A/N: No voy a andar con rodeos luego de la larga espera por este capítulo, sólo quiero hacer una ADVERTENCIA, este capítulo contiene partes con un poco de abuso físico y mental, y un poco de violencia.
Sólo eso, aquí les dejo el capítulo 20.
B.H.
Capítulo 20
Regina regresó a su casa como en autopiloto. Estaba demasiado aturdida. No podía creer que Emma estuviera desaparecida, y sabía que era culpa suya.
Al aparcar el coche en el garaje la morena apoyó la cabeza sobre el volante y comenzó a llorar. "Por favor vuelve a casa, Emma. Por favor regresa sana y salva… no me dejes".
Se sentía tan miserable. Emma lo era todo para ella, y ahora por su culpa la rubia estaba vaya uno a saber dónde. ¿Cómo pudo haber sido tan idiota? ¿Cómo no pudo notar que estaba dejando que su reputación destruyera la mejor relación que había tenido en toda su vida? Desde pequeña soñaba con encontrar a ese alguien especial que la hiciera sentirse completa. Ese alguien que pusiera su mundo de cabeza y la hiciera viajar a otras dimensiones con tan solo una mierda. Ese alguien era Emma, lo sabía y necesitaba recuperarla. Sabía que había pasado poco tiempo sin ella, pero era suficiente para sentirse vacía. Emma era su luz, y sin ella su mundo estaba a oscuras.
Secó sus lágrimas, y respiró profundamente para intentar calmarse antes de entrar en su casa. Sabía que su madre y su hermana estaban preocupadas por ella, pero no quería que la vieran en un estado tan vulnerable. Debía mostrarse fuerte. Quería sentirse fuerte y no dejar que el peso de la situación la hiciera desmoronarse. Si deseaba encontrar a Emma debía ser más fuerte que nunca.
Cuando se disponía a salir del coche alguien golpeó su ventana. Regina dio un respingo y se volteó a ver quién era. Era demasiado tarde y se sorprendió mucho al ver a Robin allí parado.
Bajó la ventanilla un poco, pero no hizo amago de salir del coche. -Robin, ¿qué haces aquí?-
-Gina, he intentado contactarte desde hace horas.- Respondió el chico un poco corto de aliento.
Era cierto, Regina había recibido varios mensajes y llamadas del chico, pero había ignorado todos, ¿Cuál motivo tenía para hablar con él? Sin mencionar que su novia estaba desaparecida y eso era de más importancia.
-Estuve ocupada… y ahora si me disculpas, quiero ir a descansar.- Respondió la morena fríamente abriendo la puerta del coche.
-Has estado buscando a Emma, ¿no?-
Esto hizo que la chica se detuviera en seco. -¿Qué…? ¿Cómo sabes…?-
-Sé en dónde está.-
Regina salió por completo del coche y cerró la puerta detrás de ella. -¿Qué es lo que sabes, Robin?-
-Veras, esta tarde luego de la práctica cuando volvía a casa la vi… y yo… bueno, sólo la vi hacia dónde se dirigía, y creo que todavía sigue allí.-
La morena sintió su corazón acelerarse al oír las palabras de Robin. ¿Sería cierto? ¿Había visto a Emma? Estaba tan desesperada por encontrar a su novia que no se detuvo a pensar que se trataba de Robin con quien estaba hablando. El chico odiaba a la rubia y en cualquier otra situación Regina hubiera sospechado que algo andaba mal, pero en ese momento su mente solo podía pensar en encontrar a Emma.
-¡Dime en dónde está!- Exigió mirando con desesperación a su ex novio.
-Ven conmigo… yo te llevo.- El chico ya estaba dando media vuelta y volviendo hacia su coche que se encontraba aparcado sobre la acera a unos metros de allí.
-¡No! ¡Dime en dónde está!- Repitió la morena dando un paso hacia Robin.
-Gina, es mejor si vien…-
-¡DIME EN DÓNDE ESTÁ!- Comenzaba a perder la poca paciencia que tenía.
