Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD... ¿Algo más?


- High School DxD –

[Eternidad]


-Una vida Juntos - Especial Akeno -


- Memorias -


-Templo Shinto Himejima – Kuoh, Japón-

Cuando era apenas una niña pensaba que toda su vida la pasaría junto a sus padres.

Un eterno cuento infantil lleno de inocencia y felicidad en el que nunca ocurriría nada malo.

Una infantil burbuja de felicidad que demostró no ser muy resistente ante las crueles decisiones de la vida.

Ella personalmente clasificaba su vida en etapa, etapas separadas por una circunstancia fundamental, un evento sin precedentes, un hecho trascendental.

¿El primer punto de inflexión en su vida? La muerte de su madre.

Tras dicho incidente nunca nada volvió a ser lo mismo.

Tuvo que abandonar completamente su estilo de vida, desde los más mínimos detalles hasta los más significativos.

Abandonar su casa, su entorno, su vida, literalmente.

Pasar de pasar el día en compañía de su madre… De ir a la escuela… De dormir en su cama…

Pasar a sobrevivir en el bosque sin comodidad alguna… De estar en más compañía que la de unos espíritus… De dormir al raso…

A esa tierna edad pasó a creer que su vida estaría sumida en una desgracia eterna.

Entonces llegó el segundo punto de inflexión; Rias Gremory.

Junto a la niña aristocrática empezó una nueva vida.

Una vida relativamente cómoda de eterna servidumbre.

Sin poder opinar al respecto, agobiada y presionada por las imperiosas necesidades, una decisión tomada por el egoísmo de una niña que creía que el mundo le debía obediencia.

Una vida sin poder decidir por y para ella.

Siempre dependiente, siempre obediente, siempre disponible.

Durante años pensó, esta vez, que su vida sería eso, un intenso horario cargado de obligaciones para con una niña de su edad pero destinada a algo mucho más grande que ella.

La suerte de unos era la desgracia de otros.

La suerte con la que Rias Gremory había nacido era su desgracia.

Los padres que la pelirroja tenía y ella no la habían condenado a la servidumbre.

La riqueza y posición social de la pelirroja era tan superior a la suya que la había condenado a la servidumbre.

Se sentía como una muñeca para la niña aristocrática.

Un juguete destinado a enseñarle a la chica el valor de las responsabilidades… La responsabilidad de cuidad adecuadamente a un esclavo, un ser vivo.

Podía afirmar que pese a ser una esclava su dueña la veía como una amiga…

Cada noche al acostarse le pedía al que estuviese arriba mantuviese ese status quo.

Que su bondadosa dueña lo siguiese siendo al siguiente amanecer.

Con su madre muerta y su padre habiéndola abandonado la morena no se podía sentir más desdichada.

Por el día iluminaba el mundo con una sonrisa que se apagaba de noche.

Y la vida siguió este curso… Una nueva vida que parecía no tener fin…

Con los años pasó a tener compañeros.

Otras pobres almas en pena que Rias Gremory había reunido de diferentes partes del mundo para formar un equipo con el que participaría en algo llamado [Duelos].

La obligaría a luchar…

No solo la habían privado del amor, de la felicidad no… Ahora la arrojaban al dolor.

Un día, un influente conocido de los Gremory trajo a una niña, una pobre niña, de su edad al llegar, asustada y desconfiada de todo el mundo.

El talento había llamado la atención de aquel conocido.

La belleza había llamado la atención de la niña aristocrática.

Ambos dones la habían condenado.

El siguiente en llegar fue un niño, inundado de odio y pesar.

Cuidar de los siervos era la principal tarea que los nobles habían impuesto a la niña aristócrata…

Cual mascotas. Cuidar cual mascotas.

La vida no era sencilla… La niña era una niña y los problemas personales de todos crecían día a día.

Hasta la llegada de otro punto de inflexión: Issei Hyodo.

Un chico desaliñado.

No cuidaba las apariencias.

Ni guapo ni feo, ni alto ni bajo.

Uno más.

Era maleducado, no, poseía un peculiar humor y una tendencia a decir lo que nadie quería decir.

Mientras todos sus conocidos se inclinaban profundamente el chico ofrecía su mano con una sonrisa.

Mientras todos sus conocidos sonrían silenciosamente el chico alababa los atributos femeninos de sus compañeras de conversación.

Mientras todos sus conocidos solo hablaban con seres influyentes el chico solo se dirigía a las mujeres más hermosas.

