¡Dios mío!, debo confesar que tengo muchos sentimientos encontrados ahora mismo. Por un lado, estoy triste porque esto ha llegado al final, pero por otro lado me siento feliz por terminarla, ya que me cuesta mucho seguir el hilo de una historia que hace tiempo que no actualizo. Pero sobre todo estoy nerviosa. Sí, muy nerviosa porque no se que opinaran de este final...espero que les guste, ya que he escrito esto con mucho cariño para todos ustedes. Espero sus comentarios, sus opiniones, sus críticas...en fin, todo lo que tengan que decir será recibido con agrado.

Como saben este es un fanfic, Kakasaku para mayores de 18 años, y los personajes y la imagen no me pertenecen.


El viento aullaba con fuerza y resonaba en mis oídos. Las ramas de los árboles se agitaban enérgicamente, y de tanto moverse parecían como si se fueran a romper en cualquier momento. Me felicité internamente por mi elección de vestuario. Aquel abrigo negro que tan bien me sentaba, y me hacía ver más esbelta, ahora me protegía del vendaval que se avecinaba. Suspiré pesadamente cuando salí de casa, y mientras caminaba sin ninguna prisa por las calles de Kohona, dudaba todavía entre si ir o no al evento que habían organizado en la academia.

Tenía los nervios a flor de piel, las manos sudorosas, el corazón se me encogía y sentía una opresión en el pecho al pensar que dentro de poco volvería a hasta aquel lugar donde pasé los mejores momentos de mi niñez y mi adolescencia, donde viví tantos momentos únicos y donde lo conocí...

La noche estaba al caer, las luces de las farolas se iban encendiendo una tras otra. Y a pocos metros de donde me encontraba, ya se podía divisar el edificio construido por el primer Hokage muchos años atrás, encargado de albergar y educar a cada generación de ninjas de Konoha.

En la entrada de tan emblemático edificio, varias personas entraban y salían del mismo. Personas que hasta hace poco habían sido mis compañeros y compañeras. Muchos de ellos ahora amigos míos, con los que compartí innumerables misiones.

Respiré profundamente, haciendo que el aire llegara a mis pulmones, y a la vez calmando un poco mis nervios. Necesitaba parecer la misma de siempre, la tranquila y centrada Kunoichi Sakura Haruno, alumna privilegiada de Tsunade-Sama, aunque por dentro sintiera que todo era un caos y estuviera angustiada y confundida.

Con el pelo rubio y liso, su cuerpo perfecto, un abrigo rojo, cruzada de brazos y una mueca de pocos amigos me esperaba Ino en la puerta principal, y a su lado la acompañaban Tenten e Hinata.

—Ya era hora frentuda—me dijo un poco enfadada, mientras señalaba el reloj de su muñeca.

Respondí con una mueca infantil, cosa que no hizo más que acrecentar su enfado, pero no le di tiempo para que me dijera nada más. Tenten e Hinata me saludaron felicitándome por mi vestuario, respondí de la misma forma, haciendo que Hinata se sonrojara, y tartamudeara como siempre, y Tenten se mostrara orgullosa de la ropa que había elegido. Las cuatro nos dirigimos hasta el gimnasio donde iba a ser la celebración. Al principio pensaba que íbamos a ser pocos los asistentes, pero con el pasar de los minutos, más ex alumnos de otros años iban llegando.

Todos llevábamos nuestras mejores galas, saludábamos emocionados unos a los otros, el ambiente era de fiesta, nada tenía que ver con la reunión formal que se suponía que sería. La comida estaba servida a modo de banquete, y muchas sillas para los asistentes adornaban el centro del gran salón.

Naruto vino corriendo a saludarnos, aunque sólo fue una mera excusa para saludar a Hinata y llevársela a algún lugar que solo ellos conocían. Sonreí al ver la complicidad entre ellos, el cariño que se tenían y como poco a poco, aquel niño travieso de antaño, se había convertido en un joven apuesto y decidido.

Lo mismo pasó con mi otra compañera, a la cual secuestró Sai. Nos quedamos Tenten y yo solas, hablando de cosas sin importancia, y aunque ella lo negara buscaba con la mirada a Lee, quien sorpresivamente no daba señales de vida. Tenten cansada y a la vez enfadada al no encontrar a Lee se centró en darme conversación, cosa que agradecí enormemente, ya que necesitaba concentrarme en lo que fuera para dejar de ver cada poco tiempo el reloj de mi muñeca, que me anunciaba la hora en la que tenía que reunirme con Kakashi.

