Los personajes de Saint Seiya The lost Canvas, Clasico, Next Dimension, Episodio G y Omega no me pertenecen.


Deber.

Luego de dejar al genera Fudo Myo Acala con la palabra en la boca, dado que no le dejo terminar de aclarar que solo era un rumor. Supuso que la cara que puso, cuando lo escucho, hizo que el general se diera cuenta que eso no tenía que decirlo. Comenzó a dirigirse a los aposentos de su padre, completamente rabioso para sus adentros.

Cuando ingresaba al magno edificio del palacio, su mente estaba algo más calmada. Como había dicho el general, algunos matrimonios por conveniencia tenían razones económico-políticas detrás. Dejo salir un suspiro, si era por el bien del pueblo supuso que podría hacer el sacrificio. Incluso, quien sabe, terminaría amando a la mujer que le acompañara el resto de su vida...

Aposentos del emperador.

En cierta forma, le sorprendió que los hombres que patrullaban los corredores cercanos al aposento de su padre le miraran con algo de recelo. Pero al final de cuentas comprendió la razón... ¿Acaso no había sido su padre el que le había comentado que su abuelo mato a su bisabuelo para quedarse anticipadamente con el trono?

Si, sin duda el antecedente familiar le presidia y la mirada de desconfianza de los soldados no era por nada. Sin duda esos soldados preferían una y mil veces ser gobernados por el emperador actual, antes que por el misterioso heredero al trono que había amenazado a los generales con colgarlos. Ya se había enterado, que alguno de los generales (ya se hacia la idea de cuál), había dicho que el príncipe les había amenazado. Aunque el general Ilias Leonis re acomodo todas las versiones diciendo que solo se trataba de la amenaza de un hijo amoroso preocupado por su progenitor.

Habitación del emperador.

-¿Papá? -Milo entro a la alcoba, encontrado muchas velas aun prendidas y a medio consumir.- Papá... -Observo la cama vacía y luego rodeo el lecho. -¡PAPÁ! -Se apresuró a arrodillarse junto al hombre en el suelo- ¡GUARDIAS! ¡GUARDIAS! -Comenzó a gritar alarmado, preocupado por su pálido padre inconsciente en el suelo.


-Se pondrá bien. Solo está agotado -Informo el médico, mientras observaba el semblante preocupado del príncipe y luego a la condesa de Quetzalcóatl.- La enfermedad cada vez avanza más rápido, ya es el tercero que tiene en el mes. -El chico miro de reojo al hombre- Su alteza, si se me permite, le sugiero que deje a su padre descansar y se haga cargo del gobierno por unos días. -Milo tuvo que contener la expresión de pánico, Calvera dejo salir un suspiro.

-¿Cuánto crees que pueda soportar su cuerpo Titán? -El medico negó con la cabeza, Milo ya había escuchado de él. Era un refugiado político, junto con su esposa Pallas. Tuvieron que huir de su tierra natal (Olimpia) dado que la reina quería la cabeza de ambos por ser simpatizantes de la ideología de la princesa Saori (NO esclavistas).

-Si sigue con las cargas del reino. -Titán le dedico una mirada helada- No mucho, solo lo que su corazón aguante... -Miro de reojo al callado príncipe, quien seguía de rodillas junto al lecho de su padre agarrándole con cuidado la mano. Los dos adultos se retiraron dejando solo al muchacho con su padre.

-Titán es un buen médico, pero es muy frio y calculador -gruño Kardia mientras abría un ojo- Vendría bien que se contagiara un poco de esa cosa de amar a todo el mundo que tiene su esposa. -Milo le dedico una mirada sumamente triste, mientras intentaba sonreír.- No sabes nada de como gobernar... -Comento con intenciones de levantarse, solo que su hijo se lo impidió y le obligo a seguir recostado.- Milo.

-Papá. Por favor, quédate en cama. -Pidió el joven con una expresión sumamente triste en los ojos- Ni te imaginas lo que sentí cuando te vi en el suelo... -Sus ojos se anegaron de lágrimas- Pensé que te había perdido...-susurro mientras varias de las descaradas gotas saladas abandonaban sus ojos.

-Resérvalas para reír... -Informo su padre, mientras con cuidado le limpiaba las lágrimas.- La única causa por la que alguien debe llorar, es por la risa.

