Nightmare Lover
Cuatro en las que demonios del sueño se involucran con humanos con resultados inesperados.
Sinopsis de la cuarta historia: El conde Kuchiki ha mantenido encerrada su hermana en un convento de monjas por dos años para arrebatarle su herencia, todo iba bien para él hasta que recibió una carta del convento.
Notas antes de comenzar:
Hay notas explicativas al final del capítulo.
Es, a mi opinión, mi mejor y peor historia a la vez.
La historia está contada a destiempos, del presente al pasado y así hasta llegar al final que da un salto al futuro. No aplica para el prólogo y epílogo.
Recuerden, los personajes NO son humanos, cuando lo lean se darán cuenta. Tenganlo en cuenta al leer y juzgar la historia.
La historia no es un romance, es más bien misterio y contiene altas dosis de incesto.
Ichigo lo pueden llegar a sentir muy OOC, pero es el personaje menos desarrollado en la historia.
Incubo y súcubo
Capítulo único: Herencias malditas.
Prólogo
La oscuridad, apenas reducida por una vela que estaba a punto de extinguirse en la pequeña capilla familiar, apenas dejaba de ver a un regio hombre que ya llevaba horas rezando y limpiando por la restauración de la salud de su único hijo. Él estaba acompañado de dos figuras que se encontraban algo lejanas, y que la luz de la vela no llegaba a iluminar en realidad.
— Por favor, por todo lo que amo, mi hijo, salven su vida.
Eso haremos, pero a cambio queremos algo.
— Lo que sea, mi familia ya está a su servicio, lo que me pidan será poca cosa.
Oh, Ginrei, hijo nuestro, no queremos mucho, pero no lo queremos de ti y, tal vez, sólo tu hijo nos pueda ayudar.
— ¿Qué podría ser, amados señores? Si está en mis manos yo lo conseguiré para ustedes.— Ginrei acercó la vela para poder ver, por primera vez en toda su vida, a sus interlocutores a los cuales el hombre sólo les guardaba el mayor de los respetos y cariño.
Queremos...
La pareja se vio iluminada, sólo por un instante, antes de que se extinguiera la vela por una brisa inesperada.
Se dice muchas cosas del Conde Kuchiki, la mayoría buenas, en particular de tan noble y prestigiosa familia. Las pocas cosas no tan buenas que se dicen de ellos no se les puede reprochar, ¿los infortunios son culpa de alguien? Se puede decir que se dicen cosas tristes más que malas acerca de la familia Kuchiki.
El actual conde Kuchiki es uno de los solteros más codiciados de todo el reino, que por alguna razón se ha negado a casarse. No es que no haya tenido varias amantes, sólo no ha encontrado a la adecuada para convertirla en su esposa. No sólo es atento, educado, atractivo a más no poder, con ese hermoso cabello largo perfectamente peinado y sujeto en una cola de caballo que realza sus finas facciones. También es extremadamente rico, gracias a los negocios de su familia, que invierte sabiamente en otros negocios que han resultado tremendamente prósperos.
Lo más importante, dirán unos, es su excelente gusto, puesto que se encontraba en una de los oficinas personales más lujosas de todo el reino. Ni la propia oficina del Rey es tan lujosa. Él ya lo comprobó cuando fue invitado a la oficina personal de su majestad hará unos dos años. Lo único que podría decirse que está fuera de lugar, de la hermosamente lacada y decorada con finas pinturas de antiguos miembros de la familia, es la pila de cartas sin abrir que se encuentran detrás de él y que ya no caben en el baúl que las resguarda.
— ¿Cuándo enviaron esto, Barragan?
— Está mañana, su Excelencia.
— ¿Seguro que es para mí?
— Seguro, el mensajero preguntó confundido precisamente por Rootwood Manor.— El Conde suspira derrotado, en definitiva era para él. Pocas personas sabían del verdadero nombre de las tierras en las que han habitado los Kuchiki por generaciones, muchos antes de que se construyera la hermosa mansión.
En la palma de su mano, el apuesto hombre, sostiene un telegrama, uno que le da informes de su hermana menor, Rukia. Estos informes son comunes, recibirá uno cada tres meses desde que ella se unió al convento de las Hermanas de la Santa Cruz, pero nunca los recibe en forma de telegrama, mucho menos cuando el último informe lo recibió hace tres días.
Excelencia. Urge. Presencia. Situación. Precaria.
Madre Superiora.
— Prepara mis maletas para un viaje a Donegal, y avisa a la Condesa viuda que iré por mi hermana al convento.
— Cómo diga, su excelencia, ¿cuándo desea partir?
— Será mejor que vaya de inmediato, esta misma tarde, no quisiera que se esparciera alguna mala noticia acerca de mi hermana.
¿Qué habrá hecho esa niña ahora?
El desayuno de esa mañana era especial, la familia Kuchiki, justo antes del amanecer, había bautizado a Rukia en la capilla familiar. Incluso, se puede ver que el semblante de Sojun, hijo del actual conde Kuchiki, menos melancólico. A ojos de Byakuya, su hijo mayor, se puede decir que luce feliz de acompañar a su hija, copia en miniatura de su difunta y amada esposa, durante su transición religiosa.
— Su Excelencia, amo Sojun, ¿gustan más té?— preguntó el ama de llaves que ha servido a la familia desde hace décadas. Tantas que incluso ayudó a traer al mundo a los hijos de amo Sojun.
— ¡Yo sí quiero!— la pequeña, ese día cumplía cuatro años llevaba toda la mañana brincoteando de felicidad por su bautismo.
— ¡Rukia, espera a que te ofrezcan, además calmate!
— No quiero, hermano, ya quiero tener la edad para ordenárme.
A pesar de la desobediencia verbal corrió a sentarse junto a su hermano para que le sirvieran de su té favorito, jazmín y menta.
— ¿Tanto te emociona el ordenarte?— le preguntó su hermano, un muy guapo adolescente que se estaba dejando crecer mucho su cabello y lo sujetaba en una coleta baja.
— ¡Sí, ya quiero tener la edad para ser una servidora! ¡La fé y el amor se deben de compartir entre los fieles y yo les voy a dar voz!
— Hermosas palabras, nieta mía.— Ginrei corrió a abrazarla del modo que sabía que le picaba con su bigote.
— ¡Abuelito, picas!
— ¡Hey!, yo también quiero un abrazo.— Exigió juguetonamente el padre de la niña que, por razones laborales, no puede pasar el tiempo que le gustaría al lado de sus hijos, lo cual ha afectado su salud.
El viaje a Donegal fue largo y si no fuera por las fuertes donaciones que hace al convento para que cuiden de su hermana no haría semejante viaje. Generalmente los informes que le envían bastan y sobran, nunca tienen nada espectacular. Excepto por el hecho de que se ha negado a terminar su proceso de ordenamiento religioso, alegando que no está lista ¡Si era ella la que no dejaba de decir que se convertiría en una servidora de la fé de niña!
Lo más desagradable de realizar un viaje tan largo es que el acomodo es poco o nada cómodo y más porque llegará a después del atardecer al convento y tendrá que pasar la noche en esas horribles camas de madera con sus colchones viejos, en caso de tener colchones.
— Hemos llegado, su Excelencia.— Habló el viejo cochero que empezó inmediatamente a desembarcar sus cosas, sin nada de cuidado, al suelo. Afortunadamente para el conde, no trajo mucho a sabiendas de que no se quedaría más de dos días.
El Conde se quedó viendo el lugar, es la primera vez que visitaba el convento, no había venido ni siquiera cuando la condesa viuda ayudó a su hermana a ingresar al convento, aunque este estuviera muy lejos de las tierras Kuchiki.
— Su Excelencia, que bueno que ya ha llegado. Sr. Sasakibe, no se vaya, el conde y su hermana se irán esta misma noche.
— ¿Segura, Hermana?
— Sí, son órdenes de la Madre Superiora.
— ¿Qué? pero dónde me voy a hospedar, no hay hostales en el pueblo y el más cercano está a dos horas de distancia.
— Ya nos encargamos de que los reciban en la casa del alcalde.— Apareció la Madre Superiora para calmar la preocupación del Conde.
— Madre Superiora, no me pienso ir de aquí sin recibir explicación alguna. Le recuerdo que hago cuantiosas donaciones para cuiden de mi hermana.
— De eso no se preocupe, yo los acompañaré y le explicaré lo que sucedió en la mañana.
— No, necesito que me explique ahora qué sucedió para que requiriera mi presencia con tanta urgencia.
— Creemos que su hermana ha estado fornicando en este santuario ¡Ah, lo siento Madre Superiora! ¡No fue mi intención!— La hermana que le abrió la puerta habló rápidamente, como si ya no pudiera guardar silencio.— ¡Traeré a Lucía, en este instante!
— Por favor. Su Excelencia, vuelva a subir al coche.
— Madre Superiora, necesito que me explique qué sucede. Habíamos quedado en el entendido que mi hermana debía de permanecer en el convento. Mis contribuciones a su orden son lo suficientemente generosas como para...
— Su Excelencia— Lo interrumpió la Madre superiora, harta de la soberbia del conde y la condesa viuda, para después subirse al coche.—, hay límites para lo que el dinero puede hacer y lo que hace su hermana ya sobrepasó todos los límites de lo tolerable.
— Pues dígame lo que hizo, tal vez pueda ayudar...
— Aquí está Lucía, Madre Superiora.
Un grupo de monjas casi arrastraban a una novicia que apenas podía tener los ojos abiertos. Dos de las monjas la ayudaban a caminar y el resto miraban aterradas, con lágrimas en los ojos como se la llevaban y otra monja subía al coche con Rukia.
Rukia, por su lado, apenas y reaccionó al ver a su hermano y se durmió en cuanto la hubieron sentado en el coche. Estaba algo delgada, un poco ojerosa y muy sucia, especialmente en sus manos y rodillas, pero fuera de ello se veía tan hermosa y resplandeciente como la última vez que la vio. Tan sorprendido estaba el Conde que no se dió cuenta que el coche ya tenía rato andando.
— ¿Qué tiene mi hermana?, apenas y se sostiene en pie.
— Está agotada, la hicimos trabajar desde el amanecer hasta el atardecer y la alimentamos sólo con pan y agua como castigo por sus actos.
— ¡Pero eso es tortura!
— ¡Tortura las que nos hacía pasar esa niña!— Dijo la monja que las acompañaba, una joven de se le escapaba un mechón naranja de su hábito.
— ¡Sor Inés, cierre la boca! Usted tampoco es inocente, no crea que no me dado cuenta de sus largas confesiones Padre Ulrick.
— Ella me hizo hacerlo...— Sus mejillas se sonrojaron y apenas se escuchó el susurro de voz— me dijo que siguiera a mi amor...
— Madre superiora, expliquese, se lo suplico.
— Su hermana ha cometido actos de soberbia, siempre intentando enseñar a las niñas a leer, regañar al padre por sus sermones, decirnos cómo tratar a nuestro ganado para que nos dé mejor leche.
— Eso difícilmente cuenta cómo para que la expulse del convento.
— Pero lo que hace por las noches sí...— La hermana Inés volvió a hablar pero mantenía su mirada baja.
— ¿Qué es lo que hace que es tan terrible?, ¿leerle cuentos a los huérfanos?
— Eso lo hace en las tardes y tiene prohibido que sean cuentos paganos, pero continuamente me desobedece. No, su excelencia, lo que su hermana hace no sabría como describirlo pero tiene alteradas a las monjas a mi cargo y debo de pensar en su bien.
— ¿Tan grave es que no me lo piensa decir?
— Hay otra razón por la que la forzamos a trabajar tanto, es para que ella no... creemos que su hermana, Excelencia, no se encuentra de la mejor salud, bueno es que ella, por las noches ella...
— ¡No lo diga, Madre Superiora!— la hermana Inés no dejaba de temblar, pero la manera de hacer era extraña. Con una mano se abrazaba y la otra la escondía debajo de su hábito.
El conde estaba a punto de preguntarle a la monja qué era lo que le sucedía cuando el coche se detuvo, habían llegado a su destino. La Hermana y la Madre Superiora bajaron con Rukia de inmediato y entraron a la casa en la que ya los esperaban con velas.
El alcalde y su esposa, una pareja que se notaba que había visto mejores años en su juventud, los llevaron a sus habitaciones en las que se encontraba una sencilla cena servida para ellos. Ya mañana el Conde averiguaría sobre su hermana.
Los gemidos de placer del alcalde y su esposa le estaban robando su concentración y dificultando conciliar el sueño.
¡Qué impropio de un hombre con huéspedes, especialmente con monjas, se le ocurra que está bien cumplir con sus deberes de cama de una manera tan ruidosa! Aunque es sorprendente que un hombre de su edad pueda hacerlo con tanto vigor.
— Hijo, por favor, cuida de la familia, en especial de nuestro legado...— Sojun, después de años de tener una vida de salud delicada, estaba peleando una lucha que debió perder hace tantos años.
— Padre, no digas eso, te vas a recuperar.— El semblante de Byakuya era uno de consternación. Su padre estaba frío y pálido, tampoco ya tenía fuerzas en sus manos.
— Escuché por Kyoka que conociste a una chica, ¿es verdad?
— Sí, Padre, su familia no es de alcurnia, pero comparte nuestra fé.
— ¿Ya se juraron ante el altar?— Sojun reunió toda la energía que pudo para bromear con su hijo.
— Toda una noche, igual que tu y madre.
— Entonces deben amarse mucho— Byakuya no respondió a su padre, pero sí se sonrojó hasta el cuello y tartamudeo un poco, algo totalmente impropio de él.— . Aquellos que se aman deben enorgullecerse por tu elección de pareja, entonces ¿Dónde está tu hermana?, me gustaría despedirme de ella, no creo estar aquí por mucho más tiempo.
— Está limpiando el altar de la capilla, dice que cumple con sus deberes espirituales.
— Hace bien, pero hazla venir.
— No sé si pueda, es su día de oración profunda.
— Hazlo, ellos entenderán.
Byakuya se levantó de su lugar, al salir de la habitación se encontró con una mujer de mediana edad y a un hombre de su edad que vestían con ropas elegantes. Pasó de largo de ellos y fingió que no verlos, pero los escuchó entrar a los aposentos de su padre con algo de prisa.
Malditos buitres.
— Disculpe, ¿dónde se encuentra la Madre Superiora?— preguntó a la sirvienta que ayudaba en la casa del alcalde.
— Llevó a la hermana Inés con el boticario, dijo que tenían que resolver un asunto, y que volvería de inmediato.
— Ya veo.
— Pero Lucía ya está despierta, le llevé el desayuno a la cama. La pobre tiene mareos por lo que le llevé un desayuno ligero, espero que no vaya...
El Conde dejó de escuchar a la parlanchina e insulsa mujer para dirigirse a ver a su hermana. Había traído ropas para ella, en caso de no poder resolver su estadía en el convento, así que era la oportunidad de llevarle su ropa.
No se molestó en tocar, nunca antes lo hizo y no iba empezar ahora, y entró al cuarto donde había dormido su hermana la noche anterior.
— Rukia...— Ella le daba la espalda ya que se encontraba en oración. Entró a la habitación y se sentó en una silla cercana para esperar a que terminara de orar.
— ¿Qué es lo que haces aquí, Hermano?— Ella se levantó de su lugar y se dirigió a la pequeña mesa en la que se encontraba su desayuno. Ninguno le dio importancia al hecho de que ella se encontraba en su ropa de cama.
— Vine a saber qué sucedió.
— No lo sé, debes de preguntarle a la Madre Superiora.— Rukia prefirió empezar a comer su desayuno.
— ¿Volviste a caminar dormida?
— Yo no camino dormida.
— Como digas... te ves muy bien, Rukia
— Gracias, Hermano.
