Fanfiction escrito por mi persona, sin fines lúdicos, basado en la obra de Ichiei Ishibumi, las novelas ligeras HighSchool DxD... ¿Algo más?


- High School DxD –

[Eternidad]


-Una vida Juntos - Especial Rossweisse -


- Sucesión -


El monte Olimpo se alzaba imponente sobre el mundo, lo más alto entre lo más alto.

El camino que daba a las puertas mágicas del terreno divino, hogar de los dioses griegos, que se extendía en el Cielo.

El mito humano decía que los dioses vivían en él.

No era cierto, vivían sobre el monte Olimpo.

Pero eso carecía de importancia.

Zeus, en su día, había decidido que dicho monte, sumado a su poder divino, le ofrecía una posición estratégica única…

Ver, oír, presentarse, desplazarse… Un lugar inalcanzable pero visible.

Impotente.

Como su figura.

Los dioses japoneses eran más discretos, exigían culto, pero mediante el decoro y el respeto.

Preferían templos a los que dejarse caer de tanto en tanto.

Los dioses egipcios preferían el lujo y el sacrificio de la sangre…

Los dioses nórdicos eran otro mundo.

El mundo nórdico vivían en otro mundo.

Se habían creado un mundo particular.

No uno que vivía pendiente del humano como podían hacer los demonios escondidos bajo tierra o los ángeles en el Cielo… Siempre pendientes de los débiles pero problemáticos humanos…

No…

La población Asgardiana vivía a los pies del gran árbol de los mundos.

El Yggdrassil.

Un ente único en el mundo.

Un ser vivo en forma de planta que tenía la capacidad de sostener, unidos entre sus inmensamente poderosas ramas, múltiples mundos.

Universos.

La cantidad de magia que emanaba de sus raíces alteraba el espacio tiempo de sus terrenos más inmediatos.

Rocas flotantes.

Rocas con tamaños de gigantescas islas envueltas en una densa capa de niebla.

La magia era rica.

El lugar majestuoso, inaccesible.

Allí, Odín, el padre de todos, decidió levantar su imperio.

Pero aquella tierra, rica en magia, pobre en humanos, ofreció una alternativa nunca vista en el mundo sobrenatural.

Una manera de nutrirse de poder sin necesitar de ganado humano.

Ambrosia.

Néctar.

Dos frutos que emanaban de las ramas más exclusivas de Yggdrassil.

Esos frutos eran para los dioses.

Los seres inferiores, tras pasar siglos bajos las ramas del árbol de los mundos, habían alcanzados niveles de vida superiores.

Serian llamados "semidioses".

Esos seres, habiendo desarrollado increíbles aptitudes para la magia, sellaron su paso por la historia con un invento que, siguiendo la estela de sus propios dioses, marcaría un antes y un después en su sociedad.

La invención en cuestión se llamaba "Blasón Mágico".

Unos circuitos mágicos, visibles físicamente, escritos y diseñados por eminentes magos que se heredaban y se transmitían de generación en generación.

Odín no quería aristocracia, en su lugar fomentó el desarrollo social, cultural, militar.

Los Blasones pasaron a ser objetos de deseo entre las familias.

Cada miembro hacia entrega de una parte de su propio poder mágico, que al pasar de generación en generación, con los siglos acabarían marcando la diferencia.

Con tal de no crear disputas entre las diferentes casas el padre de todos generalizó el uso de los Blasones…

Con el tiempo los méritos individuales acabaron trayendo más gloria a una casa que la herencia del Blasón en cuestión.

Odín estaba contento, apenas había disputas y el desarrollo de su pueblo cada día era más competitivo.

La tecnología no tenía parangón.

Su pueblo no solo que era prospero, sino que era poderoso, culto y civilizado.

Odín podía sonreír orgulloso en su trono.

Hasta ahí podía controlar… Su poder y su sabiduría sin igual no se podían aplicar a las propias casas.

Casas como la suya.

Una que no era antigua.

No era importante.

El Blasón no era especialmente poderoso.