-Gina, por favor cálmate.- Robin hablaba con calma, tratando de tranquilizar a Regina. -Déjame que yo te lleve. Será más rápido si vamos en mi coche… y…- El chico la miro detenidamente. -No quiero que conduzcas en este estado. Te ves muy alterada.-
Regina sintió ganas de darle una bofetada, pero en el fondo sabía que tenía razón. Sería más fácil si él la llevaba hacia donde estaba Emma que si ella tenía que seguirlo con su coche, o si debía ir sola hasta allí, corriendo el riesgo de no encontrar el lugar exacto.
Se quedó en silencio unos segundos mirándolo fijamente, y luego asintió con la cabeza.
Robin le sonrió y le dijo que sería mejor que se dieran prisa. La morena ni se detuvo a tomar su bolso ni su teléfono, que seguían en el coche, sólo podía pensar en Emma, en encontrarla, en estar con ella nuevamente. Su mente sólo gritaba EMMA.
UNAS HORAS ANTES
Luego de su encuentro con Zelena en el muelle Emma comenzó a caminar sin rumbo alguno. Simplemente dejó que sus pies la llevaran a donde sea, sin levantar la vista del suelo.
Perdió la noción del tiempo por completo, estaba sumergida muy profundamente en sus pensamientos hasta que sin notarlo había chocado contra alguien que caminaba delante de ella.
-Lo siento.- Dijo rápidamente sin levantar la mirada, hasta que la otra persona habló y reconoció su voz.
-¡Vaya vaya! Pero miren quién es.-
Al levantar la mirada la rubia se encontró con la sonrisa burlona de Killian. No quería que él la viera en ese estado, con los ojos rojos y las mejillas surcadas por sus lágrimas, que ya hacía tiempo se habían secado.
Intentó moverse hacia un costado y evitarlo, pero él chico se movió delante de ella. Y al intentar moverse hacia el otro lado él volvió a impedirle el paso.
-¿Qué es lo que quieres?- Dijo Emma, esperando sonar un poco amenazante, pero lo cierto es que su voz salió en un triste susurro.
-¿Qué es lo que sucede, cariño? ¿Por qué la cara larga?- Su voz detonaba tanta burla que Emma sintió ganas de llorar nuevamente. Sus defensas estaban demasiado bajas como para soportar los ataques de un bully.
-Déjame en paz, Killian.- Intentó volver a moverse, pero el chico no la dejaba irse.
-¡Oh vamos! Puedes decirle al viejo Killian qué es lo que sucede.- El moreno se había parado al lado de ella y había posado un brazo sobres sus hombros. -O mejor déjame adivinar… ¿se trata de tu noviecita?-
Emma se puso rígida al oír eso. No esperaba que Killian estuviera al tanto de su relación con Regina. Sabía que ambas habían sido lo más discretas posible en cuanto a su relación, sin importar cuántas veces Regina la hubiera besado en la escuela, siempre habían estado ocultas.
-Ah ya veo… di en el blanco.- Dijo el moreno al notar el silencio y la postura de la chica.
Emma se recuperó de su ensimismamiento y se separó bruscamente del abrazo del chico. -Nose de qué estás hablando.-
Se disponía a seguir caminando, pero el muchacho la detuvo tomándola del brazo. -No creas que he notado tu relación con la perra esa. Toda la escuela debe saberlo.-
-¡Déjame tranquila! Nose de qué hablas.-
-Ya… seguro. ¿Por qué no le preguntamos a nuestro amigo Robin?- Killian comenzó a arrastrar a Emma hacia un pequeño callejón a pocos metros del lugar en dónde se encontraban. -Él sabe muy bien de lo que estoy hablando.-
Al encontrarse en la entrada del callejón Killian empujó a Emma hacia adelante y ella se tambaleó un poco, pero no cayó.
-¡Oye, Robin!- Killian levantó la voz y resonó con eco en las frías paredes llenas de grafitis. -¡Mira a quién he encontrado!-
Emma notó una pequeña abertura en una de las paredes y vio a Robin salir del estrecho lugar. Llevaba un cigarro en una mano y una botella en la otra.
-Oh vaya, pero si es mi huérfana favorita.- Al oírlo hablar Emma pudo notar que estaba ebrio. -¿Qué te trae por aquí?-
-La encontré perdida deambulando por la calle.- Killian respondió empujando a la chica más adentro del callejón.
