Hola a todos, gracias por estar ahí, como siempre la historia es para mayores de 18 años, y ni los personajes ni la imagen me pertenecen.
Querido diario: Perdóname.
Sé que no he escrito en tus páginas hace días, que te he tenido olvidado, guardado en un cajón en mi escritorio y bajo llave, escondido de todo el mundo e incluso de mi misma, y la razón no es otra que el miedo que sentí aquel día...cuando lo vi frente a frente, esperándome en mi habitación.
Hace días que volví de la misión que me llevó a mi y al resto del equipo siete hasta la aldea de la Arena, donde casi, y digo "casi", entre comillas y sin creérmelo todavía...me salvé. Aún recuerdo su mirada tan penetrante que calaba hasta mis huesos, su mano en mi hombro más fría que nunca, y mi rostro somnoliento y algo cansado, que de un momento a otro se recompuso e intentó parecer lo más normal posible. Sin embargo lo que más me sorprendió fue el darme cuenta cuanto había cambiado desde su partida...en el momento en el que, con toda calma y parsimonia le mentí a Sasuke sin titubear.
Él me miró sorprendido, queriendo encontrar algún fallo en mis palabras, algún indicio de que yo mentía, pero no fue así, es más, no le di la oportunidad de aclararle nada. Le respondí con total seguridad y acto seguido quise dejarle con la palabra en la boca, pero él fue mucho más rápido que yo, y sin previo aviso me acorraló entre su cuerpo y la puerta de mi habitación.
Emití un leve gemido de dolor ante su agarre que no pasó desapercibido por él, su mirada había cambiado nuevamente, sus ojos rojos quisieron intimidarme, y casi lo lograron, pero en el último momento me recompuse y con toda mi fuerza (que no es poca), lo alejé de mala manera, zafándome inmediatamente de su agarre.
Sasuke ante el ruido que estábamos haciendo entendió que lo mejor era calmarse, y no alertar a nadie, y mucho menos armar un escándalo en aquel lugar. Su expresión volvió a ser la misma de siempre. Me quedó mirando una vez más y desapareció de mi vista, no sin antes decirme que me estaría vigilando y que cuidara mis pasos.
Entré inmediatamente en mi habitación, las lágrimas se iban acumulando y pedían salir de mis ojos, me sentí asustada y confundida por la actitud de Sasuke. Después de varios minutos me tranquilicé y decidí no darle más vueltas al asunto, de ahora en adelante debería tener cuidado con él, no quería que se enterara de lo que existía entre Kakashi-Sensei y yo.
El que alguien se enterara de lo nuestro sería el fin para ambos ya que aunque somos adultos, la aldea jamás toleraría una relación entre una alumna y su maestro. Estaría mal visto, y supondría el fin a nuestras respectivas carreras, eso sin contar con que el más perjudicado sería sin lugar a dudas Kakashi-sensei, y eso es algo que yo jamás permitiría.
Regresamos a Kohona sin mayor percance, habíamos completado el objetivo y ya no teníamos nada más que hacer en la Arena. Durante todo el trayecto de vuelta Sasuke me ignoró completamente; ni una mirada, ni un gesto, ni una sola palabra. En el fondo me alegré de que las cosas fueran así entre los dos, y deseaba olvidar sus palabras, pero estas no me dejaban de atormentar, y permanecían muy presentes en mi cabeza.
Regresé a mi casa después de despedirme de Kakashi-Sensei y de Naruto. Mis padres sorpresivamente se encontraban en casa, se alegraron mucho de verme, y por primera vez en mucho tiempo, cenamos y comimos todos juntos en familia. Pasé varios días antes de ver a Kakashi-sensei. De nuevo lo habían mandado otra misión hasta la Aldea de la lluvia.