El Conde se dedicó a observar a su hermana desayunar. A pesar del claustro, las agotadoras tareas y estar alejadas de lujos, no había perdido ni un poco esos modales tan elegantes o la belleza que la caracterizaban. Siempre era un espectáculo verla comer. Ver como metía la cuchara a su boca tan coquetamente o se pasaba la lengua para sorber cualquier pedazo travieso de alimento que haya quedado en las comisura de sus labios.
— Aún recuerdo lo mucho que te gustaba jugar en el jardín, te veías tan adorable jugando entre las hierbas del jardín, ni el lodo te hacía lucir mal.
— Recuerdo que cuidabas mucho de mí, hasta insistías en ayudar a bañarme y cambiarme de ropa para que no me regañaran, aunque nunca te tomé la oferta.— El Conde notó que, cuando terminó de desayunar ella puso sus manos por debajo de la mesa y las movía por su vientre... tal vez tenía frío.
— Recuerdo que tenía que sentarte en mis piernas para poder peinarte.
— ¿Te duele la pierna, Hermano?, tienes rato masajeandola.
— ¿Eh?— No se había dado cuenta cuando empezó a hacerlo.—...oh, lo siento— Se levantó de su lugar y se dirigió a Rukia arrinconandola contra la silla—, yo...
— ¿Excelencia, qué hace aquí?, ¿no ve que su hermana se encuentra en paños menores? ¡Salga ahora mismo!— La reunión fue interrumpida por la llegada de la Madre Superiora y la Hermana Inés, que se apuraron en sacarlo de la habitación para que la Hermana ayudará a Rukia a vestirse y él pudiera hablar con la Madre Superiora al final del pasillo.
— ¿Por fin me dirá que sucede con mi hermana, Madre?— El Conde mantenía su aparente tranquilidad.
— Para mí es muy difícil hablar de esto...— Era palpable la inseguridad en la voz de la Madre Superiora.
— ¿Es por alguna fidelidad religiosa?
— No, es que, si recuerda que su hermana llegó indispuesta cuando empezó su proceso de ordenamiento.
— Que no ha concluído...
—... afortunadamente al poco tiempo Dios la curó de sus malestares o tal vez todo fue una confusión, no tenía ni una semana cuando le llegó su sangrado...
— Deje de divagar, Madre.
— Lo siento, todo el primer año, fue normal incluso era muy devota, la que más rezaba de entre todas nosotras, aunque prefería hacerlo en privado. Pero de un tiempo para acá, notamos que empezó a mostrar actitudes peculiares.
— ¿Caminaba dormida?
— Es probable, la entramos en altar varias veces... pero no es por eso que le pido que se la lleve y la aparte de este convento.
— ¿Entonces, por qué?
— Vera, de un tiempo para acá, se han escuchado gemidos, que creemos que vienen de su celda.
— ¿De dolor?, ¿tendría alguna fiebre?
— Oh, no, de eso estamos seguras, los gemidos no son de dolor. Son gemidos de una pareja de enamorados, pero nunca dábamos con los culpables, pero la noche anterior a que le mandara el telegrama, hace una semana, los gemidos cambiaron de lugar. La hermana Inés, fue quién la encontró, y desde entonces la pobre no deja de temblar.
— ¡Vaya al punto, mujer!— El Conde ya estaba harto, la Madre Superiora no dejaba de darle vueltas al asunto.
— Encontramos a su hermana desnuda en el altar, la hermana Inés cree que vio a dos personas cuando estuvo de vigilia esa noche, pero no está segura y su hermana no recuerda nada de lo sucedido, creemos que en su sonambulismo alguien se aprovechó de ella. Especialmente ya que es muy popular en el pueblo, puede que les haya dado la impresión de que les ofrecía sus favores a varios de ellos sin querer.
— ¿Me está diciendo que alguien abusó sexualmente de mi hermana?
— No estoy segura, en el convento no viven hombres, pero tampoco estamos tan lejos de algunos pobladores. No sé si alguno se habrá enterado de la condición de su hermana y hayan entrado por la fuerza, pero tampoco encontramos rastros de que alguien entrara. También estamos seguras de que se masturba continuamente y eso pueden olerlo los hombres. Algunas de las hermanas dicen que ella yace con diablos, que por eso sigue tan hermosa a pesar de los trabajos tan cansados que realizamos y de ahí el origen de los gemidos.
— Basta, Madre, es obvio que no supo cuidar bien de mi hermana, no se preocupe, me la llevaré y ya veré que hacer yo con ella.
¡Maldita vieja, está totalmente loca!
El día estaba nublado, algo típico de Inglaterra, pero también era un día muy triste, era el día de un funeral. El conde Ginrei Kuchiki había muerto y sus herederos estaban desconsolados con su partida. Si la pérdida de la esposa de Sojun lo había dejado devastado por el temor de afrontar la paternidad sólo, la pérdida de su padre lo sume en una depresión total. Él sabe que su salud nunca ha sido de la mejor, más nunca le ha impedido cumplir con sus labores y cuidado de su patrimonio, teme que ésta le falle siendo sus hijos todavía incapaces de sostenerse, legal y emocionalmente, por su cuenta.
— Sojun, suelta la mano de Rukia, la lastimas.
— ¿K-Kensei?— La voz de un amigo es lo único que lo saca de su ensimismamiento. Ni siquiera había soltado la mano de Rukia desde que llegaron al cementerio a pesar de que ella se lo había pedido varias veces.— ¿Eh?, no me había dado cuenta— Mira a la niña y la suelta—. Lo siento, mi amor, ve con tu hermano mientras hablo con el Sr. Muguruma.
Cuando la pequeña ya se hubo alejado lo suficiente se permitió mostrar la aflicción que sentía.
— ¿Cómo te sientes?
— No lo sé, asustado, creo. Me preocupa lo que pueda suceder ahora que mi padre ya no está.
— ¿Te preocupa no dejarle dinero suficiente a tus hijos?
— Me preocupa quién va cuidarlos, especialmente a Rukia, en caso de que yo no esté. Trabajo en la ciudad, Byakuya puede cuidarse prácticamente sólo, pero Rukia es una niña y no tiene una figura femenina que la eduque y le dé seguridad.
— ¿No has pensado en volver a casarte?, no veo quién rechazaría una oferta de matrimonio tuya, la temporada está por comenzar y hay muchas jóvenes en edad casadera.
— No voy a casarme con una debutante, a mi edad eso sería inapropiado, mucho menos considerando que fui muy feliz con mi difunta mujer, no quisiera hacerla pasar tristeza por mi falta de amor.
— Mmmm... entonces, ¿quieres a alguien más de tu edad?
— Sería lo mejor, si decidiera contraer segundas nupcias. Tal vez lo mejor sea que me dedique a mis hijos y los abogados se encarguen de mis negocios.
— No digas tonterías, déjame presentarte a alguien y si todo sale bien ya veras.
— Su Excelencia, el testamento es claro, sólo un Kuchiki puede heredar el condado y, por ende, el título de conde.— El despacho del anciano abogado apestaba a hierba de tabaco, era oscuro y tenía decoraciones religiosas de pésimo gusto que le regaló uno de sus antecesores, que disque lo bendecirá en el amor.
— Sí, sí, sí, Abogado, vuélvalo a leer para mí.
— De acuerdo, Excelencia, "Yo, Sojun Kuchiki, conde de Kuchiki, heredo mi título a mi hijo varón mayor junto con las obligaciones que ello conlleva cuando alcance la mayoría de edad legal. En caso de faltar, mi hija, tomará el título de condesa en el momento de alcanzar la mayoría de edad, se case o cuando dé a luz a un próximo heredero, lo que suceda primero."
— ¿Esa significa qué...? ¿Es textual lo que dice?
— Es lo que dice, su Excelencia.— El anciano se quitó sus bifocales con o inseguro de qué decir.
— ¿Excelencia, a qué debo realmente su visita?, todos sus papeles están en regla, es un hijo reconocido y legítimo de su Excelentísimo padre.— Con pasos lentos y pesados el abogado guardó el documento en su lugar.
— Por nada, me surgió una duda... soy tanto hijo de Sojun Kuchiki como ella, es lo que importa.— Eso último lo dijo en un susurro que no escuchó el hombre junto a él.
— ¿Excelencia, hablando de su hermana, cómo se encuentra?, tengo que hablar con ella con una parte de la herencia que sólo le concierne a ella y, por los amados, ya lo hemos pospuesto lo suficiente.
— Bueno, mi hermana...
— Siento mucho interrumpirlos, Excelencia, pero tengo que llevarme a mi esposo— La conversación se vio interrumpida por la Señora de la casa y esposa del abogado principal de la familia por más de cincuenta años.—. Es hora, cariño, tenemos que irnos.
— ¿Ya es hora?, lo siento su Excelencia, pero su visita llegó en un momento complicado.— Al escuchar la voz de su mujer al anciano pareció rejuvenecer décadas en segundos, incluso empezó a caminar erguido y dejó de temblar. Pareciera que todavía le quedaba vivacidad.
— No se preocupe, el inoportuno fui yo, ¿qué número de nieto va a nacer?
— Es mi primer bisnieto, Excelencia.
Las risas infantiles se podían escuchar por todo el jardín. Byakuya, a pesar de la diferencia de edad, le encantaba jugar con su hermana, de la que pronto tendría que separarse porque tendría que regresar al colegio.
— ¡A que no me atrapas, Hermano!
— Hasta crees, Rukia.
El día era caluroso, lo que les daba la oportunidad de vestir ligeros, estar descalzos y disfrutar del pasto que seguía mojado por la brisa de la mañana.
— ¡Te atrape!— Byakuya alcanzó a Rukia cuando esta resbaló contra el suelo.
— No es justo, hermano, ya estaba por ganar.
— ¡Jóvenes amos, su padre ha regresado y los busca!— Escucharon al ama de llaves llamarlos a lo lejos.
— ¡Vamos!
Se reunieron con su padre en el solario, como era la costumbre de esa hora. Junto a su padre se encontraba una mujer y un joven que nunca habían visto.
— ¡Hijos, que bueno que llegan!— Su padre lucía inusualmente alegre frente a desconocidos.
— ¡Papi!— Rukia corre a abrazar a su padre inmediatamente lo ve, no le importaba que su ropa se haya transparentado y esté llena de manchas de pasto, tenía muchos días sin verlo. Aunque eso le trajo una mirada de desaprobación de la mujer junto a su padre, pero la niña la ignoró y siguió aferrada a los brazos de su padre que tampoco la soltaba.
— Padre, no te esperábamos hasta mañana.— Byakuya estaba tan serio como siempre cuando había desconocidos de visita.
— Lo sé, pero quería presentarles alguien lo más pronto posible.— respondió apenado.
— Me llamo Kyoka Suigetsu, y este es mi hijo.
— Soy Sosuke, es un placer conocer a mis nuevos hermanos.
— ¿Hermanos?— Los dos hijos preguntaron al mismo tiempo, aunque en tonos de voz completamente distintos. Mientras que el tono de Rukia era un tono de inocencia y emoción, el de Byakuya era de desconfianza.
— Hijos, me volví a casar. Kyoka será nueva madrastra y Sosuke su nuevo hermanastro.
— ¿Madam, qué opina acerca de los amados?— Byakuya le preguntó directamente a la mujer frente a él, ignorando completamente a su padre.
— ¿Disculpa?— Ella estaba confundida, esperaba cuestionamientos de parte de sus nuevos hijos, pero esa pregunta la descolocó.
— ¿Qué opina de aquellos que se aman?— La voz de Byakuya sonaba dura.
— Hijo, ella no comparte nuestra fe, no entiende tu pregunta.
— ¿¡Qué!?, ¿Padre, puedo hablar contigo en privado?
— No, hijo, no es una decisión que te competa. Me gustaría que la lleguen a considerar como una madre.
— Entiendo, con permiso.— Y salió del solario sin decir más.
— ¿Eh?, perdón, Padre, no entiendo la pregunta de mi hermano.
— No te preocupes por nada, Sosuke, es algo entre él y yo, pero me alegro de que ya lo llames hermano.— El conde puso a su hija en el suelo y se volteo para tomar su taza de té.
— ¿Eso quiere decir que tengo una nueva madre?
— Sí, Rukia, tienes una nueva madre.
— ¿Entonces, Shirayuki, ya no me va a educar?, ¿ya no voy a poder jugar con Shiro-chan?— La pequeña temía que la alejaran de su nana y del hijo de esta con el que se llevaba muy bien, a pesar de ser mucho más pequeño que ella.
— Por supuesto que no, es su deber cuidarte, y podrás jugar con el pequeñito todas las veces que quieras y ella te lo permita.
Una vez que las palabras de su padre la tranquilizaron se acercó al joven que seguía ahí y que no le quitó la vista de encima desde que entró cantarina.
— Mucho gusto, soy Rukia.— Hizo una venia torpe que causó una risita en los presentes.
— Mucho gusto, Rukia. Espero que nos llevemos muy bien.— Dijo amablemente la nueva condesa a la niña.
— Yo tam...uff.— La sorpresa se la llevó Rukia cuando sintió que era envuelta en un abrazo de su hermanastro que le sacó el aire de la sorpresa por la forma en que la apretaba de la cintura.
— Siempre quise tener una hermana.— Confesó Sosuke.
— Rukia, la Srta. Shirayuki te espera para arreglarte, pronto será hora de oración.— Byakuya regresó inesperadamente.
— V-voy.— Rukia se zafó del apretado abrazo y corrió al interior de la mansión, muy contenta de pasar el día en la capilla de piedra de la enorme propiedad de la familia.
— Padre, me gustaría retirarme a mi habitación a descansar.
— Byakuya, muestrale el camino, su habitación está junto a la tuya.
— De acuerdo.
El camino entre los dos fue tenso y sólo se calmó un poco al ver por la ventana pasar a Rukia, acompañada de una hermosa mujer de cabellera blanca, atravesando el jardín camino a la capilla. Ambas iban vestidas elegantemente, casi como si fueran a la iglesia, y llevaban implementos de limpieza y ofrendas.
Los jóvenes se les quedaron viendo hasta que desaparecieron de su vista en el largo camino que llevaba hasta la capilla.
— Sólo lo diré una vez, que sea la última vez que te comportas así, porque si algo llega a suceder lo pagaras muy caro.
— No entiendo a qué santo o virgen se le reza en esta estúpida capilla. Debería de mandarla a derrumbar.
Era inusual del Conde visitar la capilla familiar, no era de su interés; él prefería ir a la iglesia del pueblo para fortalecer sus relaciones políticas y comerciales. Tanto era su desinterés por la capilla que se estaba dañando por la falta de uso y mantenimiento adecuado. ¿Pero quién quisiera utilizar una capilla cuyos frescos de la creación rivalizaban con la desnudez de la capilla sixtina? Había tantas escenas eróticas que no tenía sentido, especialmente la selección para el modelo de Adán, un hombre con barba de chivo y cara de imbécil enamorado; Eva era otra cosa, hermosa y con ese largo cabello rojizo. La cruz y el altar también le molestaban; los brazos que formaban el travesaño de la cruz estaban retorcidos de una manera extraña y terminaban en puntas, como si el herrero hubiera permitido que el bronce escurriera, le recordaban a las alas de un murciélago de lo regular que era; la cúspide parecía un rostro deformado y el pie de la cruz lucía como piernas enredadas y fusionadas.
— Su Excelencia, llegaron sus visitas.— Un sirviente interrumpió su contemplación que se había detenido en el altar.
— Diles que voy en un momento.— Siguió viendo el altar, tan grande y de madera suave que podría sostener a una persona recostada cómodamente. El recordar ese altar y un recuerdo, que considera dulce, le hizo acariciarse cerca de la ingle.
Se tardaría en ir a atender a las visitas que sólo querían chismes acerca de la licenciosa de su hermana para llenar su vacía existencia. Los complacería en ello, por algo los había invitado; pero después, primero recordaría los buenos momentos pasó en esta capilla.
La niña corría buscando a su Nana, ella estaba tarde para sus lecciones del día y no la había visto desde la noche anterior.
