Nightmare Lover

Cuatro historias en las que demonios del sueños se involucran con humanos con resultados inesperados.

Sinopsis de la primera historia: Ichigo, un joven preparatoriano, va a tener su primera experiencia sexual con su novia, si sólo la chica de sus sueños no se interpusiera en su camino, tal vez estando con su novia ella desaparezca, de una vez por todas.

Advertencia: La primera parte de la historia tiene una advertencia de contenido por tratarse de un menor, además, la historia maneja temas oscuros, demonios, situaciones con el consentimiento sexual, etc.

Si no es lo tuyo, retírate.


Súcubo

Capítulo uno: La chica de la que me enamoré.

Inicio de la advertencia

No sé exactamente cuándo o cómo ella llegó a mi vida, no recuerdo ese momento como tal. Sólo recuerdo a mi madre despertándome de una pesadilla en mi cama cuando tenía ocho años. También recuerdo la sensación de lengüetazos en mi rostro y cuello.

Mis padres me enviaron con doctores especialistas en el sueño cuando las pesadillas se siguieron a los nueve años, sin embargo entre más pasaba el tiempo, se volvía más fácil para mí recordar mis sueños. La silueta de una pequeña mujer, a pesar de la oscuridad, se volvía más definida conforme pasaban los meses de pesadillas. Ella que me olía y lamía, a veces me estimulaba con su mano y otras con su boca. Por alguna razón, que yo sabía que estaba mal, encontraba cierto disfrute en verla tocarme.

El primer sueño que recuerdo con totalidad es el primero en el que me habló. Vi sus ojos mientras ella me tenía en su boca y yo me sentía duro entre sus labios, y, por una razón que desconozco, a punto de explotar.

Ichigo, ¿ya me puedes ver? He estado esperando tanto para que me puedas ver. Como premio te haré tocar el cielo por primera vez.

También fue el primer sueño en el que ella se puso encima de mí y sentí que algo cálido me tomaba y bombeaba contra mi. Además, recuerdo que fue la primera vez que desperté con una mancha blanca en mis sábanas a mitad de la madrugada.

Papá me dijo que se llaman sueños húmedos, eso llevó a la horriblemente larga explicación sobre el sexo y la reproducción que duró toda una tarde. No sé para que le pedí ayuda para esconder mis sábanas de Mamá. No necesitaba ver un parto a los once años para entender qué sucede cuando la gente tiene sexo.

¿Te gustó, Ichigo? Si quieres lo podemos repetir. Yo lo quiero repetir.

Y lo repitió, y lo sigue repitiendo... ya tengo tantas sábanas que mi familia no se da cuenta que las cambio casi todas las noches. La única ventaja de que ella venga a verme en mis sueños es que las visitas a los doctores terminaron... ¿pero, es realmente una ventaja?

Hoy lo quiero repetir, pero no te contengas, no tienes que contenerte.

Y, por la forma en que despierto, enredado entre mis sábanas, creo que no lo hago.

Me gusta cuando eres rudo conmigo.

Fin de la advertencia


Mi nombre es Ichigo Kurosaki, actualmente tengo 18 años y ya me canse de mis sueños y de sentir que ella me observa cuando estoy despierto. Voy en tercer año de preparatoria y estoy preparandome para el ingreso a la escuela de negocios de TODAI.

Mi salón de clases es el 3-3, y hoy es el día de San Valentín, el día en en el que las chicas le dan chocolates a los chicos que les gustan. Y por la cantidad de las cajas que caen de mi armario de zapatos, creo que soy muy popular.

— ¡Kurosaki-kun!— Me volteo sorprendido a ver a una de mis compañeras de salón.

— ¿Inoue?— La pelirroja estaba frente a mí inclinada mostrando una caja.

— ¡Son para ti!

— Inoue, sabes que tengo novia y ella es...

— No importa, me basta con que tomes los chocolates— Ella sigue en esa postura que es terriblemente incómoda.—, y si algún día puedes leer mi carta...

— Está bien, pero no quiero que ella se entere.— Se lo dije muy serio. Ignoró el siseo en mis oídos, no me importa que tan celosa esté ella.

Ella se sonroja hasta el cuello cuando tomo la caja entre sus manos y la guardo en mi maletín, junto con la carta.


Mi mesabanco, al igual que mi armario, estaba repleto de cajas de chocolates.

— Kurosaki.— Me saluda mi primo, Uryu Ishida, con algo de enfado de tener que recoger los chocolates de mis admiradoras

— Ishida, diles que no quiero su chocolate, ¿que no entienden que tengo novia?