-O por que su padre le dio una buena en las posaderas... -El hombre sonrió divertido, ante esa analogía algo creíble de su hijo.

-¿por qué viniste hasta aquí Milo? -Pregunto el hombre sereno, mientras se sentaba un poco erguido usando las almohadas para mantener una posición más cómoda.

-Eso no tiene importancia ahora... -susurro el muchacho.

-Lo tenía cuando viniste.

-Es una estupidez. -Replico de inmediato.

-Si te hizo venir, dudo que lo haya sido.

-El general Myo Acala, me comento que corre el rumor de un arreglo matrimonial. -Kardia, de no ser que aun sentía que tenía una piedra incandescente en el pecho en vez de corazón, casi estalla en risas.

-Hijo, desde que te vieron hace unos días, por primera vez, esta ese rumor. -El emperador le acaricio con cuidado el cabello al muchacho- corre el rumor. Por el simple hecho de correr... ¿Qué estoy pensando con quien casarte? Eso es ridículo, hijo mío -Milo recargo la mejilla izquierda en el cobertor de la cama de su padre. -No te preocupes por ello, a menos que fuera un caso extremo. -Hizo una pausa mientras le acariciaba el cabello- No te arreglaría un matrimonio, prefiero que seas tú el que elige con quien contraerás matrimonio... -Con cuidado continuo acariciando la cabellera de su hijo- Cada vez te crece más... Dentro de poco lo volverás a tener a la altura de la cintura. -El chico sonrió de medio lado, agradecía la intención de su padre de distraerlo.

-¿Deseas que sea yo el que se haga cargo hasta que se sienta mejor o nombro a un virrey temporal?

-Consulta con Ilias los percances militares que puedan presentarse y con Calvera los políticos -Miro atentamente a su hijo a los ojos- Con nadie más, Milo.

-¿Qué hay de Fudo?

-Pues Fudo, me juro lealtad a mí. No a ti. -Le miro de reojo- Por más buen hombre que sea, tienes que ganarte su lealtad...

-¿Salvar su cuello en las caballerizas me asegura su lealtad? -pregunto distraído, a él le había parecido que Fudo era confiable. Su padre le miro preocupado.

-¿Qué hiciste? -pregunto con un ligero gruñido- ¿Que paso Milo? Habla.

-Nada, descansa padre -El chico se levantó y se alejó de la cama.

-¡Milo!

-El medico dijo reposo padre.

-¡MILO VEN AQUÍ INMEDIATAMENTE Y DIME QUE PASO!- El chico cerró la puerta tras sí.

Pasillo.

Milo dejo salir un suspiro, para notar las miradas sobre él. Calvera, Ilias y los soldados que deberían de cuidar al emperador mientras estuviera en reposo le observaron con una increíble expresión de duda. Era claro que habían escuchado la orden del emperador y ahora observaban el desacato total del príncipe ante esta.

-Al parecer, el emperador ya se siente mejor -Informo con las mejillas algo rojas por la vergüenza, sonrisas nerviosas por parte de los soldados no se hicieron esperar.

-Su alteza, su padre debe estar calmado -soltó Calvera entre dientes, ante la mirada que le dedicaba Ilias. Milo lamento que ellos dos formaran parte de los testigos.

-Necesito hablar con ambos. -Informo en un tono serio, poniéndose una máscara de frialdad ante todos. Aunque ninguno se la creyó, no luego de ver lo infantil que podría llegar a ser el muchacho. Mucho menos siendo que todos los presentes le doblaban la edad, o un poco más, y sabían darse cuenta cuando alguien trataba de ocultarse sin tiempo de preparar bien el antifaz.

-Dejare una guardia segura para vuestro padre y acudiré a su presencia, su alteza -Cuando paso a su lado, Ilias le dedico una helada mirada esmeralda que provoco que Milo casi pasara saliva.

Puerto, Puerto Tristán. Al mismo tiempo.

-Mientras trato de localizarlo -Dio un salto y cayo hábilmente sobre la piedra del puerto- Vendan todo lo que puedan, repartan el botín entre ustedes a mí no me interesa. -Los hombres le miraron y asintieron, seguir sus órdenes no les venía muy en gracia. Pero la familia le precedía y era mejor no provocar a esa familia. Tocar uno solo de sus cabellos, sería equivalente a la más terrible de las muertes.


