Nightmare Lover

Cuatro historias en las que demonios del sueños se involucran con humanos con resultados inesperados.

Sinopsis de la segunda historia: Senna, una prostituta reformada, tiene dudas de las intenciones matrimoniales de su futuro esposo.

DreamedSilverWings: me alegra que te guste como escribo, espero que esta historia te sorprenda gratamente.

Natsumivat: No sé como te voy a decir esto, pero creo que te voy a decepcionar, pero mejor lee la historia, tal vez te guste más lo que escribí. Por otro lado el incubo que atacó a Tatsuki no es Byakuya, es Ulquiorra, originalmente pensaba volverlo una mujer pero no quería que se confundieran con que fuera Rukia.

Cass: Me alegro que te gustara mi historia.

Emina: ¿Te gustó mi historia?, espero que sí, ja, ja, ja.

Gracias a todos, espero que disfruten la lectura de esta segunda historia. La tercera historia se llamará Incubo y la cuarta, la más sórdida de todas será incubo y súcubo.

No olviden dejarme un review para conocer su opinión.


Súcubo

Capítulo dos: Lovechild.

En la oscuridad de la habitación se podían escuchar los gemidos de una pareja intimando salvajemente. La mujer que se encontraba recostada en la cama recibía de buena gana las embestidas furiosas de su amante.

¡Ah, ah, ah! Anata, así, así, cógeme más duro, ah, ah, ah.

Él aceleró el ritmo de sus embestidas para complacerla, justo como ella deseaba. Ella era cálida y una amante receptiva, deseosa de experimentar desde que llegó a este arreglo con él.

— ¡Ah, te estás estrechando!

De la boca de ella ya sólo salían gemidos al saberse deseable, independientemente de su estado. Ni siquiera le reclamó cuando se corrió en ella, a pesar de que lo detestaba. Aunque en su condición eso ya no la iba a afectar. Lo único que le importaba era sentir esa verga tan dura que la hacía perder el control y la concentración, algo inusual en ella, sus sentidos se ahogaban de gozo, como debajo de una piscina de lo lejanas que se escuchan sus voces, así de placentero han sido sus encuentros desde que iniciaron su extraña relación.

Las paredes de su vagina se estaban cerrando sobre esa verga mientras derramaba su cálida corrida en ella.

¡OH, ANATA...!— Ella no pudo evitar gritar cuando ambos alcanzaron su clímax al mismo tiempo.

— ah, ah, ah...— Él había perdido la aire de tan duro que se había corrido, pero tuvo el cuidado de caer a un lado de ella para no aplastarla.— Ya me tengo que ir Senna.— Le informó mientras le acariciaba su vientre de 24 semanas de embarazo.

— ¿Qué, tan pronto, Ichigo-Anata? Si acabas de llegar.— Él pasaba tan poco tiempo en casa que a veces sentía que sólo la quería para un acostón. Pero lo hacía tan bien y la cuidaba tanto que le dificulta conciliar su actitud.

— Sólo vine a verte, mi trabajo me tiene muy ocupado la mayor parte del tiempo, ya lo sabes.

— Lo sé, Anata pero sólo te puedo ver por las noches...

— Estoy trabajando para estar libre cuando nazca la bebé, para pasar todo el tiempo con ustedes.— La besa, con ese tipo de besos que te vuelan la cabeza.

De acuerdo, Ichigo. No te tardes.

— Como tú digas.

Senna sólo le queda apreciar la firmeza del trasero de su prometido. Ella ha tenido relaciones con otros hombres pero ninguno como Ichigo Kurosaki, su último cliente.

Ese hombre la hacía sentir como Julia Roberts en Mujer bonita. No, ella era Julia Roberts e Ichigo era su Richard Gere. Lo conoció hace casi un año, e igual que en mujer bonita, se la llevó en su lujoso auto de una calle de la zona roja de Ginza, le compró ropa y pagaba cuantiosas sumas de dinero para que pasara la noche con él. Si sólo fuera tan atento y transparente como el personaje de Richard Gere, porque Ichigo la ponía nerviosa y sus juegos de cama la intrigaban.

— Eres mi boleto a la riqueza.— Le dijo a su creciente vientre, una vez que Ichigo se metió a bañar y no podía escucharla.— Más te vale complacerlo.— En respuesta sintió una especie de patada fría.

A pesar del frío, que no era mucho, se quedó en la cama, desnuda y con las piernas abiertas para tentar a Ichigo. Tenía que asegurarse de mantener su atención hasta que se casaran.

— ¿Senna, ya cenaste?— Ichigo le preguntó saliendo del baño sólo cubierto con una toalla a la cadera.

— Algo... creo.

— Mmm, antes de irme te voy a preparar algo, ¿qué te parece sopa de arroz?

— ¿Y si mejor comes algo tú?— Le dijo mientras jugueteaba con su cabello, tratando de ser sensual.

Él se acercó a ella, la sujetó por la cadera y le dio varios besos a su vientre, también sintió dedos jugar con su clítoris por un momento. Oh, ¿con qué por ahí iba a empezar?