— Lo haría, pero ellas insisten que no les importa que no les correspondas el día blanco.

— Aishh— El siseo en mis oídos subió de volumen, ella se estaba enfadando.—, toma una caja o dos, no me voy a terminar tanto chocolate, ni siquiera me lo voy a poder llevar hoy.

— ¿Y eso por qué?

— Bueno, es que, yo... hoy...voy...— No le quiero decir que tengo planes, planes muy importante.— porque hoy tengo planes especiales.

Hoy comeré chocolate con mi novia, en privado... hice la reservación hace semanas.

— No digas más, te ayudaré guardandolos en la oficina del comité estudiantil.— Sujeta sus lentes mientras está rojo y me hace señal de que no siguiera con mi explicación.

Afortunadamente, Ochi-sensei entra al salón e interrumpe nuestra plática.


Las clases fueron bastante animadas pero con mucha tarea. ¿Tenía Keigo que hacer enojar a la maestra?

— Chicos, hoy coman sin mí, hoy tengo algo que hacer.— Me despido de mis amigos con la mano y salgo tranquilamente del salón.

Ellos sólo me miraron y se sonrieron socarronamente entre ellos. Bastardos.

Pero tienen razón.

Me siento a esperar por mi novia en el terreno detrás del gimnasio. Ella se tarda en llegar, algo la debe de estar retrasando.

El siseo se intensifica, debe de estar molesta.

Siento como me abrazan por la espalda.

— Perdón por llegar tarde, le quise informar a mi Vicepresidente que hoy no asistiré al club y no lo encontré.— Me dijo al oído, con voz sensual, aunque no fuera esa su intención.

— No te preocupes.— Sólo siento que ella me besa el cuello y me acaricia el pecho por encima de la ropa. Esa postura no me basta. Quiero más. Quiero verla a la cara y pasar mis dedos entre los mechones negros de su cabello.

Así que la volteo sentandola en mis piernas.

— Uy, alguien está impaciente por esta tarde.— Ella pone sus brazos por detrás de mi cuello y me mira fijamente.

— Un poco.— Le sonrío mientras acerco nuestras bocas en un beso apasionado. Así seguimos un rato, hasta meto mi lengua en su boca y la masajeo para sacarle gemidos, logrando que sus pechos se presionen contra el mío y en mi espalda se genere una sensación similar.

Bajo mis manos por la espalda de ella, siento sus curvas entre mis manos especialmente mientras paso mis manos por sus nalgas.

— Ah, Ichi...— Sus gemidos hacen que los siseos se detengan, pero sienta manos fantasmagóricas masajear mis pectorales y vientre bajo.

— Shhh...— Parece que ella me va a detener, así que la beso de nuevo para distraerla. De ese modo que aprendí que la vuelve loca.

Ella baja una de sus manos en dirección al bulto que se está formando en mis pantalones y yo meto mis manos por debajo de su falda y toco la piel de uno de sus firmes glúteos... me gusta que hoy no se haya puesto pantalones cortos.

Mientras ella me masajea por encima del pantalón, yo dirijo mi mano por debajo de sus pantaletas, ya estoy a punto de llegar a su cálido y húmedo centro...

Kin kon kan kon

El sonido de la campana interrumpe nuestra sesión, aunque la deliciosa sensación de que alguien sujeta mi pene persiste.

— ¿Te veo a la salida?— Le pregunto entre jadeos, falto de oxígeno, y sin dejar de masajear su glúteo.

— No, te veré allá, tengo que terminar de darle instrucciones al club.— Ella está roja y con los labios hinchados por nuestros besos.

— Está bien.— Le doy un beso de piquito de despedida, no nos veremos hasta dentro de varias horas ya que ella va en otro salón.— Vete primero, no quiero que piensen mal de ti, tienes una imagen que mantener.

— De acuerdo.— Y la veo correr con su cabello cortado al hombro saltar ligeramente por el aire y como este traviesamente me da un vistazo a sus pantaletas de fresitas. A veces ella puede llegar a ser muy tierna.

Me dirijo al baño a encargarme del bulto de mis pantalones.

Los dedos fantasmales me recorren ansiosos...

¡Dios!, ojala ella se detuviera, ya no puedo seguir así...


La habitación está limpia, es muy bonita, nunca pensé que un love hotel podría ser tan accesible y tan amplio, hay molduras en las paredes y un espejo que mira a la cama. Mi novia aún no llega, por lo que tengo tiempo de recorrer la habitación y solicitar servicio a la habitación.

