Al abrir los ojos el frío característico de la mañana le recibió. Se sentía un tanto mareado, seguramente por haber bebido demás la noche anterior. Supuso era muy temprano, ya que su elfo no había ido a despertarle. Se restregó los ojos, un cansancio exagerado se posaba sobre su cuerpo, como si hubiese corrido kilómetros, cosa que era francamente imposible. Se volteó sobre su hombro tratando en vano de estar un poco más consiente, su estómago reclamó el movimiento haciendo un extraño ruido. Maldijo al Vermú, el único licor que bebía. Siempre que lo ingería por las noches, le causaba acidez.

Estaba de mal humor. Algo le daba una mala sensación, el pijama le picaba y sentía su cama dura, estaba incómodo. El hecho de pensar constantemente en aquel libro no le brindaba ninguna paz, solo generaba en él una peculiar ansiedad. ¿Cómo podía explicar la situación? ¿Cómo no avergonzarse a sí mismo en el proceso? Frunció el entrecejo y chistó la lengua. Muchos problemas en un corto plazo. Culpa de Potter, pensó.

Su elfo aún no venía, ¿Qué hora era? Rápidamente se sentó y miró en donde descansaba de manera permanente su reloj de pared. Se extraño al no encontrarlo. Y hubiera pensado que podría estar en mantención, si no hubiese notado esas paredes con un horrible estampado, esas no eran sus paredes. Con el bombeo acelerado de su corazón giró hasta enfocar la mesa de noche. El libro no estaba. Se levantó de un salto, pensó en buscar el objeto, pero sabía que no le serviría de nada. Porque no estaba en su casa. El pánico casi le consumió. No podía ser verdad. ¿Cuál era la probabilidad? Intentó buscar alternativas, pero fue en vano, todo era demasiado evidente. Esa no era su cama, su piso no tenía alfombra y por supuesto aquel horrible pijama azul que llevaba no era suyo. Apretó la mandíbula, levemente aterrorizado de verificar lo evidente.

En esa habitación no resaltaba ningún espejo a simple vista, por lo que lentamente levantó las manos con el dorso hacia arriba, a una altura donde pudiera contemplarlas sin problemas. Lo primero que vio, verifico su teoría. Aquellas eran un poco más morenas y tenían algún que otro callo, destacando uñas desprolijas, definitivamente, no eran sus manos. Rápidamente se tocó el rostro, piel un tanto seca, nariz respingada y la prueba de oro, una cicatriz en la frente, con una forma inconfundible. Estaba en el cuerpo de Harry Potter.

Sintió el sudor correr, ese que sale apresuradamente cuando uno se encuentra en peligro. La bilis subió por su esófago con la misma velocidad con la que el buscó el baño. Abrió la puerta y saliendo a un pasillo se metió en la habitación de enfrente.

Se situó frente al lavamanos, que supiera lo que le esperaba no lo hacía menos impactante. Sus usuales ojos fríos eran ahora dos esmeraldas sobre una piel morena. La idea era trastornante. Pensó en miles de derivantes del suceso ocurrido en su despacho, pero jamás en algo como eso, hasta para el mundo mágico, el cambio de cuerpos no ocurría tan fácilmente.

Con la yema de sus nuevos dedos rozó el rostro tan propio como ajeno. Una pesadilla. Deseaba que eso fuese. Los millones de pensamientos fueron quedando de lado al tiempo en el que recorría con detalle la piel que ahora tenía tan cerca. Se permitió disfrutar su gran error por un pequeño instante.

Al tacto se sentía áspero, no le causaba novedad, Potter no era de los que se cuidaba demasiado. Por las mejillas y mentón se asomaba una leve barba, de unos dos días. Se detuvo un momento y luego se tocó los labios, un estremeciendo le recorrió desde sus dedos hasta el resto del cuerpo. Podría ser maniático o desagradable, pero no podía controlarse, era un deseo apegado a sus instintos. Reposó sus dedos un segundo y en el instante en que notó como su mente se alejaba, los quitó. Se acomodó el pelo hacia atrás, disipando las divagaciones, quedando a su vez la frente despejada. Muchos mirarían la evidente cicatriz que allí residía. La de la historia, aquella por la que la leyenda del héroe más grande conocido comenzó. Pero para él, para Draco Malfoy, había algo mucho más destacado, el causante de todo aquel magnetismo enigmático que le causaba Potter. Los ojos. Sus ojos. Esos dos pozos de un verde cambiante. Los miró directo, cautivado hasta la medula, ¿Qué los hacia especiales? Eran únicos, no había otros iguales.

