Terminó de colocarse la túnica como pudo, sabía que debía verse desastroso, pero en este punto ya nada importaba, quedaban menos de cinco minutos para ingresar al ministerio y él ni siquiera se había lavado los dientes. Su casa, como nunca, parecía desconocida, no encontraba nada. A travesó la sala hasta llegar a la cocina, de donde tomó una manzana roja y luego se dirigió a la chimenea. Tiró un puñado de polvos Flú y exclamando ¡Ministerio de magia! desapareció entre humo verde.

Cuando arribó en su destino el estómago le pesaba y la cabeza le daba vueltas. Haber salido a beber con Ron la noche anterior había sido una pésima idea, ni comprendía porque aceptó cuando era un día de semana y en la mañana tenía trabajo que hacer.

Pasó como rayo veloz por la sala de aurores saludando a todos de manera rápida, entró a su oficina y por fin se permitió relajarse un poco. Se acomodó las gafas que traía torcidas, suspiró mirándose en el espejo, Hermione lo iba a matar. Tomó asiento tratando de encontrar los papeles necesarios cuando la castaña apareció por la puerta, la miró sin saber que gesticular.

—Buenos días. — Pronunció con un gesto estoico su amiga. El tono neutro que indicaba la necesidad de una buena excusa.

—Buenos días, Hem. — Correspondió el saludo mientras se mojaba los labios. — ¿Cómo estás? — Preguntó tratando de ganar tiempo.

—Bien, gracias. — Contestó seco, para luego cruzar los brazos. — Harry, vas tarde a la reunión, que, si no recuerdas, te supliqué que asistieras. Yo sé que no era del todo tu asunto, pero es importante. — Sacó unos papeles del portafolios y se los tendió. — Ron me confesó que se habían escapado a un bar, así que asumí que no ibas a encontrar nada hoy.

—Hem… —Tragó saliva, sabía que se había metido en un problema, y además faltado a su palabra. — Perdón, ayer con Ron me pase de tragos, y, no se… Necesitaba desahogarme, sé que no era el momento para eso…— No terminó de explicarse pues un suspiro ajeno le interrumpió.

Miró a su amiga, ahora más relajada, le dedicaba unos ojos comprensivos. Él sabía que Hermione era probablemente la primera en notar los cambios que pasaban por su persona, pero a diferencia de Ron, ella era prudente, le daba su tiempo y espacio. La chica se acercó hasta él y le acarició el hombro en un gesto cariñoso.

—Tranquilo, sé que has tenido la cabeza en otro lado. No estoy realmente molesta, es solo que este caso me trae ansiosa y tú eres el único que puede ayudarme. — Se alejó un poco y le tendió nuevamente los papeles. — Hablemos luego, la reunión comenzó hace poco. Aún hay tiempo.

—Déjamelo a mí. — Dijo para la tranquilidad de su amiga, agregando una pequeña sonrisa.

Se despidieron de manera apresurada y acordaron hablar próximamente. Harry se sentía extraño, hace bastante que había dejado de exteriorizar muchos de sus pensamientos y poder volver a conectar con sus amigos más cercanos le hacía sentirse liviano.

Caminaba a paso apretado, ya llevaba diez minutos de atraso. La cabeza aún le palpitaba y se maldecía por no haber conjurado algo contra la resaca. Ya estaba frente a la puerta de manera, tocó una vez y luego abrió, una de las ventajas de ser el "Héroe del mundo mágico" era que la gente tendía a justificar cualquier cosa que hacía, y si no, como jefe de aurores podía decir que tenía algo importante que hacer.

En la sala todos guardaron silencio al verlo entrar y le saludaron con un asentimiento de cabeza. Tomó asiento junto al ministro de defensa contra las artes oscuras, según había leído, el caso iba mucho más allá de algo sin importancia.