-No te vimos hoy en clase.- Robin se acercó a ella, y entre él y Killian comenzaron a acorralarla contra una pared. -¿Qué sucedió? ¿Al fin notaste que estás de sobra en nuestra escuela?- Dijo el chico y Emma pudo ver claramente la ira en sus ojos.
-Oh de eso no hay dudas.- Dijo Killian riendo mientras tomaba la botella de la mano de Robin y le daba un gran sobro. -Todos en la escuela saben qué clase de escoria eres.-
-Sí, ¿quién la querría en nuestra escuela? Ni siquiera sus padres la quisieron.- Robin le dio una gran calada a su cigarro y escupió el humo en el rostro de Emma.
-¿Y esa maestra que la trajo aquí? ¿Mary Margaret?- Preguntó Killian entre risas. -¡Oh Dios! ¿Cuánto crees que le habrán pagado los de asistencia social para que la traiga aquí?-
-No debe haber sido mucho si ambas viven en esa pocilga.-
Emma estaba muda, se sentía atrapada. Los dos chicos la tenían acorralada contra la pared, y sus palabras la estaban lastimando demasiado. Tenía la guardia baja desde aquella mañana y no sentía fuerzas para defenderse. Sólo quería que la dejaran en paz.
-¿Qué? ¿No vas a decir nada?- Robin se acercó a ella y puso un brazo al costado de su cabeza, aprisionándola cada vez más.
-Yo…- Emma intentó hablar, pero su voz era muy débil.
-¿Qué te pasa? ¿No te sientes muy fuerte si no tienes a tus perritas guardianes contigo?- La rubia sentía náuseas al sentir el olor a alcohol en el aliento de Robin.
-Y pensar que ellas se veían muy felices esta mañana cuando no apareciste por la escuela.- Killian hablaba entre risas, como si toda la situación fuera de lo más cómica para él.
-En especial Regina.- Robin miraba fijamente a Emma a los ojos. La rubia intentó desviar la mirada, pero el chico la tomó bruscamente del mentón y la obligó a mirarlo. -Creíste que podrías alejarla de mi, ¿no?-
Emma sintió sus ojos llenarse de lágrimas al oír el nombre de Regina en labios de Robin.
-Yo no…- Intentó hablar, pero Robin la empujó más fuerte contra la pared del callejón.
-Creíste que podrías quitármela. Que podrías convertirla en una escoria como tú, que podrías transformarla en una asquerosa lesbiana.-
Una lágrima rodó por la mejilla de Emma, se sentía en una pesadilla. Estaba atrapada, quería cerrar los ojos y desaparecer, pero no podía, Robin la tenía prisionera.
-¡Pero no! Regina es mía, siempre será mía. Hoy estuvo muy feliz cuando decidí darle una segunda oportunidad.- Robin sonreía de forma maliciosa al notar el daño que le estaba causando a Emma. -Me pidió disculpas por haberse dejado engañar por alguien como tú.-
-Regina fue bastante ingenua, ¿no crees?- Preguntó Killian mientras seguía tomando de la botella.
-Oh si, demasiado ingenua.- Respondió Robin sin apartar la vista de Emma. -Pero sólo porque necesita de un buen hombre que la enderece un poco.-
-¿Y qué hay de nuestra amiga huérfana? ¿No crees que necesita que un hombre la enderece un poco?- Killian dejó caer la botella vacía al suelo, pero no se rompió.
-Sí, esta pequeña lesbiana necesita ser corregida.-
Emma entró en pánico al oírlos, sabía qué estaban planeando. Debía actuar deprisa o lo lamentaría.
Sin pensarlo dos veces levantó su rodilla a toda velocidad y le dio un golpe en la entrepierna a Robin, quien gruñó de dolor y se alejó unos pasos hacia atrás. Killian estaba demasiado ebrio como para reaccionar deprisa, así que Emma aprovechó esos pequeños segundos para levantar la botella del suelo y golpear con ella al moreno en la cabeza. Éste se tambaleó y cayó al suelo, inconsciente.
