Nightmare Lover

Cuatro en las que demonios del sueño se involucran con humanos con resultados inesperados.

Sinopsis de la tercera historia: Rukia, una importante invocadora de la familia Kuchiki, pide ayuda a los espíritus para combatir a un terrible enemigo, sólo uno respondió a su llamado.

Disclaimer: Los personajes son propiedad de Tite Kubo y a Studio Pierrot.


Antes de empezar la historia quiero agradecer a:

DreamedSilverWings: Gracias por seguir apoyándome.

Natsumivat: Me alegro que te haya gustado la historia.

Inverse L. Reena: Bueno, Senna Saguraki es la falsa identidad que tomó Rukia Kuchiki, hermana de Byakuya Kuchiki, pero no se parece en anda en personalidad a nuestra Rukia. Rukia, es el nombre del espíritu pegado a Ichigo. Ellos escogieron a Senna para que Rukia obtuviera un cuerpo porque tiene ciertas similitudes físicas y porque tienen el mismo nombre, pero no son la misma persona.

La cuarta y última historia será polémica, confusa y hasta raro.


Incubo

Capítulo único: Novia oscura.

A Byakuya Kuchiki, líder actual del clan de chamanes Kuchiki, le gustaba enviarle cartas a su prometida, que residía en la casa principal del palacio imperial. Sus cartas eran poemas cortos que liberaban pequeños shikigamis que contenían el verdadero mensaje que le enviaba a su amada Hisana-hime, hija menor de la consorte favorita del antiguo emperador. Su romance ha sido tan sonado que el Emperador, su hermano mayor, ha jurado matarlo a él y a todo su clan si llegase a romper el corazón de la hermosa princesa.

Otra cosa que gustaba Byakuya Kuchiki era el rechazar las múltiples ofertas matrimoniales por su hermana menor, la mejor invocadora de los últimos cien años. Sus cartas de rechazo las enviaba en las mismas cartas de los pretendientes, junto con una rama del árbol de sakura que su hermana hizo florecer a los diez años, como muestra de buena voluntad. Algunas de las cartas, incluso, ya eran rutina semanal de lo obstinados que eran los pretendientes.

Esas dos costumbres bajaron la guardia de Byakuya Kuchiki que no tuvo la precaución de revisar quién era el remitente, tuvo al menos, el cuidado de utilizar a Senbonzakura para defenderse y contener al Shikigami que portaba la cruz Quincy.

— ¡Nii-sama, Nii-sama!— Rukia entró al estudio privado de su hermano para prevenirlo de la amenaza que había sentido.

Ya era demasiado tarde, Byakuya estaba atrapado en un campo de combate espiritual del cual no podría salir hasta vencer a su enemigo. La naturaleza ponsoñoza del shikigami lo mataría si no lograban sacarlo a tiempo, y aún así, corrían el riesgo de que no sobreviviera al veneno y no pudiera cumplir con su compromiso con la Hisana-hime. El incumplir semejante compromiso podría llevar a la ejecución de todo el clan. Sólo un espíritu poderoso podría salvarlo ahora.

Y el enemigo lo sabía.


Tres meses después

En un claro del bosque, aprovechando los efectos mágicos del eclipse de luna, se encontraba una mujer, pequeña como pocas, bailando desnuda esperando que los rayos escarlata cubrieran su cuerpo y le dieran fuerza a su invocación. Conforme bailaba las piedra lunares y cuarzos, que puso en forma de estrella, brillaban con mayor intensidad. El cuerpo de ella, aunque desnudo, traía marcas de pintura roja y negra que le daban cierto recato, aunque hacerlas fue un proceso incómodo ya que requirió la ayuda de varias de sus sirvientas para pintar los encantamientos, especialmente en su zona más íntima, que tuvo que ser depilada. Su cabello, tan largo que una vez suelto le llega a casi a sus tobillos, también, se encontraba adornado con ciento ocho cascabeles para aumentar su rango de llamado y protegerla de los espíritus maliciosos.

— Espíritus, escuchen mi llamado, requiero, hoy más que nunca, de su auxilio y sabiduría para la prueba que se avecina.— La voz de la mujer apenas y se escuchaba para el oído humano, pues sus palabras eran para los espíritus

El humo que salía de los sahumerios se intensificó al punto que parecía que la rodeaba una neblina ligera, el ambiente se perfumó con fuerza al punto que comenzó a percibir las auras de los espíritus, pero estos se negaban a responder, algo los detenía. ¿Sabrían ellos lo que ella requería? ¿De quién era la fuente de sus miedos?

— Por favor, espíritus, un terrible enemigo conspira para acabar con nuestro clan y la vida de mi hermano peligra.— Sin mencionar la mía, pero no importa, quien me importa es mi hermano.

Una corriente de aire la rodea y pareciera jugar con ella, lo sabe por la forma en que se mueve la neblina. Es un espíritu, sólo que no puede identificar su origen o categoría. El espíritu juguetea con su pezones y baja, eróticamente, por su estómago y se detiene un momento en su monte de venus. Sintió como si la olfateara, la sorpresa del camino que tomó la paralizó y casi arruina la rutina. En este punto, el de brillo máximo del eclipse, es su última oportunidad para convencer a un espíritu de ayudarla.

Por el modo tan agresivo que se movían las copas de los árboles que rodeaban el claro se dio cuenta que cientos de espíritus acudieron a su llamado. Lo que no entendía era porque no se acercaban.

— Se los ruego, les daré y haré lo que sea que me pidan, sólo ayudenme a salvar la vida de mi hermano.

En ese momento lo sintió, como si alguien la tomara de las manos y comenzara a bailar con ella. La rutina comenzó a tomar forma más definida, similar a un ballet, las marcas de encantamiento mágico brillaban señalando que se estaba formando una comunión. El espíritu comenzó a girarla y a tomarla de la cadera.

La luz carmesí de la umbra estaba por terminar y el espíritu seguía jugando con ella, si no fuera que necesitaba su respuesta, se permitiría disfrutar de sus juegos y coqueteos, ese erotismo es algo nuevo para la joven que nunca ha conocido hombre. El espíritu subía y bajaba por su espalda, pinchaba sus pezones y se detenía en sus nalgas y por un momento; también, juró, la acercó de un giró como si algo firme y tibio presionara contra su vulva, humedeciendo su intimidad, preprarandola para algo que desconoce. El espíritu la seducía, con mucho éxito, pero no decía nada y tampoco era concreto con su actuar. De algún modo, terminó recostada en el suelo, con el espíritu utilizando el viento para que creara una melodía con las campanas y bailara sobre su cuerpo, para endurecer sus pezones, por momentos pareciera que manos los estrujaran suavemente y que provocaba que gemidos salieran de la boca de la joven; sus piernas le quedaron abiertas y dispuestas a recibir algo que ella desconocía pero ansiaba en su mojado centro. Mas, así como empezó, terminó, el espíritu se fue y la dejó, con las marcas mágicas brillando intensamente como si la invocación hubiera tenido éxito, pero el espíritu nunca habló...

— ¿Espíritu...?— El corazón lo sentía desbocado y ligeramente roto por algo que no sabe que iba a pasar y que no sucedió.

La umbra terminó y sólo un espíritu acudió a ella, uno que la hizo sentir mujer y temblar en su centro. El brillo de las marcas había disminuido considerablemente, pero se mantenía constante. Eso significaba que, al menos, el espíritu no la había rechazado.

Solo esperaba que la ayudara, no lo sabría con certeza hasta el amanecer.

— ¡Rukia-sama!— Le grita su dama de compañia a la distancia al ver que la neblina había desaparecido.— ¿Está bien? ¿Funcionó?— Ella sujetaba una capa y ropas para su señora que ya había bailado cerca de una hora bajo el frío y con escasa luz para iluminarse.

— Eso creo, Momo.— Le respondió Rukia al acercarse a ella y cubrirla con la capa. Ella se tomó un momento para componerse, no quería que su sirvienta se diera cuenta que le temblaban las rodillas y la dureza de sus pezones no era a causada por el frío.

— Será mejor que regresemos, Rukia-sama.— La voz y manos de la joven tiemblan al ayudar a su amá a vestirse con su yukata de dormir.

— Cierto, no quisiera que los ancianos se den cuenta que salí de la mansión.

— Eso los volvería locos en estos tiempos tan peligrosos.— La joven estaba nerviosa, su señora tenía expresamente prohibido salir de casa, especialmente a tales horas, ante el riesgo de ser abducida por los enemigos del clan.

— Ja, ja, ja, Momo, la única que peligra soy yo.— Y era cierto, muchos quisieran apoderarse la mejor invocadora de su generación. La que fue capaz de manifestar al rey del bosque para que ayudara a un árbol de cerezos a florecer, y así permaneció, en flor, por más de un año. La que invitó a su jardín a la reina de las hadas, venida de lejanas tierras más allá de dónde se pone el sol, para una fiesta de té. De la que se dice que el propio emperador y el shogun desean, aunque se les está vedado, tomar en matrimonio y le colmaban de fastuosos regalos para agradarle.

Recogieron los sahumerios e inciensos y regresaron a escondidas a la mansión por la entrada secreta para no ser descubiertas.


El camino a sus aposentos fue extraño, todo parecía estar en su lugar y en silencio sepulcral, pero sentía que el camino se distorsionaba cada tanto, quizá le estaba dando una fiebre por el frío al que se sometió. Los vientos del invierno ya estaban llegando y enfríaban todo a su paso, incluso su cuerpo estaba frío, pero ella apenas y lo sentía en su piel, por el contrario, sentía tibieza en su interior y que su vientre bajo vibraba con ese calor que se empezaba a acumular y que no se había de permitido sentir antes.

— Gracias, Momo, ahora ve a descansar. Mañana será un día muy largo.— Le indicó a la joven mientras le retiraba los cascabeles de su cabello y lo peinaba en una larga trenza que apenas y se mantenía unida. Ya, a la mañana, le borrarían las marcas de invocación.

— Como diga, Rukia-sama.— Momo terminó de recostar a su señora en su futón y se retiró, sin olvidar apagar todas la velas.


Rukia estaba bailando, en un campo de flores de medianoche. Flores mágicas de las que se cree viven espíritus luminosos que gustan de robar a doncellas para devolverlas embarazadas. La flores, a pesar de permanecer en botón irradiaban luces de colores; los movimientos de su baile también atrajeron a espíritus del río cercano, que se sabe raptan a las doncellas que los sujetan de sus crines; los árboles cercanos empezaron a producir florecer atraídos por la sensualidad de sus movimientos; y el viento jugaba con su larga cabellera tentando a las flores a florecer para que pudieran comprobar la estrechez de sus vírgenes caderas.

No sabía cuando comenzó a bailar ni cómo llegó al perfumado jardín, mucho menos dónde estaba ese jardín iluminado por luces espirituales a pesar de el falso sol que estaba en lo alto. Tampoco lo cuestionó, siguió bailando esperando que aquel que haya convocado a su conciencia a ese lugar llegara a negociar. Sabía que él llegaría, aún tenía las marcas en su piel.

— Vaya, vaya, luces más apetitosa que bajo la luz de la luna roja.— Un cuerpo se manifestó a su lado, pero aún borroso para sus ojos.

Rukia no detuvo su baile, lo ignoró esperando a conocer sus intenciones.

— Eres lista, muy lista...— Se le acercó para tomarla de las manos y realizar la rutina sincronizadamente, ella no le respondía para proteger su alma de espíritus maliciosos... como él.— Aunque no es como que tengas muchas opciones, sólo respondí yo a tu llamado.

Ahora que la tenía entre sus brazos, la hizo girar hasta quedar de frente a él y la presionó contra su cadera para que pudiera sentir la erección entre sus piernas, y separada por las prendas. La sensación no la distrajo de por fin enfocarse en sus facciones. Un hombre de largos y hermosos cabellos dorados, ojos ámbar y el rostro más varonil que había visto en su vida. Tan atractivo era que dio poca importancia a los cuernos, similares a los de un toro, que salían de su cabeza y apuntaban en dirección a ella o al hecho de que, como ella, estaba vestido con una sencilla y delgada túnica, pero que dejaba visible líneas negras y rojas que atravesaban su pecho y, ella asumió, bajaban más allá de sus caderas.

