Capítulo III: Minucias
Rachel se desmayó de la impresión, al notar que la famosa CEO del contrato no era nada más y nada menos que Quinn Fabray.
Misma que al notar el estado de Rachel se preocupó en demasía, llamando a gritos a Samanta para que la ayude a llevarla al cuarto de invitados ya que ella no podía hacerlo.
Samanta al ver la preocupación de su jefa y la suya propia por ver a Rachel desmayada, acudió rauda a ayudarla, asistiéndola con los primeros auxilios.
Quinn incluso reconociendo que talvez la sorpresa había sido mayúscula, llamó al número de urgencia en su celular, que vino siendo Santana López en todo su esplendor.
- Rayos - dijo, al darse cuenta que el encuentro tendría que ser bajo esas circunstancias.
Ella muy en su interior, sabía que no estaba lista, pero no había nada más que pudiera hacer.
Samanta la llamó y media hora después llego ella, y sin cruzar ni una sola mirada ni palabra con ella fue hacia el encuentro de Rachel, ingresando al cuarto estando cómo por diez minutos dentro. En esos momentos Samanta aprovechó para entrar al cuarto y después de media hora de aquello, salió a decirle a Quinn que seguía en bata, que habían llegado a un acuerdo. Rachel y ella hablarían en la sala de estudios.
…
La sala de estudios era un salón muy amplio, con amplios ventanales, muy cómodos sillones y sofás, todo alfombrado, todo de blanco impoluto, un mini bar en una esquina con una mesita de centro de cristal, dos vasos de cristal con agua en ellos…
…
Quinn se fue al estudio y esperó sentada sobre un cómodo sillón a Rachel. Ella entró después de diez minutos, muy cabreada y cogiendo el vaso con agua sobre la mesa, se lo tiró en la cara a Quinn, mojándosela y parte de la bata, para finalmente tirar el vaso hacia una esquina rompiéndose en mil pedazos.
Quinn con la manga de su bata se secó la cara y dijo muy calmadamente - tengo algunas botellas y mucha cristalería por allá si tienes ganas de destruir todo – señalándole el área de la esquina dónde se encontraba el minibar y fue tanta su calma, tanta su tranquilidad que le recordó a Rachel, la Quinn del cole, eso la enfadó más y, es más, se lo medio gritó.
- ¡Eres una perra! - está de más decir que estaba muy cabreada y a la vez trataba de calmarse caminando de lado a lado.
- ¡Eres una perra! - volvió a gritar mirándola, esta vez, a todo pulmón.
- Si lo soy - contestó ella y añadió - pero esto que nos junta hoy no es un acto de maldad cómo presupones - con su mejor rostro, en lo que Rachel calificó como la "Reina de Hielo"
- ¿Que no es un acto se maldad? ¿Entonces que es?
- ¿Qué crees que es? - preguntó Quinn
- Eres una perra - Quinn asintió - y tienes el descaro de aceptarlo - Quinn volvió a asentir - deja de asentir, ¡maldita sea! - volvió a gritar aún caminando de lado a lado - Creo que haces esto sólo por el placer de manipular a los demás y demostrar el poder que tienes, lo bien que te ha ido en la vida - soltó con desprecio.
Claramente no teniendo idea de cuán jodida había sido la existencia de Quinn, los muchos años y cirugías que pasó por el accidente y después de ello por las consecuencias del mismo y por lo que los doctores encontrarían en su cerebro tras minuciosos y múltiples análisis.
- No, lo hago porque es lo único más grande, el mejor regalo que te puedo dar antes de que todo acabe - eso pensó Quinn en decírselo, más lo que si le dijo, fue - si piensas que es por manipularte, por burla, por demostración de poder, en fin, puedes pensar lo que te haga sentir mejor, lo que decidas… - Quinn iba a seguir, pero Rachel la interrumpió abruptamente.
- No lo voy a hacer - dijo muy decidida
- No tienes elección, has firmado un contrato - respondió Quinn muy calmadamente.