-Yato... -Regulus caminaba junto al muchacho, mientras comía una manzana- ¿Te dijo Milo que paso?- el joven, al igual que el castaño vestido con la armadura del ejercito negó con la cabeza. -Fue todo muy raro... ¿Qué crees que tenga?

-Supongo que nos lo dirá cuando llegue el momento- en otras palabras estemos con él en su cuarto.

-He ustedes -Los dos jóvenes se dieron vuelta y se toparon con otro muchacho que se acercaba vistiendo una gabardina. Pudieron notar al mono escondido en el cuello de esta. -¿Pueden decirme si el general Myo Acala está por aquí o en el norte?

-¿Quién pregunta? -inquirió Regulus, con algo de ligera desconfianza por el hecho de casi no verle el rostro al muchacho. Este sonrió de medio lado y alzo un poco la vista, a pesar de gorro (similar al de los pintores) su rostro quedo parcialmente descubierto.

-Alguien que lo conoce. -Dijo antes de darse vuelta y comenzar a desandar su recorrido, Yato no le saco la vista de encima. Por lo tanto pudo notar que este robo a un hombre al que choco.

-Es un ratero -Comenzó a seguir al chico, con Regulus, pero en una esquina le perdieron el paso y terminaron confundidos.

-Volvamos a la fortaleza. -Sugirió Regulus- sabemos cómo luce, si vemos al general Fudo podemos consultarle...

-Prefiero informarle primero a Milo -informo el joven, mientras comenzaban a caminar hacia la fortaleza de Puerto Tristán, para luego a caballo ir al palacio real de Acrab.

Jardines. Cinco horas después.

-Es raro que su alteza no apareciera por ningún lado... -Los chicos caminaban, cerca de Albafica al que le habían descubierto poseedor de una maña... Odiaba que se le tocara.- Jabu. ¿Estás seguro que no lo has visto en las habitaciones? -El muchacho negó con la cabeza.

-Albafica, tu que estas en los puestos altos. -El peli celeste miro de reojo al muchacho castaño- No te estoy alagando ni nada- Se apresuró a decir Regulus- ¿No sabes si la ausencia del príncipe tiene que ver con que el emperador este enfermo?

-Si la cosa es como en mi reino... -Se detuvieron y observaron hacia un árbol, donde sin duda el príncipe León había encontrado muy cómoda una rama alta- Debe estar suplantado al emperador, dado que este no se encuentra en capacidad de ejercer su puesto.

-En otras palabras, llamémonos agradecidos si lo vemos para la cena. -Comento Camus, que se acercaba con una pensativa Geist, y dos callados Shura y Saga.- ¿Alguno sabe con certeza que tuvo el emperador?

-Mmm... No, solo escuche rumores -Aioria dio un salto y se bajó del árbol- Y en uno de esos dice que lo envenene.

-Sí, fuera cierto, ya estarías en los calabozos -Informo Albafica, el leonino iba a replicarle algo al impertinente teniente cuando algo le detuvo.

-¡DETENTE AHORA MISMO MUCHACHO! -Yato y Jabu se dieron vuelta, casi automáticamente, al igual que los otros. El chico que habían visto en el pueblo, estaba escapando de tres guardias. Al parecer se las había ingeniado para colarse en el castillo. El chico salto sobre un pequeño arroyo artificial, perdiendo a uno de sus tres perseguidores.

Con rápidos giros, sobre el húmedo césped lindero al arroyo, hizo tropezar a los otros dos.

-De haber sabido que sería tan divertido -Se detuvo y miro burlón a los hombres- Hubiera venido antes.

-¡ESPERA QUE TE PONGA LAS MANOS ENCIMA MUCHACHO!-Bramo uno, mientras se levantaba y salía tras la persecución del joven de nuevo. Mientras el otro ayudaba a su camarada a salir del agua.

-Eso no se ve todos los días. -Comento Aioria, algo divertido por la situación. A pesar que no estuviera bien, si iba a seguir siendo tan divertido... No deseaba que atraparan al joven.

-Sera mejor que le den una mano -Albafica observo de reojo a Regulus y Yato que dejaron salir un gruñido.

Galerías, jardines.