La reunión empezó con unas palabras de Tsunade-Sama, dándonos la bienvenida a todos los presentes, animándonos para que nos esforzáramos juntos e hiciéramos de Kohona la mejor aldea de todo el país del fuego. Después de esta cálida bienvenida, nada común en ella, nos dijo que no nos molestaba más y que disfrutáramos de la fiesta.

En todo este tiempo mis ojos traicioneros no dejaban de recorrer todo el salón en busca de Kakashi, quien no aparecía por ninguna parte, varios maestros disfrutaban de la fiesta, reían y bebían como nunca los había visto. Pero no había ni rastro de él. No sabía que hacer, había salido muy decidida de mi casa; decidida a enfrentarme a él y ahora las fuerzas me faltaban, y el coraje se había desvanecido como un hielo derritiéndose al lado del fuego.

Las horas fueron pasando y cuando me quise dar cuenta eran más de las 21:00. Esa había sido la hora acordada en aquella nota, debía disculparme con Tenten e irme sin que nadie me viera, pero no lo hice, me quedé allí de pie, hablando de cosas sin importancia con mi ex compañera. Tal vez era porque en el fondo tenía miedo a enfrentarme a él, pero sobre todo tenía auténtico temor a su rechazo...

Seguía en un rincón, era más de media noche y la música apenas me dejaba escuchar algo de lo que me decía un chico, quien se había acercado a darme conversación al verme sola, dado que Lee se había llevado a Tenten hace casi una hora y no los había vuelto a ver desde entonces. Había bebido varias cervezas, y aunque me sentía algo mareada, eso no me impedía bailar al son de la música. Pero el beber tanta y tanta cerveza hizo que tuviera la necesidad urgente de retirarme al baño más próximo.

Me despedí de aquel chico, él se despidió de mi entre sorprendido y enfadado, cosa a la que no le di la menor importancia y me dirigí hasta el baño. Me enfadé mucho al ver aquel maldito cartel de fuera de servicio que adornaba la parte superior de la puerta. Que mala suerte había tenido, el otro baño disponible si no mal recordaba se encontraba en la otra parte del edificio, aquella parte que había evitado pisar en toda la noche. No podía más, así que decidí ir hasta aquel baño que conocía perfectamente. Cuando llegué a mi destino, me apresuré a entrar y antes de salir vi mi imagen reflejada en el espejo, aproveché para peinarme con los dedos, mojar un poco mi pelo y poner algo de labial rojo en los labios.

Cuando salí, como si me hubiera seguido...finalmente lo vi. La luz del pasillo no iluminaba lo suficiente, aún así, su figura era más que conocida para mí. Sentí que un escalofrío me recorrió la espina dorsal, que los vellos se me erizaron y que la respiración se me aceleraba a cada segundo que pasaba. Intenté mantener la calma. Avancé como si no me importara, ignorándolo por completo, negándome a mirarlo a los ojos. Pasé por su lado y sentí su mirada clavada en mi cuerpo.

Conseguí pasar por su lado y salir ilesa, o eso pensé, aunque fue tarde cuando me di cuenta de lo que había sucedido en realidad; él me había levantado y depositado en su hombro. Grité desesperadamente para que me bajara, pero Kakashi me ignoraba completamente, cargándome como si fuera un saco de patatas, o una mercancía, lista para ser transportada.

—¡Bájame te he dicho, que me bajes, esto es un secuestro, me escuchas Kakashi!—grité con todas mis fuerzas, sorprendiéndome a mi misma el haberle quitado el sensei de su nombre y tuteándolo descaradamente.

—Puedes gritar todo lo que quieras Sakura-chan, la música está tan alta que nadie te va a escuchar—respondió tranquilamente.

Seguí pataleando e intentando soltarme de su agarre pero nada funcionó. Después de unos segundos caminando se detuvo por fin frente a la puerta de mi antigua aula, metió una llave en la cerradura y ambos ingresamos en aquel viejo salón tan conocido para mí.