Siervos, dueños… Todos eran iguales para él.

Perfectamente podía abandonar la mesa de los dueños para irse a comer con los siervos porque "la vista era mas agradable".

Él vivía en un mundo libre, un mundo inalcanzable para ella.

Era lo opuesto a lo que los Gremory le habían enseñado con tanto ahínco.

Le parecía curioso, una anécdota.

Un humano con ideas propias.

Nada destacable, excepto una libido descomunal.

Era cierto que internamente deseaba a una pareja que liberase una cantidad similar de lujuria sobre su erótico cuerpo, pero sobre su pareja, odiaba como la que más las miradas perversas que los hombres le dedicaban.

Demonios, humanos, jóvenes, adultos.

No importaba, el cuerpo con el que sus padres la habían dotado suponía más un inconveniente que no una ventaja.

No se sentía orgullosa de él, lo odiaba.

En lo personal no le desagradaba, el chico no solo no se parecía sentir atraído hacia ella sino que además las parecía… rehuir.

No le importaba.

No le molestaba.

Era un humano más.

Uno más a ignorar.

Mas su dueña no parecía pensar lo mismo.

Conocerlo cambió la vida, el rumbo del Club de Ocultismo, el hobbies que su dueña y su mejor amiga, Sona Sitri, tenían en el mundo humano.

Una burda excusa para obrar en el mundo mortal.

Bajo la apariencia de onee-sama ricachonas había un vivo sentimiento de jovialidad que empujaba a las adolescentes a moverse, a hacer algo, a moverse según sus convicciones.

Su estatus social les daba carta blanca para obrar.

Se pensaban que todo aquello servía para su crecimiento personal.

Absurdo.

Todo aquello era absurdo.

No sabía porque… Pero cada día se le hacía más cuesta arriba tener que aguantar todo aquello…

Sin saber concretar certeramente el momento… Entró en contacto con una planta…

Una planta que destilada le servía para "desconectar".

Y los días fueron pasando.

Los días tranquilos quedaron en el pasado.

Las incidencias aumentaron en volumen y gravedad.

Las incursiones mensuales de demonios pasaron a ser semanales.

El atrevimiento de los ángeles caídos había pasado de pícaro a descarado.

Y en el centro de todo parecía estar el nuevo juguete de Rias Gremory.

La cabeza de la chica estaba puesta en él.

Era su obsesión, se despertaba hablando de él y se acostaba hablando de él.

Hastiada de tanto hablar de él optó por conocerlo personalmente.

Entonces lo vió escaqueándose, eludiendo sus responsabilidades, rodeado de alumnos.

Una miembro de la orgullosa Casa Phenex!

Un chico asustadizo que parecía ser un vampiro cuyo poder irradiaba peligro oculto bajo el aura que emanaba el castaño.

Una chica rubia que poseía un intenso poder mágico.

No eran unos cualquiera, eso se veía a kilómetros.

¿Quién era ese chico? ¿Quiénes eran ellos?

Un ataque aislado organizado por un heredero desterrado y sin poder político reveló lo que eran aquellos aparentemente inofensivos estudiantes.

El niño desaliñado, el perdedor parecía ser un poderoso dragón.

Un terrorista conocido por el mundo sobrenatural.

Un agente autónomo que actuaba por conveniencia, sin afiliaciones pero sin más enemigos que los personales.

¿Cómo un terrorista podía relacionarse con los Gremory?

Aquello iba contra todo lo aprendido hasta la fecha.

Recordaba haberlo visto de pequeña, no lo suficiente como para poder decir quién era o recordarlo al verlo… Su mente estaba borrosa…

Desde su llegada tantas cosas habían cambiado que no sabría decir si eran puntos de inflexión…

El ataque al instituto fue seguido por el de humanos con armas legendarias.

Los Héroes del mundo tumbaron al malvado dragón.

Ante semejante oportunidad Rias reencarnó al dragón y a parte de su equipo en nuestros compañeros.

Su muerte sacudió completamente mi vida.

Estando de pie frente al chico que no le decía absolutamente nada, viéndolo al borde de la muerte, sintiendo como su poder se debilitaba hasta mínimos inimaginables su mente se aclaró.

Las lagunas de su memoria se desvanecieron.

La angustia de su corazón desapareció.

Un torrente de emociones la ahogaron.

Recordaba caer de rodillas al suelo, llevarse las manos a la cabeza.

Miles de imágenes se paseaban frente a ella.