-¡FUDO! -El joven se detuvo frente al general, notoriamente sorprendido por su presencia, acompañado por Harbinger y Sísifo que le miraron por demás alarmados por la presencia de un extraño en un lugar como ese.

-¿Joker? ¿Qué haces aquí? -pregunto el hombre sorprendido, haciendo que sus camaradas bajaran la guardia en parte.

-Te respondo si me sacas encima a los gorilas. -Se puso veloz tras el general, mientras los soldados llegaban como así también los invitados del emperador.

-General, ese mocoso se colocó en el castillo. -Informo uno, mientras intentaba recuperar el aliento. El mocoso corría muy rápido.

-¿Enserio? -Miro por encima de su hombro al joven castaño, al mismo tiempo que el pequeño mono saltaba a su hombro. El general no tardo de rascar tras diminuta oreja. - Porque no me sorprende de ti Joker... Eso suena a algo que sin duda harías.

-No me querían dejar pasar, tampoco querían ir a buscarte -gruño el chiquillo, aun escudado tras el general.- Solo hice lo que la llana lógica, dice: venir a buscarte Fu.

-¿Le conoce? -pregunto el guardia sorprendido.

-El general Fudo Myo Acala, es mi hermano mayor. -Informo el chico antes de sacarle una lengua a los guardias. Sísifo abrió sus orbes esmeraldas sorprendido, mientras Harbinger miraba a los hermanos. No se parecían en nada. Uno tenia el pelo verde y ojos de dos colores y el otro era castaño.

-No sabías que tenías hermano... -Comento Harbinger, mientras miraba a los guardias. Sin duda llenos de cólera, a los recién llegados (Albafica y compañía) sorprendidos y luego a los hermanos ahora callados...

-Por qué no es hermano, Harbinger, es hermana. -Gruño, mientras miraba de reojo a su camarada tuerto- Luego hablo contigo. -le gruño a la muchacha.

-Por eso vine. -replico la chica, dejando de disfrazar su voz.- Solo que los señores no me dejaban pasar y me llamaron mendigo mugroso. -Una expresión burlesca apareció en los ojos de la castaña- Sería una pena que me fuera con el chisme al tío, más si les dijera que me golpearon. -Uno de los hombres retrocedió, ante la mirada helada del general.

-Luego hablare con ustedes. -Le gruño a los guardias. Sujeto el brazo de la muchacha con fuerza y se la llevo de ahí.

-No se por qué, dudo de la moral de esa muchacha -gruño Harbinger- Algo me dice que no es una santa. Si se logró meter al castillo. Más que seguro ande en los mismos malos hábitos que antes tenía el hermano. -Regulus y Yato prefirieron guardarse el comentario que le habían visto robando.

-¿Qué edad crees que tenga? -pregunto Sísifo, como si ignorara la presencia del resto.

-La suficiente para que el hermano quiera estrangularla, nunca vi a Fudo tan molesto. -replico el general tuerto.

Despacho del emperador. Al mismo tiempo.

-¡YA BASTA! Me están ahogando. -Milo puso los codos en la mesa y se pasó las manos por el cabello- Denme un minuto para respirar. -Como me gustaria estar con los chicos ahora ¿De que cosa interesante me estaré perdiendo?

-Su alteza -Ilias puso unos papeles frente a él, con silenciosas miradas se habían puesto de acuerdo con hacer pagar al príncipe el alterar al emperador.- El pueblo no puede darse ese privilegio. -El chico tomo con pesadez el informe que le entrego Ilias y comenzó a leerlo.

-¿Qué tal si van a ver que hacen sus respectivas descendencias? -Pregunto Milo entre dientes, los dos entendieron que le estaba mandando a los dos al diablo con las palabras más sutiles encontradas.

-Regulus esta con Yato y Jabu.

-Geist estaba con Camus hablando de alquimia. -Informo Calvera- a lo sumo, intentaran hacer algún experimento inofensivo de química. -Milo tomo una buena bocanada de aire y la dejo salir lentamente, mientras intentaba concentrarse en lo que tenía en frente. Era un informe, en que se solicitaba, más vigilancia en un sector que se sospechaba se llevaba a cabo tráfico de personas.

-Ilias, averigua bien de esto -Le tendió el papel de regreso- Manda alguien que no sea de ahí y en que confíes, puede que quieran sacar vigilancia de un punto en que realmente quieren hacer el tráfico.