— Puedes llamarme Zangetsu,— Rukia se quedó en silencio anonadada y embelesada por un hombre por primera vez en su vida.

— Hiciste trampa, los mantuviste a alejados.— Le dijo seria, tratando de recuperar la compostura y no dejarse llevar por el calor que se empezaba a acumular en su interior.

— ¿Fui tan obvio?— Lo dijo con sorna y aprovechó para doblarla hacia atrás y que su pecho quedarán a la altura de su rostro.— Tampoco es como si ellos te hubieran podido ayudar

— Eso...ah, no lo sabes, ah, ¿qué haces?— Ichigo comenzó a acariciar delicadamente sus pechos por encima de su ropa con su nariz.

— Te admiro.— Le dio un chupetón con la lengua al pezón más cercano a su boca mojando la tela.— Y sí, lo sé, Yhwach no es un hechicero cualquiera. No sólo tiene la intención de destruir a tu clan y matar a tu hermano. También quiere tu fino vientre— La enderezó para volverla a girar.—. Los otros sólo se habrían aprovechado de tu vulnerabilidad.

— ¿Y tú no?

— Oh, lo haré, pero yo puedo darte lo que necesitas... y más.— Eso sonaba a una promesa sensual y atractiva.

— ¿Cómo lo harías?— Su voz la tentaba, aunque no concediera a su petición.

— No te contaría mis secretos, sólo tienes que aceptar mis condiciones.— La volvió a inclinar para que sus rostros quedaran a la misma altura.

— ...— El pecho de Rukia subía y bajaba de la emoción, de la lujuria que despertaban en ella esos ojos ambarinos, y su ropa, de repente, le pesaba.

— ¿Qué dices?

Como única respuesta, jaló el rostro del espíritu hasta sus labios para darle el primer beso que una dama de su estirpe se le prohíbe, en especial a alguien que no es su marido. Pertenecer a una de las familias chamánicas del país le exige un mayor cuidado a su castidad que a una dama de la corte. Aunque no tendría nada de qué preocuparse, al cabo no habría señales ni pruebas de sus actos en su cuerpo físico.

Del campo en el que se encontraban las flores de media noche empezaron a florecer y a liberar a los espíritus perfumados con un delicioso afrodisíaco que se estaba impregnando a su espíritu por días, a los lejos los espíritus del río relinchaban con tanta fuerza que ensordecían el aire y los árboles frutales comenzaron a producir flores y frutas tanto y tan rápido que caían al piso para empezar a germinar en más árboles.

El beso se alargó y sintió cómo el espíritu bajaba sus brazos hasta sus caderas. Sus bocas empezaron a pelear por la dominación del beso, ella pasó su brazos por detrás de sus cabeza y él la apretó contra él e, incluso, repasó la forma de su trasero con sus manos antes de terminar el beso y separaba ligeramente sus cuerpos.

Del espíritu salieron alas negras no muy grandes, señal de su clase, un demonio del sueño. Había escuchado por boca de los sacerdotes portugueses que se llamaban incubo en su forma masculina.

Eso no importaba.

Le daría su más preciado regalo, a opinión de las ancianas del clan, a un demonio a cambio de la seguridad de su hermano y su clan. Ya estaba decidido, no le importaba si llegaba a concebir a su hijo o a morir de placer en sus brazos. El sacrificio sería poco.

Ichigo la tomó y aleteo entre sus brazos para que el jardín desapareciera por un escenario más privado, una recámara nupcial. La habitación estaba finamente amueblada, con un futón matrimonial enmedio, iluminada por sahumerios que usaba su clan para indicar cuánto debía de durar la noche nupcial y que, por lo que que pudo percibir, sería muy larga.

— Siéntate, creo que tenemos cosas que discutir antes que nada.— Señaló a un par de zabuton y una mesa con sake y un juego para servirlo, que ella no había notado.

— ¿Cómo te llamas, Mariposita?— Le preguntó después de que tomaron asiento y de servirle una copa de sake que ambos procedieron a probar. El sabor era exquisito, ni su hermano podía permitirse fácilmente el costo de servir un Daiginjo.

— Te lo diré si me dices tu verdadero nombre.— Ella estaba, falsamente, más interesada en el decorado de la fina copa de cerámica. Nunca había visto ilustraciones shunga cómo estás antes.

De un lado tenía a una yuki onna con sus hermosos y blanquecinos pechos asomando por fuera de sus kimono, mientras era fornicada por un samurai que, cuyo falo, se encontraba entrando y saliendo de su enrojecida vagina; ambos se encontraban rodeados por una tormenta que parecía aumentar de intensidad mientras más se acercaban al clímax. Del otro lado, se podía ver a una futakuchi onna amarrada a un cepo prácticamente desnuda, sólo cubierta por cuerdas en shibari, el kinbaku que la rodeaba era tan intrincado que le impedía moverse para escapar, si es que era lo que quería, un bakeneko semi humanizado la tomaba por amante y un kappa que tomaba por su segunda boca detrás de su cabeza. De lo que podía observar de la taza de él, un tengu y una Rokurokubi yacían con una mujer que, por su apariencia demacrada y largos cabellos negros, debía de ser una yurei. El erotismo plasmado en las tazas la hizo concientizarse de la sensibilidad de sus pezones.

— ¿Te diste cuenta de mi mentira?— Zangetsu tomó la jarra y la puso en manos de Rukia para que le correspondiera llenando su copa de sake.

La jarra era otra obra de arte en sí misma. En ella se podía observar a un espíritu que se parecía a Zangetsu, sólo que sin cuernos ni marcas en su piel, que abrazaba a una mujer de cortos cabellos por la espalda con un brazo y con el otro se sostenían de las manos. Sí las otras imágenes despertaban en ella una emoción que desconocía esta última imagen, inocente en comparación, creaba un calor enorme en su vientre bajo que deseaba apagar con sus dedos.

— Los nombres esconden mucho poder y no piensas darme poder sobre ti.— Dio otro sorbo al sake tibio, que adormecía, de cierta manera, sus sentidos pero despierta otros que la hacen consciente de la belleza del hombre frente a ella.

— En ese caso, dime qué es lo que deseas.

— Eso ya lo sabes.

— Ah, pero debes de ser específica para que pueda ayudarte.

— Deseo destruir al enemigo de mi clan.

— Eso no puedo hacerlo, el poder y la distancia es demasiada para que pueda hacerlo.

— ¿Qué es lo que puedes hacer con exactitud?

— Eso depende de tu pago. Pero por lo pronto puedo hacer que tus enemigos vengan a ti y te den los medios para detener al shikigami que tiene encerrado a tu hermano, pero no puedo garantizar su seguridad. Pero necesito una enorme cantidad de energía para atraerlos a ti.

— ¿Cómo obtendrías esa energía con exactitud?

— Bañaré mis dedos con la fragancia de las flores de medianoche y te llevaré al éxtasis, eso me permitirá crear una esencia que los traerá a tus terrenos en pocos días.

— ¿Cuál sería tu pago por tus servicios?

— Alimento, pero sólo sería esta vez. La energía sexual que generes la destilaré para alimentarme.

— ¿Exactamente cómo te alimentas?

— Del éxtasis sexual de mis víctimas, la mayoría de las veces, pero sólo suelo hacerlo una vez cada siglo, no necesito mucho.

— ¿Oh?, conque soy tu víctima.

— Mi cliente, diría yo. Hacerlo contigo más de una vez ya sería por placer.

— ¡Qué magnánimo!— El sarcasmo era patente porque de requerir más ayuda el costo sería más alto.— Me has concedido tan alto honor.

— Tú me llamaste.

— Ya dime tu precio. Si es necesario te daré mi primogénito.— No me gustaría pero la seguridad de mi clan es una prioridad.

— ¿Y yo para qué quiero eso?— le respondió con franqueza. Un incubo no puede hacerse cargo de un niño de piel.— Si tienes miedo de que abuse de ti, no te preocupes, necesito llevarte al orgasmo y eso puedo hacerlo con mis dedos, pero me tomaría días hacerlos llegar.

— Suena justo, creo...

— Lo sé, Mariposita, pero al final tu decides, yo sólo necesito un orgasmo. ¿Qué decides?— Dio el último sorbo a su copa mientras la desvestía con los ojos.

— No puedo esperar mucho, mi hermano no tiene días.— Rukia terminó su sake para darse valor, dejó su taza en la mesita y se levantó para tomar la mano de Zangetsu y llevarlo ella misma al futón. Lo hizo recostarse junto a ella y comenzó por besarlo con nerviosismo.— Necesito que lleguen mañana...

— Estás demasiado nerviosa, déjame ayudarte.— Zangetsu la volteo para ella fuera la que estuviera recostada en el futón.

Zangetsu comenzó con besar su mejilla suavemente, continuó con besos de piquito hasta llegar a su boca. Rukia lo abrazó para poder profundizar el beso y se permitió jugar con su lengua, sentir como sus lengua batallaban por cual boca era su destino. Ella lo sujetó por la espalda y suspiró decepcionada cuando Zangetsu terminó su beso. Él comenzó a bajar por su cuello acariciando su piel con su nariz pero cuando comenzó a llegar más abajo y besaba la piel cubierta por la túnica sus cuernos rasgaban la tela y dejaban marcas en su piel que no hacían más que acelerar la respiración de Rukia y endurecer su pezones en busca de ese estímulo. Zangetsu se tomó un momento para besar sus pezones hasta dejar mojada la piel.

Rukia estaba gimiendo la mezcla del calor húmedo en sus pezones y el ligero dolor provocados por los cuernos estaba mojando su centro palpitante. ¿Qué sería de ella cuando él alcanzara su centro?

Zangetsu dejó sus cubiertos pezones y siguió su camino, rompiendo la tela de la túnica dejando el rastro de piel desnuda. Olió con gusto su ombligo, eso le provocó cosquillas que no reprimió, antes de llegar a su monte de venus. No pudo evitar usar sus manos para reducir la velocidad de sus avance y aprovechar para acariciar su cabellera.

— Puedo oler tu deseo...— Con eso Zangetsu terminó de romper la túnica que cubría el cuerpo de Rukia.

— Es l-la primera vez que, ah, experimento algo como esto.

— Ah, una virgen, entonces lo haré aún más placentero para ti.— Le da una pequeña mordida a su estómago que la hace saltar de la sorpresa y enterrarse los cuernos de Zangetsu un poco.— Lo siento, tendré más cuidado.

Contrario a lo que él pensaba, lo disfrutó, por alguna razón sentir el ligero dolor que le provocaban los cuernos la estaba excitando. Se notaba por la forma en que apretaba más el cabello de Zangetsu bajo sus manos.

— Continua, ah...— Su voz se estaba volviendo rasposa, su respiración acelerando, sus pezones endureciendo y separó sus piernas sin saber qué esperar.

Zangetsu la tomó de las caderas y las elevó para no lastimarla con sus cuernos mientras más se acercaba al monte de venus de Rukia. Aspira el aroma que emana de ella, es más seductor que cualquiera que hubiera percibido alguna de sus anteriores amantes. Su aroma era tan delicioso que le nublaba los sentidos, si no estuviera obligado a buscar amantes hasta que encontrara a la que lo quiera para sí le pediría que se quedara con él.

Tentativamente, pasó su nariz por los mayores, aprovechando que se la vulva se encontraba depilada, esa simple caricia produjo suspiros de la boca de Rukia que enviaron una corriente eléctrica que fue directamente al pene de Zangetsu. Lastima que no creía llegar a utilizarlo, nunca le ha interesado tomar a virgenes por amantes. La piel de Rukia era suave bajo su nariz, ¿cómo se sentiría pasar su lengua por ella? Zangetsu no dudo en probarla, sacó su lengua y la fue pasando primero por fuera, con la intención de estimularla a producir más de ese delicioso y aromático néctar.

