Salió de aquella mansión caminando lo más rápido que pudo, y cuando ella estuvo cerca de la avenida principal corrió hasta donde sus piernas daban, su respiración se agitó aún más y las lágrimas corrían libremente por su rostro al verse incapaz de detenerlas por más tiempo.

A su paso escucho los gritos indignados de personas contra las que chocó sin siquiera darse cuenta. Sus pies la llevaron hasta un solitario parque, donde lentamente se detuvo hasta quedar recargada contra un grueso árbol de colorido follaje.

Abrazó sus rodillas contra su pecho y ocultó su rostro en ellas, mientras sus cabellos crearon una cortina ocultándolo.

Sus hombros se agitaban fuertemente con cada sollozo, no podía parar, no quería parar.

Así era, venían en los momentos más inesperados, y cualquier cosa los gatillaba, en ese instante habían sido las palabras de Jan Di que sin saberlo le habían provocando otro ataque de ansiedad.

Era como si algo la golpeara y sus recuerdos escaparan de la caja donde los tenía enterrados en su mente, todo a su alrededor perdía sentido y el dolor en su pecho era lo único que sentía.

No supo cuanto estuvo ahí, pero de repente frente a ella se materializó una mano nivea, alzó el rostro y a través de las lágrimas observó una figura masculina que la veía curioso.

Ella respiró profundamente y de un movimiento retiró las lágrimas de su rostro ignorando el pañuelo ofrecido.

Él se dejo caer a su lado y delicadamente lo puso en las rodillas de ella.

Verónica miró a su alrededor incómoda, pero las palabras del chico la hicieron dar un respingo.

–Te vi correr. Bueno huir de la mansión. ¿Sucedió algo con Jan Di?– Preguntó sagazmente pues la coreana era (ignorando su fuerte temperamento) alguien muy pacífica.

La castaña lo miró de reojo con la espalda rígida.

–No. Esto es cosa mía, suelo ser alguien muy dramática, ella por el contrario fue muy amable conmigo.

– ¿ Entonces porque...?

–He estado muy estresada.– Lo interrumpió ella y Woo Bin asintió para nada convencido.

–Si sólo es eso, entonces esta bien. Déjame llevarte a casa.

Verónica estuvo a punto de replicar, pero notando su cuerpo rígido y su mente cansada supo que no tenía ganas de lidiar con el mundo de gente que seguramente habría en el subterráneo.

Dudosa asintió y aceptó la mano ofrecida por el chico al intentar levantarse.

Una caravana de tres camionetas oscuras y de vidrios polarizados los esperaban, ella trago el nudo de su garganta y obligándose a dejar de temblar subió seguida del principe de la mafia en la segunda.

Ninguno dijo nada al respecto sobre el hecho de que el chico no le pregunto la dirección, pues él ya sabía exactamente dónde vivía ella.


La calle era normal no era precisamente bonita, pero si muy normal.

Obviamente las tres camionetas blindadas llamaron de inmediato la atención, todas las cabezas se giraron en su dirección.

De la primera salió uno de sus guardaespaldas él cual abrió la puerta y el lentamente descendió, y con una sonrisa pícara le ofreció la mano a Verónica la cual tomó no muy segura, él escucho las exclamaciones asombradas de los vecinos curiosos.

Verónica se encogió ligeramente al ser señalada directamente por la señora a la que normalmente le compraba pan.

Aquel circo generaría muchos rumores en los cuales ella estaría, bufó molesta y miró al chico.

–Gracias por traerme joven Woo Bin.– Exclamó ella cortésmente mientras hacía una reverencia.

Él chico en automático se encogió de hombros ante el gesto.

–No es problema.

Ella se irguió suavemente y miró a su alrededor a las personas que aún los miraban y señalaban descaradamente, él saco sus lentes oscuros y se los puso al saber que en cualquier instante no faltaría quien se pusiese a tomar fotografías a lo loco.

Un gesto suyo con la mano y las camionetas avanzaron lejos de ahí; se paró a su izquierda y cual caballero era le ofreció el brazo.