— Rukia, te he dicho que no corras en los pasillos— La dura voz de su madrastra la hizo detenerse en seco y casi tropezar contra ella.
— Lo siento, madra... Madre, es que no encuentro a Shirayuki y ya...
— La Srta. Sode ya no será tu institutriz, tuve que dejarla ir por detener sus actos indecentes.
— ¿Actos indecentes?, no entiendo.
— Que te baste saber que la encontré en actos impropios con el jardinero en esa capilla que les encanta rezar a ustedes, no quiero que le aprendas sus malos y licenciosos hábitos—Kyoka, la condesa viuda, se alejó en dirección a la cocina pero se detuvo para hablar una última vez con Rukia.—. Ah, casi lo olvido, ya contraté a una nueva institutriz para ti, su nombre es Tier Harribel y ella te enderezará como debe ser. Ya estás bastante grandecita para seguir utilizando esa ropa de niña.
Rukia volteó a ver su indumentaria sin entender cuál era el problema con su ropa, tan sólo tenía doce años, no veía cuál era el problema de seguir utilizando sus vestidos con calzas.
— ¿Rukia, estás bien?
Byakuya lucía preocupado, nunca ha aprobado la forma en que los trataba su madrastra.
— ¿Hermano, tiene algo de malo que Shirayuki compla con sus deberes en el altar con Zanguetsu?
— No, ¿por qué?
— M-madre dijo que ella y Zangetsu estaban haciendo mal de amarse en el altar.
— No le hagas caso, ella no entiende a los que se aman. Ni siquiera entiende que un botánico renombrado no es lo mismo que un jardinero.
— Hermano, tampoco he visto a Hyorinmaru, quisiera que me llevara a comprar ropa adecuada.
— Kyoka lo despidió, el nuevo mayordomo se llama Barragan. ¿Qué tiene tu ropa?
— Madre dijo que no es adecuada para mi edad.
— Tu ropa no tiene nada de malo, aun eres muy niña para algo más adulto.
— ¿Cómo se te ocurrió traerla a la mansión?, ¿No ves que ella sólo traerá problemas?— La condesa viuda no dejaba de darle vueltas al estudio en ira mal contenida.
— Basta, no tuve otra opción y sólo estará aquí unos días. Voy a enviarla a la casa de campo de su madre para que se recupere.
— Te había dicho que teníamos que encargarnos de ella hace mucho.
— En esa casa de campo va a estar bien, la casa está en las condiciones adecuadas para ella y caer nosotros con la culpa de nada.
— ¿Dime, se encuentra en estado?
— No lo sé, tiene que verla un doctor y no pude hacer que ninguno aceptara venir por la crisis de tosferina en la ciudad.
La Condesa viuda sale enojada del estudio y en su arrebato de ira, cuando pasa junto a Rukia, que se dirigía a su habitación después de haber orado y limpiado la capilla familiar, la empujó con su hombro.
— Buenas noches, Hermano, ya es hora de que me retire a dormir.— Le dijo Rukia desde la puerta antes de retirarse sin voltear a verlo o esperar su respuesta.
— Buenas noches, Rukia.— El Conce tardó en reaccionar al verla otra vez con ropa de cama tan ligera que se transparentaba, permitiéndole ver de una manera pecaminosa a la joven.
Se quedó en su oficina, trabajando y redactando documentos para hacer los preparativos para enviar a su hermosa hermana a esa casa de campo, vieja y casi abandonada, tal vez, después de eso no se vuelvan a ver, ¿esta sería su última oportunidad de hablar, realmente hablar con ella?, en el camino se la pasó dormida prácticamente.
— Ha pasado tanto tiempo desde la última vez...— Sin pensarlo se levantó de su asiento y salió de su oficina. No importa la hora, necesitaba hablar con Rukia, aclararle las cosas. Ella tiene que entender, ella tiene que entender, pues ella es su...
— Ah...
— Oooh...
Los gemidos que salían de la puerta de Rukia eran evidentes de una pareja en medio de las llamas de la pasión, los rechinidos de la cama se lo confirmaban.
¿Rukia tiene un amante? ¿desde cuándo? ¿Cómo?
— M...i, te sien...
— No te ..., I...
¡Su casi virginal y pura Rukia jamás debería tener un amante!
La envió a un convento para protegerla de ojos perniciosos y ella lo traiciona bajo sus narices.
Entendía que por su condición de sonámbula alguien pudiera aprovecharse de ella, pero esto, ella es... ella es...
¡Maldita sea esa zorra! ¡Maldita porfiada! ¡Maldita puta!
Aunque no haya podido escuchar el intercambio entre amantes y no pueda reconocer la voz de Rukia entre ellos no impiden que el conde no contenga la ira causada por semejante injuria bajo su techo.
Los mataría a los dos de ser necesario con tal de lavar esta afrenta.
Abrió la puerta con aura asesina.
Los gemidos no se detenían, por el contrario, cobraron fuerza. Él le enseñaría a esa niña a comportarse como es debido.
Ojos rojos y sombras sobre el lecho lo pararon en seco...
Las sombras se precipitaron sobre él...
... y, después, oscuridad total.
— Rukia, he querido presentarlas hace tiempo, pero no había encontrado el momento adecuado desde la muerte de nuestro Padre...— Byakuya tenía una expresión compungida, había atrasado este encuentro durante años.
— No te disculpes, Hermano— Rukia sonríe por la expresión de pena de su hermano, rara vez se le puede ver así.—, la tradición dicta que primero deben de ser compatibles y se tomen su tiempo para asegurarse de ello.— Se volteo a la mujer junto a su hermano.— Mucho gusto, soy Rukia Kuchiki.
— Es un placer, soy Hisana Tsukino.— La joven frente a ella no sólo era hermosa, estaba cargada de gracia.
— ¿Y cómo se conocieron?
— Los que se aman nos guiaron una tarde, Hisana estaba en oración en el bosque cuando los amados me pidieron que fuera al claro.
— Fue mágico, nunca imagine que los amados me guiarían a alguien como Byakuya, no esperaba que me destinaran a sentir una pasión como la de él.— Hisana tenía una mirada perdida en los recuerdos de ese encuentro.
— ¿Entonces ya se juraron?
— No te molesta, ¿verdad?— La pareja estaba roja de la pena de que no pudieron esperar ni un día para hacerlo, inmediatamente se conocieron, esa misma noche se encerraron en la capilla a jurar su amor.
— Por supuesto que no, incluso me dan envidia, si no estuviera ya prometida a enlazarme, me encantaría poder encontrar a mi amado y ser bendecida por ellos.
— Ellos son sabios, cuando tengan su noche de juramento sabrás que ellos no se equivocan.
— No puedo esperar a ordenarme como ustedes, aunque el mío vaya a ser un ordenamiento distinto.
— La fé en los amados tiene caminos curiosos.
El sobresalto fue horrible, su cuerpo estaba completamente cubierto de un sudor frío que le calaba hasta los huesos.
¿Eso fue un sueño?
El Conde se quedó en silencio, tratando de calmar a su desbocado corazón. Eso era ridículo, estaba en su cama, vistiendo su pijama.
Todo debe de ser del producto del cansancio, no se dio cuenta que se fue a dormir. Ni siquiera lo recordaba.
Él no fue a la habitación de Rukia.
Él no vio sombras revolverse encima de ella.
Él no la vio complacerse al ritmo de esas sombras, ni sus turgentes pechos rebotar aceleradamente mientras llegaba al orgasmo.
Todo debía de ser una pesadilla, una muy horrible pesadilla...
— Tuvo que ser una pesadilla, ella no...
Detuvo sus pensamientos, la campana del reloj sonó marcando las ocho, ya es tarde para él, debe bajar a desayunar para ir a su oficina de la ciudad.
Se lavó, peinó y vistió rápidamente, tanta era su prisa que desestimó esos rasguños que cubrían sus antebrazos, no recordaba haberlos hecho. Seguramente fueron producto de su pesadilla. Debió al menos, de haberse descargado entre los suaves muslos de Momo, ella habría hecho lo necesario para complacerlo. Deberia de felicitar a la Condesa Viuda por haber contratado a una muchacha tan servicial y maleable, lástima que pronto tendría que deshacerse de ella.
El camino al desayunador se le hizo eterno, por alguna razón veía las sombras de la mansión, antes normales, amenazadoras.
— Qué bueno que bajas— La Condesa viuda se voltea a ver a una sirvienta.—, ¿qué esperas?, ¡sirve el desayuno a su Excelencia!
— S-sí, ya voy.
— ¿Dónde está Rukia?
— No ha bajado a desayunar, si no se apura se quedará con hambre.
Ve a Rukia atravesar el pasillo, llevaba una canasta con flores recién cortadas del jardín.
— ¡Rukia!— La llama— ¿No vas a desayunar?
La susodicha detiene su camino y se acerca a la entrada del desayunador, mira la avena un momento antes de responder.
Craso error, el conde no pudo evitar verla etérea, con esa pijama de satín y encaje blanco, que ajustaban a la altura de su pecho y los hacían destacar más con ese crucifijo extraño que descansaba en el nacimiento de sus pechos. Al Conde sólo se le antojaba arrancarselo de un tiro, al crucifijo y la...
— No gracias, debo de arreglarme para la hora de la oración— Baja la mano a su vientre con ternura y expectación.—, quiero que conozca la fé.
Y sin más se fue, la siguió para verla subir las escaleras que la llevaban a su habitación. El Conde se sonrojó al verla tan majestuosa y misteriosa, tan apetecible, justo como aquella vez que...
— ¡Esa niña maleducada, voy a ponerla en su lugar!— El exabrupto y posterior salida de la condesa viuda trajeron al conde de vuelta a su desayuno.
— Su excelencia, el capataz quiere que le informe que tardaran un poco más en salir, al parecer se dañó una de las ruedas del carruaje.— El Conde le acariciaba la pierna de la muchacha por debajo de la falda de su uniforme.
— Entiendo, Momo, avísenme cuando la hayan cambiado.
La disputa se escuchaba en buena parte de la mansión, no era la primera vez que este tipo de discusiones sucedían entre los dos, y el tema siempre era el mismo.
— Byakuya, es ridículo, no puedes casarte con ella. Sería como casarte con una meretriz.— La condesa viuda no puede creer lo que su hijastro planea hacer.
— Eso no le incumbe, Madre, estoy enamorado de Hisana y hemos tenido una relación por años.
Las ventanas vibran por las corrientes de viento del exterior.
— Pero ella no pertenece a nuestra clase social, ni siquiera tiene dinero.
— Eso no me importa, por respeto a su persona y la relación que tuvo con mi padre, atrasé el anuncio de mi compromiso, pero ya fue suficiente.
— No digas tonterías, ¿cómo se vería que el hijo de un conde se case con una plebeya cualquiera?, especialmente con una que se acuesta con un hombre en el altar de una capilla ¡Es una maldita golfa!
— ¡Es mi esposa! Hemos estado casados por nuestra fé desde hace años y ya tengo la edad para tomar posesión de mi cargo.
— Pero no bajo la ley del rey y las autoridades. Hijo, entiende, si es porque está a punto de parir, lo podemos solucionar, nos podemos deshacer del crío y la madre, incluso. No habrá mancha alguna en tu reputación.— Las nubes se ven negras de tan cargadas de agua se encuentran.
— ¡Ya basta! Me voy a ir en este momento a la ciudad, voy a inscribir mi acta de matrimonio al registro civil y ya no habrá nada que pueda hacer para impedirlo.
— Te lo suplico por última vez, deja a esa golfa...— Intenta tomarlo del brazo para detenerlo y él se soltó de un sólo movimiento.
El ardor que sintió en su mejilla la paralizó, nunca esperó que el estoico de Byakuya se atreviera a ponerle un dedo encima.
— Ya estoy en la edad de impedirle que haga lo que se le dé la gana, ¿cree que no me dí cuenta que despedía a la servidumbre de la familia y la cambiaba por otra? Me voy, y cuando regrese quiero que tenga empacadas sus maletas y se largue de aquí, ya ha interferido demasiado en nuestras vidas y fé.
Byakuya se aleja de la mujer frente a él y, antes de salir azotando la puerta, le dice:
— Tiene que entender que los amantes no pueden ser separados.
Se escucha como inicia una lluvia ligera y que promete tormenta.
Sus pasos no resonaban mientras caminaba en la suavidad del pasto, ni siquiera se escuchaba como lo pisaba. El Conde sólo se dió cuenta que Rukia se dirigía a la capilla porque, en espera de que estuviera listo su carruaje, se quedó viendo por la ventana.
Aún no hablaba con ella como quería y la hora de la oración era un buen momento, nadie los interrumpiría, podrían discutir largo y tendido.
Así que, con eso eso en mente, le informó a la mucama que estaría en la capilla y que no los molestaran durante esa hora.
El Conde la dejó avanzar para darle tiempo de poner su ofrenda, prefirió disfrutar verla caminar a lo lejos y, al igual que ella, se detuvo a observar cinco placas acompañadas de urnas bellamente ornamentadas que adornaban la entrada de la capilla.
Era agradable verla rezar sentada en una de las bancas de la capilla. Usualmente ella se hinca frente al altar, recuerda haberla visto hacerlo muchas veces, pero ahora no sólo está sentada frente al altar, está rezando en ese pésimo latín de ella, o eso cree él, porque habría entendido algo gracias a sus clases en la universidad.
— Estoy cumpiendo con mi deber de monástico, este bebé pronto nacerá.
¿Qué dijo? ¿Bebé? ¿Y lo dice tan tranquila?
No, ella no puede hacerle eso, ella es... decidido, era hora de hablar con ella.
Da el primer paso para entrar a la capilla.
— Ru...
El grito que se escuchó venir de la mansión lo hizo sudar frío porque, a pesar de apenas y ser audible por fuera de la capilla, el terror que le transmitió le sintió en su interior, como una advertencia de cosas horribles por venir, así que corrió de regreso temiendo que no sea nada grave lo que originó ese grito.
¡No puede ser, esto no puede estar pasando!
¿Por qué? ¿¡Por qué!?
¡No, no, no!
Rukia, con su camisón a medio bien vestir, camina erráticamente por su habitación y tira todo lo que está a su alcance. Su congoja es tanta que no se da cuenta que se jala el cabello y se rasguña la piel. El aire le es insuficiente de tanto llorar, el espacio de su habitación, aunque amplío, la hace sentir claustrofobia. Y, aunque no puede ver bien por dónde camina, a causa de las lágrimas que no dejan de brotar, siente que sólo un lugar puede darle la tranquilidad que necesita en ese momento.
Decide salir de su habitación a pesar de la hora, pasada de la medianoche, la humedad residual de la tormenta, y que su hermano siempre le dijo que no lo hiciera, que era peligroso, pero está tan triste que tiene que ir a la capilla a rezar.
El camino se sintió ominosamente largo y frío, aunque debe ser por la terrible pérdida que acaba de sufrir y por haber olvidado su bata.
Prende unos sahumerios para poder rezar, se hinca frente al altar para hacer lo propio, como siempre lo ha hecho. A lo lejos se escucha a alguien acercarse a la capilla. No debe de ser nada, nadie debería de saber que ella está ahí o venir a interrumpirla, no es noche de vigilia.
— ¿Rukia, estás bien?— Una voz cálida que reconoce le habla, eso logra que detenga sus rezos que apenas iniciaban. La luz de la luna que se alcanzaba a colar por el umbral de la puerta lo ensombrecían y alargaban tanto su sombra que la cubrían entera
— ¿Hermano, qué haces aquí?— Se levanta y voltea en la dirección de la voz que ya se encontraba dentro del sacro precinto permitiendo que entrara un poco más de luz y le viera el rostro.
— Te vi venir, y quise asegurarme que estabas bien después de lo que sucedió, pensé que habías vuelto a caminar dormida.— Se le acerca hasta quedar a pocos pasos de ella.