— Ahhh...— Rukia dejó la cabellera de Zangetsu y pasó su manos a sus labios mayores para abrirle el camino y pudiera alcanzar su coño que chorreaba por recibir la atención de esa boca.— V-ve má al fondo, ah, haz que deje de doler... ah, sí...

— Lo que sientes no es dolor, es tu coño que añora la liberación.— Aprovecha que la piel está libre y la soborea con gusto.

— L-lo que sea, ah, hazlo, me gusta lo que sea que me haces...

Él comienza a sorber de ella, está tan mojada que no puede evitar meter la lengua a la fuente de toda esa miel. En respuesta ella gime más fuerte y aprieta su lengua atrapandolo por un segundo.

Decide dejar su coño y empezar a besar su ingle y dejar que el aire fresco la torture un poco.

— No te detengas, quiero más...— Ella lo intenta regresar a su coño pero no lo alcanza.— No me hagas esto, ahh.

— Tócate, conoce cómo llevarte a la cima y yo te llevaré más arriba.— Le sigue besando cerca de su coño pero sin llegar a él por completo.

— Ahh, ¿qué...?— Él regresa a la cima de su monte de venus y chupa un punto especial la hace gritar por el placer inesperado que le produce.

— Quiero que con una mano estimules dónde te acabo de tocar y con la otra penetres tu dulce coño.

Rukia comenzó a hacer cómo le instruyó y pronto sus sentidos, ya de por sí sensibles por el alcohol, se sintieron abrumados de placer. Sus movimientos se aceleraban pero aún así no alcanzaba algo que no sabía que era pero que necesitaba. Fue cuando lo sintió, la lengua de Zangetsu se unía a los dedos que entraban y salían de ella, pero esa sensación conjunta la paralizó, su lengua ahora se sentía áspera y larga, capaz de llegar a los recovecos más recónditos de ella.

Rukia estaba extasiada, nunca pensó que yacer en un lecho sería tan placentero. Zangetsu retiró los dedos, de Rukia y los propios, de su canal y los redirigió al punto sensible que coronaba su monte de venus para que siguiera estimulandolo.

— Ahhh...— Rukia no pudo evitar gritar de placer cuando su lengua entró en ella. Lo hacía lentamente, como para no incomodarla. Ese gesto la hacía desear algo que aún no podía precisar. Zangetsu continuó sus estimulaciones hasta que ella sintió su cuerpo ponerse rígido y una explosión nació de su centro.

La habitación comenzó a brillar, repentinamente, por las llamas de los sahumerios que creció considerablemente, pero ella apenas y lo notó. Rukia sólo podía sentir su corazón desbocado a la par que Zangetsu la volvía a recostar en el futón. Ella lo veía borroso por las lágrimas que se acumularon en sus ojos y la sensación de vacío en su interior sólo creció y él lo notó.

— No llores, no tienes porque— Él la abrazó con fuerza, no esperaba que la consolaría por darle una de las mejores experiencias de su vida.—, con esto basta, ellos vendrán pronto y podrás salvar a tu hermano.

Conforme su corazón recuperaba la calma las flamas de los sahumerios volvía a su tamaño natural y le devolvía cierto control sobre sus sentidos, como percibir la dureza de Zangetsu a través de su túnica mientras la abrazaba y trataba de consolarla, y eso sólo la hizo desear algo más que, asumió, sólo lo obtendría si ella lo tomaba por sí misma.

— No es eso...

— ¿Entonces qué..?— La dejó de abrazar para ver que ya había dejado de llorar, pero no esperaba que ella lo volviera a besar.

Rukia aprovechó la sorpresa que le generó el beso para darle al vuelta a la situación y quedar ella encima.

— ¿Qué, ah, haces?

— No lo sé— Continuó imitando la exploración que Zangetsu había hecho en ella, besó y lamió ávidamente el lóbulo de su oreja y cuello.—, sabes tan bien.

Ella comenzó a repartir besos a su clavícula y al llegar a la altura de su ombligo, cuando él intentó detenerla ella manoteo sus manos y abrió lo que quedaba de la túnica. No le sorprendió ver que estaba, igual que ella, desnudo debajo de la delgada tela. Lo que sí le sorprendió fue ver la forma y tamaño de su verga, gruesa y roja en la punta y con un líquido que ella desconocía saliendo de la punta.

— No tengas miedo, tómala entre tus manos.— Zangetsu le sugirió.

Temerosa, Rukia comenzó con besar su muslos internos y a restregar su nariz contra su verga antes de tomarla entre sus manos. Eso la hizo sentir poderosa, los gemidos que salían de la boca de Zangetsu la hacían saber que ella tenía un control sobre él, aunque fuera por poco tiempo. Primero masajeó sus testículos se sentían grandes y pesados en sus manos lo que hizo gemir más a Zangetsu, eso le dio la confianza de meterlos en su boca y succionarlos ligeramente, mientras que pasaba sus manos de arriba a abajo de su falo que resbalaban más fácilmente por las gotas que escurrían de su punta.

— Ahh, q-que t-t-traviesa, ah.— Le acarició su larga cabellera.

Las llamas de los sahumerios empezaron a volverse más brillantes de nueva cuenta.

— ¡C-c-cállate!— Rukia metió la punta de su verga en la boca sin estar segura de lo que debería de hacer pero dispuesta a experimentar, algún día se casaría y le gustaría que su experiencia de cama fuera tan agradable como lo estaba siendo con el incubo.

— U-u-usa tu lengua, q-q-que no te dé miedo...— Con ese consejo Rukia se envalentonó y empezó a pasar su lengua alrededor de su circunferencia, dándose el tiempo de saborear el líquido que salía de la verga. Era ligeramente salado, casi metálico pero tampoco era desagradable, podría acostumbrarse a ese sabor, especialmente a la sensación que le producía escuchar a Zangetsu retorcerse por su toque y el delicioso dolor entre sus piernas, las sentía húmedas otra vez, ansiosas por llenarse de algo que ya comenzaba a dilucidar que era. Rukia se dio cuenta que no podía meter toda su longitud en su boca por lo que decidió apoyarse de sus manos, masturbaba su base con sus manos y chupaba la punta con su boca.

— Sí, sigue así, Mariposita, lo haces tan bien...— Ella continuó con sus atenciones a la verga que expulsaba más de ese líquido que cada vez le sabía mejor, casi como un manjar exótico. Zangetsu le transmitía confianza con sus manos acariciando su cabeza que le permitió seguir deleitándose de los gemidos de Zangetsu. Aceleró su ritmo hasta que una explosión que la hizo ahogarse y la obligó a soltarlo para que el resto del líquido cayera en su rostro y pecho.

— Tranquila, tócelo todo, no tienes porque tragarlo— Él le dio palmaditas en su espalda para ayudarla a recuperar el aire.— ... no te esperabas eso, ¿verdad?

— No,...no me lo esperaba...¿eso fue malo, lo hice mal?

— No, lo hiciste maravillosamente.— Rukia redirigió su mirada a Zangetsu y eso la tranquilizó, no dudó en saltar a sus brazos y tumbarlos nuevamente al futón con ella por encima, eso provocó que la trenza de su cabello se reventara y cayera como cascada sobre su espalda..— ¿Qué haces, Mariposita?

— Siento un vacío, Zangetsu, uno que nunca había sentido y sé que sólo tú lo podrás llenar— Tomó nuevamente su verga entre sus manos y la sintió dura nuevamente.—. Tómame, no solamente por mi hermano, sino por mí...

— No sabes lo que dices— Le repartió varios besos por su rostro, también extasiado por el deseo de ella.—, lo debes de hacer por ti misma por ser tu primera vez. No quisiera lastimarte.

— ¿Me guiarás?— Rukia termina de quitarles los girones que le quedan de sus túnica para poder verse completamente desnudos, salvo por sus largas cabelleras que le daban cierto eroticismo a la situación al cubrir, traviesamente, su anatomía.

— Por supuesto.

Zangetsu dirigió las manos de Rukia a su verga, que seguía tiesa y lista, seguramente por su naturaleza y el introduce, de nueva cuenta, sus dedos en su coño para comprobar qué tan lista estaba.

— Estás tan lista para tomarme.— Aprovecha ese momento para meter y sacar de ella sus dedos varias veces.

— Ahhh, ¿tomarte?— Él no deja de dar caricias a su coño para prepararla lo más posible.

— Sí, debes meter mi verga en tu dulce y mojado coño para poder llenar ese terrible vacío que sientes.— Por fin saca los dedos de ella y los chupa. Tal acto enciende más el fuego en su interior al saberse un manjar para él también. Él se vuelve a recostar, sosteniendo sin fuerza las caderas de Rukia, para darle espacio de que lo haga a su ritmo y tiempo.

Rukia, con sus manos, vuelve a tomar el pene de Zangetsu y lo dirige a su entrada, ambos no pueden evitar gemir cuando ella restriega su punta contra su coño

— No me tortures, déjame sentir tu calidez...

La aludida estaba disfrutando de la sensación de la verga que se adentraba lentamente en ella. Es una sensación extraña mas no desagradable, especialmente porque al estar encima ella puede decidir qué tan rápido lo recibe en su interior.

— Ah, eres tan estrecha..., Mariposita, te sientes maravillosa...

Los sahumerios estaban volviendo a tomar fuerza.

— Y tú... t-tan grande.— Y sólo lo ha recibido a la mitad— Siento, ahh, como si me partieras en dos...

Ante esa confesión, Zangetsu usa una de sus manos para empezar a estimular su clítoris. Eso parece relajarla y termina de enfundar a Zangetsu en su interior. Rukia emite un grito de placer a pesar de tener un ligero dolor que no dura mucho.

— ¿P-perdí, ah, mi v-virginidad?— Se detuvo un momento para disfrutar la sensación de tener esa verga en su interior.

— Este es un sueño...— La habitación se volvía brillante, las flamas de los sahumerios crecía más que antes, aunque ya se agotaban.

— Cierto...— Y comienza a mover sus caderas por un instinto que se lo dicta, primero lento, pero las caricias sobre su clítoris la hacen acelerar su ritmo.— oh, me encanta lo que me haces.

— Lo haces tú.— Zangetsu metió a su boca uno de sus pecho y lo succiona con delicadeza que la hace retorcer su espalda para facilitarle el acceso.

El ritmo acelerado generó en ella otra vez la presión en su vientre bajo que la estaba llevando a un lugar más alto, estaba a un paso, sólo tenía que seguir...

— Zangetsu...ah...— Caer por ese vacío de placer era increíble y la luz, ahora cegadora, lo hacía más emocionante y un líquido caliente chorreando a su interior— yo...


— ¡Rukia-sama, despierte, Rukia-sama!— La joven sirvienta la despertó con premura.

— Mmmmhh, ¿qué sucede, Momo?— Rukia, que seguía debajo del futón no se quería mover. Era demasiado temprano para despertar, apenas y había salido el sol.

— ¡Es Yhwach, está aquí! ¡Y viene con su ejército, y acompañado de un emisario y un mensajero real!

— ¡Qué!— Rukia se levantó acelerada en dirección al perchero donde se encontraba su kimono colgado al haber escuchado semejante noticia, no podía ser, eso debía de ser imposible.

— ¡Wahhh! ¡Mi señora!— Momo se tapó los ojos inmediatamente, al levantarse se dio cuenta que Rukia estaba desnuda debajo del futón.— ¿Por qué está desvestida, Rukia-sama? ¿Y las marcas del hechizo?, han desaparecido.

Momo recordaba perfectamente haberle puesto fundoshi y su yukata de dormir a su señora antes de retirarse al ala de sirvientes personales de Rukia. Y se supone que le borraría las marcas con los trapos calientes que traía consigo.

Rukia no le dio importancia a ello y fue al buró donde se encontraban sus yukatas interiores y se las puso sin ayuda. Mientras Momo sacaba la ropa enredada en el futón.

— ¿Rukia-sama, está en su periodo?

