Robin simplemente miró a Regina y se marchó notablemente enfadado.

La morena fue la primera en recuperarse del estado de shock en que se encontraban todas y se sentó nuevamente junto a Emma, pero muy cerca de ella, le pasó brazo por los hombros y la acercó hacia ella para abrazarla.

La rubia seguía muda. No había entendido nada de lo que había sucedido. Todo iba muy bien y de repente ella estaba recibiendo insultos, las otras chicas salieron a defenderla y Regina había abofeteado a su novio por ella. Nadie jamás la había defendido de nada, y ahora sentía que las lágrimas se formaban en sus ojos, pero logró controlarlas a tiempo.

-¡Lo siento mucho, Emma! De verdad lo siento.- Decía Regina mientras la abrazaba. –No le hagas caso, ¡es un idiota!-

Ruby se apresuró en acercarse a ella y le puso una mano sobre el hombro. –No escuches ni una sola palabra de lo que él dice, Emma.- Le decía la alta morena.

Kathryn había tomado asiento frente a la rubia y le dijo. –Emma, tu eres una excelente chica y no debes dejar que las palabras del gran idiota te afecte.- Le sonrió afectivamente. –Nosotras somos tus amigas y no dejaremos que te vuelva a molestar.-

Regina no quería soltarla. La tenía abrazada contra su costado y más allá de toda la situación recién vivida, le gustaba sentir el calor de Emma contra su cuerpo.

-No puedo creer el coraje de ese idiota.- Dijo Ruby tomando asiento nuevamente.

-Ni yo… se cree intocable.- Comentó Kathryn. –A propósito, ¡te felicito por la bofetada, Gina! Ya era hora de que alguien le enseñara una lección a ese idiota.-

Si Regina la había oído no dio señales de haberlo hecho, seguía muy concentrada en abrazar y consolar a Emma.

Kat prefirió no interrumpir el momento de ambas chicas. Notaba que a Emma le habían afectado las palabras de Robin y dejó que Regina se encargase de hacerla sentir mejor. Sabía que la rubia estaba en buenas manos. Así que se volteó a ver a Ruby y ambas se pusieron a hablar sobre un proyecto de arte y dejaron en paz a las otras chicas.

La rubia tenía si cabeza apoyada sobre el hombro de Regina y se sentía segura en sus brazos.

No había dicho ni una palabra desde que todo había comenzado y lo cierto era que no sabía qué decir. Simplemente se dejo ser abrazada por la morena.

Luego de un rato de silencio en que ambas chicas no se habían movido, Regina le susurró a Emma. -¿Estás mejor?- Era como si las dos estuvieran en un universo aparte, separadas del resto. Ni Kathryn o Ruby estaban allí. Ni toda la escuela, ni nadie. Solo ellas dos.

Emma asintió con la cabeza y sabiendo que no podría estar abrazada a la morena todo el día se incorporó y aclaró su garganta. –Muchas gracias a todas por haberme defendido.- Dijo mirando hacia la mesa. De pronto se sintió muy vulnerable. No le gustaba exponerse así, tan débil. Así que tomó sus cosas rápidamente y se puso de pié. –Discúlpenme, por favor.- Se fue caminando muy deprisa hacia el edificio, ignorando los llamados de las otras chicas.

Regina la vio alejarse y sintió un pequeño dolor en el corazón.

Quería ir tras ella, pero se dio cuenta que Emma necesitaba un momento a solas, así que se limitó a verla partir, suspirando cuando la perdió de vista.

-Bueno, Regina. Tu novio se lleva el premio al idiota del año.- Comentó Ruby.

-Es cierto, si ya me caía mal antes ahora mi desagrado hacia él aumentó en grandes cantidades.- Aportó Kathryn mientras guardaba sus cosas.

-Definitivamente es un idiota.- Dijo Regina mirando hacia el lugar en donde había visto a Emma por última vez.

Después de lo sucedido la morena dudaba que pudiera volver a actuar como novia feliz junto a Robin. La hostilidad del chico hacia Emma la hacían enojar a niveles que no creía capaz de llegar, y sacaba lo peor de ella.

Estaba segura que esa relación no duraría mucho a menos que Robin cambiara su actitud, o ella se separara de Emma, y estaba segura que ambas opciones era imposibles.

Suspiró nuevamente y pensó darle unos días más a Robin para ver si cambiaba. Si no lo hacía pondría fin a esa relación de una vez por todas.


A/N.2: En los próximos capítulos comenzará el drama y aparecerán grandes celos por parte de Regina. Me gusta que sea ella quien se sienta más interesada por Emma. Y que Emma se niegue a sus sentimientos por miedo a salir herida.

Ya verán qué hace la rubia para evitar dichos sentimientos y en qué estado se pone nuestra reina. Será interesante.

Y sigan odiando a Robin. Dentro de poco lo odiarán aún más!

Muchas gracias por leer! Por favor no olviden dejarme su comentario, saben que los aprecio mucho! :)

B.H.