— Oh, ¿en serio?, ni siquiera traje una lámpara, pero no te preocupes, voy a estar bien— Se enjuga las lágrimas de su rostro y se gira para que no pueda verla.—, sólo necesito un momento a solas; además no estoy vestida apropiadamente para que me veas, vete, por favor.
Sin importarle sus protestas él se le acerca, le pasa los brazos por la cintura y la abraza por la espalda.
— Llora, Rukia, llora, acabamos de sufrir una terrible pérdida. Olvidáte de todo eso, sólo concéntrate en llorar por un momento.— Entonces, conmovida por sus palabras, ella se vuelve en su dirección para devolverle el abrazo, y llora en su pecho mientras se aferra con fuerza a lo poco que le queda realmente.
No se dio cuenta para acababa de caer en la boca del lobo.
— ¿Qué haces, hermano? ¡Suéltame!— Él empezó a pasar sus brazos por la espalda de ella de una manera que le incomoda, tocando su cintura y cadera hasta alcanzar sus glúteos y presionarla contra su cadera, permitiéndole sentir algo duro entre las piernas de él. Bajó más sus manos para poder cargarla y llevarla hasta el altar.— No es apropiado.
— Tranquila, Rukia, todo va a estar mejor,— Empezó a besar el rostro y el cuello de Rukia.— Deja que te consuele— Decir que empezó a luchar contra su agarre es poco, pero él es demasiado fuerte para ella. Con facilidad la azotó contra el altar y le sujetó los brazos con una sóla mano para que dejara de luchar.—, ya verás que no volverás a pensar en lo que sucedió esta tarde.
— ¡No! ¡Detente...!— Le rompe los holanes del camisón para poder alcanzar los turgentes pechos que había deseado probar desde que ella empezó a desarrollarse, con los jirones de la tela, la amarra al altar para poder disfrutar de su mal habido botín, como siempre ha querido hacer.
En opinión de él, ella siempre fue suya.
En opinión de él, ella siempre sería suya...
Ya sólo se escuchan gemidos de un hombre y ropa rasgarse.
Con paso acelerado, el Conde regresó a la mansión temiendo lo peor. Un grito como ese sólo podía ser originado por un encuentro con algo horrible. Al entrar a la mansión se dirige al punto de la conmoción.
Encontrarlo fue fácil, sólo tenía que seguir el camino de gritos histéricos, aunque más contenidos que antes, y los murmullos nada silenciosos de la servidumbre que se arrebolaba al pie de la escalera que engalanaba al recibidor de la casa.
— ¡Ayúdenla, alguien traiga a un doctor!
— ¿Qué es lo que está sucediendo?— El Conde trata de abrirse paso entre toda la servidumbre.— ¿Por qué tanto escán...?
El Conde sintió como se le heló la sangre. Ahí, tirada al pie de la escalera se encontraba, inconsciente y sangrando, la Condesa Viuda.
Seguramente resbaló cuando iba a bajarlas.
El conde se agacha temeroso y se acerca a la mujer, tiene una visible contusión en la sien, le sangra una de sus cejas y su cuello se ve algo magullado, como si se hubiera ahogado con el cuello de su vestido.
¡No puede ser!
¡No puede ser!
¡Tiene que estar bien! ¡Tiene que estar viva!
— ¡Rápido!, ayudenme a llevarla a su habitación y vayan por un doctor, ¡AHORA!
La situación se puso tan caótica que, debido a ello, el conde tuvo que mandar a Rukia a la casa de campo esa misma noche para poder dedicar su atención a la situación.
Desgraciadamente, la salud de la Condesa Viuda no mejoró.
La Condesa Viuda tardó dos semanas en morir, se rompió varias costillas a causa de la caída; se le perforó el pulmón por lo que se le dificultaba respirar; la autopsia posterior reveló que, también, tenía un leve sangrado interno; la contusión en su cabeza le hacía perder el conocimiento continuamente. Tampoco ayudaban las pesadillas continuas que empezó a sufrir. La pareja de sombras que la perseguían por atreverse a dañar su vasija le hacían más mal, y no sólo le robaban el sueño, también provocaban ataques de fiebre y parecían volverla inapetente.
Su muerte fue lenta y muy dolorosa.
— Su Excelencia, otra carta de parte de su hermana.
— Bien, Barragan, ponla con las otras.— El mayordomo hace como le ordenan y trata de meter la última misiva en el baúl atiborrado de cartas viejas.
— Le recuerdo, Excelencia, que unas horas vendrá el fotógrafo.
— Bien, haz que me preparen un baño.
— Cómo diga, su Excelencia.— Dijo antes de retirarse y dejar al Conde continuar con sus botellas de whisky y brandy tiradas en el suelo.
Cuando Barragan se hubo retirado, el Conde se levantó de la silla junto a la chimenea y, torpemente debido al alcohol, se dirigió a su escritorio para abrir un cajón en particular, uno que siempre está bajo llave. Tiene tiempo y lo necesita, es su vicio y tesoro.
Del cajón sacó una prenda de mujer y la acerca a su nariz para olerla.
Aún huele a ella, delicioso.
El Conde procede a bajarse sus pantalones, que caen hasta sus rodillas.
Es la amante más deliciosa que he tomado. Llamaste mi atención desde que te vi por vez primera.
Vuelve a oler la tela y siente como su verga se hincha en necesidad ¡Dios, si tuviera a la dueña de esa prenda frente a él! ¡Lo que le haría!
Ver crecer sus nacientes pechos y su cadera que se ensanchaba, me endurezco sólo al recordarlo.
El aroma le permite recordar cómo fue la primera vez que la tomó, hace que empiece a masturbarse con fuerza. Recordar la suavidad de su piel contra la propia hace que de su verga empiece a salir líquido preseminal, pero no es suficiente. Nunca es suficiente, sin ella nunca es suficiente. Sus masturbaciones toman fuerza al recordar cómo fue ir a la alcoba de ella, una o dos veces por semana, durante esos meses antes de que se viera obligado a enviarla al convento para deshacerse de su inusitada condición.
— ¡Rukiaaaa...!— Grita ahogadamente cuando logra llegar al orgasmo. Se siente vacío, la casa está oscura y con cortinas negras, como su alma. Ojalá hubiera alcanzado a repetir otro encuentro con ella antes de enviarla a la casa de campo de, dónde espera, no logre salir nunca.
Cuando se calma, saca un pañuelo de su bolsillo para limpiarse. Da un último olfateo a la tela que extiende por un momento para revelar unas pantaletas. Se arregla su ropa para que no se note lo que hizo y se dirige a su habitación. Lo que sigue del día será emocionalmente agotador.
El Conde se dirió a su habitación, el baño ya estaba listo, y tenía que estar más que presentable para el fotógrafo. El solario ya estaba listo y todo estaba en su lugar. A él sólo le faltaba vestirse con sus mejores galas y posar sin moverse hasta recibir la señal de que todo estaba terminado y podrían proceder a enterrarla.
Pero ella se veía tan tétrica y rígida. El cargado maquillaje no era suficiente para hacerle ver a la cara, con esos ojos de vidrio para que pareciera, por un momento, que aún vivía. Pero la peste que ella emitía era insoportable. No le encontraba ningún sentido, el embalsamador dijo que no se darían cuenta de nada.
¡Déjame ir! ¡Déjame ir!
¿Por qué haces esto?
¿Qué no somos hermanos?
Me dijiste que eramos hermanos.
¿Por qué me lastimas?
Lucha como puede contra intromisión de su hermano pero él es demasiado fuerte y, pareciera, que entre más lucha más placentero es para él. Sus muñecas y tobillos a veces ya no la sostienen de los magullados que están, y el aire contra su piel desnuda se siente cortante por la violencia en la que es obtenida.
Ayúdenme, por favor. Hagan que esto se detenga.— Rukia suplica en su mente por ayuda que sabe que no puede venir. Su madrastra se ha encargado por años de irse deshaciendo de todos los fieles, alejándolos de sus tierras.
Llamanos, y nosotros nos encargaremos.— Esas voces le dan algo de calma, ellos la han cuidado siempre, jugado con ella y ha cambio, por promesa de su padre y abuelo, les ha prestado voz.
¡No!, ellos no pueden saber de ustedes.
Pero, mi niña, tú nos importas más. Eres nuestra niña y nuestra vasija.
Entonces, ayudenme a olvidar, a no sentir y a obtener justicia.
Nos tomará tiempo.
No me importa— El tiempo es irrelevante, mientras se logre el objetivo.
Necesitaríamos algo a cambio
Les daré lo que sea.
¿Estás segura? ¿Incluso una manifestación de nuestro amor?
¡Sí!— De repente deja de sentir la violencia a la que es sometida, todo cambia para ella, siente labios que dos pares de labios que besan su cuerpo, dedos que la acarician.
De acuerdo, pero nosotros no sabemos de justicia, sólo de venganza.— Los dedos entran en ella, física y metafóricamente le tocan el alma dulcemente, eliminando la violencia que sucede en el plano terrenal.
Pues que así sea, quiero verlo destruido.— Siente una humedad que no esperaba aún conocer brotar de ella a causa de esos dedos.
Él no mancillará más tu espíritu porque ese es nuestro y sólo el amor nos lo arrebatará.
¿El amor? ¿Tan puro y eterno como el vuestro?— La humedad que se convirtió en presión, presión que empezó a explotar de las maneras más dulces que puedan existir.
Tal vez, incluso, más, porque eres nuestra niña-vasija.— La explosión le nubla la vista y ya no conoce nada más que el reflejo del amor de esos seres.
Conque así es cómo se debe de sentir, como si flotara...
Así se sintió, amada, cada vez que el monstruo busco destruirla durante esos meses, antes de poder comenzar con su venganza. Aunque ésta tardará años en llegar.
Los años no pasan en balde, han pasado dos años desde la muerte de la condesa viuda. El humor del conde no ha mejorado, muy por el contrario, tampoco ayudan que ha tenido problemas con sus negocios últimamente. Y, tampoco ayuda que Rukia cada día envía más cartas, aunque nunca ha tenido el valor de leerlas y que sólo empeoran su humor. Las únicas que le son las carta que le llegan en sobre rojo porque son informes muy generales de la situación con su hermana que le envía el único sirviente que la acompaña.
Sabe que parió a un bebé, un varón y muy sano.
— Ughh.
Tropieza con las botellas de vino tiradas por todo el salón. La juerga de anoche fue muy larga, el alcohol corrió por todas partes, alguien trajo esa medicina nueva que parecía un polvo blanco, también algunos trajeron a sus amantes. A el le compartieron a una de nombre, ¿cuál era su nombre?, ah, sí, Emilou Apacci. Muy buena, por cierto, su mamada le hizo perder la vista por un momento y se dejó coger largo y tendido. Tal vez deba de visitarla en el burdel donde trabaja muy pronto.
— ¡Puaaaj!— Al menos alcanzó a vomitar en uno de los jarrones que suelen adornar la estancia.
Sube a su habitación para bañarse, el trabajo de la oficina lo ha estado posponiendo, pero tiene que regresar a trabajar.
El día hubiera seguido maravillosamente, de no ser que al salir del desayunador, lo esperaba un cartero, uno de los del servicio de telégrafos.
— Su Excelencia, vengo a entregarle un telegrama urgente de parte de la Srta. Rukia Victoria Alexandria Kuchiki.
— Déjelo por ahí, luego lo leo.
— Lo siento señor, el servicio incluye un pago para que se lo lea en persona.
— Entiendo, hágalo rápido.
Deseo regresar.
Visitame.
Manda respuesta.
¿Rukia quiere verme? ¿Estará dispuesta a hacer todo lo que yo quiera?
El día parecía estar mejorando considerablemente, y apenas empezaba.
A cada paso que daba cojeaba, le dolía mucho la entrepierna, tenía la ropa deshecha y las muñecas con marcas de dedos y apenas podía abrir y cerrar las manos para no quedar totalmente desnuda. Lenta, pero segura de lo que va a hacer, sigue su camino por el jardín hasta llegar a la entrada trasera de la mansión.
— ¿Dónde estuviste?— La recibió la agresiva voz de Kyoka, su madrastra.—, ¿con quién fornicaste?— Se le queda viendo las roturas en el pecho y entre las piernas del camisón
Rukia se le queda viendo y le salen lágrimas de los ojos, el rostro de la condesa viuda empalidece, ya sabe que sucedió.
— Él... fue... yo no quería, lo hizo sin mi consentimiento...
— No digas tonterías— La culpa seguramente fue de ella.— , fuiste a la capilla, ¿verdad?, justo como la puta de tu hermano, ¿con quién fornicaste?
— Mi fé me protegió— Y se fue caminando a su cuarto sin decir más.—, los amados me protegieron.
No, no , no, esto puede ser catastrófico.
Cálmate, tal vez sea algo de una sola vez.
Dale tiempo, tal vez no sea nada.
Debe de ser culpa de ella.
Sí, seguramente ella sedujo a un incauto y le salió mal.
Esos fueron los pensamientos que rondaban la cabeza de la condesa viuda, se negaba a pensar en ello, evitaba pensar en ello. Pero tenía que comprobarlo, especialmente porque el semblante de Rukia no mejoraba, incluso los evitaba, y las marcas de dedos en sus muñecas no se desvanecen.
No tengo otra opción.
Esa noche, la condesa viuda, espera hasta la medianoche. Hablaría con su hijastra, averiguaría quien abusó de ella y haría lo posible por ayudarla. El camino a la alcoba de ella lo siente largo, tiene miedo de lo que ella le pueda decir, está segura que sigue despierta. Antes de llegar a la recamara de ella, alcanza a ver una sombra de alguien entrar forzadamente por la forma en que le costó trabajo atravesar el portal.
¿Era él? ¿Por qué haría algo así?
Si es que fue él.
No, seguramente fue alguien más...
Escucha gemidos, los gemidos de un hombre que reconoce, pero no escucha a Rukia, como si ella estuviera muerta.
Si es él.
No sabe qué hacer, seguramente ella lo sedujo. Tendría que hacer algo al respecto, pero por ahora los dejaría tener su diversión. Esperaría un poco más, por ahora no sería prudente deshacerse de ella.
Pero esperar nunca ha sido el fuerte de la Condesa Viuda especialmente cuando Rukia empieza a tener nauseas y mareos continuos.
¡La muy puta!
No tengo otra opción, le cumpliré su más grande sueño.
El camino a la casa de campo fue largo, no por incómodo, sino porque la acompañante de Rukia, una sirvienta de nombre Momo Hinamori, no dejaba de llorar.
Su Excelencia me mintió, me prometió que me protegería.
Él me dijo que me amaba mientras me hacía ir a su habitación.
Que nuestro hijo nacería honorablemente.
Rukia no podía más que sentir pena por ella por haber tenido que atravesar el mismo infierno que ella. La pobre tenía el corazón destrozado, se aferraba a un hombre que la utilizó y abusó de ella porque no tenía otra opción.
Tranquila, todo va a estar bien.
Cuando lleguemos a la casa de campo verás que las cosas van a mejorar. Te lo juro, por los que aman, ellos te mostrarán un mejor camino.
Yo sé que aún no me entiendes, pero pronto lo harás
Rukia tuvo que pasar todo el camino abrazándola y depositando besos en su frente para hacerla entender que las cosas mejorarían, que no atravesaría sola su recientemente descubierto embarazo.
En todo caso, la casa de campo que Rukia heredó de su madre es, en realidad, una mansión un poco destartalada, pero nada que no se pueda arreglar o esté en proceso de arreglarse por la antigua servidumbre de la mansión Kuchiki que la ha tomado de refugio de su fé.
Al llegar, Rukia baja del coche a pesar de lo difícil que pueda ser por su creciente barriga, pero estaba muy emocionada. Volvería a ver a los fieles y seres queridos.
