Su cerebro estaba adormecido por completo, tenía los ojos apretados totalmente negados a abrirse y dejar entrar ese rayo de luz que despedía alguna lámpara en el departamento. ¿Había dejado una luz encendida la noche anterior? No claro que no, nunca lo hacía ni en sus días más cansados. ¿Qué diablos le alumbraba el rostro entonces? Giró sobre su cuerpo para evitar esa molesta sensación en la cara, inmediatamente un fantástico aroma le llego a la nariz, olía a panqueques, chocolate y café, su estomago rugió casi de inmediato, como si alguien hubiera apretado un botón. Todo aquello no podía venir desde afuera, aún seguía lloviendo, podía escuchar cada gota golpetear en su ventana, los truenos aislados que llegaban de a ratos e inmediatamente recordó el dolor en su espalda ¿hasta cuándo iba a seguir ese clima? Se envolvió mas en las frazadas haciéndose un bollo bajo el peso que estas le daban, la cama estaba tan caliente que Kara sintió que debía quedarse justo donde estaba el resto de su vida adulta, pero el olor a comida la estaba matando. Refunfuño cual niña caprichosa tapándose la cara mientras escuchaba unos pasos descalzos acercarse hasta ella, las tazas tintinearon sobre la bandeja metálica al tiempo que la cama se hundía levemente a su lado derecho. Entonces las ideas se le acomodaron de inmediato, no había dormido sola, y evidentemente la persona que había dormido con ella aún seguía en la casa.

K- ¡Lena!- se sentó cual resorte haciendo volar el trozo de sábana que le cubría la cara.

L- Vaya que duermes profundo – sonrió la morena con sus perlados dientes sin dejar de mirarla al tiempo que le tendía una gran taza de café humeante para que esta la aceptara.

Kara se quedó atónita con sus ojos perdidos en cada gesto que el rostro de Lena dejaba al descubierto, su corazón latía desenfrenado por la exaltación de haber despertado de golpe y no podía reaccionar como era debido.

L- Tierra llamando a Kara- exclamo la joven Luthor riendo a sus anchas- ¿te encuentras bien?

K- ¡Café!, si si ya lo tengo- dijo la rubia articulando difícilmente esa corta frase. ¿Qué estaba pasando con ella? La última ganadora de un Púlitzer estaba sentada frente a la mente más respetada de la nación y no podía hilar una frase coherente, sus sentidos estaban alertas pero su boca parecía cerrada por reparaciones, ¿a caso sufría algún daño cerebral? Lena reía a carcajadas sin dejar de mirarla, y otra vez esos ojos verde esmeralda brillando como estrellas se clavaban en los suyos. Las manos comenzaron a sudarle, la respiración se le entrecortaba y ya comenzaba a asustarse de verdad, y al parecer la mujer frente a ella tuvo la misma reacción porque le saco la taza de las manos por miedo a que se quemara y aparto la bandeja de la cama con prisa y con una evidente preocupación en el rostro.

L- ¿Kara que tienes?- pregunto mientras se arrodillaba frente a la reportera y la sujetaba de ambos hombros inspeccionándola con detenimiento.

¡Ay carajo!, pensó la rubia al caer en cuenta de lo que le estaba pasando, tenía un evidente ataque de pánico, hacía tiempo que no sufría uno, y eso solo pasaba cuando la verdad le golpeaba de lleno sin dejarle escapatoria. Se abrazó a sus rodillas meciéndose como una total demente mientras Lena tomaba el teléfono de Kara y llamaba a dios sabe quién.

L- ¡Alex!- grito con el móvil en la mano haciendo que su interlocutora apartara el aparato de su oído.

A- ¿Lena?- susurro asustada al notar que no era la voz de su hermana pequeña- ¿Por qué tienes el celular de Kara? ¿Ocurrió algo?- pregunto poniéndose de pie de su sillón y caminando en círculos.

L- ¡Sí! Estoy con Kara en su casa, y no responde, esta temblando, se abraza a su cuerpo y no sé qué le pasa, estaba durmiendo y de repente se ha puesto así, ¡Que hago!- exclamo arrodillada junto a la rubia sin dejar de mirarla.

