Capítulo VIII: ¿Qué está pasando?
Día 5: Martes 21 de Enero, cerca al medio día…
Quinn seguía renegando todavía en el hospital en su camilla y cada que trataba de levantarse, sólo hacía falta de la levantada de ceja de su abuelo quién seguía sentado en la silla anexa a ella, para que ella pare con sus acciones.
- Sólo me estoy acomodando – decía Quinn con su lindo puchero a lo que su abuelo se reía y mucho.
- Awww mi amor, eres demasiado adorable mi bebé – le decía su abuelo riéndose ante el lindo puchero de su nieta – y no, no te irás.
- ¿Pero abu? – pedía ella con su puchero perfeccionado
- Yo cree ese puchero mi amor, soy inmune a él – decía orgulloso y juguetón, riendo por los intentos de su nieta para irse del hospital.
- Ufff – Quinn bufaba ante la inmunidad de su abuelo ante su ternura, él se reía.
Él se paró de un momento a otro para buscar al doctor, conversar con él, con Samanta quien estaba muy preocupada por el estado de su Quinn, de su Lucy, de su amor.
Quinn veía a su abuelo conversar con Samanta a través de la ventana, viendo cómo él iba todo Fabray sobre ella.
- Pobre Sam – decía ella viendo cómo su mejor amiga, asentía y negaba con la cabeza recibiendo todas las quejas de su abuelo, sobre el "por qué no había sido notificado primero y había tenido que ser llamado por el agente de seguridad del hospital", al ser un amigo suyo del colegio. El color de la cara se le iba a Samanta, ya que el abuelo de Quinn podía ser muy intimidante cuándo quería, ni que decir de Alexia que, por orden de Samanta, no interactuó con él, y sólo veía de lejos cómo él le daba una paliza verbal.
- Pobre Sam – decía ella sentada en otro ambiente con vista hacia dónde estaba Samanta – no es su culpa lo que pasó – se decía a sí misma.
- Pero no le avisó, eso es su culpa ¿verdad? – preguntó Santana que estaba sentada junto a ella con Rachel al otro lado, las tres atentas a lo que ocurría.
- Supongo - dijo ella abatida mirando al suelo.
- Hey, tranquila – le dijo Santana pasando un brazo por su hombro – no es la culpa de ninguna de las dos – ahí Rachel aprovechó para contarles que Quinn había tenido gran coraje por la audición.
- Mierda – soltó Santana, Alexia asintió diciendo – ella es muy apasionada – sonriendo un poco por ello.
- Supongo que abu Fabray no sabe el por qué ¿verdad? – preguntó Santana
- No – admitió Alexia
- San, si supiera ¿crees que estaría aquí aún viva? – preguntó Rachel
- Tienes razón - admitió Santana y viendo que Alexia estaba de bajón y no su habitual sonrisa dijo – hey – le volvió a decir a Alexia apretando su hombro con una mano – anímate, Quinn estará bien, el susto ha pasado – pero Alexia seguía apagada mirando a Samanta – oh, entiendo – dijo Santana dándose cuenta.
- ¿Qué? – preguntó Rachel.
- Te gusta ¿verdad? – le preguntó Santana a Alexia mirándola a ella y a Samanta. Alexia se sonrojó y se paró para no responder – voy por bebidas – dijo ella
- Corre cobarde - susurró Santana – ay todo lo que me llego a enterar – dijo con mucha gracia y con una gran sonrisa.
- Oh vaya – recién lo notó Rachel – se gustan- soltó.
- No Rach, a Alexia le gusta, Samanta no creo que comparta sus sentimientos – eso hizo pensar a Rachel, Samanta lucía abatida, pero por Quinn, y si bien era su jefa, siempre podría estar el caso que estaba tan asustada por el abu Fabray.
Sí claro, mintiéndose a sí misma, o no dándose cuenta ¿?
Quinn se paró y salió del cuarto caminado muy despacio y en camino hacia su abuelo, para que no destroce a Samanta pasados ya quince minutos.
- Abu – susurró ella vestida en la bata del hospital ante los dos, quiénes reaccionaron muy rápido hacia ella.
- Señorita Cornell, por favor- pidió Samanta preocupada, cogiendo un brazo de ella para que se apoye.