Las recibe una sirviente que, a pesar de los años, la reconoce de inmediato, es Tobiume, hija de una de las sirvientes de la mansión tan sólo unos pocos años mayor que ella y con la que pocas veces pudo jugar.
— ¡Ama Rukia!, ¡oh, por los que se aman!...— se le queda viendo su vientre hinchado por un embarazo, su mirada es brillante y emocionada.— ¿Es lo que creo que es? ¿Cómo dicen sus cartas?
— Sí, Tobiume, es su bebé.— Rukia le muestra su barriga con orgullo le permite posar su mano encima para sentir las patadas del bebé.
— ¿Cuándo comenzó el periodo, ama Rukia?
— Hará unas tres semanas, nacerá dentro de pronto, puedo sentirlo.
— ¿Y no se dieron cuenta?
— No, no se dieron cuenta, estaban demasiado ocupados peleando por mi herencia o fingiendo que no estaba ahí.
— Ya veo. Ah, hay alguien a quién creo que le gustará conocer
— ¡Ama Rukia, cuánto ha crecido!— Una voz que se acercaba desde el jardín lateral que estaba empezando a mostrar los resultados positivos de su esfuerzo.
— ¡Zangetsu!
— ¿Padre, dónde estás?— Se escucha a un niño de unos quince años que venía de la misma dirección y cargaba material de jardinería se les quedó viendo con sorpresa.
— Toshiro, trae a tu madre y vengan aquí, no te tardes porque tienes que saludar a tu prometida.— Le indicó Zangetsu a su primogénito antes de ir tras él en búsqueda de su esposa, conociendo a su hijo, no la encontraría.
— ¿Ama Rukia, quién es la chica que se encuentra dentro del coche?— Rukia le ofrece su mano para que baje y, tímidamente, la acepta.
— Tobiume, esta es Momo, quiero que la cuides mucho.— Las mencionadas, que ya tenían rato de haber guardado un silencio extraño, se quedaron viendo como si vieran algo invaluable y preciado que no deberían dejar.
Con timidez, Tobiume guío a una sonrojada Momo al interior de la mansión bajo la mirada atenta y satisfecha de Rukia.
Los amados tenían razón.
— ¡Maldita sea! ¿Cuánto falta para llegar?
— No tanto como se imagina, su Excelencia, Blackcape está muy cerca.
El camino fue largo, y este último tramo demasiado traqueteado, los días se han sentido demasiado largos para llegar al islote en el que se encuentra la casa dónde debe de estar Rukia. Ah, la dulce Rukia, ahora sí debe de estar lista para someterse a él, ya puede saborear las negociaciones entre él y una sumisa Rukia. Su hijo no será problema, se pueden deshacer de él en el camino, dejarlo en algún orfanato para que lo cuiden.
Esta sería la primera vez que pisaría la casa de campo por lo que no sabía que casa de campo era un broma de la familia para referirse a la enorme mansión que se encontraba en un páramo muy alejado del próximo poblado. Por la ubicación, también, llegando ahí no podría salir hasta el día siguiente, aunque podría aprovechar aprovechar para pasar el tiempo con Rukia si está tan deseosa de regresar a la mansión.
— Bienvenido, lo estábamos esperando.— Lo recibe una sirviente de cabello blanco, una bella mujer de mediana edad.— Llevaremos sus cosas a la habitación que preparamos para usted.
— Gracias— Ella le parece conocida, no recuerda dónde pero piensa que la ha visto antes.— Disculpe, ¿nos conocemos de antes?
— Es posible que usted no me recuerde, pero trabajé por muchos años en la mansión Kuchiki.
Se sorprende a sí mismo al quedarse viendo al pequeño jardín majestuosamente cuidado, contrastaba enormemente con el lúgubre páramo que rodeaba a la mansión.
— No recuerdo haber pagado por ese jardín o— mira apreciativamente a la mansión.— el mantenimiento de este lugar.
— Eso no fue necesario, Señor, los amados no proveyeron de los medios para sostener este lugar.
¿Qué diablos significa eso?
— Acompañeme, lo llevaré al solario donde se reunirá con la ama Rukia, ella se reunirá con usted cuando termine sus asuntos.
— ¿Cuánto tardará en terminar esos asuntos?, mi tiempo es valioso y ella no querrá hacerme enfadar.
— Por supuesto que no, Señor, pero ella se encuentra atendiendo un asunto personal muy importante. Espere un momento, le traeré un poco de té.
No le quedó de otra que esperar, al menos el solario tenía una vista hermosa. Desde dónde se encuentra puede ver a una pareja de sirvientas jugando con un bebé.
Ese debe de ser el hijo de Rukia.
— ¡Vaya! ¡Qué buena vista!— Sonríe gratamente cuando una de las sirvientas toma al bebé en brazos y luego procedió darle un fogoso beso a su compañera en los labios y que fue respondido con la misma pasión.
Tal vez debería decirle a Rukia que las invite a acompañarnos.
Cuando las sirvientas se hubieron ido, después de un buen rato de darse mimos y arrumacos entre ellas y al bebé, que se hubiera terminado el té y el sol empezara a ponerse, se hartó de esperar por Rukia.
— ¿Qué hace? ¡No puede ir para allá!— Le recrimina la sirvienta de cabellos blancos que trata de detenerlo.
— Claro que sí, soy el Conde de Kuchiki y exijo ver a mi hermana, ¡Ahora!
La ignora y va a, dónde asume, está su habitación, basándose en la estructura de la mansión Kuchiki. Conforme camina por el pasillo, escucha gemidos muy ruidosos, que se aclaran conforme se acerca a una de las puertas del pasillo.
— ¡Sí, sí, fóllame más duro!— Es la voz de Rukia, ansiosa de placer.
— Rukia, oh, qué bien te sientes.
— Entonces no te detengas, Ichigo.
¿Qué? ¡La muy puta! ¿Cómo se atreve?
Enardecido el conde entra a la habitación con tanta fuerza que parecería que la puerta se saldría de sus goznes. La habitación tiene las ventanas abiertas por lo que permite la entrada de luz que se refleja a una pareja cuyos cuerpos están cubiertos de una gruesa capa de sudor. En la cama, sin detener los choques de sus caderas, hay un hermoso joven, tal vez de la edad del conde, rubio, con músculos tonificados, rostro de ensueño varonil y un reflejo extraño, como verdoso y morado, en su piel. Su hermana, por su parte, recostada y con una expresión de placer es penetrada con tanta vehemencia que sus tetas rebotan como llamándolo a meterlas a su boca.
El espectáculo es tan bello, a la vez que lo enfurece y horripila, que no sabe hacer otra cosa que verlos mientras fornican como si no hubiera un mañana, aunque cuando termine con él seguramente no lo habrá.
El conde no se ha dado cuenta de que Rukia y lo ha volteado a ver desde hace rato.
— H-herm-mano, esp-pera a que, ahh, t-termine. I-Ichi-ahh, sí, sigue así,- se ha esforzado tantooo...
Ella procede a voltear a su amante para quedar arriba y continuar con su placentera faena.
— Es mi turno ahora, Ichigo.— Y empieza a montarlo, lentamente esta vez.
A pesar de la velocidad disminuida sus tetas rebotan sensualmente. El Conde no puede evitar que la sangre baje a su entrepierna, Rukia nunca se vió tan follable. De repente, lo golpean los recuerdos de ella siendo una niña, como ella le coqueteaba desde entonces jugando con esos vestidos que transparentaban tan fácilmente y le permitían ver cómo se desarrollaban y maduraban sus pechitos.
— Ah, Ichigo, ahhhh...
El único problema, ahora, es que ella nunca se vio tan dispuesta en sus encuentros con él.
Siempre estaba ida, ausente.
La muy maldita se atrevió a traicionarlo.
¡Ella es mía!
¡MÍA!
¡MÍA!
La habitación estaba ajetreada, con gente estaba nerviosa, moviéndose de un lado para otro. Era un momento especial, cierto, pero no olvidaban el riesgo que implica un parto para la madre y el bebé. Especialmente cuando este es tan especial. El interés de todos, por sobretodas las cosas, era la seguridad de su Amada señora, su vasija y el fruto que esta traería al mundo.
Los, otrora violetas, ojos Rukia estaban desenfocados, su mirada perdida y estos se lucen un hermoso color miel. A su espalda se puede ver una sombra enorme, está rodeada de sirvientas que le mojan la frente y la ayudan a sostenerse de pie para que el parto sea lo menos doloroso posible. Ya que, si algo saliera mal, no sólo podría perder la vida del fruto, el amado hijo; o la de la vasija; sino también, se terminaría la existencia se la amada señora.
En este momento hay tres vidas en riesgo.
— Amada señora, ya casi termina, su amado debe de estar contento.— Momo, recientemente convertida a la fé, refresca la frente de Rukia.
— Sí, lo está, nuestra niña-vasija ha sido tan paciente.
— Masaki-sama, ella nos pidió que le transmitieramos su agradecimiento por este honor.— Dijo Tobiume que la ayudaba a sostenerse por los brazos.
Rukia puja y nace un bebé de cabellos rubios, todo un llorón, que es inmediatamente acercado al pezón de recién parturienta y se prende con fuerza.
— ¿Cómo se llamará el bebé, mi amada señora?— Preguntó Shirayuki, que era la que estaba a cargo en ausencia de su difunta madre, la que había ayudado a traer al mundo a la familia sacerdotal.
— Decidimos nombrarlo Ichigo.
— ¡Es un nombre muy hermoso, Masaki-sama!
— ¿Hermano, qué haces aquí?, no te esperaba aún.— Su pecho sube y baja tratando de recuperar aire, mientras el joven rubio tiene uno de sus pezones en su boca, pareciera un niño que se amamanta por la forma en que succiona de ella. Detiene a su habilidosa lengua, para disgusto de ambos, que, de seguir, se habría orgasmeado otra vez. Pero tiene asuntos que atender, por lo que se levanta de la cama y desnuda con el semen, que brilla a contra su piel por el reflejo de la luz, escurriendo de entre sus piernas se dirige a encarar a su hermano.
El Conde, molesto y confundido, es encarado desde la cama por el tal Ichigo, mostrando su verga aún firme y lista para volver a follar.
— Rukia, ¿quién es este hombre?, ¡dímelo de una vez!
— Oh, ¿te refieres a mi Ichigo?
— ¿Qué? ¿Ichigo?¿No es es el nombre de tu hijo?
— Ichigo es el nombre del bebé que parí, pero, en definitiva, él no es mi hijo.— Le dirige una mirada cargada de lujuria al mencionado.— Je, je, je, aunque, aún sí así lo fuera, lo convertiría en mi amante sin dudarlo.— Ella se le acerca al conde desde, que se intimida por la seguridad que muestra aún estando desnuda.—, él, al menos, tuvo la decencia de seducirme y esperar mi consentimiento.
Ichigo, envalentonado por las palabras de Rukia, se levanta de la cama abraza por la espalda y le separa las piernas y la comienza a masturbar, lentamente.
— ¡¿Qué es toda esta indecencia, Rukia?!
— Sal de aquí, Ichigo, ve a tu cama.— Rukia le dice desde la propia a su pequeño intruso.
— No quiero, quiero dormir aquí, contigo.— Ichigo, el hijo de los amados, está intentando escabullirse con Rukia otra vez.
— No es correcto, no puedes venir a mi habitación— El niño abraza a Rukia y se frota contra su pecho en berrinche cuando ella se acerca para intentar regresarlo a su cama.
— ¿Es porque nací de ti?
Rukia no le puede responder, a pesar de tener la apariencia de un niño de unos ocho años, no puede evitar sentirse atraída a él, ni siquiera lo reprende por la la necedad reiterada. Aún recuerda cómo fue amamantarlo, los primeros orgasmos reales de su vida los recibió de parte de un bebé que amamantaba.
— No, es porque estás creciendo y he notado que tú... que tú...— Ella buscaba la excusa para safaste de responderle.
— Me gustas, Rukia, quiero que algún día te vuelvas mi mujer.
— A tus padres no les va a gustar eso, los amados Masaki e Isshin quieren que te proteja, eres su amado hijo. Además, sabes que estoy prometida a Toshiro cuando el tenga la edad adecuada para jurarnos.
— Eso no es asunto de mis padres, yo te quiero para mí; además, a Toshiro no le importará.— La inocencia de esa confesión le llegó al corazón y, aunque sintió una humedad entre sus piernas, que sabía inapropiada, le devolvió el abrazo porque no quería dejarlo ir, como si fuera parte de ella.
— Está bien, por esta noche puedes dormir conmigo, pero será la última vez.
¿Por qué será que no creo mis propias palabras?
Aún no se terminaba la conmoción del Conde de ver a su hermana fornicando frente a sus ojos cuando sintió poderosos brazos, contra los que no pudo luchar, que lo sujetaban y lo arrastraban hasta una estructura similar a un mástil alto para posteriormente sujetarlo en una posición que le permitía ver la cama en la que la pareja estaba fornicando hace unos minutos.
— ¿Qué es esto? ¡sueltenme!— Rugía el Conde en ira al no poder liberarse los amarres que le sujetaban los brazos por encima de su cabeza.
— Es una lección, Tío Sosuke, te estoy enseñando a complacer de verdad a una mujer y no tomarla por la fuerza.
Rukia se está bañando en la enorme tina con Ichigo, que aún insiste en que ella lo ayude a bañarse, como cuando era como un bebé.
— Está será última vez que te voy a bañar
— ¡Que mala, eres Rukia!— El niño hace un puchero del que le cuesta a Rukia resistirse, pero tiene que hacerlo.
— Te dije anoche que a tus padres no les iba a gustar nuestra relación, eres el amado hijo de los amados Masaki e Isshin. Mi deber es protegerte, incluso de mí misma.
— ¿Entonces, no te soy indiferente?— Ella nota la esperanza en la voz de Ichigo, lo cual la hace ponerse tremendamente colorada al recordar la sensación de despertar con una erección infantil frotándose contra su coño. Sólo puede agradecer que el pequeño Ichigo estuviera profundamente dormido y no se diera cuanta de su azoramiento.
— ¡C-cállate, niño! La única manera en que te podría tomar en cuenta sería si fueras mayor, eres demasiado jóven para hablar de que sea tu mujer.
— ¿Sólo ese es el problema?— Su mirada brilla como si hubiera descubierto un maravilloso secreto.
— ¡¿Sólo eso?! Hum— Sale de la tina molesta, lo que le permite a Ichigo verla desnuda. Él no le quita el ojo de encima mientras ella se seca totalmente el cuerpo, lo cual hizo lentamente y a conciencia en un intento de aclarar sus ideas, dándole, sin querer, un espectáculo antes ponerse pone la bata.
— ¿Rukia, no olvidas algo?— Ichigo la detiene antes de que salga del baño.
— ¿Qué cosa?
Él apunta a su pecho y ella recuerda ponerse su crucifijo para después dar la vuelta y salir del baño.
— Rukia, estás olvidando otra cosa.
— ¿Qué cosa podría ser, Ichigo?
El niño señala a su boca.
Ella entiende lo que quiere por lo que se acerca y le da un beso de piquito en los labios, que él aprovecha para profundizar con su lengua y no es rechazado. Por un momento sus lenguas tienen una batalla de voluntades, pasan de una boca a la otra con lujuriosa fuerza. Con el beso él la invita regresar a la tina y, tal vez, llegar a algo más; ella lucha contra sí misma por salir de ahí, vencer a la tentación, detener la resonancia de su alma con la de Ichigo. Después de un esfuerzo titánico, Rukia termina con el largo beso y sale de ahí antes de hacer algo de lo que se pudiera arrepentir.
O, tal vez, ya lo ha hecho...
— ¿Hermano, cómo amaneciste el día de hoy?— La alegre voz de Rukia saca a Sosuke de su letargo, que no se le puede llamar sueño.
