Los personajes de Saint Seiya (The lost canvas, Clásico, Omega y Next dimension) no me pertenecen.

Perdonen la demora.


Baile de realidad.

-¿Tu padre te encerró en los calabozos? -Camus miro por demás sorprendido a su amigo, mientras Geist estaba por demás indiferente.

-No se por qué armas tanto escándalo -la chica con hijab le miro como si nada- ni que le hubieran dejado una semana ahí sin comer y sin beber nada.

-Me sorprende tu piedad Geist. -Milo observo a la chica- Camus se horroriza y tu como si nada.

-Cierto, debería ser al revés. -Comento la joven burlona- De no ser que yo presencie ello miles de veces- los dos jóvenes hicieron muecas, la chica estaba "acostumbrada" a ver esas cosas- ¿Ya viste a Jabu?

-Sí, no puedo creer lo que le hicieron. Todo por estar cerca de mí... -Informo Milo, mirando hacia un costado.

-Tu padre lo nombro marqués... -La chica le miro- Algo me dice que tu padre, opina, que ya es hora que dejes a Jabu crecer y que lo haga lejos del ejército.

-Jabu solo tiene 14 -El chico le miro, entendía para donde quería ir la chica- Hablare con él luego. Se merece un descanso. -Alguien golpeó la puerta así que los jóvenes optaron por tomar posturas correctas, mientras Geist se desaparecía por la puerta que daba acceso al lugar de descanso del príncipe. - Adelante.

-Sus altezas, el emperador demanda a confirmar sus asistencias al banquete de esta noche -Informo en tono humilde y reservado el lacayo. Milo miro de reojo a Camus. Sin duda su padre tenía intención de ponerle contra la pared.

-Sí. -Dijo al fin, la idea de un banquete no le sentaba para nada grata. Dejo salir un suspiro lentamente, otra opción no había encontrado.

-¿Fuiste antes a un banquete? -Pregunto la chica mientras volvía a sentarse en su anterior lugar. Milo, negó lentamente con la cabeza. -Preparare, para ver la hipocresía lucirse entre platos...

-Por eso odio los banquetes, te halaban de frente y te descuartizan por la espalda. -Comento Camus, muy conocedor de lo pasaba en los banquetes.

Terrazas, al mismo tiempo.

-Así que el príncipe se dará a conocer... En sociedad.

-Espero que mi hija lo encante, imaginarme como la suegra del emperador. -Estaba una de las elegantes damas- Mi Jazmín, con su cabello similar a hilos de oro encantará al príncipe.

-Hay por favor -Otra de las damas abrió su abanico y le miro por encima de este- Tu hija no estará al nivel del delfín, pero mi hija Denise ella es toda una finura. -Miro atentamente a alguien que hizo acto de presencia, la menor siguió su camino hacia los jardines ignorando a las damas. -Y esa cosa asquerosa ¿Quién es?

-Creo que es la hermana del general Myo Acalá. Es impresentable, debe estar llena de piojos y le ha de faltar todos los dientes oí decir que era pirata.

-Yo sentiría vergüenza de haberla parido. -Miro a las otras damas- ¿Se enteraron que la gran condesa -dijo con burla- tiene una hija?

-¿En serio? De seguro es hija bastarda del emperador. -Acuso una con una mueca burlona.

-No, es hija de ella y el difunto embajador. Al parecer es toda una bruta, maneja espadas y viste todo de negro como si estuviera de duelo.

-Hay por la luna, que espanto -Soltó una mujer- Espero que no se presenté en la fiesta, será repugnante.

Pasillo.

-Lady Calvera. -Comenzó Saga en tono conciliador.

-Déjenme a mí -Ordeno la mujer, Shura miro con asco a las mujeres. Mientras Saga apretó los labios. Odiaba a las mujeres así, había escuchado como despedazaban a su hermana menor moralmente. Desde entonces tenía la sutileza de arruinar las reputaciones de las hijas de dichas mujeres.

Salón de Baile, esa misma noche.

