Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen.
Perdonen la demora y la densidad de los primero capitulos xD...
Comienzo de un nuevo destino.
-¿Dónde está?
Recorrieron todo el palacio, no hubo lugar donde no se inspeccionara. Solo encontraron una carta, dirigida a Fudo en que solo había dos palabras: Lo siento.
-Sabía que me ocultaba algo... -Susurro el hombre mientras estrujaba la epístola- pero nunca me imagine algo así. -Dijo, aceptando algo que siempre supo.
-¿Algo como qué? -pregunto al fin Kardia, mientras observaba la expresión derrotada en el general.
-Mi hermana... no sirve ni a Hindis, ni a los piratas, ni a sus propios intereses. -Miro a su emperador- Sirve a los Amapalas... lo sospeche cuando menciono que estuvo en Laurus.
-¿Eso es malo? -pregunto al fin Milo, la verdad que ya fueran mencionados por más de una persona le ponía algo nervioso.
-Depende de quién sea el que está enfrente. -Respondió Calvera en tono frio.- Los Ampalas no son malos... pero las historias no les tratan como los chicos buenos cuando son ofendidos.
-¿Cuando son ofendidos? -Alexei le pareció algo incomodo ese momento. Había ofendido a su reina, en algunas unas (cuantas) ocasiones, y no le parecía bueno escuchar eso. Más ahora que parecía ser que estaban re armando el ejército y dudaba un poco que Lithos lo supiera... Si ella lo hubiera sabido dudaba mucho que se hubiera mordido la lengua en Eliseos.
¿Y si alguien había usurpado el trono de la joven?
-Un ejemplo son las matanzas que hicieron Elíseos y Reino del Mar. -Soltó Kardia mientras cerraba los ojos- Las "ofensas"... no son ofensas... no se refiere a insultos ¿No es así? -Shura, Geist, Fudo y Calvera negaron con la cabeza.
-Kardia, la ofensas son blasfemias hacia su cultura y creencias o asesinatos. -Informo Calvera- la religión de los Ampalas, es una de las pocas que considera verídica las otras. -La mujer cerró los ojos- Tu permitiste la existencia de otras religiones en todo el imperio, pero antes se imponía solamente la adoración a la diosa de la luna. -Abrió los ojos y le observo fijamente- En la cultura Ampala, todas las religiones pueden ser profesadas y todas deben ser respetadas. Porque ninguna es superior a la otra y ninguna posee la verdad absoluta.
-Una ofensa... es destruir su cultura. -Shura miro a Geist- o a asesinar a los sacerdotes... todo lo que podría ser una conexión con su conjunto de creencias y costumbres.
-Lo que ellos hicieron en Algieda y en Ampaliak. El pueblo contiene su cultura y los sacerdotes son representantes de su religión-Milo miro a su padre- ¿Pero este puede alterar lo que pasara en la guerra?
-Sí, me temo que puede ser que nos crucemos con ellos. -Su padre miro a Sisifo- Más que seguro quieran recuperar todo aquello que les fue robado y a cuanta persona esclavizada sea posible.
-No es muy distinto a lo que nosotros queremos -Replico el general, antes de agregar en tono solenme- Señor, dio su palabra de ayudar a Reino de Crux.
-Y la cumpliré.
Costas de Crux. Una semana después.
No hagas estupideces.
Eso fue lo último que su padre, el emperador, le susurro. Le tocaron el hombro y se dio vuelta, un par de ojos de un frió tono celeste se asomaban entre el espacio dejado por la estola y el casco.
-¿Camus? -Se apartaron un poco de los demás soldados, Camus no tendría que estar ahí. No paso mucho hasta que Geist se unió al grupo, junto con dos hombres más.- ¿Shura? ¿Saga? ¿Geist? -miro a todos ahí presentes- ¿qué hacen aquí? ¿Perdieron un tornillo?
-Ordenes de mi rey -se escusa Saga- A Manigoldo le interesa saber que pasara en Crux. Este país tiene muchas tierras en que se cultiva el trigo y ya sabes... de este salen muchos alimentos. -Hizo una pequeña mueca, mientras se acomodaba la estola azul para que no le molestara.
Tendría que seguir órdenes de Sisifo, como todos los demás, pero no le molestaba. Dado que de esa manera también estaría al tanto de lo que hiciera Antares. Y como bien le habían dicho una vez, vigila a tus amigos de la misma manera que vigilas a tus enemigos.