Alex suspiro aliviada volviendo a sentarse donde estaba- tiene un ataque de pánico, a veces le pasa, no hay de que asustarse, solo tienes que abrazarla y hablarle despacio hasta que se calme.

L- ¿Estás segura?- pregunto dudosa enarcando una ceja y sorprendiéndose de que la persona más segura que conocía tuviese esa faceta.

A- Claro que si, haz lo que te digo, cálmate tú y luego la calmas a ella, y en algunos minutos volverá a la normalidad.

L- De acuerdo, gracias.

A- No hay de que, llámame si necesitas que vaya- hubo un silencio momentáneo por parte de las dos mientras Kara seguía en posición fetal- Lena ¿desde cuándo duermes con mi hermana?- pregunto así sin más provocando un fuerte calor en todo el cuerpo de la morena al tiempo que se atragantaba con su propia saliva.

L- No duermo con tu hermana… bueno si dormí con tu hermana pero no de la forma que piensas. Alex luego te llamo.- Colgó sin decir más dejando el móvil a un lado al tiempo que se ponía detrás de Kara y la abrazaba contra su cuerpo, comenzó a mecerse despacio susurrando una canción que su madre le cantaba antes de dormir, la única que se sabía, acariciaba sus brazos con las yemas de los dedos al tiempo que su mejilla ardiendo aún por la vergüenza que Alex le había hecho pasar, descansaba en la frente de la menor de las Danvers. Y justo como aquella había dicho, al cabo de unos diez minutos el cuerpo de Kara se relajó, su respiración volvió a la normalidad y abrió los ojos otra vez permitiéndose observar a la mujer que la mecía en sus brazos.

K- Lo siento- sonrió apenada sin abandonar el lugar en el que se encontraba, después de todo, lo estaba disfrutando.

L- Me has asustado mucho- chillo la morena liberándola del agarre y dejándole pellizcos juguetones en sus costillas al tiempo que reía con ganas. Kara comenzó a retorcerse mientras liberaba una sonora carcajada, pero el juego acabó pronto cuando una rodilla castigó en la espalda de la rubia haciendo que esta liberara un quejido que la pillo por sorpresa. Lena noto el gesto y se apresuró a revisar si no le había hecho daño. La parte de arriba de la pijama de Kara estaba ligeramente levantada dejando ver la delicada piel tersa de la reportera, Lena sintió que le cosquilleaban las manos mientras subía la prenda solo un poco más para chequear el punto de contacto que había causado el quejido, y se sobresalto cuando vio la herida que su amiga tenía. -¿Santo cielos Kara, que te paso?- pregunto preocupada mientras recorría delicadamente con sus dedos el contorno de la cicatriz aún abierta.

K- No es nada- exclamo la rubia incorporándose al tiempo que acomodaba su ropa restándole importancia al asunto.

L- ¿Cómo que nada? Tiene una cortada horrible allí- la cara de Lena estaba entre afligida y un poco molesta por la evidente evasiva de su amiga- ¿Alguien te hizo eso?- pregunto con un tono de furia señalando su espalda- porque si alguien te hizo eso te juro que voy a matarlo.

K- No, claro que no- se apresuro a calmarla mientras inventaba algo que decir- no es nada de lo que piensas, Alex me está enseñando a defenderme y me he caído sobre una piedra esquivando un golpe, aún soy un poco torpe. – Sonrió acariciando el brazo de la morena para que esta dejara sus malos pensamientos de lado. – Estoy bien, de verdad, tengo a la heroína de Ciudad Nacional, a la directora de la DEO y a la mente más brillante del país cuidándome la espalda, nadie va a hacerme daño.

Kara sonrió con dulzura mientras abrazaba a Lena escondiendo su rostro en el espacio que quedaba en su cuello, a los dos segundos su estomago crujió otra vez, había recordado los panqueques con chocolate y el café humeante que estaba sobre la mesa de noche.

K- Hay que comer eso que hiciste antes que me mate ese fabuloso aroma- Lena sonrió recuperando la bandeja y dejándola entre las dos para consumir por fin el desayuno al que tanto esmero le había puesto.- No sabía que cocinabas, no deja de sorprenderme señorita Luthor.

L- Que puedo decirte, soy una mujer llena de cualidades- bromeo mientras bebía un largo sorbo de café que a pesar de los minutos transcurridos seguían calientes.