-Solo debes estar sereno, hijo, no vas a tu sentencia de muerte -Comento el emperador, con los ojos cerrados, mientras esperaba que el heraldo anunciara al señor de todo el territorio.

-El Emperador Kardia I, señor del gran imperio de Antares y las Islas de Gold. -Informo el heraldo- El Príncipe Milo De Antares, 1° duque de Acrab. 5° Conde de Al Niyat y señor de las tierras de Scorpii. -Milo se mantuvo sereno, mientras caminaba a solo dos pasos detrás de su padre hacia el trono. Mataría al viejo bribón por esto, no había sido informado a tiempo de dicha fiesta. A parte Jabu no asistiría y Yato, a quien pudo ver de reojo, parecía tan incómodo como él.

-Padre, esto te va a salir caro -Murmuro por lo bajo, antes de tomar asiento en el trono de la izquierda de su padre.

-Acostúmbrate a estas cosas, bailes veras varios. -Replico este en el mismo tono, mientras algunas damas y caballeros de la corte se acercaban a dar sus respetos y saludos a los monarcas.

-Seré el emperador más aburrido que haya asistido a algún baile, no pienso tolerar estos hervideros de hipocresía -Su padre le lanzo una mirada de soslayo, para hacerle entender que cerrara la boca.

-La princesa de Hindis: Lady Gioca Myo Acala, 3° condesa de Heze y 1° Duquesa de Riji Al Awwa. -Para Saga y cierto dúo, a pesar de la sorpresa, fue un gran placer ver la cara de cierto grupo al ver la joven vestida con un delicado vestido beige con una tiara de diamantes digna de una noble.- El General Fudo Myo Acala, príncipe de Hindis, 1° Conde de Spica. -Ambos hermanos entraron juntos, uno llevando a la más joven sutilmente del brazo.

La mirada helada, por parte de Fudo, hacia ciertas damas no se hizo esperar.

Apenas se había enterado lo que habían dicho de su hermana, como todo hombre orgulloso que era. Le presento los papeles (en los que decía que ambos eran príncipes) a Kardia, quien no tuvo problema de que ambos se presentaran como tales en la fiesta.

Aposentos de Milo, cuatro horas después.

El chico cerró la puerta de su alcoba y apoyo la frente en la lustrada madera. Como había soportado tanto, aun no era capaz de entenderlo. Durante la fiesta, se había enterado que Aioria se había escusado y metido una serie de diversas razones por las que no podía asistir al lugar. Al pasar por la habitación de Jabu, noto que alguien había estado jugando al ajedrez con el muchacho.

Al parecer, las escusas de Aioria, solo habían sido escusas para ir a jugar ajedrez con su escudero.

Se quitó la ropa que cargaba y se colocó la que usaba para dormir, no veía la hora de que su cabeza tocara la mullida almohada de plumas.

Una vez en la cama, dejo que lo acontecido en el baile regresara a su mente de la misma manera que la marea regresa a la playa una vez se retira.

Por un lado la frialdad que Shura mostraba hacia todas las damas que intentaban ser amigables con él, por otro lado el recelo que mostraba Fudo hacia todas las personas que se aproximaban a su hermana.

Había escuchado a Saga llamarlas harpías inmundas, por lo bajo, a las damas que se mostraban amigables con la joven de sonrisa perlada. Tenía que admitir, que la chica de 15 años, era una belleza. Aunque no era su tipo, muy pequeña para su gusto.

Luego de que escuchara a Shura informarle a un alto lord que se esperaba que las reinas fueran mujeres expertas en combate "como lo es la priesterin que me escolta", no hubo joven de alta alcurnia que no le lanzara miradas rabiosas a la guerrera. Más aun, cuando notaron que el futuro monarca de Bluegard y el futuro emperador de Antares mostraban gran favoritismo hacia la chica.

Ahí se sumaron las madres, pareciera que más de una pensara que veneno o un cuchillo en medio de la espalda eran excelentes compañías para la guerrera.