Canciones de amor sentados en una rama de los árboles del templo.

Meriendas en el patio con su madre.

Cenas con discusiones entre su padre y alguien más.

Había algo…

Su memoria, su mente se inundó de una risa, de una voz, de un olor, de una imagen.

De un dragón.

Recordaba no poder respirar.

Arrastrarse hasta el castaño tumbado frente a ella.

No podía verlo, las lágrimas inundaban sus mejillas, nublaban su vista.

Recordaba llorar con fuerza, arrojándose a sus brazos.

El pesar, el dolor, la angustia, la melancolía, sus deseos, su anhelo, su envidia hacia lo que Rias Gremory suponía.

Todo aquello desapareció al instante.

Una nueva persona había resurgido de entre la niebla del olvido.

Un amor que la desbordaba por completo, irremediablemente, había aparecido de donde creía que no había nada.

Por fin lo entendía.

No se sentía desgraciada, no sentía envidia de Rias, no deseaba la vida de otros… No lo tenía a él.

Las siguientes semanas no fueron fáciles.

Su corazón, su vida, se encontraba en una encrucijada; lo recordaba pero él no la recordaba a ella.

Ella quería algo que él no podía darle, algo que no podía exigirle.

Quería que él la liberase de ese mundo.

Que fuese su mundo…

Por lo que escogió la vía de escape más fácil… La plantación.

Su intuición no la había fallado, la había ignorado a propósito.

Tras una pequeña colección de tensas situación, de tensar la situación lo máximo posible y con algo de ayuda había logrado romper las cadenas de la castidad que el chico se había impuesto a sí mismo.

Su vida había dado un nuevo vuelco.

Había cambiado de dirección.

El sol se había alzado en su vida, iluminando su corazón amenazando con no marcharse nunca.

Desde ese día podía liberar los sentimientos que la embargaban.

No había habido día que no se hubiese unido física y espiritualmente con su amado.

El único.

El de siempre.

Su único.

Las noches dejaron que ser largas y frías.

La vida en el Castillo Gremory había pasado a ser alegre.

Sus días estaban cargados con felicidad.

Su cuento infantil, ingenuo, se había cumplido.

O eso pensaba, su amado dragón insistía en sorprender a la chica… Superándose esta vez, trayendo de vuelta a su madre.

Su fallecida madre… con un cuerpo de ángel caído.

El retorno de su madre había supuesto el reencuentro con su padre.

Había recuperado a su familia…

Eso quería pensar…

Issei Hyodo discrepaba.

Tras décadas de mil y una incidencias.

Memorias que perdurarían para siempre en su recuerdo Issei le demostró que su familia no estaba completa.

Kurenai Himejima.

Un niño con una mente viva, sedienta de conocimiento.

Un joven que había heredado las habilidades de la familia y de su padre.

Su mayor orgullo.

-Hija mía. Deberías de estar descansando- murmuro una voz suave tras ella.

Girándose, Akeno vio la figura de su madre caminando hacia ella con una bandeja de té blanco acompañada de su padre.

Sentándose junto a ella.

-Estoy bien mama- sonrió la mujer risueña.

-Las mujeres en tu estado deberían de estar descansando- exclamo la voz grave de Baraqiel.

-Eso le llevo diciendo yo desde hace años… Si te piensas que contigo se está quieta te equivocas- exclamo una tercera voz.

Su amado esposo junto a su adorado hijo.

Arrancando una sonrisa en la morena.

-¿Tu qué haces aquí, animal?-

-Vengo a ver a mi esposa, merluzo-

-Mama, deberías de irte a descansar. Cuando estos dos se ponen a discutir no acaban nunca…-

-Estoy bien, Kurenai, hijo mío- sonrió Akeno acariciando el cabello de su hijo.

-Así me gusta, que te metas con tu abuelo- exclamo Issei abrazando a la morena por la espalda -¿Cómo está mi amada esposa?-

-Todos se piensan que soy una mujer frágil… ¿Nadie recuerda que luché hasta el último momento en los Juegos Internacionales?-

-Oh… Recuerdo muy bien lo sexy que estabas- ronroneó el castaño.

-Ah, no puedo escuchar esto- exclamo Kurenai levantándose molesto.

-Hablas de mi hija, enano!-

-Cariño, deja a tu hija con su marido en paz- exclamo Shuri arrastrando a su marido fuera de la sala.

-Issei…- susurro la morena descansando contra el pecho del chico, cerrando los ojos con una sonrisa.

