Los días transcurrían pesados. Harry notaba que había muchas cosas que ignoraba. Por eso mismo se enfocó en estudiar todo el material que Malfoy le había entregado. No quería admitirlo, pero ahí se encontraban muchas respuestas para sus preguntas. Si todo lo que descansaba en aquellos libros residía de igual forma en la cabeza de Draco, el tipo era un genio.
No exageraba. Le sorprendía ese hecho, Voldemort no había creado su propio lenguaje, si no, que compuso una nueva fórmula para entender las cosas. Se encontraba genuinamente desconcertado con las miles de maneras de interpretar una oración, un error y todo podía significar nada.
Llevaba una semana sin saber del rubio, eso le tenía inquieto. No sabía si había descubierto algo o simplemente evitaba todo el problema. Soltó un suspiro al ver la hora. Eran las ocho de la mañana. Hoy era su día libre por lo que trató en vano de dormir más y no preocuparse. Siempre era lo mismo, despertaba temprano y por la tarde se juntaba con Hermione o Ron.
Eso era por lo general. Pero hoy almorzaría con su amiga, habían quedado de almorzar en su departamento, ya que no querían ser interrumpidos por ningún Weasly. Se levantó sintiendo al instante los músculos agarrotados. El trabajo de auror no era nada simple ni liviano, requería mucho trabajo físico y horas de entrenamiento. Avanzó directo hacia el baño agarrando de paso un cambio de ropa. Su habitación era un desastre, por decir poco. Su escritorio tenía montañas de libros por todos lados, la ropa sucia estaba por el suelo y la cama no había sido hecha en los últimos tres días. Potter se decía a si mismo que mañana iba a ordenar, pero siempre encontraba una buena excusa para no hacerlo.
Su baño era una historia distinta, impecable era la palabra para describirlo ¿La razón? A penas lo usaba, al igual que el resto de la casa. Y la verdad es que era el único lugar del que Harry procuraba mantener la limpieza y orden.
Se quitó la ropa de manera rápida, quedando desnudo por completo, avanzó para meterse bajo la ducha. Antes de entrar se miró en el espejo, le surcaban unas ojeras un tanto moradas bajo los ojos. Se acarició la cara, pensando en que debía cuidarse un poco más, la barba de unos días lo hacía lucir mucho más descuidado y ni hablar de su pelo, que necesitaba un corte urgente. Hizo un gesto de molestia al recordar a sus amigos, Hermione se veía igual que en la adolescencia, de hecho, podría decir que hasta mejor. Ron… bueno Ron estaba casi al mismo nivel que él.
Dejó de divagar para sumergirse bajo el agua tibia. Las gotas relajaban su piel, llevándose su estrés, vaciando de a poco su mente. Se enjabonó con pereza, acariciando su cuerpo hasta estar completamente lleno de espuma. Una vez listo salió para vestirse, la toalla le colgaba en la cadera mientras se secaba el pelo. Se puso la ropa interior y quedó una vez más frente al espejo. Muchas veces odiaba a los espejos, siempre mostraban cosas que no quería ver. Observó su cuerpo desnudo, pero se enfocó en su torso. Varias cicatrices descansaban en ese espacio, no podría describirlas de manera positiva, porque sería una mentira. Pero tampoco encontraba que fueran algo negativo. ¿Cómo describías una cicatriz? Significaban muchas cosas, para él marcaban el fin de una era de terror, su lucha, el combate que tuvo que llevar a cabo para liberar a miles de personas. Pero también le recordaban a los sacrificios de sus compañeros, a los muertos, a los que tuvo que matar. Sus manos estaban manchadas, según quien lo viera, era un asesino. Las marcas que quedaron en él, tanto físicas como las que no, eran algo que no muchos conocían y algo que nadie había podido curar, ni siquiera él mismo. La herida estaba abierta bajo su carne, pero prefería solo ver las cicatrices y decirse que estaba sano, después de todo, desde que tenía memoria estas surcaban su piel como un recordatorio, de que tenia una misión, algo que cumplir y algo por lo que pelear incluso cuando él no era consiente de eso.
Por lo que resto de la mañana se quedó ensimismado en su propio mundo. La hora de almuerzo llegó en el momento oportuno, antes de que se hundiera demasiado. En cuanto el timbre sonó, corrió a abrir la puerta. Hermione estaba parada al otro lado, portaba un vestido blanco que le llegaba por sobre la rodilla, un moño desordenado le sostenía el pelo y en sus manos llevaba las bolsas con las compras. Se saludaron con cariño, Harry le ayudo a su amiga con las bolsas mientras esta se adentraba en su hogar.