Siento uñas rasguñarme la espalda. Está enojada, muy enojada por lo que estoy a punto de hacer. Pero tengo que hacerlo, tal vez así ella desaparezca. Ya estoy cansado de verla en mis sueños.

Tal vez si pierdo mi virginidad ella ya no pueda seguirme. Si es que sigo siendo virgen, ella me ha hecho tantas cosas y de tantas formas en mis sueños que no sé si sigo siendo virgen. Los rastros de mis sueños me impiden tener certeza de nada.

Desde que tengo novia se ha vuelto más silenciosa, yo diría hasta triste, apenas y me dirige la palabra. Aunque en mis sueños es más furiosa.

Tocan la puerta, es el servicio a la habitación que trae la fuente de chocolate y una bandeja con frutas.

Pronto escucho la puerta abrirse, es ella, mi novia. Está roja por venir a un love hotel, me lo había dicho pero no encontramos un lugar más privado para esto: nuestra primera vez. ¿O tal vez sólo suya? No importa, es la primera vez que estaremos juntos.

— Si quieres, podemos tomar un baño juntos.

— Creo que suena bien.

Le ofrezco mi mano y ella la toma tímidamente, insegura de lo que vamos a hacer, pero fue de ella la idea de venir al love hotel.

— Guau, es hermoso, Ichigo, ¿tú preparaste esto?

— Lo solicite cuando reservé la habitación.

Ella estaba encantada de ver la tina llena de agua y pétalos de rosas. Las lámparas que simulan ser velas le dan un toque especial.

Me mira tímida, pero sonriente.

Le devuelvo mi sonrisa mientras me empiezo a desvestir.

Cuando he quedado en mi ropa interior, la veo roja pero recorriendo mi cuerpo con la mirada, realmente tonificado por los apoyos que le doy a los clubes, especialmente al de kendo y aikido. El siseo en mis oídos ahora suena más como el bufido de un gato salvaje.

Satisfecha con el resultado de mi cuerpo, ella comienza a quitarse su uniforme hasta llegar a su ropa interior. Momento que aproveché para apreciar su firme torso y sus cubiertos pechos, que no son muy grandes, pero están muy paraditos y orgullosos, por los ejercicios que realiza. Y ese sostén que trae los hacen ver aún más atractivos.

Pongo mis manos en sus hombros y bajo los tirantes del sostén para poder apreciarlos parcialmente. Sus pezones se endurecen conforme bajo mi mirada a ellos. Dirijo mis manos al frente para desabrochar el sostén, que cae inmediatamente al piso, y ella dirige sus manos a mi cadera a la parte superior de mis boxer.

Ella mete sus mano por debajo de mis boxer y siente la curvatura de mis glúteos. La acercó más a mí para poder besarla, beso que ella acepta con buen agrado. Mientras nos besamos, ella baja boxer lo suficiente para que la gravedad termine el trabajo.

A pesar de que mi novia sube sus manos para acariciar mis espalda baja, siento dedos empezar a masajear mis testículos.

Me separo de ella ligeramente, tiene la mirada perdida, así que aprovecho para bajar mi boca en su cuello, su esternón, me detengo por un momento en uno de sus pezones hasta dejarlo completamente cubierto con mi saliva; continuo bajando por su estómago hasta llegar a su ombligo y de ahí pongo mis manos sobre sus pantaletas y las bajo lentamente por sus piernas hasta que llegaron al piso, pero mantuve mi mirada en su pubis.

— ¿Te depilaste para mí?— Le pregunto travieso, su vagina estaba totalmente lisa, pego mi nariz para sentir la suavidad de su piel y la siento temblar ligeramente por el contacto—, ¿y con cera?

— ¡C-c-cállate!, no lo hice por ti, l-l-lo hice p-p-porque me permite entrenar más cómodamente.

— Lo que tú digas, ja, ja ja.

Le sonrió socarronamente, sé que me miente. La llevo de la mano a tina, momento que ella aprovecha para verme, ya me ha sentido anteriormente, pero por fin puede verme sin ningún tipo de estorbos.

El agua de la tina no está ni demasiado caliente ni demasiado fría, pero enciendo la calefacción para estar más cómodos.

— ¡Ichi, la tina es enorme!— A pesar de su tamaño ella aprovecha para sentarse dándome la espalda, supongo que quiere facilitarme el tocarla.