Tsunade-sama, era muy exigente y no dejaba a nadie sin trabajar, siempre procuraba tener nuevas misiones para todo el mundo. El dinero y el poder que representaban los ninjas era lo más importante para mantener el estatus de la aldea, así que entre más misiones realizadas, más reconocimiento tendría Kohona...solía decir. Tenías que estar muy mal herido para darte de baja y poder descansar, menos mal que dado mis conocimientos médicos me había dejado trabajar en el hospital. Aunque supervisaba a menudo tanto mis avances en el trabajo, como mis entrenamientos.
Aquel viernes, llegué bastante temprano a mi despacho y vi en mi mesa unas rosas que me llamaron la atención. Pensé que mis compañeros me estaban jugando una broma, o que tal vez alguien se equivocó y lo dejó allí por error. Esperé varios minutos a que alguien entrara, pero nadie lo hizo. Me acerqué con suma curiosidad, dejé mi abrigo en el perchero que se encontraba junto a la puerta y me acerqué hasta el ramo que estaba envuelto un brillante papel de regalo.
Me recargué en la mesa, con el ramo en mis manos, exhalando el aroma tan agradable que despedían, no sabía quién había sido, nadie jamás había tenido ese detalle conmigo, mi corazón se iba acelerando cada vez más, al notar que dentro de las flores había una nota.
Mis dedos torpes no conseguían abrir la tarjeta, estaba muy nerviosa, pero a la vez feliz por el detalle. Una vez que conseguí abrir la tarjeta la sonrisa se dibujó aún más en mi rostro.
No lo podía creer, la persona quien últimamente se robaba todos mis pensamientos, la persona que prácticamente ocupaba toda mi mente, era la que se había molestado en regalarme algo como eso. Una escueta nota era todo lo que yo necesitaba para alegrarme.
No se si te gustan las flores o eres alérgica a ellas, si es así discúlpame, pero cuando veo estas rosas con tonos rosados siempre me acuerdo de ti, espero que te guste. Te espero esta noche en mi casa.
No faltes
Kakashi.
No podía parar de sonreír, aquel pequeño detalle hizo que dentro de mi las mariposas comenzaran a revolotear, mientras que en mi cara una sonrisa tonta se dibujaba.
El día se me había hecho muy lento y tedioso, deseaba con todas mis fuerzas que el tiempo pasara deprisa y que llegara la noche. Estaba deseosa por ir a verlo, por estar junto a mi sensei...una sensación de felicidad se instalaba por completo en mi pecho al pensar en él. Las flores rosas las había puesto en un jarrón que había cogido "prestado", de otra consulta y cada vez que las miraba no podía dejar de suspirar.
El sol se había ido, me quité la ropa del trabajo y salí lo más rápido que pude del hospital. Tenía el tiempo justo para ir hasta mi casa ducharme, e inventarme alguna excusa creíble para que mis padres no sospecharan de donde iría esa noche.
Cuando llegué a mi casa, noté que las luces estaban apagadas y llamé al timbre pero nadie me abrió la puerta. Después de varios intentos, decidí buscar la llave en mi enorme bolso. Entré en mi casa y llamé a mi madre pero no me contestó. Me fui a la cocina y descubrí una de sus notas puesta en la nevera con un imán de una tortuga para que no se cayera.
Se habían ido otra vez, y no sabían cuando iban a regresar, esa maldita costumbre de irse cuando quisieran se estaba repitiendo mucho últimamente. Aunque hoy, era la mejor noticia que podía recibir; pasaría toda la noche con Kakashi, y no tendría que darle explicaciones a nadie. Después de un baño rápido, salí rumbo al departamento de Kakashi-Sensei. Él vivía en la otra punta de la aldea, y aunque corriera deprisa tardaría varios minutos en llegar.
La noche ya había caído sobre Konoha, y como era invierno la gente se retiraba antes a sus casas. Corría por los árboles a toda prisa, sintiendo el aire en mi cara. Completamente feliz y a la vez nerviosa...mi rostro cambió de expresión cuando noté que alguien me perseguía.