Han pasado tres días desde que lo tienen amarrado en la habitación de la pareja, los sirvientes se han encargado de llevarlo al baño dos veces al día y alimentarlo un poco, pero está agotado. No ha hecho otra cosa que verlos fornicar, imaginando que es él quien complace a Rukia en lugar de su ¿sobrino? Otra cosa que ha notado es que cada vez le cuesta más hilar sus ideas.
— Rukia, ¿quién es este hombre en realidad?
— Oh, ¿te refieres a mi hijo, Ichigo?
— No seas ridícula, tu hijo tiene no pasa de los dos años. Lo vi cuando llegué a este lugar.
Rukia estaba desnuda, levantandose de la cama, cuando una sirvienta entró a la habitación le puso su bata, mientras otra servía el té.
— En efecto soy muy joven, Tío Sosuke, en años humanos al menos, seguramente a quién viste fue a Kaede, es un niño adorable, ¿quién diría que salió de tus entrañas?.— Dijo Ichigo desde su lugar en la cama.
— El bebé que viste no era al que yo parí. Ese bebé es hijo de Momo, el que concibió contigo. Seguramente estaba con su esposa, Tobiume.
Ichigo se acercó a la mesa de té, una sirvienta le dio una taza y un sandwich de pepino.
— Gracias, Momo.
— De nada, amo Ichigo.
¿Esa era mujer era Momo?, no la reconoció, se veía totalmente distinta, feliz, plena, bien alimentada y descansada. Ella se voltea a él y lo mira con frialdad.
— Sr. Sosuke, lo único que me queda por decirle es que de todo el mal que me hizo, al menos obtuve algo muy bello que usted no podrá arrebatarme.— Él prefirió ignorarla, hacer como que no existía. Al cabo que no era la primera ni la última, o que no hubiera tenido otros hijos de los que se deshizo junto con la madre.
— ¿Vine, vine, vine a verte y así es cómo me tratas?
— ¿En serio, Tío?, después de lo que tu madre y tú le hicieron a mi madre, ja, ja, ja, ¡increíble!— La forma en la que utiliza los títulos familiares es extraña, falsa, como si se burlara.
Ichigo deja su taza de té y el sándwich a medio comer en la mesa, se acercó a la espalda de Rukia, mientras ella disfrutaba de su té, ignorando los intercambios entre ambos hombres.
Mmm, jazmín, mi favorito.
Rukia está dormida, por fín logró que Ichigo se aceptara ir a dormir a su habitación. Aunque sentía que algo le hacía falta y le dolía el corazón, sabía que hacía lo correcto, no sólo por el bien del pequeño sino también por su propio bien. La tensión que se estaba formando entre ellos no está bien. Esa misma angustia hace que el sueño tarde en llegarle, aunque finalmente lo hace.
Cuando éste le llega, siente una ligereza que nunca había sentido, como si hubiera recuperado algo perdido. Tanta es su comodidad que no opone resistencia cuando algo la hace abrir sus piernas suavemente, se siente estimulada por una lengua cálida y suave, sus pezones están endurecidos por las sensuales caricias que siente en su coño. Mete sus manos entre la tela del camisón, ligero por el calor del verano.
Algo tibio y mojado la hace vibrar, es su excitación, sus piernas están siendo acariciadas a todo lo largo, las siente ligeras y arquea su espalda para prolongar la deliciosa vibración que se empieza a expandir desde sus centro, hasta que explota y un grito quedo de placer sale de su garganta.
— AHhhh...
Ese placer la despierta, y aún puede sentir un cuerpo besando su coño debajo de las cobijas, que, a pesar de haberla llevado a la cúspide, la sigue estimulando y la está acercando otra vez a esa sensación en la que se le detiene el corazón por un segundo.
— Ah, ah, ah...
Mete sus manos por debajo de las cobijas y acaricia la cabeza que le demuestra su amor.
— Ichigo, detente, no debes, ahhhmmm, eres, ahhh, demasiado jóven...
Con caricias sobre su cuero cabelludo lo convence de dejar su coño. No puede evitar acercarlo a ella, quiere verlo a la cara, necesita verlo a la cara. Pero él decide tomarse su tiempo, besa y lame su vientre y ombligo por encima de la ropa de cama, extrayendo más gemidos de Rukia, especialmente cuando se detiene en sus pechos, a los cuales mima con su boca y lengua hasta dejar completamente mojada la tela del camisón. Rukia se siente desfallecer, pero se obliga a detenerlo aunque su coño pareciera una cascada ansiosa por su atención.
Aunque lo sabe inapropiado de parte de ella, lo acerca a su rostro para darle un pequeño premio por lo que hizo en ella, le retira la cobija de encima, Ichigo se merece su premio.
— ¡¿Ichigo?!— No puede evitar sorprenderse de ver a un guapo adolescente de unos quince años salir de debajo de sus cobijas. Ese Ichigo ya no es el niño que arropó hace unas pocas horas. Aún tiene su rostro entre sus manos. Si antes quería darle un casto beso en agradecimiento, ahora quiere deborarlo, pero no debe, sigue consagrada a los amados, ella es su monja, su vasija y prometida a otro por los amados.
Eso a Ichigo no le importa, él cierra la distancia entre sus labios y comienza a devorarla con su boca.
— ¿Ya soy lo suficientemente mayor, Rukia?— Pregunta cuando finalmente interrumpe el beso para poder mostrarse ante Rukia y demostrar que es digno de ella.
Rukia puede sentir la erección de Ichigo presionar contra su coño sólo separados por la delgada la tela del, repentinamente, incómodo y asfixiante camisón. Y puede verlo, gracias a la luz del alba que se cuela por la ventana. Él está completamente desnudo, sólo con su espalda levemente cubierta por las cobijas.
No se puede resistir, ya no, así que Rukia lo toma de la cabeza y, nuevamente, lo besa por iniciativa propia.
— Ya cumpliste tu deber con mis padres. Les ayudaste. Ahora déjame amarte, déjame ayudarte, ser uno contigo.— Le dice cuando rompen el beso, aún unidos por un camino de saliva.
Rukia está anonadada, está rompiendo cadenas que no sabía que tenía, ya sólo atina a asentir y a permitirle a Ichigo que le quite el camisón de satén. Nunca se sintió tan sensual ni amada en su vida, ni siquiera cuando concibió a Ichigo.
No puede evitar abrazarse a su cuello y sentir como Ichigo, torpemente, empieza a entrar en ella con una lentitud y dulzura propia de la virginidad.
Con él se siente virgen por primera vez.
Y ama entregarle su virginidad a Ichigo.
El joven, identificado como Ichigo, que acompaña a Rukia, tendrá unos veintitantos, sólo un poco más joven que Sosuke, se le acerca a ella por la espalda y le mete las manos por debajo de la bata, con una le agarra una teta y con la otra comienza a masturbarla.
— ¿Y a qué se debe tu visita después de tanto tiempo, Tío?, dime tu verdadero motivo, por favor, no me gusta repetirme— Pregunta Ichigo mientras Rukia se relaja en sus brazos, tirando la taza de té en el suelo, y se recargar contra él para facilitarle la faena, comienza a gemir por las caricias que le proporciona.
Rukia no deja de gemir recargada sobre Ichigo, viendo a Sosuke a los ojos con intensidad, quiere que él sepa que encontró a alguien a quién darle su pasión, eso lo ofusca porque siente como su verga se comienza a endurecer, por un momento se imagina que es él el que la toca y que ella le responde a él.
— Para llevarte... a casa,... a ti a y tu hijo.— Dice con dificultad, apenas y ha bebido y tiene la garganta seca.
Su sufrimiento excita a Rukia que gime con más intensidad y se sujeta con fuerza los reposabrazos de la silla hasta que sus dedos pierden todo color.
— Rukia, detente, esto es impropio de una dama como tú, ¿y dónde está tu hijo?, ya no quiero bromas de que este... hombre, es tu hijo, nos vamos inmediatamente.
— ¿Y cómo piensas lograr eso estando amarrado?— Le sonsaca Ichigo, mientras besa el cuello de Rukia.
— Rukia, mi pequeña, ellos son los señores de nuestra fé, los llamamos Los Amados.
— ¿Por qué, Abuelito?— Esta era la primera lección de Rukia en la fé, era la primera vez que le ponían el crucifijo de los amantes alados, una pieza hecha de plata con incrustaciones de oro que, en realidad, representaba los cuerpos de un hombre y mujer unidos en fornicación y que sus alas formaban una especie de cruz.
Porque nuestro amor está condenado. Nos castigaron cuando creamos nuestra manifestación de amor.
Rukia escucha dos voces, le susurraron en sus oídos pero no había nadie, eran las voces de los amados.
— Puedo escucharlos, Abuelito, ¿pero por qué los castigaron por amarse?, creí que no tenía nada de malo.
Porque, pequeña nuestra, los Kuchiki descienden, por así decirlo, de nosotros, de lo que ellos llamaron nuestro error y crimen. Cuando concebimos en una pareja de enamorados y nos negamos a alejarnos de ese niño.
— Es por eso que estás consagrada a ellos, todos los Kuchiki lo estamos— Le dice el padre de la pequeña.—. Somos sus sacerdotes y sus descendientes, aunque nuestra conexión se ha debilitado por las generaciones.
— ¿Cosagada, papi?— El concepto es complicado para niña.
— Quiere decir que serás su monja, los que servimos a la fé— Le dijo su hermano Byakuya.—, además, también eres su vasija.
— ¿Eso qué significa?
— Que eres la única que puede ayudarles a comunicarse directamente con los demás fieles.
— No entiendo.
Nosotros, los demonios de los sueños no tenemos permitido amar, pero lo hacemos y queremos que otros conozcan el amor, un amor tan puro que rompa barreras. Y tú, niña nuestra, nos prestarás tu voz para hablar, por primera vez, con nuestros fieles directamente.
— ¿Y cómo se llaman, Abuelito?
— Ellos, mi niña, son los amados...
Isshin y Masaki.
Ichigo, con sus diestros dedos, estaba llevando a Rukia al orgasmo, se notaba en la dureza de sus pezones que no se podían ocultar bajo la tela de la bata. Le abrió las piernas para estimularla con mayor facilidad, una de ellas queda sobre el reposabrazos, lo que permite que Sosuke vea el coño de Rukia y no pueda evitar relamerse los labios por el manjar que ha quedado expuesto.
— Lo recuerdas, ¿no?, el delicioso coño de Rukia, ¿recuerdas cómo fue profanarla sin su consentimiento?— Rukia está ida, su vista está perdida, la voz que sale de su garganta no es de ella—, sino fuera por nosotros estaría aún más traumatizada por lo que le hiciste a nuestra niña.
— Madre, Padre, que inapropiados son.
Sosuke no entiende nada, parecen las voces de un hombre y una mujer las que salen de la garganta de Rukia.
En la habitación entra otro sirviente, lo recuerda, es Senbonzakura, el cochero y asistente personal de Byakuya, que cojea al caminar y ha requerido de un bastón desde el "accidente" que mató a Byakuya y a su esposa, Hisana.
— Es él, amados señores, él dañó el perno de la rueda del carruaje— Los señala con furia.—, por su culpa, de él y su madre, el amo Byakuya, la ama Hisana y el no nato murieron. Ellos les robaron de sus sacerdotes
— Por eso le devolvimos el favor a su madre cuando amenazó a nuestra niña-vasija.
— Mi madre nunca haría nada de eso. Ella no dañaría a Rukia
— ¿Justo como tú no violarías a tu hermana?— Dijeron las voces.—, hubieras visto la expresión en su rostro mientras le retorcíamos el pescuezo. ¡Fue tan gloriosa!, justo como la tienes ahora, ja, ja ja.
Sosuke se volteó en dirección a Rukia, él ya tenía la vista desenfocada, todo en la habitación se movía.
— Rukia, no eres realmente mi hermana. Es tu culpa. Tú me sedujiste con tus sonrisas y andar tan alegre. Con esas ropas tan ligeras todo el día. Sólo hice lo que debía, especialmente cuando te vi ir a la capilla. Sabía que querías que te volviera mujer. ¡MI MUJER!
Como todas las noches, Rukia se prepara para comulgar y alimentar a los amados del único modo que puede en este momento, tan alejada de otros fieles y su altar. Pero esta noche es especial, ya no lo hace, por petición de ellos, en la privacidad de su celda. Ahora está en el altar de la capilla del convento, pero a diferencia de otras ocasiones que les ha rezado de madrugada, se ha desnudado completamente.
— Mis señores, ahhh— Rukia utiliza sus dedos para autocomplacerse, justo como ellos le enseñaron—, ¿ya es hora? ¿ya cumpliré mi parte del trato?
— Oh, sí, pequeña, ya ha pasado el tiempo adecuado.— Le contesta la voz de Isshin, el amado.
Inmediatamente, Rukia siente unos dedos delicados que la ayudan en su faena, preparándola para la concepción; y otros rasposos que empezaron a estimular sus tetas.
— ¿Cómo— Los dedos la penetran suavemente—, si perdí al hijo de mi hermano?— La joven gime cuando lo dedos sensibilizan sus pezones tanto que hasta la corriente más fina la moja—, no quiero, ahhh, d-descubrir que soy, ahh, incapaz de incubar a su semilla.
— No lo hiciste, no podía permitir que su semilla se implantara en ti cuando yo quiero que tengas la nuestra— le dijo la amada señora, Masaki—, por eso tomé la vida de ese fruto maldito para darle vida a al nuestro, un hijo engendrado con amor y placer, un hijo de nuestra carne y espíritu.
— Me, ah, a-alegro mucho, M-Masaki-sama, ah, siempre he, aahh, querido complacerlos.— Ésta, feliz por la respuesta de su niña-vasija, la besa y usa su lengua para simular el acto que están por sostener con ella.
Isshin entierra su verga en ella muy despacio, con más delicadeza que en las veces anteriores. Esta será una de las últimas veces que harían esto con ella, y querían dejar un lindo recuerdo.
— Masaki-sama, Isshin-sama, acepto el trato, quiero venganza.— Isshin comienza a bombear en ella y Masaki le chupa sus pechos y a estimular su clítoris. Rukia pronto siente que su cuerpo no es de ella, que fusiona con los besos de Masaki para que ella tome posesión de él.
— Nuestra niña es tan estrecha, te siento tan grande pero tan perfecto.
— Masaki, te sientes deliciosa en el cuerpo de nuestra niña.— Isshin apenas y puede mantener el ritmo sin venirse en ella antes de tiempo.
— ¡Oh, sí, Isshin, préñala! ¡Préñame como siempre he querido! ¡Qué nuestro amor por fin dé frutos!— Masaki le exige a su pareja que la coja con más fuerza.
— No podré resistir mucho, es tan cálida, es perfecta, inmaculada a pesar de haber sido profanada.— Cada vez le estaba más trabajo entrar y salir de ella sin venirse.
— ¡Fóllala con más fuerza! ¡Fóllala hasta que no pueda recibir a otro hombre que no sea de nuestro linaje!
— Oh, sí, Masaki-sama, Isshin-sama, no tomaré a otro que no sea el hijo que les daré, sólo el me hará sentir este placer nuevamente.— En su placer no sabe lo que dice, de las posibles consecuencias, sólo quiere que continúen, quiere sentir el amor que ellos comparten.
— Siento pena por Shiro-chan, lo habíamos destinado para Rukia.— Isshin sentía un cariño especial por el niño, él unió a sus padres.
— Entonces, yo le daré otro amor, mis señores.— No le importa, no registra, y no recordará, sólo quiere más, más de ellos, más de su amor.
— Sería maravilloso, más de una manifestación de amor.— La vagina Masaki se estrecha en respuesta con la propuesta, por la necesidad de la semilla de su amado para que las fertilice a las dos.
— M-Masaki, ah, ah, te amo tanto.— Los encuentros de las caderas estaban llegando a su punto máximo.
— Isshiiiiiinnnnn...— Masaki alcanzó el orgasmo, apretando como nunca la verga de Isshin logrando que libere su tibia semilla en ella en gruesos chorros que no saldrían de ella.
