LEVEL 13
READY, PLAYER TWO?
START!
Jeremy aún estaba confundido y aturdido.
No porque la profesora de matemáticas hablaba tan fluidamente sobre derivadas implícitas que le pareciera chino básico, sino porque se preguntaba internamente cómo es que había perdonado a Michael tras lo que ocurrió hace semanas con su teléfono y varios objetos más que perecieron con su ataque de ira y celos.
Se lo recapitulaba cuidadosamente mientras garabateaba un muñeco de palo que pretendía ser Orfeo en su dramático debut "Wait for me", mientras que su mencionado novio se encontraba ahora mismo en otras clases, permitiéndole un poco de paz mental por aunque sea una hora y veinte minutos.
A ver… Michael prácticamente rompió su teléfono porque no le contestó las llamadas ni le avisó a dónde iría, bien… Y no solo eso, tuvo que consolarlo cuando se largó a llorar como histérico y empezó a disculparse de una forma que… Quisiera o no, le había destrozado el corazón. No había visto a Michael tan triste y desesperado desde hace mucho, y eso que en esas ocasiones no se abrazó a sus rodillas suplicando que lo disculpara.
Sí, así es, Michael jodido Mell había suplicado a sus pies. Desgraciadamente eso no lo hizo sentir mejor, solo logró hacerlo llorar también, completamente ofuscado y mareado en su propia confusión y miedo.
Y no fueron disculpas vacías solamente, no. Él cumplió su palabra y reemplazó su teléfono por uno más moderno, incluso estuvo días mirando tutoriales de costura para arreglar la bufanda que había roto. Se las había arreglado muy bien para que no se notase que alguna vez estuvo rota, pero le daba el crédito a su buena elección de colores en hilos y una ardua práctica que hizo con algunas prendas rotas suyas. Por lo que… Esta experiencia lo había dejado más perdido que nada.
Sí, Michael se había portado como un loco. Sí, repuso y arregló sus cosas, y ordenó su cuarto más de lo que él hacía. Sí, las cosas habían vuelto a la normalidad y Michael era de nuevo su dulce y acaramelado novio. Sin embargo algo no lo dejaba tranquilo, era una sensación extraña. No sabía qué se supone que debía pensar de Michael ahora.
¿Debía odiarlo por sus celos y posesividad? ¿Debía justificarlo en base a su inseguridad? ¿Tenía que ignorarlo todo y borrar sus recuerdos? Aún si supiera qué hacer, no podía hacer nada de eso más que cuestionarse si su amor por Michael sería suficiente para superar todo esto, porque claro estaba que el amor de este hacia él no le traía muchas cosas buenas.
Solo estaba aliviado. Después del caos vino la calma, y su novio se dedicó a consentirlo más que de costumbre. Todo se sentía como el inicio de su noviazgo, obviando por supuesto sus memorias de incidentes.
–Insisto en que deberías terminar con él y seguir siendo amigos si tanto quieres evitar el drama.
Bufó tratando de ignorar a su Squip. Este último había estado bastante activo hace semanas y no dejaba de repetir lo mismo como loro ¿Se creía que no había pensado ya en ponerle fin a esto dejando a Michael? Por supuesto que lo había considerado más de una vez, pero… Entonces lo pensaba mejor.
Había deseado esto hace tanto, y aunque no era como él quería, no podía culpar a nadie más que él por sembrar esa inseguridad y miedo en su mejor y único amigo. Además ¿Qué pasaría después? ¿Realmente seguirían siendo amigos? Este noviazgo era lo único que rescataba su mera relación con Michael, darle un fin era terminar absolutamente todo. Era tirar doce álbumes de fotos, recuerdos y hermosos momentos a una ardiente hoguera que no dejaría ni las cenizas.
Lo perdería todo.
–Ay, por favor. La gente va y viene, tu vida solo es una y se la estás entregando en bandeja de plata para que se la trague cuando le pegue la gana.
–¿Quieres callarte? Trato de prestar atención a la clase.
–Bien, bien. Te dejo seguir dibujando tus musicales.
Y con eso, su imagen holográfica se desvaneció como vapor.
Suspiró cansado. Agradecería más si esa condenada pastilla le ayudase a entender matemáticas en vez de decirle algo que ya había pensado antes, al menos así se quitaba un problema estresante de encima.
Creía que esta etapa no lo tocaría hasta que estuviese en la universidad y lo hundieran en tareas, trabajos y exámenes, pero por lo visto la vida lo estaba preparando para eso un año antes. No sabía si era para evitar complicaciones más adelante o porque a alguna deidad le era bizarramente divertido verlo sufrir en el interior. Ya ni dormir como la gente normal podía, sus ojeras eran parecidas a las capas de delineador que se aplicaba el novio de su hermanastro pero tampoco tan oscuras.