—Bueno, prosiguiendo con los datos que tenemos sobre los artilugios rescatados de la última pericia realizada, destaca un libro. No tenía inscripción y para encontrarlo se necesitó que dos magos realizasen un Specialis Revelio, así que suponemos que el mago que empleó el conjuro es de un gran poder mágico. — Informó el auror a cargo mostrando algunas de las escenas y el libro en cuestión. — Este objeto se encontraba en la casa de Puppet Wireless, un antiguo mortífago que aportó en la guerra contra Voldemort, por lo cual se encontraba en libertad condicional. Cuando los aurores entraron al lugar encontraron el cuerpo sin vida del dueño. — Mostró unas fotos del susodicho, las clásicas tomadas en Azkaban. — Se presume que murió debido a un Juramento Inquebrantable, pues tenía marcas en la muñeca derecha y las venas ennegrecidas. En el lugar se encontraron muchos objetos malditos y prohibidos. Varios de ellos relacionados con el caso que llevamos entre manos.

El auror siguió hablando de otros datos relevantes y demás artilugios. Harry no veía el conflicto con todo eso, no parecía algo que saliera de control. Claro, había varias incógnitas, pero no entendía en que ayudaba su presencia con todo eso. Hermione lucía bastante empeñada en que él era una pieza clave para resolver todo, agregando el hecho de que menciono la importancia personal que tenía para ella el caso. Era inquietante, sí, ¿pero tanto para que su amiga se perturbara?

—… Entonces. — La voz volvió a la cabeza de Harry. Prestó atención nuevamente. — El caso, como muchos sabrán, no es simplemente un tráfico de objetos prohibidos o conjuros, va más allá de seguir los legados de Voldemort después de su caída. Descubrimos que todos estaban bajo diversos tipos de hechizos de ocultamiento y escritos con tinta invisible. Lo desconcertante de esto, es que se encontraban emplastados con un antiguo lenguaje de runas, pudimos traducir muchos de ellos, pero otros se escapaban simplemente de nuestros conocimientos. Algunos tienen mezclas de runas y otras se desconocen. No contamos con nadie en nuestro equipo de traducción que pueda descifrar tales inscripciones.

—¿Y alguien anexo a nuestra unidad? —Interrumpió Potter con el ceño fruncido, las runas no eran lo suyo, pero debía haber alguien capaz de ayudar.

—Bueno, verá, señor Potter, según nuestra investigación, no hay muchos magos que puedan entender este lenguaje, que cabe recalcar, está cifrado. Y eso es porque este fue creado por el señor oscuro, es decir, probablemente solo los mortífagos más cercanos a él puedan leerlo. —La cara del auror estaba poblada de inquietud, se notaba algo consternado por todo lo que estaba ocurriendo. —

—¿Y preguntar a alguno en azkaban? Seguramente hay alguien dispuesto a dar tal información a cambio de poder salir, incluso por una baja en su condena.

—¿Crees que no hemos pensado en esa opción, Potter? —Habló la voz grave y autoritaria del ministro. — Pero ninguno quiso si quiera considerarlo. Todos, hasta los que contaban con las peores condenas se negaron rotundamente. Escupieron en nuestras caras que preferían pudrirse entre esas frías paredes antes que traicionar a su señor. ¡Su señor! Todavía osan hacerle culto. Incluso Lucius Malfoy, que fue sometido al Crucius, se negó a soltar pista. — El de ojos esmeraldas tragó al escuchar ese nombre, tenía muchos recuerdos de aquél sujeto, y por supuesto de ese apellido. Recordaba claramente lo demacrado que lucían él y Draco en la guerra ¿por qué seguir sometiéndose a esa tortura después de todo? Si bien, no se le iban a perdonar todos sus pecados, con la cantidad de contactos y fortuna que amasaban, volver a integrarse a la sociedad no le costaría demasiado. Sin contar con el hecho de que Draco Malfoy ayudaba activamente a la restauración del mundo mágico, si no era el ministro de economía, era por el simple hecho de la mancha que cargaba su reputación.

La habitación se quedó en silencio, se veía en las expresiones de todos que buscaban posibles soluciones a tal problema, teniendo en cuenta que los mortífagos que estaban fuera de Azkaban no darían respuestas muy diferentes, muchos de ellos habían hecho lo posible para retomar su imagen pública, seguían siendo, después de todo, familias extremadamente poderosas. Harry se apretó el puente de la nariz, ahora entendía toda la complicación ¿qué buscaba el responsable? De hecho, tenía muchas preguntas.