Emma salió corriendo del callejón, y siguió corriendo por la calle sin parar. Quería poner la mayor distancia entre ella y esos dos desquiciados. Corrió y corrió hasta que sus piernas comenzaron a doler y sus pulmones se sentían llenos de fuego.
Cuando al fin se detuvo se apoyó sobre sus rodillas mientras intentaba recuperar la respiración. Había corrido tanto sin mirar hacia dónde iba que al levantar la vista se sorprendió al ver que estaba en la entrada del campo de futbol de la escuela. Miró hacia el cielo y vio que el sol ya estaba a punto de desaparecer en el horizonte.
Escuchó a un grupo de chicos riendo a la distancia y sintió pánico, pensando que tal vez serían Killian y Robin, así que decidió esconderse entre las tribunas vacías del campo. Se sentó bajo una de las columnas que sostenía en pie los asientos y abrazó sus rodillas contra el pecho. El peso de lo acontecido cayó sobre ella como un millón de ladrillos y comenzó a llorar sin control.
Las horas pasaron lentamente, pero Emma no se había movido de su escondite. Sentía mucho miedo de salir de allí. Temía que Robin y Killian estuvieran buscándola para terminar con lo que habían comenzado.
Las crueles palabras de los chicos no habían dejado de resonar en su cabeza. Eran palabras que estaba acostumbrada a oír. Toda su vida se había sentido una escoria, y ahora, aquí en Storybrook cuando por fin se sentía feliz, cuando por fin pensó que había encontrado un lugar al cual llamar hogar volver a oír esas palabras la lastimaron mucho más que antes.
En otras circunstancias la rubia hubiera pensado mejor en quiénes habían dicho aquellas cosas. Con el pasar de los años había aprendido a hacer oídos sordos a lo que decían los bully. Sus palabras siempre dolían, pero al fin y al cabo sabía que no eran ciertas.
Si sus defensas hubieran estado altas aquel día, en este momento no estaría en ese lugar oscuro, intentando desaparecer del mundo.
No sabía si lo que había dicho Robin con respecto a Regina era cierto o no. Quería creer que no, quería creer que el chico estaba inventando todo con el simple propósito de herirla, pero a su vez una voz en su cabeza le decía que todo era cierto, que Regina había vuelto con él, arrepentida de todo lo que había tenido con la rubia.
Las lágrimas ya no caían, Emma dudaba que le quedara alguna por derramar. Todo lo que había hecho aquel día era llorar. Se sentía agotada física y mentalmente. Quería volver a casa, pero el miedo la seguía paralizando. ¿Qué tal si ellos me están esperando en la entrada? Le hubiera gustado poder mensajear a Mary, pero su móvil estaba muerto, hacía rato que la batería se había agotado.
No sabía qué hora era, pero el cielo ya estaba muy oscuro, y desde donde estaba podía ver las estrellas. Se movió un poco para estirar las piernas, las tenía entumecidas por haberlas tenido en la misma pose durante tanto tiempo. Estaba helada, sólo tenía puesta una ligera chaqueta y no era suficiente para combatir con la fría noche del pueblo. Sabía que no podía quedarse allí toda la noche, tarde o temprano debería moverse, y Mary debía estar muy preocupada por ella. "No, no debe estar preocupada. Lo que ellos dijeron debe ser cierto, ella solo me adoptó porque los de asistencia social le dieron algo de dieron", sacudió la cabeza intentando alejar esos pensamientos. Se trataba de Mary Margaret. Era la persona con mayor corazón que Emma había conocido en toda su vida. Dudaba mucho que la joven la hubiera adoptado por el simple hecho de conseguir unos dólares extra.
-Debo volver a casa.- Se dijo a sí misma, intentando conseguir la fuerza para levantarse y enfrentar sus miedos.
Pero cuando se disponía a ponerse de pie oyó a unas personas acercarse, y automáticamente se quedó quieta otra vez, intentando escuchar quiénes era. Era demasiado tarde como para que alguien de la escuela estuviera allí. ¿Quiénes eran?