— Después, primero tienes que cenar. Te voy a preparar salmón y pepinillos, también.

Se puso su bata y se fue a la cocina.

— A veces creo que te quiere más a ti que a mí.— El extraño y frío roce que sintió en su vientre lo atribuyó a secuelas de la pasión que tuvo minutos atrás y al hecho de que seguía desnuda.


Senna empezó a recorrer su nuevo hogar, el loft de lujo al que Ichigo la trajo a vivir cuando descubrió que estaba embarazada. ¿Le preocupaba él que la bebé en su vientre tal vez no sea suyo? Aunque siempre trató de cuidarse, y estaba segura de que con sus otros clientes lo había hecho, más no recuerda haber tenido la debida precaución en los encuentros que tuvo con él.

A pesar de que ya lo había recorrido muchas, siempre se sorprendía de lo lujoso y grande que era el loft, tenía una amplia sala con una televisión de 80" y sistema de sonido surround, aire acondicionado en todas las habitaciones, cocina de lujo, comedor, cuatro recámaras, tres baños, y un balcón con una vista preciosa de la ciudad; además de que el edificio tenía servicio de alberca, gimnasio y de limpieza. Si quisiera podría armar una fiesta enorme con sus amigas de la calle. Si Ichigo no le tuviera prohibido verlas siquiera por su seguridad. "No querrás que tu proxeneta te lleve, ¿o sí?", le había dicho, y es cierto, Kugo era un bastardo con mano dura y que abusaba física, mental y sexualmente de ella y sus amigas cada vez que podía. Nada más no lo acusaba con la policía por el agradecimiento que le tiene por haberle dado un lugar dónde vivir cuando escapó de casa y por las drogas que a veces le daba para aguantar toda la noche. Aunque desde que conoció a Ichigo, y sus jugosos pagos, ya no tuvo que someterse tanto a Kugo y tampoco tuvo interés de seguir sus gustos de alcohol y drogas comunes.

— ¡Senna, ven a cenar!


— Cuando regrese te traeré shiradama.— Le dio otro de sus besos arrebatadores a modo de despedida.— Si necesitas algo, te dejé la tarjeta para vayas de compras.

— Pero a mí no me gusta el shiradama, ¿por qué insiste en traerme esa cosa?— Le dijo al aire cuando Ichigo ya se hubo ido y no la podía escuchar.


Ichigo: ¿Necesitas que te acompañe a hacer las compras de la bebé?

Senna: No es necesario, ya casi tengo todo en la lista.

Ichigo: De acuerdo, pero te veré con el obstetra y de ahí te llevaré a comer.

— Aish.— Senna guardó su celular con algo de fuerza innecesaria en su bolsa.

— ¿Qué sucede, Senna?— Le pregunta su amiga Konoka, una chica alta, pechugona que suele hacer BDSM con sus clientes, les gusta el contraste de su imagen tierna y su cabello rojo. Ella, contrario a los consejos de Ichigo, la estaba acompañando a hacer sus compras. Bien dicen que los viejos, por no decir malos, hábitos difícilmente se pierden.

— Es Ichigo.— En su voz había fastidio.

— ¿Qué tiene?

— Es un atosigador, siempre me pregunta que cómo estoy, qué si ya comí, qué si me falta algo...

— ¿Y qué tiene de malo? Acabas de sacarte la lotería. Ninguna de nosotras, ni en nuestros más locos sueños, tendrá la oportunidad de dejar a Kugo. Y nos iría peor si quedamos embarazadas.

— Es que, no sé, me confunde. Por un lado se la pasa todo el tiempo en su oficina o de viaje, por el otro me da todo lo que quiero.

— Exageras, ese bebé tuyo te acaba de abrir las puertas a la opulencia.

— Sí, pero aún no me presenta a su familia, no le ha puesto fecha a nuestra boda y ni siquiera sé cuándo me va a inscribir en su registro familiar.

— ¿Y que esperabas? Eres una prostituta.

— ¡Ex-prostituta!— Eso ya está en el pasado, ya no tiene que preocuparse por que le vaya a faltar dinero en su vida.

— No hay diferencia, ante la sociedad siempre estarás disponible para abrirte de piernas.

— Qué cruel eres.

— Soy realista, y una envidiosa, como me gustaría estar en tu lugar. Estoy segura de qué está esperando a que nazca tu bebé

— Lo siento, Konoka.

— ¿Y si mejor continuamos con tus compras?— Konoka trató de regresar la conversación a la calma.— ¿Qué te falta?

— Mmm, los muebles los va a llevar la tienda, ya nos compramos ropa— Sueltan una risita cómplice de haber gastado el equivalente de diez dólares en ropa, maquillaje y zapatos nada de ello pensado en embarazadas.—, tenemos el pedido de pañales, cobijas, biberones y fórmula.

— ¿No piensas amamantar?

— Me detendré en cuanto pueda, para eso tendré a la niñera, para que ella lo cuide. Quiero volver pronto a las discos y a divertirme. A los veintitrés se es demasiado joven para andar de madre devota.