— Mira, todos los aromas y aceites que tienen para la tina, ¿cuál escogiste?

— Sakura— Se me quedó viendo antes de soltar la carcajada, la travesura le pareció divertida, el aroma de su perfume favorito.

— ¡Ay, Ichi!

Se acerca a mí y me vuelve a besar y a restregar sus pechos contra mí. Está más dominante que en otras ocasiones.

Bajo mis manos por su espalda y ella las manotea. Parece que quiere jugar un rato conmigo. Me besa controlando el ritmo y dominandome con su lengua. Pasa de mi boca a besar a mi oreja, dando pequeños mordiscos a mi lóbulo.

Te dije que eras mío, Ichigo.— Su voz me sonó extraña, algo rasposa, pero exitantante. La forma en que lo dijo me hizo sentir corrientes eléctricas que llegaban hasta la base de mi pene endureciéndolo.

— ¿Qué?

Ella no me respondió, prefirió seguir bajando por mi cuello hasta llegar a mi esternón. Volvió a subir a mi boca, pero está vez utilicé mi lengua para recuperar el control y la volteé para que se recargara sobre mí. Empecé a besar su cuello y a acariciar su pezón derecho con mi dedos, mientras bajaba mi mano izquierda por su estómago lentamente hasta llegar a su centro.

— Ah...— Ya empezó a gemir de placer. Usa su mano derecha para estimular el pezón abandonado y la izquierda la pone encima de la mía para hacerme saber que los estoy haciendo bien.

— ¿Seguro...ah.. que soy... ah... tu primera novia, Ichi?— Lo dice entre jadeos.

— Por supuesto.— De eso SÍ estoy seguro.

— Es que no... me cabe en la cabeza... ah... que puedas volverme loca y no tengas... ah... experiencia.— Ya alcancé su clítoris.

— Cállate y disfruta.— No le puedo explicar que ella no es exactamente mi primera experiencia sexual o cómo sé que puntos le pueden dar placer. Para distraerla acelero mi estimulación sobre su clítoris.

— Ah, Ichi, ah, ah...

Mientras más la sigo tocando, más se incrementan sus gemidos,

— Tócate las tetas. Endurece tus pezones.

— Ahhh...— Ella asiente y sigue mi instrucción, quita la mano que estaba sobre la mía y la lleva a su teta abandonada.

Con mi pulgar continuó tocando su clítoris y con dos dedos de mi mano derecha empiezo a entrar y salir de su vagina que, a pesar del agua, estaba esperando mi atención. Siento como la entrada de su vagina aprieta mis dedos, así que acelero el ritmo hasta que por un momento ya no puedo sacar mis dedos de su vagina de lo apretado y duro que es su orgasmo.

Haz mejorado, Ichigo.— Entre jadeos escucho su voz y por segunda vez no me suena a mi novia, sonó como...

La giro rápidamente para verla a la cara, ansioso por lo que pudiera encontrar.

— ¿Sucede algo, Ichi?

Aunque se ve diferente, con un sonrojo que nunca le había visto, ni siquiera en nuestras sesiones más intensas de besos, pero sigue siendo ella...

— No, no sucede nada, ¿pasamos a la cama?— ¿Estoy decepcionado?

— ¡Claro!

La ayudo a salir de la tina, no me había fijado que fueran tan pequeña. No recordaba que me llegara al pecho.

Ella se da la vuelta para tomar una toalla dándome un espectáculo de su redondo trasero y se voltea ligeramente y me mira coquetamente antes de cubrir sus curvas y regresar a la habitación. ¿Por qué nunca note que su trasero parecía un melocotón?

Cuando la alcance, ella estaba metiendo una fresa en la fuente de chocolate.

¿Gustas?— Me acerco para tomar la fresa que me ofrece y cuando estoy a punto de tomarla la retira y le da una mordida.— Toma la tuya, Ichi.

— No seas cruel, Tatsuki.— Limpio los rastros de chocolates que quedaron en sus labios.— Mmh, chocolate, mi favorito.

Creí que yo era tu favorita.— Lo dijo en ese tono nuevo de ella que me prende.

— Te falta chocolate.

— Eso se arregla muy fácil, Ichi.— La forma en que dejó caer la toalla al suelo me dejó anonadado. Nunca sospeche que Tatsuki fuera tan sexy... o atrevida.

Con un pincho tomó una fresa y la cubrió con tanto chocolate que se escurría hasta caer al suelo mientras lo dirigía a sus orgullosas y paraditas tetas.

