Capítulo II: El contrato
- Usted, Rachel Barbara Berry, ya tiene el papel, por favor firme – pidió educadamente Samanta.
- Espera, espera por favor – pidió ella haciendo ademanes con las manos – necesito saber que está pasando, estoy confundida – soltó Rachel.
- Oh, es mi error – llevándose una mano a la cabeza Samanta se explicó – perdóneme por favor – volvió a pedir y Rachel asintió.
Ambas sentadas una frente a la otra con muchos contratos sobre la mesa de por medio.
- Por favor señorita Rachel – pidió Samanta – esta conversación que vamos a tener, debe ser privada y quedar entre ambas, por favor firme este contrato de confidencialidad (CDC), qué básicamente dice que esta conversación se quedará entre ambas, y no la compromete en nada más – dijo Samanta y Rachel leyéndolo rápido, aceptó y firmó, el contrato no la comprometía en nada más que lo secreto de esa conversación.
- Raro – se dijo internamente – pero "raro" dentro de lo normal y lo esperado por mí.
- Ok, listo – dijo Rachel para que Samanta continúe.
- Muy bien – dijo ella asintiendo y continuó – usted señorita Rachel Barbara Berry ha sido seleccionada para crear un personaje exquisito cómo "la novia y posteriormente prometida de nuestra CEO, segunda en jefe" que cómo comprenderá este papel sólo existirá entre las tres y no… - Samanta quería continuar, realmente lo quería, pero Rachel la interrumpió con mucha vehemencia y pasión. Misma que admiraba y adoraba la CEO en cuestión que seleccionó a Rachel y pidió por ella.
- No seré una prostituta mal pago ¡ - dijo con violencia en la voz e indignada a muerte, levantándose de golpe de su silla. Samanta la siguió, pero más calmada.
- Señorita Rachel – dijo ella con mucha tranquilidad en su voz – no te pido que seas una prostituta, además el pago es cincuenta mil dólares por mes… - y Rachel otra vez la interrumpió.
- No seré una prostituta muy bien pagada o puta A1 cómo vulgarmente se dice – replicó aún indignada.
- No serías una prostituta Rachel, ni una scort, o acompañante A1, sólo interpretarías un papel, la de una novia amorosa, dejando todo lo sexual fuera – se explicó Samanta pidiendo que Rachel se siente con un ademán, más ella no lo hizo y se echó a caminar para intentar relajarse.
- No entiendo lo que me estás pidiendo – dijo ella pidiendo que Samanta se explique sin verbalizarlo oralmente.
Samanta asintió y continuó, siguiendo con la mirada a Rachel que caminaba por todo el salón con mucha pasión en cada paso. Ella si bien estaba desesperada por una audición positiva y un trabajo mejor, no tomaría las ideas retorcidas de un desgraciado tal cual juego de rol.
- No jugaré a la puta de un desgraciado – soltó ella pensado justamente en eso.
- No es un desgraciado, es nuestra CEO, segunda en jefe, una mujer bellísima…- Rachel la interrumpió otra vez
- Y sí es tan bella, cuál es el problema, algo no me cierra – soltó interrumpiéndola otra vez, pensando que debía tener un ojo menos, una pata de palo y talvez un garfio.
- No, ella no es pirata – replicó Samanta con una sonrisa en su voz haciendo entender a Rachel que ella sí, lo había dicho en voz alta.
- Por favor siéntate y te explicaré lo que necesites saber – continuó ella y pidiendo con mucha formalidad, pero también con calidez en su voz logrando así que Rachel hiciera caso y se sentara aún intranquila por la propuesta.
- Señorita Rachel, déjeme explicarme por favor – pidió Samanta y Rachel asintió – mi jefa y la de casi todos en este edificio, es una mujer bellísima, y muy ocupada, es más si te digo que el tiempo le falta para hacer lo que ella quisiera, eso sería subestimar el tema – dijo haciendo que Rachel asienta sólo siguiendo el ritmo y aún sin entender lo que pasaba – ella es una mujer muy ocupada – volvió a repetir – ha tratado de cerrar grandes contratos últimamente más ella no presenta una imagen familiar tal cual las empresas a las que ella se refiere.