Recordaba una parte de su juventud en donde creyó que tan solo era el color lo que le gustaba, he intento reemplazarlos, por algo parecido. Pero nunca funciono, simplemente algo faltaba. Y ahora encontraba la respuesta correcta, una respuesta que le causaba cosquilleo en el pecho, pero también miedo. Porqué en aquel espejo, a pesar de ser los mismos ojos. No eran los ojos que el esperaba ver. Porqué Potter no estaba ahí, algo faltaba. Lo que le gustaba era Potter, no aquél extraño verde. ¿Qué haría consigo mismo?

Como si se hubiese estado ahogando en sus sentimentalismos, el aire entro nuevamente a sus pulmones, fijó sus nuevos ojos en sí mismo. Era real, en este preciso momento él era Potter. Estaba en su cuerpo. Y eso solo significaba algo peor que el hecho ya presente, porqué si él estaba aquí, Potter estaba en su cuerpo, en su casa y con el libro. El pánico le apresó ¿Cómo llegaba a su casa? Tenía mucha seguridad y solo él podía pasar da forma fácil, bueno, Draco Malfoy podía. Apresurado caminó hasta la habitación en la que comenzó su pesadilla. Vio un reloj junto a la cama, siete y treinta, aún era temprano. Debía ir al ministerio antes de que Potter lo hiciese, era tan torpe que era capaz de contarlo a cualquiera.

Buscó su varita en vano, olvidando que en ese momento no la tenía. Buscar ropa fue difícil como nunca, nada estaba en los lugares más obvios, todo permanecía revuelto, decir que Draco estaba molesto, era poco. Intentó usar conjuros sin varita, pero la magia de Potter no era una broma. En el primer intento que realizó, acabó por mandar a volar unas cuantas cosas. ¿Cómo controlaba tanto poder mágico? Era un torbellino violento en su interior, lograr darle forma a aquello y que el resultado fuese optimo, era una hazaña. Su orgullo se sintió levemente atacado, ahora notaba la diferencia tacita de sus poderes, admitir que Potter era mágicamente más fuerte, el indeseable número uno.

Encontró un uniforme vagamente colgado junto a unos zapatos sobre la lavadora ¿Quién dejaba la ropa en el baño? Odiaba cada vez más todo el caos que se estaba desatando. La culpa era totalmente del denominado "genio" ¿Quién en su juicio lee un probable libro maldito en voz alta? Pero claro, Potter y sus dos neuronas creen que es algo sensato de hacer. No, y no importaba que en parte fuese su culpa. Su cara se puso caliente, encontraría la forma de arreglar aquello sin confesar nada. No le daría ese placer a nadie.

Comenzó a trazar un plan a la par que se alistaba. Ya tenía un dolor de cabeza a causa del paso de emociones sufridas en tan corto plazo. Siempre Potter. Pensaba en como mantener todo en secreto sin delatarse. No dudaba de sus habilidades de engaño, sin embargo, la testarudez del auror era de tener en cuenta. Debía ser convincente y preciso.

— ¡Que le vaya bien, señor Potter! — Fue lo último que escuchó Draco al abandonar la peluquería de Hogsmeade. Respondió una sonrisa devuelta, era difícil ser Potter, demasiado amable para su gusto. Lo bueno es que el estaba especializado en fingir, así que en realidad no era un trabajo complicado. —

Debian ser algo así como las diez de la mañana. Pues el callejón ya se encontraba iluminado casi por completo por los rayos del sol. Malfoy había trazado su plan. Tenía algunas ventajas, como el hecho de que él sabía que era lo que había originado el cambio, pero debía de arreglárselas para no delatarse con su compañero. La otra ventaja que poseía era que Potter no iba a poder salir por ahí con su cuerpo, hasta que él llegase. ¿Porqué? Simple, su casa estaba alejada de la ciudad mágica, del ministerio y de cualquier cosa en realidad. Así que no podría irse a lo muggle y no sabría como desactivar las barreras de seguridad que resguardaban todo, sin mencionar, que no contaba con transporte por chimenea, solo utilizaba la Aparición como medio de transporte. De esa manera el héroe estaba atrapado en ese lugar hasta que él se dirigiese hasta allá.