— ¿Qué? No, sabes perfectamente que lo tuve la semana pasada.

— Es que hay una mancha en su futón.

Rukia se acercó al futón y ver las pequeñas gotas de sangre para luego meter sus manos entre sus piernas y comprobar que ahí también había residuos de sangre y de algo más.

— Mmmm— se quedó viendo la sangre entre sus dedos, comprobando que fuera real.— ...Momo, deja eso y ayúdame a vestirme.

Su dama de compañía la vistió, peinó y aplicó un poco de maquillaje en sus labios y ojos, tenía que estar impecable para enfrentar a los ancianos y a Yhwach.

Todo fue un sueño, sólo pasó en el mundo de los sueños.— Se dijo a sí misma para tranquilizarse.— No importa que haya sido tan placentero.


— Estaremos honrados de recibirlos en esta humilde morada, solo le solicitamos que deje a su ejército a las afueras del pueblo, sus excelencias.— Ginrei Kuchiki los estaba recibiendo en las afueras de las tierras y templos Kuchiki, algo ya poco común para el anciano que tiene que pasar gran parte del día encamado para poder reunir reunir energía espiritual que se gastaba rápidamente por su avanzada edad.

Ginrei iba acompañado de su batallón personal, cien chamanes guerreros del más alto rango que ya tenían prestos sus encantamientos y armas para el combate y defensa de su señor.

— Sólo hemos venido a negociar, Ginrei-dono, vengo con la autoridad de que me otorgó el emperador y un mensajero para informar de los resultados de este encuentro.— Habló Shunsui Kyoraku, considerado mano derecha del Shogun Reio y ahijado del anterior emperador.

— ¿Negociar qué? No tienen nada que deseemos.

— ¿Y si se lo preguntamos a Byakuya-oyabun? No hemos sabido nada de él desde que le enviamos nuestra primera misiva de intención y después de todo él es el actual líder del clan.— Habló Jugram Haschwalth, segundo al mando de los sacerdotes Quincy y principal portavoz de Yhwach.

— No será necesario, lo que deseen negociar lo pueden hacer conmigo, ni nieto aún se encuentra entrenando en las montañas— Ginrei no era ignorante del estado de salud de su nieto mayor desde que le llegó la misiva de las tierras de Yhwach y han tenido que mantener la mentira desde entonces para evitar problemas con el emperador.— Pero antes que nada, me gustaría saber el motivo de su visita.

— Tu nieta, Ginrei, tu hermosa nieta.— Habló por vez primera Yhwach, líder de los Quincy, famoso por sus exorcismos y de su carencia de un heredero aparente.

— No seas ridículo, Yhwach, nunca casaría a mi única nieta con alguien tan mayor como tú.— El anciano Ginrei le respondió con el mismo respeto que utilizó Yhwach con él.

— Oh, pero no la quiero para mí, la quiero para mi hijo.

— Tú no tienes hijos, todas tus mujeres murieron al poco tiempo de la noche de bodas.

— Que no pudieran soportar la fuerza de mi hombría no significa que no tenga un hijo.— Ambos ancianos se miraron con ira contenida.

— Yhwach ha tomado al hombre antes conocido como Jugram Haschwalth como su hijo y heredero.— Informó Chojiro Sasakibe en su función de mensajero y escriba.

— ¿Y ahora deseas la sangre Kuchiki para tu casa?

— Y sus maravillosas habilidades también.— Admitió cínicamente el anciano Yhwach.

— Considérelo, Ginrei-sama, sería una excelente oportunidad para el clan para formar una alianza.— Koga, un anciano influyente del consejo, ya tenía tiempo pugnando por casar a su princesa. Él insistía en recomendar a Yhwach por alguna razón.

— ¿Kyoraku, que dijeron el Emperador y el Shogun de está petición?— Ginrei se volteo a al emisario para conocer su postura.

— Ellos me pidieron que facilitara el proceso y negociación de la mano de Rukia-ojou-sama, que las condiciones matrimoniales fueran justas para ambas partes.— Shunsui Kyoraku estaba serio, él no estaba de acuerdo con una alianza formada a la fuerza porque suelen venir acompañadas de conflictos bélicos, especialmente cuando se considera que la mezcla de sangres chamánicas es un asunto peligroso.

Se escuchó el llamado de una trompeta que anunciaba la llegada de un escuadrón escolta, los guardaespaldas de la princesa del clan Kuchiki. A la cabeza de la guardia venía, Renji Abarai, secretario personal de Byakuya Kuchiki y jefe de guardaespaldas de su adorada hermana menor. Seguido de él venían diez hombre fuertemente armados con lanzas, espadas y arcos y flechas. Al final venía un palanquín con gruesas cortinas que escondían a la dama de la vista de todos, y que anunciaba su presencia con los cascabeles sagrados de sus ropajes y cabello.

— ¿Oh, qué tenemos aquí? No es otra que la propia Rukia-ojou-sama— Koga fingió alegría de ver a la jovencita que podría complicar la situación.

— Rukia-ojou-sama, que bueno que está aquí, así nos ahorraremos los protocolos innecesarios y nos podremos ir inmediatamente.— Yhwach destilaba falsa alegría de ver a la sacerdotisa con sus cascabeles protectores. Tomarla por la fuerza, ahora, sería imposible.

— Eso no lo permitiremos. Hemos traído a Rukia-sama a este lugar para asegurarnos que no se realice un baño de sangre.— Intervino Renji, viendo fijamente al ejército de Yhwach.— ¡Soldados, apunten!— A la orden de Renji, los soldados alistaron sus flechas y las apuntaron en dirección al palanquín.— Si alguno de sus hombres, Yhwach, se atreve a desenvainar una espada, disparar una flecha o acercarse más, nosotros mataremos a Rukia-ojou-sama y se tendrá que ir con las manos vacías .

— ¡Tranquilos, todos!, ¿qué tal si sólo llevamos dos guardaespaldas y negociamos en las tierras Kuchiki?— Sugirió Shunsui Kyoraku.

— Eso podemos aceptarlo.— Habló Jugram Haschwalth.— Así Rukia-sama podrá estar tranquila.— El tono de voz conciliador y su amable amable sonrisa permitieron que se calmaran los ánimos.

— ¿Qué dice, Ginrei-sama? Podemos negociar más cómodamente en la mansión.

— De acuerdo.— Ginrei aceptó no muy convencido, pero tener a su nieta en campo abierto podría ser demasiado peligroso.

— Tengo una condición, antes deseo ver a la doncella convocar a su Shikigami. He escuchado de que es muy poderoso.— Yhwach detuvo a todos en su lugar.

Esa actitud contrastaba enormemente con la de su hijo, mientras uno parecía amable y razonable, el otro indicaba que estaba a un segundo de iniciar una matanza sólo por el placer de hacerlo.

— Me parece un deseo muy frívolo, Yhwach-sama, pero se lo concederé.— Nadie esperaba escuchar la voz de Rukia, o que de hecho, se encontrara en el palanquín.

Uno de los escoltas se acercó y subió una de las cortinas del palanquín para revelar la belleza de la joven. Largos cabellos negros como el ébano, labios rojos como la sangre y piel blanca como la primera nevada de invierno.

— ¡Oh, conque esa es Rukia Kuchiki! Sin duda es toda una belleza, estoy seguro que me dará hermosos y poderosos nietos.

— Pide demasiado de mí, Yhwach-dono, yo no puedo determinar la belleza o poder de mi progenie.— Después de eso alzó la mano derecha, en la que tenía un hermoso abanico, y que al abrirse generó una ventisca que se materializó en una hermosa y albina mujer a la que le rodeaba neblina de nieve, ella congeló de los pies hasta las rodillas a los soldados Yhwach al piso.— ¿Le parece esa demostración suficiente, Yhwach-dono?

— No sabe cuánto me complace.


Rukia se encontraba sentada a la derecha de su abuelo y a su izquierda se encontraban los ancianos del consejo del clan a uno de los costados del salón; al frente de ellos estaban Yhwach, Jugram y sus consejeros; y en el centro, al fondo de la sala estaba Shunsui Kyoraku, y Chojiro Sasakibe, mensajero y asistente de los emperadores, que no dejaba de tomar nota de todo lo que se acontecía en la sala. Las negociaciones ya se habían extendido toda la mañana y no se había llegado a ningún acuerdo. Los sirvientes entraban y salían de la sala con bandejas de comida y bebida, aplacando hasta los ánimos más beligerantes.

— Ginrei-sama, ¿no basta todos los tesoros que han ofrecido por la mano de Rukia-sama?

— Koga, no sé que lo que consideras tesoros o suficiente por la mano de mi única nieta, pero me pregunto porqué estás tan interesado en entregarla a los Quincy.— Con esto el anciano se calló, no quería que el antiguo líder lo mandará expulsar de la mesa de negociaciones.

— Creo que, nuestro principal error, ha sido creer que la voluntad de Rukia-ojou-sama se sometería tan fácilmente a los deseos de sus ancianos.— Comentó, con voz sisañosa, Jugram.

— Tal vez, lo que deberíamos hacer es preguntarle directamente a la afectada, ¿no cree, Kyoraku-sama?.— Yhwach, le siguió el juego a Jugram.

— Tal vez esa sea una forma de llevar a término las negociaciones. ¿Ginrei-dono, Rukia-ojou-sama?

— ¿Querida, tú que opinas?— Ginrei mantenía su rostro estoico frente al enemigo, no quería que se dieran cuenta las dudas que sentía.

— Tal vez sea lo mejor, Ojii-sama.

— ¡Maravilloso, tal vez ahora se aceleren las negociaciones!— Shunsui Kyoraku no cabía en su alegría. Rukia-ojou-sama los rechazaría y se acabaría el problema, él podría regresar con su adorada Nanao-chan que estaba en sus últimas semanas de embarazo, no querría que su hermano recibiera al mundo a su primogénito.

Pero por la mirada fugaz que se dirigen Yhwach y Jugram Haschwalth entre ellos, habían puesto en jaque a los Kuchiki.

— Además de lo anteriormente ofrecido, podemos otorgarle a la Kuchiki-hime nuestro talismán protector más poderoso, la flecha Pfeil der Seele.— Uno de los sirvientes le llevó un cofre forrado con fina seda amarilla en el que se encontraba una blanca flecha con espirales en cyan. El cofre lo tomó Jugram entre sus manos y se lo ofreció a la dama para su inspección.

— Convencí a mi padre para que te ofreciera este tesoro, espero que sea de tu agrado, Rukia-hime.— Jugram le comentó con amabilidad en su voz, aunque su rostro seguía serio, la mirada que le dirigió a la aludida le sacó un pequeño sonrojo que le creo la duda de si sería tan malo un matrimonio con él.— Te aseguro que nuestro matrimonio será una satisfactorio.

— Acepto,— Ni bien vio la flecha sabía lo que significaba, la salvación de su hermano. Tomó el cofre entre sus manos pero cuando sus dedos rozaron los de Jugram sintió que su rostro ardía. Se dirigió a la salida de la sala escuchando risitas pícaras de los ancianos de ambos clanes. Aún así, los cascabeles de su cabello tintineaban con cierta tristeza con cada paso que daban, la inseguridad aún no abandonaba su corazón. Antes de abandonar totalmente el salón, le dirigió una mirada despectiva a Yhwach y a los ancianos del clan quincy ahí presentes.— ustedes pueden ultimar los detalles faltantes sin mí. Con su permiso, Jugram-sama.

Cuando salía, aún podía sentir la mirada amenazadora de Yhwach, podía sentir la lujuria que le dirigía a ella. Qué con exactitud deseaba era lo que temía averiguar. ¿Realmente la quería para esposa de su nuevo hijo? Sólo esperaba que su futuro esposo la protegiera de ese hombre.

El silencio de la sala se prolongó hasta que se dejaron de escuchar los cascabeles sagrados.

— ¡Perfecto, la boda se celebrará mañana al mediodía para que la gran diosa Amaterasu bendiga este matrimonio!

— Vestirá los ropajes nupciales Quincy.

