Los personajes de Saint Seiya The Lost Canvas, Saint Seiya Clasico, Saint Seiya Omega y Saint Seiya Episodio G no me pertenecen.
Perdonen la demora.
Antifaz.
-¿Milo? -El muchacho fue corriendo al encuentro del principe de Antares, que por primera vez se mostraba como tal ante un "desconocido". Souma abrazo al muchacho que le había dado aliento en sus horas más oscuras y a quien consideraba su más grande apoyo.
-Souma -El principe de Antares abrazo con fuerza al joven rey de Crux, ante la sorprendida mirada de los testigos. Ningún esperaba esa reacción por parte de los nobles, como tampoco esperaban que Milo se presentara llevando la corona de los príncipes. - Veo que estas mejor que la última vez que te vi...
-Perdona por no haber hecho algo, para que escaparas también. -Milo dejo salir una jocosa risa e hizo un gesto como dando a entender que no se preocupara por ese detalle.
-Emperador... -Un heraldo entro, quedándose helado al ver a su majestad en compañía de su homologo más joven- su alteza -hizo una inclinación hacia Milo- El conde Aioria de Leonidas ha arribado al castillo -Informo en un tono por demás ceremonial.
-Guiarlo al salón del trono. -Ordeno Kardia en un tono austero e irreflexivo.
-Por qué sospecho... -Milo miro de reojo a su padre- que era la visita de él, de lo que me estabas hablando. -El otro sonrió ladino.
-El principe Aioria, es un aliado que te conviene tener de buenas... -Miro de reojo a su hijo- Y yo sé que se verá tentado de medirse contigo en un duelo de esgrima. -Comento antes de comenzar a caminar hacia la puerta. - No seas tonto y deja bien parado al Imperio. Souma, ven, el general Aioria será aliado en esta guerra o eso tengo entendido-Milo dejo salir un bufido, mientras su progenitor se retiraba y Camus se le acercaba.
-No lo tomes a mal... pero no le digas a Aioria que estoy aquí. -Pidió el muchacho, mientras se ganaba una mirada de duda de los restantes presentes.
-¿Y eso? -Shiva le miro algo perdido.
-Digamos... Que lo que Aioria tiene de bueno, lo tiene de bromista. -Replico mientras se colocaba la estola y luego el casco.- No le digas...
-Ah... -Geist sonrió con burla al entender de que hablaba.- Ha hecho comentarios con respecto a ese arreglo matrimonial... -el otro se puso rojo, pero agradeció ya llevar la estola.
-No te preocupes, no diré nada. -informo Milo, conteniendo la necesidad de reír.
Pasillo
No quería reconocerlo, no en voz alta. Tenía que reconocerlo en voz baja, para sus adentros. Se había perdido en la inmensidad del palacio de Acrab. Shura se detuvo y dejo salir un suspiro. Se había dejado llevar por sus pensamientos y estos le habían llevado hacia cualquier lado. Sus pies le habían traicionado y le dejaron en un extremo del castillo que no conocía.
-¿Cómo regreso?-gruño para sí. En medio de ese silencio profundo y solitario, comenzó a percibirse el replique de notas musicales proveniente de su espalda. Se dio vuelta y comenzó a caminar hacia el origen de la música.
Al poco tiempo estaba frente a una puerta color miel, del interior de la habitación provenían las dulces notas que agraciaban a sus oídos. Los ángeles, de mármol blanco, que rodeaban la puerta le otorgaban una idea de lo que era esa habitación... Ambos ángeles sujetaban arpas.
Sala de música.
Apenas abrió la puerta se topó con alguien vestido con ropas de un azul oscuro, tocando un extraño instrumento que parecía ser una mesa... Solo que tenía algo similar a unas teclas (de color marfil) que al oprimirse emitían los agradables acordes, sin saberlo, Shura conocía por primera vez un piano de cola. La melodía dejo de ser el centro de atención, cuando sus ojos se posaron en las dos espadas cortas que portaba la persona quien hacía de músico en ese momento.
A pesar de todo a lo que estaba acostumbrado, opto por hacer algo que nunca hacia cuando se topaba con alguien armado.
-Disculpa- La música se detuvo de inmediato. La persona, con un pañuelo en la cabeza que impedía ver su cabellera, miro sobre su hombro apenas. Permitiendo ver a Shura parte del antifaz que llevaba, por reflejo el joven llevo la mano a su espada... Al no ser dicha ninguna otra palabra, la mujer (ahora que le miraba bien era claro que eso era) volvió a concentrarse en la música.- ¿quién eres?
-Golondrina. -Sísifo entro y se topó con Shura, su expresión lo decía todo, no esperaba encontrarse al rey de Algiedi. La joven dejaba de tocar- Ya es hora. -Shura pudo ver que el antifaz cubría casi todo su rostro, dejando apenas visible parte de su mentón. -¿Que hace aquí?-pregunto Sísifo, mientras cerraba la puerta una vez la joven se hubiera retirado- No tuvo que haberle visto, guarde silencio. Si le preguntan jamás la vio.