El mayor honor conocido eran los méritos realizados por su abuela.

Sus padres eran dos reputados soldados de Asgard…

Ella…

Era una rata de biblioteca, una pobre infeliz que no había vivido una vida plena en su juventud.

Su abuela, preocupada, uso sus contactos para buscarle un empleo "digno".

Durante años recorrió el mundo, humillada por la actitud infantil del padre de todos, como escolta del dios Odín.

Decidiendo que aquello no era lo quería en su vida se subió al primer barco que apareció en su vida, que la alejaría de todo aquello.

Tomó la mano del [Sekiryuutei] y empezó una nueva vida.

Lejos de Asgard.

Sin consultar a su familia.

Simplemente se marchó con el beneplácito del padre de todos.

Nunca más volvió a pensar en el Blasón de su familia.

Un reconocimiento que jamás pudo obtener.

Su cuerpo no lo toleraba, era demasiado poderoso.

Pese a tener una mente brillante y una inigualable capacidad para la magia…

Era incapaz de soportar dicho poder…


Era la hora.

Era la hora de continuar con sus clases de magia…

¿Dónde estaba su hija?

Su niña era un ejemplo de puntualidad y disciplina.

Golpeando rítmicamente el suelo con sus zapatos de tacón, cruzada de brazos.

Sin paciencia para esperar más la mujer albina abandonó el estudio para dirigirse al patio exterior.

Dejando atrás el inmenso edificio bajo un cielo azul artificial.

Observando la inmensidad que conformaba el ente llamado "Ryuuteimaru".

-Ryuu. Llévame a los aposentos de mi hija- ordenó la albina mirando detenidamente un inmenso edificio envuelto en magia.

El castillo de su hija, un regalo con el que su marido había dotado a todos sus hijos para que gozasen de libertad para desarrollar sus pasiones.

Una torre dedicada a la magia y a la sabiduría de ciencias ancestrales.

El ente, omnipresente, la transportó al dormitorio principal.

Ryuuteimaru siempre estaba conectado a Issei, sabía que quería la mujer de su dueño.

Recorriendo la estancia vacía, Rossweisse abrió los ojos como platos.

Sobre la cama había una pequeña nota.

Escrita a mano, con dibujos incluidos.

Una caricatura de un dragón rojo y una chica de cabello grisáceo.

La letra de su marido.

"Cariño, nos marchamos a pasar una agradable tarde con la momia que llamas abuela"

Curiosa la belleza revisó la nota en busca de más información…

Su marido nunca tenido mucho trato con… No, los caracteres de esos dos eran demasiado similares… Su abuela y su marido tramaban algo… que tenía que ver con su hija…

Que podía ser…

Que podía…

-Por el padre de todos… Que esto no tenga nada que ver con las preguntas de Helmwige sobre el Blasón de la familia!- chilló Rossweisse horrorizada.


-Asgard-

-Buahahahaha! Asi me gusta enano! Que no te hayas olvidado de cómo se bebe!- chilló cierto dios rubio, vestido con una pesada coraza de hierro.

-Hahahahaha! Para ser un travesti tampoco lo haces mal!- exclamó Issei alzando una jarra de cerveza –Pensaba que al tener falda serias una nenaza no solo por fuera… sino por dentro igual!-

-¡Otra más!- chilló Thor destrozando la jarra contra el suelo –Mas bebida gloriosa para estos bravos guerreros!-

-¿Estás seguro de querer beber otra más?- preguntó Gondul, sentada junto al dragón, observando al dios con desdén.

-Esta es otra batalla más a sumar en mi interminable historial de proezas y gloria! Merece ser celebrada! Festejada!- exclamó Thor levantándose orgulloso –Postraos ante el futuro Rey de Asgard!-

-¿Tu? ¿Rey? No me hagas reír…- masculló la anciana aburrida.

-Algún día ese desprecio tuyo hacia mi persona te pasará factura, anciana- respondió el rubio de mala gana.

Alejándose de la mesa buscando hermosas mujeres con las que jugar.