No había demasiada gente por el callejón a esas horas, lo cual era bueno. No quería toparse con alguien difícil de engañar. Se dirigía hacía los transportes mágicos para ir al ministerio, en su oficina mantenía un Transportador de emergencia, solo debía llegar hasta allí.

Al pasar al lado de una gran tienda de dulces se quedó a mirar su apariencia. Considero un favor el haber llevado aquel cuerpo por un corte y una afeitada. Escogió algo clásico, muy parecido a como lo tenía cuando aún estudiaban. Pensó de sí mismo que tal vez solo fue su debilidad escogiendo cosas del pasado, pero nadie negaría que le quedaba, solo tenía buen gusto. Los lentes le molestaban en el puente de la nariz, no estaba acostumbrado a sentir un peso constante en aquel lugar, se preguntaba porque no había arreglado su vista con magia. Sería mucho más cómodo.

—¿Harry? — Se escuchó en su espalda. No reaccionó. Pero de repente recordó que en ese momento "Harry" era él. Se volteó rápido. Si era alguien que él no conocía sería complicado, tendría que irse rápidamente. —

—Abrió los ojos con sorpresa, que desagradable coincidencia. — Weasly. —Demonios, le ganó la costumbre. — Digo, Ron. Que sorpresa. — Sonrió lo mejor que pudo, sin que se notara la incomodidad de tratar al chico con familiaridad.

—¿Weasly? ¿Estás bien? Obviamente no es algo extraño, estas fuera de la tienda donde trabajo. — El entrecejo arrugado del pelirrojo hacia denotar su extrañeza, al igual que en sus años más tiernos. — ¿Qué haces por aquí? —Sus ojos se abrieron de repente. — ¡Espera! ¿¡Te cortaste el pelo!? —Exclamó con su característico timbre agudo. —

—Oh. Si, ya era tiempo de hacer algo con aquello. —Siguió la corriente, tratando de zafarse de aquello. — He estado ocupado con el nuevo caso. —¿Cómo te va?

—Raro en ti. ¿Paso algo bueno? —No lucía del todo convencido. Draco observaba de cerca su lenguaje corporal. —

—¿Porqué? —Lo mejor era contestar cosas cortas y seguir la corriente.

—Preguntas porque, no soy tonto Harry. Hace mucho que no te cortas el cabello por iniciativa propia. Si Hermione no te lleva amarrado no tocas la peluquería. —Al aparecer el más alto no tenía ninguna sospecha relevante o no sobre la identidad de su amigo. — Pero me alegra, si estas cuidándote un poco más, significa que estas perdonándote también, ¿no? No cargues con mochilas tan pesadas, yo también te perdone. Lo entendí todo, la otra noche la verd- —

—Ron. — Interrumpió el monologó. Su contrario le prestó mayor atención. — Lo siento, hablemos de esto en otro momento, tengo prisa, debo ir al ministerio. — Esperaba no sonar sospechoso, pero no se sentía cómodo escuchando cosas personales de Potter, le dejaba un mal gusto, Además eso a él no le correspondía. —

—Oh, claro. — No dijo nada. Pero Draco pudo apreciar como las cejas bajaban un poco. —Yo también voy para allá. Herm me pidió que le llevase este portafolios. —Dijo mostrando lo que llevaba en la mano. — Usemos la chimenea del despacho.

—Claro. — Eso le facilitaba el transporte, pero le preocupaba encontrarse con Granger, ella era mucho más perspicaz, notaría enseguida si algo iba fuera de lugar. —

La tienda por dentro era un lugar muy colorido, con un montón de dulces y algún que otro cliente por la hora. En el mostrador estaba uno de los gemelos, sintió un poco de acidez al pensar en el día en que uno de los dos dejó de existir. El hombre le saludo de lejos y el correspondió, fue un alivio que no se acercase, pues estaba atendiendo a alguien.

Llegaron al segundo piso subiendo por una escalera de espiral de un brillante amarillo. Le causo gracia que aquel lugar describiera a los dueños. Un lugar desordenado, colorido, pero de algún modo cálido. Observó la espalda de Weasly mientras lo seguía, el tipo no le agradaba, nunca lo había hecho, pero se avergonzaba de cómo le había tratado desde el primer día, tal vez no lo merecía y él y su padre estaban errados.

