La noche en South Park ciertamente era tranquila, gracias a que no era como una ciudad, podías observar las estrellas en el cielo nocturno titilando de manera hermosa, además de un silencio pacífico que quizá sólo era opacado por el sonido de los grillos... ¿Y risas adolescentes?

En efecto, Kenny, Stan y Tweek se hallaban en la calle rumbo a la casa de los Testaburger con un paquete de huevos cada uno, se tambaleaban y se reían de las frases incoherentes que decían; se hallaban totalmente borrachos. Cuando por fin llegaron, se tomaron un momento para respirar y meditarlo.

—¿Quién ngh empieza? —preguntó Tweek arrastrando la frase que normalmente diría en pocos segundos.

—Stan tiene que hacer los honores, por supuesto.

Kenny abrió la caja y el chico de cabellos negros ébano tomó uno de los huevos, Tweek esperó pacientemente, con solemnidad Stan cerró los ojos y se esperó unos segundos antes de arrojar el aclamado primer huevo, una vez que se estrelló contra la casa le siguieron muchos más esta vez lanzados por los tres chicos que después de considerar su trabajo terminado corrieron velozmente para evitar ser pillados por el padre de Wendy o la misma Wendy.

Poco después de 30 minutos dos de ellos ya se hallaban bastante ebrios hasta como para llegar solos a sus casas, por lo que Kenny sabía que tenía que encaminarlos, no sabía qué clase de borracho era Tweek, parecía bastante tranquilo, aunque con problemas para dar más de 11 pasos, mientras que sabía que Stan era un caso perdido, así que primero decidió dejar a Tweek.

Una vez que estuvieron frente a la casa de los Tweak, Kenny como pudo subió a la recamara del rubio con este a cuestas de su espalda, una vez dejándolo en su cuarto se quedó ahí unos segundos tratando de recuperar el aliento, pero sabía que no podía darse el lujo de tardarse a menos que quisiera que Marsh hiciera una estupidez.

—Bien Twinky, eso fue divertido.

—¡Lo fue! —exclamó con felicidad el pecoso mientras se reía haciendo que Kenny sonriera.

—¿Sabes Tweek? Cuando no estas todo ansioso y paranoico... realmente paso un buen tiempo contigo, deberías ya sabes... pasar más tiempo con nosotros ¡No digo que bebiendo! Lo último que quiero es volver a morir y si Tucker se entera... Tweek prométeme que no le dirás que Stan te dio alcohol.

—Por supuesto que no Kenny, no soy idiota... también me divertí.

—Bueno tengo que irme antes de que Stan haga un desastre, ¡Nos vemos! —se despidió guiñando un ojo y saliendo por la ventana.

Tweek pasó unos veinte minutos acostado antes de que el aburrimiento se apoderara de él, no tenía sueño y estaba bastante achispado ¿Qué podía hacer? Kenny le había dicho que se quedara en casa, entre sus meditaciones su teléfono volvió a sonar revelando un nombre: Craig Tucker, con una sonrisa tomó la llamada.

—¡Tweek! ¿Estas bien? ¿Por qué no me contestaste? ¡Pensé que te había pasado algo!

—Hey Sexy.

Silencio, a excepción de las respiraciones de ambos.

—¿Qué dijiste Tweek?

—¿Te he dicho que me encantan tus ojos? Son como dos témpanos de hielo, misteriosos, pero tan atrayentes... super sexy en mi opinión, pero bueno estamos hablando de Craig Sensual Tucker ¿Qué esperaba?

—¿Estas bien? —el tono de Craig era receloso, y como no si jamás en los tres años que llevaban de relación le había dicho algo así.

—¡Pues claro! —respondió el rubio soltando una risita— bueno no... te extraño.

—Tweek nos vimos en la tarde.

—¡Pero aun así! ¡Quiero verte! Voy a tu casa.

—Oye realmente no creo que...

Colgó.

Craig suspiró, ¿Qué carajos estaba pasando? Primero Tweek no le contesta el teléfono y no tendría nada de raro sino fuera Tweek de quien hablábamos aquel que no tomaba más de tres segundos para contestarle, luego le llamaba y le decía cosas tan... vergonzosas, que hacía que su corazón latiera a mil por segundo cuando horas atrás básicamente le había dicho que terminara con él.

No encontró gran explicación, pero tampoco le sorprendía, Tweek era una caja llena de sorpresas a veces buenas... a veces no tan buenas, lo único que podía hacer a estas alturas era esperar que el rubio llegara y entonces ver qué coño estaba pasando. Tweek usualmente hacía veinte minutos de su casa a la casa de Craig por lo que, cuando pasó media hora Craig comenzó a preocuparse... era tarde, y Tweek con sus paranoias podría estar hasta perdido.