-Explícame porque un hombre como tú, un tipo decente, ha acompañado a este garrulo a los dominios prohibidos de los gigantes de hielo…-

-Obviamente porque quería algo a cambio. El darme un paseo por vuestros territorios prohibidos no me dice mucho-

-¿Querías algo que Thor puede darte? Aparte de contagiarte su estupidez dudo mucho que esos músculos sin neuronas puedan ofrecer-

-Oh, no te creas. Quieras o no sigue siendo de la realeza, tiene una importante influencia sobre la civilización Asgardiana-

-Ohhhhh! ¿De nuevo usando esa mente manipuladora que caracteriza a tu raza?-

-¿De dónde sacas que los dragones somos manipuladores?-

-Ningún pueblo entiende más de dragones que Asgard. Midgardsornr. Niddhogg. Fafnir. Grendel…-

-Nah…-

-Dime… ¿Qué te ha prometido ese cabeza de chorlito?- preguntó la anciana intrigada.

-Por favor, abuela. ¿Qué puedo querer?-

-Para ti nada… ¿Para mi nieta quizás?-

-Mmm…-

-¿Qué puede querer mi nieta de… No!-

-¿No qué?-

-Mi nieta no puede acceder al Blasón de la familia!- exclamó la anciana alzándose enfadada -¡Thor no puede haberte firmado una autorización para retar al actual heredero! Eso va contra las leyes de nuestro pueblo!-

-No es para ella- murmuro el chico dejando un pergamino sobre la mesa.

-¿?-

Curiosa la anciana tomó el trozo de papiro con cautela.

Abriéndolo con sumo cuidado.

-¿H-Helmwige?- exclamó la mujer incrédula –Esa niña no…-

-Esa niña va a barrer el suelo con el primo bastardo de Rose-

-¡!-

-Esa niña es mi hija, tiene mi poder y la mente de su madre. Salvo los dioses… No hay nadie en esta tierra que esté a su altura- sonrió el dragón sádicamente.

-Tu…-

-Te invito a ver un auténtico espectáculo- murmuro el hombre levantándose, ofreciéndole un brazo a la anciana.

XXXXX

-Helmwige, querida! ¿Qué estás haciendo?- exclamo Gondul corriendo hacia su nieta, inclinándose hacia ella, sosteniéndola en los brazos.

-¿Abuela Gondul… Pasa algo?- pregunto la chica sorprendida.

-Mi querida nieta, porque quieres obtener el blasón… No es…-

-No pasa nada, abuelita. Lo tenemos todo detalladamente prepa… ¡Papa! ¡Que me estoy cambiando!- exclamo la chica cubriéndose.

-¿Ehhhh? ¿Mi niña preciosa ya se tapa de la mirada inocente de su fantástico padre?-

-¡Soy una chica mayor! Largo!-

-No, si estar estas creciendo muy bien… las mismas curvitas que tu madre…-

-¡Papa! Largo!-

-Garrapata asgardiana, nos vamos- murmuro Issei cogiendo a la anciana del brazo.

-No he acabado de hablar con mi nieta, he de parar este sinsentido!-

-Gondul, el actual portador no es nada para tu nieta… A fin de cuentas de entre todos mis hijos ella es de las que mejor controla mi poder-

-¡!-

XXXXX

La flor y la nata de Asgard murmuraban animada en los lujosos asientos de las estancias divinas.

Las vistas… Dos combatientes; una chica albina vestida con una armadura de valkiria frente a un caballero equipado con una pesada armadura dorada.

-Con qué facilidad envías a tu hija a…-

-¿A la muerte?- preguntó Issei sentado en una butaca en un palco privado, alzando la mano, pidiendo algo a una valquiria… Al momento tenía una mesa auxiliar llena de bebidas alcohólicas.

Observando como su hija, nerviosa, se plantaba frente a un rival, blandiendo una lanza resplandeciente.

-Freya… ¿Ese tipo es fuerte?- preguntó Issei divertido.