— Ha pasado un tiempo desde que nos juntamos en tú casa. — Comentó la castaña. Tomando asiento en uno de los taburetes de la barra de la cocina. — Ron siempre insiste en que sea en la nuestra, es un vago
— Rio en respuesta. Era cierto, el pelirrojo prefería que fuera en su casa por el simple hecho de que así no tenía que vestirse, ni hacer mayores preparaciones. — A veces me pregunto cómo es que siguen casados.
— Yo también. —Contestó mirándolo a los ojos. Las risas rellenaron el lugar donde se encontraban. Potter amaba la sensación de consuelo en su corazón cuando estaba con alguien a quien apreciaba. Las paredes de su casa se le hacían menos frías. —
— Aunque ya no los podría imaginar separados. — Llevaban alrededor de trece años juntos, tres amigos inseparables. El matrimonio de ambos era fuerte, todos sabían cuánto se amaban y apreciaban. Por lo que Harry tenía más que claro que sus dos compañeros lucharían por su relación. —
— Yo tampoco, Ron tiene muchas falencias, pero también virtudes. Al igual que yo. Ambos aprendimos a aceptarnos y apoyarnos. No estamos juntos por inercia, y eso es lo que me hace seguir amándolo. — Una sonrisa cargada de emociones y felicidad enmarcó los labios de Hermione. — Bueno, así deberían de ser todas las parejas, ¿No crees?
— Tú lo has dicho, deberían. El amor es algo complicado, y ni hablar de las relaciones. — Soltó un suspiro al pensar en la única pareja estable que había tenido en su vida, Ginny Weasly. —
— No te pongas así, lo tuyo con Ginny fue otra historia.
— Lo sé, fue mi culpa.
— Qué bueno que lo aceptes. —Aquél era un tema que generaba ciertos roces entre todos. Divididos por lo subjetivo y lo objetivo. En una primera instancia había sido todo un problema, y como no. Pero con el tiempo las aguas se habían calmado y se logró aclarar todo el asunto, por supuesto Harry había asumido su culpa. La mirada de su amiga clavada en sus ojos le hizo apretar los labios, sabía que había causado mucho daño. — Pero no te martirices, todo ha acabado bien al final, ella te perdonó y los Weasly nunca te dieron la espalda. Incluso Ron logro entender.
— Sí, bueno, al final fue mejor. Si siguiéramos juntos, nos hubiéramos hecho más daño y tal vez no conservaríamos ni la amistad. — No le gustaba sentirse melancólico, por lo general era bueno ignorando sus propios problemas, pero en el último tiempo todo estaba volviendo a él. Primero Malfoy, ahora Ginny, se preguntaba si todo eso significaría algo —
Continuaron hablando de cosas triviales mientras cocinaban. Con el tiempo Potter había aprendido a hacer muchas cosas, una de ellas era el arte culinario. En un comienzo renegó un poco a la idea de preparar su propia comida, pero haciéndolo noto que era algo que disfrutaba, le ayudaba a relajarse. Él y Hermione preferían cocinar al estilo muggle, aunque también sabían desenvolverse en la cocina mágica. Harry a veces se preguntaba que estilo de cocina preferia su madre.
El almuerzo prosiguió con suspiros risueños del par que ocupaba la pequeña mesa redonda de la cocina-comedor. Al terminar lavaron los utensilios y se sentaron en la sala para conversar más amenamente. Había un tema que ambos debían tratar.
— Hem. Yo tengo algo que preguntar…— Calló un momento antes de continuar. No sabía hasta qué punto su amiga estaba involucrada con el caso de forma profesional ni personal. — ... ¿Por qué no me comentaste nada sobre lo que estaba pasando?
La castaña se notó incomoda. Se había preparado previamente para dar sus razones. Pero no tenía del todo claro si Harry lo tomase bien. Con la duda apretándole el pecho dejó salir las palabras. — Yo… No quería involucrarte. — Un gesto de sorpresa cruzó los ojos verdes. — No me malentiendas. Desde el comienzo supe que algo iba mal, y que tenía que ver con Voldemort. Harry, pasaste diecisiete años de tu vida peleando contra alguien que te hizo la vida más que difícil. Y después te vi pelear contra ti mismo, sufrir consecuencias que no te pertenecían. Culparte a ti mismo sobre tantas cosas. Temí que si te sometías en esto solo retrocederías. — Se lamió los labios y continuó. — Por eso yo trate de detenerlo. Traté de protegerte, para que no tuvieras que ser héroe otra vez, —Su voz comenzó a sonar nerviosa y un tanto quebradiza. — Pero fallé, y no me quedo más remedio que pedir tú ayuda.