Ya estaba hecho, Masaki estaba embarazada y Rukia lo gestaría en su vientre.
Por su lado, Rukia, casi inconsciente de tan colmada por el placer y amor, acaba, sin darse cuenta, de firmar un nuevo pacto con los amados.
Sintió el golpe en su estómago por parte de Ichigo, pero el puñetazo no era normal, era más duro, tanto que escupió sangre y sintió que los dientes se le aflojaron.
— ¡OH, SÍ ERES MÍA! Si no hubiera sido por estúpido de Byakuya te hubiera tomado mucho antes ¡SE QUE ME LLAMABAS CUANDO USABAS ESOS VESTIDOS! JA, JA, JA, ¡estaba tan orgulloso de tomarte que no podía esperar a atarte a mí!— En su arranque de locura Sosuke comienza a confesar lo que le hizo y de cómo fantaseo con haberla tomado desde mucho antes, de todo lo que hacía Byakuya para impedirle acercarse demasiado a la heredera, pero que está orgulloso de haberla hecho mujer primero, su mujer.
Ichigo lo vuelve a golpear en su rostro hasta que pierde el conocimiento para callarlo.
— ¿Madre, padre, qué vamos a hacer con esta basura?
— En primer lugar, hay que devolverle el estatus y honor de Rukia, ya después veremos qué es lo que ella desea hacer, de lo demás nosotros encargamos.
— ¿Por qué me envía a un convento, Madre?, ¿hice algo malo?— Rukia está ojerosa, las náuseas no la han abandonado desde la mañana y acababa de devolver el almuerzo.
— No, niña, sólo te estoy concediendo tu deseo de ser monja.— Le responde Kyoka fría y tosca, como lo ha hecho a últimas fechas.
— Pero aún no estoy lista, además, mi hermano Byakuya y cuñada acaban de morir y quiero estar aquí para terminar mi luto.— Rukia, a pesar de sentirse débil, trata de hacerla entender, más a ella no le importa.
— ¡Escúchame, niña, te vas a ir al maldito convento y vas a dejar a mi hijo en paz!, sé que eres tan licenciosa, justo como la puta de Hisana sedujo al estúpido de Byakuya y no quiero que comprometas mi hijo ahora que él va a ser el próximo Conde Kuchiki.
— ¿De qué habla, Madre?, la heredera del condado soy yo, yo me convertiré en la condesa ahora que mi hermano ha muerto.
— ¡No digas tonterías, niña! Tu padre, antes de morir, reconoció a mi hijo como de su propia y los varones tienen prioridad en la línea de sucesión.
— ¡Maldita bruja, sabes perfectamente que no es cierto!, mi padre no tiene hijos bastardos, ¡sólo la sangre Kuchiki puede heredar el condado!
En el calor de la pelea, Kyoka la abofeteó con tal fuerza que la derriba y la arrastra por los cabellos todo el camino hasta encerrarla en su habitación con llave.
— No tienes pruebas ni testigos a tu favor. Tu padre, en su lecho de muerte, reconoció a mi hijo como propio. Él será el próximo conde de Kuchiki— Lo peor es que aún no terminaba de escupir su pútrido veneno.—, y tú terminarás encerrada en un maldito convento el resto de tu vida, o arriesgate al escarnio social de haberle abierto tus piernas a tu propio hermano. No creas que no sé lo que hacen por las noches o que estás preñada.
La confesión de que Kyoka sabía de los abusos de su hijo y no hizo nada terminó de romper el corazón a Rukia. Ella aún esperaba que la mujer, que la hacía llamarla madre, la defendiera. Pero esto no terminaría aquí, Kyoka también sufriría su venganza.
Las lágrimas que derramó toda esa noche fueron de coraje.
— ¿Qué haces, Rukia?— Pregunta Ichigo, deseoso de quitarle ese vestido que la oculta de su vista.
— Le escribo al abogado de la familia, le informo de la débil salud mi hermano durante este último mes y para que prepare todo para mi regreso.
— Ya veo, ¿no puedes hacer eso más tarde?— Rukia ya llevaba bastante tiempo en eso.
— Puedo, pero no quiero, Ichi-chan puede esperar que termine y después le daré toda la noche.
— Mmmm, ¿deberíamos sacar al tío Sosuke de la habitación de huéspedes?
— No sé, ¿a dónde lo enviaríamos?
— No sé, por lo menos deberíamos darle un baño, empieza a apestar.
— Tienes razón, habría que decirle a Momo y Tobiume que le den un baño.
— Eres cruel, ¡vas a hacer que ellas se amen frente a él!
— ¡Yo no haría tal cosa!
— ¡Mentirosa! ¡Te encanta verlo sufrir!
— Esa es sólo una feliz coincidencia.— Le dice antes de continuar escribiendo sus cartas.
Ambos están desnudos en la cama, disfrutando de los efectos de su primer encuentro, Ichigo tiene a Rukia abrazada contra su cuerpo y le acaricia la espalda con ternura, no para de maravillarse por como luce con los rayos del sol que caen sobre ella a pesar de las lágrimas que aún salen de sus ojos.
— Rukia, yo soy tu verdadero primer amante, tu primera vez,—Trata de consolarla, animarla, porque después de que la llevó al orgasmo,empezó a llorar y pedirle perdón por haber sido usada, como si eso le concierniera a él.— lo que pasó después de que Byakuya murió no me importa, lo que pasó en ese entonces y después no me importa, sólo me importa lo que tú sientes.— Tiene que hacerle saber aquello, que lo que le hicieron no la define ni la limita.
— No recuerdo prácticamente nada de esa noche, fui a rezar a los amados por las almas de Byakuya y Hisana, estaba tan triste que no me importo lo inapropiado de la hora. Sólo recuerdo algunas sensaciones, como ellos me protegieron, lo hicieron más fácil para mi— Ella toma aire para continuar porque aún le es difícil hablar acerca de ello.—, creo que lo que más me molestaba era ya no ser lo suficientemente buena para los amados o para cualquiera, pero tú, haces que ya no me importe tanto.
Rukia, que ha estado pasando su mano por encima del pecho y ombligo e Ichigo mete, por fín, su mano por debajo de la sábana y comienza a estimular la verga suavemente hasta endurecerla nuevamente.
Una vez con Ichigo nunca será suficiente.
— Ahora me voy a purificar con tu verga y tu amor.— Le dice mientras deja que las sábanas caigan de su cuerpo y se monta encima de Ichigo.
— Necesitas más que eso, necesitas justicia.— Ella se entierra la verga y empieza a balancearse sobre él sin dejar de verlo a los ojos, disfrutando de como amolda las paredes de su vagina.
— Quiero, ah, venganza contra mi hermano, y aún, ah, eres demasiado jóven para, ahh, poder ayudarme ¡Por los amados, Ichigo, ahhhh!— Cierra los ojos para disfrutar del mástil que es su Ichigo, que la ayuda con su ritmo sosteniendola de las caderas.
Así siguieron, amándose, y ella pudo sentir cómo la verga de Ichigo le llega más profundo. Esa repentina profundidad la hace abrir los ojos y ver a su amante. Ichigo ya no el adolescente que la tomó por vez primera la noche anterior, ahora es un adulto joven, de unos veinte años, que seguramente volvería loco a las jovencitas, y a unos cuantos jóvenes, cuando fueran a la ciudad.
¡No! Eso no lo permitiré, Ichigo es sólo mío.
Sólo ella puede probar y conocer los placeres que él es capaz de dar.
— ¿Tanto deseas que me una a ti?— Ahora ya sólo lo fastidiaba, estaba segura de que él la ayudaría con gusto.
— Eres mía, desde que estaba en tu vientre, cuando me implantaron en ti supe que estaba hecha para ti. Me hicieron para ti.
Existo sólo para ti.
Ichigo aceleró el ritmo de sus movimientos hasta que ambos alcanzaron el orgasmo y de la fuerza de este ella cayó rendida en su pecho.
Cuando recuperó el aire, Rukia lo besó, encantada por sus palabras, lo cual volvió a endurecer el falo que permanecía en su interior.
— Cuando tengas la edad adecuada dejaré que me ayudes, y nos casaremos en la capilla con la bendición de Isshin-sama y Masaki-sama.
— N-no te lo iba a preguntar, ahh, Rukia, t-te voy a ayudar.— Cada vez le cuesta más trabajo contenerse por la forma en que Rukia lo ordeña.
Se puede escuchar en toda la mansión los gritos de placer de los amantes que volvían a demostrarse lo que sentían el uno por el otro ya con plena libertad.
— Ya está todo listo, ama Rukia, ya están las maletas listas. Los alcanzaremos en dos días mientras terminamos de cerrar la casa de campo— Shirayuki se despedía de su joven ama, feliz de que todo estuviera tomando el rumbo deseado.
—Entiendo, no hay problema, los veré pronto.
— Rukia, es hora de irnos, ya subí al Tío Sosuke al coche.— Ichigo ya está cansado de verla despedirse, llevaba cerca de una hora retrasando su salida, y él que aún no se acostumbra a la ropa de adulto, preferiría regresar a la cama con Rukia.
— Ichigo, ¡no le digas así!, es tu cuñado.
— Es difícil verlo así.— Ichigo la abraza, aún recordando lo cálido que es su interior, se restregaba contra ella deseoso de que ya puedan estar a solas para enterrarse en ella— Tienes demasiada ropa, no me permite sentirse agusto.
— Ichigo, una mujer casada como yo no puede ir por la calle desnuda, cuando lleguemos a la posada podrás desnudarme todo lo que quieras.
Ichigo la lame del cuello hasta detrás de la oreja— Está bien, pero deja que te coma antes de irnos.
— ¡Ichigo!— Le da un manotazo travieso a su esposo y lo obliga a subir al coche para poder irse.
La habitación está oscura y con poco oxígeno,y las cadenas en sus muñecas están muy pesadas. Tal vez no lo son tanto, pero apenas tiene fuerzas, no ha comido ni bebido lo suficiente durante el último mes. Lo tienen amarrado cerca de la puerta lateral de la habitación, para que pueda escuchar y ver por el agujero de la clavija lo que sucede en la habitación de su hermana.
Muchas veces ha llegado a escuchar y ver a la pareja fornicar, y quiere imaginarse que es él estando con Rukia, pero cada vez que está a punto de aliviar su dolorosa erección, él podría jurar que escucha reclamos y recibe algunos rasguños y golpes.
— ¡Hey, Momo, por favor, libérame!— Momo acababa de entrar a la habitación, seguramente para dejarle algo de comer, ¿cuándo fue la última vez que comió?— ¡Momo, hazme caso! ¡Te compensaré por ayudarme!
La susodicha sólo se limitó a aventarle en su plato avena fría antes de salir de la habitación, como si no lo hubiera escuchado.
¿Qué esperabas después de lo que le hiciste?
Di que al menos te traen de comer, es más de lo que mereces.
— Las voces, las voces no, por favor...— Lágrimas de desesperación y miedo apenas pueden salir de los ojos por la deshidratación que sufre.
¿Te molestamos? Lástima, acostumbrate.
Es divertido jugar contigo.
Los días han sido así para él, agotadores y cada vez se le dificulta más estar atento a las cosas, el intentar masturbarse por los gemidos siempre pudo más con él, una o dos veces lo logró pero sin lograr ningún placer por las mofas de las voces. Todo es culpa de ella, ¿cómo se llamaba?, y los celos que le provoca que otro hombre pruebe de sus favores.
— Es hora de irnos, hermano, tenemos que ir con el juez, serás el testigo de nuestra boda— ¿Quién le habla?, estuvo tanto tiempo en la oscuridad que no puede ver con claridad a su interlocutor cuando abre inesperadamente las cortinas y deja que la luz entre a la habitación.—, ¿me escuchas?, bueno no importa.
Esa mañana los sirvientes lo bañaron y cambiaron pero estaba tan agotado que le escuchaba participar de la ceremonia, así que muy dócil participa de las ceremonias.
Igualmente, se va aturdido a la ciudad llevando consigo a su hermana y a su hijo-esposo.
¿O es al revés?
¿Qué estuve haciendo todo este tiempo?
— Bienvenido, Excelencia, no luce muy bien de salud. Ya acomodamos a su hermana y cuñado en el ala este. Ellos van en este momento a ver al Padre Yamamoto, ¿desea que les dé un mensaje antes de que se retiren?
— ...— ¿Me habla a mí? ¿Quién es ese anciano?
— Excelencia, no luce muy bien, ¿quiere que llame a un doctor?
— ... N-no, prepárame... un coche, q-q-quiero ir a L-L-Las Noches.— No sé porqué necesito ir a un lugar así... ah, sí, Emilou Apacci está ahí.
— Pero, Excelencia, ese es un burdel barato, ¿está seguro que no prefiere ver a un doctor?
— ¡YA ME ESCUCHASTE!
— Cómo diga, Excelencia.
La antigua iglesia de la ciudad, San Bartolomé el Grande, tal vez por su antigüedad, no se vea tan maravillosa o moderna como la Basílica de San Pablo que intenta imitar aspectos que de la Basílica de San Pedro.
A pesar de ellos, tiene muchos feligreses importantes entre sus filas, aunque algunos donan grandes sumas de dinero para su manutención y la Familia Kuchiki siempre han sido entre sus patrocinadores más importantes.
— Padre, Genryusai, hemos venido a presentar nuestros respetos.— Es sorpresa para muchos cuando llegó, acompañada de un hombre impresionantemente guapo.
— ¿Rukia Kuchiki?, pensé que estabas muerta o encerrada en un convento, ¿quién es el jóven que te acompaña?— El Padre, detiene su camino, sorprendido de verla, cuando iba a preparar la próxima misa.
— Oh, le presento a mi esposo.
— Ichigo Kurosaki, Padre, mucho gusto.— Le ofreció su mano para presentarle sus respetos.
— ¿Kurosaki?, curioso nombre, me parece conocido.
— ¿En serio?, pertenezco a una familia de mercaderes, conocí a Rukia una vez que quedé atrapado por una tormenta y me refugié en el convento en el que ella estaba.— Esa era la historia que habían acordado de contarle a los ajenos y al público.
— Ya veo— El anciano se voltea en dirección a Rukia.—, me alegro de que dejara esas actitudes díscolas de las que tanto me habló su hermano, el amor no se puede tirar así como así.
— ¿De qué habla, Padre?, usted me conoce, sabe que nunca haría tal cosa.
— Su Excelencia, me comentó que lo sucedió en el convento y de su dolencia.
— ¿De qué dolencia habla?, mi esposa siempre ha tenido una salud excelente, tal vez mi cuñado esté molesto porque la pedí en matrimonio a pesar de ser una novicia y eso escandalizó a la madre superiora.
— ¿Habla en serio?, es difícil de creer.
— Oh, sí, eso debió de molestar mucho a mi cuñado que insistía tanto en forzarme en ordenarme como monja. Pasó los últimos dos años sin hablarme de la decepción que tenía.
— ¿Qué dice su hermano de todo esto?, ¿el aprobó su matrimonio?
— En realidad él estuvo de visita conmigo todo el mes pasado en la casa de campo que heredé de mi madre y logramos hacer las paces.
— ¡Oh, la famosa casa del islote!, he escuchado que muy placentero para descansar.—El rostro del sacerdote refleja la decepción que siente por la actitud del Conde.
— Lo es, Padre, lo que me preocupa porque mi cuñado no lucía muy bien de salud.— Ichigo muestra un rostro compungido en preocupación por su cuñado.
— Eso me temo, él no se ha presentado a misa como buen creyente, no ha mandado siquiera su diezmo .
— He escuchado que mi hermano pasa muy seguido su tiempo en casas de té.— En los ojos de Rukia se pueden ver lágrimas contenidas en preocupación por su hermano.
— No podemos hacer nada, su padre le heredó el condado.