- Uno que Santana revisará, ella es implacable - dijo aún muy enojada y con mucha fe en su mejor amiga devenida en hermana
- No lo dudo - aún muy calmada - ella contra mi departamento legal del 9no piso. Buena suerte - le deseó implacable y hasta con cierta ironía en su voz - te espero en mi oficina mañana por la tarde - le pidió y antes de que se parara para acompañarla a la puerta, Rachel se fue muy cabreada en su mejor tormenta de diva.
Una tan buena, que hizo sonreír a Quinn por tantos y muchos recuerdos que la inundaron de sus años en el cole.
…
Santana y Samanta conversaban en el exterior, ambas sentadas en el sofá…
Santana ni llegó a saludarla, estaba tan cabreada, tan enojada, igual o más que Rachel, no entendía lo acontecido, ni mucho menos en sus más jodidos años, imaginó volver a ver a Quinn y peor, de esa manera.
Ella se había quedado resentida contra ella, desde el día que Quinn desapareció sin más.
- Mi jefa no es el diablo que ustedes piensan - comentó Samanta mirándola de reojo.
- Pienso que te falta información - soltó ella disgustada por el ardid de ambas - te juro que la va a pagar - añadió
- Estoy muy segura de aquello - soltó ella, sabiendo exactamente por lo que estaba pasando su jefa, ambas se quedaron en un muy incómodo silencio que fue interrumpido instantes después por el ruido del cristal roto, ambas se sobresaltaron y ambas deseando entrar hacia dónde estaban las personas que más amaban en el mundo, sin poder hacerlo, esperaron el desenlace atónitas y expectantes…
…
Rachel salió presurosa hacia la puerta, Santana la siguió azotando la puerta. Samanta se fue a ver su jefa, oyéndole decir - Ollie lleva a casa a Rachel, no aceptes un no. Me la dejas dentro de su hogar y me avisas por mensaje a que esté segura. Comunícate con Eduardo - ordenó antes de cortar. Ollie era el chofer y Eduardo su jefe de seguridad, ordenándole obviamente que la siga segundo a segundo. Ella entró observando a su jefa parada cerca del gran ventanal de su estudio mirando atravez de la misma, hacia Rachel y los carros que partían detrás de su movilidad.
Quinn estaba impávida, proyectaba una imagen impoluta de hermosura exquisita, Samanta se quedó observándola desde su lugar cerca a la puerta, agradeciendo a todo lo que es bueno y magnánimo en esta vida por darle el gran privilegio de conocerla y a la par maldiciendo el no poder ocupar el lugar en su vida que tanto añoraba y que ya tenía dueña y nombre, sólo que ambas no se habían dado cuenta y ella sí.
Samanta era una mujer muy guapa, piel canela, cabello castaño, alta, atlética, de ojos azules.
Ella podía ver claramente que se parecía mucho a ella, más no era ella, nunca sería ella.
El corazón de Quinn ya tenía dueña, y lo que más le pesaba era que no era ella, jamás sería ella.
- Bueno, eso salió muy bien – Quinn soltó al aire mirando hacia la calle, al notar que Samanta estaba en el cuarto con ella.
Samanta no dijo nada, más sí se acercó a ella y abrazándola por la espalda, aprovechando que Quinn tenía el pelo recogido le dio un dulce beso en la línea de cabello dónde nace este y la nuca. Un beso muy dulce cargado de mucho sentimiento. Quinn cerró los ojos disfrutando de este.
- Sam - dijo muy cariñosamente y muy suave también colocando sus manos sobre las manos de ella - ésta es la última vez, ahora tengo novia y aunque ella no lo acepte, ella es la única a la que no engañare - haciendo referencia por sus anteriores enamoramientos y noviazgos dónde casi siempre una de las partes engañaba al otro.
Samanta aceptó, era eso o nada y se lo confirmó con un dulce beso en su cuello.
- Te amo Lucy - le susurró y Quinn se giró hacia ella cogiendo con ambas manos su carita respondió - lo sé Sam - besando cada lágrima de ella - no llores, me harás llorar - le susurró sobre los labios, besando cada una de ellas y finalmente sus labios muy dulcemente.
Quinn le cogió las manos y la llevó a su dormitorio, esa noche por primera vez desde conocerla, no tuvieron sexo descuidado tal cual ambas disfrutaban y mucho, amigas con beneficios, no, esa noche, ellas hicieron el amor por primera vez en cinco años.