Necesitaba fumarse un porro, y no iba de broma. No tocaba la marihuana hace quién sabe cuánto tiempo y por lo general eso le hacía bien para relajarse y pegarse una siesta. El problema es que solo Michael la tenía, y pues… Si tenía problemas con él era difícil retomar la costumbre de volver su sótano una escena invernal llena de vapor como si fueran críos soplando su aliento.
No quería un puto té de hierbas, solo quería algo que lo relajara de una buena vez.
Pensando en ello, revisó su teléfono cuando la profesora Heron estaba ocupada dibujando una gráfica en la pizarra. Tenía un mensaje de Michael de hace unos minutos, eso le extrañó un poco pero lo revisó. Decía "Hey Jerry-Jerry ¿Te gustaría que escapemos de clase un rato? Yo saldré de clases ahora, si quieres verme estaré cerca del salón de música".
Sonrió de lado. Cuando él y Michael tenían catorce años solían aburrirse estando en clases separadas y les gustaba pedir permiso para ir al baño al mismo tiempo así podían encontrarse y hablar a lo tonto, comer algo o solo perder el tiempo. No lo hacían hace mucho, y le tentaba retomarlo. Puede que eso era lo que necesitaba para descansar la mente un rato.
–Profesora Heron. –Habló alto y claro alzando la mano. La mujer de cabello casi anaranjado le cedió el habla con un gesto rápido. –¿Puedo ir al baño?
–Claro, adelante.
–Gracias.
No llevó nada consigo, no quería levantar sospechas además de que no creía que necesitase nada de eso si solo salía unos veinte minutos. No tenía que preocuparse por su ausencia larga, pues estaba en las últimas filas y Cady solía emocionarse tanto dando la clase que ignoraba esos detalles.
Salió con calma, divisando poco tiempo después a su novio revisando su teléfono, apoyado en los casilleros. Apenas levantó la mirada del teléfono y lo vio, le sonrió animadamente y fue a su encuentro frente a la puerta del salón de música.
–Pensé que no vendrías porque te habías vuelto muy blando para esto. –Se burló juguetonamente a lo cual Jeremy sonrió con falsa vanidad.
–Oh, por favor. Me subestimas mucho.
–En ese caso. –Dijo él, abriendo la puerta del salón con un gesto galante. –¿Me hace el honor de entrar primero, hijo de Hades?
Jeremy se sorprendió al ver que Michael abrió la puerta. Hasta donde sabía, los salones de clases especiales se mantenían cerradas si estaban fuera de uso. –¿Cómo…?
–La señorita McNamara me dio las llaves. –Presumió haciendo girar el mencionado objeto en su dedo índice, con una expresión autosuficiente. –Le dije que había olvidado mi cuaderno adentro.
–¿Ella te creyó?
–Tengo las llaves, Jeremy ¿Tú qué crees?
El de rizos se rió por lo bajo decidiendo entrar. –Eres un digno hijo de Hermes.
–Pensé que era un hijo de Apolo. –Comentó con diversión, pasando detrás de él.
El salón era espacioso y no tenía muchos pupitres. Los instrumentos estaban todos bien guardados en dos armarios amontonados cerca de la pizarra blanca de marcadores y todavía había escrito ahí varias consignas e indicaciones. Siempre creyó que era una buena idea unirse a esta clase para complementar teatro y mejorar en sus actos, pero descartó la idea al darse cuenta de que no perfeccionaban canto en las clases de música y se limitaban a instrumentos musicales.
Suspiró sentándose sobre el escritorio mientras su novio estaba más interesado en revisar los armarios para ver qué instrumentos guardaban. Se sentía tan cansado que si no tuviese problemas para dormir se hubiese acurrucado en la mesa a la tenue luz del sol de la tarde entrando por la ventana, igual que un gato. En vez de eso bostezó y se estiró, llamando la atención de su pareja.
–¿Todo bien, Jer-Bear? –Preguntó apenas volteando.
–Sí, solo estoy cansado.
–¿Y si duermes un rato? Puedo cerrar la puerta y nadie molestaría. –Propuso dejando su actividad para sentarse con él, pero Jeremy negó con la cabeza.
–No, no puedo dormir bien últimamente. Estoy estresado. –Admitió sin preocuparse mucho por la reacción ajena. Solían contarse esas cosas ¿No?
–Oh… ¿Por qué?
–Nada, solo… Ya me conoces. Me hago un mundo por todo. –Explicó vagamente sin entrar en detalles. No quería hablar sobre sus dudas sobre su relación, específicamente con Michael, además de que el drama escolar de las notas y de "No entiendo una mierda" ya se lo sabían todos. –Solo quiero fumar y… y…
Calló pausadamente al sentir la inconfundible sensación de dedos ajenos jugueteando suavemente con su cabello con delicadeza. Michael se encontraba ahora detrás de él, aprovechando la diferencia de altura al estar él sentado, dejando besos detenidos sobre su cabeza sin detener los mimos que hacía con una de sus manos, mientras que con la otra lo abrazaba.