-¿Y ustedes? -observo a Geist y Shura.
-Estoy en deuda contigo por ayudarme a escapar de las prisiones... -Informo el derrocado rey- y el deber de Geist es cuidar mi espalda -la chica dejo salir una pequeña risa, bien sabían ellos que Geist seguiría a Milo a Crux fuera o no Shura.
-¿Y tú? -Camus le miro- ¿Por qué te arriesgas? Podrías haber vuelto a tu nación... tu padre se pondrá como loco cuando se entere.
-Estamos en época de glaciares... -Informo el otro encogiéndose de hombros- No puedo viajar a Reino de Bluegard hasta el deshielo o cuando pasen las tormentas de nieve.
-Y no querías aburrirte en el palacio con Alexei, Hyoga y Cristal ¿No? -Pregunto por demás socarrón, aunque realmente agradecía la presencia de ellos.
-Obviamente no, aparte que te he cuidado la espalda un par de veces durante el viaje -le guiño el ojo- te metes en muchos problemas Milo y solo quiero ayudar a Regulus y Yato.
-Cuando el general Sisifo se entere te regresara a Antares y créeme, estaré de acuerdo.
-¿Te crees que Sisifo no sabe que estoy aquí? -pregunto irónico Camus.
-No te preocupes por Camus -Saga le miro- yo le cuidare la espalda en combate... -le guiño el ojo- no me afectara en mucho.
Carpa de generales, dos horas después.
Milo observo el mapa, en un sector estaba marcado en donde se cruzarían los ejércitos de Hindis, Imperio de los Leones y del Imperio de Antares. Obviamente, lo de Antares ya corrían con la ventaja de estar en contacto con el ejército rebelde. El general Dohko, un hombre claramente curtido en el arte de la guerra, había explicado en sencillas palabras lo que iban a realizar. Todo para que Souma, quien también había cruzado el rió, supiera entender de que se le estaba hablando. Aunque entendía bien, sabía que la razón de utilizar lenguaje menos técnico se debía a los años que no había recibido entrenamiento específico en el arte de la guerra.
-¿Mariscal? -El joven príncipe miro a los generales- ¿Esa ciudad atacaremos? -Recordaba muy bien esa ciudad, la gloria pasada que aun querían relatar esos muros envejecidos y la muy mala experiencia que paso ahí cuando lo vendieron por 85 monedas de plata.
-Aunque no lo crea, quien controle Mariscal, controla los puertos. -Informo la general Aquila- Entiendo que resulta chocante para usted, pero es esencial recuperar Mariscal, Ptolomeo, Havelius y Praecipua son ciudades realmente importantes.
-No importa lo que me genere el escuchar el nombre de esa ciudad -Informo Milo- lo que importa es recuperarla, es necesario controlar todo los puertos posibles.
Ciudad de Mariscal, Una semana después.
Seguido a cada minuto por Geist, Yato, Regulus y Camus. Milo peleo con bravura ante las puertas orientales de Mariscal. Para desgracia de los ejércitos aliados, las puertas de la ciudadela habían sido repuestas hacia tiempo. Aunque había algo que ni los aliados ni el ejercito del imperio negro sabía.
Interior de las murallas, centro de apertura de puertas.
Los hombres cayeron al suelo con la garganta atravesada por cuchillos, los que no morían por estos llegan al final de sus vidas en manos quien acompañaba a esta persona.
-¿Abrimos la puertas? -Pregunto mientras se recargaba en el timón que permitía girar las poleas del mecanismo que abría las puertas.
-¿No vinimos para eso acaso? -Dijo mientras colocaba una rosa entre sus dientes. -Apuremos, antes que Joker llegue corriendo diciendo que vienen los refuerzos.
Afueras de la ciudadela.
-¡Se abren las puertas! -Grande fue su sorpresa al ver que los hombres del Imperio negro intentaban correr hacia estas, nadie salía a brindarles su apoyo... No había tropas que les socorrieran, huían hacia la ciudad esperando poder refugiarse en esta.
Al anochecer.
-¿Les gustan las rosas? -El general Dohko Libris se acerco moviendo una entre sus dedos índice y pulgar.
-¿A qué viene la pregunta? -Inquirió Sisifo, parte de su armadura estaba cubierta de sangre y lodo reseco.