—¡Estás loco, como te atreves a secuestrarme, déjame salir!—grité perdiendo los papeles, una vez que me depositó en el suelo. Estaba furiosa no solo por las formas si no porque me había cargado como si fuera una mercancía.

—No te voy a dejar ir hasta que me escuches y una vez que lo hagas, eres libre de quedarte o irte, pero hasta entonces, tendrás que escucharme—me dijo acercándose más hasta donde me encontraba.

—No quiero oír ninguna explicación, no me interesa en lo más mínimo escucharte, me marcho—respondí dispuesta a salir de aquel lugar.

Él se interpuso entre la puerta y yo, intenté forcejear con Kakashi pero fue imposible, me sujetó los brazos por encima de la cabeza y puso mi espalda contra la puerta.

—Sakura por favor, ambos tenemos que hablar, compórtate como la mujer que dices ser y escucha lo que tengo que decir—me dijo una vez más.

—No tengo nada que escuchar, suéltame de una maldita vez, o verás de lo que soy capaz, y me da igual que todo el mundo se entere—respondí amenazante.

No entendía porqué no se rendía, porqué ponía tanto empeño en retenerme.. había estado meses y meses ignorándome, alejándose de mí, y de repente quería hablar conmigo. Y mientras yo intentaba desesperadamente buscar otra salida, Kakashi ponía llave a la puerta de donde nos encontrábamos.

Aún en la penumbra podía distinguir su silueta, me embriagaba por completo ese olor tan característico suyo, aquel roce de sus manos sujetando mis brazos, hizo que mi cuerpo añorara sus caricias. Debía salir de ese lugar lo antes posible, antes de que mi cuerpo ganara a la razón y sucumbiera por completo al deseo.

Kakashi se quitó de la puerta, caminó lentamente y se apoyó en la mesa del profesor, desde donde yo lo veía perfectamente.

—Aún recuerdo la primera vez que te vi en este mismo lugar, cuando Naruto puso el borrador de tiza en la puerta—comenzó diciendo. —Ya en aquella época, cuando aún eras una niña, me pareciste hermosa, aunque nunca te lo dije—prosiguió hablando intentando llamar mi atención.

—El que me hagas cumplidos no soluciona nada, mejor dame la llave—demandé perdiendo la paciencia, a la vez que estiraba mi mano demandando aquel trozo de metal.

—Después cuando entraste en la adolescencia, te vi con otros ojos...y me castigaba a mi mismo diciéndome que no debía mirarte de aquella manera, ya que no eran miradas que un maestro debería de hacer a su alumna—confesó ante mi sorpresa, ladeando la cabeza para evitar que lo mirara a los ojos.

No sabía como sentirme ante aquella confesión: feliz, aterrada, sorprendida...por un lado pensaba que me estaba mintiendo, ya que yo jamás noté que le importaba, sus miradas, sus atenciones, y sus entrenamientos siempre fueron para Sasuke y en menor medida para Naruto, pero nunca para mí. Pero por otro lado, tal vez él por primera vez decía la verdad, y sólo quedándome a escuchar cada palabra que salía de su boca, podría conocer la verdadera razón de todas sus acciones.

—Me reprimí durante años, intentando alejarte de mi cabeza, anteponiendo mi deber, con la aldea, contigo y con tus compañeros. Pero después de aquel día, cuando viniste a pedir aquel favor...no pude más—me dijo mientras buscaba mi mirada.

—No se a que viene todo esto, lo nuestro si en algún momento hubo algo, simplemente terminó. Y no fui yo la que quiso que eso sucediera, ni fui yo la que huí y se alejó sin dar ni una sola explicación, sin decir ni una sola palabra...—contesté sacando por fin una parte de lo que quería decir.

Kakashi me miró entre confundido y molesto, como si todo lo que le decía no fuera verdad.

—Escuché toda la verdad Sakura. Escuché perfectamente cuando le decías a Sasuke que no me querías, que lo nuestro había sido algo pasajero, y por favor no seas tan descarada como para negármelo—me dijo Kakashi visiblemente molesto.

Mi boca se abrió totalmente ante lo que escuchaba, ¿Dónde había escuchado Kakashi aquello que le dije a Sasuke?. Pudiera ser que aquel ruido...que escuché ese día no hubiera sido provocado por un gato...