—Sé que va a sonar estúpido mi cuestionamiento. Pido disculpas por no conocer todo el caso, pero ¿cómo comenzó todo esto? — Consultó mirando a su subordinado a los ojos. —

—Verdad. Usted no estaba al tanto de este caso. En realidad, comenzó como algo sin demasiada relevancia, solo un microtráfico de libros de conjuros. Nada muy perjudicial. —Tomó aire— Pero, al mismo tiempo se notificaron, por parte de muchos magos y brujas, comportamientos inusuales en algunos individuos. Al principio eran cambios de comportamientos o que estaban bajo algún tipo de hechizo hipnótico. Con el paso de las semanas se notaban cambios radicales. Algunos se comportaban como animales, de manera violenta y ya cuando pasaron dos meses había muertes. — Potter estaba descolocado, ¿por qué él no sabía nada de eso? No había recibido ningún informe al respecto.

— ¿Por qué no se puso un aviso de inmediato?

— Pues, porque no había causas de muerte que indujeran al acto de terceros. Así que al comienzo fueron tomados como dos casos apartes, por un caso de tráfico y el segundo ni siquiera pudo clasificarse. Hasta que, investigando los cuerpos, se hallaron runas en las muñecas de las víctimas, las cuales coincidían con las de algunos libros y otras posesiones que teníamos en nuestro poder. Por lo cual, notamos las conexiones existentes entre ambos procedimientos. De esa forma el caso paso a manos de Derechos Humanos — A cargo de Hermione, asumió Harry— y posteriormente a los aurores.

— Nadie me informó nada de esto, siendo que estoy a cargo del departamento, ¿quién me dejo fuera? —La cabeza ya resentida desde antes, le bombeaba. Algo no le gustaba, era sospechoso.—

— Yo di esa orden. —Respondió inmutable el ministro. — El caso estaba en mis manos, e iba a dejar que un auror de menor rango hiciera el trabajo, como hemos mencionado, en su principio no tenía mayor importancia.—

— Hasta que llego a este punto, ¿no? Con muertes y un sinfín de aristas. —Tenía que aceptar que estaba cabreado y odiaba que le escondieran cosas, mucho más si eran importantes. Hermione tampoco había mencionado palabra de todo eso, pero le había pedido someterse en el caso.

— Bueno, no pensamos que iba a estar lleno de mortífagos y magos con insanas metas.

— ¿Insanas metas? — La duda volvió a azotarlo, más fuerte que el hecho de que al ministro ni le preocupaba que sus decisiones afectaran de forma fatal en las vidas ajenas.

— A eso quería llegar. —Interrumpió el auror a cargo. Todos los demás guardaban silencio, sin atreverse a soltar palabra ante el diálogo de sus dos mayores. — Verá, las runas que logramos descifrar, en realidad eran conjuros. Pero no cualquier tipo ,si no que eran extraños.

— ¿Extraños cómo?— Enfocó toda su atención en el hombre que se mantenía de pie.—

— Se comportaban igual que un parásito. Al leer las runas estas se pegaban a la piel y si no hacías lo que indicaban, de apoco, comenzaban a carcomerte por dentro. Generaban cambios en la persona, a veces hasta en la propia magia del individuo. No sabemos que tanto poder tienen, pero es el suficiente para acabar con una vida, por lo que hemos visto. Por eso mismo, suponemos que hay un individuo o grupo, que busca algo manipulando a las personas.—

Ahora sí que no sabía que pensar, había venido por un simple caso de tráfico. Más exacto por un libro sospechoso y de repente estaban hablando de algún tipo de secta con un plan muy elaborado entre manos. Por supuesto que su amiga se había involucrado en eso, atentaba contra la libertad de las personas, las dañaba y por sobre todo, las forzaba a hacer cosas que no deseaban. Aunque que el hecho de que ella no le hubiera comentado nada desde antes le molestaba un poco, le restó importancia, seguramente tenía un buen motivo.

— Potter. —La voz atravesó sus pensamientos. — Ya que entiende más del tema, y esto se está alargando demasiado, pues verá, tengo muchos asuntos que atender. Le explicaré la razón por la que se le ha llamado ahora con tanta urgencia. —El ministro carraspeó acomodándose un poco en la silla. A Harry aún le molestaba el tono que utilizaba cuando decía su nombre o apellido, adicionando el hecho de que lo llamaba sin ningún antepuesto una confianza que el no le había otorgado. De cualquier forma, asintió, para que el señor prosiguiera. — El caso es que, hay que averiguar cómo abrir el último libro encontrado, asumimos es algo importante para los involucrados, por lo cual, para nosotros es de vital importancia conocer su contenido antes de que ellos hagan otro movimiento.