-Pues... a que una de estas estaba junto al destruido sistema de apertura -Se la tendió a antico, mientras el príncipe (cuya armadura estaba cubierta de sangre) le observaba atentamente. -Sabía que alguien tenía que haber abierto la puerta, pero jamás creí que esa persona no se presentara para recibir el gracias. -Le mostró la rosa- esto era lo único que había.
-¿Nos ayudaron desde adentro?
-Y quien fue, sabía cómo cargarse a 15 hombres con cuchillo. -Agrego, mientras entornaba los ojos- hay que ser cuidadosos, si esa persona juega para su propio beneficio no debemos bajar nunca la guardia.
Cuartel de la ciudad.
No había mucha resistencia, al ver las tropas los soldados se rindieron voluntariamente. Aquí y allá había personas llorando y agradeciendo la libertad que venía junto a los rebeldes. Milo observaba todo desde la seguridad de una habitación, fuera los soldados intentaban colocar un orden. A pesar de ser soldado, dado que Sisifo le había dejado en claro que eso era y así seria tratado, se había tenido en cuenta su sugerencia de llevar a todos los heridos al cuartel de la ciudad.
A la distancia, podía presenciar el humo negro de las hogueras donde ardían parte de los muertos pertenecientes al Imperio negro.
-Milo. -El chico dejo el marco de la venta y observo a Camus- ¿Te sucede algo?
-La primera vez que estuve en esta ciudad, fue como esclavo. -Informo- dije que no me afectaba, pero es mentira... Apenas observe la entrada occidental, sentí que la piel se me ponía como la de una gallina. -Se recargo en un pequeño mobiliario ahí presente- me siento extraño.
-¿Te crees que Souma no se siente igual? -el chico le miro- ¿O que yo no me siento igual? También estuve en Mariscal, para serte honesto en este mismo lugar... Solo que en las mugrientas celdas. -Miro hacia un costado, recordando el infierno al que fue sometido por ese "amo".- A todos este país nos trae malos recuerdos, pero la idea es enfrentarlos y demostrarles que no pueden con nosotros.
-¿Que hacías aquí?
-El hombre a cargo de este lugar quería un esclavo nuevo -informo en un tono que indicaba que no pensaba revelar más- me vendió como gladiador cuando le saque el ojo.
-Por que tengo la sospecha, que era el hombre al que atravesaste con tu espada.
-Era ese hombre y agradeceré que no vuelvas a hacerme sacar el tema. -Le miro fijamente- Sisifo te busca.
Despacho del comandante, cuartel.
-¿Sucedió algo? -Los generales no tenían buen semblante- Supongo que sí.
-Aparentemente, no somos el único problema que tiene Apsu en este momento -Informo Sisifo, mientras le tendía una epístola- Mataron a la reina Medea hace unas semanas.
-¿Qué? -El chico tomo la carta y la leyó. Estaba firmada por el mismísimo señor del Imperio negro. Era una escueta orden de matar a todas las mujeres pelirrojas, no esclavas, que rondaran los 25 años. -Juro que no termino de entender el por qué la orden... Me refiero a la parte de "no esclavas".
-Había escuchado rumores... -Informo el general Dohko- Pero pensé que se referían a Marin.
-Yo no tengo 25 -Se escusa, algo ofendida, la general pelirroja. - ¿Rumores?
-Dicen por ahí, que una pelirroja anda matando a los altos funcionarios de Apsu. -La miro- Y si no me equivoco hace unos meses mataste a unos cuantos en la toma del pueblo de Ayec.
-Sí, pero era porque ellos estaban ahí, no ando cazando funcionarios.
-No sabía que Medea estaba muerta -informa sereno Sisifo- Hubiera agradecido que se me informara de ello.
-Nosotros tampoco. -Replicaron los dos generales al unisonó.
-¿No sabían? -Los dos negaron con la cabeza.- Entonces hay una pelirroja matando reinas y funcionarios.
-No me llamaría la atención que el objetivo hubiera sido Apsu. -Comenta pensativo Dohko- Aunque puede que si hubiera sido ella el objetivo y no él. Medea era temida por muchos, dado que era extremadamente cruel y brillante.
-Muchos se sentirán aliviados cuando sepan que ella ya no mora este mundo -Marín hizo una ligera mueca- El ánimo de muchos se alzara al saberlo.