— La boda se celebrará en un templo Kuchiki— Ancianos y consejeros de ambos clanes festejaban la unión y acordaron detalles con respecto a la futura vida matrimonial de su princesa. Aunque el semblante de Ginrei se notaba decaído por la decisión de su nieta, entendía porque lo hacía, no tenían muchas opciones.

— Sasakibe-sama, informe a sus majestades que me quedaré para atestiguar el matrimonio.— Shunsui había perdido toda la alegría de sus voz, él esperaba que la joven rechazara la oferta de matrimonio con alguien tan sombrío como Jugram Haschwalth.

— Como usted diga, Kyoraku-sama.


Rukia corrió a la habitación en la que se encontraba enclaustrado su hermano para impedir el avance del shikigami, el espíritu cumplió con su parte del trato, la proveyó de los medios para salvar el alma de su hermano, su vida aún estaría en duda. No importa, aunque eso no la salvara a ella, tal vez su su clan se salvaría de la ira del emperador.

— Perdoname, Nii-sama, ya no podremos seguir el mismo camino.

Momo le facilitó su arco sagrado y con eso lanzó la flecha al Shikigami que no había cesado su ataque a su hermano desde hace tres meses, sólo su entrenamiento lo ha mantenido con vida. La flecha atravesó la poderosa barrera que había creado su hermano y no detuvo su camino hasta clavarse en el corazón del monstruo y purificar todo el miasma contenido por la barrera.

Los sirvientes de su hermano entraron a la habitación y se llevaron a su señor a sus aposentos privados con la esperanza de que se recuperara.

— Ya verás que se recuperara pronto, Rukia.— Ella agradeció para sus adentros el apoyo tomando la mano que posó en su hombro.

— Gracias por tu palabras, Renji, te lo encargo mucho. Ahora debo de prepararme para mi boda.

— Lo siento mucho, sé que no querías casarte bajo estas circunstancias.

— Yo quería usar mi propio vestido de novia, ¿sabes?, lo comencé a confeccionar desde pequeña.


El lado bueno de purificarse bajo una cascada en verano era que el frío del agua se hacía tolerable, o lo sería si no fuera de madrugada. Sino fuera por su entrenamiento y la costumbre de tomar uno de estos baños al menos tres veces por semana estaría totalmente congelada, ya bastante difícil era mantenerse en pie en esa roca. Todo estará bien mientra no haya nada que la haga perder su concentración.

— ¿Cómo lo hice, Mariposita?

— Awaaaa.

Rukia cayó de la sorpresa de escuchar que le hablaban, el agua del río le calaba hasta los huesos y la intromisión fue tan inesperada que empezó a ahogar. No recordaba que el fondo de la cascada fuera tan hondo. No debía de serlo.

— Tranquila, toce.— Zangetsu la sujetaba por debajo de las axilas y le daba palmadas en la espalda para que no se ahogara mientras lo llevaba a la orilla.

— ¿Qué cof cof haces aquí?

— Quería saber cómo te fue, ¿pudiste eliminar al espíritu que agobiaba a tu hermano?

— Sí cof cof, él ya está bien o lo estará.

— Perfecto, ahora cuéntame lo que sucedió, Mariposita, y no escatimes en detalles.— Él la reacomodo sobre sus pies.

— ¿Dónde estamos?— Rukia volteó a ver a todos lados, no reconocía la cascada, esa no era la cascada que suele usar. Su ropa estaba muy mojada y se le pegaba como una segunda piel al cuerpo tampoco ayudaba a darle algo de seguridad.

— Te traje aquí para hablar, igual que ayer escogí un escenario medianamente familiar.

— ¿Por qué?— El interés de la creatura la inquietaba, y el hecho de que apenas y la soltara le generaba un calor familiar.

— Tu caso me es interesante, tengo curiosidad, tu situación no es normal, por decir lo menos... me costó trabajo traerlo hasta aquí sin que se diera cuenta de mi influencia.— Zangetsu los levantó a ambos y los adentró más en ese lugar oscuro y húmedo, una cueva.

— ¿Querías saber si estoy bien?

— Entre otras cosas, fue extraño sentir tanta agresión y lujuria furiosa de parte de un ser humano. Ese hombre tiene ansias de destrucción.

Cuando llegaron al fondo de la cueva se sorprendió al darse cuenta que ya no se sentía asfixiante el aire y que había un pequeño altar altamente iluminado. Lo que ya no la sorprendió ver fue una superficie acolchada y lista como para una ceremonia de té, o que su ropa de purificación estaba completamente seca, junto con su cabello que se encontraba perfectamente cepillado y peinado con sus cascabeles.

— Veo que te gusta mucho socializar.

— A la que le gusta es a ti, no suelo hablar mucho con mis clientes.

— ¿Por qué formicas con ellos?— Le picó las costillas literal y figurativamente, fue divertido ver cómo pasaba la confusión en el rostro de Zangetsu.

— ¡C-callate!, te dije que me da curiosidad tu situación, no tiene nada que ver porque me preocupara por ti.

— Oh, con que te preocupaste por mí.

— No sé de qué hablas.— El rostro de Zangetsu estaba ligeramente rojo.

— Yo no mencione que te preocupas por mí, je, je, je.— Rukia escondió su risita detrás de su mano.

— No me vuelvo a preocupar por ti. No te volveré a traer a mi mundo.

— Je, je, je, si tú lo dices, pero estoy segura de que me extrañarías.

— ¡Ya cuéntame que sucedió!

— ¡Ay, qué impaciente!

— ¡Pues si no me dices nada!

— Te lo diré cuando YO quiera.

Se miraron desafiantemente, ninguno tenía la intención de dar su brazo a torcer. El primero en desviar la mirada sería el perdedor.

— ¡Tú ganas, ya dime lo que sucedió!— En ese momento chasqueo sus dedos y la jarra de té comenzó a humear.

— Bueno— Zangetsu comenzó a servirle té—, no estoy segura, Yhwach dijo llegar en son de paz, pero...

— No le crees, ¿verdad?— Se sirvió en su propia taza y le dio un sorbo.

— Trajó a un mensajero y emisarios reales, lo hizo para comprometernos con el Shogun y el Emperador. También temo que su ejército nos ataque mañana, una vez que...

— ¿Una vez que qué, Mariposita?— La instó a continuar una vez que su silencio se prolongó más de lo esperado.

— ...que me case con su heredero.— Ella seguía sin beber de su té, sólo jugaba con la taza entre sus manos.— Aunque parece muy amable y es muy atractivo.

— ¿Te gusta tu futuro esposo?

— N-n-no lo sé— Se puso realmente roja, Jugram era un hombre del que parecía se podría llegar a enamorar o al menos de disfrutar de pasar por su cama.—, podría ser un glamour, he escuchado que es muy hábil espiritualmente, tampoco tengo la seguridad de que me vaya a proteger de Yhwach..., me hubiera gustado escoger a mi marido por mi misma y no obligada por circunstancias adversas.

— ...Lo siento, de no haber sido por la distancia te habría podido ayudar más.

— ¿Aún me podrías ayudar?

— Tendrías que darme algo a cambio— Zangetsu se terminó su té y puso la taza en la mesa.—, algo de mayor valor o poder, entre más deseos me pidas el costo aumentará y te pondrá en riesgo.

— ¿No te bastó con lo de ayer?— Rukia se arrastró a Zangetsu y con un tono meloso de voz se recargó en él.— Tomaste mi virginidad y obtuviste mucha energía de ella.

— Y-yo n-no te la pedí, tú me la d-diste sin que te la pidiera. Hasta podría decir que abusaste de mí.

— ¿Seguro?— Ella empezó a acariciar a su muslo por encima de su ropa.— ¿Me vas a decir que no te gustó?, porque a mí sí, y mucho.

— Pues, p-podría...— Se inclina ligeramente como para darle un beso y se retracta inmediatamente.—, no, no sería lo correcto. Te vas a casar y no sería apropiado.

— Ándale, a mí me gustó el sueño de anoche.— Rukia empezó a desabrochar el frente del obi del kimono que vestía Zangetsu esa noche. Eso pareció ablandarlo.

— Pero no me has pedido ningún deseo.— Pasó su brazo por detrás de la espalda de su Mariposita y comenzó a tentar a su trasero por encima de la ropa. Como le encantaba ese trasero.

— Pues me gustaría que Yhwach ya no sea una amenaza más, para mí o para mi clan.

— Creo que puedo hacerlo, pero no creo que puedas pagarlo, hacerlo no será fácil.— volvió a acercarse a ella, paseaba su nariz por su rostro y cuello, sin realmente llegar a tocarla.

— ¿Cuál sería tu precio?— Rukia metió por fin su mano por debajo del kimono y acarició suavemente su abdomen y pectorales por debajo de la ropa.

— He escuchado decir que tu cabello tiene propiedades místicas...— Ahora era él quien desanudaba el sencillo nudo del kimono interior de Rukia, pero sin soltarla de su cadera.

— Eso sólo ocurre cuando lo uso con los cascabeles que heredé de mi abuela.

— Los quiero, junto con tu cabello.

— ¿Cómo podría dártelo si están en el mundo material?

Zangetsu seguía sin tocar su piel, pero con un movimiento de su mano transfiguró una daga que le ofreció a Rukia.

— Tendrías que cortarlo, de lo demás me encargo yo.

— ¿Te diste cuenta que dormí con mis cascabeles?— Ella tomó la daga entre sus manos.

— Por eso no te he tocado realmente, no quisiera que tanto poder me lastimara.

— Lo mandaré poner en el templo de mi familia para que protejan como una ofrenda.— Le dijo mientras cortaba los ciento ocho mechones quedando un resultado irregularmente tasajeado apenas por debajo del hombro.

— Me gusta este mechón tuyo.— Le dijo Zangetsu mientras jugaba con el terco mechón que siempre ha enmarcado su rostro y que nunca pudo acomodar y le impedía cortarlo.

Rukia se le sonrojó con sus palabras, no pudo evitar acercarse para darle un un beso largo en sus labios aun con el último mechón en sus manos. Quería más, también quería darle poder para que hiciera lo que tenía que hacer.

Cuando menos se dio cuenta estaba recostada y desnuda en el suelo acolchonado con Zangetsu, igualmente desnudo, besándole el cuello mientras la penetraba lascivamente, entraba y salía de ella. En su mano aún tenía el mechón que se sentía suave, diferente, como listones de seda, igual que el resto de sus cabellos que habían terminado debajo de ella.

— Zangetsu...— Esas estocadas suyas serían su perdición.

La velocidad de su apareamiento la estaban enredando entre la seda negra. No quería dejar ese placer.

— Dime..., Mariposita.

— Dese...


— Rukia-sama, despierte, debemos prepararla para su boda...— Momo la sacudía de sus piernas, la hermosa joven se encontraba tapada hasta la cabeza dejando solamente visible su cabello decorado con los cascabeles, que se negó a quitarse esa noche, que parecían una corona por la forma en que rodeaban el futón.

— Ya voy... dame cinco minutos...

— Vuelvo en un momento Rukia-sama, haré traer la tina para usted.

— Sí...— Rukia seguía atrapada en el placer de sus sueños, en la sensación que le dejó en la piel su encuentro con Zangetsu, el maldito aprovechado. ¿O era ella la aprovechada?

Rukia escuchó como los sirvientes traían la tina en la habitación contigua y perfumaban el agua con sus aceites favoritos.

— Rukia-sama, ya es hora.— Momo estaba poniendo los biombos para darle privacidad a su señora.

— Ya voy...— Rukia se levantó del futón, aun somnolienta, sólo sintió como su cabello caía por su espalda como todas las mañanas.

— ¡Oh, Dios mío, Rukia-sama!— Su sirviente estaba pálida, apuntaba alarmada.

— ¿Qué pasa, Momo, por qué gritas?— Aún estaba adormilada, era demasiado temprano.

— ¡S-su cabello, m-mi Señora, s-s-s-su c-cabello!— Momo no paraba de apuntar al cabello de Rukia.