—Eso no es verdad, es decir, si fue así, pero le dije eso a Sasuke porque...no quería...—intenté terminar mi frase pero me interrumpió.

—No tiene caso que ahora niegues todo, al fin y al cabo...y por lo que vi la otra noche, ahora sales con Neji Hyuga. Pero no te preocupes no te vengo a reprochar nada, sólo te quiero explicar el motivo de mis acciones y algo...que desde hace años he guardado—

No respondí nada, suspiré pesadamente sabiendo que ese era el momento perfecto para decirnos todo, las luces estaban apagadas, la luz que entraba por las ventanas le daba un ambiente dramático al momento que compartíamos, la gente reía y bailaba en el gimnasio. Mientras Kakashi por segunda vez en la noche evitaba mi mirada.

—Esto es muy difícil de decir...Sakura...—su voz se entrecortaba, mientras sus dedos tocaban con rapidez la mesa en la que estaba apoyado.

—¿Qué es tan difícil?—pregunté no muy segura de escuchar su respuesta.

—La Luna está hermosa esta noche, tanto como lo estas tú—me dijo a la vez que caminaba y se situaba a lado de la ventana que daba al patio trasero. —Y si que es difícil, créeme que es muy difícil, confesarle lo locamente enamorado que siempre estuviste a la mujer que amas—confesó por fin.

Mi corazón dio un vuelco, me llevé las manos a mi boca, intentando acallar el sonido de sorpresa que salió de mi garganta, no me esperaba esa respuesta, para nada...Tenía que ser mentira, él se estaba burlando de mi, después de tanto tiempo ignorándome... ¿Por qué ahora me decía esto?.

—¡Mentira, todo lo que me has dicho es mentira!. ¡Si me hubieras querido no me habrías cambiado por otra mujer a la primera de cambio y lo más importante, no me habrías ignorado por tanto tiempo!—exclamé sacando todo lo que tenía guardado.

—¡Y que quieres que piense cuando unos instantes después de besarte en tu puerta, escucho confesarle al hombre del que siempre estuviste enamorada, que no sentías nada por mi, que fui un juego, y que todo entre nosotros era agua pasada!—respondió furioso.

Me quedé callada, sintiéndome como una auténtica tonta, aquel día, tenía que haber enfrentado a Sasuke, y confesarle todo lo que sentía por Kakashi, pero fui tan cobarde que me dio miedo.

—Al principio me causabas mucha ternura, admiraba tus sentimientos por Sasuke, me parecían tan sinceros y verdaderos...pero después de ver sus desprecios, sus desplantes no entendía porqué te aferrabas tanto a un hombre como él. Y cuando Sasuke intentó matarte, en ese preciso instante cuando sentí que te perdía, fue cuando me di cuenta de que mis sentimientos hacia ti, iban más allá de un cariño que siente un maestro por sus alumnos—sus palabras eran claras y precisas, hablaba como si no escondiera nada, como si dijera toda la verdad.

—Cuando vi en la mujer que te habías convertido, comencé a desearte, soñaba contigo, y en mis sueños daba rienda suelta a mis bajos deseos...mi forma de pensar en ti no era correcta y me reprimía, me castigaba por pensar de esa forma en una niña a quien había visto crecer—dijo siguiendo su relato. —Pero aquel día, cuando me pediste aquello tan íntimo, pensé que era un sueño hecho realidad, aún así dudé por un instante, pero después no pude resistir más. Desde aquel día, me propuse conquistarte, hacer que me amarás y olvidarás por completo a Sasuke, me moría de celos cada vez que se te acercaba—me dijo Kakashi sin mirarme a los ojos, completamente avergonzado.

Sus palabras se escuchaban tan sinceras, tan reales, que me costaba creer que fueran mentira. Y de ser ciertas, yo habría sido una completa estúpida al no darme cuenta antes de sus verdaderos sentimientos.