Ella apreció el gesto pero aún así dudo, él anarco una ceja y ella tras suspirar internamente lo tomó y ambos enfilaron por la calle hasta detenerse en una vieja tienda que era atendida por una anciana.


Él muchacho escaneo todo con la mirada, notando los detalles que venían en el informe que le habían dado sobre la muchacha.

La anciana los miro a ambos pero no dijo nada, una mujer viuda y sin hijos según recordaba él.

Miró de soslayo a la chica.

Ella era un misterio, había llegado a sus vidas de improviso y al mismo tiempo se había alejado, era como un soplo de aire; iba venía sin nada que la atara, alguien completamente diferente a ellos.

Pues ella no quería estar cerca de ninguno, él porque aun no lo sabía pero pensaba averiguarlo.

Curiosamente ella le recordaba mucho a Ji Hoo, era como su versión femenina.

Sonaba feo pero le daba incluso la impresión de que ella estaba tan dañada como su amigo.

Quizás ellos...

Negó internamente, eran iguales y diferentes a la vez definitivamente no harían química.

¿O tal vez sí?

–Gracias.– Repitió ella sacándole de sus pensamientos de golpe.

Y ahí estaba Verónica de nuevo agradeciéndole mientras hacía una reverencia.

Aquello era tan natural para el, pero en ella era tan extraño y chistoso a la vez.

–Yun llamó la anciana Heung y la latina de inmediato la miro.– ¿Saliste temprano.

Woo Bin miro a la anciana esperando encontrarse con una señora chismosa, pero en vez de eso encontró sólo una mujer curiosa y quizás preocupada por el aspecto de la chica.

–Si, enseguida me cambió y bajo ayudarle.

Era buena mintiendo, eso se lo concedía.

La anciana asintió y ella lo miro de nuevo.

–Será mejor que me vaya.– Dijo él y ella asintió.

La vio cruzar una puertecita azul desapareciendo tras esta.

Se giro dispuesto a irse cuando por el rabillo del ojo noto algo.


Verónica subió las escaleras lo más rápido que sus lastimados pies la dejaron.

Ignoro el reguero de ollas, comida y ropa vieja a su paso, para llegar finalmente a una pequeña habitación.

Tras cruzarla se dejo caer en la sencilla cama pegada a la pared contraria a la ventana.

A su derecha un simple mueble donde guardaba sus cosas de aseo personal y donde estaba su viejo despertador.

De este saco una caja de calmantes y tras tomarse uno, de un movimiento se quitó los zapatos y maldijo interiormente al recordar que ya no tenía zapatillas y se pregunto si su jefe se molestaría si trabajaba con los que traía.

Ante el recuerdo de un apuesto coreano colocandoselos se removió incómoda.

Bueno tenía un mes, quizás con suerte conseguiría otras.

Reacomodo las vendas de sus pies y se levantó revolviendo todo en una caja de tomates donde guardaba su ropa, entró al sanitario y lavo su cara, para rápidamente atar sus cabellos en una trenza.

Ya lista bajo y al estar en la tienda de nuevo, parpadeo ligeramente sorprendida ante lo que veía.

Con las mangas enrolladas y sin su saco Woo Bin llevaba dos cajas de huevo apiladas en sus brazos y bajo las indicaciones de la anciana las puso sobre el destartalado mostrador, donde rápidamente ella comenzó a pesar unos cuantos.

En frente habían al menos siete muchachas formadas, todas soltaban risitas tontas y se sonrojaban cada que él chico las miraba.

Enarcó una ceja y suspiro internamente, aunque también se alegro al notar que a la tienda le iría bien aquel día.

Varios pares de miradas fulminantes la congelaron donde estaba pues cuando el notó su presencia le sonrió.

Ya que era la primera vez que la veía tan relajada y natural a la vez.

Se acercó y relevo a la señora Heung, la cual se alejó apoyándose en un bastón para dejarse caer en una vieja mecedora tras el mostrador.

– ¿Yun?– Interrogó él con tono divertido cuando se acerco ante la mirada ansiosa de una de las clientas para pagarle.

Verónica se sonrojo y se negó a mirarlo.