Lena sonreía sin parar ante cada chiste, ante cada ocurrencia de la rubia, Lena había sonreído esa mañana mucho más que en las últimas semanas. Tal vez deberían quedarse allí, encerradas en su apartamento el resto de sus vidas, ser felices ambas sin que nadie dificultara esa plenitud alcanzada. En el calor de su hogar, entre sus sabanas y sus cuadros, con el aroma a café y vainilla ella no era Supergirl, y la morena no era la poderosa Lena Luthor, allí solo eran Kara y Lena y todo estaba bien mientras tuviesen comida suficiente.

Ya pasaba del medio día cuando al fin decidieron salir de la cama, Kara buscaba el número de un restorán japonés para pedir el almuerzo mientras Lena leía el periódico en el sofá abrigada por la manta tejida que siempre estaba sobre él. Quien hubiera dicho que la tecnóloga más rica del país prefería leer las noticias en papel que en lugar de algún dispositivo electrónico. Pero ahí estaba la morena, con el cabello suelto cayéndole sobre la cara, cruzada de piernas, aun en pijama y con los dedos manchados de negro por la tinta del diario matutino. Kara suspiro ante esa imagen y recordó el incidente de antes de desayunar, el maldito ataque de pánico que no podía esperar a otra ocasión, tenía que ser justo en frente de Lena, frente a la mujer más poderosa de la ciudad, y entonces cayó en la cuenta que era precisamente eso lo que estaba pensando antes del ataque. Porque no era por estar frente a la mente más brillante del país lo que le causaba pánico, era porque estaba frente a Lena, porque había dormido otra vez junto a ella compartiendo el mismo aire, la misma cama, el mismo espacio personal, y aunque quisiera negárselo a si misma ya no podía hacerlo. Evidentemente algo se despertaba dentro de ella cuando estaba junto a la morena, algo que no había tenido jamás en consideración hasta ahora, y es que aquella mujer había logrado dar vuelta su mundo, y ahora no sabía cómo reaccionar porque seguía siendo su mejor amiga, porque seguía mintiéndole sobre quien era en realidad, y porque indefectiblemente se estaba enamorando de ella.

L- ¿Kara has llamado a Alex? Debe estar preocupada por ti, le dije que le avisaría en cuanto estuvieras bien y lo he olvidado- exclamo Lena de repente levantando su vista de lo que leía en ese momento.

K- ¡Cierto!, termino de pedir el almuerzo y le marco.- Kara volvió al cabo de unos minutos a sentarse junto a Lena, prendió el televisor sintonizando su programa favorito de los sábados y luego agarro el teléfono entre sus manos sin dejar de espiar a la morena que estaba enfrascada en lo suyo. Abrió la aplicación para enviarle un mensaje a Alex y texteo si detenerse a pensar en lo que estaba escribiendo- ALEX, ESTOY BIEN JODIDA, CREO QUE ME HE ENAMORADA DE LENA.- mensaje enviado.

Kara sonrió cuando levanto su mirada de la pequeña pantalla que brillaba en su mano y poso sus ojos en la mujer frente a ella sin poder apartarlos ni un segundo. Estaba feliz, lo había puesto en palabras al fin, y ahora que estaba casi segura que lo que sentía era real, no podía evitar ese calor que le venía desde adentro del estomago y que inundaba todo su cuerpo. Era una sensación muy parecida al hambre, pero no era eso, era amor. Ahora entendía a lo que Clark se refería cuando hablaba de Lucy Lane, podemos querer demasiado a muchas personas, y podemos poner el mundo por encima de los intereses personales, hasta que alguien llega a meterse tan profundo debajo de la piel que hace que esa elección sea casi imposible de tomar. Superman no podía elegir al mundo por sobre Lucy, Supergirl no podría elegir al mundo por sobre Lena, eso es lo que pasa cuando un kriptoniano se enamora en la tierra, el resto del mundo desaparece y solo pasa a importar ella.

K- Ya lo hice- dijo orgullosa con una sonrisa dibujada en su boca. Lena levanto la cara del periódico y le devolvió el gesto cariñosamente al tiempo que Kara dejaba escapar un suspiro desde lo más profundo de su ser. Y pensó sosteniéndole la mirada, claro que lo hice…