-Como ordene su alteza- Miro de reojo a Calvera, Kardia ya había ordenado eso. Solo quería ver que decía Milo al respecto y como tomaba el asunto.

Aposentos del general Fudo.

-¿Qué? -el hombre sintió que de pronto perdía toda la firmeza de sus piernas. Las sentía como si fueran de una masa endeble y sumamente frágil.

-Lo que escuchaste, Ávido se alió con Hades y mato a todos los que se opusieron a entregar la isla a Elíseos. -El joven general se tuvo que recargar en un mobiliario cercano para no perder la estabilidad.- Papá y mamá están muertos, Fudo, escapamos de milagro de la Isla... Tu antigua tripulación, por la que juraste lealtad al emperador de Antares, fue ejecutada por los de Elíseos... En la Isla de los piratas solo quedan: los cobardes, los que aceptaron la oferta de convertirse en perros lambiscones de Ávido y los que no pudieron escapar y fueron rebajados a esclavos.

-¿Te hicieron algo? -La chica negó con la cabeza...

-Me hice pasar por niño, los únicos que sabían que era mujer, eran los de la tripulación... -Miro con expresión desesperada al general- No sabía a quién recurrir y los tripulantes del barco se negaban a ir hasta Hindis, escuchamos que estabas en puerto Tristán y aceptaron venir hasta aquí... -el general se acercó a la joven y la abrazo con cuidado- Tenía miedo... de no verte...

-Ya, tranquila, Gioca. Ahora estás conmigo. -Informo mientras le acariciaba con cariño la cabeza de su hermana menor.- ¿Sabes si alguno te siguió? -La chica negó con la cabeza- Escucha, acuéstate y descansa un poco... Tengo que ir con el emperador a explicarle todo el asunto. -Le quito la gabardina a su hermana y luego se dispuso a descorrer las mantas- quítate las botas y por favor -le miro fiero- No robes nada Joker.


En dos lugares distintos del palacio de Acrab, dos jóvenes se sentían superados por sus deberes.

Milo sentía que ya no soportaría leer un pergamino más y decidir sobre el destino de toda alma que habitara el reino (Le era inevitable preguntarse como lo hacía su padre).

Por otro lado, el general Fudo Myo Acala se sentía superado por las noticias desbastadores que había traído su hermana menor. Nadie debía de saber de la existencia de Gioca, mucho menos la gente como Ávido o el rey Hades. Si alguien preguntaba, desde que era niño, tenía que decir que su padre la encontró abandonada en un puerto. Aunque claro está, a medida que Gioca fue creciendo, tuvieron que recurrir a otros métodos para ocultar a la princesa no reconocida de Hindis.

Mantenerla siempre escondida en la casa que su familia había construido en el archipiélago, cuya ubicación en el mapa era difícil dado que en muchos figuraba en una posición equivoca, un hijo varón... Era medianamente fácil, pero una hija mujer. Habiendo tanto peligro por la isla y tantos sujetos de pocas nobles intenciones. Ni él ni sus padres iban a tolerar que le hicieran daño.

El archipiélago de Hǎidào, conocido popularmente como el nido de piratas. Era la tentación para todo aquel que lograra llegar. Como bien sabía Fudo, y todo aquel que habitara la Isla. Hǎidào, era una mina de oro a la hora de hablar de punto estratégico militar y comercial.

Hades era el primer rey que intentaba tomar, y tenía éxito, el dominio de las islas.

Pasillo.

Fudo se detuvo en el pasillo y dejo salir un suspiro, aunque debería cuidar primero a su hermana. Su deber era informar la "perdida" de un punto estratégico que se hallaba frente a las costas orientales del Imperio de los Leones.

Por más que no quisiera, muy en el fondo no quería, compartiría con Kardia las coordenadas precisas de la Isla... Ahora era un general de Antares, no un pirata que había jurado llevarse a la tumba la posición exacta de la Isla que escondía la ciudad de los piratas.

Ya era hora, que el error cartográfico, fuera solucionado. Su deber como general, le decían que tenía que hacerlo. Tenía que olvidarse de una vez por todas de su pasado y ser por completo un general de Antares.

Continuara.


Joker, es el apodo con que los huérfanos llaman a Gioca en el gaiden de Manigoldo.