— ¿No se enojara Kurosaki-san que te desentiendas del bebé?

— No se va a dar cuenta, nunca está en casa.— No hay de qué preocuparse, mientras él esté trabajando, nunca va a enterarse.

— Si tu lo dices, ¿creo que te falta la ropa para la bebé?

— Sí, quiero algo con conejitos.

— ¿Conejitos?, no sabía que te gustaban

— Sí, conejitos, ahora se me antojan. Y después nos vamos a la sala de Pachinko.

— ¡Sí!

— ¡Auch!— Senna se retorció del dolor de la repentina patada de la bebé.

— ¿Estás bien?

— Sí, es que la patada se sintió muy fría.

— Tal vez sea mejor que nos saltemos el pachinko y compremos la ropa después.

— Comprar la ropa será muy fácil, ya tengo cita, estaremos sentadas todo el tiempo.

— Si tú lo dices.


— Te lo dije, ya me siento mucho mejor.

— Sí, e hiciste muchísimas compras, nunca pensé que un bebé necesitaría tanta ropa.

— Yo tampoco, ja, ja, ja.

— ¿Crees que ya podemos irnos a la sala de Pachinko un rato antes de que tengas que irte con Kurosaki-san?

— Auch, me duele otra vez.— El rostro de Senna estaba terriblemente pálido.

— Creo que mejor lo dejamos para después.

— ¡No, quiero divertirme! Estoy harta de estar atenta a lo que requiere este bebé.— Se volvió a retorcer de dolor.

— ¡Senna!


El pequeño consultorio de la sala de emergencias era un lugar estéril, poco acogedor. El doctor a cargo, un tal Mayuri Kurutsuchi, le hizo un ultrasonido rápido y ahora la estaba oscultando y tomando signos vitales.

— No estoy seguro de lo que sucedió, pero no encontré ningún tipo de anormalidades en el feto y sus signos vitales están normales, ¿Senna Saguraki-san?— El Doctor la mira curioso cuando revisa su expediente médico.

— Así quiero que aparezca.

— De acuerdo, Señorita.— No le importa al Doctor, generalmente trabaja fuera de la ley, así que no es asunto suyo.— Le recomiendo que descanse y deje de utilizar esos tacones tan altos, podría tener un accidente.

— ¿Está seguro, Dr. Urahara?

— Sí, lo único que necesita es descansar. ¿Desea que llame a alguien?

— No, mi prometido se encuentra afuera.

— Lo haré pasar, entonces.— El doctor sale del consultorio para decirle a Ichigo que pase.

Él entró y se le quedó viendo.— ¿Estás bien?

— Eso creo.

— Vamos, aun tenemos que ir con la obstetra.— Se le acercó y le dio una caja que contenía shiradama.

— ¿No perdimos la cita?— Ella, desde su lugar en la cama de exploración, empezó a comer la golosina con entusiasmo.

— Pedí un favor. A menos, que prefieras no ir.

— La verdad..., preferiría volver a casa.— Ichigo la empezó a guiar a la salida del consultorio, abrazándola de los hombros.

— De acuerdo, pero con una condición, te voy a conseguir una cuidadora.


Ah... Anata...— Ichigo la tenía en cuatro sobre la cama. Una posición poco cómoda por su vientre, pero ver como la dominaba Ichigo por el hermoso y enorme espejo de la habitación le encantaba. Ver el rostro de gozo de su Anata la estaba colmando de un placer que desconocía. Ni siquiera sabía porqué o cómo se ocurrió pedirle semejante posición.

— Guarda silencio, déjame disfrutar de tu rostro.— Ichigo la penetraba, a pesar de la posición, con cuidado y lentitud. La lenta cadencia de sus caderas estaba formando una creciente presión en su bajo vientre que la acercaba más a la cima.

Ah, te sientes tan bien, ah, ah...— cerró los ojos del placer que sentía. Ichigo era tan hábil que no entendía cómo empezó a masajear su clítoris.— Sí, tócame ahí, ahhh...

Ichigo ya no le contestó, sólo continuó con sus penetraciones y atenciones.

A-anataaaa...— Ella perdió la fuerza de sus brazos y cayó de cara a la cama cuando alcanzó su clímax, sin embargo Ichigo seguía penetrándola deliciosamente lento.

— Mírate en el espejo, luces hermosa mientras follamos.— La forma en que lo dijo no le sonó como si se le dirigiera esas palabras a ella, pero lo hizo. El reflejo de su rostro en el espejo no lo reconoció. Sus ojos se veían violetas y afilados, y sus facciones le eran poco familiares. Tampoco, jamás, había sentido tanta lujuria por sí misma al verse en el espejo con piel azulada por la oscuridad.

Ichigo se corrió en ella, pero lentamente, y sin dejar su interior, la volteo para poder quedar cara a cara. La miró un instante para empezar a besar sus distendidos pezones y acariciar, sin saber cómo lo hizo, su henchido vientre.

Más, Anata, quiero sentirte más...— ¿Desde cuándo ella suplica a sus amantes?