Entraron a una habitación en donde solo descansaba un escritorio y algunos muebles menores. Nada destacable más que la chimenea. El de cabellos rojos cogió un frasco desde un cajón y le paso un puñado de polvos, luego tomo un poco para él.

— Bueno, iré primero. —Aviso parándose enfrente del objeto. Lanzó los polvos al suelo y con voz en alto exclamó. — ¡Ministerio de magia! —El joven desapareció entre una combinación de tierra y magia.

No tenía claro que tan mal estaría tratar de viajar de ese modo con la magia de Potter, pero haría lo mejor que pidiese. Puso los pies firmes una vez entró en el agujero, se concentró y tiró sus polvos Flú.

—¡Ministerio de magia! —

Una hora, una hora llevaba mirándose en aquel gigante espejo de cuerpo completo. No se creía nada, estaba más que estupefacto. ¿Cómo habría ocurrido aquello? No encontraba respuestas y cada vez tenía más incógnitas. Le perturbaba de sobre manera notar esos cuatro centímetros que antes no tenía o como todo en "él" era mucho más pálido, los cabellos de oro y los ojos de hielo.

Suspiró. EL shock inicial se había diluido dejando lugar a su mente en frío. ¿Qué generó tal cambio? Sabía que no era una poción multijugos, ya que no consumió nada sospechoso y la razón más inquietante era la magia. Como si el simple hecho de no tener su apariencia física no fuese suficiente, el poder que estaba dentro de sí, no era el suyo. No respondía a su llamado, y no entendía cómo controlarlo.

Si tuviera que describir su magia, diría que era un tanto cálida y fluida, se desbordaba dentro de él, un tanto violenta de vez en cuando, pero nada que él no pudiese controlar. Esta en cambio, fluctuaba con exactitud, no hacía un movimiento en vano, completamente controlada por si misma, poderosa y fría, calculadora.

En cualquier caso, no respondía a su llamado. Y cuando lo hacía era muy difícil de controlar. Por esa razón aún no abandonaba aquél cuarto. Se sentó en la cama de dosel que había estampada contra la pared del fondo, era una habitación grande. No le sorprendía. Los Malfoy siempre fueron refinados, una familia de alta alcurnia.

Su piel rozaba con el pijama de seda y sus pies con un suelo de madera, todo se veía carísimo. Dentro de la información que manejaba sabía que Malfoy vivía con un elfo doméstico y que al parecer no estaba en Malfoy Manor. Como su relación con el rubio no era estrecha y jamás le presto demasiada atención a su vida, no tenia forma de corroborar su teoría. Se levantó y miró el espejo que se apoyaba en la mesa de noche, estaba tarde para el trabajo. O lo estaría si en ese momento fuese Harry Potter y no Draco Malfoy. Desordenó su cabello de manera ruda, notando como los cabellos rubios apuntaban en cualquier dirección, imaginó que el rubio invertía un tiempo considerable cada mañana para estar perfectamente arreglado.

Trazó un plan. Aunque no sabía si había una chimenea para viajar, tenía que llegar al ministerio. Si ninguno de los dos comprendía lo que pasaba, ambos intentarían ir al ministerio. Al pensar en aquello cayó sobre sus hombros la preocupación de que Malfoy estuviese dentro de su cuerpo, y de su casa. Brevemente recordó las cicatrices que nadie había visto, el desorden que solo sus más cercanos habían mirado. Se sintió invadido y un tanto incómodo. Que alguien más entrase en su espacio y recorriese a gusto, sin ver él lo que sucedía. Respiró. Se calmó pensando que, aunque la cabeza de los Malfoy estuviese en su casa, no tendría mayor interés por nada, no tendría interés por ver. Seguramente estaba al igual que él, desesperado por revertir aquello.

Se concentró moviendo la cabeza. Debía fingir lo mejor posible ser el rubio, le iba a pedir al elfo que le llevase hasta el ministerio, después de todo, aunque sospechara, no podía rechazar una orden de su amo. El mal sabor por la palabra lo sintió durante un rato. No le gustaban esas relaciones jerárquicas, pero entendía que el modo de vida de él y su contrario, eran distintos.