- Cariño, ¿qué haces de pie, bebé? – preguntó su Abuelo, cogiéndola del otro brazo.
Todo ante la atenta mirada de Rachel y Santana, quién miraban la interacción cuál halcón, absorbiendo cada detalle. Alexia un poco más allá también lo hacía.
- Abu te lo ruego, no quiero quedarme aquí por favor – le pidió por más que ya había quedado con Rachel que sí iba a pasar dos días enteros – por favor – le rogó.
- Por favor Sr Fabray – le rogó Samanta también causando que todas las miradas vayan hacia ella.
- Mierda – pensó Samanta un poco intimidada por la intensa mirada del abuelo de Quinn, pero al ver la carita ilusionada de su amor, se decidió a ser valiente o probar su suerte.
- Sr Fabray por favor, se lo ruego, la Señorita Cornell odia los hospitales dada su propia historia – haciendo que Quinn agrande sus ojitos por la sorpresa y el Sr Fabray levante una de sus cejas interrogándola – por favor, le ruego el poder llevarla su departamento, la cuidaré con mi vida – le pidió sosteniendo su mirada con la de él, por más que se estaba muriendo de miedo por la reacción de él y tragando espeso le dijo – lo juro con mi vida.
- Abu, por favor – pidió Quinn con su adorable puchero.
- Mierda - decía Santana a la distancia conversando con Rachel y mirando la escena frente a ellas - ¿quién diría que Samanta era valiente o estaba un pelín deseando quedar muy desempleada? – Rachel no respondió, se preguntó a sí misma internamente - ¿acaso Samanta es muy leal con Quinn? Haciendo que ella sea una empleada A1 o pasa algo más. Y si pasa algo más ¿por qué me importa?
Al final el abuelo Fabray cedió al recordar lo mucho que Quinn sufrió después de su accidente.
- Te amo bebé – le dijo abrazando a su nieta – tienes toda la semana libre, no quiero que revises ni un sólo contrato ¿entiendes? – eso iba a ser difícil para Quinn, ella vivía para el trabajo y aunque su abuelo no supiera, para Rachel también, esa era su condición para que ella descanse en su departamento – estoy seguro que formaste bien a Samanta y a su asistente, Alexia, quién me tiene mucho miedo al parecer – señaló, Alexia a la distancia asintió.
- Todos te tienen miedo abuelo – le susurró Quinn para que él sólo lo escuche – eso te divierte – le dijo con cariño abrazándolo.
- Ohhh bebé, a mi edad, esa es una gran diversión – le susurró guiñándole un ojo y dándole un gran beso sobre su cabecita.
- Ok acepto, pero vas a descansar, no quiero saber lo opuesto – le pidió en voz alta
- Sí abuelo – aceptó Quinn.
- Te dejo en buenas manos, mi amor, te veo más tarde ¿ok? – dijo despidiéndose de ella repartiendo besos sobre su carita.
- Sí abuelo – se despidió ella y con ayuda de Samanta volvió a entrar a su cuarto, cerrando la puerta y las persianas detrás de ellas. Supuestamente para ayudarle a cambiarse, pero también para tener más privacidad.
…
- Mierda Lucy – sollozó Samanta incapaz de controlarse más, Quinn se giró hacia ella abrazándola.
- Lo siento Sam, no llores – le susurró y aun así Samanta se rompió y se echó a llorar muy asustada por casi perderla.
Y aún llorando ella sostuvo a Quinn, ya que no podía ser lo opuesto por el mismo estado de Quinn.
- Te amo – le susurró – no voy a morir, nos queda un año juntas ¿recuerdas? – dijo Quinn dándole un beso en la punta de su nariz.
- Te amo más – le respondió - más de un año – acotó – no te pases de listilla – dijo haciéndola reír.
Y así una en el abrazo de la otra, ambas riendo, Rachel interrumpió abriendo la puerta y notando a ambas en una posición muy íntima – hummm hummm – carraspeó – lo siento por interrumpir, pero Samanta, el Sr Fabray te busca – le dijo.
Y Samanta dejando delicadamente a Quinn sobre la camilla, se limpió cómo pudo y salió a recibir algunas directivas del Sr Fabray quién al verla se apiadó un poco agradeciéndole al final por cuidar de su niña.