— Tus deseos son órdenes para mí...— Y la besó profundamente en la boca antes de volver a penetrarla.


— ¡¿Senna, dónde estabas?! Tengo semanas tratando de contactar contigo— Konoka le reclama por teléfono.

— En casa, Ichigo quiere que descanse porque últimamente no he dormido bien, hasta contrató una enfermera que me cuida como águila.— Le dijo, tapada con una cobija hasta el cuello.

— ¿Y eso qué significa?

— Que no puedo salir.— Ella sonaba derrotada y aburrida.

— ¿Y si yo te visito?— Estaba ilusionada con conocer el lugar dónde vivó a su amiga.

— Mmm, mi carcelera se va a las 5.— Senna ponderaba la idea de recibir visitas de sus amigas.

— Estaré ahí a las 6 y llevaré a las chicas.

— Sólo si se van antes de las 9, no quiero que Ichigo se entere de que les di nuestra dirección.

— No te preocupes, seremos discretas.

— Oh, por favor traigan shiradama y pepinillos curtidos, a mí ya se me acabaron.

— ¡Vaya antojos de embarazada, ja, ja, ja! No te preocupes yo los llevo.


— ¡Trajeron coca!— La reunión se estaba saliendo de control y apenas estaba empezando.

— Es poca y es para divertirnos. Además, a ti te encanta.— Le dijo una flacucha, conocida con el pseudónimo de Sun-Sun, que trabajaba en Roppongi.

— ¡Les dije que tenían que ser discretas y estoy embarazada!— Esto era demasiado, estaban fumando y atacaron la licorera de Ichigo en cuanto llegaron.

— Casi lo olvidaba, ¡felicidades!— Le dijo una mamburo, a la que llaman Mila Rose, con maquillaje muy marcado.

— ¿Cuánto te falta para aliviarte?— Otra, una chica vestida extravagantemente, conocida como Cirucci, le preguntó antes de aspirar una línea de coca de una bandeja de plata allá, en la mesa de madera de la sala.

— De cuatro a seis semanas. ¡No se salgan por la tangente!

— Mira, mejor bebe un whisky en las rocas.— Konoka le ofreció, y eso que era la más tranquila de todas.

— ...Whisky, hace mucho que no bebo un vaso de whisky.— Su voz era un suspiro, como si hubiera perdido algo.

— ¿Estás bien?— Le preguntó su amiga antes de poner el vaso en sus manos.

— Sí, pero me siento extraña.— La expresión de su rostro era una de melancolía.

— Extraña, ¿cómo?— La repentina calma que Senna había tomado, cuando había estado gritando por media hora, llamó la atención de sus amigas que dejaron lo que hacían para acercarse y chismear. Pero no dejaron la bandeja con coca ni el licor, aunque ahora ya no le ofrecieron.

— Querida, explícate, por favor.— Sun-Sun la convenció de decirles sus preocupaciones.

— Es que...

— Suelta la sopa.— Su indecisión impacienta a Sun-Sun.

— Bueno sucede que...

— No recuerdo haber tenido relaciones con él...

— ¿Acaso estabas drogada o qué?— Dijo Konoka, no es que hubiera sido raro de Senna, o de cualquiera de las chicas, consumir drogas para aguantar las noches de trabajo.

— Pero sí tú siempre presumías de lo bueno que era en la cama, que nunca encontrarías a un cliente igual.— Agregó otra.

— ¿Oye, sácame de una duda?— Dijo Cirucci.

— ¿Cuál?

— ¿Cómo convenciste a Kurosaki de que él es el padre? No me hace sentido que un hombre se haga cargo del hijo de una prostituta.

— ¡Yo también quiero saber!

— De eso no estoy segura...

— ¿Cómo que no estás segura?— Preguntó Mila Rose, confundida por semejante respuesta.

— Es que, él sólo llegó...

Konoka levantó la ceja izquierda, esperando algo más que eso.

— ...esa tarde, después de varios días aterrada por la posibilidad de estar embarazada no salí a trabajar, sin importarme lo que me podría decir Kugo. Al día siguiente me haría un examen de sangre para confirmar lo que las pruebas caseras ya me habían dicho...

— Recuerdo ese día, Kugo se la pasó de juerga con Riruka y Jacky, hasta que una se le pasó la coca.— Comentó indiferente Mila Rose.

— Tenía toda la tarde llorando, aterrada porque no sabía qué iba a hacer, ya llevaba un mes sintiéndome mal y ese día fue la gota que derramó el vaso.

— Obviamente lo ibas a abortar.— Sentenció Sun-Sun.

— Sí, pero cuando estaba por llamar y hacer la cita, él tocó a mi puerta.

— ¿Y cómo supo dónde vivías?

— Él dijo que una de las chicas se la dio, nunca supe quién fue, mencionó que estaba preocupado por mí, que me estuvo buscando y se preocupó cuando llevaba varios días sin poder verme,

— ¡Eso es tan romántico!

— ¿Tú crees?... Él vio las pruebas que estaban en la mesa y preguntó que si estaba embarazada.