Sabrás que al tener una familia, esposa e hijos, una persona se presenta más segura que si fueras un rico mujeriego, definición que no es la de mi jefa, ella sólo es rica - dijo y ambas asintieron cómo siguiendo el ritmo a la conversación nuevamente – ella quiere cambiar su imagen a algo más familiar, más accesible y no cómo "la dama de hielo" – apodo que hizo resonar una alarma en el cerebro a Rachel, pero no supo en su momento porqué – es ahí, que entra usted – dijo Samanta señalando a Rachel – te presentarás cómo su novia en sociedad. Usted es una gran actriz, ella la ha visto, es por eso que la ha elegido sin pedirle una audición… - y Rachel otra vez interrumpió.
- Bueno, no he hecho muchas obras, sólo dos, y en una de ellos era un árbol – dijo en broma
- A ella le encanta los árboles, debió ser eso – continuó Samanta también en broma, ambas rieron y luego Samanta continuó – de aceptar, haría el papel de su novia, una actriz exitosa, es importante hacir su imagen – dijo señalándola y Rachel asintió – su pago neto será de cincuenta mil dólares, tendrá una asistente legal que usted elegirá – Rachel pensó en Santana – un asistente de imagen que usted elegirá – Rachel pensó en Kurt – y una asistente para todo lo demás que ella elegirá – haciendo referencia a su jefa – los días que no esté con mi jefa o en disposición para los distintos eventos, queda decir que ella viaja y mucho, así como también asiste a múltiples reuniones, usted tendrá tiempo para seguir en sus estudios y obras – haciendo que Rachel asienta agradándole la idea de poder seguir audicionando – es importante señorita Rachel que usted repunte en su carrera a fin de proyectar la imagen de una novia exitosa y apasionada en todo lo que presente y nosotros la ayudaremos en todo aquello – haciendo que Rachel se quede pensativa acerca de la propuesta.
- La compañía y nuestra CEO pagará todas sus facturas, a todos sus asistentes, toda su ropa, carro, departamento, gustos y gastos, incluso si quiere un helado, todo se le pagará y todo sin tocar el sueldo que se le asigna – de pronto a Rachel no le pareció mala idea.
- ¿Y si decido no hacerlo? – preguntó ella, queriendo saber la otra opción.
- Oh bueno – soltó decepcionada Samanta, o al menos eso le pareció a Rachel – sígame por favor – pidió y Rachel la siguió, ambas caminaron hacia la puerta conjunta y muy cerca del ventanal, Samanta abrió la puerta y la dejó pasar al área anexa, logrando que Rachel se sorprenda y mucho.
Samanta se paró frente a toda la sala, Rachel al costado de ella, muy impresionada por lo que veía y ellas, todas las chicas, a Rachel también.
Delante de Rachel, alrededor de 50 señoritas, todas vestidas de blanco a media pierna con un cinturón amarillo delgado, un bolso marrón cálido, el pelo recogido, todas las señoritas de piel canela, labios voluptuosos, hoyuelos en las mejillas y ojos marrones.
Todas unas imitaciones de Rachel, algunas más altas o baja, más atractivas tal cuales modelos, de ojos claros cómo gatos, o un pelín menos que ella, en fin, pequeñas variaciones de lo que era Rachel en viva imagen.
- Carajo – susurró ella muy cerca a Samanta que la escuchó y asintió, para después iniciar una charla banal con todas las señoritas haciéndolas sentir bienvenidas y más relajadas.
Después ambas se despidieron y entraron a la sala de dónde habían salido previamente.
- ¿Y qué opina señorita Rachel? – pidió curiosa Samanta
- Pienso que es una locura – respondió ella y Samanta asintió
- Lo es – soltó ella – pero también es una forma de decirle señorita Rachel, que, si usted dice que no, a esta gran propuesta, habrá más de una calificada a decir que sí – soltó ella haciendo que Rachel asienta, entendiendo que su rechazo a la propuesta de Samanta podría quitarle todo lo que no sabía que tendría pero que ya extrañaba al saber que podría tenerlo si ella se decidía.
- Dejo que lo piense un momento – dijo Samanta con calma, dejándola sola por diez minutos talvez en lo que ella salía a hablar con otra empleada que le había traído unos papeles para que firme, pidiendo ella en su mente que Rachel si acepte, por bien suyo y el de su jefa.
Rachel se sentó en la mesa dónde a su costado se posaban los muchos contratos que implicaban esa propuesta, no supo que botón apretó al coger la mesa para apoyarse, que hizo el gran ventanal que parecía un gran espejo translucirse mostrando la imagen en la otra sala continua, pudiendo ver a cada chica que venía según ella creyó a su audición.