— ¿Qué tiene mi cabello?— Rukia dirigió sus manos a su cabeza esperando encontrar su larga cabellera.— ...— tanta era su impresión que ambas ignoraron completamente el hecho de que estaba desnuda otra vez o de las ligeras marcas de de dedos que cubrían su cuerpo.

Rukia inhaló y exhaló varias veces para no perder la compostura, el sueño había trastocado la realidad. ¿Eso significaba que había dejado de ser virgen?

— Momo, trae espejo y tijeras, necesito que me cortes el cabello, también trae a otra sirviente para que recoja el cabello y lo envíe al altar de mi familia, que diga que es mi regalo de despedida para el clan, que deseo que sea cuidado. No le será tan complicado, los cascabeles lo han mantenido en su lugar.

— ¿Rukia-sama, qué piensa hacer?

— Haz lo que te dije— Rukia no quería que viera la daga ceremonial entre las cobijas con la que debió de haberse cortado su cabellera.— ¡Ahora!

— ¡Cómo diga, Rukia-sama!


El palanquín nupcial llevaba a la hermosa novia con una comitiva de cien sacerdotes y sacerdotisas que se ofrecieron a acompañar a su princesa a modo de despedida, pues tendría que partir a las tierras Quincy una vez finalizada la ceremonia. Y, como dicta la tradición Kuchiki, ella debe de llegar primero al templo para ser enclaustrada en oración hasta el inicio de la boda.

Rukia iba ataviada con ropajes blancos con vivos azules, eran muy ajustados y reveladores para su gusto, más parecía un traje de combate si no fuera por el velo que cubría su cabeza y su cabello recientemente cortado al cuello. De su antes impresionantemente larga cabellera sólo quedó el terco mechón que cubre su frente, un rasgo de su tierna infancia que nunca pudo eliminar, pero que en este momento aprecia.

Ya iba a la mitad de sus oraciones y seguía sin escuchar el cortejo nupcial de su futuro esposo acercarse, se estaba retrasando.

— ¡Rukia-sama— entro al claustro uno de los sirvientes de su abuelo, se notaba que había corrido todo el camino por el sudor que corría por su frente, lo desordenado y sucio de sus ropajes también indicaba que había caído varias veces durante su trayecto y su falta de aire era porque no se detuvo a recuperarlo.—, debe de regresar inmediatamente a la mansión, ha sucedido algo terrible!

Rukia ignoró el llamado del joven, se dedicó a continuar con sus rezos purificadores.

— Cálmate, muchacho, respira y cuéntale a nuestra Señora qué sucedió— Habló, con voz calma pero firme Retsu Unohana, sacerdotisa mayor del templo y encargada de cuidarlo.

— Su futuro esposo ha ordenado que regrese a la mansión, ha ocurrido algo terrible...¡Su futuro suegro ha muerto esta mañana!

— ¿Qué has dicho...?— Esa noticia logró que detuviera sus rezos, eso no era posible, Yhwach era demasiado poderoso.— ¿Cómo ha muerto?

— No lo sé, mi Santa Señora, sólo me han ordenado que se le escolte de regreso.


— ¿Qué lograste averiguar, Momo?

— Van a ejecutar a una mujer, ella despertó junto a Yhwach-sama, los dos estaban desnudos en su lecho. Aunque dudo que ella haya podido haberle hecho nada, es muy pequeñita en comparación.

— ¿Cómo se llama la mujer?

— Liltotto, Rukia-sama.

— ...Llévame con ella.


Liltotto Lamperd, sin duda era una mujer pequeña, casi una niña en realidad, en comparación con su futuro suegro. Sus facciones aún eran infantiles, sus caderas apenas y empezaban a ensancharse y sus pechos apenas y se estaban formando debidamente. Seguramente ha de haber pasado más de un año en que le viniera sus sangrado. No había manera de que ella lo hubiera matado. Era completamente innecesario que la sujetaran desnuda entre dos hombres mientras la interrogaban.

— Su Excelencia, yo no he hecho nada, tiene que creerme.— la torturaban con azotes en busca de respuestas.

— ¿Qué es lo que sucedió?— Jugram apenas y podía contener la ira que le producía ver a esa niña/mujer que recientemente había sido seleccionada como la amante en turno de su padre.

— Ya se lo dije, no lo sé, complací a Yhwach-sama como siempre y dormí a su lado, bajo órdenes expresas de él por si se le complacía tomarme durante la noche.

— ¿Entonces de dónde salieron estos listones que estaban enredados en su cuello?— Sostenía en sus manos unos hermosos listones de la seda negra más fina existente.

— A Yhwach-sama le gusta amarrarme y vendarme durante nuestros encuentros. Dice que de ese modo podré recibir mejor su hombría y sostener su semilla. Se lo juro, Jugram-sama, yo jamás lastimaría a mi señor, por favor, créame, ¡por el hermano que le voy dar, créame!— Y era cierto, la casi niña tenía un pequeño vientre de embarazada.

Sus palabras, en lugar de calmarlo, enfurecieron más a Jugram. Él comenzó a patearla en la barriga con unos zapatos con punta de metal que vestía para la ocasión, él continuó hasta que ella perdió el conocimiento del dolor y sus zapatos quedaron empapados con su sangre..

— Bazzard, organiza a los ancianos, que preparen el cuerpo de mi padre para transportarlo después de la boda. Y asegurate que sepan que el trato sigue en pie, me casaré con Kuchiki Rukia mañana.

— ¡Sí!


— ¿Cómo te sientes?— Una voz amable atendía a Liltotto y le ponía paños húmedos en la frente para bajarle la fiebre que le provocaron las amables preguntas de Jugram Haschwalth., aunque no estaba resultando muy efectivo. La joven lucía tan pequeña por el dolor, su piel estaba fantasmagóricamente pálida, sus labios estaban secos y agrietados y tenía ojeras profundas en sus ojos.

— ¿D-dónde estoy?— Recuperó el conocimiento lentamente, pero su voz era ligera, sin fuerzas y todo su cuerpo estaba perlado en sudor. En definitiva era una niña que fue forzada a convertirse en mujer.

— En los calabozos Kuchiki.

— ¿Q-q-quién e-eres?

— Soy Kuchiki Rukia.

— L-la mujer q-que quería mi señor...

— ¿Para que me quería?

— C-como ganado, quería cr-cruzar nuestras s-s-sangres.

— ¿Con tu hijo y el mío y el de Jugram-sama?

Liltotto asintió, se notaba cansada.— Y d-después se enca-encargaría de destruir a los Kuchiki.

La joven comenzó a sollozar suavemente, temerosa de lo que le podría suceder.

— ¿C-c-cómo está mi b-b-bebé, Rukia-sama?— Liltotto empezó a temblar, su temperatura empezó a subir descontroladamente.

— Lo has perdido, lo siento mucho, tu vida también peligra, sigues desangrandote por las heridas que te provocó Haschwalth-dono.

— ¡WAAHHH!— La niña/mujer empezó a convulsionar y a soltar espuma de su boca provocada por la fiebre.

— ¡Sujétenla,y asegurense de que no muerda su lengua!— Rukia ordenó a sus sirvientas y dejó el calabozo antes de regresar al salón principal en donde la esperaban para entregarle otro vestido de novia ya que este quedó arruinado por el lodo y la lluvia que comenzó a caer cuando regresaba a la mansión.—, que esté lo más cómoda y posible, por favor.

Después de eso salió de la sala, asustada y algo temblorosa por lo que pudo haber sido de ella si Yhwach siguiera vivo. Al menos su clan estaría bien ahora.

Por su lado, Liltotto Lamperd no llegaría con vida a su ejecución programada para esa misma tarde.


— Nii-sama, aprovecho para despedirme, porque no despertarás hasta después de que me haya ido. Mañana, sin falta, seré desposada y tendré que dejarte para siempre.

La hermosa joven lloraba mientras sujetaba la mano de su inconsciente hermano y su abuelo la abrazaba para hacerle saber que estaba ahí para ella, antes de tener que retirarse a su habitación, aun con la esperanza de que se recuperara completamente en un futuro cercano.

A esta hora, mañana, ella ya no pertenecería al clan Kuchiki.

Vino a despedirse de su adorado hermano y abuelo.


Rukia estaba preparándose para dormir con ayuda de su fiel sirviente y amiga, incluso le había pedido que trajera una botella y dos copas de sake para despedirse y celebrar por su futura boda.

Estaban tranquilas, apenas y se habían servido una copa de sake y reían como tal vez no volverían a hacerlo jamás.

— ¡Maldita zorra!— La puerta de su habitación fue abierta con violencia. Era Jugram Haschwalth que entró con furia en sus ojos y rostro desencajado, su cuerpo se movía rígidamente, había perdido esa tranquilidad y gracia natural que lo había caracterizado hasta esta mañana. Mostraba su verdadera personalidad.

— Jugram-sama, no puede entrar a los aposentos privados de Rukia-sama de ese modo.— Momo intentó detenerlo y calmarlo, sólo para ser aventada hasta el otro lado de la habitación.

— ¡¿Cómo te atreves a pasar por encima de mí?!

— No sé de qué habla, yo no he pasado por encima de usted o menoscabado su autoridad, futuro esposo.— Rukia, apenas, se mantuvo tranquila para evitar aumentar su agresividad, pero tenía unas ganas terribles de golpearlo o utilizar a su Shikigami, Sode no Shirayuki, pero sólo podría empeorar la situación.

— ¿Creíste que no me iba a enterar?

— ¿Enterar de qué, querido esposo?

— Fuiste a ver a la perra de Liltotto y algo de lo que hiciste la mató.

— No veo el problema de ello— Y de verdad lo hacía.—, la pobre niña necesitaba atención médica y de todos modos iba a morir, ¿no?, lo único que hice fue hacer proceso menos doloroso.

La furia que invadió a Jugram se manifestó físicamente. Tomó a Rukia de hombros y la zarandeó tanto que un guardia cercano entró corriendo y lo amenazó. Se podían escuchar los gritos de Momo tratando de alejarlo de su señora. La única que mantenía un semblante de tranquilidad era Rukia

— ¡Aléjese de ella!— El guardia lo amenazó con su wakizashi al cuello. Un acto imprudente que podría llevarlo a la horca por amenazar a un noble de alto rango. Aunque logró que Jugram la soltara, pero no se alejara ni un centímetro de ella.

— Tranquilos todos— Rukia intervino para calmar los ánimos de los presentes.—. Momo, retírate a tus aposentos, yo me me prepararé sóla para dormir...

— Pero, mi Señora...

— Ya la escuchaste, retírate. Nosotros tenemos cosas que discutir.— Jugram petulantemente, pero más contenido, hizo que se retirara la dama de compañía.

— Rikichi-san, usted también.

— Rukia-sama, no me parece nada apropiado...

— Por favor, él no me lastimará.— Rukia lo vió suplicante, sabía que si permitía que él siguiera ahí Jugram lo acusaría de amenazarlo y con certeza lo ejecutarían sin importar que hiciera lo correcto y estuviera cumplendo con su deber.

— De acuerdo...— Rikichi se fue, con los hombros caídos en franca derrota y conocedor que el próximo líder Quincy lo mataría en un santiamén y no recibiría ningún tipo de castigo por inclumpir las leyes del shogunato de utilizar su arma en un palacio. Necesitaría testigos para asegurarse de que su señora está bien, sólo esperaba no llegar demasiado tarde.

Unos minutos después de que se fueron Jugram dio dos pasos atrás.

— Está será la última vez que pasas sobre mi autoridad.

— Jugram-sama, mostrar piedad no es pasar por encima de la autoridad de nadie. Ella ya había sufrido bastante porque la enviaron a calentar las sábanas Yhwach-dono. ¿Viste los moretones que tenía o los daños en sus genitales? Seguramente Yhwach-dono era muy violento durante sus encuentros.

Como única respuesta recibió una bofetada que la tiró al suelo y la dejó con la vista desenfocada.