Los ojos castaños se enterraron en los contrarios. Había algo más que no le estaba contando. Harry sintió su pulso acelerarse, había algo muy malo detrás de todo eso.
— Harry… yo… leí algunas runas. — Sacó su varita y con un suave movimiento reveló las letras ocultas bajo su hechizo, reposaban como un vil tatuaje en su muñeca. —
Con el cuerpo tenso caminó apresurado por las alas del ministerio. Debía encontrar a Draco. Después de la conversación con su amiga ambos decidieron esconderle aquello a Ron. Solo se alteraría y trataría de encontrar respuestas por su cuenta. En primer lugar, no entendían que decían las runas. Harry trato por todos los medios de captar algún sentido, pero no tenían el libro para saber de qué tipo de código se trataba.
El sector de finanzas era un tanto desconocido para él. Muy pocas veces trataba otros temas que no fuesen de la seguridad de los ciudadanos, los números no se relacionaban con su puesto. Aun así, conocía el edificio lo suficiente para saber en dónde encontraría al rubio. Tragó duro. Temía que el hombre tampoco supiera descifrarlas. Le enervaba que Malfoy fuera una pieza tan necesaria como inútil en aquellos momentos.
Las reverencias cuando entró de lleno en el departamento no se hicieron esperar, varios lucían desconcertados por su presencia. Correspondió amable, como siempre y se limitó a informar que necesitaba al "Señor Draco Malfoy, por un asunto de suma importancia".
Lo condujeron hasta el final de la habitación, en donde una gran puerta de roble resaltaba, a su lado una placa dorada con el nombre de quien buscaba. Pidió privacidad y se quedó en silencio frente a la puerta, tocó dos veces. La pieza de madera se abrió con una lentitud inquietante. Una chica se mostró del otro lado, la reconocía, o más bien, la recordaba. Pansy Parkinson se encontraba igual que en sus años de estudiante. Sus rasgos se habían acentuado un poco más, los pómulos altos en su pálida cara. Vestía de negro y lucía joyería de plata. Una esmeralda colgaba de un pendiente, a la altura de su pecho, alrededor de este una serpiente le recorría. También conocía dicho objeto.
La chica le miro con frialdad, no le dedicó más de un segundo de atención cuando se dirigió hacia alguien en el interior.
— Veo que tienes demasiado trabajo, te dejo. Hablamos. — El rubio le devolvió la sonrisa y la joven caminó hacia la puerta. — Un placer verte, Potter. — Finalizó con ironía antes de abandonar la instancia.
— Igualmente.— Correspondió siguiendo a la mujer con la mirada hasta que no vio más que la espalda.—
La tensión se sintió brevemente, después de todo, no estaban en buenos término. No dirían que eran enemigos, pero todos tenían resentimiento en sus corazones.
— Vaya, el señor Potter ha venido a visitarme. Debería estar halagado, ¿no? —La sonrisa frívola no se movía de los labios de Malfoy. La gente en la sala exterior se había quedado atenta por un instante, nunca presenciaron las disputas entre aquellos hombres. Dos personas de respeto, a las que nadie se atrevía a refutar. —
— Señor Malfoy, disculpe el inconveniente. Venía a cerciorarme de su trabajo. ¿Me deja pasar? — El hecho de que Harry no sacudiera su lengua le desconcertó. Por lo general un poco de provocación hacía estallar al "niño elegido". Así no era divertido, por un segundo un mal presentimiento se poso sobre Draco. — Con permiso.
Entró a la fuerza en la habitación, no aguantaba las miradas en su nuca y a su inútil compañero provocándole. La puerta fue cerrada sin mayor impacto, nadie tomó la palabra. Las largas piernas caminaron hasta el escritorio apoyando su cadera en este, una mirada escrutadora analizaba al de negra cabellera. Prolijo o refinado, nunca habían sido sinónimos para Potter. En ese momento lucía peor que hace una semana, ¿Si quiera conocía lo que era una peineta? Era cierto, Draco había dejado de lado muchas de sus costumbres, pero él sabía que la buena presentación no hacía daño a nadie, al igual que la comida entra por los ojos, las personas plantaban una primera imagen, que finalmente detonaba en ser juzgada y decidían como te iban a tratar, posiblemente el trato que te darían. Aunque Potter fuera el héroe y por ende nadie se atrevería a hacerle un menosprecio, Malfoy opinaba que era su deber verse más presentable. Despejó su pensamiento de cosas banales, al fin y al cabo, no era de su incumbencia. Ocupo mejor su energía en analizar la cara del chico. A pesar de que había ingresado tan apresurado, ahora estaba parado sin decir nada. Mantenía los ojos fijos en el suelo, seguramente pensando en que palabras dejar salir. Se imaginó a aquellos ojos esmeralda pidiéndole un favor, suplicando. Pero incluso para Draco esa visión era imposible, si llegase a ocurrir, se negaría. Por que el molesto niño favorito que él conocía nunca haría tal cosa.