-No entiendo...
-No necesitas entenderlo- Abrió la puerta y se la indico a Shura- ven, te llevare con el resto. La próxima vez haré cumplir la ley, ser amigo del principe no le salvara la siguiente -Shura miro el semblante helado que le dedicaba Sísifo. No era él, ese hombre parecía ser alguien de sangre fría... Un general.
Nunca hubiera creído a Sísifo alguien capaz de mostrar semejante actitud, siendo siempre tan amable y mostrando siempre un carácter amistoso hacia el resto. El hombre que le guiaba por el pasillo, le parecía un completo desconocido.
Salón del trono, en ese mismo tiempo.
Milo dejo salir un suspiro, antes de tomar lugar en el tercer trono, colocado a la izquierda del trono de su padre. Cerró los ojos lentamente y volvió a dejar salir un suspiro.
-Tranquilo, ni que fueras a ver al verdugo. -Comento socarrón Kardia, al mismo tiempo que él heraldo anunciaba al Conde Aioria de Leonidas. -Milo se relajó, lo máximo posible, haciendo caso a su padre. No iba a ver a ningún verdugo, solo era la visita de un principe aliado. Camus estaba entre los presentes, haciéndose pasar por soldado junto a Saga. Argol y Dante eran los otros dos escoltas que permanecían parados ante los pilares que se hallaban en el salón del trono. Souma estaba callado, a un costado de los tronos.
-Emperador Kardia, larga sea su vida y próspero su reinado. -Saludo Aioria, antes de realizar una reverencia ante el emperador, mientras sus cuatro escoltas esperaban a unos treinta pasos del emperador y su hijo.
-Lo mismo le deseo- replico Kardia, realizando una inclinación con la cabeza, mirando de reojo a Milo que no había movido un musculo. -Permitirme presentarte a mi hijo y heredero, el principe Milo. -el muchacho disimuladamente cerraba el puño, por los nervios.
-Un placer conocer al principe Escorpión. -Saludo el joven, con un peligroso brillo en la mirada. Milo recordó que su padre le había advertido que posiblemente Aioria quisiera medirse con él en un duelo de esgrima.
-El placer es todo mío, principe Aioria, he conocido a su hermano. -Aioria arqueo una ceja, como si no esperaba esas palabras.
-Desconozco el momento en que dicho encuentro se llevó a cabo, pero me es grato saberlo. -Replico el castaño en tono solemne. Kardia se levantó del trono y con un gesto disimulado le indico a su hijo que le imitara.
-Seguidme- le hizo un gesto a los cuatro presentes y al joven rey, al mismo tiempo que con la mirada Aioria ordenaba a su séquito que se le esperara.
Sala menor.
-Basta de antifaces... -Kardia se sentó en un cómodo sillón- ¿Confías en tus guardias?
-Solo en tres... -El chico le miro de reojo- el cuarto es un remplazo...
-¿Remplazo por qué? -Milo le miro con desconfianza, mientras Saga se quitaba el casco.
-Mi anterior custodio, sufrió una extraña muerte -el chico le miro como si la respuesta fuera de lo más obvia- Que extraño verte por aquí Saga... Creí que estabas muerto o eso me llego.
-No me moriré tan fácilmente. -Saga sonrió de medio lado, mientras Milo le indicaba a Argol y Dante que podían retirarse.- Aun tengo mucho que hacer...
-Quieres seguir fingiendo o te saludo de una vez... -El leonino miro al cuarto soldado- Camus. -El muchacho se quitó el casco y saludo de la mano al principe.- Entonces... -Dirigió su mirada a Kardia- ¿Que pasara? Tengo entendido que Mu y Kiki pusieron a salvo a sus hijos, por lo tanto Lemuria ira a la guerra -Se paró tenso y se cruzó de brazos- ¿Qué postura tomara Antares al respecto?
-Por el momento analizo si es o no viable movilizar tropas -El castaño, no movía un solo musculo. Mientras que Camus pasaba su mirada del emperador al principe castaño y Milo por primera vez veía lo que era una charla militar con un general extranjero.
-Los leones necesitamos un punto de partida, no podemos desembarcar directamente en el imperio negro.
-Ustedes tienen frontera por tierra -Milo miro al muchacho, quien sonrió fríamente- ¿qué sucede?
-Digamos que le tenemos una pequeña sorpresa a Apsu.
-Atacaran por ambos lados. -Souma miro al principe leonino. Este asintió con recelo.
-Solo si tenemos apoyo de Antares. -Aioria miro al joven rey. -En caso contrario, solo será por tierra.