¿Ahora si soy tu favorita?— La mirada que me dirige me cuesta descifrarla, pero la he visto en otro lado...en alguien diferente, pero es imposible.

— ¿Tatsuki?— Se ve deliciosa y su cabello luce más corto porque sigue mojado y me obstaculiza ver sus ojos con claridad.

¿O prefieres que yo te pruebe?

— Yo primero.— Me acerqué a ella y la recosté en la cama.

Trae las fresas.

Por alguna razón que no entiendo, hice lo que ella me pidió, como cuando estoy con...como cuando sueño.

Llevo el tarro de fresas y lo pongo cerca de la cabeza de Tatsuki, y me vuelvo a acercar a su boca con la intención de besarla. Ella me detiene y redirige mi rostro a sus tetas cubiertas de chocolate. Lucen como un manjar hecho especialmente para mí.

Empiezo a chupar las gotas de chocolate que cayeron en su piel, pero alejadas de sus suaves globos, con avidez.

Ah, así Ichigo, usa tu lengua.— Y así lo hago. Doy pequeños lametones a la piel expuesta, evitando el chocolate para prolongar el juego.

Sus sensuales gemidos me distraen de mi tarea, así que tomo una fresa del tarro y la pongo en su boca, pero ella toma mis dedos y los chupa antes de dejarlos ir.

— Sabes delicioso, Tatsuki.

Ni siquiera has probado el chocolate.— Con esa señal empiezo a retirar los restos de chocolate de sus tetas. Pongo tanta atención a los pezones que, cuando me separo de ellos, dejó un pequeño rastro de saliva antes de volver a su boca. Sabe a fresas.

Ella me separa un poco para poner otra fresa en su boca, que ataco inmediatamente. Mientras nos comemos la fresa a besos, la mano de Tatsuki baja a mi pene y comienza a masturbarme con mucha fuerza y destreza que siento que voy a tocar el cielo.

— Tats, detente, no me quiero venir aún.— Me separo de su boca pero sin abrir los ojos de lo bien que lo hace. Siento que si la miro perderé la concentración.

No quiero, quiero que te vengas en mis manos, en mi boca y en este coño que tome prestado.— Me lo dice sin dejar de mover su experta mano sobre mi pene.

— ¡¿Qué?!— Esa, en definitiva, no es la voz de Tatsuki.

Bruscamente me despego de ella, pero se niega a soltar mi pene, por el contrario, acelera el ritmo de su masturbación.

— Ahhh, Rukia, ¿cómo saliste de mis sueños?— La mujer debajo de mí ya no es Tatsuki, sus ojos han cambiado de color, han pasado del marrón al violeta. El hipnotizante color de los ojos de Rukia. Mi Rukia. La mujer que nunca pensé que podría tener entre mis brazos.

— No lo sé, pero quiero sentirte.

— Ah, Rukia, eres una...ah... ah... ah... Aahhh— Dios, sus manos me están volviendo loco, siento que voy a...

— ¿Una que?— Caigo sobre ella mientras llego a mi propio orgasmo y exploto en su mano.

Mientras recupero el aire, recostado encima de ella, siento caricias suaves en mi cabeza, las caricias de Rukia.

— Rukia...— Me abrazo a ella fuertemente, tengo miedo de que ella desaparezca.

— Shh, estoy aquí.— Tomo la mano con la que me masturbó y la limpió con mi lengua, quiero dejarla limpia y sepa que me gustó lo que me hizo, mientras recupero la calma.

— Chúpame las tetas.— Y eso hago, siempre hago lo que ella me pide, si eso le da placer o me da placer, haré siempre lo que ella me pida.

— ¿Cómo es que estás aquí?— Sin que ella me lo pida empiezo a bajar por el ombligo de Tats... no, por el ombligo de Rukia.

— No lo sé, pero lo pienso aprovechar. Ah, Ah, justo ahí, Ichigo.— Ya he llegado a su dulce coño y ella me dirige por dónde quiere que la saboree.

— Ya no tienes que tratar de reemplazarme con esta niña tonta que no sabe lo que te gusta.

— Sólo si me prometes que volverás, que esta no será la última vez.— La chupo en su zona más íntima hasta llevarla al orgasmo.

— Ah, ah, haré lo que pueda.

Rukia está tendida sobre la cama, con la respiración acelerada y las piernas abiertas, dejándome ver su dispuesto coño.