–Cuando llegué aquí la señora Heung dijo que mi nombre era muy complicado de pronunciar. Además de que a su parecer tengo cara de llamarme Yun, así que decidió que ese sería mi nombre mientras estuviera aquí.

–Sin tomar en cuenta tu opinión, claro esta.

–Exactamente. Aqui tienes.– Le dijo a la joven frente a ella mientras le daba su bolsa de compras y esta a su vez la asesinaba con la mirada.– ¿Siempre se comportan así alrededor de ustedes?

Woo Bin la miró ligeramente sorprendido, al parecer en verdad ella no sabía quienes eran ellos.

–Solemos tener ese efecto en las personas.– Exclamó el arrogantemente mientras le guiñaba el ojo a la siguiente chica.

La tarde se paso rápidamente, y en ese momento ambos estaban sentados en el filo de la banqueta con la tienda cerrada tras ellos, Verónica le ofreció una botella de agua.

– ¿Mejor?– Preguntó el haciendo referencia a su ataque de ansiedad temprano ese día.

Ella se abrazó así misma sintiendo repentinamente mucho frío, involuntariamente tembló y el recuerdo de un joven de cabellos negros volvió a su memoria.

–Gracias.– Murmuró él agitando la botella de agua y ella se encogió encogió de hombros.

–De nada, pero joven Woo Bin soy yo la que debería agradecerle. A la tienda le fue muy bien hoy.

–Olvidalo, me recordo a hace años cuando hacíamos lo mismo por una amiga en una tienda de avena.– Exclamó el recordando todo el circo maroma y teatro que se armaba alrededor de Jan Di y Ga Eul.

Verónica miro curiosa como el chico se reía por lo bajo pero no preguntó.

–Entonces, me dirás como terminaste aquí.

Ella lo miró de reojo y frunció el ceño, en verdad pensaba que era idiota. Él ya debía saberlo, después de todo a lo largo de los días sintió como era seguida por hombres con la misma finta de aquellos que habían conducido las camionetas que los llevaron ese día.

Además de que la señora Heung le dijo qué un sujeto llegó preguntando por ella alegando que era un compañero de trabajo.

Cosa que era una completa mentira, pero la pregunta era.

¿Porqué la seguían?

¿Porqué habían investigado sobre ella?

Quizás el que fueran personas de dinero tuviera algo que ver, sea como sea ella no tenía la más mínima intención de acercarse a ninguno de ellos.

–Perdóneme si soy descortés y grosera joven Woo Bin, pero es bastante hipócrita de su parte el preguntarmelo cuando usted ya sabe eso.

Él chico la miró ipso facto, era la primera chica que conocía que le hablaba así

Sacudió la cabeza ante esto e hizo una nota mental de castigar fuertemente a sus hombres ante su falta de discreción.

–Estos no pueden ser profesionales o que.– Pensó él y por un segundo se encogió ante la mirada desafiante de la latina, la cual lo retaba a desmentirla.– Lo siento.

Ella suspiro notando que él chico no lo sentía para nada, no sabía porque aquello no lo sorprendía.

–Olvídelo, me hago una idea del porque lo hizo.

Nuevamente la miró sorprendido pues no esperaba que ella reaccionará tan tranquilamente ante la invasión de su privacidad.

–No me miré así.– Exclamó ella avergonzada.– Normalmente le diría unas cuántas cosas, pero se lo debo por su ayuda hoy. Solamente le pido que no lo vuelva a hacer.

–Tienes mi palabra.– Dijo él mientras tomaba su mano derecha y la besaba suavemente.

Ella rodó los ojos con las mejillas rojas ante el gesto.

–Bueno, ahora si debo irme, ya es tarde.

Ambos miraron el cielo nocturno mientras se levantaban.

–Gracias de nuevo.– Dijo haciendo una reverencia y él sonrió.

–No es nada.– Respondió él mientras se giraba y emprendía la marcha calle abajo hacía las camionetas que pacientemente lo habían esperado.– Nos vemos después latin girl.

–En verdad espero que no.– Pensó ella mientras entraba de nuevo.