-Primero ordeno las cosas de mi casa -Kardia le miro atentamente- luego ayudo a los vecinos.
-¿Traidores? -Kardia sonrió de una manera que le puso la piel de gallina a los otros cinco.
-Solo hasta el atardecer. -Se levantó y miro al principe león a los ojos -Mandare a prepararle una habitación... Souma, ven un momento- el adolescente asintió y siguió al emperador de Antares. De quien venía aprendiendo mucho los últimos meses.
-Gracias emperador. -El joven realizo una inclinación de la cabeza y Kardia se retiró. -¿De dónde conoces a Aioros?
-No te lo dijo.- Milo miro al muchacho.
-Hace unos seis meses que no lo veo...- Replico este sereno.
-Entonces no sabes que se casó-Puntualizo Camus. La sorpresa en los ojos de Aioria hizo sonreír a Saga.
-¿Enserio no sabías nada? -el otro negó con la cabeza- yo pensaba que usted y su hermano se decían todo...
-No lo he visto en varios meses... -Aioria evoco un semblante por demás serio- ciertos temas, no se hablan por carta. ¿Con quién se casó?
-Con la general Lithos Chrysalis... -Una sonrisa burlesca se formó en los labios del joven.
-Más les vale a esos dos, que cuando me los cruce ya haya un sobrino en camino. -Milo le miro algo sorprendido, no esperaba esas palabras del joven. Este comenzó a dirigirse a la puerta donde aguardaban sus escoltas.
-Sabes... Me había llegado un comentario, pero no pareces exactamente lo que escuche. -El joven de veintitantos se dio vuelta y le miro.
-¿Que escuchaste?
-Que lo que tienes de bueno, lo tienes de bromista. -El otro sonrió de medio lado.
-Pensé que te había llegado otro comentario- Aioria puso la mano en el picaporte- Como se me llama al otro lado del Vayasrres. Abrió la puerta y salió para darle órdenes a sus guerreros en su idioma nativo.
-¿Qué quiso decir con eso Saga? -El otro le miro y le indico que era mejor salir.
Aposentos de Milo.
-Ya sabía que era general... -Milo observo a Saga, luego que este le informara algo que ya sabía desde que Aioria adquirió ese cargo.
-Milo, Aioria tiene 22 es un prodigio -El hombre le miro- Su padre, no le dio el cargo por nada. Aioria no olvida nada de lo que ve y es un estratega que te pondría en serios apuros si lo enfrentas. -El hombre- ¿Por qué crees que pregunto qué fue lo que escuchaste?- Milo guardo silencio- Aioria lo que tiene de bueno, lo tiene de peligroso y orgulloso.-El joven miro al principe de Bluegard y luego a Hyoga que les hacía compañía.- Aioria, es un estratega entre estrategas... No cometas el error de muchos.
-¿Cuál es el error de muchos? -El rubio miro al espía, quien le sostuvo la mirada.
-Creerse que por tener cara de idiota lo soy- Aioria entro, sin siquiera tocar, guiado por Regulus. Que se quedó medio sorprendido ante las palabras del muchacho.
-Regulus, no traigas a otros a mis aposentos a menos que te ordene lo contrario -Gruño Milo, el más joven bajo la mirada.
-Su padre me dijo que lo trajera...-susurro.
-Entonces no agaches la cabeza- Aioria puso su mano en el mentón del menor y le hizo alzar la mirada.- Nunca agaches la cabeza, Regulus, solo los idiotas lo hacen.
-¿Qué quieres aquí? -gruño al fin Milo, Aioria le estaba cayendo misteriosamente mal.
-Ser honesto.
-Te escucho.
-Primero, que te muestres hostil cuando no te hice nada... Preferiría que no lo hicieras. -Aioria se cruzó de brazos- Segundo, si te molesta algo de mi persona: prefiero que me lo dijeras...
-No se por qué -Milo se levantó y le miro- pero algo en ti, no me cae bien...
-Sera porque me muestro muy formal o porque has vivido casi un infierno los últimos seis meses y mandaste a ejecutar a un traidor... -Milo guardo silencio- Escucha, no todos son traidores... No todo desconocido lo es.
-Supongo que te debo una disculpa por el trato -Milo le sostuvo la mirada esmeralda.
-Si me aceptas un duelo de esgrima... todo perdonado -Informo el leonino con una amable sonrisa, con ese gesto se parecía mucho a Aioros.
-Vaya, el viejo tenia razón... -Murmuro Milo, mientras el otro le miraba con duda.- Mi padre me informo que seguramente querrías medirte conmigo...
-Tu padre lee a cualquiera como si fuera un libro abierto. -Notifico el otro con una amable sonrisa.
Sala de Esgrima.
