La vista había cambiado considerablemente desde el instante que dejó Kriptón y puso un pie en la tierra, los olores tampoco eran los mismos, ni los sabores que sentía, ni los sonidos que escuchaba. Sin embargo había tenido la posibilidad de descubrir un mundo de sensaciones totalmente nuevo, amaba el sonido de la lluvia justo como seguía cayendo en su ventana desde hacía varios días, adoraba sentir las aves cuando visitaba la casa de su madre adoptiva, el olor a tierra mojada y a césped recién cortado. Amaba la vista desde el balcón de la DEO, se parecía un poco al de Kriptón aunque no lo era, le encantaban los colores vivos de las flores en primavera, aunque se sentía profundamente encandilada por el negro azabache del cabello de Lena. Babeaba con el aroma a chocolate y café recién hecho, le gustaba la hierba buena y el dentífrico de eucalipto, pero por sobre todas las cosas, amaba el perfume de Lena cuando la tenía tan cerca como ahora. En Kriptón amaba el color blanco, pero ahora el verde era su preferido, verde como el césped, como los árboles, como los ojos de la morena. Había descubierto un mundo al nacer, otro cuando llego a la tierra, y ahora descubría un mundo nuevo, un mundo llamado Lena Luthor, y de todos los que conocía, este sin duda era el que más le gustaba y le causaba intriga.

Bromear toda la tarde con la joven empresaria le había hecho olvidar por completo que tenía otra vida que debía atender, una vida afuera de su apartamento, una que llevaba el mote de heroína y que la hacía portadora de una enorme responsabilidad. Pero esa vida se le había olvidado por completo esa tarde de invierno, sentía un renovado calor de hogar al estar enterrada en su sillón con chocolate caliente, mirando películas con la morena, con el aroma a pino recién cortado del árbol de navidad que adornaba su sala. Ya no quería ser Supergirl, solo quería quedarse en casa y ser feliz con Lena como lo era en ese momento, quería desesperadamente ser por unos días solo Kara Danvers, quizás así este nuevo mundo no se destruiría por completo.

L- Llevas callada demasiado tiempo y eso empieza a preocuparme- bromeo la morena acomodándose mejor sobre el hombro de la kriptoniana. Estaban recostadas una al lado de la otra, cubiertas por la manta roja de lana, Lena tenía su cabeza apoyada contra el costado izquierdo de Kara, una de sus piernas reposaba relajadamente sobre la rodilla de la rubia al tiempo que le hacía cosquillas eventuales con su pie. Kara enredaba sus dedos en el cabello de la morena jugueteando distraídamente y tenía su mirada completamente perdida en el monitor del televisor.

K- Shh! No me dejas oír- chillo removiéndose un poco para callar a su compañera de sofá.

L- Es la tercer película que vemos, y debo decir que esta está aburriéndome un poco- sonrió al tiempo que inclinaba su cabeza hacia atrás para ver la cara de la rubia que seguía totalmente compenetrada.

K- Lena! No me has dejado oír lo que decía Jack, ahora no voy a saber lo que siente por ella- refunfuño frunciendo el seño adorablemente para el deleite de la morena que mordió su labio sin pensarlo.

L- Te daré un pista- exclamo está tomando la iniciativa al fin y girando para quedar con su rostro frente a frente con el de Kara- el héroe al final siempre se queda con la chica- Lena sonrió como siempre, como solo ella sabía hacerlo, porque no es que riera con su boca, Lena sonreía con todo su rostro y eso hacía que sus ojos brillaran como esmeraldas. Kara tragó saliva, sintiendo como todo su cuerpo ardía, y si se hubiera detenido a pensarlo, quizás no hubiera hecho nada, quizás hubiera inventado algo gracioso, o habría salido de la situación con una excusa, pero esta vez Kara no pensó. Lamio sus labios en un acto reflejo y se acerco a la boca de la morena tan rápido que hasta ella misma se sorprendió por haberlo hecho, besos sus labios tan fugazmente que apenas dio tiempo a su cerebro de procesar la información. Lena mantenía los ojos abiertos como platos, ingenua de lo que estaba ocurriendo pero feliz de que ocurriera al fin, lo disfruto pese a la velocidad con que todo ocurrió. Cuando Kara se alejo sintió que no era suficiente, que ese beso impulsivo y casi adolescente no podía ser todo lo que consiguiera de la rubia esa tarde, pero cuando se disponía a abalanzarse como lobo hambriento pudo ver la cara de pánico de la mujer frente a ella, y eso la detuvo de ir más allá.