— Yo no sé leer esa clase de runas.

— Eso, lo sé. —Contestó el mayor de los dos. Hacía ver que Harry no era santo de su devoción. — Por lo cual, yo, con el poder que me da el ministerio le dejo a cargo de este caso junto al señor Draco Malfoy, sub encargado del ministerio de economía y finanzas.

El ambiente cambio enseguida, todos se tensaron. No era un secreto la relación conflictiva que llevaban ambos hombres desde sus días de escuela, sobre todo conociendo su situación como rivales eternos. Incluso en el presente, no se llevaban muy bien. Ya no se insultaban cada que podían ni se hacían bromas, en eso habían cambiado. Pero siempre que se topaban se quedaban al margen de lo cortés y uno que otro comentario mordaz, generalmente lanzado por Draco y continuado por Harry. La idea de ambos en el mismo equipo se hacía bizarra, una reacción química que acabaría en una explosión. Obviamente el jefe de aurores no iba a dejar que lo obligaran a trabajar con semejante individuo sin oponer una mínima resistencia.

— Disculpe, señor ministro. Con el debido respeto, me temo, voy a rechazar su petición. — El chico declaró mirándolo fijamente a los ojos, retándolo con la mirada.—

— No era una petición, auror. — Se puso de pie, ordenando al mismo tiempo los bordes de su saco. El menor de ambos notando la degrades que le dio a su cargo. — He dicho claramente que bajo el poder que se me confiere, mayor al suyo, entenderá usted, le dejo a cargo esta investigación en conjunto con el Señor Malfoy.—

— Entiendo que esta misión quede a mi cargo, pero ¿por qué con el señor Draco Malfoy? — Apretó los dientes al final de su pregunta.—

— Se escuchó un suspiro del otro participante de la conversación— Francamente, me ha decepcionado, Potter. Pensé que alguien con su renombre, captaría enseguida el motivo de mi decisión. —Cerró los ojos en un gesto de dramática decepción, negando a su vez con la cabeza. Harry hizo rechinar sus dientes, aquel sujeto le sacaba de quicio. — Bueno, se lo explicaré de igual manera. El sub encargado de finanzas, como todos sabemos, es también un ex mortífago y no cualquiera, si no, uno de los mas altos. Así que claramente sabrá leer todos aquellos mensajes que desconocemos.—

— Entonces, déjele ese trabajo a él. Yo me puedo hacer responsable de todo lo demás. Me encargaré de apresar a los responsables. — Dijo poniéndose de pie, quedando a la altura ajena. — Sabe que estoy lo bastante capacitado.—

De eso no me cabe duda, ese es su trabajo, después de todo. —Soltó una risa socarrona. — Y es por esas mismas capacidades que ambos deben estar juntos en el caso. Después de todo el Señor Malfoy, no deja de ser una serpiente venenosa y muy astuta. — ¿De qué lado estaba ese hombre? — Pero si esta con usted, rebajamos las posibilidades de alguna jugarreta. Como mínimo le debe tener un poco de respeto a nuestro héroe. Si le asignáramos esto a un auror promedio, lo mas seguro es que le tema a alguna clase de enfrentamiento con el señor Malfoy, no olvide el factor que es poderoso en muchos aspectos, más de los necesarios, diría yo. — Cerró la silla que ocupaba anteriormente y poniéndole un dedo en el pecho continuó. — Le dejo esto es sus manos, confiamos en que podrá dar con los culpables. Tiene toda libertad de actuar contra cualquier sospechoso. Eso incluye al sub encargado, de momento no hay pruebas, pero no podemos fiarnos de nadie. — Mientras hablaba se iba acercando a la salida. — No peque de inocente, Potter, usted sabe a lo que me refiero. —Abrió la puerta, se veía que una silueta lo esperaba al otro lado. — Me retiro, adiós y… suerte. — La mirada que le dio el ministro contenía un brillo extraño. A Harry se le contrajo el pecho.