-Es un guerrero excepcional. Y el Blasón es de muy buena calidad…-

-¿Confías en él?- preguntó el dragón ocultando su sonrisa entre sus dedos entrelazados.

-Lidera un escuadrón prestigioso entre los einherjar- respondió la rubia observando sorprendida como la niña esquivaba con facilidad los ataques del hombre.

-A mi hija la he entrenado personalmente para este día…-

Issei sonreía divertido, su hija estaba jugando con un general asgardiano.

-Nuestro general aún no ha perdido… Sé que el Blasón es importante para tu esposa, pero nuestros soldados no deben de ser tomados a la ligera- masculló la diosa observando al hombre liberar el poder del Blasón.

Envolviéndose en poder mágico.

Repeliendo sin dificultad los ataques mágicos de la niña.

Concentrando una esfera de energía en su cetro.

Liberando un haz de energía contra la chica.

-Estos asgardianos… Siempre tan familiares con los ataques energéticos…- masculló el dragón aburrido.

-No hay ataque más efectivo. Las artes energéticas están muy por encima de las elementales- murmuro Freya.

Una explosión había barrido el terreno donde estaba la albina.

-Llamaré al servicio médico- exclamó la rubia dándole la espalda al visitante.

-Muy cierto… Ese paleto va a acabar muy mal-

-Hablo de tu…-

ZUMMMMMMMMMMMMMMMM

-¡!-

Sorprendida Freya vio como Helmwige se alzaba en el aire dentro del terreno que confirmaba el recinto del duelo.

Con unas poderosas alas de dragón extendidas.

Envolviendo sus manos con relámpagos.

[Tormenta de Relámpagos]

Liberando una lluvia de relámpagos sobre el hombre.

Destrozando la barrera que les protegía.

Desintegrando el terreno del duelo.

¿Su oponente? Inconsciente en el suelo…

-¿Decías?- murmuro Issei sonriente antes de abandonar el palco para saltar al terreno de lucha buscando a su hija con la mirada.

-¡Papa!- exclamó Helmwige aterrizando junto al hombre.

Corriendo hasta él.

-¡Ay! Mi niña guapa lo ha logrado!- chilló Issei tomando a la albina en brazos, girando sobre sí mismo.

Arrancando unas risas en la chica.

-I-increíble…- susurro Freya observando el destrozo incrédula -¿Qué poder tiene esta niña?-

-Mis poderes son los de mi padre… Todos mis hermanos lo tienen…-

-¿Todos tus hermanos tienen ESE poder?-

-Y no soy de las más fuertes… El poder de dragón es más fuerte en Ex o en Zen… -

-¡!-

-Eso que importa…- masculló Issei colocando sus manos sobre los hombros de la chica –Ahora, si no te importa… Quiero nuestra recompensa-

-…-


-Ise!- chilló Rossweisse irrumpiendo en la sala.

Observando furiosa como su marido reía divertido junto a su hija y con Gondul.

En dos pasos se plantó frente a ellos.

-Mama!- chilló Helmwige levantándose de la mesa.

-¿Qué te piensas que estás haciendo?- rugió la albina mirando al dragón.

La niña se calló al instante.

Bajando sus brazos cabizbaja.

-Rose…-

-¡No me llames Rose!-

-Estas asustando a nuestra hija- susurro el dragón serio.

-¡!-

-Helmwige, hija mía, es el momento- ordenó Issei.

La chica, triste, alzó las manos.

Revelando un objeto resplandeciente.

-¡Esto es!- exclamó la mujer incrédula.

-F-feliz cumpleaños, mama-

-¡!-

-Siempre mencionas con tristeza que no pudiste superar las pruebas para obtener el Blasón de la familia… Pensaba que esto te haría feliz…-

-Hija mía… Te has expuesto a muchos peligros… Eso no hace feliz a tu madre- exclamó la chica arrodillándose frente a su hija.

Inspeccionándola.

-¿Estas herida?-

-Se ha comido, merendado y cenado a tu primo, preciosa- respondió el dragón.