-Robin, ¿por qué no me dijiste que este es el lugar en donde viste a Emma? Podría haber llegado hasta aquí yo sola.- Resopló Regina, mientras entraba al campo de futbol con Robin.
En el corto viaje en coche desde la casa de Regina hasta allí, ninguno había dicho ni una palabra. La morena estaba demasiado sumergida en sus pensamientos, demasiado preocupada por Emma. Debería haber notado el olor a alcohol que emanaba desde su acompañante en el coche, pero no lo hizo. Y cuando el chico aparcó el coche cerca de la escuela no pensó nada extraño en eso. Estaba muy cegada por la ilusión de encontrar a Emma.
-No quería que vinieras sola.- Respondió el chico, caminando hacia la entrada de los vestuarios.
-Bueno, ya estamos aquí. Ahora dime en dónde la viste.- Regina caminaba un par de pasos detrás de Robin, mirando en todas dirección intentando ver a Emma.
-Es por aquí… sígueme.-
-Los vestuarios están cerrados durante la noche, dudo mucho que esté allí.- Un escalofrío recorrió la espalda de la morena. Su instinto le dijo que algo andaba mal.
-No, están abiertos, ¿ves?- Respondió el chico mostrando que en efecto la puerta se encontraba abierta.
Estaba todo muy oscuro, el interior de los vestuarios era un mar de sombras. Regina buscó su móvil en su bolsillo para usar la linterna, y maldijo en voz baja al recordar que lo había dejado en su coche.
-Tranquila, yo tengo luz.- Robin sacó un encendedor de su chaqueta, pero no lo encendió, simplemente golpeó el marco de la puerta con él para indicarle a Regina que entrara.
La morena tragó saliva y se adentró en los vestuarios. Esperó que Robin encendiera el fuego, pero no lo hizo. La poca luz que había provenía de las pequeñas ventanas que daban al patio exterior fuera del campo, y de la puerta por la que había entrado.
-Enciende el fuego, Robin.- Dijo la chica sintiéndose un poco nerviosa. Pero Robin no dijo nada, se quedó en completo silencio.
-¿Robin?- Preguntó Regina, y dio un pequeño grito cuando la puerta se cerró de repente y la oscuridad se intensificó. No podía ver a Robin, y el chico seguía sin decir nada.
Escuchó un ruido detrás de ella y al voltearse vio que alguien encendía una linterna. -¿Qué está sucediendo?- Preguntó intentando controlar el temblor de su voz.
-¿Estás asustada, cariño?- Respondió la persona de la linterna, y luego se iluminó la cara desde abajo. -¡Bu!- Regina pudo reconocer a Killian, con el rostro distorsionado por la luz.
-¿Qué es esto? ¿Qué sucede? ¿En dónde está Emma?- Miraba de un lado a otro en la habitación, hacia Killian quien se seguía iluminando el rostro, y hacia la oscura puerta en dónde podía distinguir la silueta de Robin.
-Tu noviecita no está aquí.- Hablo Robin de repente, y encendió el fuego.
Regina pudo notar su semblante serio a diferencia de Killian, quien sonreía. Sintió miedo, estaba atrapada con ellos dos, y nadie sabía que se encontraba allí.
-Luego de la lección de hoy dudo que vuelva a querer ser tu asquerosa novia otra vez.- Rio Killian.
-¿De qué hablan?- Regina no sabía a quién mirar, no quería bajar la guardia.
-Digamos que… hoy la huérfana aprendió una valiosa lección.- Robin dio un par de pasos hacia adelante mientras hablaba.
-¿Qué… qué lección? ¿De qué hablan?- La morena estaba petrificada en el lugar, sentía a Robin acercarse a ella, pero temía retroceder porque entonces chocaría con Killian.
-Una lesbiana puede curarse siempre que aparezca un hombre dispuesto a hacer el sacrificio de ponerla en su lugar.-
-¿De qué estás hablando, Robin?-
-Estoy seguro que quedó satisfecha cuando acabamos con ella.- Volvió a reír Killian. Parecía que se estaba divirtiendo mucho con todo esto.