Buscó en el gran armario de roble algún atuendo que ponerse. Había varios conjuntos de trajes, iban desde lo más ostentoso a lo más sencillo. Tomó un pantalón de traje que se ajustaba a los tobillos, era un negro pulcro. Sintió curiosidad por esa y otras ropas, parecían más un estilo de vestir muggle, que refinado del mundo mágico. No sabía donde estaba el resto de las vestimentas, así que intruseó muebles al azar. A la derecha del gran ropero estaba estática una repisa con una vidriera en la parte de arriba. Al acercarse vio a través del vidrio colleras y relojes, implantados en una almohadilla, cada uno en su lugar. Harry jamás había usado colleras, pero sabía que el rubio siempre las portaba. Deslizó el cajón y observó más de cerca, todo lucía refinado y elegante, para nada su estilo. Escogió colleras al azar y cerró. Revisó en los cajones inferiores encontrando camisas y demás ropas. Tomó una camisa blanca, un cinturón de hebilla plateada y un par de calcetines. Pensó en bañarse, pero eso implicaba ver y tocar el cuerpo ajeno, una idea simplemente perturbadora. Con toda la ropa lista entró al baño que había encontrado más temprano. Era nada menos que un baño personal.

Una bañera de pie se centraba en la pared más lejana, en las patas resaltaba un dorado, Harry temió que fuese oro real. Más cerca de él por la derecha estaba el inodoro y en frente el lavamanos. Debía de hacerse notar que no estaban precisamente cerca el uno del otro. Dejó todo sobre el mueble del lavamanos y miro su cara en el espejo. Definitivamente no se daría la pereza de peinar los rubios mechones hasta dejarlos perfectamente acomodados. Lavó su cara y cepillo sus dientes. De cierta forma le gustaba que todo estuviese tan ordenado y limpio. Algo bueno tiene Malfoy, pensó. Recordó que probablemente iba más que atrasado, pero le dio igual, Malfoy tenía horario de gerente y nadie se metería con él o reclamaría porque se comportara como un engreído o un patán, siempre fue de ese modo, ya nadie se sorprendía. Cerró los ojos y comenzó a desabrochar los botones de la parte superior. Uno por uno fue bajando hasta poder quitársela. La tiró en el suelo ignorando arbitrariamente el canasto de madera oscura, hasta el más mínimo objeto era elegante. Apretó un poco más los ojos cuando puso sus dedos en el elástico del pantalón, comenzó a bajarlo de a poco hasta que notó un detalle, no llevaba ropa interior. Lo pensó por un instante, rindiéndose a la idea de ponerse algo entre el pantalón y la piel.

Encontró lo que buscaba en uno de los cajones, quien diría que el príncipe de Slytherin usaba slips se río para si mismo al pensar que tenía material para molestar a su compañero. Se fue al baño nuevamente, cambiándose rápido mientras pensaba en la reprimenda que le daría su mejor amiga por ser estúpido y leer un libro maldito en voz alta. Porque, aunque no muchas personas lo creyeran, él era capaz de hacer una sinapsis tan básica como unir este extraño acontecimiento con lo único fuera de lo común que hizo ayer. Bueno, también estaba la posibilidad de que el rubio hubiese hecho algo, pero lo veía improbable.

Mientras lavaba dientes y peinaba de Manera muy vaga el cabello ajeno, recordó la sospechosa actitud que tomó el otro con respecto a todo lo que hizo. Como si supiese que aquellas palabras, significaban algo, algo más de lo que para él parecía un poema. Resopló, Malfoy siempre iba un paso por delante.

Tuvo uno que otro problema al ponerse las colleras, eran plateadas con diseños minimalistas dentro, bastante bonitas. Optó por meterse la camisa dentro del pantalón y no abrocharse el último botón. Cuando se miró en el espejo, se dijo a si mismo que de esa manera el hombre de hielo, se veía mucho más accesible y ¿atractivo? Se alejo de la ruta de sus pensamientos, centrándose en como actuaría frente al elfo.

Luego de una breve practica de como lucir altanero y con aquella mirada fría característica de un Malfoy, salió en busca del otro habitante del lugar. No hubo necesidad de siquiera comenzar, ya que el ser estaba plantado justo fuera de su puerta.

— Buenos días. —Trató de que su voz saliese fija. —

—Buenos días, amo. El desayuno esta listo, aunque va tarde a su trabajo con el señor Potter. — ¿Acaso recordamos una reunión que no recuerdo? No cambió su mueca estoica y en cambio verificó llevar todas las cosas que necesitaba en sus bolsillos, claro con el efecto de un Reducio.

