Capítulo VII: Hospital

Día 5: Martes 21 de Enero

- Ella no cogió la audición – dijo Samanta a su jefa en su oficina.

- Mierda, mierda, mierda ¡ - gritó Quinn, parándose del sofá dónde se encontraba sentada y caminando de un lado a otro - ¿Cómo qué no la cogió? ¡, ella es muy talentosa - ella quería que Rachel surja más la paciencia no era lo suyo, ella se desesperaba y mucho, muy fácil.

- Cálmate Quinn te va a dar algo – pidió Samanta.

Quinn la ignoró y cogiendo su celular llamó a Alexia pidiéndole los detalles, casi acaba con la pobre mujer y eso que era muy temprano.

Rachel estaba desayunando cuándo entró una llamada al celular de Alexia y dándose cuenta que se le iba el color de la cara a Alexia se preocupó, ya que en los pocos días de conocerla empezaba a caerle bien, y no le había visto nunca en ese estado. Incluso pensó que talvez se trataba de una emergencia familiar, y por eso el gran susto.

- Sí, no, no, sí – era lo único que le oía decir y asentir o negar con la cabeza con el rostro muy pálido – lo siento, lo siento – se disculpaba ella y más se preocupaba Rachel.

Samanta le quitó abruptamente el celular a Quinn ya que sus suplicas no servían.

- Para Quinn, por favor detente – le rogaba a Quinn – parándose y quitándole el celular abruptamente para que todo termine y Quinn no se estrese más.

Pero eso no ocurrió, ellas empezaron a forcejear por el celular y Quinn al no poder hacer esfuerzos o colera, le sobrevino una sensación de entumecimiento general, sobre todo del brazo izquierdo, un intenso dolor en la espalda y mandíbula que la hizo gritar, sensación de aturdimiento, mareos y un intenso dolor en el pecho, que le hizo soltar el celular y cogerse el pecho muy asustada, lo siguiente que pasó es que Quinn se desmayó.

- Quinn, Quinn ¡ mierda – es lo que gritó Samanta al verse superada.

Alexia seguía los ahora gritos en el celular y ruido de fondo con un semblante de lo más preocupado que hizo a Rachel preocuparse más ya que ella no oía el celular en un inicio, ella veía los gestos y la falta de color en el rostro de Alexia, sólo pudo escuchar el sonido del celular al final, sólo porque ya eran gritos.

Rachel se acercó a Alexia justo cuándo de fondo se escuchó – Quinn, Quinn ¡ mierda – antes de cortarse abruptamente.

- Mierda – soltó Alexia de lo más preocupada

- ¿Qué está pasando? – se preocupó Rachel

- No lo sé – respondió Alexia muy pálida.

- Algo le ha pasado a Quinn – soltó Rachel y cuándo Alexia asintió, le recorrió un sudor frío por la espalda, una sensación de pavor único – ok vamos – pidió ella.

- No puedo – dijo ella

- ¿Cómo que no puedes? – preguntó Rachel

- Voy a dónde vayas, siempre con instrucciones, no te puedo dejar sola, sin instrucciones – acotó Alexia muy asustada y sin saber cómo responder o qué hacer.

- Ok si ese es el problema, me voy a buscar a Quinn, ven conmigo – le pidió y así ambas salieron juntas a buscar a Ollie y de ahí a la empresa.

En el camino, Alexia pudo comunicarse con Samanta – no están en la empresa, están en el hospital, vamos al hospital – le pidió Alexia a Ollie.

- ¿Por qué en el hospital? – preguntó Rachel ahora mucho más preocupada, sin entender bien por qué, ya que supuestamente "odiaba" a Quinn.

- No sé algo pasó y está en el hospital – soltó Alexia.

Quinn ingresó al hospital por el área de emergencia, área muy conocida para ambas.

Quinn fue a cirugía, y Samanta a esperar, con toda la culpa del mundo encima.

Alexia llegó un cuarto de hora después y al ver a Samanta así, no se lo dudó y fue a abrazarla, un abrazo muy fuerte, así como también contenerla al verla llorar tan desesperada.

Rachel miró todo muy preocupada, sin saber que estaba pasando, nunca había visto a ambas damas tan descompuestas. Ollie fue a averiguar algo a recepción, pero no le dijeron nada, el nombre de Lucy Quinn Cornell Fabray pesaba y mucho y más el secretismo alrededor de ella.