— ¿Por qué querías reemplazarme con esta niña?— Me preguntó cuando yo ya estaba encima de ella, con mi verga dura y lista para follarla.

— Porque ya me había cansado de sólo tenerte sueños y de pensar que eras mi imaginación— La vi, desde mi posición, indicando que la tomaría, que la haría mía.—. Alguien como tú no me parecía real y ya no podía vivir con esa noción. Y ahora te haré mía, como tú me hiciste tuyo.

— Por favor se tierno conmigo, Ichigo, te lo ruego, en este momento soy virgen.— Habló con inusual ternura.

— Callate, Rukia, estoy tratando de serlo.— Porque ella luce, aunque sea por un sólo momento, tan vulnerable y se siente tan bien que me cuesta entrar despacio.

Empecé a entrar, poco a poco, ella era tan apretada, ni en mis sueños puedo recordar que abrazara mi verga de esta manera. ¿Será por qué estamos despiertos?

Cuando logré entrar por completo en ella, no le di tiempo de acostumbrarse a mí, empecé casi de inmediato los movimientos amatorios.

— ¿Así que...ah... así se siente... ah... p-perder la v-virginidad?

— Ah, ah, ah, Rukia, estás tan apretada.

— ¡Ichigo, fóllame más duro!

Aunque ella no me lo hubiera pedido lo hubiera hecho, sentir las paredes de su vagina me embriagaba. Tomé sus caderas y las subí un poco para poder acelerar el ritmo.

— Ah...ah...ah...

Rukia empieza a masturbar su clítoris para que yo me concentré totalmente en entrar y salir de ella. El rostro de ella se contorsiona en expresiones de placer y sus paredes se cierran con más fuerza.

— ¡Ah, Ichigo!

— Te sientes tan bien, Rukia.— Tengo que salir de ella, olvidé utilizar condón de lo emocionado que estaba de estar con Rukia.

— ¡Córrete, córrete en mí!

— ¡Rukiaaaargh!— No pude evitarlo, su orden es tan tentadora, me permite marcarla como mía. Descargo mi corrida en ella, siento como cada chorro de mi semen se derrama en su interior y como sus paredes me exprimen en busca de mi semilla.

— ¡Ah, sí! ¡Así, dámelo todo!

Me sujeta con sus piernas con fuerza para asegurarse de ello. No me suelta hasta que caigo rendido en sus brazos.

— No utilicé condón.— Mi voz y apenas es perceptible por el cansancio y el esfuerzo de darle pequeños besos a su cuello mientras lamento mi imprudencia e irresponsabilidad.

— De eso no te preocupes, yo me encargo.— La voz de ella, por otro lado, es un suspiro en mis oídos.

— Pero no quiero dañar más a Tatsuki.

Con una ternura que no la caracteriza, me voltea en la cama y me acaricia.

— Eres tan hermoso y tan considerado, Ichigo, me entristece tanto no poder hacer esto más seguido.

— Al menos te tengo hoy...— Sus caricias empezaron a bajar por mi cuerpo hasta volver a mi pene.

— Para esto no es suficiente.

Con eso ella se levantó de la cama y sirvió chocolate en una cremera.

— Te dije que te quería recibir en mi boca, pero quiero probarte con eso a lo que llamas chocolate.

— ¿Rukia, qué piensas hacer?

No me contesta, no lo necesita cuando empieza a cubrir mi semi-erecta verga con el chocolate.

Conforme lo cubre empieza a masturbarme, con más facilidad que antes, utilizando el chocolate de lubricante.

— Ichigo, dime por qué empezaste a salir con esa chica.— Saca su tierna lengua y pasa la punta a lo largo de mi verga una, tres veces, todo para tentarme.

— Eso... ah...ya lo sabes...ah.

— No lo sé, ella es hermosa y tiene un cuerpo fuerte y tonificado.

— Ah, ah, ah... no, ahh, se compara, ah... contigo.— Empieza a jugar con la cabeza de mi verga, usa la punta y, de vez en vez, la chupa pero sin meterla en su boca.

— Trataste de reemplazarme.

— Ya no...ah... podía soportar... tu ausencia.— Empezó a meter mi verga en su boca, pero sólo llegaba hasta la mitad antes de volver a atormentar la punta de mi verga con sus labios.

— Ella es humana, yo no.

— Y por eso... ah... ella nunca sería...ah, ah, suficiente.— Cambió su boca por sus manos, para empezar a besar y morder mi escroto.