….
En otro lado de la ciudad, Rachel caminaba de lado a lado en la sala de estar en su departamento, mientras Santana y Kurt revisaban los múltiples contratos que había firmado Rachel.
Las temibles letras chiquititas…
…
Después de lo que parecieron horas, ambas partes de la pareja no pareja, tuvieron actividades opuestas a hacer…
… Quinn y Samanta…
Ambas desnudas en la enorme cama king zise, Quinn cobijada por una sábana muy suave, observando de lado a Samanta quién estaba despertando del hermoso sueño que era tener a Quinn en sus brazos.
- Quédate – le pidió suavemente ella, eso sorprendió a Samanta, Quinn nunca le había pedido que se quede después del sexo. Ella solía levantarse aún cuándo Quinn estaba levemente adormilada por tanta actividad muy satisfactoria, eh irse muy calladamente y al día siguiente fingir que nunca pasó, tratarla con mucho respeto cómo su cargo representaba y apoyarla cuanto pudiera para lograr la meta profesional que se fijaban cada cual, misma que contribuía a una gran meta conjunta. Es era la rutina, así qué cuando Quinn le pidió que se quede, ella se sorprendió.
- ¿En serio Lucy? – le pidió sorprendida por tal acto, Quinn asintió y Samanta muy desnuda sonriendo por el sonrojo de su amada Lucy se acomodó entre las sábanas junto a ella, mirándose una a la otra.
- Sam – susurró ella
- ¿Lucy? – preguntó Samanta
- Eres mi mejor amiga Sam, y te amo por eso – dijo ella emotiva y besado su manito para después ponerla sobre su corazón – y lo sabes – añadió.
- Lo soy Lucy y tú lo eres para mí, eres el mundo para mí – le contestó muy sincera.
- Sam – se quejó adorablemente ella, haciendo reír a Samanta al ver que su Lucy era demasiado adorable, es más se lo dijo – eres demasiado adorable Lucy, no sé porque no dejas salir este hermoso lado tuyo para los demás.
- Por qué me comerían viva Sam – contestó sabiamente.
- Es verdad – lo reconoció ella – son pocos los que conocen este lado tuyo – pensando en "el gran amor de Quinn", ella y talvez cuatro o cinco personas más – me sorprende que me hallas pedido que me quede – le dijo cogiendo su mano y entrelazando la suya.
Quinn asintió para luego decir – nos conocemos hace mucho Sam – haciendo que ella asienta – desde mi accidente – otra vez Sam asintió – y desde el tuyo – Sam volteó sus ojitos haciendo reír a Quinn – y sólo contigo y con mi niña puedo ser yo misma, sin miedo a estar expuesta – Sam asintió y le dio un besito muy suave en los labios cómo incentivo para que Quinn siga con su historia – te va a doler el cuello si sigues asintiendo – dijo y Sam río disfrutando la ironía de todo.
- Me encanta la repetición Lucy por si no te habías dado cuenta – dijo guiñándole un ojo, recordándole las actividades placenteras que ambas habían disfrutado momentos anteriores, sobre todo cuando ella bajó esparciendo besos suaves y ricos mordiscos por el cuerpo de su Lucy.
Eso hizo reír mucho a ambas, para al final una mirar a la otra con demasiado amor en sus ojos, un tipo muy distinto de amor para cada una, queda decir.
- Sam – continuó Quinn – te pedí que te quedaras y te pido que duermas conmigo por ser esta noche, una muy especial – Sam le dio varios besitos muy dulces por los labios para que su Lucy siga – estoy a punto de enfrascarme en una de la más grande aventura de mi vida, el mejorar la vida de Rachel, antes de que todo se ponga feo.
- No sabes eso Lucy – lo de ponerse feo, dijo muy segura.
- Sé que se pondrá feo, pero no la extensión de todo.
Sam enterneciéndose con su Lucy la abrazó muy fuerte, se acurrucó junto a ella en un abrazo de oso, lo suficientemente fuerte para mostrarle que estaba junto a ella, pero a la vez muy suave para no hacerle daño físico, ya que era muy obvio para ella que la salud de su Lucy se deterioraba día a día.