Jeremy suspiró dejando caer un poco de su peso sobre su novio, cautivado por su calidez corporal y la de sus labios cuando detenía sus besos para respirar. Había olvidado completamente cómo se sentía de relajante cuando Michael hacía esto.
–No te preocupes por nada, Jeremy ¿Sí? –Le dijo en tono bajo, casi en un susurro que logró erizarle la piel con un cosquilleo. –Olvida todo un rato.
Por una mierda, eso haría y eso hizo.
Finalmente sus ojos se cerraban con somnolencia, totalmente entregado a cada mimo, beso o susurro que Michael le daba. Resistirse hubiese sido estúpido, aunque por más que quisiera no podría ¿Cómo es que sabía perfectamente dónde y cómo tirar o enredar sus rizos? Lo alegaría a que esto ya era algo que hacían desde niños, pero… Nadie sería tan atento como para recordar a la perfección la forma correcta de hacerlo, claro, salvo Michael.
Era… Como un músico tocando su instrumento favorito. Cosa irónica siendo que estaban en el aula de música.
Un escalofrío lo recorrió cuando los besos bajaron hasta su nuca, al inicio de su espina sensible. No era difícil encontrarla ahora que estaba marcada como fuego en su espalda junto a toda la ramificación de nervios abusados, pero… Este repentino cariño no era lo que esperaba. Aun así no se sintió desagradado, percibía una forma juguetona pero casta en esos besos, lo que comprobó cuando Michael sopló sobre su piel para hacerle cosquillas.
–¡Hey!
–Perdón, no pude evitarlo. –Contestó entre risas, besando su mejilla antes de volver a su labor.
En momentos así podía verlo, su amado Michael Mell seguía ahí, y siempre lo estuvo. No importaba que un monstruo tratase de reemplazarlo a veces, Jeremy comprobaba siempre que a pesar de todo, esa ocasional bestia era un príncipe.
Sonrió para sí mismo ya cerca de Morfeo. Hubiese jurado que no pudo mantener eso por tanto tiempo, pues sin preverlo Michael deshizo su abrazo con el brazo izquierdo para ocuparlo en otra cosa. Se crispó un poco, no sentía que este momento debía pasar a mayores como indicaban las caricias sobre su cintura por debajo de su camiseta, pero no quería suponer tonterías antes de tiempo y ofender a su novio. Tal vez… Solo estaba mimándolo de una forma diferente.
Se equivocó.
Lo que comenzó siendo cariño inocente y tierno se convirtió en un parpadeo en traviesas caricias bajo la ropa y besos entre su hombro y mandíbula. Mentiría diciendo que le incomodaba que fuese en un salón de clases, después de todo la idea de arriesgarse a tener relaciones en un lugar público donde cualquiera podría verlos era… Emocionante de cierto modo. Es solo que hoy no quería intentarlo, ni siquiera si era en la privacidad de su casa. Simplemente… No le apetecía tener sexo, lo que sonaba raro viniendo de él.
¿El estrés quizá? Puede ser. Aunque no quería cuestionarse eso, sino el por qué seguía soportando que Michael continuara cuando obviamente no estaba de acuerdo en eso.
–E-Eh… ¡M-Mira la hora que es! Ya debería volver a clases antes de que noten que me fui. –Se excusó nerviosamente tratando de levantarse, pero Michael fue más rápido rodeando su costado con el brazo.
–Siempre dices que tu profesora de matemáticas no se da cuenta de esas cosas. –Murmuró, su tono le puso la piel de gallina y no precisamente en el buen sentido. –Nadie se dará cuenta, Jeremy, cálmate.
El de gafas lo volteó tan rápidamente para besarlo que el "Pero" que iba a decir se ahogó en su garganta mientras sentía como se estaba apegando más a Michael a la vez que este trataba de levantarle la camiseta por detrás.
El shock lo detuvo solo por un rato, luego de eso pudo forzar contra él y apartarlo sin esfuerzo alguno. Esperaba que esto se prolongara, afortunadamente eso no fue así. Lo que no quitaba lo incómodo del momento era la expresión confundida de su novio.
–E-Este… Michael, gracias por intentar animarme pero… No quiero llegar más lejos ahora.
No supo cómo sentise al respecto cuando en vez de recibir un grito o reclamo, Michael se limitó a suspirar pesadamente con una mueca molesta que se esfumó rápidamente a simple decepción y tranquilidad.
–De acuerdo. –Respondió con sequedad, apartándose sin decir más.
Jeremy se quedó en silencio sin poder procesar cuán rápidamente Michael había pasado de estar de meloso a ponerse a revisar de nuevo el armario de instrumentos como si fuese más interesante que cualquier otra cosa que podría hacer. Era como si lo hubiese ofendido o algo así, solo que sabía que no es lo que quiso hacer y no debería sentirse culpable por ello.
De todos modos sentía un nudo en el estómago que no se deshizo hasta el fin del día.
Bien… Las semanas de insomnio se alargarían.
LEVEL 13 COMPLETE!
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