—Te quería sólo para mí, que fueras completamente mía, y cuando por fin lo hice, creí ciegamente que había conseguido enamorarte, escuché en primera persona que todo había sido un juego para ti, una diversión pasajera...¿Qué querías que hiciera?. Tantos años detrás de ti, protegiéndote, cuidándote y amándote no habían servido para nada. Me alejé de la aldea, le pedí expresamente a Tsunade-Sama que me enviara lejos, me sentía tan tonto... tan...patético, porque a pesar de mis años, y de mi experiencia...no podía superar tal decepción amorosa que me había provocado una mocosa como tú. Intenté darte celos con mi ex-compañera y los celos me los diste tu con Neji Hyūga, es irónico ¿no?, en fin...Sakura eso era todo lo que querías que supieras, esa es mi confesión.—me dijo dándose la vuelta mientras sacaba la llave de su bolsillo.

No dudé ni por un instante, detuve su mano antes de que introdujera la llave en la cerradura. Sintiendo como la calidez de aquel contacto me invadía por completo.

—Ahora tienes que escuchar mi confesión, Kakashi-Sensei—le dije antes de que se fuera.

Le relaté todo lo que había pasado, todo lo que había sucedido aquel día, cuando por casualidad él había escuchado mi falsa confesión. Le expliqué que aunque todo había comenzado como un juego, por el camino no había podido evitar enamorarme, como había sentido miedo al perderlo, como sufrí en su ausencia, y lo mucho que me dolió su indiferencia.

Kakashi permanecía de espaldas escuchando atentamente cada una de mis palabras, en silencio, sin mover ni un solo ápice. No sabía que es lo que iba a pasar entre nosotros de ahora en adelante, pero por mi parte me sentía ligera, liberada, sin esa carga que pesaba sobre mis hombros, sin esa angustia que me oprimía el pecho. Por fin le había confesado esos sentimientos que tanto rechacé al principio. Por fin le pude decir que lo amaba, y que aún ahora lo seguía amando.

Esta vez fui yo la que introdujo la llave en la cerradura. Abrí la puerta y pasé por su lado con paso firme, decidida a irme sin mirar atrás. Pero antes de salir, su mano sujetó firmemente mi muñeca, deteniendo por completo mi avance. Hizo que ingresara de nuevo y volvió a cerrar la puerta con llave. Puso mis brazos encima de mi cabeza, sujetando mis muñecas con una de sus manos, mientras que con la otra se bajaba la máscara.

Su aroma al estar tan cerca me embriagaba por completo, contuve la respiración; me sentía nerviosa, pero a la vez emocionada. Sus labios se iban acercando a los míos, y por fin después de tantos meses, pude saborear de nuevo aquellos labios que tanto había deseado.

Aquel beso fue demandante, salvaje, intenso y pasional. Su lengua se deslizó sin pedir permiso en mi boca, mientras que una de sus manos iban acariciando todas las formas de mi cuerpo.

Mordió uno de mis labios con desesperación mientras se aferraba a mi cuerpo. Yo estaba completamente a su merced, dejándome llevar sin poner oposición. Cuando no pudimos resistir más nos separamos, mirándonos con deseo, como dos adolescentes que acababan de descubrir los placeres del sexo.

—Lo mejor será irnos, Kakashi-sensei, alguien podría venir—susurré en algún momento de cordura.

—No, no puedo resistir hasta que lleguemos a mi departamento—su voz se entrecortaba. —Te deseo tanto Sakura, te necesito ahora—

—Pero y si alguien nos ve...ademas este no es lugar adecuado para...—

Sus labios encima de los míos hicieron que me callara. Mi nerviosismo disminuyó en cuestión de segundos, cuando sentí sus manos recorrer cada centímetro de mi cuerpo; ambos estábamos sedientos del uno por el otro. Correspondí cada caricia, cada beso, como si nada hubiera pasado, como si aquellos largos y tortuosos meses nunca hubieran existido.

El aula en penumbras, únicamente alumbrada por los rayos de luna entrando por las enormes ventanas, hacían que el ambiente fuera idóneo para amarnos. Escuchaba como me latía el corazón apresuradamente, mientras él me tumbaba encima de la mesa del profesor.

En esta clase fue donde nos conocimos, donde hace años lo vi por primera vez, y ahora me encontraba tumbada, besándome apasionadamente con el hombre que tanto me había enseñado. Con el sensei al que yo escuchaba atentamente, poniendo atención a cada una de sus lecciones, al que veía desde mi pupitre, mientras él permanecía sentado, leyendo despreocupadamente uno de sus libros...