La sesión finalizo poco después. El ahora encargado del caso se retiró junto a los demás. Estaba cabreado, con dolor de cabeza y un ácido sabor en la boca, podría ser causado por el alcohol ingerido anteriormente, pero sabia que esa no era la causa. ¿Él y Malfoy? No necesitaba más problemas, de por si el caso era complicado. Además, le estresaba tratar con su nuevo jefe, se notaba que él no le agradaba, había quedado claro en la reunión. No es que a Harry no le sucediese habitualmente, después de la guerra el mundo mágico quedó irreparablemente dividido. Muchos dejaron de confiar en los altos mandos, sin contar a los que creían que tal vez Voldemort hubiera traído mejores cambios, acabado con la corrupción. Suponía que el ministro no estaba de parte del lado oscuro, pero sí de Malfoy, como muchos. Y eso, podía entenderlo. Por muchas riñas que tuviera con el rubio, tenía que admitir que, sin él, probablemente no hubieran podido levantar de las perdidas causadas por la guerra. Pero, elogiar a Malfoy era una cosa muy distinta a colaborar con él en una misión. Apretó el archivo que llevaba entre manos, quería conocer toda la información que tenían, después se encargaría de hablar con su nuevo compañero, aunque estaba seguro de que le avisarían antes de que él pudiera hacerlo, mejor, pensó.

La mañana llegó con la sensación de su cara estando compactada contra algo, más precisamente, contra su escritorio. Trató de reincorporarse limpiando la saliva que se le escurría por la boca. Al sentarse derecho un pinchazo le atravesó sus vertebras, la espalda reclamándole por la mala postura. Si bien, ya no tenia resaca, dormir sentado no lo hacía sentirse muy recuperado. Pero no había sido con intención, el expediente del caso era basto y tenía muchos cabos sueltos, así que revisó todo hasta caer rendido. Se levantó estirándose, haciendo sus músculos doler, el cansancio lo atravesaba, su cuerpo le pedía a gritos un sueño decente. Harry sabía que no llevaba el mejor estilo de vida. Rara vez estaba en su casa más del tiempo de sueño, trabaja demasiado y, aun así, siempre que podía, tomaba las horas extra. Ron le decía que la parte divertida de ser jefe era delegar trabajo o tomarse algunos días, pero la verdad es que Harry no quería tener más tiempo libre que el necesario, porque cada vez que no tenía nada que hacer su mente divagaba en cosas que no quería tener presentes, cuando dormía soñaba con las personas que había perdido, a las que les había fallado, todo era caos, él era caos y le tenía miedo a eso. No parecía importar si tenía diecisiete o veinticinco años, aún se sentía asustado, siempre en guardia, pensando en que esperaban todos de él, cumpliendo expectativas y comportándose a la altura. Sintiendo que no tenía el control de nada. Al parecer ser el héroe del mundo no significaba nada para sus propios demonios.

Caminó hasta la sala, en cuanto a travesó el pasillo escuchó como Hedwig golpeaba la ventana para entrar, abrió sin mayor cuidado para dirigirse a la cocina. Puso la cafetera, a pesar de vivir en el mundo mágico, en su casa había muchos artefactos muggles, no sabía porque, ya que en realidad no tenía buenos recuerdos de su vida muggle, podía que en parte fuera influencia de Hermione. Su vieja lechuza dejó las cartas sobre la mesa de desayuno. Una captó la especial atención de Harry, tenía emplastado el reconocible sello del ministerio.

"Estimado: Señor Harry Potter, jefe del departamento de aurores.

En la presente carta, el ministerio de magia le comunica las medidas tomadas por el actual caso en su cargo.

Siguiendo los estamentos de las leyes mágicas, se ha decidido, en conjunto con todos los ministros, que su tiempo quede exclusivamente dedicado al caso 1002938. También se le ha asignado como compañero de trabajo al sub encargado de economía y finanzas, el señor Draco Malfoy, de quien podrá disponer cada vez que lo necesite. Tendrá en su poder de criterio, la facultad de encerrar sospechosos. Incluso por parte del ministro de las artes oscuras se le permite ocupar maleficios. Deberá dar un informe de todo lo que se encuentre y, por supuesto, podrá disponer de todo lo que requiera para solucionar cuanto antes este asunto.