Nada más lejos de la verdad, ellas no estaban ahí por esa razón, pero Rachel no lo sabría en un buen tiempo, creyendo más bien que ellas ponían presión al asunto.
Pensado que había chicas hermosas y más coquetas dispuestas a tomarlo todo, haciendo mella en sus inseguridades, cosa que sabía la CEO, cosa que la hizo decidirse por su respuesta final.
…
Habría pasado tal vez veinte minutos cuándo Samanta volvió a entrar sonriendo levemente, Rachel aprovechó para preguntar varias dudas que tenía.
- Samanta lo siento, pero necesito saber un par de cosas – soltó y Samanta contestó – lo que desee señorita Rachel.
- Oh dime Rachel por favor – pidió ella
- Rachel entonces – soltó Samanta sonriente por si Rachel le pedía que la tuteara porque se iban a tratar y mucho, sobretodo al aceptar dicha propuesta y los concernientes contratos.
- Necesito saber un par de cosas – volvió a repetir Rachel y Samanta asintió.
- ¿Mi sueldo sale neto, pase lo que pase, ella cubre el resto? – preguntó.
- Exactamente cada centavo Rachel – haciendo que Rachel asienta.
- ¿Puedo contratar a mis amigos cómo asistentes? Y ¿cuánto les pagarán?
- Sí puedes contratarlos, no tengo el sueldo en específico en mente, pero sí sé que es alto y que se verán involucrados en los muchos beneficios que recibas – dijo y ambas asintieron
- ¿Nada sexual?
- Nada sexual – repitió Samanta – sólo la idea de "la novia perfecta"
- Tengo novio ¿eso será problema?
- No en absoluto, sólo que tendrá que ser muy reservado y privado, ya que actuarás cómo la novia de ella en público – Rachel asintió, le podría explicar eso a Finn, ella estaría actuando, era una obra más, él debería entenderlo – se dijo internamente.
- ¿Por cuánto tiempo será?
Samanta se tensó un poco por ello, Rachel no se dio cuenta en ese instante – por un año entero, ni un día más, ni un día menos.
- ¿La podré conocer antes de firmar el acuerdo?
- Oh no – soltó ella acompañada de una risa risueña – ella es una mujer muy ocupada, la podrás conocer sí, al final de este día, en el departamento que comparten juntas.
- ¿Departamento juntas y tendré otro para mí? – preguntó muy impresionada
- Oh sí – respondió ella asintiendo – el dinero no es problema, le va bien. Ambas tendrán un departamento juntas qué es básicamente el de ella, y aparte tendrás el tuyo, nuevo, lo decorarás cómo quieras. Y oh – se acordó ella de algo importante - ¿Conduces Rachel?
- No – respondió ella - ¿eso es un problema? – preguntó incierta.
- No realmente, se te asignará un chofer – lo dijo tan natural que causó mucha sorpresa en Rachel al saber que estaba tratando con gente de mucho dinero y poder, abriendo sus ojitos muy grandes, causado ternura en Samanta, quién rió por lo dulce de Rachel.
Ellas conversaron de todo y nada después, antes que Rachel firmara los muchos contratos en la mesa.
- Y ¿puedo llevármelos? – refiriéndose a los contratos
- Sí, por supuesto tu copia, pero te pido lo mantengas en privado o lo elimines, ya que es impensable el efecto que tendrían al hacerse públicos.
- Oh no te preocupes, tendré cuidado – dijo y Samanta asintió.
Rachel se dio cuenta que luego de firmar los papeles, todas las mujeres en la otra sala, se habían ido con tan sólo un gesto de Samanta a otra señorita.
- Mierda – susurró Rachel al ver el efecto de tanto poder.
Samanta la guio hacia otra sala, dónde volvió a firmar otros contratos, de los que también dijo le daría copia para ella. Contratos que sólo protegían la privacidad de ambas y de la empresa.
…
Samanta le presentó después a Alexia quién era una rubia esbelta con ojos claros, muy guapa, quién sería su asistente desde ese momento.
Y las tres se fueron a completar todos los cabos sueltos.
Rachel conoció su nuevo chofer, Oliver, un pelirrojo alto de mirada y actitud traviesa, siempre divertido y el carro que usaría para desplazarse, nada menos que un Audi negro.
- Carajo – susurró al verlo, era sin dudas un muy bonito carro. No preguntó si era suyo, dio por sentado que sería el de la compañía.