Genial, estar tanto tiempo con Tweek lo había hecho tan paranoico como él, pero era sólo que... estábamos hablando de Tweek, él era impredecible, cosa que le encantaba a Craig, no obstante, ¿Cómo no preocuparse? Trató de calmarse, pero al final no hizo más que volver a llamarle.

—¿Tanto me extrañas guapo?

Definitivamente era extraño, usualmente en la relación era Craig el que se encargaba de los sobrenombres llenos de azúcar, aunque pensándolo bien, más que un sobrenombre lleno de azúcar parecía que estaba tratando de seducirlo.

—¿Qué te toma tanto tiempo? —preguntó Craig preocupado, como respuesta recibió las carcajadas de Tweek.

—No puedo me-e-ter la llave en la cerradura.

—¿Cómo que no puedes?

—¡No se deja!

De acuerdo, eso estaba raro, no eran sus conspiraciones de siempre, por lo que Craig se asomo por la ventana donde pudo notar a un rubio riéndose y tratando de encajar la llave, pero parecía una tarea imposible para su coordinación.

—¿Qué demonios Tweek? —siseó desde la ventana haciendo que el pecoso levantara el rostro para darle una sonrisa perezosa, de acuerdo, Craig decidió bajar, el aspecto de Tweek era diferente del usual; cuando abrió la puerta un intenso olor a alcohol llenó sus fosas nasales.

—¿Cerveza? —exclamó incrédulo.

—En realidad era vodka.

—¡¿Qué demonios Tweek?! ¿Quién te dio alcohol?

—Ven acércate— susurró, Craig puso los ojos en blanco, sin embargo, lo hizo con la esperanza de recibir respuesta, iluso, lo único que recibió fue un beso en los labios, en situaciones normales lo hubiera descolocado, pero realmente estaba preocupado.

—¡Tweek no es momento para juegos!

—¡Fueron los gnomos!

En este punto Craig se dio cuenta de que Tweek estaba demasiado ebrio como para responderle con raciocinio, así que optó por meterlo a escondidas a su cuarto, Tweek solía pasar las noches en su casa a menudo cuando tenía una crisis, por lo que sus padres no harían preguntas, no obstante, no podía dejar que vieran que estaba muy, muy borracho.

Una vez dentro de la habitación de Craig este trato de colocar a Tweek en la cama, lo cual era un reto considerando que el rubio apenas podía mantenerse de pie.

—¿Cómo pudiste llegar hasta aquí tú solo?

—¡El poder del amor! —exclamó con una risita, Craig suspiró mientras trataba de ponerlo en la cama.

—¡Vamos Tweek coopera conmigo!

—¡Woah señor Tucker que atrevido! Pero no me quejo, es una buena fantasía que me inmovilices en tu cama.

¡Jodida mierda! Lo último que necesitaba era que Tweek lo provocara de aquella manera con sus palabras, Craig se odiaba así mismo por ser tan débil siempre que se tratara de Tweek.

—Detén el tren Tweek, no te estoy besando, sólo tu aliento me pone ebrio.

—Ow, eres malo.

—Vamos, no te hagas el difícil y coopera, quítate la ropa.

Después de lo que pareció una eternidad Craig logró meter a Tweek a las cobijas para hacer que se durmiera, había decido que mañana hablaría seriamente con él, ahora era imposible. Tweek no parecía muy conforme con la idea.

—¡Craig! — se quejó.

—Duérmete Tweek.

—¡Quiero que me beses!

—Nunca eres así ¿sabes?

—¡Como quieres! ¡Me pones tan nervioso hombre! Siempre sabes que decir, eres la cosa más hermosa, eres inteligente eres... wow, realmente no te merezco.

—No soy gran cosa.

—Eres mi mundo, por eso quiero alejarme de ti, porque sé que no te convengo, pero soy tan egoísta que te buscó una y otra vez.

—¡Eso no es cierto Tweek!

—Dime algo Craig, ¿Sí las asiáticas no nos hubieran emparejado, te hubieras fijado en mí de esa manera?

Craig no pudo responderle ¿Cómo podría? Porque en verdad él no lo sabía, suspiró.

—Esta es una conversación que deberíamos tener cuando estés sobrio.

—¿Me amas?

—¡Claro que sí! —exclamó el moreno un tanto ofendido por la duda.

—¿Aunque termine jodiendo las cosas?

—Por supuesto que sí, sólo si tú me amas, aunque las joda también.

—Obviamente.

Después de aquellas declaraciones sucumbieron al sueño.