Ante la atenta mirada de los cuatro guardias del principe leonino y la mirada de los amigos de Milo, ambos príncipes se midieron en combate. Milo tenía que reconocer que el método de combate del leonino le ponía constantemente en aprietos, a pesar de ser un buen esgrimista. La fuerza física del otro, más corpulento que él, le obligaba a siempre andar buscando espacio. Recordó cuando se midió con Lithos en el bosque. Era una forma de pelear similar a la de esta, solo que Aioria contaba con la ventaja de mayor corpulencia física.
Durante el combate, Milo tuvo que reconocer que Aioria (ahora que se medían en combate) no era como se había mostrado. Le hacía charla sobre los combates y los distintos tipos de espadas. En combate, Aioria olvidada siempre su antifaz de principe y solo era un muchacho alegre que le gustaba medirse en esgrima y hablar de espadas.
-¿Es tu prometida? -Pregunto Aioria, mientras se levantaba del suelo, ya habían llegado a casi sus límites en físicos y en común acuerdo prefirieron guardar fuerzas por si algo pasaba.- La morena de ojos verdes... -Milo se puso rojo como un tomate.
-Más que seguro estuviera observando nuestras técnicas de combate... -Informo Milo, antes de acercarse a sus amigos. -Geist... No se supone que deberías estar acostada hasta que estuvieras recuperada -la expresión de pocos amigos en sus ojos lo dijeron todo- Está bien... como quieras. -La chica estaba parado al lado de Hyoga, quien tampoco había sacado su mirada de ambos esgrimistas.- Si Calvera te ve con la lanza se va a enojar.
-Prefiero estar armada, antes que desarmada. -Replico está en su tono helado. Milo tenía que reconocer que todos usaban antifaces... Él también, su padre y los generales... Incluso Jabu y Yato deberían usarlos, ante todos los desconocidos y conocidos. Todos usaban antifaces.
Sala de estar. Media hora después.
-Ahora no te muestras como un principe... -Milo y el castaño miraron a Camus, quien se recargo en la mesada. Dado que Geist le había ganado el sillón y a punta de lanza le hizo mantener distancia. -No me vuelvas a amenazar... -gruño a la chica.
-¿A cuál de los dos le hablas? -pregunto al fin Aioria, algo sorprendido por el comportamiento de la joven.
-A ti, nunca te vi comportarte así... -Informo Camus, en tono frió.
-Las pocas veces que nos vimos, teníamos a nuestros padres o algún otro en frente. -Replico el muchacho sereno. -No se puede ser uno mismo si tienes que parecer algo que no eres. -Milo le miró fijamente.- Como te envidio. -Notifico el principe león.
-¿Por qué?-El heredero al trono de Antares le miro algo perdido. ¿Qué podía tener él que le causara la envidia del muchacho? Aunque Camus también había dicho que le "envidiaba".
-Prácticamente has podido ser tú mismo toda tu vida. -El castaño se encogió de hombros, a Milo le comenzaba a parecer un niño en cuerpo de adulto.- Yo daría lo que fuera por tener la misma libertad.
-¿Libertad? -Milo le miro- Gran parte de mi vida la pase encerrado en el ala Oeste del palacio, no en este palacio... -se apresuró a decir.
-Milo, eso no es la gran cosa -Aioria le miro- Tu podías tener tiempo para ti mismo y hacer lo que quisieras, yo no. -Miro al principe del norte- y Camus tampoco... Y no se la señorita.
-Es priesterin. -Notificaron Milo y Camus al mismo tiempo.
-¿Enserio? -Aioria le miro sorprendido- Pensé que no quedaba ninguno... Sin ofender.
-Me confundieron con una alquimista y me perdonaron la vida. -Los ojos de Aioria tuvieron un extraño brillo.
-¿Acaso eres la famosa esclava alquimista de Lune? -Camus le atravesó con la mirada.- Felicitaciones por escapar de él.
-Gracias. -Geist le miro- Ni Milo ni Kardia, me han exigido revelar lo que se... -Gruño la chica en tono amenazante.
-Habla cuando quieras, nadie puede obligarte. -Replico el principe Leonino, haciendo un gesto con las manos- Nunca se debe obligar a hablar, lo que se fuerza se rompe. -Vieron que la muchacha parecía haber sufrido un escalofrió.
-¿Que paso? -Milo miro a uno y otro. -¿Geist estas bien?- pregunto, preocupado por la herida de la muchacha.
-Sí, estoy bien. Solo que Lune muchas veces dijo esas mismas palabras... -Aioria levanto la mano izquierda y se puso la derecha sobre el corazón.
-Juro por la memoria de mi madre que nunca más usare esas palabras. -Los tres más jóvenes no pudieron evitar soltar risas, ante la cara de preocupación del leonino... Quien luego se añadió a sus risas.
Continuara.
Nota:
Leonidas es una lluvia de meteoros que se produce en Leo.
Ni se imaginan lo que me costo el capitulo, sean piadosos. xD