Me detuve de inmediato, analizando la situación con cautela y miedo. Podría ser algún espía o algún mercenario o incluso algún ladrón, con mi fuerza podía derrotar a cualquiera, sin embargo la sensación de que estaba en peligro no me dejaba de rondar la cabeza. Aumenté la velocidad de mis pasos, aceleré el ritmo tanto como puede, y decidí adentrarme en el bosque para tender una trampa a mi enemigo.
Estaba molesta, muy molesta ya que si no fuera por ese "pequeño percance" seguramente ya hubiera llegado hasta donde estaba Kakashi. Mi plan funcionó de inmediato; el haber corrido más rápido me permitió infiltrarme en medio de las copas de los árboles y esconderme. Detuve mi respiración, y esperé pacientemente a que el enemigo mostrara la cara. Mi plan era sumamente básico, en cuanto lo viera me lanzaría sobre él y lo reduciría de inmediato. Todo hubiera salido según mi plan, de no ser por la sorpresa que me llevé al descubrir quién era mi perseguidor.
De nuevo se trataba de la misma persona que hace días me había amenazado. Pensaba que todo se había quedado en una mera amenaza sin ningún fundamento, pero me había equivocado de nuevo y por primera vez le tuve miedo, miedo al no saber las verdaderas razones de Sasuke para perseguirme en medio de la noche. Me quedé quieta, intentando no moverme, controlando mi respiración. Había sido muy lista al esconderme, ya que había escogido un lugar alto desde donde tenía una vista privilegiada de Sasuke y de sus movimientos.
Él se detuvo rápidamente mirando hacia los lados, buscándome sin parar, los segundos que se quedó allí parados se me hicieron eternos, hasta que el sonido de un trueno no muy lejano hizo que saliera de su trance y se fuera de aquel lugar en otra dirección. No se cuanto tiempo esperé en la rama de ese árbol, estaba enfadada, asustada y a la vez confundida. No entendía para nada la actitud de Sasuke, siempre me había ignorado, y de repente ahora que había vuelto a Konoha no me dejaba de acosar y hasta me perseguía; tal vez la solución no era esconderme, si no enfrentarlo de una vez.
Para mi mala suerte comenzó a llover, al principio de una forma muy tenue pero en poco tiempo estaba empapada por completo. Me había vestido especialmente para Kakashi-sensei, y ahora estaba empapada y con el maquillaje comenzando a correrse por mi rostro. No sabía que hacer, si me tardaba más tal vez pensaría que desistí de ir, o que me arrepentí. Al final decidí ir así vestida, al fin y al cabo, Kakashi-sensei poco tardaría en quitarme la ropa.
Llegué alrededor de las 10 de la noche, no quería que nadie sospechara y que mucho menos hablaran de porque una chica visitaba a su sensei tan tarde, por lo que decidí saltar hasta el tejado y bajar por la escalera hasta su casa. Me sorprendió que las luces se encontraran apagadas, golpeé la ventana varias veces pero de nada sirvió. Intente cubrirme de la lluvia mientras esperaba, pero para mi mala suerte no había ningún lugar en el que refugiarme de la lluvia.
Varias preguntas rondaban por mi cabeza: "¿Por qué me había citado si no iba a estar en casa?, o ¿tal vez le habría ocurrido algo?". Mis preguntas en breves segundos fueron contestadas, cuando las luces se encendieron y vi algo que realmente quise que no fuera cierto con todas mis fuerzas.
Ver a mi sensei abrazado y besando a otra mujer, no hizo más que confirmar mis sentimientos por él. Me había dicho a mi misma una y otra vez, que lo nuestro sólo era algo pasajero, que lo admiraba y que sentía un profundo respeto por él, pero el verlo de esa forma con otra mujer...hizo que por fin la venda que traía en los ojos se me cayera.