-Oh si, muy satisfecha.- Robin estaba tan cerca de Regina que ella pudo sentir el calor del fuego que sostenía en la mano. -Y creo que es hora de que aprendas la misma lección, Gina.-
De repente Killian tomó a Regina por detrás y le sujetó con fuerza los brazos. -¡¿QUÉ HACES?!-
-¿Creías que podías dejarme así sin mas?- Robin se acercó a ella y la tomó del mentón, mientras ella forcejeaba para liberarse.
-¿Después de tantos meses soportando tus caprichos creíste que podías dejarme sin siquiera haberte acostado conmigo ni una vez?- Las manos de Robin comenzaron a deslizarse por su cuerpo. -Me gané ese derecho, y luego apareció esa asquerosa huérfana pensando que podía quitármelo.-
Regina estaba llorando, aterrada por lo que estaba sucediendo. No podía liberarse del agarre de Killian.
-Pero ahora voy a reclamar lo que es mío por derecho, y voy a ponerte en tu lugar.- Robin rompió la blusa de Regina, dejando al descubierto su sujetador.
-¡NO!- Gritó la chica al sentir las sucias manos de Robin tocando sus senos, mientras Killian reía detrás de ella.
De repente la puerta del vestuario se abrió de par en par y alguien entró, abalanzándose contra Robin, quien quedó atónito ante la repentina interrupción. Killian dio unos pasos hacia atrás sin soltar a Regina y arrastrándola con él.
Robin no tuvo tiempo de reaccionar de prisa. La persona que había entrado se tiró sobre su cuerpo y él cayó al suelo con un pequeño gruñido. Sin tiempo de defenderse el chico sintió que la persona tomaba su cabeza y la golpeaba contra el suelo, hasta que su visión se oscureció y se desmayó.
Regina pudo oír el ruido sordo de algo golpeando el concreto, una, dos, hasta tres veces. Luego la figura que se había abalanzando sobre Robin se puso de pie. Killian liberó a Regina y tomó la linterna nuevamente, iluminando deprisa el cuerpo inmóvil de Robin en el suelo y luego a la persona parada sobre él, era Emma.
-Emma…- Susurró Regina al verla allí parada. Pero la rubia estaba mirando enfurecida hacia Killian.
-Oye… yo no… esto fue idea de Robin… yo no…- Killian dejó caer la linterna y levantó sus manos en modo de rendición, pero Emma corrió hasta él y lo empujó. El chico se quedó sin aire al golpear los casilleros que se encontraban detrás de él, y Emma aprovechó para propinarle un puñetazo en medio de la nariz, lo que hizo que la cabeza de Killian volviera a golpear los casilleros y éste cayera inconsciente, de todas formas, ese mismo día ya había recibido un golpe en la cabeza y no requería de mucho lograr que se desmayara.
La rubia se puso de pie respirando pesadamente. La adrenalina seguía corriendo por su cuerpo y comenzó a temblar. Todo había pasado tan deprisa que comenzó a sentirse mareada. Camino despacio hacia uno de los bancos que se encontraban allí y se sentó, sintiendo su corazón latir muy acelerado. No dijo nada, simplemente se sujetó la cabeza intentando calmarse.
Nunca antes en su vida se había sentido de tal manera. Se sentía enfadada, feliz, mareada, aliviada, molesta, adolorida, y muchas cosas más.
Mientras estaba escondida vio llegar a Robin y a Regina al campo, haciendo que su corazón se detuviera por un momento, preguntándose qué estaban haciendo allí. Estaba segura de que ni Robin ni Killian habían visto hacia donde se dirigía cuando escapó de ellos. Por un momento pensó que tal vez estaban allí buscándola, ¿pero entonces qué hacía Regina allí?
Fue entonces cuando los vio dirigirse a los vestuarios y supo que algo estaba mal. No había nadie cerca, las luces estaban apagadas, ¿para qué se dirigían hacia allí?
Emma escuchó a su instinto y se puso de pie para seguirlos sin que ellos se dieran cuenta. Entonces cuando vio la puerta del vestuario cerrarse a los pocos segundos de que entraron la rubia se apresuró a bajar de las tribunas. Caminó deprisa hacia el lugar, intentando escuchar algo, cualquier cosa, lo que sea que le dijese qué estaba sucediendo allí.