Confiando en sus capacidades y esperando la mejor resolución de este misterio, se despide el ministerio de magia."

La carta ardió en sus manos en cuanto termino de leer, no esperaba que los altos mandos se tomarán tan en serio el caso, era importante, pero esas atenciones eran demasiadas ¿permitir maleficios? Él ni siquiera había pensado nunca en aprenderlos. Maquinando toda la información que poseía en su poder, se sirvió café y tomo un bollo de bath, sentándose finalmente a desayunar.

El resto de la mañana trascurrió sin mayores apuros. Debía estar a las diez en su oficina. Pero algo le preocupaba, tenía un muy mal presentimiento. Bueno, no le sorprendía, Harry tendía a sobre exagerar y pensar las cosas. Seguramente solo le estresaba la idea de tener tantas cosas que digerir y tratar de encontrar probables razones de el proceder de los individuos involucrados. Lo único bueno, era que seguramente el ministerio se había encargado de informarle todo a Malfoy, así él no debería tener esa ácida charla con el rubio. Suspiró tomando el pomo de la puerta. Desde el fondo de sí mismo pedía que algo tan complejo, en realidad no fuese la gran cosa. Que se pueda solucionar, pensó positivo. Hermione le decía que si pensaba de manera optimista las cosas acabarían como él lo deseaba.

Con el paso del tiempo Draco había aprendido muchas cosas, entre ellas, que los prejuicios eran solo algo que le habían enseñado en su casa. Ahora, que tenía que supervisar muchas cosas y tratar con muchas personas, sabía que no era relevante juzgar a alguien. Hizo fuerza con sus manos. Sí, había cambiado, era más abierto y era capaz de reconocer muchos errores de su pasado. Pero con ciertas cosas aun era un niño y prefería que se quedaran de ese modo.

Recordó la carta que arribó con su lechuza la noche anterior, nada bueno salía de una carta del ministerio. Nunca imaginó las palabras que estarían ahí escritas, hasta su despido era más probable que trabajar con Potter. Al comienzo se lo tomó con calma, era solo trabajo, se dijo. Sin embargo, mientras intentaba encontrar el sueño, comenzó a pensar, a traer viejos momentos a la mente presente. Su adolescencia no era algo grato de recordar, fue donde más creció, pero también donde más sufrió. En el momento en que se colocó de lado, con la cabeza en la almohada, la nostalgia le invadió. Sintió nuevamente los reflejos verdes de las ventanas en su cara y él tan quieto que parecía dormido, cuando en realidad, era un torbellino de emociones. Su corazón dio un vuelco al recordar los vergonzosos pensamientos que le quitaban la vela, siempre lograban esa reacción en él, ahora o antes.

Sintió molestia, ya no era un chiquillo ingenuo. Si había algo que detestaba era no tener el control. Y para peor también odiaba las emociones fuertes, nada bueno salía de ahí. Acomodó sus colleras para distraerse un poco, ambas tenían una M un tanto curvilínea en un tono sobrio de dorado. Como debía ser. Al igual que él, sobrio, elegante, presente pero no ostentoso. Su movimiento se interrumpió por la puerta abriéndose. Por un momento se sobre saltó, pero guardo la calma.

Miró desde donde se encontraba hasta donde se posicionaba la puerta, no lograba ver a su objetivo, ya que las repisas repletas de baúles se lo impedían. A pesar de que el jefe de la casa Malfoy no tenía mayores razones para sentirse agitado, estaba expectante y ansioso, la anticipación de ver un rostro, unos ojos. Bufó. Por eso detestaba a Potter, era algo que no podía controlar.

Carraspeó en cuanto una silueta pasó por detrás de los contenedores que le tapaban la vista, para dar aviso de presencia. Sería una mentira si Draco negara el vuelco que dio su pecho al ver a Harry. Siempre le ocurría lo mismo, en el fondo aceptaba que nunca sabía que iba a pasar con el dueño de los ojos verdes, y eso lo emocionaba, era un reto, y a él le encantaban los retos.