- Sé pondrá feo, sí – le confirmó Samanta – pero estaré contigo en cada paso y lo superaremos juntas, esa es una promesa Lucy.
- ¿Y si falla? - preguntó incierta
- No fallará, tienes que tener fe en ti, en mí, y en nosotras juntas, tal vez no cómo la forma en que te amo – esa no era una mentira, ambas sabían de los sentimientos de Sam por Lucy – lo podrás hacer, saldrás bien librada Lucy – Quinn asintió sin saber si era una mentira disfrazada por el miedo que sentía.
- Tienes que encontrar al amor de tu vida Sam – le pidió Quinn
- No, no tengo qué, vamos a luchar juntas y después lo que ocurra y eso es una promesa Lucy – dijo muy decidida y con mucha convicción en su voz.
Quinn asintió sin saber bien. Dos personas en su mente, dos que significaban su vida entera, su niña y Rachel.
- Te amo Sam – le dijo
- Te amo Lucy – le contestó ella mirándola profundamente– y cómo ésta es la última vez que estamos juntas de este modo – acariciando la espalda de Quinn haciéndola suspirar por el incentivo – haré que sea una ocasión para recordar – fue lo último que dijo antes de besar apasionadamente a Quinn y en un primer paso muy decidida a hacerle el amor toda la noche, de todas las formas cómo sabía.
Y si Quinn gritó el nombre de Rachel entre cada orgasmo, Sam no se lo dijo y no se lo reprochó. Ella sabía exactamente lo que pasaba por la mente de su Lucy.
…
… Rachel, Santana y Kurt…
Los tres estaban en su departamento, Rachel caminando de lado a lado, Santana y Kurt revisando intensamente todos los contratos y leyendo sobre todo las letras chiquititas, Finn todavía en el trabajo.
- Y ¿puedo hacer algo? – preguntó ansiosa.
Santana no dijo nada por un largo rato – tenemos que reunirnos con Samanta o quién esté a cargo de los contratos… - eh iba a seguir, pero Rachel la interrumpió.
- San dime algo, lo que sea, voy a enloquecer – un pelín asustada.
- Rachel estás agarrada por el brazo fuertemente, no creo que haya forma de salir de esto sin que Quinn ceda, hay cosas que no entiendo, por eso tenemos que hablar con alguno de su equipo – omitiendo deliberadamente el querer reunirse con Quinn. Ella no quería saber nada de Quinn todavía – Samanta, nos reuniremos con ella – dijo Santana.
Rachel entonces haciendo uso de su asistente personal "Alexia", quién había dicho que la despertara a cualquier hora, sin importar la misma o el asunto a tratar, pidió que concerté una reunión con ella.
Alexia les dijo que era casi imposible reunirse con Samanta un sábado, pero tanta fue la insistencia de Rachel que Alexia dijo que las llamaría cuándo tuviera una respuesta.
Misma respuesta que llegó a las 5 am del siguiente día.
Y ya para las 8 am Alexia había ido a recogerlas con Ollie y de ahí hacia el departamento de Samanta.
…
Una hora después llegaron al departamento de Samanta, un tanto alejado, más de lo que Rachel esperaba que fuera.
Alexia seguida de Rachel y Santana tocaron a la puerta de Samanta.
Ella abrió la puerta minutos después, vestida con ropa holgada y un semblante que parecía indicar que no había dormido nada.
- Hola, buenos días – saludó educadamente
- Tenemos que hablar – soltó Santana entrando a su departamento sin invitación, pasando por su lado, Rachel lo hizo después de ella de la misma manera ante la sorpresa de Samanta
- Lo siento – dijo Alexia desde fuera del departamento mirando a Samanta quién, aunque lucía con cansancio en su mirar, se veía absolutamente hermosa.
Alexia no pudo dejar de notarlo, ella estaba impresionada por esta visión de su jefa, Samanta se veía muy bonita, y Alexia no pudo dejar de sonreír por ello.
Santana desde dentro observaba todo cuál halcón, ya que para ella y para su carrera, los detalles eran muy importantes, no sabía cuándo podía volver a usarlos para su beneficio y el de Rachel, por eso era muy importante prestar atención.