— Malfoy, tengo un favor que pedirte. — Reprimió el impulso de la sorpresa. ¿Al parecer venia a eso? —No me malentiendas, tiene que ver con el caso. Pero se ha tornado algo personal. —Como todo lo que llega a tus manos, pensó enfriando levemente la mirada. —
— ¿Qué necesitas?
— Tengo que descubrir de que libro son estas runas. — Del bolsillo del pantalón sacó un papel doblado. — No se pueden leer en voz alta, eso las hace efectivas. —
— Tomó el objeto desconfiado. Al abrirlo una oración residía en él. Examinó el objeto y después de un pesado silencio, habló. — No te puedo ayudar. —Miró directamente a los ojos ajenos.
— ¿Qué? ¿Porqué? —Un escalofrío le recorrió al sentir sus miedos ser posibles. —
— Bueno, es que esto no tiene nada que ver con Voldemort o los mortífagos. —Se levantó caminando hasta la repisa, el otro le siguió de cerca. —
— Pero como… si ha salido de un libro. — Su tonó sonó un tanto alterado. — Traté de leerlo, pero con más de diez códigos se formaban cosas que tenían sentido.
— Mira, no se de donde sacaste esto, pero no es de los libros que tenemos aquí. — Abrió un baúl que estaba en el último espacio del estante. — Voldemort era muy precavido, antes de leer cualquier mensaje debías cerciorarte de muchas cosas. — Buscó en un libro en el que se veía una gran rosa como portada. — ¿Ves esta runa de aquí?
— Si. —Contestó acercándose, buscando algo sospechoso. — ¿Qué tiene?
— Mira de cerca. —Puso el papel a un lado del libro y entonces Harry lo vislumbró. La tipografía era distinta. — Te diste cuenta, ¿No? A los ojos de cualquiera se puede leer de igual forma. Pero los que son escritos originalmente por mortífagos o el mismo Voldemort, le hacían estos pequeños calados. Ese papel no es de aquí.
— Pero… Hermione dijo que se había caído de uno de los libros…— Su cerebro maquinó opciones. Si era traficó o intentos de resucitar el culto hacía el señor oscuro ¿Por qué crear nuevas runas? —
— ¿Granger? —Se desconcertó ante la mención de aquel nombre, se suponía solo eran él y Potter.
— Olvídalo, no es tu asunto. — Harry le quitó el papel de la mano. — Gracias por la información, pero no te puedo dar más detalles. Si no es de aquí hay que descubrir algo pronto. Porque sea quién sea solo está comenzando.
— Una de las cosas que más enervaba a Draco de Potter, era que siempre parecía desconfiado de todos, no dejaba a nadie acercarse. — No voy a rogar por ayudarte Potter, después de todo es tu problema y de Granger, supongo. Pero no te olvides que este también es mi trabajo, si me ocultas algo que pueda ayudar a resolver todo este embrollo, es mejor que me lo cuentes. — Su voz sonó potente, más de lo que hubiera preferido. —
Vaciló, su amiga le había pedido total discreción con aquello, si bien no había mencionado no contarle nada a Malfoy, no estaba seguro de hacerlo. Resaltaba el hecho que el rubio era uno de los sospechosos. ¿Qué debía hacer? Navegó con los ojos por la habitación, miró el suelo, las paredes y finalmente a su compañero. Apretó los dientes, hiciese lo que hiciese, se encontraba en un callejón sin salida, odiaba admitirlo, pero necesitaba a Malfoy, más que nunca. Por el bien de su amiga.