—Gra.. —¿Cuan soberbió era Malfoy? ¿Daba las gracias? Harry no era para nada bueno fingiendo. — Olvídalo. Necesito que me lleves hasta el ministerio de manera rápida. —Se sorprendió de lo rudo que sonó.

—¿No usará la aparición? — El elfo movió las manos de una manera que desconcertó al invasor.

—Dije que me llevases al ministerio. Es una orden. Volveré tarde. — Era muy fácil evitar preguntas cuando eras un completo patán. O eso es lo que pensaba Harry, no había necesidad de desviar el tema, solo eras tajante.

En la sala común del ministerio todo relucía con su usual tráfico rápido. En la casual normalidad. Hermione estaba en su oficina, piso cinco, esperando a que su esposo llegase con el folio. Estaba preparada para dar una charla acerca de la importancia de reintegrar a los mortífagos a la sociedad. Un tema sin duda polémico por lo que necesitaba todas sus fuerzas en aquello. Si el tema era bien aceptado se le daría la oportunidad de poner en marcha el proyecto. Para que todo eso pasase necesitaba la aprobación del 51% de la cámara del ministerio y por supuesto del jefe de aurores. ¿Dónde estaría Harry?

Puso su cabello tras su oreja, hoy llevaba un vestido formal al estilo muggle, era ceñido pero cómodo. Se preocupo acerca de su figura y eso solo desató pensar en la marca que ocultaba en su brazo, deseaba que aquel chico que siempre salvaba el día, lo hiciese una vez más para ella. La cabellera ya un tanto opaca de Ron se asomó por el ascensor. Iba como acostumbraba, una camisa sobre algún pantalón y un chaleco delgado por la época. Él se acerco dejando un pico en sus labios.

—Te vez hermosa. —Acarició la mejilla de su mujer y ella le sonrió en respuesta. — Traje lo que me pediste. —Acercó el articulo a la chica. —

—¡Gracias! —Lo tomó entre sus manos, ver al Weasley disipaba sus malos pensamientos. — No sé cómo lo olvidé. Estaba tan preocupada acerca de la preparación que se me quedó en la mañana. —

—Tranquila, no hay molestia. ¿En cuánto comienza la junta? — Metió sus manos a los bolsillos, desde que había dejado de ser auror no pisaba el ministerio. —

—En un rato más, estará toda la cámara presente, hasta Harry. —Abrió la carpeta solo para asegurase que era el correcto. —

—¿Harry? — Su mueca de extrañeza fue mas que evidente para su esposa y antes de que dijese nada Ron continuó. — Me lo topé en la mañana, al parecer fue a cortarse el pelo, se veía bien vestido también, dijo que tenia algo que hablar con Malfoy así que se fue rápido. —

—¿Enserio? Debe ser por el caso que llevan juntos, lo que te conté. — Ron hizo un gesto de entendimiento. — Espero que no se retrase, su voto vale mucho para mí. —Estaba tan centrada en su trabajo que se le pasó por alto lo dicho por su pareja. Potter arreglándose por cuenta propia.

Dos pisos más abajo Draco Malfoy apreció en su despacho junto a su elfo que se retiró al instante. Harry no tenía idea donde estaría su cuerpo, pero esperaba que de casualidad estuviera en la conferencia. ¿Por qué hoy tenía que pasarle esto? E inesperadamente resultó que tenia una junta con su compañero de la que no estaba enterado. Abrió la puerta y tuvo la bizarra visión de su cuerpo entrando en la sala de finanzas. Se quedó con la expresión de contemplar a un fantasma, algo para nada Malfoy. Los cabellos negros se acercaron rápidamente, saludando y sonriendo, de manera tan natural que el verdadero dueño de aquellas acciones se preguntó, si acaso tan solo estaba en una ilusión.

—Buenos días, Malfoy. ¿Podemos hablar? —Preguntó el contrario entrando mientras le tiraba del brazo. Él solo atinó a cerrar la puerta tras de sí. — ¿Me puedes explicar como diantres llegaste hasta aquí?

—¿Disculpa? Yo debería preguntarte lo mismo, además. ¿¡Que me hiciste!? —Se acercó rápido tomando la cara que ahora no era suya. —¡Me cortaste el pelo! —Harry ahora si que estaba fastidiado. ¡No podía ser así de atrevido! —¡¿Con que derecho?!