El mas bajo de los dos dobló y se encontró con el rubio al final de la bodega del departamento de aurores. Se encontraba incómodo, no creyó que se iban a topar de esa forma, ni siquiera se había preparado mentalmente. Malfoy estaba parado junto a una de las tantas repisas que contenía ese lugar, había un baúl abierto y unos cuantos libros dispersos, así que supuso que ya estaba al tanto de todo. Se fijó un poco más en el otro hombre, y le causo gracia que estuviera vestido con un traje ceñido de un verde oscuro. No llevaba la chaqueta, en cambio, tenía puesta la chaquetilla. Los botones resaltaban en un dorado sobrio que hacía juego con las colleras de su camisa blanca.

En los años que habían transcurrido desde la guerra nunca se había detenido a examinar a Malfoy, tampoco es que tuviera razones para hacerlo. Pero ahora le causaba curiosidad. Y lo primero que podía asegurar, era que con el tiempo muchas cosas no cambiaban. Prueba de ello era el hecho de que Malfoy seguía viéndose tan pálido y elegante como siempre. Ese aire refinado e intimidante. Su cabello iba corto con un poco de fleco sobre la frente, no iba engominado. A pesar de que no distinguía su rostro del todo, sabia que sus rasgos eran los mismo, la cara delgada con facciones prominentes, claro que ahora contaba con una que otra arruga poco visible. Los hombros eran un poco mas anchos que los propios y también era mas alto, solo por unos centímetros. Por sobre la ropa, Harry vislumbró que poseía una cintura un tanto estrecha. Era delgado y esbelto. Piernas largas que lo estilizaban. Viéndolo de ese modo era un poco bastante obvio que sus subordinados no se atrevieran a acercarse demasiado al hombre. Su presencia se hacía notar imponiendo respeto y sabía de ante mano que cuando hablaba, la situación no mejoraba. A pesar de las cortas conversaciones que habían manejado en los últimos tiempos, Potter tenía experiencia más que suficiente con la lengua astuta de Malfoy para entender que pocos se atrevían a llegar a un desacuerdo con él.

— Buenas tardes. — Saludó de manera seria al rubio en cuanto terminó de caminar hacia éste. Se posicionó a una distancia prudente— .

— Buenas, señor Potter. — El brillo burlón que atravesó sus ojos, elimino cualquier posibilidad de tomarse en serio el antepuesto como una forma de respeto.—

— Veo, que ya está al tanto del nuevo caso a nuestro cargo. — Se limito al trato formal, tampoco tenía ganas de un combate ese día, además, más tarde debía hacer unas demostraciones de artes de defensa contra los novatos.—

— Vaya, no sabía que había pasado el tiempo suficiente como para que seas cortés, Potter. Es más, no tenía idea de que supieras serlo. — ¿Acaso Malfoy amaba discutir? Harry suspiró y miro hacia la izquierda, tratando de no caer en el juego. Draco se movió con confianza para tomar uno de los tantos libros que estaban en el baúl. — Y si. Ya me han informado de nuestro nuevo importante caso, que requiere que el héroe del mundo se empareje con un mortífago como yo. Aunque en realidad, no sé cómo permitiste eso.—

— No es como si me muriera de ganas de estar contigo. — Miró a la portada del libro, era uno de los que no había podido descifrar. — Si fuera por mí, haría esto solo.

— Pagaría por ver eso, que recuerde no eras bueno en runas. — Sus ojos desafiaron con la mirada a los verdes. — De hecho, si sabes leer runas sería un gran avance.

— Soltó un suspiro. Debía recordarse que este trabajo era más grande que él. — Si se leer runas, Malfoy. Pero no estas. De cualquier forma, solo los perros de Voldemort pueden descifrar esto. — Y terminó respondiendo de la misma manera, olvidando la parte de ser cortés. Vio como el rubio apretó la mandíbula, asesinando cualquier facción de burla. —

— ¿Sabes Potter? Me necesitas, y no estás haciendo muy buen trabajo seduciéndome. — Movió unas hojas del libro, quedando ante una en blanco. — ¿Qué dice? — Preguntó acercándole el libro para que lo tomara.—

— Harry miró la cara de su contrincante y después la devolvió al libro, desconfió, pero lo tomó. — Recuerdas lo que hacen estas runas, ¿Cierto?—

— No me pongas a tu nivel. No hay peligro.