Él no era ciego, él ya sabía que Samanta amaba a su nieta – lástima – se dijo internamente – si tan sólo mi bebé sintiera un poquito por ella, sería muy feliz. Samanta es una gran chica – reconoció recordando cómo ambas se conocieron a los 16 años con el terrible accidente de su bebé.
…
- ¿La hiciste llorar? – preguntó Rachel mirando a Quinn quién levantó sus hombros rítmicamente sólo para quejarse después ya que le dolía el cuerpo – ouchhhhh – se quejó muy adorablemente.
- Quinn por favor – le pidió Rachel abrazándola – casi mueres hoy – Quinn asintió con un lindo puchero – y me prometiste que te quedarías dos días en el hospital ¿qué pasó con eso? – le preguntó aún abrazándola.
- Odio el hospital Rach, no me hagas quedarme, te lo ruego – pidió con un puchero muy rico, pero también con una mirada suplicante. Rachel entendió entonces que debía ser por lo que pasó a los 16 años.
- Está bien – asintió Rachel
- Levantaría mi puñito al aire, pero estoy muy dolorida – dijo Quinn sonriente.
- ¿Y cómo te vas a quedar sola en el departamento, si estás tan dolorida? – le preguntó incrédula a que se vaya a quedar sola.
- No sé, vendrá Samanta – dijo despreocupada colocándose muy lentamente le abrigo encima dispuesta a irse así, sin más. No quería vestirse frente a su Rachel, estaba ya muy emotiva y dolorida cómo para pasar por todo lo que implicaría al ver que ella veía sus cicatrices. Rachel la ayudó a ponerse el abrigo a la par que se quedaba pensando un poco fastidiada sin saber por qué, diciéndose - tal vez que era por que en su adolescencia hubiera dado todo lo que tenía por la atención de Quinn y ahora que no la tenía – creía ella erróneamente – le fastidiaba.
Rachel la ayudó a vestirse y a sentarse en una silla de ruedas, así salieron ambas del hospital y hacia el auto.
Su abuelo ya se había ido. Samanta esperaba en el pasadizo junto a Alexia para acompañarla, y así con todas las chicas, Quinn Fabray salió, camino hacia su departamento.
…
Ya Quinn en su departamento por la tarde con su abuelo, relajados ambos, decidió compartir ese día con él, cómo la familia que eran.
…
Rachel y Santana estaban en el nuevo departamento de Rachel.
- ¿Eh qué pasa? – le preguntó Santana a su amiga al verla apagada.
- Quinn casi muere hoy – soltó y ante la mirada acentuada de su amiga – y la relación con Samanta no me cuadra, pasa algo – dijo incapaz de guardarle nada a Santana.
- Bueno, hoy ha sido un día de miedo – admitió ella abrazando a su amiga – todo saldrá bien, hay que tener fe – le dijo y Rachel asintió – también calma- pidió ella
- Ohh – contestó Rachel, ella tenía paciencia, pero si estaba incluida la salud de Quinn en ello, ya no había nada de paciencia en aquello – sabes creo que en algún punto tenemos que retomar una relación sana con ella sea cual sea, no podemos seguir caminando en una línea paralela a ella.
- Rach – musitó Santana – el hecho de que casi muera no es razón suficiente para que decida eliminar años de no saber nada en la vida de la otra - admitió renegando Santana y retirándose a su cuarto a descansar. Todavía muy encabronada con Quinn por irse de su vida un día sin más.
- ¿Y cuándo lo será, entonces? – preguntó al aire Rachel, antes de intentar seguir con su día.
…
Alexia estaba en su departamento, uno pequeño considerando el de Samanta, y ni que compararlo con el de Quinn, ya que la comparación era imposible.
Ella agradeció tener la tarde libre, más no la quería así, si involucraba la salud de su jefa.
- Casi muere hoy – susurró para sí misma en la cocina mientras se preparaba un aperitivo – mierda – se lamentó ella hasta incluso se culpó – sé que Samanta la ama – soltó al aire – pero no quiero que le pase nada a Quinn, no le deseo mal – dijo ella. Quinn era una gran jefa, interactuaba muy poco con ella, pero cuándo lo hacía era muy amable y justa. Salvo el día de hoy, pero eso lo atribuyó a su falta de paciencia, todos en la empresa sabían qu su jefa padecía de eso, no la culpó de nada.