Ante un gesto de Alexia, Ollie fue a abrazar a Samanta, a contenerla cómo gran amigo que era de ella.

Alexia se acercó a Rachel para informarle de la situación de su jefa.

- Ella acaba de ingresar desmayada, parece un infarto cardiaco, eso es todo lo que sé – dijo con pesar. Rachel se asustó y mucho, ella estaba peleando constantemente con Quinn, pero lo último que quería era que le pase algo. Además, todo este escenario la teletransportaba a el día del accidente en su boda, un escenario terrible.

Tanto fue su miedo a que pase a mayores, observando a Samanta totalmente descompuesta, que llamó a Santana y le pidió que venga, cotándole lo que sabía y qué no podía estar sola. Santana fue con premura, también con mucho miedo de la que la vida de Quinn se acabe.

- Mierda, acabo de encontrarte, no te vas a ir así sin más, maldita sea Quinn, ¿por qué me asustas así? – se dijo mientras dejaba sus clases y se montaba al primer taxi que vio hacia el hospital.

Para cuándo llegó Santana, Rachel estaba muy asustada y preocupada.

Ellos se quedaron esperando a que el doctor salga, lo que ocurrió varias horas después.

Cuando el doctor salió, Samanta fue a darle el encuentro, no permitiendo que llegue hacia dónde estaban todos, incluida Rachel en ese grupo.

Rachel al ver que algo pasaba se paró y se fue hacia su encuentro, viendo en el proceso que el doctor la miraba a ella y luego a Rachel para negar con la cabeza con mucho cansancio.

Cuando Rachel ya se encontraba junto a Samanta, el doctor dijo – ha sido un preinfarto.

- Mierda – dijeron ambas

- ¿Pero ya está bien, estará bien?, ¿verdad? – preguntó Rachel con una mano al pecho, mientras detrás de ellas todo el grupo se acercaba a oír lo que pasaba.

El doctor miró por un largo rato a Samanta, cómo preguntándole ¿si les podía informar a todos de la real condición de Quinn? – ¿Con respecto a aquello? – preguntó Samanta, cómo diciendo al doctor que sólo quería saber lo del pre infarto.

Él asintió y siguió explicándose, Rachel observó todo tratando de analizarlo, definitivamente había algo más, esa expresión le quedó.

- La paciente ha sufrido un pre infarto – dijo – si hubiera demorado en traerla, estaría muerta – soltó totalmente deshumanizado cómo todos los doctores que conozco, que te dicen "voy a amputarle la pierna" cómo si estuvieran leyendo el periódico o los ingredientes para una comida. Totalmente deshumanizados. A mi me da asco, la gente que me conoce dice que así es la realidad de las cosas, y así debe ser, sino no podría atender al siguiente, menudo lío.

Él lo soltó muy tranquilo, todos los que oían se sorprendieron y mucho, se asustaron y mucho.

- ¿Pero qué ocasionó esto? – le preguntó Rachel, Samanta no hizo preguntas, ella ya lo sabía.

- Hay causas variables, a menudo es por stress, cuadros muy grandes, el fumar, la falta de comida saludable, falta de hábitos saludables, depresión, exceso de trabajo, el mismo estado del paciente y su susceptibilidad a todo – dijo mirando a Samanta. Cosa que le confirmó a Rachel de que había lago de fondo, tenía que haberlo - en fin, hay muchas cosas, que sólo sus familiares, su círculo cercano sabe.

- ¿Y ya está fuera de peligro? – preguntó Alexia

- Está estable. Aún no puedo asegurarlo al 100%, pero está en el mejor lugar para estar en estos momentos, necesita sí, descansar y mucho, no sorpresas por el momento o malas noticias. Me gustaría tenerla en observación por 48 horas para ver cómo se desarrolla su estado.

- ¿Puedo pasar a verla? – preguntó Rachel mirando a Samanta cómo pidiéndole permiso sin saber por qué lo hacía, ella asintió a todo.

- Puedes, pero está dormida, sólo cinco minutos. Cualquier cosa con la enfermera – pidió señalando a la enfermera que se haría cargo de la instancia de Quinn en ese hospital, antes de retirarse.

Ellos estaban conversando sobre poder verla o cuánto tiempo se iba a quedar, cuándo las enfermeras y un par de enfermeros acudieron raudos al cuarto de Quinn.

- Déjenme… - oyó Rachel que ella decía, y junto a todos, incluido el doctor fueron a verla.