— ¿Qué le dijiste?— Cirucci y Konoka estaban atentas a su historia.

— Pues..., le dije que no estaba segura, que las pruebas caseras decían que sí.

— ¿Pero, cómo lo convenciste de que se hiciera cargo o de que él era el padre?

— No lo hice...

— ¿Qué? ¿Cómo?, a ver, explícate.

— Él dijo que me fuera con él, que sería el padre.

— ¡Guau, debe de amarte muchísimo!

— Ese es el detalle... a veces ni siquiera recuerdo cuando llegabamos al hotel, sólo reaccionaba con él encima mío o los recuerdos de las palabras que compartimos no me parecían míos.— Sus palabras las pronunció con voz tan baja que ninguna de sus amigas la escuchó.

— ¿Estás bien, Ru-...?— La pregunta de Sun-Sun fue interrumpida con tanta violencia que Senna se levantó de sus asiento.

— ¡No digas ese nombre! ¡Ya les dije que ahora soy Senna Saguraki!— Su rostro estaba rojo de ira, parecía que salía humo de sus oídos y fuego de sus ojos.

— ¿Sabes qué?, mejor te vamos a dejar descansar, vendremos otro día— Konoka le puso fin al ambiente tenso.—, pero nos llevamos las botellas que abrimos.

Sus amigas no tardaron en irse y Senna se quedó a limpiar el desastre que habían dejado. Hubiera consumido la línea de coca que le dejaron en la bandeja de no ser porque se quedó viendo su reflejo y cómo sus ojos se veían violetas en la bandeja de plata...


Dedos fríos recorrían el cuerpo de la mujer, eran extrañamente placenteros, aunque algo fríos, que sabían que lugares pinchar y estimular para sacar el máximo placer. A esa sensación pronto se le unió la de una boca con su tibia lengua y sus dientes ligeramente afilados.

Eres tan bella...

La voz que Senna escuchaba en sus oídos la relajaba y adormilada sus todos sentidos excepto por el tacto. Sentía besos ardientes en sus hinchados pezones, como una boca alimentándose de ella.

Eres perfecta para engendrar...

La boca que antes chupaba y mordisqueaba sus pezones empezó a bajar a su vientre. Senna seguía sin poder abrir lo ojos, sólo disfrutaba de las manos y boca experta que la estaba amando en ese momento.

¿Sabes?, te elegí para darnos un hijo, tú engendrarás a nuestro hijo...

Aunque no entendía qué quería decir la voz con esas palabras, no pudo evitar amar como la boca besaba con amor a su vientre de embarazada. No pudo más que llorar de placer y suplicar por más cuando sintió dedos delgados y finos empezar a jugar con su coño y con el botón que corona su vagina.

Y tu cuerpo,... ¡ah, tu cuerpo!, se siente tan delicioso estar en tu piel.

Esas palabras le provocaron la necesidad de abrir sus ojos, pero el placer de esos dedos, que entraban y salían de ella con el ritmo perfecto, la estaban llevando por encima de las nubes y la hacían concentrarse sólo en el deleite que estaba por alcanzar.

Ya quiero que sea mío...

Esa sentencia, logró que abriera los ojos y viera de quién era la voz que resonaba en sus oídos. Era una mujer, de estatura y contextura física similar a la de ella. La apariencia de su piel era azulada, su largo cabello negro cubría parcialmente sus curvas y tenía un tierno mechón en su rostro. Otra peculiaridad que notó fue de que de su espalda salían pequeñas alas.

Senna se dio cuenta que ella la miraba con profundos e hipnóticos ojos violeta mientras seguía martubandola. Se sostuvieron la mirada mientras que los dedos de la mujer la llevaron al clímax.

El orgasmo que le provocaron esos dedos fue largo, la hizo sentir que se asfixiaba en un mar de placer. No gritó porque una boca, pequeña como la de ella, acalló su placer con un beso como pocos que había sentido en su vida y que exigía ingreso a su boca con su lengua.


Senna abrió los ojos precipitadamente, esa no era la primera vez que tenía sueños así, pero nunca habían sido tan potentes. Aún sentía su cuerpo navegar por las aguas del placer sexual, con su piel sensible al aire y a las sábanas que apenas cubrían su cuerpo. Su vagina palpitaba pidiendo más de lo que fuera que transcurrió hace minutos.

— ¿Qué pasó?— Senna volteo a ver por la habitación en búsqueda de Ichigo que estaba desnudo y sudoroso junto a ella— ¿Por qué estoy desnuda, Anata?— Su voz sonaba rasposa y débil, no comprendía porque tenía esas sensaciones en su cuerpo.

— ¿Cómo qué por qué? Acabamos de tener sexo, Senna, tú insististe.

— ¿Yo?— Se volteo en la cama. No recordaba ni a qué hora llegó Ichigo anoche.

— Sí, y debo añadir que estabas muy vivaracha para una mujer que va a dar a luz en cualquier momento.— Ella volteo a ver a Ichigo cuyo pene estaba a media erección por debajo de las sábanas que apenas y cubrían sus caderas.