— Ella leyó unas runas. — Dejó escapar las palabras por sus labios antes de arrepentirse. — No podemos descifrar que dicen, ni el propósito. Pensé que tú podrías. Conoces esto mucho más que nosotros. —Dobló el papel con cuidado y continúo hablando mientras miraba el rostro ajeno. — Están en su muñeca, esperando cumplir su propósito… — Bajó la mirada hacia el suelo. El hecho de que fuera Hermione la afectaba, le destrozaba. Era cierto, Harry era el héroe del mundo, pero no lo logro solo. Él no era tan inteligente como su amiga. Cada vez que estaban en algún aprieto, cuando las cosas eran demasiado grandes, ella siempre estaba ahí, siempre con la respuesta, con algún hechizo que nadie conocía. Era un soporte en su vida. Pero esta vez era diferente. Porque ni siquiera la gran mente de Hermione sabía qué hacer, estaba desesperada. Tanto que buscó por su ayuda. En momentos así Potter notaba lo débil que era. Quizás solo dependía de los demás. —
— Potter. — La voz cruzó por sus oídos. — Te quedaste en blanco. ¿No escuchaste nada de lo que dije? — Draco lucía molesto, bueno eran una de las dos caras que conocía del rubio, cuando estaba molesto y cuando era un engreído altanero. Mentía. Conocía tres. Nunca olvidaría la cara que Malfoy le ocultaba al mundo, su cara contraída por el miedo con los ojos pidiendo por ayuda, luciendo por primera vez débil. Se lamió los Labios. No sabía nada acerca de Malfoy, pero no era de su incumbencia —
— No, perdón, me quedé pensando.
— Iba a replicar, pero no era divertido molestar a un Potter melancólico y nostálgico, de hecho, le molestaba. Le molestaba que se viera tan desamparado ¿Dónde estaba el indeseable número uno? — Como sea. Te estaba diciendo que tal vez podamos averiguar a quién corresponden estas runas.
— ¿En serio?
— No, es broma. — Puso los ojos en blanco y se imaginó como su compañero los rodeaba. — Enfócate. — Al no escuchar una respuesta prosiguió explicándose. — Debemos buscar entre los mortífagos desertores. Alguien que conozca todas estas cosas. Probablemente esta tejiendo una red para mover sus piezas sin levantar sospechas. — Guardo el baúl y se quedó con el libro en la mano. — Granger ya es una de ellas. — Vio como la manzana de Harry bajaba al tragar. — El hecho de que tenga un puesto tan importante no ayuda.
— La van a nombrar ministra. — Soltó de inmediato, más para si mismo que para el rubio. — El que esta detrás de esto, es por algo más ambicioso que un simple culto a alguien ya muerto. — Se acomodó los lentes, ahora todo cobraba un poco más de sentido. — Está buscando atacar al ministerio. No se que buscará. Pero lo va a hacerlo desde adentro. — Draco quedó atónito, eso era absolutamente inesperado.
— Veo que por fin usas tu cabeza. Hasta pareces un auror. — Ese si era el desagradable Potter que conocía. —
— La emoción de descubrir algo nuevo sobrepaso los comentarios de Malfoy. — Hay que buscar a todos los ex mortífagos que tienen algún tipo de contacto con el ministerio. Por muy lejano que sea. Les están pasando la información, por algo le dejaron una trampa a ella. Nunca aceptaría traicionar al ministerio, ni se dejaría comprar. — Sus ojos quedaron fijos, pensando en la cantidad de personas relacionadas con el señor oscuro que trabajaban actualmente en el ministerio. — Pero… la mayoría de las familias más poderosas de este mundo, son ex mortífagas. Nos tomaría años descartar una por una. —Suspiró frustrado pasándose una mano por la cabellera. —
— No es necesario. — Se lamió los labios dejando resaltar su sonrisa triunfadora. — Si me prestaras un mínimo de atención, lo sabrías. — El ceño en un gesto molesto no se hizo esperar. — Tenemos dos alterativa que nos ayudarán de descarte. — Dejó el libro en el escritorio y se sentó detrás de este. Una silla estática de respaldo alto le recibió. — Va a ser tedioso, sobre todo porque no podemos involucrar a más gente. La primera es ver si hay más paginas sueltas en los libros, o que parezcan anexas. Si hay más y coinciden en la tipografía, esto es trabajo de una persona. Si es ese el caso, solo debemos investigar la raíz mágica de las letras. — Ahora todo lucía un poco más alentador. De la nada ya podían dar, aunque fuera, un pequeño paso. — Y supongo que esto es de conocimiento de tu gran mente privilegiada, pero las runas no hacen efecto en quien las escribió ni en sus familiares. — Lo había olvidado por completo, ese era un punto muy importante. —
— Entonces, si damos con sospechosos solo hay que hacerlos leer algunas runas.