-Por eso no se sabía -susurro Milo, los mayores le miraron- Lo acaban de decir, Medea era temida y el saber que ha muerto cambiara un poco los ánimos en las tropas. Seguramente a Apsu no le convenía que se supiera la muerte de ella. -Los mayores lo pensaron, para luego darle la razón al príncipe.
Cantina. Noche cerrada.
-Hola guapa -El soldado se recargo al lado de la joven- Una mujer tan bonita no debería de andar sola... -Guardo silencio cuando la daga de la pelirroja se recargo velozmente en su cuello.
-Ten cuidado guapo, los soldados no son los únicos que van armados -le susurro la pelirroja mientras embozaba una sonrisa que la hacía más hermosa de lo que ya era- Si me provocas te haré una sangrienta afeitada... ¿Entendido?
-Si... si... -La chica quito el cuchillo y lo regreso a la seguridad propuesta por su capa.
-Red. -Un hombre la mirada desde el descanso de la escalera- Ven aquí y deja de jugar con los soldados, merecen un descanso luego de este agitado día.
-Me llama mi "esposo" -La joven se alejo, siendo seguido cada paso por un cuidadoso danzar de su cabellera.
Al día siguiente.
-¿Le enviaron un mensajero a Aioria y al príncipe Shaka? -Sisifo le miro, en su opinión le estaban preguntando una estupidez- perdona... es la primera vez que estoy en algo de esta magnitud.
-Te recuerdo, que es un soldado su alteza -Le dijo en un tono helado- lo de ayer a la noche fue solo para que estuviera al tanto de todo... Que le haga participe de las reuniones, no quiere decir que tenga derecho a darme ordenes o sugerir algo que es obvio que hice. -El chico se sintió algo mal ante esas palabras, solo le había entrado la duda del momento.
-Sisifo sin duda es una piedra -Comento Geist como si nada- ¡Hey... montón de bestias! -Gruño cuando dos caballos pasaron a gran velocidad y casi se llevan por delante a Camus.
-No paso nada. -Informo Camus, mientras observaba a las dos personas alejarse.- Debe ser una familia asustada por la presencia de los rebeldes... -Comento al notar que uno de los jinetes tenia la estatura de un adolescente. Observaron la casa de gobierno local, en ese momento se estaban llevando al que hasta entonces había dirigido civilmente la ciudad. -¿Horca o prisión?
-Horca -Dijeron al unisonó Milo y Geist. Él sabía que ya tenían pensado ahorcarlo por las bajezas que había hecho con los habitantes nativos y Geist por que había escuchado a los soldados nativos decir que esperaban que los generales lo ahorcaran. Aunque nadie esperaba lo que estaba por pasar...
Una flecha surco el aire y se incrusto en la cabeza del hombre esposado (y golpeado). El alboroto que siguió a eso ninguno se lo esperaba, ellos tres se apresuraron a colocarse a cubierto. Dado que estaba la posibilidad que hubiera algún otro arquero o que entre toda esa gente hubiera alguno con puñal listo para matar.
En otra de las calles.
-¿A qué vendrá tanto alboroto? -Pregunto Shura, recargado en una pared, Saga le miro y se encogió de hombros- la ciudad estará irritable por un tiempo... Hasta que no esté firme el nuevo gobierno, nadie gobernara realmente.
-No sé qué decirte... nunca estuve en una ciudad tomada... -Informo el soldado/espía- Siempre estuve en campos de batallas, pero nunca en ciudades sitiadas o tomadas recientemente... -Observo a una mujer acercarse a un caballo y colocar un pequeño bolso en la parte trasera de la silla.- Al parecer hay quienes no les agrada este lugar... De seguro el descontrol pone en peligro a las mujeres y las niñas, bueno a todos ¿No lo crees Shura? -El otro estaba en completo silencio- ¿Shura? -Le miro, el noble estaba completamente enmudecido. -¿Shura? Hey te estoy hablando -El joven poso sus ojos en el otro- ¿Que sucede? -Volvió su mirada a la mujer, ya no estaba.
-Juraría... que acabo de ver un fantasma. -Dijo al fin, bajo la mirada y una lagrima solitaria bajo por su mejilla. Saga estaba seguro que el otro ni siquiera la noto.- supongo que estoy cansado, tomar ciudades no me debe de traer buenos recuerdos
Le apuñalaron en el cuello y la vi desangrarse... Ella ya no está en este mundo. Solo era una mujer pelirroja, hay miles de ella en todo el maldito mundo... y de esas miles otras tantas deben tener esa tonalidad borgoña en el cabello.