La ropa fue removida con facilidad, en este punto me daba igual que alguien nos viera; mi cuerpo entero era una revolución, ardía de placer, deseaba con todas mis fuerzas ser suya, sentirlo dentro de mi cuerpo como aquella vez en el bosque y perderme por completo en sus brazos. Sentía como su miembro estaba listo para adentrarse en mi intimidad, deseoso por sentir la humedad que le esperaba entre mis piernas. Gemidos ahogados escapaban de mi boca, que él acallaba con una mano.

Mi excitación no hacía más que crecer, al sentir como su lengua viajaba traviesamente entre mis pechos, sintiendo como sus dientes mordían mis pezones y los erguían completamente, como su lengua iba dejando el rastro de su saliva en ellos...como delineaba mi abdomen, y como se adentraba entre mis piernas, haciendo que arqueara mi espalda en respuesta a tanto placer.

Su tortura me estaba matando, mis gemidos salían sin poder contenerse en mi garganta, llenando el aula entera de sonidos indescifrables, vulgares y eróticos. Él no parecía que iba a ceder hasta escuchar salir de mis labios alguna súplica. Intenté contenerme pero no podía aguantar más.

—Kakashi-Sensei, yo..no..no.. puedo más...—logré decir.

Él no respondió nada, simplemente se alejó y se limitó a mirarme. Después de unos segundos, que se me hicieron eternos, por fin se decidió a hablar.

—Sakura-chan las lecciones han terminado, y esta es tu evaluación final. Me tienes que demostrar todo lo que has aprendido—me dijo asumiendo perfectamente el papel de maestro.

Sonreí traviesamente y decidí seguirle el juego, al fin y al cabo, todo esto, había comenzado de esa forma.

—Bueno si no mal recuerdo esta era la primera lección—respondí poniendo una voz sensual.

Comencé abriendo más las piernas, dejando mi intimidad expuesta totalmente, y aunque la luz era escasa, sabía que gracias a su sharingan era capaz de observarme sin perder ningún detalle. Metí mis dedos en mi boca y lentamente fui tocando aquella zona tan íntima, con caricias pausadas, a la vez que gemía sonoramente, mientras él me miraba entre sorprendido y excitado. Intentó acariciarme de nuevo, pero no lo dejé. Me levanté de la mesa, y lo empujé para que ahora fuera él, quien se pusiera en mi lugar.

—Y ahora la segunda lección, ¿cómo era...sensei?—pregunté haciéndome la inocente. —Ya lo recuerdo—le susurré en su oreja, a la vez que me arrodillaba junto a su entrepierna.

Me deshice de su pantalón con mucha facilidad, metí mis dedos en su ropa íntima, y liberé su miembro, que rogaba por un poco de cariño. Kakashi me miraba sorprendido por mi atrevimiento y antes de que dijera nada, metí todo su falo en mi boca, escuchando sus jadeos, sintiendo como su mano guiaba y marcaba mis movimientos. Su cadera se movía cada vez con más rapidez, su respiración se entrecortaba y de su boca escapaban gemidos que luchaban por no salir.

No pudo aguantarlo más, retiró mi boca de su miembro y me apoyó contra la mesa, boca a abajo mientras se ponía detrás de mí, acariciándome cada centímetro de aquella delicada zona.

—Está lección fue un poco dolorosa la última vez. ¿Quieres probarla de nuevo, Sakura-chan?—preguntó Kakashi.

—Claro que deseo probarlo de nuevo sensei, solo se delicado conmigo, ¿vale?—respondí muy excitada.

Sus dedos fueron entrando y saliendo de aquella zona tan intima, al principio sentía dolor pero después me fui acostumbrando a su intromisión. Sin perder el tiempo, introdujo su miembro en aquella prohibida cavidad, haciendo que gimiera ante el contacto, mi cuerpo se tensaba ante su avance, y aunque quería relajarse las dimensiones desproporcionadas de ambas partes hacían casi imposible que pudiera contener los gemidos de dolor.

Besándome desde el cuello, pasando su lengua por mi espalda, hasta posarse en mi cintura, Kakashi intentaba distraer mi atención. Y después de varios segundos lo consiguió. Sus embestidas al principio lentas y pausadas con el paso del tiempo cada vez fueron más profundas y rápidas. Dolor y placer se iban entremezclando en mi cuerpo haciendo que miles de sensaciones contradictorias me recorrieran por completo.