Kara saltó como un resorte del sillón cubriendo su boca con una mano y sin poder dejar de mirar a la morena, tenía la palabra pánico tatuada en sus ojos y por un momento Lena temió que esta sufriera un episodio similar al de esa mañana. Comenzó a caminar en círculos avergonzada por lo que acababa de pasar y maldiciendo a todos los dioses por su arrebato. La morena que no había dejado de seguir la escena con su mirada, finalmente se puso de pie para ir en su búsqueda y tratar de aclarar lo que pasaba y calmar a la rubia que estaba roja como los calcetines navideños que colgaban graciosamente de la pared tras el sofá.

L- Ey ey, tranquila, no pasa nada- dijo relajadamente mientras la abrazaba.

K- Lo siento tanto, no sé que me paso, te juro que no quise hacerlo- se apresuro a decir casi en un balbuceo apenas inteligible.

L- Yo creo que si sabes que te paso, y que si querías hacerlo Kara- exclamo al cabo de unos pocos segundos apartándose de su agarre para que se miraran a la cara. Sus ojos eras dulces y comprensivos, estaban por primera vez en su vida llenos de vida y esperanza, el corazón le palpitaba ansioso por escuchar las palabras que había anhelado por meses y que jamás pensó que pudiesen manifestarse al fin.- ¿Qué significo ese beso Kara?- pregunto incitándola a decir todo lo que sentía.

K- Lena yo no sé qué paso…

L- ¿Qué fue ese beso Kara?- repitió suavemente y con absoluta tranquilidad estresando todas las fibras del cuerpo de la mujer frente a ella.

K- Es que no…- pero Lena no la dejaba seguir balbuceando en busca de una mentira potable para el momento.

L- Kara- la increpó sabiendo que jamás lo diría si no la orillaba a hacerlo- dime que significo ese beso.

Los labios de la rubia temblaban igual que todo su cuerpo, sentía el calor apretarle el pecho y como un ratoncito asustado en un laberinto buscaba una escapatoria por todos los rincones de la casa. Si hubiera podido moverse habría salido volando por la ventana y destapado la verdad de una vez por todas con tal de no tener que lidiar con esa situación. ¿Y si Lena ahora se alejaba de ella?, ¿y si ya no quería ser su amiga?, ¿y si solo era amable por su evidente estado de pavor? Pero Lena no se movía, ni decía nada, solo la miraba con esos ojos verdes esperando una respuesta; no parecía molesta, ni confundida, parecía el mismísimo Buda, calmada, feliz, hasta hubiera jurado que disfrutaba el momento. Entonces no tenía escapatoria, alguna verdad debía decirle de una vez por todas, si no iba a ser su identidad, que fueran al menos sus sentimientos.

K- Creo que me gustas, y no como amiga, o como persona, creo que me gustas de gustar- dijo al tiempo que su rostro se ponía de todos colores. Una mueca de satisfacción se dibujo en la cara de Lena, hubiera deseado tener su teléfono cerca para gravar esa frase y oírla mil veces más.

L- ¿Lo crees o lo sabes?- pregunto la morena tirando del hilo lo mas que podía.

K- Lo sé – los ojos le brillaron como una niña enamorada esperando la réplica de sus palabras, tenía el corazón en la mano y al descubierto, podía ser pisoteado o podía ser el principio de algo verdaderamente único en su vida.

L- Entonces bésame como es debido- sonrió dulcemente después de soltar un suspiro y se aferró a la cintura de Kara con ambas manos para no dejar que se escapara.