La albina lo miró enfadada.

-¿Cuánto tiempo lleváis preparando esto?-

-Unos meses…-

PAM

Furiosa Rossweisse estrelló su puño contra la cabeza del dragón.

-¡Oye!- chilló Issei levantándose molesto.

-¡Has expuesto a nuestra hija a un duelo a muerte!-

-Nuestra hija no tiene rival en estas tierras!-

-¡Es tu hija! No puedes ponerla en peligro!-

-La proteges demasiado! Es perfectamente capaz de cuidarse solita!-

-¡¿Cómo puedes decir eso y quedarte tan tranquilo?!-

-Estoy tranquilo porque confío en ella, Rose-

-¡!-

-Mama… ¿No estás contenta?-

La albina se giró hacia la chica sorprendida.

Sonriendo amorosamente.

-Por supuesto que si… Es solo que el irresponsable de tu padre te ha…-

-¡Padre me ayudó pero yo se lo pedí!

-¿Qué?-

-Fue una idea mía!-

-¿Por qué…?-

-Quería demostrarle a esta gente que mi madre es la mejor del mundo! Que ellos no tienen razón! Que eres enooooorme!-

-Hija mía…- susurró Rossweisse abrazando a la niña entre sus brazos.

Llorosa.

-Pequeña… Es hora de recibir tu premio- murmuro Freya acercándose a los presentes.

-Mama, es todo tuyo- exclamó la chica alegre -¡Es tu gran momento!-

-No… No, cariño mío- respondió la mujer rechazando dulcemente el obsequio.

-¿No?-

-Mi momento pasó. Yo ya tengo mi premio, ahora es el tuyo-

-¿Qué premio?- preguntó la niña curiosa.

-Una hija magnifica-

-¡!-

-El Blasón es tuyo hija mía- exclamó Issei mirando a su hija –Ahora tu eres la dueña de esa marca familiar. Eres el faro que guiará a los frikis que tienes por familia materna-

-Hablas de mi hijo- masculló Gondul.

-Y te piensas que me importa- respondió el moreno.

-Siempre tan insolente-

-Abuela… Tengo tantos suegros y demás iluminados que me lo repiten tantas veces que ya no me afecta…-

-Podrías aprender-

-Eso no es lo suyo- respondió Rossweisse.

-Querida, deja a tus padres hablar a solas… Tu y yo tenemos una ceremonia a la que asistir- instó Freya.

-Si…-

XXXXX

-¿Sigues enfadada?- preguntó Issei observando a la niña subir a un altar frente a Odín, el [Padre de Todos].

Con media Asgard presente, aplaudiendo y vitoreando a la niña, que, nerviosa, miraba de lado a lado sin saber qué hacer.

-Entiendo porque lo has hecho, pero no apruebo que…-

-Rose…- murmuro el hombre apoyando el mentón sobre el hombro de su esposa.

-Lo se… No sabía que Helmwige pensaba así…-

-Hay que dejar que vuelen preciosa, nuestra hija ya es mayor-

-… Pero si hace cuatro días era una pequeña que no podía ni andar…-

-De eso hace más de diez años…-

-Pero sigue siendo mi pequeña…-

-Tu pequeña está siendo reconocida y respetada por tu pueblo. Ha crecido-

Llorosa Rossweisse abrazó los brazos de su marido, que rodeaban su vientre.

-Mi pequeña ha crecido…-

-Así es-

-Mi pequeña ha logrado lo que yo nunca pude…-

-Así debe de ser Rose. Las nuevas generaciones han de superar a las viejas. Es ley de vida-

Sonriente Rose miró a su marido.

-¿Um?-

-Muchas gracias-

-¿Gracias? ¿Por?- preguntó el dragón curioso.

-Mmm… Cosas mías!- exclamó la mujer mirando a su hija, saludándolos contenta.

Revelando el blasón mágico impreso en su brazo.

-Mi herencia para el mundo…- susurró Rossweisse.

-Nuestra herencia-


-FIN-