Ignorando el comentario miró el papel. No había nada allí ¿qué se suponía que hiciera? Se quedó en silencio. Estaba pensando en sacar su varita cuando la de Malfoy se posó en el papel. Aparecium, susurró.

— ¿Demasiado difícil? Hasta este "perro" de Voldemort, puede pensar en eso. —Sonrió de manera altanera y prosiguió. — Ahora puedes leer. — Se produjo una pequeña pausa antes de que el rubio volviera a hablar. — Pero recuerda que no soy un simple perro. De hecho, aprecio más cuando me llaman víbora, me queda más ¿no crees?

El castaño no contesto nada, pero en su mente concordaba con el hombre, ciertamente era mucho más una serpiente que un perro. En sus movimientos se limitó a leer las runas reveladas en el papel. Frunció el ceño. Nada de lo que ahí reposaba tenía sentido alguno.

— ¿Qué se supone que dice aquí? No tiene sentido.—

— Están cifrados. Hay muchas formas de leerlos, y ese es el problema.—

— Lo sé, Malfoy. Para eso se supone que necesitamos tu ayuda.—

— No es tan sencillo. Dentro de los que seguían a Voldemort existían muchos códigos. Cuando te enviaban algo como esto, en el borde de abajo…— Draco se acercó doblando la punta inferior derecha de la hoja hacia adentro. — Justo aquí, se ponía una marca. De esa forma podías saber con qué método leerlo.—

— ¿Entonces qué hacemos?

— ¿Qué te parece si probamos todos los métodos hasta dar con uno? — Propuso, exhalando frustrado cuando Harry pareció considerarlo. — Antes que respondas nada. No se puede hacer. ¿Crees que somos tan básicos para eso? Los mensajes tienen sentido con más de un método, pero solo el correcto revela el mensaje verdadero.—

Harry se pasó una mano por el pelo, revolviéndolo. Su cabeza procesaba probables pistas que pasó por alto, pero no daba con nada. Se sentía un idiota, en ese preciso instante parecía como si una piedra entendiera más que él. El silencio los envolvía, ambos pensando en que podían hacer. Con sus conocimientos actuales no podrían averiguar mucho más.

Draco se lamió los labios, la verdad es que no tendría porque esforzarse demasiado con todo eso. Incluso si era sospechoso, él no tenía nada que ver y no tenían pruebas. Pero algo dentro de él le decía que debía ayudar a Potter que ,después de muchos años, tenía una segunda oportunidad. Porque una parte de su orgulloso corazón le decía que esa podía ser una manera de decir "perdón" por todo el daño que había causado, después de todo él tampoco quería que la sombra de Voldemort le acechara a él y a todos por siempre. Todos merecían un descanso de esa asfixiante oscuridad. Merecían vivir sin miedo.

Los ojos esmeraldas de Harry reaccionaron al movimiento de Malfoy, quien sacó su varita. Se puso en guardia. A pesar de que hace mucho que el rubio no se catalogaba como enemigo, siempre debía tener precaución. Cuando la mano se movió en un movimiento elegante y la palabra Accio a travesó los labios ajenos, se preparó para cualquier cosa. En la sala apareció otra montaña de libros, contenían mucho polvo en sus tapas, se veían desgastados y ninguno daba señales de tener el título en su tapa.

— Tienes tarea para la casa. — Dijo Malfoy pasando por el lado del castaño. — Yo trataré de ver que puedo descifrar de este libro. Tú vas a tener que entretenerte aprendiendo el arte de los perros de Voldemort. Verás, no es nada ligero. — Sonrió con malicia y habló cambiando el tono. — Le avisaré ante cualquier cosa, señor Potter. Si tiene cualquier duda, puede encontrarme en mi despacho. Sin más, me retiro. —Dio una pequeña reverencia y se marchó sin perder en ningún momento el aire de victoria.—

Harry quedó parado en la habitación con el gesto de sorpresa emplastado en la cara, ni siquiera le había devuelto la palabra al rubio. Eso no iba a quedar así. De cualquier manera, se llevó todos los libros a su departamento. Debía tener presente que no era un trabajo para él, si no, para todos. Se iba a esforzar en dar con un culpable.