La lluvia no cesaba, al igual que mis celos y mi enojo, tenía tanta rabia dentro de mi, y lo peor de todo es que no podía hacer nada. Tenía que aguantarme las ganas de reclamarle, gritarle y pedirle explicaciones. Lo más lógico en ese preciso momento era marcharme lejos antes de que me descubriera. Pero mis ojos se negaban a abandonar el lugar, querían quedarse más tiempo para corroborar su engaño. Un trueno enorme hizo que toda la luz de la aldea se fuera momentáneamente y fue en ese preciso instante cuando mi sombra lo alertó de mi presencia.
Fue tarde cuando vi sus ojos mirándome confundido, aún y en la oscuridad él sabía que era yo, intentó zafarse del agarre de su compañera, sin embargo antes de que hiciera algún movimiento más, yo hui lo más deprisa que pude.
No se cuanto tiempo estuve corriendo, no tenía rumbo fijo, las lágrimas no paraban de salir pero se camuflaban muy bien con la lluvia, sentía algo en el pecho que me dolía...y es que Kakashi me había roto el corazón...lo peor de todo era que yo era la única culpable, no sólo por haberlo metido en ese juego, si no por enamorarme perdidamente de él.
Aunque corría sin rumbo fijo, sabía que mis pies me llevaban hasta donde siempre me iba cuando estaba triste o enfadada. Cuando éramos niñas Ino y yo utilizábamos aquella cabaña abandonada situada en el fondo del bosque para jugar, y más tarde cuando fuimos creciendo íbamos a pasar el rato y a confesarnos nuestras confidencias. Deseé con todas mis fuerzas que ella se encontrara en la aldea, necesitaba alguien con quien hablar, alguien para confesarle todo lo que había ocurrido con mi ex-sensei.
La lluvia había parado, aunque todavía caían pequeñas gotas de agua, llegué sin ningún problema hasta aquel lugar donde aún estaban nuestras viejas pertenencias de cuando jugábamos a las casitas o nos escapábamos para acampar y mirar las estrellas mientras hablábamos de chicos.
Entré y encendí una lámpara de aceite que habíamos dejado, quité mi ropa mojada y la acomodé en una silla, me puse una camiseta vieja que encontré en uno de los armarios, me tumbé en uno de los futones, y sin quererlo las imágenes que vi antes en su casa no dejaban de pasar por mi cabeza, lloré amargamente por todo, por sentirme acosada por Sasuke, por sus desprecios...pero sobre todo lloré por haber sido tan tonta de nuevo, por haberme ilusionado y enamorado de alguien que jamás me correspondería.
Desperté cuando noté que la luz del sol iluminaba toda la habitación, recogí mis cosas y me fui hasta mi casa para comer algo y ducharme. Tuve la suerte que era fin de semana y no tenía que trabajar. Al acercarme a mi casa vi a Kakashi-sensei en la puerta, antes de que me viera decidí dar un rodeo y meterme por la ventana de mi habitación. No quería enfrentarlo aún, ya que no sabría que decirle. Que le iba a decir: "¿Qué estaba celosa?, confesarle que me había enamorado y que por eso estaba sufriendo..."
Todo era muy reciente y tanto él como yo habíamos acordado que era algo entre nosotros, algo solamente físico, sin nada de sentimientos, así que no podía reclamarle nada. Pensé en decirle que todo se había acabado y que no quería verle más, pero me faltaban fuerzas para hacerlo. Metí en una mochila algunas cosas para pasar el fin de semana en la cabaña: ropa, comida y unas cuantas revistas y libros para no aburrirme, así como una pequeña radio para escuchar música. Cuando salí Kakashi ya se había ido por lo que pude volver sin preocuparme hasta la cabaña en el bosque.