— No recuerdo ni a qué hora me fui a la cama.— Estaba preocupada, no era la primera vez que perdía la noción de sí.

— Tal vez hoy no debas de salir.— El hermoso rostro de Ichigo, tenía el ceño fruncido por la preocupación.

— ¡Qué!, tú me prometiste que hoy me presentarías a tus padres.— Después de mucho insistir, por fin convenció a Ichigo para que la presentara con su futura familia.

— Pues en tu condición no creo que sea lo mejor.— Aunque él no parecía incomodado por posponer, otra vez, el encuentro.

— ¿Qué van a decir tus padres cuando llegué con un bebé de la nada?

— Mi viejo dirá que ya era hora que lo hiciera abuelo, aunque no sea con mi prometida.

— ¡¿Prometida?! ¿Estás comprometido? ¡Nunca me dijiste nada de eso!— Está es una revelación enorme, ¿qué tal si en realidad está casado y por eso no le ha presentado a su familia?

— Estaba comprometido, las familias lo anularon hace mucho. Ni siquiera sé cómo se llamaba ella. Ya no importa,— Él le restó importancia al asunto, como si las preocupaciones de Senna no importaran.

— ¿Cómo que no importa? Vamos a tener un hijo y no me cuentas detalles de tu vida tan importantes como ese.— Ella se estaba poniendo histérica.

— Vamos a tener una hija, y no te conté ese detalle porque fue hace años que el compromiso quedó anulado.

Ichigo se levantó de la cama y se metió al baño para ducharse para ir al trabajo.


Cuando Ichigo se fue a trabajar se quedó en la cama tirada y desnuda por varias horas. Ni la llegada de la cuidadora la hizo levantarse. Sólo cuando comenzó a sentir un frío terrible en su vientre sintió la necesidad de levantarse.

— ¿Oba-san, podría subirle a la calefacción?, está haciendo mucho frío.

— ¿De qué habla, Saguraki-san? El cuarto está hirviendo.

— ¿Entonces porque tengo tanto frío?

— Dese una ducha caliente para que se temple un poco.— Le dijo la cuidadora mientras la llevaba a la regadera.

Pero ni eso sirvió, al poco tiempo de que se terminó de bañar la sensación de frío regresó, acompañada de una sensación de entumecimiento en todo su cuerpo. Le costaba sentir que aquello que tocaba y, si no tenía cuidado, todo lo que sujetara entre sus dedos se le caía.

— Qué torpe está hoy Saguraki-san. Quizá debería de sentarse debajo del kotatsu, le llevaré chocolate caliente y algo que de comer. ¿Algo que se le antoje en particular?

— ¡Shiradama!— Lo dijo Senna sin pensar.

— ¿Más?, su hija va nacer con cara de shiradama de tanto que lo come.

— ¡Y también pepinillos!

— Le voy a llevar una sopa de arroz y le pondré eso de postre.


— Tengo tanto frío.— Ichigo ya se había tardado en llegar y su cuidadora se tuvo que retirar temprano por una emergencia familiar, tampoco ayudaba que la bebé estuviera inquieta y no dejará de patearla.

— Por favor, ya deja de patearme, lástimas a mamá.— Ya no intentaba sobarse la barriga porque cuando lo hacía se ponía más inquieta y las patadas eran más duras.

Es que no eres su madre.

— ¿Qué fue eso?... Ughh, ¿cuánto más va a tardar Ichigo en llegar?

Ya era cerca de las once de la noche y por alguna razón no lograba contactar con nadie, y tampoco tenía la energía para salir a ayuda.

Seguía tumbada en la cama, pero para la una de la mañana empezó a arrastrarse a la salida del loft, porque se dio cuenta que tenía una mancha de sangre que escurría por sus piernas.

Ya casi es hora.

Lo que fuera que era esa voz, la aterró. Su bebé no dejaba de moverse, como si quisiera salir huyendo de ella. Cuando vio reflejo en el espejo, ese que en el que tantas veces se admiraba con sus conjuntos nuevos de ropa, ahogó un grito de terror. En sus hombros había una mujer que la sujetaba por la espalda, una mujer azul, de largos cabellos negros y grandes ojos violetas. Sólo la vio por un momento porque desapareció de su vista, pero la hizo decidir salir a pedir ayuda, pasará lo que pasará.

Escuchó la llaves de la puerta de repiquetear contra el cerrojo. Ese debía de ser Ichigo. Él la ayudaría, sin duda.

— ¡Anata, Anata...!— Lo llamó repetidamente desde su lugar en el pasillo pero su voz no pasaba de un susurro, por lo que tuvo que seguir su camino.

Le costó mucho trabajo llegar a la sala y el frío se intensificó, podía ver el vaho que generaba al respirar. Desde que vio ese reflejo la bebé dejó de patearla; afortunadamente, aún la sentía moverse con fuerza dentro de su vientre.

Vio la luz de la sala y a Ichigo darle la espalda mientras se servía un vaso de whisky.