Ni las vez que Tatsuki insistió en hacerme una mamada se sintió así, tan magnífico. Ella no podía chuparmela completa y lo hacía de manera torpe.

— Le diste orgasmos con tus dedos antes de hoy...— Volvió con su boca a chupar mi verga, pero esta vez metió mi verga entera en su boca.

Estar en su boca es como tocar el cielo.

— Era cuando... ah, ah, más cerca te siento...

— Sólo por eso te daré un premio.— Me vuelve a meter por completo en su boca y empieza a masajear mi escroto. No detiene sus movimientos hasta que ya no puedo más...

— ¡RUKIA, TE AMO!— De mi boca sale un rugido cuando alcanzo mi orgasmo y me vengo en su cara.

El rostro de ella refleja satisfacción por lograr su cometido, también refleja orgullo de tener mi simiente maquillando su rostro. Ha logrado que me someta completamente a ella y admita mis sentimientos. Que le abra mi corazón por completo. Aquel que robó la primera vez que me tomó en mis sueños, mis pesadillas no eran por un ser que abusaba de mí, sino porque ella no se podía quedar conmigo. Pero ahora ella es mía y la he marcado con mi semen, o casi.

— Eres totalmente mío.

— Pero tu no eres mía, no aún, me falta tomarte por un lado.— Por alguna razón, aún siento mi verga dura y necesitada de Rukia.

— ¿Y qué lado sería ese Ichigo?— Parece divertida por lo que sea que vaya a hacer,

Ahora soy yo quién no le responde. La beso y la recuesto boca abajo en la cama y embadurno de su espalda a sus nalgas de chocolate y pedazos de fresa.

— La noche es larga y si esto no se va a repetir voy aprovechar de tomarte de TODAS partes, mi Rukia.

Y así fue, no me detuve de probar y follar a Rukia hasta que caí rendido, cuando se acabó el hechizo que me mantuvo presto y listo para satisfacerla, aunque no fuera biológicamente posible. Sólo sé que terminé cansado y con mi verga aún dentro de Rukia.


Lo siento, Tatsuki, siento utilizarte para sentir a Rukia. Tengo años añorando sentirla con mis propias manos y no solo el fantasma de su cuerpo. Tanto fue el gusto de saberla a mi alcance que no pude evitar violar tu cuerpo para, de alguna, hacerle el amor a Rukia a placer.

Y lo haría de nuevo.

Pero, ¿qué fue lo que pasó?

Porque esa era Rukia, ¿verdad?

¿Acaso lo soñé?

No, esos eran sus ojos.

Pero era el cuerpo de Tatsuki.

Se sintió como Rukia.

Se escuchaba como Rukia.

Nunca pensé que podría estar con ella.

Es que era yo. No sé cómo, pero estuve contigo.

Tento la cama en busca del cuerpo junto que debería de estar junto a mí. Quisiera repetir mi encuentro con Rukia. Pero ya no está Tatsuki. Su lado de la cama está vacío.

Lo haría todo con tal de estar con Rukia.

— Lo siento, Tatsuki, siento haberte utilizado para olvidar a Rukia. Y siento utilizarte para estar con ella.

Le hablé al espacio vacío que ella debería de ocupar como una especie de disculpa que realmente no sentía.


Ya han pasado dos semanas desde San Valentín y no me he podido comunicar con Tatsuki. Ella no ha asistido a clases, tampoco contesta mis llamadas o me recibe en su casa. Pero hoy ha asistido a clases, Inoue me lo dijo.

— Tatsuki, ¿dónde estuviste?— Me acerqué a mi novia, a la salida de clases, preocupado por no haberla visto ni saber de ella en dos semanas. Necesitaba saber qué había sucedido con exactitud, su versión de lo sucedido. ¿Qué recuerda ella?

— Estuve en casa, estaba enferma.— Ella lucía pálida y ojerosa, y me esquivaba la mirada.

— Me hubieras llamado, te hubiera visitado. Tú mamá me decía que todo estaba bien.

— No era necesario.— Ella temblaba ligeramente.

— Tatsuki, ¿qué sucede?, ¿porque desperté sólo en la habitación?

— ...

— ¿Tatsuki?— La tomo de la mano para hacerla reaccionar y la acerco a mi boca para darle un beso en los nudillos, como la hacia antes y que la emocionaba. Ella me la arrebata antes de que pueda hacerlo.

— Ichigo, quiero terminar.