Eran más o menos las 8 de la noche cuando decidí ponerme a cocinar en un fogón de leña que llevaba años sin utilizarse, encendí la radio a pilas, sintonicé una emisora que de milagro funcionaba en aquel lugar, puse el volumen al máximo y fui cortando las verduras a la vez que me movía al ritmo de la música. Tan concentrada estaba en cocinar y en bailar al mismo tiempo, que no noté como la puerta se había abierto y alguien se encontraba a mi espalda.
—No sabía que bailaras tan bien Sakura-chan—dijo aquella voz más que conocida para mí, mi corazón dio un sobresalto y casi tiro toda la comida que tenía en la sartén.
—¿Qué hace aquí?— pregunté sobresaltada y enojada al verlo tan tranquilo después de todo lo que había pasado.
—Esa no es forma de recibir a tu invitado, Sakura-chan, ayer te fuiste muy rápido y no me dio tiempo a explicarte...—
—Lo mejor es que se vaya, he venido a este lugar porque quiero estar sola, y no quiero ninguna explicación ayer lo vi todo—respondí fríamente mientras fruncía el ceño.
—Sabes creo saber porque estas molesta—siguió el hablando de la forma más tranquila posible
Aquella situación me irritaba de sobremanera, había huido incluso de mi casa porque no quería verlo, porque no me sentía con fuerzas para enfrentarlo, y él había llegado hasta aquel lugar sin haberlo invitado y lo que más me molestaba era su actitud; hacia de cuenta como si nada hubiera ocurrido, como si el beso de aquella mujer no significara nada.
—Se puede ahorrar sus explicaciones, y se lo vuelvo a repetir, ¡quiero que se vaya!—Exclamé aun más molesta que antes.
—Pero yo me quiero quedar, y me da igual lo que me digas, ya sé... te contaré una historia para que te relajes—dijo Kakashi-sensei entusiasmado. Yo seguí cocinando, mientras lo ignoraba completamente
—Bueno esta es la historia de un pobre ninja que caminaba deprisa hasta su casa, cuando pasó por un bar muy conocido de cierta aldea...el caso es que el ninja escuchó como dentro había mucho revuelo y decidió entrar, al entrar vio a una de sus antiguas compañeras de ANBU en medio de una pelea con otra mujer, ambas estaban bastante ebrias pero aun así seguían peleándose mientras la gente observaba sin intervenir por miedo a que le dieran una paliza dado que ambas se movían ágilmente—Comenzó Kakashi, y se detuvo para mirar si le estaba poniendo atención, y al ver que si prosiguió relatando su "historia".
—El caso es que el ninja tuvo que intervenir ya que no podia dejar que a su ex-compañera la lastimaran más. Así que aquel ninja se llevó a su compañera y como había discutido con su pareja le suplicó que no le llevara a su casa, por lo que el ninja no tuvo más remedio que llevarla en brazos hasta su propia casa, y cuando llegaron al departamento de este, la joven ex-compañera dado su estado de ebriedad y de ánimo, se abalanzó sobre el ninja buscando consuelo—Me dijo mirándome mientras ponía su mano detrás de su cabeza.
—No sabía que todavía existieran ninjas tan caballerosos, y mucho menos zorras tan arrastradas—argumenté bastante molesta y arrepintiéndome de inmediato sobre el último comentario.
—Yo tampoco pensaba que todavía existieran ex-alumnas tan celosas...—
Me sonrojé de inmediato ante su comentario, y me di la vuelta para que no viera mi sonrojo. Me sentía como una tonta ante su presencia, la historia parecía bastante creíble pero no sabía si creerle o no. Seguí cocinando mientras sentía como él se situaba detrás de mi abrazándome por la cintura.
—Pero sabes...me encantan las ex-alumnas celosas, y con el pelo de color rosa—me susurró mientras se bajaba la máscara y me mordía el cuello.
Todo el enfado y el enojo que sentían desaparecieron por arte de magia, sentir sus manos en mi cuerpo hacía que todo lo demás no importara. Detuve todos mis movimientos y me centré en sentir sus caricias atrevidas.