Su nuevo departamento, en un pent-house con mirada hacia el Central Park
- Mierda – susurró ella ante el tan fino gusto de quién lo había comprado para ella. No preguntó eso en ese momento, de si el departamento era suyo o sí sólo lo usaba, ya que estaba tan obnubilada con todo el lujo y el derroche de dinero.
Las tres se fueron a comer a un lujoso restaurante dónde Rachel se enteró que tenía ya tarjetas con su nombre – pide lo que quieras, compra lo que quieras y se cargará a la tarjeta que será cancelada por la empresa – dijo Samanta.
- Mierda – volvió a susurrar ella, notando que, si bien por la mañana el dinero había sido un tema sensible y escaso, por la tarde y casi noche ya no era más problema, incluso había para derroche - ¿qué carajo? – se volvió a preguntar, con un "algo" en el pecho que le decía que todo era muy bueno para ser verdad. Que tenía que haber algo malo.
Las tres luego fueron de compras, todo nuevo para Rachel, eso la hizo suspirar de regocijo, de alegría, por todo que no llegaba a creer.
Osea si ella decía "quiero eso" lo tenía inmediatamente.
- "Algo malo tenía que haber" – se decía internamente
Samanta mandó con el chofer todas las cosas al nuevo departamento de Rachel y juntas, otra vez las tres, se dirigieron al departamento que compartiría con "su novia"
Rachel al fin conocería, a la persona que le había cambiado la vida, ella rogaba que fuera tal cuál había descrito Samanta y no hubiera sorpresas acerca de su persona.
Nuevamente, más equivocada imposible.
Alexia se despidió de ambas, diciendo que estaría muy temprano en el departamento de Rachel para iniciar sus actividades.
Rachel no le dio mayor importancia y entró con Samanta al departamento.
Y ni bien puso un pie en ese departamento, Rachel escuchó jazz de fondo y olió una deliciosa comida, sin duda alguna su "novia" sabía cocinar.
Samanta dejó que Rachel caminara por todos los lados que ella quisiera, que se familiarice con el lugar.
Rachel se acercó hacia la cocina, tenía una deliciosa comida en procesamiento con temporizador y todo, y eso era genial ya que ella no podía cocinar para salvar su vida.
Después fue hacia la sala observando los muebles tan lindos, la alfombra impecable. Una sala de música, y Ohhh cómo Rachel usaría ese ambiente, juzgando solo esa sala ya le gustaba le departamento y mucho.
Ese cuarto, tenía muchos instrumentos, piano, guitarra, batería y un estudio para hacer música, eso era más allá de genial. Rachel estaba encantada, podría trabajar desde ahí, ella estaba muy emocionada, aún no tocaba ningún instrumento, pero siempre podría aprender sobre todo al tener a una "novia" millonaria, pensó, sólo por darle un apelativo.
Ella debía tener mucho dinero, de ahí al término "millonaria"
Rachel caminó hacia el cuarto principal, dónde había una cama enorme king zise, muy suave.
- Oh vaya – dijo - ¿dormiré aquí o en el cuarto de invitados? – y se preguntó a sí misma.
Y siguió caminando siguiendo su curiosidad hacia el cuarto de invitados que al igual que toda la casa tenía un aspecto sobrio con mucha falta de calidez y fotos, pero que también tenía una cama enorme y muy suavecita para gran gusto de Rachel, quién se divirtió saltando un poco sobre ella para probarlo, con muchas carcajadas de por medio.
Después encontró un gran estudio con la puerta de cedro, muy bonita, tallada a mano con una inscripción en latín que no supo que significaba y que estaba muy cerrada.
El departamento era un pent-house con grandes ventanales, todas con vistas espectaculares, ella apostó a que la terraza también sería espectacular.
Y en uno de ellos, mirando por uno de ellos, estaba "ella", notó Rachel.
Una mujer de espaldas, esbelta de porte atlético con el cabello rubio recogido y vestida con una bata blanca muy esponjosa y suavecita podía apostar.
El corazón de Rachel empezó a martillar su pecho cómo loco al por fin darse cuenta de que se trataba de ella.
- ¿No puede ser? – susurró, haciendo que la mujer en cuestión voltee a mirarla.
- ¿Eres tú?¡ - medio preguntó, medio gritó con gran sorpresa y shock en su voz. Su "novia" era ella, nada más ni nada menos que "ella"
- ¿Qué carajo? – fue lo último que preguntó Rachel antes de que todo se pusiera negro y se desmayara ante la mirada preocupada de la muy hermosa mujer quién la miraba con mucha preocupación y amor en sus ojos