— ¿Qué? ¿Por qué?— Estaba confundido, acaso ella sabía algo de lo que pasó esa noche. No quise ser demasiado rudo, pero era Rukia, por fin podía tocar a Rukia, aunque fuera en el cuerpo de Tatsuki, y a ella le gusta que sea rudo. Me perdí en las curvas Rukia. Verla transfigurada en el cuerpo de otra... los recuerdos me ponen duro cada vez que lo pienso lo suficiente.

— Sólo quiero terminar.

— Dime la verdad, por favor.— No quiero suplicar pero necesito estar con Rukia otra vez y saber qué recuerda ella.

— ...estuve hospitalizada, tuve pesadillas recurrentes.

— ¿Pesadillas? ¿De qué clase?— ¿Será qué...?

— Una hombre murciélago me decía que me alejara de ti— los temblores de ella se acrecentaron, pero por alguna razón se ruborizó... ¿de placer?—, y él, mientras yo dijera que sí...— Su rubor le llegó hasta las orejas.

— Tatsuki, no te entiendo.— Puse mis manos sobre sus hombros para hacerla entrar en razón o que se explicara mejor.

— ¡Ya no quiero ser tu novia! ¡Empecé a salir contigo por una apuesta!— Y se fue corriendo, dejándome con la duda de lo que pasó con exactitud. Sin embargo, puedo hacerme una idea...


Este 14 de marzo me parece muy deprimente. Tatsuki sigue sin querer hablar conmigo y ni siquiera aceptó recibir mi regalo por el día blanco. Ahora estoy aquí, con un ramo de pensamientos blancos, en una banca del parque y sin poder tocar a Rukia con mis manos.

A tu izquierda.

Volteo a la izquierda, ahí por el camino viene Inoue. Debe de estar de regreso del club de costura por la bolsa que carga en sus manos.

Ella estará dispuesta.

Es cierto, le gusto a Inoue...

Me levanto de mi lugar y me le acerco.

— ¡Inoue!

— ¡Kurosaki-kun!— Parece alegremente sorprendida de verme.— ¿Qué haces aquí?

— Te esperaba para agradecerte los chocolates y la carta por el día de San Valentín.

— ¡Oh, no tienes que hacerlo!— Se puso adorablemente ruborizada, se cubrió su rostro con el maletín de la vergüenza.

— Pero yo quise— Le tendí el ramo de pensamientos que ella no dudo en tomar.—. Leí tu carta y estoy muy conmovido por ella.— Mentí con todos los dientes, ni siquiera sé dónde quedó la carta.

Perfecto, invítala, hagamosla nuestra.

— ¿Te gustaría ir a beber algo? Conozco un lugar agradable y tal vez después podamos ir a...

— ¡Sí, me encantaría!— Sus ojos brillan ilusionados, creo que no tengo que decirle a dónde iremos después por la forma en que me sujeta del brazo.

Espero que esto funcione y pueda tocar a Rukia, otra vez.


Diez años después

Esa me gusta, Ichigo.

Su voz me acaricia el oído.

— ¿Ella?, ¿estás segura?— Observó a una chica de pequeño tamaño y cabello negro sujeto en una coleta con una cinta roja, vestida con ropa muy llamativa, un escote pronunciado y una falda muy corta. Me relamo los labios por el prospecto de que sea ella la elegida. Ya hemos estado con ella en otras ocasiones.

Sí, ella, la quiero a ella.

Siento su boca morderme el lóbulo de la oreja, emocionada por la posibilidad de llevarla a la cama.

Me le acerco en mi Corvette deportivo, ella me reconoce de inmediato. Se pone ligeramente nerviosa, mas no me va a rechazar.

— ¿Cuánto?— Ella me mira de arriba a abajo, midiendo cuánto podría sacarme en esta ocasión. Vestía mi costoso traje hecho a la medida.

— Tres mil dólares toda la noche.— Me dio un precio con la intención de que la rechazará, más ella ya sabía que eso no sucedería. Si Rukia la escogió, entonces ella será.

— Te doy cuatro, si yo escojo el hotel.— Se sube al auto de un salto, mostrandome un espectáculo de sus torneadas piernas, como si nunca hubiera pasado mis manos por ellas.

— ¿Cómo debo de llamarte esta noche?

— Lo de siempre.— Ya no la miro, siento mis pectorales ser acariciados por Rukia, ella quiere me apure.

Ya hemos llegado al hotel. La ayudo a bajarse y la guío a nuestra habitación.

— Entiendo, Anata, ¿y quién seré yo?

— Rukia, por su puesto.