—La cena...se va a...quemar—musité mientras cerraba los ojos.
Kakashi quitó rápidamente la sartén y todo lo que tenía encima del fogón. Se acercó de nuevo hasta donde me encontraba.
—La cena puede esperar, necesito darte algo más importante—me dijo cuando me giró y atrapaba mis labios entre los suyos.
Correspondí su beso con el mismo fuego que él me demandaba, me cargó en sus brazos sin ningún problema, sin parar de besarme y pronto sentí como me depositaba en el futón que había utilizado el día anterior para dormir.
Las yemas de sus dedos recorrían mi piel como si tuvieran vida propia, él conocía perfectamente mi cuerpo por lo que no tardo en hacer que me volviera loca de deseo. Yo acariciaba su esbelta figura con la misma pasión, de una forma salvaje y sin poderme controlar más; él se había convertido en mi mayor obsesión, pensaba en él todos los días, todas las noches y ahora lo necesitaba más que nunca.
Sus ágiles manos me fueron desnudando con rapidez, mientras sentía como aquella piel expuesta era besada y mordida con gran pasión. Mi cuello se volvió su lugar preferido para hacerme sufrir, succionando y mordiendo aquella zona tan delicada sin importarle las marcas que me podían quedar, mientras que sus manos acariciaban mis ya erguidos pechos. Decidí no quedarme atrás, quité su chaleco verde y aquella prenda azul marino que le quedaba tan bien. Deteniéndome por un instante a admirar su trabajado pecho.
La calidez de su piel contra la mía hizo que me excitara aún mas, sentía que me perdía en sus brazos, su toque era suave aunque intenso, sus labios buscaban los mios y nuestras lenguas se juntaban, la ropa dejó de ser una molestia, y en poco tiempo ambos nos encontrábamos como vinimos al mundo.
Su lengua se deslizaba por mis pechos, haciendo que el calor que sentía en mi entrepierna aumentara, gemidos ahogados salían de mi boca, perdiéndome completamente en sus caricias. Una de sus manos bajó hasta encontrar el centro de mi intimidad, haciendo que jadeara de deseo, su boca siguió el mismo recorrido mientras me besaba el abdomen y mordía ligeramente mi cadera.
Su boca se detuvo en mi intimidad, retirando mis piernas que se mantenían ligeramente cerradas, mi cuerpo se estremeció completamente de placer al sentir su lengua en mi cavidad, movía la lengua ágilmente mientras que mi espalda se arqueaba presa del placer que sentía. Él disfrutaba hacerme sufrir, le encantaba ver mi rostro enrojecido, mis ojos cerrados, y mi boca entreabierta musitando palabras incomprensibles...
—Sakura-chan si hablas tan bajo no te escucho—me dijo deteniendo sus acciones
—No puedo más Kakashi, te necesito por favor—supliqué mientras abría los ojos y levantaba ligeramente mi espalda apoyándome en mis codos para poder mirarlo a los ojos.
—Te faltó decirme algo y hasta que no lo hagas, seguiré con mi labor aquí abajo—respondió divertido mientras volvía a torturarme.
No pude seguir hablando, mis palabras se quedaron atrapadas en mi garganta, este hombre era increíble en muchos sentidos, y sabía exactamente como llevarme al mismo cielo solo con su boca. No podía pensar con claridad, mis pensamientos estaban concentrados en el placer que su lengua me daba. "¿Qué era lo que tenía que decirle para que parara y culminara con esta agradable tortura?". De repente una sonrisa cruzo mi rostro, tenía la respuesta frente a mis ojos.
—Por favor, Kakashi-sensei—supliqué en el tono mas sensual que pude.
—Ves como no era difícil, el respeto a los maestros es algo que no se debe de perder nunca, creo que te lo había dicho antes—contestó riendo de medio lado.