Cerró los ojos tratando de dormir, por suerte el sueño no tardo en alcanzarle. Aunque había alguien que tenía otros planes.

-Muelita... -Se quejó el chico, cuando el cachorro blanco comenzó a lloriquear al lado de su cama- Mañana duermes en tu canasta... -Levanto al animal y lo puso sobre la cama.- Para algo la tienes...

Aposentos de Geist.

La chica se movía inquieta en sueños, uno de los lores aprovechando un momento que Shura no estaba lo suficientemente cerca para decir algo contra el sujeto o tomar alguna represalia. A pesar que no había llegado a verle bien el rostro, le había susurrado rápidamente algo que le puso los pelos de punta. Le habían susurrado: Te quiere de vuelta.

Se había dado vuelta velozmente, llamando la atención de Camus y Saga que estaban relativamente cerca. Había muchos lores cerca suyo, así que cualquiera pudo haberle dicho eso por lo bajo.

Geist dormía en su rincón, sobre las pieles que le hacían de cama. La habitación era cálida, por lo tanto no veía la necesidad de cubrirse con alguna de las mantas. Escucho el ruido que hizo la puerta al abrirse, pero no le prestó atención... En los casi siete meses que llevaba en poder de Lune, en territorio de Elíseos, ya se había acostumbrado que él joven tuviera las mañanas de presentarse a mitad de noche a buscar el libro para leer los descubrimientos y desaciertos anotados durante el día.

Se acomodó un poco y siguió durmiendo, escucho los pasos dirigirse hacia ella, pero supuso (como otras tantas veces) que Lune le despertaría para que le asistiera porque había razonado una solución para un problema presentado. Solo se puso alerta, al no percibir los destellos de las velas, antes de levantarle, Lune siempre tenía la decencia de prender alguna vela para hacerle saber que la quería despierta. Se movió justo cuando una mano se colocaba veloz sobre sus labios y otra sujetaba con fuerza sus muñecas.

-Lune te tiene bien escondida... De seguro te quiere para su uso personal.-Escucho la voz de ese tal Byaku, quien le quito la mano de la boca, mientras ella peleaba por liberar sus muñecas y sacarse el peso del hombre de encima.

-¡AUXILIO!-Grito, en esa posición no podía soltarse y agarrar el arma que escondía entre las pieles de su lecho.

-Cállate...-Byaku le metió un pañuelo, hecho un bollo, en la boca para evitar que la chica continuara gritando.- Seguramente haces todo lo que Lune te pide, ahora harás lo que yo te ordeno.-Informo, mientras se aflojaba el cintillo de su pantalón. -No te pongas en difícil...-amarro las manos de la chica con el cintillo, mientras esta intentaba por todos los medios quitarse al hombre de encima. -Quiero ver qué es eso que hace que Lune te oculte tanto...-Comento, mientras deslizaba una mano por debajo de la blusa de la joven y con la otra, obligaba a la chica a mantener las manos por encima de su cabeza. Geist cerró los ojos, mientras lágrimas de rabia se fugaban de estos.

Escucho una queja y pronto el peso que tenía encima desapareció, al abrir los ojos pudo divisar una segunda figura parada a solo un metro de ella y una tercera en la puerta sujetando un candelabro.

-¿Qué diablos te crees que hacías Byaku?-bramo Lune, por demás molesto- Esmiesclava-resalto el hombre- y yo prohíbo ese tipo de tratos.-A pesar que todo estuviera oscuro, la chica no tenía necesidad de mirar a su "amo" para saber qué tipo de mirada le lanzaba- Llévate a este ebrio indeseable de aquí.-Ordeno al esclavo que aguardaba en la puerta. Este entro y se llevó al hombre, mientras Lune se disponía a prender velas y Geist se quitaba el pañuelo que la estaba ahogando. El joven se voltio cuando escucho a la chica toser, dado que el pañuelo se había introducido en parte de su garganta. Tomo un candelabro pequeño y se acercó a la chica, quien inmediatamente se acurruco contra el rincón.