El chico, sentado tras ella acariciaba su abultado estómago.

-Dime…-

-Muchas gracias-

-¿Por?-

-Por la vida que me has dado…-

-Apenas tenemos unas décadas… Tampoco es que haya sido tanto… Menos teniendo en cuenta lo que nos queda…-

-No importa…- abriendo los ojos, mirando el enorme árbol de cerezo frente a ella -¿Recuerdas aquel árbol?-

-Mmm…-

-En sus ramas, hace muchos años me pediste matrimonio… Yo era una niña enamorada, joven e inocente…-

-Esto… Pues… Más o menos si… Creo vamos-

-Jijiji… Ya lo suponía… Me prometiste la felicidad y por ello te doy las gracias-

-Akeno…-

-Me diste amor, a mi madre, a mi padre, a mí amado hijo y ahora a mi adorable hija…- susurro la morena colocando sus manos sobre las del chico, sobre su vientre –No tengo palabras para describir lo que siento en mi corazón-

-Lo mismo que yo Akeno…- tomando el mentón de la chica, besándola dulcemente –Te amo Akeno, siempre lo he hecho y siempre lo haré-

-Por favor- sonrió la morena con el rostro cubierto de lágrimas y una radiante sonrisa en sus labios.

-Dos cosas- dijo el chico serio.

-Lo que quieras-

-¿No habría que buscarle un nombre a la niña?-

-Así es-

-¿Y qué hay del sexo? Con Kurenai no nos salió tonto… Pensaba que iba a darle en la cabeza con junior pero ha salido sorprendentemente inteligente y…-

-¡DEJA DE MI HIJA EN PAZ!- chilló Baraqiel irrumpiendo en la sala.

-¿Qué me diste en la cabeza con queeeeeeeeeeeee?- rugió Kurenai entrando desde la puerta opuesta.

-Eh, iros a cagar los dos!- exclamo el dragón levantándose –Mi esposa quiere descanso!-

-No era eso lo que querías darle tarugo!- chilló Kurenai.

-¿Así le hablas a tu padreeeeee?-

-¡Ja! Te lo mereces!- rio Baraqiel.

[Guarghhh]

Aterrizando tras un fuerte aleteo, un enorme dragón se acercó al templo Himejima.

-Raissei cariño. ¿Ha ido bien el paseo?- pregunto Akeno con dulzura.

-Bien!- chilló una niña morena bajando de la espalda del dragón, corriendo hasta la morena, arrodillándose frente a ella.

-Muy bien!- chilló otra niña, igual a la primera, junto a esta.

-Ophis, Leece. ¿Qué os trae por aquí?-

-Rias manda llamar a onii-sama!-

-Onii-sama se está escaqueando de sus obligaciones!-

"Tarugo"

"Sabes que me acuesto con tu hija cuando quiero. ¿Verdad?"

"Ojo que hablas de mi madre!"

Mirándose entre ellas, las gemelas se fueron corriendo hasta los hombres.

Derribando de un puñetazo a Kurenai y Baraqiel.

El dragón, orgulloso acarició sus cabellos.

Sorprendido al ver que lo tenían agarrado.

-Nos vamos Onii-sama-

-¿Qué? No!-

-La futura madre y tu futura hija necesitan descanso!-

-¡No! No!-

-Hasta luego!- exclamo Ophis alzando una mano, arrastrando al lloriqueante dragón sin apenas esfuerzo.

-¡Akeno, esposa mía! Volveré! Te juro que volveré!- chillaba el dragón desconsolado.

-Que te vaya bien el trabajo- se despidió la morena con una sonrisa.

-Uaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!-

Mientras el dragón se alejaba sus padre se sentaron junto a ella, tomando una deliciosa taza de té con tranquilidad.

A su lado estaba su hijo, siempre absorto en sus investigaciones.

No quería admitirlo, pero había heredado su espíritu inquieto de su padre.

Ardía en deseos que habría heredado su pequeña del padre.

Acariciando suavemente su abultado estómago, queriendo estrechar entre sus brazos a su futura hija.

Como habían cambiado las cosas…

Nunca.

Nunca llegó a imaginar que todo acabaría pasando así…

Por un tiempo pensaba que su vida estaría llena de pesares y tristeza.

Por suerte ese tiempo pasó.

Nunca contó con la posibilidad de que Issei no quisiese eso para ella.

Y le estaría eternamente agradecida por haberle regalado la felicidad.


-FIN-