—Sobre todo a los maestros tan pervertidos como tú, sensei—respondí
Él se puso a mi altura, mirándome con unos ojos que nunca había visto, deslumbraban cierta luz y ternura que me atraparon por completo.
—¿Estás segura?, no quiero lastimarte—Confesó ligeramente preocupado. Sabiendo exactamente lo que quería en ese momento. Lo que le había pedido hace semanas, antes de todas las lecciones.
—Estoy segura, completamente segura de que quiero hacerlo contigo sensei, por favor—Respondí tomando su rostro entre mis manos y besando sus labios con pasión.
Correspondió mi beso por bastante tiempo, tanto fue así que cuando nos separamos ambos respirábamos agitadamente, y sus labios al igual que los míos se encontraban enrojecidos y poco hinchados. Acarició mi rostro con ternura mientras se posicionaba entre mis piernas. Aguanté la respiración cuando sentí como su miembro erguido quería abrirse paso entre mis muslos.
—Tranquila, te dolerá al principio, pero si quieres parar sólo tienes que decírmelo—me dijo una vez más haciendo un esfuerzo enorme por contenerse.
Asentí tranquilizándolo mientras él volvía a besarme y separaba aún más mis piernas, sentía como se adentraba dentro de mí, una sensación de ardor me invadió en ese mismo instante, cuando su miembro se iba adentrando entre mis estrechas paredes. Kakashi-sensei soltó un gemido mientras cerraba los ojos disfrutando completamente del gozo de encontrarse dentro de mi cuerpo.
Aguanté tanto como puede su intromisión, Kakashi se detuvo un momento para ver mi rostro, mis ojos permanecían cerrados y él hizo que los abriera.
—Mírame—musitó. —Pase lo que pase no dejes de mirarme, quiero que veas como nos unimos—me dijo antes de dar una estocada y meterse del todo en mi intimidad, desflorándome por completo. El dolor se instaló en la parte baja de mi cuerpo, el notó mi incomodidad y permaneció estoico mientras me besaba y acariciaba mi rostro.
Aunque me dolía no podia estar más feliz, y me sentía dichosa al haber escogido correctamente al hombre con quien perdería mi virginidad. Kakashi era delicado, tierno, jamás de obligó a nada y ahora lo tenía dentro de mí, esperando a que yo diera el siguiente paso. El dolor se iba mitigando con el paso de los segundos, por lo que moví mis caderas para hacerle saber que podía continuar.
Sus ojos ardían de deseo, de su frente caían varias gotas de sudor y sus labios permanecían secos sin decir ninguna palabra, el movimiento de mi cadera fue lo único que necesité para poner fin a su agonía, juntó sus manos con las mías, entrelazando nuestros dedos, mientras nuestras lenguas exploraban libremente la boca del otro, uniéndonos por fin después de tanto tiempo, uniéndonos...en uno solo.
Las embestidas fueron aumentando de ritmo, sus caricias fueron cada vez más salvajes y nuestros gemidos resonaban por toda la habitación, sentía como entraba y salía de mi cuerpo sin ningún problema, como ponía mis brazos encima de mi cabeza, dominándome por completo, manteniendo como siempre el ritmo. Sus estocadas eran cada vez más profundas...más intensas, y cuando por fin liberó mis brazos de su agarre lo único que hice fue aferrarme a su cuerpo como si fuera una tabla de salvación, en medio de un naufragio.
Mis párpados permanecían cerrados, de mi boca salían palabras religiosas que casi nunca utilizaba y de su boca salían gemidos graves que nunca había escuchado y que seguramente debería grabarlos en mi memoria para siempre. En un punto de no retorno, mi cuerpo se tensó, y sentí como una ola de placer llegaba lentamente, desde lo más profundo de mi cuerpo, hasta empaparme por completo haciendo que llegara a la cúspide del placer.