— Disculpa la tardanza, la reunión se extendió más de lo esperado, pero creo que llegué en el momento justo— Escuchó a Ichigo hablar con alguien, pero no lo veía utilizar su celular o el auricular de su Bluethooth.— ¿Ya quieres que pida la ambulancia?

Movió la cabeza como si le hubieran respondido y se volteo a verla. Parecía feliz, tenía una sonrisa que nunca había visto en su rostro, era enorme y coloreaba sus mejillas.

— Anata, pide una ambulancia, algo me está pasando.

— Tranquila todo va a estar bien, he estado preparando todo para este momento.

— ¿De qué hablas, Anata?— Su actitud la estaba confundiendo.

— ¿No te has dado cuenta?, la bebé nacerá esta noche.

— Por eso debes de llamar a una ambulancia.— A pesar de todo, ella seguía sangrando.

— Déjame acomodarte en el sillón para que estés más cómoda.— Ichigo actuaba como si no escuchara sus súplicas.

— ¡Ichigo, pide una ambulancia!— El pánico inunda su voz.

— ¿Y para quién la pediría, cuando Senna Saguraki no existe?

— ¿¡Qué!? ¿Cómo sabes eso?

— Desde el principio. Una niña rica que huyó de casa porque la comprometieron en matrimonio y que ya no podían controlar.

— E-eso n-no es c-cierto.

— Por favor, tu hermano ya no podía contigo y tus berrinches y tu clan nunca te quiso.

— ¡Mi hermano es un maldito estirado que no me dejaba salir ni a la esquina! ¡Ahora llama a una maldita ambulancia, ¿no ves que me estoy desangrando?— Senna ya estaba desesperada, y empezaba a llorar.

— Tal vez, pero no por eso es que seguimos aquí.

— Por favor, Ichigo, no me quiero morir.— De sus mejillas ya corrían gruesas lágrimas.

— Espera un momento, hay algo que debes ver.— Sin más salió de la sala camino a la recamara principal.

Empezó escuchar ruidos a su alrededor y le parecía que había sombras que se movían.

— ¿Hay alguien ahí?— Ya tenía la ropa empapada en sudor, no sabía si era por el miedo o por la pérdida de sangre.

Ichigo no tardó en regresar con uno de los espejos de cuerpo completo que estaba en el walk in closet.

— ¿Por qué trajiste eso?

— Quiero que conozcas a alguien, y para que la puedas ver necesitas el espejo.— Habló Ichigo con inusual alegría, como quien va a conocer a su héroe.

— ¡Ichigo, estás desquiciado, llévame al hospital o llama a una ambulancia!

— No es posible, primero debes de conocer a mi esposa.

— ¿Esposa? Ichigo, dijiste que no estabas casado.— El absurdo de la situación ya estaba tomando niveles ridículos.

Aún no lo está.

Esa voz, ella había escuchado esa voz con anterioridad. Volteo a ver por todos lados en la habitación buscando el origen de la voz pero no lo encontró por más que buscó.

— En el espejo, querida.— Ichigo le acercó el espejo para que pudiera ver.

Lo que vio la obligó a llevar sus manos a su boca. Vio su reflejo y la mujer que estaba en sus sueños. Ella la abrazaba por los hombros. Podía ver que estaba flotando por las alas que salían de su espalda y que no había prenda que cubriera ni un centímetro de su perlada piel.

Es la primera vez que te veo despierta.

— ¿I-I-Ichigo, qué está pasando?— Las piernas le temblaban del miedo y si no fuera porque estaba sentada en el sillón caería de bruces contra el piso. Ella podía sentir como era abrazada por ese ser que se reflejaba en el espejo.

— Estás conociendo a mi verdadera esposa.

Soy un súcubo, he vivido con años junto a Ichigo.

— ¿Un súcubo?— La vista de Senna comenzó a volverse borrosa.Sólo podía enfocar la imagen que se reflejaba en el espejo, ella y a la súcubo que floto desde su espalda hasta quedar cara a cara, por lo que sólo podía ver su espada en el espejo.

Quería agradecerte tu amable sacrificio antes de que fuera muy tarde.

— ¿Sacrificio? Yo no he sacrificado nada.— Sintió una mano la acariciaba en la mejilla y le dirigía la vista al reflejo, a la altura de dónde deberían estar los ojos de la criatura.

— Claro que sí lo has hecho, además de prestarnos tu vientre.— La voz de Ichigo se empezaba a escuchar lejana. Vagamente podía ver que se le acercaba y le bajaba la ropa interior y le quitaba la bata del cuerpo.— ¿Acaso nunca notaste que no sentías apego a la bebé?

Y era cierto, no se preocupa por cuidarse como se debe o disfrutaba de las patadas que le daba la bebé. Sus cuidados los hacía mecánicamente y las compras para la bebé no las recordaba con claridad.

Sí, te estaré eternamente agradecida. Pero tengo que pedirte un último favor antes de que desaparezcas para siempre. No dejes de mirarme, no quiero que esto te duela más de lo necesario.