Al estar a tan solo unos pasos pudo oír el murmullo de la voz de Robin, pero no pudo distinguir qué estaba diciendo. Entonces escuchó a Regina gritando y supo que debía entrar en acción. No le importó si la morena había vuelto con ese idiota, no le importó que ellos fueran más, no le importó si después de esto Mary Margaret decidía regresarla al sistema de acogida, no le importó nada, solo salvar a Regina, porque pese a todo lo que había sucedido Emma todavía estaba enamorada de ella, y haría lo que fuera necesario para ayudarla. Fue allí cuando se abalanzó sobre Robin, y luego contra Killian, impulsada por la furia.
Al sentir que los latidos de su corazón tomaban un ritmo más normal Emma levantó la cabeza y vio a Regina allí parada, observándola. Tenía la blusa abierta y lágrimas en los ojos.
Cuando sus miradas se encontraron Regina rompió en llanto y Emma se puso de pie enseguida, acercándose a ella y tomándola en sus brazos. La morena se aferró con fuerza, llorando en su hombro. Emma comenzó a llorar también, pensando en lo mal que podría haber acabado todo aquello si ella no hubiera estado allí para impedirlo.
Cuando ambas lograron controlar su llanto se separaron un poco para poder verse a los ojos. Regina parecía estar analizando a Emma, intentando descifrar qué estaba pensando.
-Lo siento tanto, Emma… lo siento de verdad.- Dijo susurrando. Sentía que si hablaba más alto destruiría la calma que las rodeaba en ese momento.
-Yo lo siento, Gina, no debí haberte dejado… debí darte tiempo.-
-No, no Emma. La que estuvo mal fui yo. Tu tuviste la razón todo el tiempo… yo…- Se interrumpió al ver luces de linterna a través de la puerta del vestuario. Había gente caminando hacia ese lugar.
Se aferró a Emma nuevamente, por miedo a que sean más chicos de la escuela, por miedo a que Emma se desvaneciera, por miedo a lo que sea.
-¿Hola? ¿Quién está allí?- Una voz masculina preguntó, y se acercó hacia la puerta, iluminando a las jóvenes con su linterna. Otra persona entró al vestuario y tanteo la pared hasta dar con el interruptor de luz.
Cuando el cuarto estuvo todo iluminado Emma vio que los dos hombres eran el Sheriff del pueblo y un ayudante. -¿Qué ha pasado aquí?- Preguntó el ayudante al ver a los dos chicos inconscientes en el suelo. Pero el Sheriff se acercó a las dos chicas. -¿Se encuentran bien?-
-Sí, estamos bien.- Respondió Emma mientras seguía abrazando a Regina.
La ambulancia no tardó mucho en llegar al lugar, junto a un par de coches de policía, uno de los cuales traía a Mary Margaret, que abrazó a Emma con todas sus fuerzas. Pocos minutos después un coche negro aparcó apresurado en el lugar, y de él bajaron Cora y Zelena, quienes corrieron hacia Regina en el segundo en que la vieron.
Poco antes Emma se había quitado su chaqueta y se la había dado a Regina para que pudiera tapar su pecho descubierto por culpa de Robin.
-¡Dios mío! ¡¿Qué ha pasado?!- Preguntó Zelena sujetando a Regina por los hombros, mirándola frenética buscando alguna herida. -¡¿Estás herida?!-
-Estoy bien, Zel.- La morena le aseguró a su hermana.
En ese momento Emma y Mary Margaret se acercaron a ellas junto al Sheriff Nolan. Al notar a la rubia allí, Cora se acercó a ella y la abrazó. -Me alegro mucho de que estés bien.- Le dijo al oído, haciendo sonreír a la rubia, y que sintiera que su corazón se llenaba de felicidad. Volvía a sentirse querida.