—Cállate de una vez y dame las gracias. — Se deshizo del agarre de manera brusca y tomó asiento en el lugar al que estaba habituado. —Solo te arreglé un poco, te veías de lo peor esta mañana.

—Claro, mientras yo tenia un colapso mental en la mañana tu te fuiste por ahí con mi cuerpo. —Sus brazos se movían de manera estronica a la par que hablaba. — ¿Cómo estas tan calmado?

—Pues, es obvio que quien tuvo la culpa fuiste tú. ¿Quién anda leyendo cosas sin cuidado? — Harry sintió como se atragantó con su lengua, tenía algo de culpa, pero eso no significaba que el otro pudiese hacer esas cosas sin su consentimiento. — Bueno, y ya está cortado hay que ver como podemos arreglar esta situación.

Respiró hondo, nunca soportaría esa conducta altanera y todo poderosa que mantenía el rubio. Le resultaba nefasto ver como su cara ponía aquella pokerface.

—¿Podrías dejar de hacerme lucir como un idiota? — Dijo el rubio mirando como sus verdaderas facciones representaban abiertamente su enojo.

—Perdón, no puedo ser una piedra como tú. — El comentario molesto de sobre manera al atacado. Él no era una piedra. —Aunque tenga tu cara, sigo siendo yo.

—Sigues siendo un dolor de cabeza, y peor que lo común. — Su plan se había ido directo a la basura, ahora debía llegar de otra forma hasta el maldito libro. Cuando iba a decir algo mordaz un sobresalto exagerado de Potter le trajo a tierra.

—¡Maldición! Se me- ¡Se te hace tarde! — Los ojos verdes le miraron curioso. —

— Yo no tengo nada hoy, Potter. — Miró como su enemigo natural había dejado deliberadamente abierto el primer botón de la camisa, ni siquiera llevaba corbata.

— Tú no, pero yo sí. Necesito que lleves mi cuerpo hasta el quinto piso y escuches con mucha atención la conferencia de Hermione. — Los ojos fríos se tornaron severos, aunque por alguna razón lucían más cálidos. — Es importante mi presencia allí. Como jefe de aurores. —Harry pensó por un momento que quizás si hubiera sido bueno que Malfoy cortase su pelo.

—Que dolor de…— Se levantó del asiento y suspirando respondió. — Iré solo porque ya me tienes harto. A cambio termina de leer los libros y archivos restantes. Hay que encontrar una solución.

— Esta bien. —El tonó fue rápido, el ex cuatro ojos estaba evidentemente molesto por todo lo ocurrido.

— No leas nada en voz alta, no quiero quedarme atrapado aquí. — Dijo soberbio con una sonrisa típica de Malfoy. Salió antes de escuchar nada.

Potter se tragó las palabras que le iba a gritar al ahora moreno. Rezaba en su mente para que todo saliese bien, ya que no había considerado la temática de la charla de Hermione, esperaba que no hiciese algo controversial con su cuerpo. Rayos, ahora estaba mas nervioso que lo normal. Todo en ese hombre causaba estragos en su ser. Resopló mirando la pila de libros y papales que aún estaba sobre el escritorio. No tenía idea si encontraría algo acerca de las runas de su amiga, algo le decía que aquellos libros verdes no contenían lo que buscaba.

Tal vez era su propia curiosidad impulsiva la que bloqueaba sus sentidos, pero, no pudo contener sacar el libro que guardaba en su bolsillo. Lo agrandó con su varita y ojeó superficialmente.

"Cuando en sincronía estén, podría suceder.

Lo que une, separa."

¿Qué significaba aquello? Nada se le hacia congruente en él texto que reposaba en su mano. Sus hojas contenían cosas al azar. Parecía mas alguna especie de diario.

...

Hola! lo siento mucho por la demora, espero que el capitulo les guste. Tuve un bloqueó horrible con la historia, así que ahora espero poder sorprenderles, tengo cosas buenas preparadas! Tampoco domino mucho como se usa esta plataforma :( por eso el mensaje feo así, no tengo clase :(

También publique una historia de un capitulo, es corta con temática del desamor. Pueden echarle un ojo si quieren.

Esta es la primera vez que escribo un fic drarry, y mi primera vez con uno largo, pero lo disfruto mucho! ojala disfruten de leerlo también ! 3