— ¿D-d-desaparecer...?¿yo...? ¿P-p-por qué me escogiste?— Estaba paralizada y el rostro de la criatura empezaba a acercarse a ella.

— Te escogimos porque, fuera de tus ojos, ustedes son prácticamente iguales. Aunque debo decir que me encanta la sensibilidad de tu cuerpo.

Lo que más me gusta de ti es tu nombre.

En ese momento sintió que el frío les calaba hasta los huesos cuando los labios de la súcubo se posaron en su boca y exigieron entrada con su lengua.

Antes de que te vayas, te diré mi nombre...

Aunque aún sentía los labios que amoldaban su boca y jugueteaban con su lengua y la hacían tragar un sustancia líquida que le helaba el corazón. Ya no veía nada, todo era oscuridad. Los sonidos se escuchaban sordos, como si estuvieran por encima de ella.

Sólo podía sentir frío y dolor. Algo se abría paso por su cadera, como si se abriera y la partiera en dos, para poder salir de ella y que era recibido por Ichigo, que seguía agachado entre sus piernas.

Me llamo Rukia...

En ese momento lo entendió todo. Desde porque Ichigo no le importaba pagar exorbitantes sumas de dinero por pasar la noche con ella o hacía la vista gorda a sus faltas y desplantes.

El llanto de la bebé fue lo último que escuchó antes de ser devorada por completa oscuridad.


— ¡Kurosaki!

Un hombre de gafas entró corriendo al ala de maternidad con un expediente en su mano.

— ¡Shh, Ishida, estamos en un área de silencio!— Ichigo riñó a su primo para que mantuviera bajo el volumen de su voz.— ¿Por qué gritas?

— ¿Cómo qué por qué grito? A mitad de la madrugada recibo una llamada de la unidad de emergencias que disque mi primo acaba de llegar con una mujer y un bebé recién nacido.

Ichigo sólo se le quedó viendo a su primo, administrador del hospital.

— Lo siento, llegué tarde a casa porque la reunión se alargó más de lo esperado, no hubiera querido que esto pasara.

— Bien, dime quién es ella y el bebé. No sabía que estabas en una relación.

— Oh,— Ichigo empezó a rascarse detrás de la cabeza.— bueno, e-ella es m-mi n-nov-via.

— ¿Estás nervioso? El galán con más revolcones de la universidad está apenado...¡Estás enamorado!— Si fuera posible la cabeza de Ishida hubiera explotado.— ¿Cuanto tiempo tienen de relación?— Ishida recuperó la postura y empezó a revisar el expediente, por demás escueto.

— Se siente como años.— Ishida se quedó pasmado por ver a su primo mirando al techo como si recordara tiempos de romance. Él no solía ser así, generalmente era distante con sus relaciones sentimentales.

— Tienes suerte de que llegara la ambulancia ella a tiempo o habría muerto, ha reaccionado muy bien a la transfusión de sangre.

— Lo sé, pero mi Rukia es una mujer muy testaruda y no me permitía pedir la ambulancia porque estaba dando a luz.

— ¿Se llama Rukia?, creí que se llamaba Senna Saguraki, es lo que dice el expediente.— Ishida comenzó a revisar el expediente otra vez.

— Ese es el pseudónimo bajo el que ha vivido los últimos años para que su familia no la encuentre.

— ¿Qué dices, Kurosaki?

— Ella se llama Rukia Kuchiki.

— ¿Kuchiki?, ¿como la que iba a ser tu prometida?— Estaba sorprendido, él también recordaba cómo la familia paterna de su primo negociaba con la cabeza del clan Kuchiki la alianza matrimonial.

— Es ella exactamente, ya contacté a su hermano para que sepa que la encontré y que pronto podremos celebrar nuestra boda, debe de estar en camino en este momento.

— Vaya coincidencia, quién diría que conocerías y te enamorarías de la mujer con la que te comprometió tu padre.

— Es el destino.— Ishida no podía creer que su primo pudiera ser alguien tan romántico, siempre lo consideró mitad gorila.

— Si gustas, ya puedes verla, no podrá ser más de cinco minutos, pero es algo.

Ichigo toma asu primo de la mano para que lo acompañe, de la emoción se le olvidó hablar o que estaba tocando con mucha familiaridad al primo que tanto le gustaba molestar.

Antes de entrar a la habitación privada, miran por la ventana de la puerta y ella les sonríe con sus hermosos ojos violeta mientras amamanta a su bebé de cabellos negros como la noche.

— ¿Cómo se va a llamar la nena?— Ishida pregunta, sorprendido de ver a la reciente madre con tanta energía a pesar de haber tenido un parto tan duro.

— Eimu, Rukia lo escogió considerando la forma en que nos conocimos.

— Vaya, tienes una futura esposa muy romántica.

— Je, yo no lo consideraría así.— Ichigo puede ver las alas que salen de su espalda.


Notas finales:

永夢~ Eimu ~ significado: "永" es eterno "夢" es sueño

Si llegaste hasta acá te agradezco tu atención y que haya gustado el giro final de la historia.