Resulta que Quinn se había despertado y al verse en un hospital se asustó mucho, ella estaba forcejeando con un enfermero cuándo antes que Samanta fuera hacia Quinn, Rachel fue hacia ella, cogiéndola en un gran abrazo.

- Por favor, por favor – le suplicó susurrándole a su oreja para que se calmara, ya cuando Quinn pudo hacerlo, al menos sólo un poco, Rachel aun abrazándola ordenó – todos fuera – así, cómo una orden que sorprendió a todos, y cómo ninguno se movía añadió – soy su novia, todos fuera ahora – muy determinante. Samanta la ayudó y pidió también que todos se fueran, incluyéndola, dejando a solas a Rachel y a Quinn.

- Por favor- le susurró Rachel cómo si aún la sala estuviera llena – por favor, tranquila – le pidió – sobando con una mano de arriba y abajo su espalda, notando que Quinn estaba en bata y tenía la espalda desnuda, sintiendo su delicada y muy suave piel, junto a unas cuántas cicatrices que incomodó a Quinn, por lo que Rachel cesó el movimiento y sin permitirse no atiborrarse de pensamientos muy diversos, abrazó una vez más a Quinn, un abrazo muy tierno, permitiendo que Quinn se relajara en su contención.

Y así, teniéndola en sus brazos, la recostó sobre su camilla para regañadientes de Quinn, quién era obvio que no quería quedarse en el hospital.

- Por favor Quinn – le pidió Rachel – tranquila, por favor – le pidió dulcemente - No te gustan los hospitales ¿verdad? – le preguntó lo obvio creyendo que su odio por los hospitales era por su accidente cuando tenía 16 años.

- No – dijo Quinn negando con su linda cabecita, mientras Rachel se sentó en una silla anexa a la camilla, cogiendo su manita.

- Eso está bien y ¿sabes qué? – le preguntó dulcemente Rachel mirando a la hermosa criatura que era Quinn, y lo vulnerable que parecía.

- ¿Qué? – preguntó Quinn sumergida en una hermosa bruma.

Rachel la miró por un momento muy tiernamente y dijo – te aguantas.

- ¿Qué? ¡ - medio preguntó y medio gritó en una gran sorpresa, con una carita tan adorable, un puchero tan bello que Rachel no supo cómo aguantó para no reír por tanta adorabilidad y no besar ese rico puchero.

- ¿Qué? ¡ - medio preguntó y medio gritó internamente ella - ¿Qué acabo de pensar? – sorprendiéndose a sí misma.

- Rachel ¿Qué? – volvió a preguntar Quinn obligando a Rachel a pisar tierra y pensar lo que iba a decir.

- Bueno, eso – recuperándose ella continuó – que te aguantas Quinn y cuándo ella iba a hablar, Rachel intervino – no, no Quinn – acompañando sus palabras con ademanes – te dio un pre - infarto, pudiste morir, si te vas, y tienes esto en otro lado, te mueres, así de simple – le dijo, sintiéndose de pronto muy mal, como si estuviera en el fondo de un pozo ante la sola idea de que Quinn pueda morir - Así que, por más que quieras irte, te aguantas y te quedas – ordenó y por más que Quinn hizo un puchero demasiado adorable, Rachel no falló en su resolución.

- Te quedas – le ordenó apretando una mano suya.

- Me quedo – contestó Quinn a regañadientes mal humorada y con pucheros muy ricos, tremendamente adorables – pero sólo un día

- Tres – propuso Rachel

- Dos y es todo – negoció Quinn

- Dos y es todo – repitió Rachel con una sonrisa.

Y así, Quinn se quedó recostada sobre su camilla, Rachel la tapó con una sábana y cogiendo su mano fuertemente, entrelazando sus manos se disculpó – lo siento

- ¿Qué, por qué? – preguntó Quinn mirándola de lado.

- Peleé contigo, te dije que te odio y no es verdad no te odio … - y Quinn la interrumpió

- Sé que no me odias, no puedes hacerlo, está en tu crianza

- Listilla – añadió Rachel haciendo sonreír a Quinn

- Me disculpo – acotó Rachel – por si algo de lo que hice te puso aquí en el hospital – le dijo mordiéndose el labio

Quinn se acomodó de lado con un poco de dificultad respondiéndole – no hiciste nada para mandarme aquí.

- Casi mueres Quinn – susurró mirándola.