Arañé su espalda mientras escondía mi cabeza en su pecho, mi corazón bombeaba como nunca antes lo había hecho, mi respiración se entrecortaba, varias gotas de sudor se resbalaban por mis mejillas y mi intimidad se contraía involuntariamente alrededor de su hinchado miembro.
—¿Cómo te sientes?—susurró Kakashi
—Me siento... bien...muy bien— contesté sonriendo
—Me alegro, ahora es mi turno—me dijo antes de separarse de mi cuerpo.
Me giró poniéndome boca abajo mientras besaba la parte baja de mi nuca y mi espalda, hizo que bajara mi cabeza y se posicionó nuevamente entre mis piernas, tomó mi pelo entre sus manos mientras se introducía dentro de mí. Al principio sus movimientos fueron lentos, pero con el paso de los segundos su ritmo fue aumentando.
Las estocadas profundas y su dominación hicieron que la excitación volviera nuevamente mientras me penetraba, él se encontraba al límite al igual que yo, después de varios minutos ambos gemimos de placer cuando llegó el tan esperado orgasmo. Sentí como su semilla era derramaba fuera de mi cuerpo, me giré para ver su rostro contraído, enrojecido y lleno de dicha. Me sentí completamente feliz y me tumbé admirando la luna que se asomaba hermosa por la ventana.
Kakashi se tumbó a mi lado mientras me abrazaba y me pegaba a su pecho a la vez que me daba pequeños besos en la frente. Me envolvió entre sus brazos y en esa posición nos quedamos en silencio por un largo tiempo, sin decirnos ninguna palabra. El cansancio hizo que mis párpados se fueron cerrando...
—Sabes Sakura-chan, creo que ahora es un bueno momento para cenar, ¿no crees?—exclamó haciendo que abriera los ojos de inmediato.
Mi risa inundó totalmente la habitación, acabábamos de hacer el amor y lo único que se le ocurría decir es que tenía hambre. "Hombres" pensé mientras me levantaba y me ponía algo de ropa.
—¿He dicho algo gracioso?—preguntó haciéndose el inocente.
—Esta bien sensei, pero...si quieres comer tendrás que ayudarme—respondí en tono amenazante.
—Lo de sensei déjalo solo para nuestras sesiones, solo dime Kakashi, y quien no te va a ayudar si lo pides de esa manera... tan cordial—me dijo en tono sarcástico.
Le dediqué una mirada asesina que hizo que se levantara y se fuera a encender de nuevo el fogón que se había apagado.
Ambos nos pusimos manos a la obra y en poco tiempo cenábamos felizmente. La noche había empezado, y nosotros la aprovechamos al máximo, no recuerdo las veces que hicimos el amor, las innumerables posiciones que adoptamos, cada una más placentera que la otra. Lo único que recuerdo es que nunca en mi vida me había sentido más feliz... más completa...
Desperté cuando unos rayos de sol me dieron en mi cara, sonreí al verlo a mi lado, desnudo y completamente a mi merced. Lo volví a abrazar mientras él me aferraba a su cuerpo. Después de aquel día, decidimos volver para ocuparnos de nuestras obligaciones. Me acompañó hasta mi casa, y sin pensarlo nos besamos cuando creíamos que nadie nos veía.
Entré en mi casa feliz y dichosa, me acerqué hasta la cocina y comprobé que mis padres aún no habían vuelto, no tenía hambre por lo que me fui directa hasta mi habitación. Mis ojos se abrieron al ver a Sasuke sentado en mi cama, esperándome con una mirada aterradora.
—Lo vi todo, ¿Cómo fuiste capaz Sakura?—me preguntó en tono amenazante.
Continuará...
Y hasta aquí el capítulo, espero que me disculpen por la tardanza, la verdad es que últimamente no estaba muy inspirada y además tenía mucho trabajo. Estamos llegando al final, así que espero sus comentarios, reacciones críticas constructivas y lo que quieran opinar. Como siempre les agradezco de corazón que sigan mi historia. Un saludo y hasta pronto.