Ella llevó los aperitivos a su sala y se puso a comer, mirando la televisión, sólo para pasar el rato sin ningún plan en su mente.
Dos toques a su puerta le hizo saber que tenía visita.
- ¿Qué raro? – se preguntó - que yo sepa mis padres no están en la ciudad y no conozco a alguien que conozca mi casa y vengan a verme – soltó, reconociendo que era una mujer muy privada, y que sus amigos no conocían su casa.
Ella fue hacia la puerta, sólo para encontrar a Samanta del otro lado, muy ebria.
- ¿Señorita Smith? - preguntó ella
- Hola Ale – dijo tratando de mantener su equilibrio.
- Samanta – cambió ella al notar su estado de embriaguez - ¿estás bien? – le preguntó ayudándole a entrar y sentarse en su sillón.
- Sí – dijo ella pasando una mano por su cabello – sólo estaba muy asustada y no sabía dónde ir, no puedo ir con Quinn, está con su abuelo y él me da miedo – finalizó con un gran puchero.
- Ok – asintiendo Alexia - ¿entonces viniste a verme? – preguntó lo obvio.
Samanta asintió y se refugió en el espacio de su cuello susurrando – me dio mucho miedo, pensé que iba a morir – contándole acerca de lo falta de ese día con Quinn. Alexia la abrazó muy fuerte, meciéndola un tanto.
- Yo también me asusté mucho – le dijo - ¿por eso has tomado? – le preguntó
- Sí – asintió Samanta – la amo Ale – se lo confirmó mirándola y renegando por la impotencia de no poder estar junto a ella en ese momento – no puedo ir ahí, y no quiero que esté sola, casi se muere Ale – susurrándole un poco fuerte le dijo acompañando sus palabras con gestos y una que otra lágrima por todo – no puedo ir ahí – se quejó Samanta antes de echarse a llorar otra vez. Eso le partió el corazón a Alexia, por verla llorar, tan impotente de no poder hacer nada por ella. Y por lo que dijo acerca de que ella "la amaba".
Ella había escuchado rumores, pero nunca en su más loco sueño pensó que fuera verdad.
Samanta amaba a Quinn y no a ella, eso le rompió el corazón y hasta se hubiera echado a llorar si no fuera por el estado tan vulnerable de Samanta.
- ¿Quieres un café? – le preguntó a cambio, Samanta negó con su cabecita - ¿Quieres dormir un poco? – le preguntó y Samanta asintió, mareándose un poco por el movimiento.
Alexia la llevó a su cama, que no era tan grande cómo talvez sí lo sería la de Samanta, pero que era muy suavecita.
Ella la recostó y le sacó los tacos para que pueda dormir mejor, así como le desabotonó los botones de la parte superior de su uniforme para que estuviera más cómoda. Y ya cuándo pensaba irse al sofá para pasar así su tarde, Samanta le cogió la mano – no te vayas por favor, no quiero estar sola – le suplicó con la mirada
- No me voy – le susurró ella también, metiéndose a la cama con ella.
Samanta se giró y se acurrucó en el espacio de su cuello – gracias Ale – le dijo colocando un suave beso en su cuello para después acurrucarse más y quedarse dormida poco a poco.
Poco o nada era la interacción de ambas en la empresa y fuera de ella, y el sólo hecho de tenerla en su cama, acurrucada con ella, por más que estuviera ebria, era un hecho enorme.
Alexia por ese simple gesto muy bello de Samanta, estaba que alucinaba que se puso muy feliz, a sonreír así muy grande. La chica de la cuál ella estaba perdidamente enamorada, le había dado un beso muy rico en su cuello y se iba a quedar toda la noche a dormir con ella.
Eso era enorme, gigantesco, ella se puso muy feliz y por más que Samanta había dicho que amaba a Quinn, esa declaración no le quitó la felicidad que estaba experimentando.
Alexia tapó a ambas y así se pusieron a descansar la media tarde.