-No me haga nada... no he hecho nada...-la chica cerro los ojos, antes de sentir el filo de la daga y luego como sus manos quedaban liberadas.

-No tienes la culpa de nada.-Informo el joven, con una mirada preocupada, mientras se quitaba el saco de finísima tela y cubría con él a la chica- ¿Te hizo algo?-la joven negó con la cabeza- di la verdad.

-No... No me hizo nada.

Geist se levantó bruscamente, sintiendo nuevamente esa extraña opresión en el pecho. Se pasó una mano por su largo cabello oscuro y dejo salir un suspiro lentamente. Necesitaba hablar con alguien, no con Camus...

Necesitaba hablar con su madre.

Aposentos de Fudo.

Su hermana dormía profundamente en su cama, a pesar que Kardia le había dicho que podía alojar a la princesa de Hindis en una habitación cercana. Fudo se había negado rotundamente, no quería que su hermana estuviera expuesta a algún peligro.

Aunque claro está, que su hermana estuviera en su cama podría ser una ligera molestia... O tal vez no.

Había cerrado con llave la puerta de su cuarto y también la que daba acceso a la ante sala de este desde el pasillo.

-Está tu hermana en el otro cuarto -Dijo su esposa, con una sonrisa pícara, mientras comenzaba a deslizar con sumo cuidado la tela que cubría sus hombros- y mi hermano a escasas puertas de aquí.

-El hermano de ninguno tiene que enterarse, mi bella Miho.- Replico el hombre mientras se acercaba a su esposa.- Creo que eso le da más sabor al encuentro.

-Eres un terrible pirata...

Mañana siguiente.

Milo se levantó por la simple razón que alguien se había tomado el atrevimiento de comenzar a aplicar "besitos" en su boca.

-Muelita... -El chico se levantó y paso el dorso de su camiseta por la boca- Que asco... -El animal blanco movía su pequeña colita ante el príncipe que se limitó a estirarse.- Que sueño que tengo... -Escucho un ruido de campanas, eso era extraño dado que las campanas muy raramente eran tocadas.

Salón del trono, media hora después.

-Generales. -El joven realizo una inclinación respetuosa hacia los generales de su padre y luego ocupo su trono. Su padre ya aguardaba ahí con los ojos cerrados.

-Ya llego el mensaje de Crux. -Milo guardo silencio, sabía muy de que trataba ese mensaje a pesar de no haberlo leído.- Sísifo, iras a Crux. Tú y tu legión atravesaran el Vayasrres -El general asintió- El resto de las legiones permanecerán en Antares hasta que ordene lo contrario.

-Señor... -Ionia iba a decir algo, pero ante la mirada del emperador prefirió guardar silencio.

-Retírense. -Milo dejo su trono, cuando los hombres se retiraron- No.

-Aún no he dicho nada.

-Pero sé que me vas a pedir y la respuesta es no.

-Fui yo quien comenzó todo...

-No hijo, todo comenzó cuando ahorcaron al rey... -Kardia le miro atentamente- Tu solo les terminaste de dar la patada para que se pusieran en marcha.

-Le di mi palabra a Souma de que le ayudaría.

-Eres mi único hijo, Milo. -El joven cerro los ojos- No puedo permitirme perderte.

-Regulus y Yato vendrán conmigo, padre. No puedo quedarme de brazos cruzados mientras los Anticos pelean en territorio extranjero.

-No es una venganza... ¿No?

-¿Venganza?

-Por lo que te paso estando en Crux.

-No, padre, no es una venganza -Milo cerro los ojos- Eh visto como tratan a las personas como mercancías, lo experimente en carne propia... Solo quiero ayudar a que eso cambie.

Kardia cerró los ojos y dejo salir lentamente el aire.

-Lo pensare. Pero por el momento, te quiero en Antares. -Informo antes de retirarse.- No quiero enterarme que estas bailando con la muerte...

Continuara.


Nota: Todos los ducados y demás son estrellas de distintas constelaciones.