Mi cabeza pegada a la madera de la mesa, sus manos sujetando mis brazos, su cuerpo ardiendo de deseo embistiéndome fuertemente, sus movimientos cada vez más rápidos, y yo siendo completamente dominada, fue lo único que necesité para llegar a tan inusual orgasmo.

Gemí intensamente, cuando sentí que aquel placer puro me recorría por completo. Él también lo noto, ya que aceleró sus movimientos, dándome aún más placer si cabía. Después de aquello se separó de mi cuerpo, dándome la vuelta. Mirándonos frente a frente. Mis labios volvieron a ser suyos, apresándolos y besándolos con pasión.

—¿He superado la penúltima lección, Kakashi-sensei?—mi voz entrecortada solo hizo que se excitara aún más.

—Completamente, ahora toca la lección más importante—me dijo a la vez que me tumbaba boca arriba sobre el escritorio del profesor, que estábamos utilizando como cama.

Abrió aún más mis piernas, levantó mis brazos encima de mi cabeza. Y se posó entre mi cuerpo, introduciéndose poco a poco dentro de mí. Volvimos a unirnos en un solo ser, moviéndonos lentamente, saboreando el placer de estar el uno dentro del otro.

Esta vez no hubo dolor, sólo placer, me sentía completa, feliz por estar en sus brazos, y también me excitaba de sobremanera que lo estuviéramos haciendo sobre el escritorio donde incontables veces él había dado clases. En aquel lugar desde donde Kakashi y los demás maestros impartían sus enseñanzas.

Mis gemidos fueron en aumento, escapando de mi garganta sin poderlos controlar, mi cuerpo ardía con su contacto, mientras que sus besos intentaban acallar mis sonoros quejidos. El sudor de ambos se resbalaba por mi piel, sus dedos acariciaban mis pechos logrando que me envolviera una sensación de placer absoluta.

Me aferré a su cuerpo cuando el ritmo de las embestidas fue en aumento, mordiendo la piel de sus hombros, arañando su espalda. Mientras que él agarraba mi cuerpo con más pasión, logrando la postura ideal en la cual nos sincronizábamos perfectamente. El clímax de nuestro encuentro estaba a punto de llegar, nuestra respiración agitada, sus movimientos frenéticos y los gemidos incontrolables de ambos pronto llegaron a su fin, cuando sentí que una sensación de calidez y placer intenso recorrió cada parte de mi anatomía. Kakashi se aferró a mi cuerpo a la vez que clavaba sus dientes en mi cuello, succionando la piel de aquella zona delicadamente, a la vez que gemía de placer, dando por fin una última estocada en mi interior.

No se cuanto tiempo nos quedamos en aquella posición, sintiendo como el aire regresaba a nuestros pulmones, como los latidos se volvían cada vez más pausados...

—Te...amo...Sakura...—susurró dejándome completamente sorprendida.

Si hubiera podido ver su cara seguramente estaría completamente roja, Kakashi no era de aquellas personas que confesaban así como así sus sentimientos, fue por eso que me sentí afortunada de haber podido escuchar aquella confesión que ni en mis mejores sueños ocurría.

—Yo también lo amo sensei—respondí mientras mis manos se aferraban a su cara, mientras lo besaba lentamente, saboreando sus labios, como si fuera nuestro primer beso...

Y así fue querido diario, como después de meses y meses de sufrimiento, aquella noche en la academia ninja, y en el lugar menos esperado, mi tristeza llegó a su fin, y por primera vez escuché una confesión de amor de la persona que menos me esperaba.

No sé que nos deparará el futuro, no sé si estaremos juntos para siempre o si nos separaremos de nuevo, lo único que tengo claro es que no puedo estar más feliz, lo único que sé, es que viviré el presente, disfrutaré de cada segundo a su lado... porque aunque todo comenzó como una petición sexual por mi parte, por el camino no pude evitar enamorarme de él; de el líder de mi anterior equipo, aquel quien tantas veces se preocupó por mí, aquel quien me salvó la vida en diferentes ocasiones, aquel quien me apoyó y estuvo a mi lado en los peores momentos de mi adolescencia, siempre con una sonrisa bajo su máscara y un gesto amable, mi querido y misterioso Kakashi-sensei.

FIN