-Bueno, dados los acontecimientos de esta noche es necesario que Emma y Regina se presenten en la comisaría a declarar.- Las cinco mujeres comenzaron a protestar al mismo tiempo, haciendo reír al Sheriff, quien levantó una mano y les pidió que guardaran silencio. -Por favor, déjenme terminar de hablar.- Les sonrió amablemente a todas. -Lo que iba a decir es que eso es lo que debería hacer esta noche, sin embargo, dejaremos que presenten la declaración mañana por la mañana y por esta noche vayan a descansar. Ha sido un día muy agitado para todos.-
-Muchas gracias, Sheriff.- Dijo Cora, estrechado la mano del hombre.
-No hay porqué, Alcaldesa.- Se colocó su sobrero y se despidió. -Que tengan buenas noches.-
-Bueno, el Sheriff tiene razón, ha sido un día muy agitado, en especial para ustedes dos.- Dijo Cora en cuanto el hombre se alejó del grupo. -Será mejor volver a casa.-
-Es cierto, y tú necesitas abrigarte antes de que pesques un resfriado.- Mary le frotó los brazos fríos a su hija.
-Vamos, las llevamos de regreso a su casa.- Ofreció Zelena subiéndose al coche. Cora les sonrió y se sentó en el asiento del copiloto.
Emma y Regina se sentaron una junto a la otra, con las manos entrelazadas todo el tiempo.
Cuando Zelena aparcó frente al edificio de Mary, Regina se volteó a ver a Emma a los ojos. No quería dejarla ir, no quería separarse de ella ni perderla de vista, pero tampoco quería presionarla.
-Emma… yo…-
-¿Quieres quedarte aquí esta noche, Regina?- Preguntó Mary mientras salía del coche.
La morena se volteó a ver a Emma, y la rubia le estaba sonriendo, indicándole que estaba bien si quería quedarse, que ella también lo deseaba. -Sí, gracias.- Dijo Regina, suspirando con alivio y también bajando del coche.
-Mañana pasaré a buscarlas para ir juntas a la comisaría.- Dijo Cora bajando del coche para saludarlas. -Y te traeré un bolso con ropa.- Le dijo a su hija, sabiendo lo que había pasado con su blusa.
-Muchas gracias, mamá.- La chica abrazó a su madre y le dio un beso en la mejilla, luego se acercó a su hermana quien también había bajado a saludar. -Buenas noches, Zel.-
-Buenas noches, Gina.- La abrazó y le dijo al oído. -Es muy linda, tiene mi aprobación.- Lo que hizo reír a la morena.
Cuando el coche se alejó, las tres mujeres entraron en el edificio. -Bueno, chicas. Supongo que están muy cansadas, así que las dejaré ir a dormir sin más rodeos. Mañana hablaremos.- Dijo Mary sonriendo. -Me alegro mucho de que estés aquí, Emma. Estaba muy preocupada.- La joven abrazó a su hija una última vez por esa noche y luego se despidió de Regina.
Las dos chicas se encaminaron al dormitorio de Emma en silencio. Amabas sabían que debían hablar de muchas cosas, pero en ese momento estaban muy agotadas, y sólo querían sentirse cerca.
Emma le prestó un pijama a Regina y cuando las dos estuvieron listas se metieron bajo las mantas, acostadas muy cerca. Se hizo un fuerte silencio entre las dos, mientras se miraban fijamente a los ojos.
Regina se acercó a Emma y la beso con firmeza en los labios. La rubia le devolvió el beso al instante, sintiéndose al fin segura y contenta.
No necesitaron decir nada, simplemente se abrazaron hasta que el sueño cayó sobre las dos. Ya tendrían tiempo de hablar al día siguiente.
A/N.2: Bien, sé que desaparecí por casi un año y lo lamento mucho, pero no voy a mentirles, este ship ya no tiene mi interés, por lo tanto, nunca logro inspirarme para escribir. De hecho, estuve muy bloqueada en cuanto a este capítulo. Comencé muchas veces a escribirlo, pero nunca me gustaba el resultado. Al menos ahora estoy satisfecha con el resultado final. Espero que les haya gustado (a los pocos que deben seguir esta historia), y sepan que solo quedan uno o dos capítulos para que esto termine. Y prometo no tardar tanto tiempo en actualizar. De hecho, espero tener listo el próximo capítulo en un par de días.
¡No olviden dejarme su opinión!
B.H.