La rubia titubeó tímidamente por un segundo mientras reía dejando ver sus dientes solo de a momentos. Finalmente acercó su rostro lentamente hasta topar su frente con la de Lena, la punta de su nariz le hacía cosquillas en la mejilla y no podía contener los nervios que la invadían. Esta vez el beso fue lento, su boca busco la de la morena como pidiendo permiso hasta encontrar esos labios dulces que tanto anhelaba en el último tiempo. Lena la acerco un poco más para que sus cuerpos se tocaran en cada punto de contacto posible, intensificó el beso al tiempo que su lengua se abría camino lentamente entre los pliegues de los labios de Kara en una danza que deseó que jamás acabara. Pronto el deseo se apoderó de sus cuerpos haciendo que el beso se hiciera más urgente, más desesperado, las manos de Lena pasaron de la cintura de Kara hasta los botones de la pijama, haciendo escala en todo el contorno del cuerpo de esa mujer que le fascinaba. La rubia se decidió a no pensar, se dejó llevar por las manos hábiles de la morena hasta que su camisa acabó adornando el piso de la cocina.

Camino con paso lento rumbo al dormitorio hasta que su cuerpo topo con la cama tras sus rodillas y cayó de espaldas con el peso de la morena sobre ella al tiempo que ambas reían divertidas por todo lo que estaba pasando. La kriptoniana acaricio la mejilla de Lena con ternura sin dejar de mirarla un segundo, la mujer frente a ella la observaba atenta sin perderse un solo gesto de su rostro, con la mano que tenía libre desprendió los botones torpemente hasta que los patitos volaron por la habitación hasta caer en una de las lámparas de noche. El beso que le siguió volvió a ser lento y cuidado, Kara sentía el calor de la piel de la morena rozando en cada centímetro de su torso desnudo y se pregunto cómo es que había estado tanto tiempo sin apreciar esa magnífica sensación. Porque el cuerpo de Lena no era como otros que había probado, no lo eran sus besos, ni sus labios, ni sus caricias, a esto se refería la gente cuando decía que el amor verdadero te marca la piel a fuego lento hasta que ya no te pertenece ningún centímetro de piel que ella haya tocado.

Una por una las prendas que quedaban entre ambas fueron cayendo al piso, resbalando entre las sabanas como trozos sobrantes de sus propias almas, Lena recorría cada punto del cuerpo de la rubia con una experiencia que no sabía de dónde había salido, pero sentía que conocía ese cuerpo tan bien como conocía el suyo, así que siguió tocando y besando a gusto y antojo mientras las manos de Kara hacían lo propio en su piel. Se habían borrado en un instante todos los idiotas con los que alguna vez había estado, sus manos eran suyas, sus ojos eran suyos, su boca era suya, pero ella le pertenecía a la mujer que ahora besaba su cuello tan delicadamente que la hacía sentir como si fuera su primera vez. Finalmente se ahogó el deseo en un grito a coro que no tuvo posibilidad de contenerse en absoluto, los vidrios estaban empañados por el calor que los cuerpos emanaban por cada uno de sus poros, pero afuera hacía frio, y Kara no puedo aguantar un minuto para arrastrarse bajo las sabanas y ser seguida por Lena que recupero rápidamente la posición que tenía entre esas largas piernas. Se quedaron en un maravilloso silencio por algunos minutos, la morena descansaba en el pecho de la kriptoniana con más paz de la que había tenido en su vida. Kara jugaba con los dedos de sus manos en la espalda mas blanca que jamás había visto, el blanco seguía siendo uno de sus colores favoritos. Luego de un rato de disfrutar de esa posición dejo escapar un suspiro, Lena que tenía su oído en el pecho de Kara atenta a los latidos de su corazón, quitó la mirada de los caminos de gotas que rasgaban los vidrios ahora mojados para mirar a la rubia.

L- ¿En qué piensas?- pregunto disfrutando de esa intimidad.

K- En que no quiero volver al mundo real, me quiero quedar en tu mundo todos los días, cada día de lo que me reste de vida.- Lena sonrió totalmente enternecida por la dulzura de la mujer que tenía bajo su cuerpo.

L- El mundo real nos necesita Kara- exclamo sonriendo mientras dejaba un beso en sus labios- pero siempre tendremos este mundo para nosotras, y no voy a dejar que nadie se entrometa.

K- Lo prometes

L- Te lo prometo- dijo casi en un susurro y volvió a besarla lentamente hasta que el vaivén de su cintura las llevo de vuelta al comienzo de esa danza de pieles ardientes, de deseo contenido y de gritos de alivio, después de todo, la noche apenas estaba comenzando.