— ¿De dónde saca eso?, él estaba cumpliendo su deber como tutor en lo que yo alcanzaba la mayoría de edad o me casaba, y justo ayer cumplí con ambas condiciones.
— ¿Pero eso es que su hermano...?— El Padre está muy confundido.
— ¿Mi cuñado qué, Padre?
— ¿Por eso él se niega terminar su oficialización como conde?, he escuchado rumores de que el abogado de su familia tiene tiempo tratando de hablar con él.
— No creo que mi hermano hubiera presentado documentos falsos para hacerse del control del condado, siempre lo tuve como un hombre honorable. Especialmente cuando él y su madre me enviaron al convento para que pudiera llorar cómodamente la muestra de mi hermano Byakuya y su esposa.— El rostro de ella se llena de gruesas lágrimas y su marido la abraza con mucho cariño.
— Tranquila, todo debe de ser una confusión.
Se escuchan pasos salir de la iglesia, el repiquetear apurado de los tacones resonaba en toda la bóveda. Es Madame Rangiku que se va con prisa y con el rostro y orejas enrojecidas, ella es conocida por ser muy comunicativa de las noticias que se presentan cerca de ella, seguramente no puede aguantar el camino de ir a contarle a todos lo que acaba de escuchar, en especial a su marido, Lord Ichimaru, líder de la cámara de los Lores, y encargado del registro civil. También es bien sabido que siente un terrible desagrado por el conde, particularmente por el escándalo que llevó a su duelo y muerte de lord Stark y el amorío que tuvo con su esposa, Lilynette. También se dice que el hijo de ella fue concebido con el Conde y no con su marido.
— Volviendo al tema, Padre.— Rukia abandona el falso llanto de su rostro con el padre para tratar el tema que realmente le interesa a la pareja.
— Oh, sí, para mí sería un honor oficiar la ceremonia en mi iglesia, Condesa.
— No me entiende, Padre. Deseo que la boda sea en la capilla de mi familia.— El rostro del anciano sacerdote empalidece y voltea a ver al joven de rubia cabellera.
— Oh, por aquellos que se aman...
— Sí, Padre.
— Oh, ama Rukia, me honra tanto con su petición.— El anciano se inclina y besa las manos de ambos.
— Que bueno que lo entiende, Padre— Habla Ichigo, después de mucho tiempo.—, deseo que mis padres me vean casarme con su vasija y atestigüen cómo nos volvemos uno.— Ichigo abraza a Rukia y posa sus manos por encima de su vientre, Rukia hace lo propio sujetando sus manos.
El jardín estaba hermosamente decorado para recibir a los invitados especiales a la boda de Rukia Kuchiki. Muchos desearon asistir a ella, se dice, pero a pocos se les permitió la entrada a la mansión. A ellos sólo les quedará esperar a baile que realizará dentro de un mes, cuando finalmente la hermosa mujer tome el título como heredera y condesa de las tierras y fortuna Kuchiki. Para los que sí están invitados, se preparan para una ceremonia, cena y otras festividades.
En el cuarto de la novia, Rukia se está enfundando en un vestido holgado y cómodo, el vestido la hace ver como una vestal consagrada, tal vez eso era.
— Hermana Rukia, luces hermosa.— A la habitación entran corriendo dos niñas y se abrazan a sus piernas apenas la han visto. La habían extrañado desde que se fue de la mansión Blackcape y aún o se acostumbraban a vivir en Rotwood.
— Ichi-nii no podrá esperar a que termine la ceremonia.— Dijo traviesa la gemela menor en un tomo extremadamente pícaro.
— Karin, no digas esas cosas, claro que resistirá.— Su hermana, mayor por tres minutos, infló los mofletes tratando de defender a su hermano. Aunque en el fondo también dudaba de la paciencia de su hermano.
Las niñas pegan sus frentes al vientre de Rukia, sintiendo la vida que se gestaba en ella. Tendrán un sobrino poderoso, lástima que tardará tanto en nacer, nueve meses no pasan tan rápido como quisieran.
— ¿Qué tienen niñas?, aún recuerdan lo que fue estar en mí.
— Mamá y Papá escogieron bien.— Dice Yuzu, feliz de haber nacido de alguien tan cálido como Rukia.
— Me gustaría crecer tan rápido como Ichi-nii.— Las gemelas, nacieron de la energía residual que dio fruto a su hermano y que se dividió en dos, por lo que son más cercanas a un humano de lo que se esperaba.
— ¿Por qué la prisa?, No querrás ser demasiado mayor para Toshiro.— Karin se pone roja, y se rasca la mejilla suavemente.
— Tal vez tengas razón, Hermana.
— Recuerden, Toshiro es para las dos, así que deben de aprender a compartir.
— ¿Hermana, ya podemos probarlo?, Shiro-chan luce tan delicioso.
— ¡Yuzu!— Ambas se sorprenden del comentario de la gemela más sensible y humana de las dos.
— ¿Qué?, no me parece justo que él te ponga más atención a ti, quisiera, al menos, ser la primera en probarlo.— Le dice a su gemela, Karin.
— Niñas, saben que lo harán hasta que Toshiro tenga la edad, por el momento sólo les queda jugar y aprender.— Las pequeñas hacen sendos pucheros al no recibir permiso de su hermana-madre.
— ¿Hermana, podremos quedarnos a toda la ceremonia?— Preguntan al mismo tiempo esperanzadas de alimentarse de toda la energía sexual y amorosa que se encontrará
— Claro que no, una vez bendecidos por sus padres, Ichigo y yo no saldremos de la capilla...
— No saldrán hasta el amanecer, ya sabemos.— Lo dijeron en tono de fastidio, propio de unas niñas que empiezan a entrar en la adolescencia. Y, en el caso de ellas, a diferencia de su hermano, tendrá una duración más cercana a la adolescencia humana.
— Entonces no pregunten cosas que ya saben. Además, Toshiro tampoco estará ahí.
La cara de decepción de las niñas disminuyó un poco al saber que su querido, y muy guapo, Shiro-chan tampoco se le tenía permitido asistir.
Epílogo
— Sentimos tardarnos tanto en ponernos en contacto, Excelencias, pero no podíamos identificarlo por su tan deteriorado estado de salud.
— Entendemos, Capitán, ¿podría decirnos cómo se encuentra?
— Excelencia, no quisiera perturbarla en su actual estado.— Le dijo Sado Yasutora, capitán de la policía, que temía afectar a la hermosa mujer en avanzado estado de embarazo.
— ¿Tan grave está?— Preguntó el marido de la Condesa, que ha tenido que hacerse cargo de muchos de sus negocios en los últimos meses.
— Eso me temo, Excelencias.
— ¿Podría mi marido visitarlo? ¿Cree que él esté en condiciones de enfrentar el juicio por desfalco y usurpación de identidad?
— No lo sé.
Han pasado meses de que Rukia Kuchiki recuperara su herencia y tomara su lugar como la legítima Condesa Kuchiki y la sociedad londinense ha estado a la expectativa del posible juicio contra Sosuke Aizen que pretendió tomar el lugar del pudiente título nobiliario.
— ¿Capitán?— La Condesa lo detuvo antes de que se fuera.
— Dígame, Excelencia.
— ¿Cómo lo encontraron?, nosotros lo intentamos todos estos meses no logramos ningún avance.
— Será mejor que se los explique el Doctor a cargo.
El Doctor Uryu Ishida, cuya familia ha tenido amistad con los Kuchiki por años, les relató cómo lo encontraron con ropa que no era suya, ropas de pordiosero y con una botella en la mano, apestando a alcohol por donde quiera que iba, a veces gritando y a veces susurrando sinsentidos a cualquiera que se le pusiera enfrente cosas que nadie llega a comprender, seguramente producto del alcohol y el opio disponible en el prostíbulo.
A nadie le habría importado si no fuera que estaba recorriendo las calles del barrio de Kensington, o lo habrían ignorado, como lo suelen hacer aquellos privilegiados con una cómoda vida, o si no hubiera y atacado al acaudalado matrimonio de Lord y Lady Kyoraku, que iban camino a una visita con Lord Ukitake. Se sabe que la pareja intentó alejarse de él pero Lord Kyoraku, muy fanático del boxeo, se vió en la necesidad de noquearlo para que no atacará a Nanao, su adorada esposa.
Fue arrestado rápidamente y llevado con amabilidad, mucha amabilidad, a la estación policial más cercana. Tuvieron que calmarlo, no más llegar, a macanazos que lo dejaron inconsciente por varias horas. Pasaron varios días en los que estuvo, ahí, delirando en fiebre, hablando de demonios, sexo y el nombre de una dama que nadie logró descifrar. El quinto día, de haberlo callado a golpes muchas veces, fue trasladado al Hospital de Bethlem, la casa de los locos, y fue atendido, por meses, por el Doctor Mayuri Kurotsuchi, hasta que fue identificado como Sosuke Aizen, el usurpador del condado de Kuchiki. Fue en ese momento que se llamó al Dr. Ishida para que se encargará de la atención del hombre. Hay chismes, muy amarillistas, por cierto, que dicen que pudo tener algo que ver con la muerte del verdadero heredero, Byakuya Kuchiki y su esposa. Desgraciadamente, por su condición y recomendación de su buen amigo y doctor, la Condesa tendría que esperar a verlo hasta tiempo después de dar a luz antes de poder ver a su hermano, que cada día que pasa parece empeorar su estado.
— Por favor, Ishida, querido amigo, déjame ver a mi hermano, necesito saber cómo se encuentra, deseo constatarlo, aunque se me rompa el corazón, por mi misma.
— Querida Condesa, en este caso, y tan cerca el parto como se encuentra, no encuentro prudente, si quiera, que haya venido hasta aquí— Le habla amablemente a su amiga de la infancia, pero mira de mala manera al hombre a su lado—. Y usted, Lord Kurosaki, no entiendo cómo le permitió a su esposa venir hasta aquí.
— Intenté impedirlo, pero ella es más fuerte que yo.— Le devolvió la mirada reprobatoria, recordandole al doctor su lugar entre ellos, aunque a este no le importo mucho.
— Oh, Ishida, entonces permite que mi Ichigo lo vea y le transmita un mensaje en mi lugar.
— Está bien, aunque no sé qué tanto pueda entender, ahora o nunca— Le hace caso a la hermosa dama, que tiene a los hombres presentes casi besando el suelo que ella pisa, y lo habrían hecho de no ser interrumpidos por el marido de la Condesa.—. Siempre grita que los demonios quieren destruirle; la semana pasada intentó violar a la enfermera que le llevó de comer, tenemos que tenerlo sedado, amarrado a la cama o con camisa de fuerza.
Al entrar Ichigo en la celda Sosuke, que antes estaba gritando a todo pulmón, se calla, asustado de lo que él pudiera hacerle... y no se equivocaba. El otrora hombre más deseado de todo Londres no es la sombra de lo que fue; tuvieron que cortarle el cabello para controlarlo, había perdido tanto peso que casi estaba en los huesos y su piel estaba más cercana a la de las momias en exhibición en el museo de Londres que a la de un ser humano.
— Vengo a darte un mensaje de Rukia.
Sosuke se moja los pantalones por el miedo, las voces le dijeron que él volvería y la daría su sentencia.
— El trato que hice fue que te mataría con mis propias manos, y eso haré— De la boca de Ichigo salía la voz de Rukia, fría, mortal...—. Pero lo haré cuando yo sienta que has sufrido lo suficiente, que has perdido toda la dignidad y prestigio que intentaste robarme. Por el momento quiero que vivas aquí, vivas sin vivir, que vivas una larga vida de mierda y cuando ya no puedas más e intentes terminar con tu pútrida existencia me asegurare de alargarla más. Muere en vida, Hermano.
Sin esperar respuesta Ichigo se levantó y se fue. Dejando al alguna vez guapo hombre que, de un momento a otro, encaneció totalmente.
Él ya no enfrentaría la justicia por todos crímenes, pero su mente tal vez sea peor que cualquier cárcel humana.
Más notas explicativas, por si enrede mucho la historia, aunque voy a dejar unas cosas un tanto vagas por si se saltaron hasta aquí sin leer el fic:
Ok, el protagonista no fue Byakuya, mucho menos Rukia e Ichigo (aunque todo giraba alrededor de ellos) y por eso no los desarrollé tanto como me hubiera gustado.
En términos temporales, la historia empieza con una Rukia de 4 años. El accidente ocurre cuando tiene quince. Y la historia termina con ella de 19.
Ella estaba prometida a Toshiro que es unos cinco años menor que ella.
Los Kuchiki y, por ende Rukia, son en un sentido espiritual, hijos de los Amados, pero han pasado tantas generaciones que la sangre se ha diluido tanto, que ahora, apenas los pueden escuchar (excepto Rukia), cuando antes podían verlos y tocarlos. A los Amados les gustaba acunarlos entre sus brazos cuando eran bebés y consolarlos cuando crecían. Eso los vuelve la familia más importante de su fé.
Los Amados son una pareja de incubo y súcubo que los castigaron por amarse entre ellos, los maldijeron de modo que sólo pueden alimentarse de sexo consensuado y entre parejas amorosos. Eso a ellos no le simporta, les encanta el amor y emparejar a la gente. y de hecho tienen una habilidad que les permite detectar la afinidad de las posibles parejas.
El castigo viene porque se negaron alejarse de la pareja y el bebé Kuchiki que engendran, algo que ven como una aberración entre los de su especia. Incluso llegaron a amamantar a ese bebé.
La mayoría de los miembros de su especie apenas y se toleran entre ellos y tienden a abandonar a su vástagos, si es que llegan a término.
El castigo estaba pensado para que murieran de inanición, ya que alimentarse con sexo por amor es poco nutritivo y requiere dosis continuas.
Rukia es su vasija porque puede contenerlos en su cuerpo para que puedan comunicarse con otros fieles y por un trato con su abuelo para salvar la vida de Sojun.
Los Amados no se pueden alejar de los Kuchiki, por lo que Rukia tuvo que cumplir con la tarea de alimentarlos ella sola por unos dos años.
Rukia estuvo embarazada por las continuas violaciones que sufrió, y la amada señora tomó esa vida para poder tener un hijo propio, Ichigo.
Rukia es y no es madre de Ichigo, Yuzu y Karin, fue algo así como un vientre de alquiler. Ella los tuvo en su vientre pero los dió a luz la Amada Señora. Por lo que sienten una enorme afinidad con y necesidad de estar cerca de ella. Ellas nacieron como al año de haber nacido Ichigo.
Rukia tuvo sexo con los Amados varias veces, aunque tendía a ser una fusión del cuerpo de ella con el Espíritu de la Amada Señora. Y, sí, lo disfrutó.
Ichigo tiene poderes, aunque no los vimos en la historia. Entre ellos está controlar su envejecimiento. Sus hermanas, son un subproducto de los que le dio vida a Ichigo y sus poderes están divididos entre las dos.
Sojun sólo tuvo dos hijos y nunca engañó a su esposa.
Le mintieron y engañaron al abogado.
Byakuya hacía que Rukia durmiera en su habitación por miedo a que le pasara algo, que sí terminó sucediendo. Se turnaban la cama y el sillón, quería mucho a su hermana pero el sillón no es particularmente cómodo.
Notas de las dos historias anteriores.
A nivel mitológico, la Rukia de las dos primeras historias no ama a ese Ichigo, lo considera de su propiedad y quiere pasar el resto de su existencia a su lado, pero no identifica sus sentimientos como amor. Tal vez lo ama pero no lo sabe, pero sólo siente empatía por Ichigo y su hija. La familia de ese Ichigo es económicamente acomodada, muy acomodada, ¿sino de dónde sacaron para pagar especialistas del sueño?
El Ichigo de la tercera historia, es el alma del hijo de un incubo que llegó a vivir muchos años y lo separaron de su cuerpo para que muriera. Él sí es capaz de hacer identificar sentimientos y tiene un alto grado de empatía.