- No es tu culpa – le dijo deseando haber tenido esa conversación cuándo tenían 16 años, y deseando no haberse distanciado tanto, mismo deseo que compartía Rachel, sin saber ambas que compartían ese deseo.

- Te dije de todo, ¿cómo no es mi culpa? – preguntó con una expresión muy tierna que hizo alterar los latidos de corazón de Quinn en el monitor que los medía quién se sonrojó al notar que Rachel lo notaba y sonreía. Rachel el dio un apretón en su manita para que Quinn le cuente más.

- Todos los días en cada reunión recibo y doy mucha mierda, es imposible pasar mi día sin tener algún capullo creyéndose el mismísimo rey, señor y patrón. No fue por eso mi coraje – le susurró Quinn de pronto poniéndose sería

- ¿Por qué fue entonces? – le preguntó Rachel queriendo saber si había algún idiota que tenía que poner en su lista negra.

No malentiendan, la relación entre ambas no se podía describir con algún término que conozca, pero no era de odio, ni de amor. Habían muchos años de no comunicación entre ambas que imposibilitaron su relación.

Ahora juntas, al volver a encontrarse eran pasos sobre hielo, los pocos que iban avanzando cada día.

Quinn renegó un rato y Rachel le recordó que justamente eso era lo que le había traído al hospital, dándole masajes lentos sobre su corazón, sobre su pecho, sobre su bata – Quinn por favor – le susurró.

- No te cogieron para la audición – susurró ella enojada con su mejor mirada de "Ice Quinn" y su puchero muy marcado, mirando al techo aún con sendas manos entrelazadas.

- ¿Qué? – preguntó ella, por más que había oído todo.

Y Quinn se lo iba a repetir cuándo ella intervino – te escuché la primera vez Quinn.

- Pues fue eso, me enojé mucho – respondió Quinn mirándola

- ¿Qué? – pensó internamente Rachel preguntándose - ¿se enojó tanto, que le dio un pre-infarto?, ¿acaso tiene tanta fe en mí?

Y es más se lo preguntó – Quinn ¿acaso tienes tanta fe en mí?

- Por supuesto – se lo dijo Quinn – tienes mucho talento, y el sólo hecho de que ellos no lo vean, me hace enojar y si pienso en el sólo hecho de que ni siquiera te den una oportunidad a una audición, pufff, eso me enferma aún más – le dijo haciendo que la maquina del monitor que alertaba sus latidos incrementaba.

- Quinn, por favor – le pidió Rachel – cálmate – dijo viendo la máquina y el número de sus latidos – por favor tranquila, respira – le rogó y Quinn asintió, también notando el monitor y el gran hecho de que debía calmarse.

Rachel le ayudó a dar grandes y pausadas respiraciones, y Quinn lo hizo manteniendo su mano entrelazada con la de ella.

- Quinn, he tenido participación en dos obras, y en una de ellas era un hermoso árbol – le dijo con un gesto muy adorable que hizo reír a Quinn – y siete rechazos y si cuento con esta audición serían ocho – añadió pasando un dedo atravez de su entrecejo para borrar el ceño fruncido de ella – y tendré más, así es esto, pueden rechazarme noventa y nueve veces, la cien será la vencida. Al final voy a vencer, y esa es mi motivación – concluyó con gran sonrisa.

- Será menos de noventa y nueve veces Rach – se dijo internamente, Rachel sería grande, y eso era su mayor motivación.

Ellas iban a seguir hablando cuándo un hombre mayor entró al cuarto muy preocupado – bebé, casi me da algo, al enterarme que estabas aquí y nadie me ha avisado ¿Cómo es eso posible? – preguntó con sus brazos en jarra y su mejor cara que imitaba un enojo, pero no era así, él jamás se enojaba con su nieta, él la adoraba.

Rachel soltó la mano de Quinn al ver que él la miraba interrogante.

- Hola abu – le dijo con un lindo puchero y abriendo ambos brazos para abrazarlo.

Él fue a darle un gran abrazo y Rachel aprovechó para salir del cuarto hacia la sala, dónde Alexia estaba conversando con Samanta en una esquina, Samanta se veía fatal, muy descolocada y preocupada.

- Eso no es normal – se dijo internamente Rachel – te preocupas por un jefe, sí. Pero no al punto que llega Samanta, y no es por miedo a que te despidan, eso se ve a leguas – razonó ella – hay algo más y no sé qué es – concluyó con cierto fastidio en su pecho, no supo por qué, pero había algo en su relación que la molestaba.