-¿El fantasma de qué? -Shura como simple respuesta se alejo de la pared y comenzó a caminar hacia el origen del alboroto. -Shura... -Volvió a mirar el lugar donde había estado el caballo, esa mujer al parecer había traído un pésimo recuerdo para él derrocado rey.
Dos semanas después.
Con el primer ejercito que se encontraron, fue con el de Hindis... Su general el príncipe Shaka, segundo en la línea de sucesión, fue completamente respetuosos con el joven monarca de Crux y los dos príncipes presentes de países extranjeros.
-Ignoraba que el reino de Bluegard nos apoyaría, hasta donde sabía estaban peleando con los afines a Derbal en Reino Azul. -Camus como simple respuesta hizo una pequeña sonrisa arrepentida- Su padre va a matarlo cuando lo sepa -Dijo al deducir el significado de la sonrisa de Camus.
-Tenía entendido que vendría el general Shijima, su hermano -Informo en tono solemne Dohko, el rubio de ojos azules le miro y le dedico una pequeña sonrisa.
-Hay un infante en camino y mi hermano deseaba quedarse junto a su esposa, por eso me ofrecí en su lugar. -Replico tranquilo el joven- Mi hermano tiene derecho a estar junto a su creciente familia, ya me asegurare que este favor me sea retribuido llegado el momento. -Dijo mientras embozaba una sonrisa burlona.
Pueblo.
En el pueblo cercano al asentamiento militar, no habían presentado resistencia alguna. Los pocos soldados presentes se habían rendido de antemano y los dueños habían dado la libertad a los esclavos ante la posibilidad de sanciones por parte del futuro rey. Según se había corrido el rumor, con toda intención por parte de los generales, quien fuera descubierto privando de su libertad a cualquier persona que habitara en el reino de Crux le haría una visita a doña horca y todos sus bienes serian repartidos entre los damnificados.
Yato caminaba comiendo una manzana, mientras Regulus paseaba su mirada por todas las personas que transitaban las calles. Era claro que casi todos estos habían llevado una vida de esclavo antes de ello. Según había escuchado Souma tenía pensado hacer reparto de tierras a toda esa gente para que tuviera un lugar donde vivir, una vez terminada la guerra, con una libertad de impuestos por 5 años para que pudieran sostener una vida digna hasta entonces.
-¿Gioca? -Al oír esa pregunta observo lo mismo que Yato, otra vez Gioca vestía como niño y caminaba por el lugar con la seguridad de alguien que sabe que no le prestaran atención. El pequeño mono estaba en su hombro comiendo el trozo de alguna fruta. La chica miro hacia su dirección y siguió caminando, aparentando que no les había visto... Pero bien sabían ellos que lo había hecho.
Callejón, unos minutos después.
-No debieron seguirme, sin duda se pasan de tontos si se creyeron que estaba sola. -Yato y Regulus tenían dos filosas dagas en sus cuellos.
-Tu primo, Shaka, está aquí. -Logro decir Regulus, tal vez con eso lograran algo... específicamente no quedar degollados en ese callejón.
-¿Enserio? -La chica les miro sorprendida- Darle mis saludos, entonces. -Les sonrió al mismo tiempo que recibían soberbio golpe en sus nucas.
Carpa de Milo. Campamento del ejército. Un tiempo después.
-¿Gioca? -Sisifo miro sorprendido a los dos jóvenes- ¿Con quién estaba?
-No tengo idea... -Regulus se seguía tocando el soberbio golpe- Pero eran adultos, ni siquiera los vimos venir.
-Uno era mujer. -Informo Yato, mientras Geist le limpiaba el corte en el cuero cabelludo.
-¿Por qué tan seguro? -Regulus le miro- Ni siquiera los vimos venir.
-Lo digo por que sentí su busto -Dijo algo sonrojado.
Continuara.
Ptolomeo.
Astrónomo greco-egipcio, creador de la lista de las 48 constelaciones originales.
Johannes Hevelius.
Describió la constelación de León menor en 1687.
Praecipua.
Estrella más brillante de la constelación de león menor.