— Cuando regresemos a las tierras Quincy no quiero que me vuelvas a humillar como lo hiciste hoy— Después de eso se agachó y tomó bruscamente la mano izquierda de Rukia y puso en su dedo anular el anillo que lo representaba como futuro líder clan.—. Este anillo te marcará como mi propiedad y no te lo podrás quitar mientras vivas. Hasta mañana, querida esposa.— La besó en los labios, mas ella se resistió y terminaron en el suelo con él encima de ella luchando por dominar la situación. Jugram profundizó en beso con tanta dureza y exigencia para que ella abriera sus labios en señal de sometimiento que al no conseguirlo, le mordió el labio con la intención de lastimarla y castigarla hasta hacerla sangrar. Ella seguía luchando tratando de darle golpes con sus puños, pero él los tenía bien sujetos y por la creciente erección que ella podía sentir, eso le gustaba. Dejó su boca y bajó por su cuello hasta desnudar su pecho y dejarle varios chupetones y mordidas, con especial esmero en dejar marcados sus pezones. De seguir así la tomaría en contra de su voluntad.

— ¡Ya basta!— El llanto de auxilio de Rukia apenas salió de su garganta, contraída por el terror de lo que él pudiera hacerle. Y eso lo detuvo, eso era lo que Jugram Haschwalth quería, saberla sometida y asustada bajo él, escucharla suplicante y con lágrimas de lo que transcurrirá entre ellos a partir de mañana.

— No importa, mañana terminaremos esto...— Le dio un lenguetazo a uno de sus pezones antes de retirarse de encima y apagar las velas que iluminaban la habitación. Lo cual la aterró de que él pudiera arrepentirse de haberse detenido.— Espero con ansiedad tenerte debajo de mí y moldear tu pasión a mi satisfacción.

Y con eso se fue, dejándola en el piso, aterrada por el prospecto de compartir el resto de su vida con un hombre así.

El dedo y el labio de Rukia dolían y su cuerpo se sentía sucio. Su dedo porque mientras el anillo, de naturaleza mística, se ajustaba a su dedo la quemaba. Su labio por la cortada del beso que forzó Jugram entre ellos. Su cuerpo se sentía sucio porque, a pesar de no querer lo que le hizo Jugram, no pudo evitar excitarse ante el recuerdo del placer que Zanguetsu le dio en sus encuentros, pensar en él lo hizo menos horrible pero ahora se arrentía. Ya ni siquiera se molestó en arreglarse el kimono, ya no sentía nada más que deseos de llorar.

La humedad entre sus piernas y lo endurecido de sus pezones la hizo llorar aún más porque nunca conocería semejante pasión y aprecio de un hombre que la amara. Lloró y se arrastró a su futón con mucho esfuerzo. Sólo tenía ganas de llorar y eso hizo. Lloró hasta que se dio cuenta que estaba en uno de los jardines de los templos que estaban a cargo de su familia. Dejó de llorar porque se dio cuenta de que, además de estar en medio del jardín, estaba recostada en un tibio regazo y sentía dedos acariciando su cabello con ternura.

— ¿Por qué lloras?— Era la voz de Zangetsu, la había traído al mundo de los sueños.

— ¿Zangetsu?— Estaba confundida, él le había dicho que no se volverían a ver.

— ¿Qué te acongoja?— Sus caricias eran tan amables, justo como su toque íntimo.— Te di lo que me pediste, te di los medios para salvar a tu hermano y me encargué deshacerme del enemigo de tu clan, ya no te queda nada de lo que te deba de preocupar...

— ...Mañana...

— ¿Mañana?— Zangetsu estaba realmente intrigado, ¿qué tendría tan agobiada a su Mariposita?

— ...Tendré que casarme con el próximo líder del clan Quincy.

— Ya me lo habías dicho.— Las caricias de Zangetsu se volvieron más lentas, como si tratara de prolongarlas.

— Nunca pensé que él sería tan monstruoso como Yhwach.— Zangetsu dejó de acariciar su cabello.

— ¿Qué te hizo?— Esa pregunta puso a Rukia rígida, no quería recordar lo que había transpirado con ese hombre.

Al ver que Rukia no le respondía después de muchos minutos, la volteo en el suelo para mirarla fijamente. Ella desvió la mirada, avergonzada de que adivinara lo que le sucedió.

— ¿Qué es lo que hacemos aquí? ¿Por qué me has convocado? Creí que habíamos ya no podías venir.— La tomó de la barbilla y la obligó a verlo a los ojos.

— Yo no te convoqué, tú me trajiste a mí.— Cerró los ojos cuando sintió como él acariciaba suavemente su labio partido, disfrutaba ese toque romántico y erótico a la vez, aunque no fuera esa la intención, pero sí sentía su preocupación.

— Te equivocas, Mariposita, tú me trajiste aquí.— Empezó a bajar su dedo por su cuello, abriendo el cuello de su kimono y viendo las marcas que le dejó Jugram.— Si tienes otro deseo, dímelo y yo te lo concederé, al diablo las reglas.

Rukia ya no se pudo resistir, tenerlo tan cerca y no besarlo era una tortura. Puso su mano izquierda en su pómulo y lo acercó para besarlo, tal vez sea la última vez que lo vea. Aunque él sólo la quisiera para tomar energía de ella, alimentarse del poder que generaban sus encuentros, ella lo extrañaría porque nunca la forzó a entregarle nada. Ella se lo dio por voluntad propia y con placer lo haría de nuevo.

— ¡Ay...!— Ella gritó de un dolor terrible que sintió en su mano izquierda cuando sus labios se tocaron. El dolor de su mano, en específico de su dedo anular, fue tanto que lo empujó para poder sujetarse la muñeca para calmar los espasmos y descargas eléctricas.

Zangetsu la abrazó para calmarla, y no la soltó hasta que se pasó el dolor. Cuando se calmó la volvió a recostar en el suelo para que recuperara el aire. La tomó de la mano izquierda y empezó a repartir besos en ella hasta llegar a sus dedos y observar con detenimiento su dedo enrojecido al punto de parecer morado y con las venas de su mano pronunciadamente marcadas por el dolor.

— Tienes un anillo maldito.— Él estaba molesto de que su beso hubiera sido interrumpido por un objeto como ese.

— Él me lo puso, dijo que no me lo podría quitar nunca.

— Se equivoca, en este lugar puedes hacer prácticamente todo lo que desees.— La levantó y la sentó entre sus piernas, tomó sus manos entre las suyas de modo que, con su mano derecha, pusiera sus dedos sobre su dedo anular.— Ahora, quítatelo.

Y eso hizo, mientras Zangetsu la sujetaba de las manos, ella tomó y haló el anillo hasta que este salió de su dedo.

— ¿Ves?, tienes tanto poder que te has podido quitar el anillo.

Rukia no dijo nada, sólo miraba el anillo que reposaba, casi con inocencia, en la palma de su mano. El anillo diseñado para atarla a la voluntad de Jugram. Cerró el puño de su mano y lo aventó lo más lejos que pudo. A pesar de estar en un sueño lo escuchó tintinear contra el suelo de su habitación. Después de que hizo eso, Zangetsu la abrazó con más fuerza, como si no quisiera dejarla ir; ella se recostó contra él disfrutando el calor que emanaba de él.

Permanecieron en esa posición hasta que el dolor cedió a un hormigueo incómodo.

— Tienes razón, tengo otro deseo.

— Ya no tienes nada que puedas darme, aunque trataré de concedertelo.— Zangetsu empezó a besar su mejilla.

— ¿No vas a escuchar mi deseo primero?— Ella inclinó su rostro para que pudiera besar su cuello con libertad.

— Dímelo, pero no creo que tengas más nada que dar a cambio así que tal vez tenga un efecto limitado.— Subió su boca hasta llegar a su lóbulo y morderlo ligeramente, eso hizo suspirar a Rukia. ¡Cómo quería que se hombre hiciera eso en su parte más íntima.

— No deseo, ah, casarme con Jugram Haschwalth.— Zangetsu metió su mano entre las telas de su kimono y llegó a encender la pasión que no sabía que había tenido todo el día cuando empezó a tocar su coño placenteramente.— Ahh, deseo casarme con alguien de mi elección, ah...

— Suena excelente, nadie debería estar atado a un hombre como ese. ¿Pero qué podrías darme? Lo que me pides no es fácil, ni barato. Mi capacidad de intervenir en el mundo físico no es tan basta.

— Te daré, ah, ah...— Zangetsu, metió su otra mano por debajo del kimono hasta llegar a su teta y la empezó a acariciar sin dejar de estimular su muy mojado coño.— mi mano, ah...

— ¿Tu mano?, ¿por qué no las dos?, ja, ja, ja.— Aceleró el ritmo de sus estimulaciones.

— También quiero, ahhh, tu mano para mí, ahh...— Logró que ella alcanzara el orgasmo y, en consecuencia, hizo que el jardín se volviera más luminoso, que los cantos de los pájaros se empezaran a escuchar armoniosamente y que brotarán flores que no suele haber en los templos generalmente.

— ¿Eh?, no te entiendo.— Rukia se volteo lentamente y, aun en su estado de éxtasis sexual, le desnudó la cadera para poder liberar la dura verga de su túnica y enterrarla tan profundamente en su coño como una espada en su funda.

— Quiero, ah, casarme contigo, ah...— Fue, con esa confesión, que ella comenzó a mover lentamente sus caderas, ansiosa de prolongar el placer que sólo desea recibir de ese hombre.

— No sabes, ah, Mariposita, lo que significa, ah...— La sujeto de sus caderas para ayudarla a mantener el ritmo. Esa lenta cadencia era maravillosa.

— Ah, ah, lo sospecho...— El costo debía de ser muy alto.

— Me sería, ah, ah, matar a Jugram sería, ah, más fácil.

— Él no me importa, ah, ah, sólo me importas tú, te quiero para mí, ah, ah...

— ¿Acaso, ah, deseas que me, ah, responsabilice de tomar tu, ah, ah, virginidad?— Soltó sus caderas y tomó sus manos entrecruzando sus dedos entre las suyas.

— Llámalo, ah, como tú quieras, ah...

— Tendrías que decirme tu nombre.

— Y tú el tuyo.— No le dio tiempo de meditarlo, lo besó mientras seguían los lentos vaivenes y se sujetaban las manos.— Me llamo Rukia.— Se separó para decirle su nombre y mirarlo a los ojos.

— Ah, ah, Rukia, que hermoso nombre, yo soy Ichigo.— Y con eso la besó de vuelta. A ella le pareció escuchar de fondo que algo caía al suelo.

Siguieron con el beso, las lentas penetraciones y sosteniéndose de las manos hasta que sintieron sus orgasmos invadirlos, el calor de la corrida y que sus nombres salieran de la boca del otro en forma de suspiro.

La fuerza del orgasmo los hizo caer al suelo agotados, pero sin soltarse o abandonar el interior del otro. Sólo se quedaron viendo, como si fuera la primera vez que realmente lo hacían.

Zangetsu, ahora Ichigo, había perdido los cuernos y las marcas que lo habían caracterizado hasta entonces, pero mantenía ese sensual cabello largo.

— Eres hermoso...

— Detente...— El tono de su voz se volvió duro.—, ya basta de juegos, no es momento para bromas.

— ¿Por qué?, ¿no te gusto para esposa?— Rukia fingía que no sabía qué era lo que le molestaba.

— Yo no puedo vivir en el plano terrenal.

— Te pedí que te casaras conmigo, no que vivieras en mi mundo.— Ichigo permitió que el peso de su declaración se asentara en él.

— ¿Entiendes qué es lo que me pides?— Suavizó su voz esperanzado de lo que ella podría decirle.

— ¿Entiendes que te pedí que te casaras conmigo?

Ichigo la volvió a besar con ternura y, para disgusto de Rukia, abandonó su interior al levantarse.

— Entonces vámonos, Mariposita.— Le ofreció su mano para ayudarla a levantarse.