Si, pero hay un problema. No tenemos certeza de que hablan estas runas, si por error sometemos a gente inocente a leerlas y no resultan involucrados, nos meteremos en un gran aprieto. —Llevó su mano derecha hasta su boca apretando entre sus labios el anillo que reposaba en su anular, tratando de encontrar más soluciones. —
— Vaya, pensé que iba morir antes de escuchar al gran Draco Malfoy preocupado por la salud de los inocentes. — Replicó en nombre de todas las burlas que le había hecho el rubio. — Pero para tu suerte estamos los dos en esto y mi brillante mente, de la que te has reído, guarda un buen truco bajo la manga. — Sonrió como solía hacerlo cada vez que los dos se enfrascaban en alguna discusión y él marcaba como ganador. — Una vez que tengamos sospechosos, yo puedo verificar de quien procede el canal mágico.
— ¿Cómo harás eso? — Preguntó desconcertado y algo curioso. —
— Ya lo verás. Pero primero hay que buscar de donde salió esta pagina y si hay más en otros lugares. — Potter se agachó para sacar del todo el baúl y poder recorrer todos los libros. — ¿Cómo sacaste esto del departamento de Aurores? —Mencionó sin un gran interés.
— Pues, dije "El señor Harry Potter, me ha pedido de manera urgente que le llevé todos los archivos disponibles del caso 1002938. "— Sonrió como si fuera una broma inocente, sin moverse del escritorio. El otro ocupante de la habitación le dirigió una mirada recriminadora mientras se levantaba y dejaba algunos libros sobre la tabla embalsamada. — ¿Qué? No hice nada malo, ¿No? Hasta ha servido de ayuda.
Se limitó a juzgarlo por sus acciones con la mirada, le dejo ser. Al fin y al cabo, el hecho de que aquellos objetos estuvieran en la oficina ajena era de gran ayuda en ese momento. Todos los documentos que había puesto encima tenían una portada verde, ya que Hermione había dicho que la pagina había caído de un libro con ese color. Él y Malfoy se quedaron en silencio revisando una por una cada página. Todos tenían un grosor respetable, pero no era demasiado complicado averiguar si una página era anexa o no, sin embargo, ya habían verificado un total de tres y ninguno daba señales de contener algo sospechoso. ¿Cuál era la probabilidad de que dieran con el libro? Le ponía nervioso pensar en aquello, a pesar de que descubrieron nuevas cosas nada les aseguraba un resultado favorable.
Las horas transcurrieron rápidas, ninguno de los dos notó que ya casi tocaba salir, se habían quedado enfrascados toda la tarde en aquella interminable tarea. Draco no imaginó que podría trabajar con Potter en el mismo lugar, sin discutir. Lo miraba de reojo, los ojos verdes demostraban una concentración tangible, revisaban todo minuciosamente. En toda su vida, acepto muchas cosas y les confió muchos secretos a sus amigos más cercanos, pero jamás le diría a nadie en voz alta que aquellos brillantes y profundos ojos, le cautivaban. Que lo hacían desde la primera vez que los había observado. Y menos aún reconocería que aquel verde brillante le hacia sentir reconocido. Sus ambiguos pensamientos fueron cortados por si mismo. Se obligo a levantarse y estirar un poco el cuerpo. Debía dejar el pasado ir, y aún más las fantasías.
— Potter, se que estas acostumbrado a trabajar peor que un elfo doméstico. Pero yo necesito un descanso ¿Podemos seguir mañana? — En eso no mentía, sentía el cuello y las sienes tensas como un trozo de madera. —
— Se frotó los ojos por debajo de los lentes para mirar a su compañero. — No te hastías de agredirme, ¿Verdad? —De manera cansada se levantó de la silla que había puesto en el escritorio, justo frente al rubio. — En todo caso comprendo que alguien de tu nivel, no este para este tipo de trabajo. Para eso esta el resto del mundo. —Malfoy entrecerró los ojos, no le había hecho ni pizca de gracia. —
— La paz no es posible entre nosotros, al parecer. — Con algo de molestia saco su varita y ordeno todos los artefactos que yacían desparramados en el suelo y escritorio, dejando fuera solo los que no habían sido revisados. —
— ¿Alguna vez has querido la paz? — Su pregunta salió con doble filo sin tener realmente una segunda intención, clavándose de lleno en un punto sensible. —
— Es mejor que te calles, Potter. — La respuesta se escucho un tanto violenta, con los dientes apretados. No estaba de ánimo de debatir con el otro residente de la habitación, no cuando sabía de ante mano que no entendería sus argumentos ni razones. Tampoco estaba dispuesto a mostrarle cuan sentido estaba al respecto. —
El silencio se poso de manera pesada sobre ambos. Harry no supo que responder ante las palabras del rubio, había sido estúpido. Ya no eran niños. No eran amigos, pero se merecían respeto, debió pensar mejor sus palabras. Para evitar que su mente explorara el espacio en el que se encontraba se concentró en el libro que el rubio dejó en un borde del mueble, la rosa se mostraba magnifica en tan refinado espacio. El dibujo en la portada le cautivaba, tenía el presentimiento de que allí encontraría algo. Mientras lo tomaba y abría en una pagina al azar, sintió como el rubio dejaba la habitación. Intruseó de una por una, había muchos escritos, historias, poemas y runas, no lucia igual que los demás libros que había examinado,. Se detuvo hasta llegar a una página en blanco, una marca con un circulo y dos equis cruzándole reposaba en una de las esquinas. Reconoció el símbolo de inmediato, si no mal recordaba, significaba "Voltear, un extremo y otro extremo, mismo medio", esas eran las palabras claves. Con pluma y papel trazo como percibió era correcto. Al pasar la hoja, observo las letras, como se esperaba, nada hacia sentido. Puso le libro de cabeza y cambió las primeras tres runas con las ultimas tres, la palabra de en medio se quedó en el mismo punto, como ordenaba el dibujo. Ese era uno de los códigos más simples de todos, por lo general eran mensajes o hechizos distractores, por eso no tuvo el mayor cuidado cando lo leyó en voz alta.
