Reto 3: Desayuno
Ser ninjas hacía que sus vidas pendieran de un hilo constantemente. Era un trabajo peligroso, pero como shinobis cuando el deber los llamaba era imposible negarse y mentirían si dijeran que la adrenalina que sentían en cada batalla no los hacía sentir más vivos que nunca. Cada día que pasaba daban gracias de estar vivos y por esa misma razón es que Charasuke no perdía el tiempo cuando se trataba de mostrarse afectuoso. O al menos eso es lo que intentaba, tan acostumbrado a ligar por diversión, no estaba seguro de cómo hacer que sus sentimientos se mostraran con toda la seriedad y profundidad que los sentía.
―¿Qué se supone que es esto? ―preguntó Menma al ver como su cama estaba inundada de peluches que no dejaban lugar para nada.
―Amiguitos para que no te sientas solo cuando no estoy ―respondió con una rosa en su mano―. Y lo mejor es que cuando los aprietas se oye mi voz porque está grabada en ellos.
Namikaze quiso hacer lugar en su cama sacando los molestos peluches de su camino cuando accidentalmente apretó uno y se oyó la voz grabada del Uchiha: "Koneko-chan". Al oír eso Menma volteó mirando mal al otro quien algo nervioso trató de explicarse.
―No sé qué sucedió ―comentó saliendo de allí mientras Namikaze se deshacía de los invasores de su cama.
Sin embargo, ese no fue el último intento por ser romántico con Menma. En otra sorpresiva muestra de afecto a Charasuke se le ocurrió otra cosa. El jinchuriki esperaba no tener que lidiar nuevamente con aquellas "travesuras", porque no podía verlas como otra cosa. Mas en cuanto abrió uno de sus pergaminos y un montón de pétalos de rosas se estrellaron en su cara supo que se equivocó. Miró al responsable que lo miraba con una sonrisa nerviosa mientras decía frases cursis antes de finalmente huir temiendo por un castigo de su parte.
Los planes para hacer un detalle que verdaderamente alegraran a Menma parecían no surtir efecto, por lo que Charasuke se propuso desistir temporalmente de eso. Aquella mañana se levantó temprano para preparar el desayuno de ambos, con cuidado, sin despertar a Menma y fue a la cocina. Desde hacía un buen tiempo que frecuentaba dormir al lado del jinchuriki sin importar si era en el bosque, en su casa o la de Menma.
Al abrir sus ojos azules notó la ausencia de su pareja, por lo que se dirigió a la cocina de donde provenían los sonidos de platos y demás. Al ver al moreno allí, sus ojos se clavaron en su figura. Aquel idiota siempre le sonreía y daba regalos que darían pena ajena, pero sentía que lo hacía de corazón. En comparación, él jamás daba siquiera muestras de cariño por su persona por lo que contra todo pronóstico lo abrazó por la espalda.
―Eres especial para mí ―susurró ocultando su rostro en el pálido cuello―. No necesitas esforzarte en demostrarme lo que sientes.
―¿En serio? ―preguntó Charasuke sonriendo mientras evitaba mirarlo por el leve estremecimiento que sintió ante el aliento cálido chocando contra su piel―. Entonces no hace falta esto ―dijo arrojando al lavadero el ramen que había preparado.
Al voltear vio el ceño fruncido de Menma y una sonrisa algo torcida por lo que supo que volvió a meter la pata, porque nadie se metía con el sagrado ramen del jinchuriki y salía sin castigo, ni siquiera él.