— No me digas así, soy Rukia, Kuchiki Rukia.— Ella tomó su mano y cuando lo hizo el jardín desapareció y estaban en su habitación en el mundo humano, con la única diferencia de que ahora vestía el vestido de novia que ella había confeccionado desde niña con mucha ilusión en lugar del kimono de antes. Ichigo vestía un elegante gi y hakama, uno perfecto para una boda.— Vamonos, Zangetsu.— Ella entendió el juego entre ellos y se la devolvió.

— No soy Zangetsu, soy Ichigo, ja, ja, ja.

Se tomaron de la mano y se fueron tranquilamente, sonriendo en todo momento.


La habitación estaba silenciosa, muy oscura y terriblemente fría, como si la vida que tenía hubiera sido succionada por completo, de no ser por las copas y botellas de sake tiradas en el suelo uno pensaría que nadie habitaba ahí desde hace años.

— Ruka-sama, es hora de despertar.— Momo, la fiel sirviente, entraba a la habitación de puntillas, tratando de obtener algo de calor al frotar sus brazos, pero con poco éxito. Su boca generaba nube de vapor visible gracias a la vela en mano.

— Rukia-sama, por favor despierte.— La joven se encargó de prender el fogón para que la habitación entrara en calor y en preparar los ropajes y maquillaje para ese día, aunque su joven señora aún seguía tendida plácidamente en el futón.

— Rukia-sama...— Harta de no obtener respuesta la joven se acercó a su durmiente señora y la destapó para que despertara de una vez por todas.

— ¡RUKIA-SAMA, WAHHHhhhh!

La joven señora estaba a medio vestir, fría como si hubiera estado jugando en la nieve, con los labios y las uñas azules, y con una sonrisa enorme de felicidad.


Lo rayos del sol se filtraban por la ventana, dejando un ambiente cálido y agradable.

Entró una sirvienta del servicio médico y aprendiz de la Sacerdotisa mayor del templo, Isane Kotetsu, con los instrumentos adecuados para alimentar y limpiar al líder del clan. Afortunadamente, el hombre ya había recuperado color.

— Byakuya-sama, ¿cómo se siente el día de hoy?

El silencio respondió a su saludo.

— Unohana-sama nos dijo que debíamos de hablarle para que recuperara el conocimiento.

La mención de la sacerdotisa pareciera haber generado una respuesta en el hombre porque sus ojos se apretaron, seguramente debido al miedo por la mencionada mujer, que es tremendamente intimidante.

— Voy a sentarlo para darle su medicina y después le daré su desayuno.

En eso estaba cuando entró intempestivamente Renji Abarai a la habitación, sin importarle que no tenía permiso del personal médico de hacerlo.

— ¡Byakuya-dono, despierte, es imperante que lo haga, algo terrible acaba de suceder!— El joven sacudía a su amo vehementemente, tratando de traerlo de vuelta, pareciera que estaba funcionando porque lo sujetó de las manos con fuerza para que dejara de sacudirlo.

— ¡Tiene que despertar!, ¡Rukia-sama, Rukia-sama, ella...!

— R-r-enjii...

Renji no quería darle tal noticia a su amo, pero era de extrema importancia que supiera que Rukia Kuchiki, su amada hermana, amaneció muerta.


En los calabozos Kuchiki, aún preparaban los cuerpos de Yhwach y su amante Liltotto para ser trasladados a sus tierras de origen, donde serían cremados. A un lado de esas celdas se encontraba un grupo de hombres interrogando a otro que se encontraba amarrado a un cepo, pero no mostraba signos de violencia.

— ¿Por qué asesinaste y violaste a mi hermana?— Byakuya estaba falsamente tranquilo en el interrogatorio. Todo un logro considerando que tenía pocas horas de haber recuperado el conocimiento.

— ¡No lo hice, Byakuya, no tenía necesidad! ¡Kyoraku, diles algo!

— No puedo intervenir hasta tener toda la información. Sasakibe-sama informará a su Alteza Imperial y al Shogun y ellos decidirán tu destino.

— Hay dos testigos que te vió entrar en su habitación y el doctor que la examinó encontró rastros de semen, sus pechos y labios hinchados, marcas de sujeción y chupetones y, sin olvidar, un golpe en su mejilla derecha.— Byakuya continuó con su interrogatorio como si no hubiera sido interrumpido de ninguna manera.

— Sólo tenía que esperar a mañana, no tendría porque tomarla por la fuerza.

— ¿Seguro?, porque la carta que enviaron solicitando su mano me dijo lo contrario. Sin mencionar que tu anillo estaba en su habitación y su Dama de compañia te vio sacudirla con violencia antes de que le ordenara a ella y a su guardia salir.

— Ella era una impertinente, trató de pasar por encima de mi autoridad al visitar a la asesina de mi padre.

— Traigan al testigo.— Ordenó Byakuya a su secretario para que hiciera pasar al guardia encargado de la noche. Era un joven, prácticamente un aprendiz, llamado Rikichi, ahora que se permitía observarlo detenidamente se daba cuenta que era un soldado que gustaba de seguir a Renji a todas partes.

— Mi señor.— El guardia se inclinó para mostrar respeto a su señor.

— Deja eso y dinos que viste anoche.— Aún así el joven dejó su posición de respeto.

— Después de que Rukia-ojou-sama me ordenó retirarme, fui en busca de ayuda a los cuarteles, pero como no encontré a nadie porque estaban en el cambio de guardia o cenando, así que decidí regresar sin importarme las órdenes de Rukia-ojou-sama.

— ¿Cuánto tiempo tardaste en regresar?

— Desgraciadamente, unos 45 minutos, mi señor, porque tuve que ir a recuperar mi katana. Sé que eso es un crimen, pero sólo me importaba proteger a mi señora de un contrincante más poderoso que yo.

— ¿Qué viste al regresar?

— Vi a un hombre de largo cabello rubio salir de la habitación, me pareció que iba acompañado de Rukia-sama, así que trate de darle alcance, como estaba al otro lado del pasillo cuando llegué a su altura ya no estaba, había desaparecido. Decidí regresar y comprobar a Rukia-ojou-sama, pero estaba dormida, aún respiraba por lo que asumí, erróneamente, que arreglaron las cosas y que lo había imaginado.

— ¿Por qué ya no dijiste nada anoche?

— Pensé que sería imprudente de mi parte hacer sonar la alarma y deshonrar a mi señora por haberse entregado a su futuro marido antes de la boda. Especialmente, si ella parecía estar bien.

— ¿En qué estado estaba ella?

— Su ropa estaba muy desarreglada, como cuando se tiene un encuentro rápido antes de dormir, pero tranquila y respirando. Así que le subí el futón hasta el cuello para que siguiera descansando, y me retiré a mi puesto inmediatamente.

— ¿Shunsui Kyoraku, tú que opinas?— Por primera vez, desde que comenzó el interrogatorio, el líder del clan Kuchiki volteo a ver al emisario real.

— Pues, Jugram Haschwalth-sama es conocido por sus arranques de ira y agresiones a las mujeres.

— ¡Qué! ¿Cómo se atreven?

— ¿Vas a negar que mataste a patadas a la amante embarazada de Yhwach-dono?

— ¡Esa puta tomó mi lugar con Yhwach, y todavía quería meter a un mocoso para estorbarme!

— Entiendo, un heredero legítimo siempre es un problema; pero no has negado haber estado en los aposentos privados de Rukia-ojou-sama. Byakuya, informaré a Sasakibe-san de lo ocurrido para que obtenga la anuencia de sus Altezas para que lo castigues como es debido y recibas compensación por la muerte de tu hermana.

— No deseo más compensación que la muerte de este hombre.

— También llamaré a los Ishida para que atestigüen lo que tenga que suceder.


Mucho tiempo después

— ¡Otou-chaaan!— Los pasos acelerados de un cuerpo pequeñito que corría por el pasillo y se metía a un estudio sin pedir permiso.

— ¡Rukia-Ojou-sama, no es propio de una señorita que corra por los pasillos!— A lo lejos se podía escuchar la voz de la aya de la pequeña tratando de alcanzarla.

— ¡Otou-chan, Momo no quiere jugar conmigo!— El padre de la pequeña seguía enfrascado en la escritura de unos pergaminos y rezandole al fuego sagrado frente a él.

— ¡Otou-chaaan!

— Rukia, no grites, ¿no ves que tu padre está ocupado?— La dulce voz de otra mujer calmó inmediatamente a la pequeña que corrió a abrazarla con mucha fuerza.— Momo, ve a ver a los gemelos, por favor, te alcanzo en un momento. También manda pedir que la cena la manden a nuestros aposentos privados y que preparen un lugar para Ginrei-sama. Esta es una noche para pasarla en familia.

— Como diga, Hisana-sama.

— ¿Oka-chan, por qué Otou-chan no me hace caso?

— Es que hoy es el único día del año en el que tu Otou-chan puede comunicarse con alguien muy especial. Él está en trance tratando de localizarla.

— ¿Especial? ¿Más que yo?

— No, hermosa, ella es diferente.

La pequeña torció la cabeza en señal de confusión ante las palabras de su madre, que la tomó de la mano, y se la llevaba por el pasillo para descansar su espalda adolorida por su tercer embarazo en cinco años. ¿Quién diría que Byakuya sería un marido tan pasional?

Byakuya seguía sus rezos, con infructuosos resultados, ni el fuego sagrado ni sus pergaminos traían a su amada hermana, durante seis años ha tratado de despedirse de ella pero siempre ha fracasado, pensó que este año sería en el que podría lograrlo y asegurarse que su alma estuviera en paz.

Después horas de rezar y ver el fuego sagrado, el sol ya se había puesto y la luna brillaba desde su lugar junto a las estrellas, Byakuya por fin se rindió. Lo que sea que le haya hecho el bastardo de Jugram Haschwalth a su hermana la ha desaparecido de la faz del mundo espiritual, su alma es incontactable. Aún recuerda con cierta satisfacción el placer que sintió al utilizar a su shikigami, Senbonzakura, para cercenar su cabeza y presentarla al templo Kuchiki como ofrenda para su hermana. No le importaron los reclamos de los clanes Quincy que exigían la devolución del cadáver y sólo les concedió el cuerpo cuando los Ishida, nuevos líderes del clan, aceptaron sus condiciones de entregar sus arcos y flechas más poderosas a cambio de no solicitar la disolución y exterminio del clan al emperador.

Byakuya caminó a sus aposentos cuando sintió una brisa familiar que lo hizo detenerse en seco. Rápidamente, giró en sus pasos y corrió, sin importarle lo impropio que era, en dirección al jardín.

Ahí lo vio, en el centro del jardín, el árbol de sakura que su hermana salvó con sus poderes cuando niña. El árbol destacaba de entre los otros porque empezó a florecer rápidamente, el suelo se estaba llenando flores de sakura.

Byakuya ya no se atrevió a acercarse más, debajo se podía a dos sombras que bailaban románticamente. Las sombras siguieron bailando hasta que unos rayos de luz de la luna los iluminaba. Eran un hombre y una mujer, el hombre tenía un largo cabello rubio, y la mujer, pequeñita como pocas, era su hermana que sonreía con tanta felicidad.

Byakuya no resistió más y corrió para alcanzarla antes de que las nubes escondieran a la pareja en la oscuridad. Desgraciadamente no lo logró, tropezó en su camino con una de las piedras decorativas y vio como ellos se desvanecieron ante sus ojos, pero de las manos de Rukia caía algo de tamaño considerable.

Cuando lo alcanzó el objeto no pudo evitar llorar. Era el abanico que utilizaba para convocar a su shikigami, Sode no Shirayuki, el cual había desaparecido cuando ella murió. Se dió cuenta que se encontraba bajo el único árbol de cerezo en el jardín, imposible por ser inicios de agosto, que se encontraba en flor. Cuando lo tomó entre sus manos notó que había una escritura que se contraponía con el nombre del shikigami de Rukia. Zangetsu, seguramente el nombre del shikigami del hombre que bailaba con ella.

— Gracias, Rukia, ahora sé que estás bien.— Dijo Byakuya, con la felicidad de tener, finalmente, una señal de su hermana.