"Cuando en sincronía estén, podría suceder.
Lo que une, separa."
Tan confuso había quedado al leer que ni siquiera se percato de que el rubio había reingresado a su despacho. Se volteó a mirarlo, quería consultarle si le hacía sentido aquello, pero se negaba a tener otra disputa. Sin embargo, se mostraba con un semblante más calmado, pero a la vez distante, seguramente meditando sobre algo. En la mano traía una manzana de un verde brillante, se podía divisar que ya le había dado una mascada. Cansado de debatir por el animo del rubio decidió ir por el camino más corto. Habló cuando su contrario estuvo a un metro del escritorio.
— Malfoy, ¿esto te hace sentido a ti? — Levantó el libro para entregárselo en la mano. El hombre le recibió el objeto para leer, antes de dar cualquier respuesta, Potter observó como su cara se transformaba en una mueca de asombro y horror, atragantándose a la vez con la manzana que masticaba. —
— ¿¡Lo leíste!? — Habló tan rápido como pudo tragarse la comida que tenía en su boca. —
— ¿Qué? Obvio que lo hice, es sencillo. Pero no le veo cara de hechizo, más parece un caza bobos. — Hizo un gesto de extrañeza en su rostro y movió sus hombros hacia arriba, sin entender el caso. —
— ¡Dime que no lo hiciste en voz alta! — Los ojos verdes pudieron ver como la piel contraria se tornaba rojiza, desde las orejas hasta parte del cuello. No parecía molesto, más bien en un estado de pánico. —
— ¿Por qué? Y si…— Bien, había sido demasiado confianzudo en leerlo en voz alta, pero no divisaba runas en sus muñecas ni ningún efecto adverso. — ¿Tiene algo de malo?
Malfoy sentía de repente mucho calor, él sabía lo que esas runas hacían, sabía lo que buscaban, pero no tenía idea de si tendrían efecto. Trató de calmarse, no podía permitir que Potter notara que la razón por la que se encontraba así era vergüenza, no entendía como lo hacía el hombre para siempre descolocarlo.
— Se colocó el libro bajo el brazo, bajo la desconcertada mirada verde. — ¿Leíste algo más aparte de esto? — Preguntó con una leve esperanza, maldijo cuando un "Sí" abandonó los labios ajenos. — Bueno, entonces me llevaré esto, descifraré lo más que pueda y te mandaré una carta. — Con su varita conjuró para que sus cosas tomaran el orden y forma correcta para meterse en sus bolsillos, incluyendo el libro. —
— Oye, espera, no puedes llevarte objetos requisados. —Harry trató en vano de alcanzar al rubio. —
— Encárgate tu de eso, eres el jefe ¿no? — Sin detenerse a recibir una afirmación abanicó su varita. — Dissaparate. — Fue lo ultimo que se escuchó antes de que no quedara pista de él en la sala, dejando a un muy confundido Potter. —
Dejó el vaso con Vermú en la mesa de noche junto a su cama, justo al lado del libro que le mantenía con dolor de cabeza desde esa tarde. El alcohol pudo hacer poco y nada contra sus pensamientos, es más, parecía disminuir su capacidad de ignorarse a si mismo. Su pijama de seda le molestaba como nunca, le recordaba a aquellas noches en vela que pasaba en Hogwarts, noches dedicadas a temas sin importancia. Al rodar y ponerse sobre su hombro derecho, recordó un día en el que él y Pansy se escaparon al bosque prohibido, debían de tener unos quince en esos momentos. El pelo negro carbón de su única amiga reposaba junto a su propia cabellera, ambos recostados sobre el pasto, ignorando arbitrariamente todos sus problemas. Hablaban de cosas cotidianas e irrelevantes, aunque muchos no lo creyeran, Draco disfrutaba mucho las pláticas banales, en donde podía estar relajado.
— ¿Has tenido tu primer amor? — Preguntó su compañera después de un cómodo silencio. —
Quedó algo desconcertado, los sentimientos no solían ser foco de sus palabras. Lo pensó un segundo, pero consideró inútil mentir.
— Si. — Confesar aquello en voz alta le hizo sentir la lengua entumecida. — ¿Y tú? — Siguió más por cortesía que por interés, aún demasiado inmerso en el agitar de su pecho, sus ojos moviéndose nerviosos por el cielo. —
— ¿Quién?
— No contestaste mi pregunta. — Sintió un pánico más grande que él al pensar en que respondería. —
— Bien. No. — Ese tono cortante le indicaba que más que respuestas, Pansy buscaba confirmar sospechas. Eso era aún peor que simple curiosidad, ella nunca erraba. — Ahora responde. ¿Quién? — Aun así, lo intentó.—
— Granger. — Una respuesta disparatada debía funcionar como distractor. —
— ¿Me crees idiota? Probablemente me atrae más a mi Granger que a ti. Y contestaste muy rápido, es obvio que es mentira. ¿No te enseñaron eso en tu casa? —Agregó una risa un tanto jocosa al final. —Además, es obvio que ni siquiera te atraen las chicas. —Abrió los ojos en sorpresa ¿Obvio? — No pongas esa cara de susto, por lo menos para mi lo es. No creo que nadie más lo note, eres buen actor. — Draco imaginó como una sonrisa se dibujaba en el rostro ajeno. — La verdadera pregunta es ¿Te gusta alguien además de Potter? —
Al escuchar aquella respuesta el aire que le acariciaba la cara pareció detenerse. Nunca le había contado a nadie acerca del extraño interés que le causaban aquellos ojos verdes, o como sentía la necesitad de acercársele aún sabiendo que no conseguiría nada más que una pelea. No tuvo el valor de refutar a la pregunta, le concedió el placer a su amiga de confirmar sus dudas.
— No voy a criticarte, Draco. No soy nadie para eso. — Sintió como un suspiro abandonó sus labios. — Solo quería estar segura, para estar preparada para contenerte. —La chicha se giró abrazando al rubio desde el costado. — Porqué tú, mejor que nadie sabe lo mucho que vas a sufrir por esto. — Condujo su mano hasta los cabellos negros, enredándola ahí mientras acariciaba. — No es justo para ninguno de nosotros, pero, aunque queramos no podemos cometer errores tales…
El recuerdo murió en su memoria, era cierto. En ese tiempo ni él ni ninguno de sus amigos podía permitirse algo tan estúpido como un error por amor, porque tenían demasiado en juego, sus familias y un sin fin de cosas que ahora carecían de sentido. Potter. El estaba al otro lado de la vereda, brillante y rodeado de gente, marcando la diferencia entre "el bien y el mal". Con sonrisas despreocupadas, amigos que lo darían todo por él. Siendo lo suficientemente valiente de seguir su propio camino, tomar sus decisiones. Muchas veces a través del tiempo se había preguntado si realmente podía llamar amor a esos sentimientos, y siempre concluía que nunca llegaría a una respuesta, porque para él aquellas emociones eran muy importantes, la primera persona de la que quiso pedir ayuda, por la que quiso ser diferente, a la quiso mantener lejos de su mala fama.
Se arrepentía de muchas cosas, pero no podía guardar rencor contra aquel viejo sentir, solo odiaba notar que aún mantenía la cruel esperanza de que la mirada de molestia y desconfianza que siempre se mantenía en los ojos esmeralda cuando se posaban en él, cambiara a una cálida, porque lo que más le ensimismaba de aquella mirada era lo transparente que era, comunicaba todo lo que su dueño sentía. Una verdadera ventana al alma.
Apagó de a poco sus pensamientos, le resultaba doloroso que sus esfuerzos por olvidar todo aquello no acabaran en nada. Se entregó a los sueños pidiendo que mañana su corazón se protegiese un poco más.
